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Teatro social en Mali

“Ya no se trata de conocer el mundo, sino de transformarlo.”

                                                                                                                   Franz Fanon

* Por Laia Pedrola

Son la una del mediodía en el Hippodrome, barrio de clase media alta de Bamako. Es un febrero inusualmente benévolo en la capital maliense en el que se disfrutan los moderados 30 grados durante el día , regalo que ha dejado el Harmattan, el viento del Norte, que refresca el Sahel los meses de diciembre y enero.

Entro en casa de Assitan Tangara, miembro del colectivo artístico Anw Jigi Art. La estancia es oscura, fresca,  y el woussoulan(1) flota en el aire. Assitan acaba de casarse y guarda los 15 días de rigor sin salir de casa. Tiene una voz suave y pausada que contrasta con su físico rotundo, y su sonrisa nos acomoda en la conversación como si nos conociéramos desde siempre. Me acerca un vaso lleno de agua fresca del canari(2) como dictan los códigos de bienvenida del oeste africano, y empieza a contar.

2013. Un grupo de estudiantes que salen del Conservatoire des Arts et Métiers Multimédia de Bamako se juntan para poner sus conocimientos teatrales hasta entonces académicos al servicio de un teatro de y para la gente. Su objetivo es recuperar las técnicas del “koteba”, el teatro tradicional bambara maliense, y mezclarlo con dinámicas y recursos académicos para acercar el teatro a la sociedad, utilizarlo como herramienta de sensibilización, y mostrar cómo a través de él se pueden vehicular dinámicas con las que trabajar opresiones y empoderarse. En 2015 oficializan la asociación y la nombran Anw Jigi Art —“Nuestra base es el Arte” en bambara—.

Localizan dinamizadores teatrales en Burkina Faso y otros países colindantes con larga tradición teatral con los que hacer intercambios y seguir formándose;  dinamizan talleres en colectivos en riesgo social (grupos con diversidad funcional psíquica y física…) y escuelas (talleres para niñas y niños y formación al profesorado). Buscan financiación para hacer real un teatro social cercano y gratuito para todos,  y la encuentran en la cooperación suiza, la embajada de Francia, el Centre Culturel Français de Bamako, etc.

Son las ocho de la noche en el amplio patio de una casa particular en Faladié Sokoro, un barrio tranquilo lejos del bullicio del centro de la capital maliense. Hoy empieza la gira ”Théatre des Maisons”, en la que Anw Jigi Art llevará durante el mes de marzo y de manera gratuita su obra “Filles de la Honte”(3) a seis casas particulares de diferentes barrios de Bamako. En la pieza narran una dramática situación familiar de secretos, violencia sexual y muerte. Objetivo:  mostrar la vulnerable situación de las “bonne” (4) en la escala social maliense y su exposición permanente a violencias de diferente tipo.

Al cabo de un par de horas de la cita fijada, empieza la obra. En el patio no cabe un alfiler, y sigue llegando gente del barrio que se apiña como puede para lograr percibir alguna cosa. A partir de ahí, las risas, los gritos y los comentarios en voz alta entre el público se sucederán durante toda la obra, y en algún momento de clímax hasta se verá a algún niño salir corriendo asustado por creer que lo que está viendo es real.

Al acabar, Gaussou, miembro de la compañía que hace las veces de dinamizador, invitará al público a compartir su opinión sobre lo que han visto; no costará nada que varios, uno por uno, vayan saliendo a coger el micrófono,  haciendo gala de esa desinhibición maliense y el gusto por la palabra y el discurso.

Tras el debate, y mientras el patio se va quedando vacío, algunas mujeres se acercarán a miembros de Anw Jigi Art para contarles en privado sus propios relatos vitales y la manera como se han sentido representadas en la obra. Se atreverán cuando las luces ya se hayan apagado, y sus historias entrarán a formar parte del tesoro privado e intangible de la compañía.

Cada sesión en cada casa, cada noche de “Filles de la Honte”, estará plagada de anécdotas y matices distintos que irán nutriendo la gira. El público, siempre abarrotado. En una de ellas, en casa de los Samanké, en el barrio de Badialan, Awa, una de las actrices principales, coge el micrófono en el debate posterior a la obra y expone su malestar ante las risas que oye desde el escenario en escenas que, según ella, muestran situaciones de opresión y sufrimiento. Se dice incómoda e invita al público a intentar leer un mensaje más allá del mero entretenimiento.

En casa de Assitan , a nuestra charla se ha añadido un bebé que andurrea por el salón pidiendo atención. Mientras lo distraemos entre las dos, Assitan me avanzará que hay una segunda fase prevista dentro del ciclo del “Théatre des Maisons”. La idea es ir al mercado en hora punta y hacer una especie de teatro invisible, mostrar una situación  y observar la reacción de las mujeres para luego interactuar con ellas ya fuera del plano teatral, y así poder extraer embriones para futuras obras de teatro en las casas donde se muestren las inquietudes reales de esas mujeres.

