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Robyn Orlin, una irritación permanente

“Una irritación permanente”, este es el apodo que se ha ganado la sudafricana Robyn Orlin en su país por el efecto que provocan sus obras. Y es que esta bailarina y coreógrafa lleva más de treinta años transformando los límites entre la danza y el arte performativo en todas las formas posibles: televisión, cine, teatro, danza, ópera, artes plásticas y audiovisuales. Con una forma de trabajar absolutamente ecléctica, Orlin siempre tira de un denominador común: encontrar la manera de involucrar al público. Por eso, su punto de partida al comenzar un proyecto es invariablemente el entorno inmediato, que actúa como resorte para adentrarse en cuestiones como la cultura, la historia y la identidad. Cuando no está de gira, Robin vive entre Berlín y Johanesburgo, ciudad que reconoce como su fuente de inspiración y tracción creativa. Una realidad difícil y compleja la sudafricana, que siempre queda plasmada en su obra. En Madrid, Naves Matadero nos ha acercado tres propuestas para conocer su trabajo: una videoinstalación, una conferencia performativa y el estreno de ‘And so you see…‘, uno de sus últimos trabajos. Wiriko estuvo allí para conocer en persona a esta fascinante artista, menuda y cercana, que nos ha conquistado por su sensibilidad, conciencia social y sentido del humor.

Foto: Philippe Lainé

En la presentación de la videoinstalación ‘Babysitting Series‘, reconoce sentirse “como si tuviera dieciocho años, al ver por primera vez todas las piezas audiovisuales juntas en un mismo espacio”. Este proyecto comenzó hace casi veinte años cuando hacía un máster en el Instituto de arte de Chicago y consta de pequeñas piezas audiovisuales protagonizadas por los vigilantes de sala de museos como el Alte Nationalgalerie de Berlín (2002), el Museo del Louvre de París (2009) o Palais des Beaoux-Arts de Lille (2012). En ellas, Orlin propone al público una mirada inédita a los museos y sus colecciones, a los espacios y a las personas que allí trabajan.

Orlin nos explica cómo surgió la idea: “En el Instituto de arte de Chicago, los estudiantes y los vigilantes eran invitados a visitar las nuevas exposiciones la víspera de la inauguración. Era una forma de descubrir los entresijos del museo. Me hice amiga de un vigilante, un afroamericano muy grande, originario de los suburbios del sur de la ciudad. Tomamos por costumbre visitar juntos las exposiciones. Era muy interesante escuchar su punto de vista. Comencé a darme cuenta de la importancia  que los vigilantes de sala tienen en la vida cotidiana del museo. Era un momento en el que los estudiantes hablábamos mucho de romper con el elitismo y de hacer el arte accesible a más personas. Después volví a Sudáfrica, donde era cada vez más difícil para mí encontrar lugares donde mostrar mi trabajo. Me vi obligada a imaginar otras soluciones fuera de los teatros. Entonces descubrí que era posible intervenir en los museos.”

Para elaborar las dramaturgias, Robin parte de los testimonios de los vigilantes de sala sobre su trabajo, sus talentos, sus proyectos, sus deseos y sus relaciones con las obras y con los visitantes. “Lo que busco es la humanidad de los vigilantes. Primero trato de conocer a la persona, hablar sobre el proyecto y de cómo se sienten cuidando del arte. Es un trabajo sutil y delicado, ya que ellos no son intérpretes, pero quieren trabajar conmigo. Es un proceso largo de creación en conjunto sobre su persona. Rodamos de noche en los museos con el equipo mínimo, dos focos y una videocámara. Cuando trabajo con un vigilante siempre le pregunto cuál es su pieza de arte favorita y, a partir de ahí, las salas vacías y oscuras favorecen la fantasía, la memoria y la expresión. Reconozco que para mí es más satisfactorio el proceso que el resultado final.”

La inquietud creativa de Orlin la empuja a acercarse a los demás con curiosidad: “Me interesa trabajar sobre los intérpretes o bailarines, en quiénes son ellos en realidad. Me fascinan las transiciones, los espacios en medio. Esta es la motivación de ‘One hour with Robin’, una serie de conferencias performativas que ya se ha llevado a cabo en lugares  como la filarmónica de París o la Gaîte Lyrique, también en la capital francesa. En ellas los asistentes se ven involucrados en el proceso creativo, convirtiéndose en los actores de una película que ella misma rueda en el momento. Durante los sesenta minutos que duró esta experiencia en Madrid, la coreógrafa, con la ayuda de unos simples rollos de papel higiénico y su singular humor y tono personal, consiguió la entusiasta respuesta del público, que inevitablemente dejó allí una pizca de su identidad, su memoria y, al fin y al cabo, su vida.

