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Afro-electrónica para la defensa de lo austral

Loya rompe los límites entre la música electrónica y la música tradicional en un mundo globalizado

*Por Yves-Laurent Sondji Mulanza Kating

Tras un par de años de silencio, el productor franco-reunionés Sébastien Lejeune, más conocido como LOYA, emerge de nuevo con su trabajo Corail, un proyecto que lanza de la mano de la discográfica francesa MAWIMBI, especializada afro-electrónica.

La espera se olvida rápidamente al darle al play. Cimentándose en su experiencia en la música electrónica, LOYA regresa a sus raíces reunionesas para afinar un sonido creativo y preñado de espiritualidad. El álbum desprende esa energía característica de las diversas corrientes culturales del océano Índico donde se baña su isla natal, La Reunión.

Con Corail, conformado por de diez pistas, LOYA realiza un viaje electro-iniciático en el que (re)descubre arrecifes musicales del Índico. Para ello, reúne a leyendas locales como el mauriciano Menwar pionero del sega tipik y el acordeonista malgache Regis Gizavo. Dos invitados que se integran sin esfuerzo a un proyecto musicalmente comprometido y que cuestiona el desarraigo y la pertenencia a un lugar, a una cultura.

A diferencia de algunos artistas de música electrónica que explotan sonidos africanos desconectados de su contexto, LOYA echa raíces con un sonido que parte de experiencias vividas y recordadas en este trabajo cuya calidad musical está a la altura de esos cuestionamientos identitarios.

Con el tema “Amba”, cuyo significado es “abajo” en criollo, confunde y extravía al oyente con la repetición e inversión de las palabras. Es una dedicatoria del artista al pueblo chagosiano, igual de desorientado por su expatriación forzada a finales de los años 60 y principios de los 70.

En aquella época, el archipiélago de Chagos era administrado por Mauricio, perteneciente al imperio colonial británico. Los ingleses impusieron la evacuación de sus habitantes con la complicidad de los estadunidenses, últimos beneficiarios de ese desahucio ilegal. Detrás de ese usufructo, se escondía el pago de una deuda de aproximadamente 14 millones de dólares contraída por el gobierno británico con el norteamericano. Las dos partes pactaron en secreto para declarar el archipiélago inhabitado y hacerse con él, forzando a los isleños a un exilio funesto. El objetivo de los norteamericanos era construir una base militar entre Medio Oriente y Asia. El islote de Diego García, la parte más poblada de Chagos, se convirtió así en un objetivo estratégico en el contexto de Guerra Fría y cuya actividad continúa en la actualidad. Esa base militar sirvió durante las guerras de Iraq (1991 y 2001) y de Afganistán (2003).

Hoy, los chagosianos siguen luchando por el derecho a volver a su tierra de origen. Una justicia que el gobierno británico sigue negándoles y les dio la última bofetada en 2016 cuando el tratado angloestadunidense fue prorrogado automáticamente por otros 50 años.

El nuevo trabajo es un tesoro que deja en trance y busca el sentido de hogar a través de los testimonios de chagosianos aún traumatizados por la expulsión de su tierra. Lo místico se une a su movida afroelectrónica y es lo que hace de LOYA un artista creativo a la par que sensible.

Corail es el segundo LP de LOYA tras Éruption (2014), donde presento su visión maloya, música tradicional de La Reunión, amplificada con ondas sintetizadas y cajas a ritmos sincopados. Entre medias lanzó el EP, Indian Ocean (2016), con el que rindió homenaje a sus orígenes tamiles y a la música carnática, característica de esa región sur de India.

LOYA se consolida como un artista creativo y sensible que ha conseguido reapropiarse su patrimonio cultural mediante la música electrónica. Corail ha sido nombrado el mejor disco en la edición de octubre de la revista electrónica francesa, Trax. Un premio que reconoce no solo al talento del franco-reunionés sino también una verdadera labor de búsqueda y a un empeño personal.

 * Yves-Laurent Sondji Mulanza Kating es un periodista freelance y creador del blog musical “Monde De Poche”, donde se publicó esta reseña de forma original el pasado 24 de octubre. 