Y tantos otros proyectos que llenan la agenda de Anw Jigi Art.. albergan un objetivo a medio plazo de trabajar en red con otra gente del plano escénico maliense, flexibilizando el funcionamiento interno de la compañía de manera que en las obras puedan participar actores y actrices de otros colectivos, y a la inversa…

Llegado el momento Assitan me acompañará a la parada de sotrama, los minibuses de transporte público, para seguir mi ruta. En breve llegará a Bamako el gran calor de abril que espesará cada brizna de aire, pero no parece que ni eso, ni nada, vaya a aminorar la determinación, el empeño y la capacidad de trabajo de Anw Jigi Art.


                               

  1. Incienso tradicional de los países del Oeste africanos.
  2. Vasija grande de barro donde se almacena agua para beber, habitualmente ubicada en el rincón más fresco de la casa
  3. “Hijas de la vergüenza”
  4. En el contexto maliense, muchas chicas jóvenes emigran del pueblo a la ciudad empleándose como “bonnes” a cambio de alojamiento y un salario mínimo (o a veces, inexistente).

Desde 2009 Laia Pedrola alterna aguja e hilo como diseñadora confeccionando con telas wax bajo la marca LaloladeÁfrica con largas estancias en diferentes países del Oeste africano, principalmente Mali. Apasionada de las artes y culturas africanas y de cualquier expresión artística de calle y periferia, en Barcelona también forma parte del grupo de Teatro de Lxs Oprimidxs La Guitza.

¿Qué piensan de la belleza las mujeres negras del mundo?

Seguramente el impulso (llámalo machismo) se adueñe de tu mano y termines por tropezar antes de acariciarle su pelo. Pero sí. Lo has palpado. Y es afro. Y rizado. Y esponjoso. Como sin permanente pero manteniendo ese volumen que te resulta tan extraño: Wow! It’s amazing! De forma semejante alguien podría interpretar que la protuberancia que sobresale de tu estómago y lleva enganchada una camiseta de algodón blanco es una de esas rarezas fílmicas de Tim Burton y que posee propiedades curativas. Pero no. Se llama michelín. Sobrepeso. Y este segundo supuesto es ficción porque fuera de cámara es osado violar esos espacios de intimidad. Aunque la mujer, cosificada por la publicidad, la política y la economía, sea un asunto para la sobremesa.

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El 8 de marzo de 1908 unas 40.000 costureras de muchas de las fábricas textiles de Estados Unidos se pusieron en huelga haciendo tambalear al país. Reclamaban la igualdad de los derechos con el resto de la plantilla, reducción de la jornada laboral, derechos sindicales y el cese de la explotación infantil. Su grito ardió junto a más de 120 mujeres en la Cotton Textil Factory, en Washington Square, Nueva York. La jornada acabó en tragedia y desde entonces este día se conmemora la lucha de todas las mujeres del mundo. Más de un siglo después la lucha continúa. 109 feminicidios y asesinatos fueron cometidos en 2015 en España y solo en lo que va de año la cifra es de 19, según informa la página feminicidio.net. Necesitamos aire.

Este es un contexto agudo. Pero es la punta del iceberg. Bajo el agua se esconden toda una serie de dinámicas que son homologadas, aceptadas, confirmadas por la sociedad: “Venga, mujer, no te pongas así. Tampoco es para tanto”. En todo caso, no lo será para ti (imbécil).

En la serie documental Pretty (bonita) la bloguera y realizadora nigeriana-estadounidense Antonia Opiah nos acerca hasta el momento en 19 capítulos -que oscilan entre los 4 y 7 minutos- a los feminismos negros desde la estética y la moda fashion. Parece complicado. Pero lo consigue al explorar las relaciones que las mujeres negras de todo el mundo tienen de sí mismas y cuestiona esos espacios que tienden a favorecer a los arquetipos de belleza eurocéntricos. La serie, que se lanzó a comienzos de 2015 plantea la pregunta “¿qué es bonito?” a un elenco diverso de mujeres que comparten abiertamente su reflexión en Nueva York, Londres, París, Milán o Tel Aviv.

Ophiah lo expresa de la siguiente manera: “La raza, a pesar de que es una construcción social, influye en las percepciones de la belleza, tanto como la geografía. Para entender realmente un problema debemos observar cómo se cruza con otros factores como la clase. Pienso que las mujeres de todo el mundo serán capaces de verse a sí mismas en las entrevistadas y en los momentos en los que no puedan hacerlo o no puedan relacionarse, estarán aprendiendo algo nuevo”, subraya la realizadora.

Esta pregunta a nivel global puede proporcionar nuevas perspectivas y enriquecer un diálogo a menudo centrado en occidente. De hecho, en uno de los últimos capítulos, la protagonista, Gloria, de 19 años explica sus vivencias acercando mapas y fronteras. Ella se mudó junto a su familia desde el Congo a Israel cuando tenía 6 años debido a uno de los numerosos conflictos que han sacudido al epicentro del continente africano. En la entrevista se expresa en hebreo e inglés y manifiesta que vivir en Israel no ha sido fácil pero que tiene un motivo por el que continuar la lucha: abolir las estructuras raciales y patriarcales.