Por último, el estreno en España de ‘And so you see…our honorable blue sky and ever enduring sun… can only be consumed slice by slice‘: una obra resultado del estado anímico de Orlin ante la situación del mundo en la actualidad. Ella misma se define como un “deshecho nervioso” y reconoce la profunda depresión que la empujó a crear esta obra. “Pienso en esta pieza como un réquiem para la humanidad, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… Lleno de nociones positivas e inquisitivas… Tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones, preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo…”.

El protagonista de este solo es Albert Ibokwe Khoza, actor, cantante, bailarín y coreógrafo sudafricano. Transgresor desde sus principios, se negó a leer libros sobre danza, en los que se imponían ideas eurocentristas sobre lo que debía y no debía ser la danza, y decidió inspirarse en la metodología de bailarines africanos como Robyn Orlin, Athena Mazarakis, Mandla Mbothwe, Gregory Maqhoma, Gerard Bester y Nhalanhla Mahlangu. Albert siente que el teatro, la danza y el arte en general son  armas que recuerdan, golpean, infligen, conciencian y crean cambios.

Durante el largo proceso creativo de ‘And so you see…’, llevado a cabo por ambos a dúo, explica Orlin: “Estábamos en aquel momento  muy afectados por una serie de violaciones correctivas contra mujeres lesbianas negras ocurridas en Sudáfrica. Surgía de forma repetitiva la idea de los siete pecados capitales, aunque ninguno de los dos somos cristianos. Afortunadamente, Khoza pertenece a una nueva generación sudafricana que para mí representa la esperanza. Entienden lo que es el apartheid y quieren ir más allá”.

A través de este trío de propuestas, Robin Orlin nos ha mostrado los dos polos de sus múltiples caras. Por un lado crítica y provocadora hasta el incendio. Por el otro, sensible, divertida y esperanzadora. Esta breve mujer ha sabido transportarnos a su mundo onírico que, sin embargo, está en contacto directo con la realidad.

Gurumbé, las raíces negras de España llegan a la Cineteca de Madrid

La primera imagen es la reconstrucción de un esqueleto. Pieza a pieza. De bolsas de plástico numeradas a la mesa de operaciones. La escena duele tanto que se interrumpe con la voz del cantante rapero Timóteo Tiny (Natural Black Color – NBC) que recita con Lisboa al fondo, desenfocada, el tema Home: “Un día me dijeron: eres un ser diferente y a partir de hoy tú tienes que sufrir. Olvidaron que yo también era un ser humano y me obligaron a obedecer. Tengo heridas por todo el cuerpo que el algodón no ha curado todavía. Y me pregunto quién me robó lo poco que mis manos habían intentado guardar. Fue un hombre, fue un hombre, fue un hombre como yo”. Después el título: Gurumbé. Canciones de tu memoria negra. Y el ruido de las estanterías móviles de la hemeroteca repleta de documentos amarillentos que se abren lentamente para invitar al espectador a un viaje de una hora y 10 minutos a través de la historia no contada. Fragmentos de un puzzle que han sido despoblados intencionadamente de crítica. Desatendidos. Bienvenidos a la España invisible. Silencio. Resignación. Olvido.

La intencionalidad de este documental es precisamente desenmascarar las raíces negras en España y cómo lo negro siempre ha permanecido en el flamenco, uno de los estilos musicales que ha acabado engullido por lo institucional que se golpea a bocajarro en debates sin sentido sobe el verdadero origen de los primeros gitanos que llegaron a la Península”. Nos lo contaba su autor Miguel Ángel Rosales una tarde de octubre cuando el nombre de Gurumbé todavía pasaba desapercibido para el gran público. Tomábamos café calmados en Sevilla, mi ciudad, el lugar de acogida desde hace muchos años para este jerezano que creció rodeado de bulerías. “Es sorprendente cómo se ha blanqueado la historia en esta ciudad. No hay referencias a África, más allá de la Hermandad de los Negritos, que ha quedado como algo exótico”.