Dhafer Youssef, el uso de la voz como instrumento

Dhafer Youssef usa su voz para llegar a unos registros agudos y graves inconcebibles. El músico recuerda la llamada a la oración de los almuecines. Deja en el aire el canto y agarra su oud, laud árabe, para continuar con una atmósfera mística impregnada de jazz y música electrónica.

Youssef une lo sufí de manera orgánica con otros sonidos que ha ido recopilando a lo largo de su trayectoria. Desbarata las etiquetas y pone sobre el escenario una música honesta que llega ahora a España con un par de conciertos en las Islas Canarias y otro en Alicante.

El compositor y laudista tunecino Dhafer Youssef / Foto cortesía del músico

“Tengo un mensaje espiritual y artístico que toca almas. La música genera cambio si es sincera y no es cuestión de armar un mensaje de amor y paz. No hay que ser profeta sino compartir”, dijo a Wiriko desde Fez donde actuó en la última edición del Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

Youssef lleva su música hacia la espiritualidad. Sus giros vocales hacen volar, como el propio músico alienta a los espectadores en sus conciertos. “Hay gente que tiene un problema cuando la música les llega. Algunos lloran y otros me odian porque abro sensibilidades y no lo aceptan. La gente oculta las emociones y la música es una terapia”, explica.

La capacidad vocal del compositor y laudista hace que su voz sea un instrumento más en sus actuaciones. Nacido en el seno de una familia de almuecines, las personas encargadas de llamar al canto, la escuela coránica es algo imprescindible para entender la música del tunecino. “La primera conexión con la música fue a través de la religión. Esta fue la única posibilidad que tuve de hacer música y me encantó”, dice Youssef que admite no ser muy religioso: “Todos somos sacros y profanos. Es la espina dorsal de cada ser humano. Es como mi madre y mi padre, es parte de mi existencia y no puedo negarlo”.

Youssef reconoce que la espiritualidad de la religión late en su pecho. Es una herencia familiar con la que convive desde su juventud y creció cuando formó parte como vocalista de un grupo local de canción litúrgica. Sin embargo, debido a la politización de las actividades decidió dejar la agrupación.

Es entonces cuando se interesa por el oud y comienza a practicar en el centro juvenil de su Teboulba natal. Tras ser miembro de la banda Radio Manastir, Youssef decide enrolarse en el conservatorio musical de Nahj Zarkoun en Túnez y acabaría en Viena para completar su formación musical.

La fusión sufí con el jazz surgió en el club Porgy & Bess donde Youssef acabó siendo un asiduo. “Fue una experiencia ver a los músicos de jazz estadounidenses. Me di cuenta que era algo complementario a lo que quería hacer, una nueva forma de arte. A día de hoy estoy viviendo ese sueño”, dice

Youssef ha recorrido el mundo con su oud / Foto cortesía del músico

El lanzamiento de su primer álbum, Malak, en 1998 es el inicio de una carrera musical donde el oud se encuentra con el jazz. Pero el compositor sigue buscando melodías, moldeando su identidad sonora y lleva al tradicional instrumento a jugar con la música electrónica en su segundo trabajo, Electric Sufi.

Las nominaciones en 2003 a los Premios World Music de la BBC por su disco Digital Prophecy evidencian la consolidación de un artista que también aterrizó en la escena electro-jazz escandinava. Con el guitarrista y productor noruego Eivind Aarset, Youssef ha manifestado la sinergia de las melodías de su adolescencia con una arrebatadora curiosidad musical.

Con diversas colaboraciones y siete discos publicados, Dhafer Youssef se mueve por distintos estilos que guarda bajo su sombrero. En el escenario presenta lo cosechado en un espectáculo que une lo profano y lo sacro y transita por el dolor, el entusiasmo y la exaltación. Un ejemplo de una discografía libre y mutante.

“Tengo un nuevo trabajo que será publicado a finales de agosto. Algo muy suave, no jazzísitico. Se llama Sounds of Mirrors y a partir de marzo del año que viene iremos de gira”, apunta el músico.

Gato Preto: el afrofuturismo llega a Madrid de la mano de Moto Kiatu

Imprescindible en la escena de la música electrónica africana, GATO PRETO llega por primera vez a Madrid.