Hoy 8 de marzo, además, es un día especial: se podrán observar un eclipse solar, una superluna y a Júpiter a simple vista. El cosmos ofrece pistas, cambios sustanciales y como Ophiah sigue en movimiento para abrirnos los ojos y colocarnos unas buenas gafas color violeta.

Difret: el coraje de las mujeres en la sociedad etíope

 

Basada en la historia real de Hirut, una niña de 14 años secuestrada antes de casarse según la práctica de la “Telefa”, la película Difret, primer largometraje del director etíope Zeresany Berhane Mehari, ilumina esta tradición predominante de las zonas rurales de Etiopía y muestra la indefensión de los derechos de mujeres y niñas. Un trabajo con un mensaje edificante aunque en términos narrativos algo agridulce.

Difret

La abogada Meaza Ashenafi (interpretada por Meron Getnet) es cofundadora de la organización no lucrativa Ethiopian Women Lawyers Association en la capital de Addis Abeba, Etiopía, y ofrece asesoría gratuita a las mujeres y a los defensores de sus derechos. La necesidad de este tipo de activismo es aún mayor en comunidades remotas como la de Hirut, interpretada por Tizita Hagere, que vive en una granja familiar.

Difret, que en lengua amárica significa coraje, comienza aquí. Un día de escuela soleado donde le comunican a la joven que pasará de curso por sus excelentes calificaciones. Pero la música y los planos ralentizados presagian la tragedia camino de su casa: es secuestrada por siete hombres armados a caballo, encerrada en una cabaña y violada esa misma noche por su “pretendiente”. Al día siguiente logrará escapar algunos metros con el fusil de su violador pero será alcanzada y acorralada en el bosque. La escena se resuelve en un guión premeditado: la pequeña Hirut termina matando a su violador de un disparo certero a bocajarro.

Desde aquí la película muestra dos realidades que comulgan en un mismo espacio. Por un lado, se encuentra la tradición local que es representada bajo una acacia en el pueblo de Hirut. El líder del consejo de sabios reúne a las dos partes afectadas –el padre del fallecido y el padre de Hirut– así como a todos los hombres, incluido el maestro de la escuela que ofrece un punto de vista transgresor. Fuerzas progresistas contra los defensores de la tradición. Un grupo ve el disparo como autodefensa, el otro como un asesinato que merece la ejecución de la ley del Talión.

En el polo opuesto el director Zeresany Berhane muestra el Estado moderno donde la burocracia se encarga de deshumanizar el proceso al que se está viendo sometida una adolescente de 14 años malherida y a la que se le niega la asistencia sanitaria por ser acusada de “asesina”. El sesgo crítico de Berhane es evidente al retratar a una sociedad profundamente machista en la que la figura de la mujer es reducida a una mera esencia formal. Una silueta desdibujada bajo los formalismos de la ley.

El matiz interesante es observar cómo a pesar de que la tradición se ha pervertido y permitido a los hombres no sólo raptar a las mujeres como práctica habitual antes del casamiento sino también justificar la violación, la justicia es dirimida en dos esferas irreconocibles: en un plano local y micro, y en un plano estatal donde los vínculos políticos y económicos tienen un poder decisivo.

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A pesar de que las imágenes de la cosmopolita y poblada ciudad de Addis son escasas más allá de alguna calle transitada en colores pasteles, es el contexto donde Maeza lucha. Una heroína que mantiene un combate contra la sociedad machista donde se ha criado. Sin embargo, su personaje en algunos momentos padece de falta de rigurosidad realista como se observa en una acción en la que intermedia por una mujer que es agredida verbalmente y físicamente por su marido. Maeza le espeta que perderá su trabajo si vuelve a golpear a su mujer subrayando la indignidad diaria a la que se ven sometidas las mujeres. Lo más convincente es la gama de los detalles sociales: la vestimenta occidental de Meaza, su diálogo desafiante contra la tradición y su vulnerabilidad ante las decisiones de un antiguo juez y amigo ya que “el peligro” de ser mujer es un trasfondo dramático que nunca desaparece en la película.

Además de ser una pieza sociológicamente importante por la que ha apostado su productora ejecutiva Angelina Jolie (que sin duda, ha ayudado a difundir el mensaje) Difret es también una historia sobre el fin de la inocencia y sobre cómo actos de fracciones de segundo crean cambios irreversibles. Entre 1995 y 2002 la organización de Maeza ayudó a más de 30.000 mujeres y niñas y el matrimonio por rapto fue ilegalizado y castigado con 5 años de prisión después del caso de Hirut. Maeza Ashenafi fue galardonada con el Premio África en 2003 y actualmente vive en Etiopía luchando contra la tradición de los secuestros. Precisamente hace un año saltaba la noticia que Tejnesh Leweg’neh, de 15 años de edad, de la región norte de Shoa, fue secuestrada por tres hombres en su camino al mercado. Ellos trataron de obligarla a aceptar casarse con uno de ellos, ella se negó y, un día después, la empujaron a un precipicio. Ahora Tejnesh está paralizada de cintura para abajo.

 


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