No es aventurado decir que este trabajo sentará las bases para un debate académico profundo que todavía no se ha tenido de forma pública en nuestro país. Pero de forma paralela mantiene su rumbo firme por el circuito de festivales haciéndose sentir: African Diaspora International Film Festival (ADIFF), Festival International du Film de Bruxelles (FIFB), 40ª Mostra Internacional de Cine Sao Paulo, SEMINCI, Film Africa de Londres, Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) o el 42 Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Y ahora llega a Madrid, a la Cineteca de Matadero durante dos fines de semana (17-19 y del 24-26 de febrero).

El respaldo de la academia

Gurumbé es una radiografía intelectual de alto calado, un homenaje a la historia, un modo de hacer periodismo de largo recorrido. Rosales lo sabe bien. Ha rastreado y preguntado. Ha medido las palabras para fotografiar con exactitud huyendo de la ficción y el relato fácil. Para ello y ante afirmaciones como que en España hubo esclavos, se nutre de investigadores, profesores universitarios y catedráticos que cumplen a la perfección la función de argamasa. Esta sería la primera parte del documental que explica que Lisboa y Sevilla se convierten en el gran mercado de esclavos no solo para consumo interno sino también para su consumo en Europa y para proveer a las colonias del Caribe. Evidentemente, lo conocido es que Francia y Gran Bretaña participaron en la trata de esclavos, pero “a la hora de la verdad, fueron muy pocos los negros los que acabaron viviendo allí. Lo hacían a distancia. Era un comercio teledirigido. Los únicos países donde hubo una población negra verdaderamente habitante fueron España y Portugal. Y más que dos países, tres ciudades: Lisboa, Sevilla y Cádiz”, explica en el documental el profesor Arturo Morgado, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz.

A partir del siglo XV empieza a distinguirse de que no solo se trata de fieles y bárbaros, sino que además hay un proyecto civilizador que sometiéndolo a la esclavitud entran en una suerte de purgatorio. Y si lo hace bien como esclavo quizás llegue a obtener la “gracia divina” para gozar de libertad algún día. Los esclavos estaban por todas partes. En el siglo XVII y XVIII, por ejemplo, la población negra medianamente integrada, formaban parte de la cotidianidad de Sevilla. Lo que Gurumbé aborda es en qué punto esto se evaporó, y cuál fue la hibridación con la música que tenía lugar en Andalucía.

El son afroandaluz: arqueología del flamenco

El segundo bloque endulza. Lo gitano, lo andaluz, lo negro, está tan mezclado que realmente es difícil saber qué elementos son específicamente de uno y otro. Por eso Gurumbé juega con conceptos como la memoria histórica a través de la música y salpicado de teoría. El primer acorde lo pone el músico Raúl Rodríguez que explica su camino personal, en la búsqueda de unos ojos negros, de un color negro en la música andaluza. Y encuentra a la figura de los negros curros quienes llegaron a La Habana como hombres libres en el s. XVI. Es tan pulido este rastreo que se llega a comparar los mapas de las migraciones y los mapas de los ritmos que se fusionan sobre todo en el compás de 12 tiempos, tan importante en el flamenco.

Fragmento de la letra del Negro Curro, de Raúl Rodríguez.

(…)

Negro curro de Triana,
yo nací en Andalucía,
Por eso “Curro” me decían
cuando aparecí en La Habana.
Aquella tierra era hermana
del mundo que conocí,
yo no soy Calabarí,
Ñañigo, Guineo ni Congo:
Yo soy Flamenco y compongo
el Son que me gusta a mí.

(…)
Siendo Sevilla la dueña
del universo explorado,
yo solo fui esclavizado
por una guapa sureña.

(…)

A mí no hay quien me esclavice,
yo ya nací libertario,
Tengo un don extraordinario
Pa’ que no me martiricen.

El músico sintetiza esta mezcla en este diálogo: “Cuentan que ‘fanda’, en kikongo, una de las lenguas bantúes, significa fiesta. Y ‘ngo’ es uno de los sufijos que dan claramente una señal de que la palabra tiene un origen africano. La primera referencia que se tiene de la palabra en el diccionario de autoridades de 1732 habla de que fandango es aquel ritmo muy bullicioso que se toca al compás de los tambores de los indianos que vienen de las indias. Esto llega a Iberia, sustituye a otros estilos y termina juntándose con las otras variantes cantadas que terminan conformando esa rica variedad de fandangos que tenemos”.