El dúo formado por Lee Bass y Gata Misteriosa, actuará acompañados de Moussa Diallo, un percusionista senegalés.

“No somos los africanos típicos, con la ropa típica, representando al africano típico y eso que se espera de él. Los verdaderos africanos escuchan punk, quieren ver ciencia ficción, estudian, son doctores. Podemos convertirnos en lo que queramos”, afirmaba Gata Misteriosa en la televisión francesa ARTE.

Este dúo creado en Alemania bebe del steampunk y del afrofuturismo que, unidos con sonidos tradicionales, convierten sus producciones en una mezcla muy especial. Su último álbum “Tempo”, tiene la esencia de Funk Favela de Río de Janeiro, ritmos del Township sudafricano e Hybrid Tech de Angola. Todo un recorrido por la parte más electrónica del continente.

El productor de Gato Preto, Lee Bass, originario de Ghana, tiene influencias heredadas de su padre, experto en sonidos de funk y soul del país. Y la vocalista Gata Misteriosa, nacida en Lisboa y de origen mozambiqueño, pone la voz y un “punch” que conquista al público. Les acompaña Moussa Diallo, senegalés que pone la percusión a los conciertos y que completa la tradición musical de la que beben los creadores de este grupo que nacía en 2010 y que recorre de punta a punta el continente. Se sitúan como “afropeos” y la música supone una herramienta para canalizar su origen y su identidad.

El 25 de mayo, Día de África, en la Sala Caracol sonarán los beats más electrónicos para transportarnos a un escenario post-apocalíptico donde la percusión marcará el ritmo de la noche.

| Moto Kiatu DJ’s:

Savannah · veinn · Malaria · Sinsistema

Moto Kiatu, que en suajili significa “zapatilla caliente”, es una apuesta por la transmisión de nuevos sonidos y ritmos procedentes  de África y su fusión con los sonidos electrónicos.

Este proyecto pionero, busca dar visibilidad a estas nuevas producciones de estos estilos que suenan en los clubs de África y de países europeos como Portugal, Francia y Reino Unido, a través de conciertos y sesiones #MotoKiatu, creando una escena de nuevos sonidos aún desconocidos en nuestro país, pero que ya suenan con fuerza en otras grandes ciudades europeas como Berlín o Lisboa.

ENTRADAS DISPONIBLES

 

Jowaa (Ghana) aterrizan este sábado en Madrid

El sábado 21 de octubre, Moto Kiatu trae en exclusiva y desde Ghana, al colectivo Jowaa, un referente del AfroBass. Cargados con un artillería pesada de ritmos infecciosos, Jowaa tiene una larga historia de hacer mover las caderas con la reciente ola de Azonto reforzando la posición de Accra como el mayor productor de jams africanas. Junto a los DJ’s de Moto Kiatu (Savannah, Malaria, Sinsistema y veinn), prometen hacer bailar Madrid durante seis horas, desde las 17:00h. hasta las 23:00h. de la noche.

El aforo es de 70 personas y para asistir precisas de invitación. Consigue ya la tuya pinchado aquí.

Jowaa, tendiendo puentes con AfroBass:

Jowaa, aka Gafacci & BBRAVE, elevan este terreno fértil a otro nivel, usando arreglos electrónicos y llevando los sonidos de Ghana a un nuevo espacio. Nacieron a principios de 2017 después de haber estado cocinándolo durante dos años, desde que Gafacci & BBRAVE se encontraron y se dieron cuenta de su pasión común por la música ghanesa y electrónica. Después de varios experimentos, el dúo al final convirtió su sonido en un concepto haciendo a la gente ‘bailar duro’, “JO WAA” en lengua Akan.

Gafacci es un genio del Fruity Loops y ha trabajado con innumerables artistas ghaneses, entre ellos Dee Moneey, Sarkodie, Chase, Ice Prince, Dr. Cryme y muchos más. Benjamin Lebrave, por otro lado, dirige el sello musical Akwaaba Music y actúa en la pista de baile como embajador una vez que se pone detrás de los platos con el nombre de BBRAVE. Ha actuado en docenas de países de los cuatro continentes y es capaz de destilar ritmos africanos en cualquier ambiente.