Con inquietud, se han investigado desde la musicología las estructuras formales, los orígenes y los parentescos entre los diferentes estilos del flamenco. Sin embargo, al tratarse de una música de transmisión oral vinculada a su contexto social, en continuo cambio y en el que ha habido varios sistemas musicales involucrados, la apuesta del director del documental ha sido la de construir el guión a partir de la etnomusicología histórica para tratar de analizar y describir el flamenco en sus contexto histórico y socio-cultural de la época. ¿La sorpresa? La gran diversidad de estructuras melódicas, las ciertas afinidades armónicas y rítmicas por ejemplo en la guajira, la petenera, la soleá, la bulería, la zarabanda, o los canarios.

Una de las claves que se aportan es que se ha construido un relato de la cultura andaluza y flamenca, pero el componente afro se ha extirpado de lo andaluz. La institucionalización del flamenco ha sido un proceso muy rápido y en gran medida merma algunos rasgos que permanecen latentes: la estigmatización de cantaores y bailaores que no se ajustan a los cánones “clásicos”. Prueba de ello es la artista Yinka, de procedencia africana y afincada en Sevilla (aparece en el documental) que se ha convertido en un claro ejemplo de fusión y rescate del pasado silenciado.

El viernes 17 de febrero, en la Cineteca de Madrid, actuará con un espectáculo de baile, acompañada de guitarra y cante.

Blanqueo de dinero y de identidad

El último de los bloques es la evidencia de una historia lineal: los que se beneficiaron del sistema esclavista tienen en España hoy por hoy grandes fortunas. De hecho, como se explica en el documental, el sistema financiero, el de abolengo de las familias capitalistas transpira tráfico negrero. Dos ejemplos: el del Banco Hispano Colonial que fundó Antonio López y López quien constató que la forma más rápida de hacer dinero era la dedicación a la esclavitud; y la Fundación del Banco Bilbao.

Una de las personas que participa del comercio de esclavos desde África hasta Cuba es María Cristina de Borbón, quien se dedica a la trata. Estas personalidades condicionan la política española tanto que de hecho el desarrollismo catalán del s.XIX no se explicaría sin los conocidos como Indianos. En el artículo “Cuando los barcos negreros salían del puerto de Barcelona”, de Andrea Pérez, publicado por ElDiario.es, se explica de forma muy clara: “La doctora en Historia Moderna Àngels Solà, en su artículo Los capitales americanos y la industrialización de Barcelona en el siglo XIX, evidencia que: ‘La historia del desarrollo económico de Barcelona […] no se puede explicar si no se tienen en cuenta la aportación de capital y el espíritu empresarial de los indianos’. Capital vinculado a un ‘movimiento de regreso’ en forma de inversión a lo largo del siglo XIX. Así, a pesar de que la trata de esclavos no fuera una de las piezas fundamentales del crecimiento barcelonés, sí que fue uno de los factores que permitió el enriquecimiento de muchos catalanes en Cuba que después invirtieron en Catalunya”, escribe Pérez. Otras inversiones se destinaron al sector inmobiliario como hicieron con la construcción del “Ensanche de Barcelona”, o el barrio de Salamanca, en Madrid.

La secuencia última de Gurumbé, es otra vuelta de tuerca al plano inicial del esqueleto. Un final redondo que explicaría la sinrazón de los gobiernos. Una declaración de intenciones de su realizador. Un grito profundo encuadrado en un documento imprescindible.


SORTEAMOS 5 ENTRADAS PARA LA PRESENTACIÓN DE GURUMBÉ EN CINETECA DE MADRID ESTE VIERNES 17 DE FEBRERO:

¿Cómo participar?

Responde a la pregunta “¿Qué significa Gurumbé?” y envíanos la respuesta a info@wiriko.org con el asunto CONCURSO GURUMBÉ CINETECA. A parte de la respuesta deberás mandarnos tu nombre completo y tu DNI.

¡Las primeras 5 personas en responder correctamente a la pregunta, podrán acompañarnos a ver este imprescindible documental por toda la patilla!

 

 

 

 

AFRO EMPOWERED!

Dos mujeres negras, españolas, jóvenes, seguras y bien preparadas, están debatiendo sobre racismo, identidad Afro y Afrofeminismo. Son parte de KWANZAA la Asociación Afrodescendiente Universitaria de la UCM.

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AFRO EMPOWERED!, por Raquel Okakene / Wiriko.

Nair Macedo, dice que su idea es dar difusión a las diferentes culturas afrodescendientes dentro y fuera de la universidad y la creación de una identidad común a partir del conocimiento de sus propias historias. Son la voz negra del campus y habrá que escucharlas, porque no van a quedarse calladas.

“En la calle más de cinco negros juntos, es multa”, bromea muy en serio Ken Province mientras explica el origen de UNITED MINDS, un espacio creado por afrodescendientes nacidos y criados en España con el fin de conocer sus raíces y romper estereotipos. ¿Sus armas? La información y el arte. Su local en la ciudad de Valencia acoge una librería especializada en la historia, estilo de vida, filosofía y arte africano (de esos libros-leyendaurbana que sabemos que existen, pero nadie encontraba) y además exposiciones, talleres, arte, ropa y más. Y lo que haga falta para romper las cadenas de la esclavitud mental.

Por carambolas de la vida el fotógrafo RUBÉN H. BERMÚDEZ nació negro en una familia tradicional, española y (¡sorpresa!), blanca. Cansado de escuchar toda la vida la misma pregunta se volcó en una investigación sobre la presencia de esclavos africanos entre los siglos XV y XIX en el pueblo natal de su abuelo, Burguillos del Cerro. De este viaje personal en el que afirma su negritud y se reafirma como afrodescendiente, nace el proyecto “Y tu, ¿por qué eres negro?” que está ahora en proceso de investigación y acabará siendo un fotolibro en el que aborda cuestiones como: ¿Por qué yo soy negro? ¿Qué es ser negro? ¿Cuál es la construcción social que hacemos del negro? o ¿Cuál es la relación entre España y la negritud?

Entre esculturas alargadas y cuadros diminutos. Vestido con una amplia sonrisa y un bubú africano con león incluido. Así se presenta DAME COUNDOUL. “Uno no puede hablar de su arte sin hablar de su vida”, cuenta. Nacido en Linguère (Senegal), de muy joven se trasladó a Dakar donde se graduó en la Escuela de Bellas Artes. Pintor, escultor y profesor, con aspecto hiperactivo, participó en la bienal de arte contemporáneo africano Dak´art de 2006, oportunidad que le llevó a exponer su obra más allá de sus fronteras y recibir numerosos premios. Ahora vive en Madrid y nos anima a viajar porque “para conocer África, hay que ir a África, hay que vivir África”.

Todo este ramillete de proyectos que tienen tan buena pinta, se pudieron encontrar en AFRO EMPOWERED!, la Jornada de emprendedores Afro que se celebró el domingo pasado en el marco de la exposición “Ni arte Ni educación” en Matadero Madrid. (Organizado y comisariado por la Afrocolaboradora, Pedagogías invisibles y el GED)

Afro Empowered! ha sido un espacio de diálogo, colaboración y encuentro entre varias iniciativas afrodescendientes y el público, para reflexionar sobre su trayectoria y los nuevos códigos de representación y reivindicación, para promover sus iniciativas y favorecer su sostenibilidad.
Pero hay más…

Un acalorado debate donde el micro corría de mano en mano y las opiniones de boca en boca organizaron los miembros de UBUNTU CM, la Asociación Universitaria de Estudios Africanos de la UCM. Y es normal que les ponga esto de debatir ya que provienen de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología.

En pleno barrio de Carabanchel, en el Centro de Artes Internacionales LA KÚPULA se han asociado en un mismo espacio tres pueblos muy diferentes unidos en la lucha contra el racismo y la discriminación. Son africanos, gitanos y latinoamericanos unidos por la música, la danza, la pintura, la poesía, el teatro. Organizan exposiciones, conciertos y actividades casi todos los días de la semana. Así lo cuentan, rodeados de palets Josías Nganga y Paula Marín al final de una tarde tan intensa como África.

¿He dicho final? ¡Pero si aún se oye un Djembé! Son los más veteranos, la Asociación de los inmigrantes senegaleses en España AISE, que desde 1991 llevan apoyando económica y socialmente a los recién llegados. Están especialmente volcados en asesorar a las familias senegalesas en temas legales y laborales y además promover el intercambio cultural, que consideran fundamental para la convivencia.

Al salir de la Nave 16, repasando mentalmente la montaña de novedades apuntadas en la agenda, uno comprueba una vez más que la joven voz afro sube de tono aquí y allí, sin miedo, porque no cabe duda de que el poder está de su lado.