Con el baile como vehículo, Jowaa tiene como objetivo unir mundos, diversificar sonidos y conectar gente. Después de ver la emergencia del Kuduro en Luanda o del Gqom en Durban, Jowaa sabe que es el momento de que Accra enseñe su vitalidad. Piensan que es lugar y momento para bucear en sonidos innovadores y para ofrecer formas alternativas de conectar gente y de abrir mentes.

Actualmente tienen la atención internacional gracias a unas puestas en escena inolvidables en lugares como el Africa Bass Culture Festival de Burkina Faso, el Nyege Nyege Festival de Uganda y con la gira por Europa que están realizando estos días. No te pierdas su paso por España con la Sesión V de Moto Kiatu, esta vez, junto a Jowaa.

Moto Kiatu es un proyecto de Wiriko pionero en cultura electrónica africana.

MediaLab Prado al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s)

El sábado 24 de junio, de 18:00 a 21:00h. en Medialab Prado (Calle de la Alameda, 15, Madrid), Wiriko y los DJs de nuestro proyecto Moto Kiatu -pionero en la difusión de la música electrónica africana en España-, participaremos en el encuentro Beats de ida y vuelta: al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s), junto al colectivo italiano Crudo Volta.

El evento, que es completamente gratuito, se enmarca en los encuentros AVLAB, en esta ocasión coordinado por Grupal Crew Collective, y será una oportunidad única para debatir sobre aspectos que hasta ahora han sido prácticamente inexistentes en España:

“¿Qué se escucha en los clubs y en las calles de las ciudades africanas?”

“¿Cuál es el contexto social y político de los jóvenes productores de este tipo de música?”

“¿Qué diferencia la apropiación cultural de la “sincera” adopción de una nueva corriente musical?”

“¿cómo evitar caer en los clichés de la exotización al promocionar estas músicas?”

“¿Qué papel tiene la diáspora africana y los colectivos europeos en la difusión y creación de la escena en Europa?”

Moderada por Vanessa Anaya, miembro del equipo redactor de Wiriko y una de las impulsoras de Moto Kiatu, la mesa redonda pretende poder debatir con colectivos que, con base en Europa, compartimos gran fascinación por encontrar y divulgar nuevos ritmos provenientes de distintos puntos del continente africano.

Por supuesto, tras la charla, habrá una sesión de los dos colectivos participantes.

Moto Kiatu, que significa “zapatilla caliente” en suajili, es un proyecto que nace bajo el paraguas de Wiriko para difundir los nuevos sonidos y ritmos procedentes de África y su fusión con los sonidos electrónicos. De reciente creación, hasta el momento ha organizado varios eventos programando a artistas africanos de prestigio como Dotorado Pro (Angola), Batuk (Sudáfrica) y Throes + The Shine (Angola).

Crudo Volta es un colectivo italiano, con base en Roma, dedicado a explorar distintas escenas musicales del planeta, haciendo hincapié en la música urbana de origen africano. Sus proyectos van desde mixtapes a documentales como Woza Taxi (2016) centrado en la escena GQOM surgida de Durban (Sudafrica). Brother Michele (Michè Calandra), uno de los principales impulsores de esta plataforma vendrá a compartir sus impresiones, experiencias y su música favorita.

Más información en el evento de Facebook

Beating Heart, cuando los jóvenes africanos redescubren la música de sus ancestros

El etnomusicólo Hugh Tracey haciendo su trabajo de campo. Imagen del ILAM.

El etnomusicólogo británico Hugh Tracey (1903-1977) estudió las músicas africanas desde 1921, cuando siguió a su hermano mayor, Leonard, de Devonshire a Zimbabwe, para aquél entonces Rhodesia del Sur, para ayudarlo a cultivar tabaco en unas tierras que el gobierno británico le habían asignado después de participar en la Primera Guerra Mundial. En 1929, Tracey trasladó, en pleno Apartheid, a catorce hombres africanos locales a Johannesburgo para grabarlos, entusiasmado por la música popular que había escuchado en las zonas rurales. Era la primera vez en la historia que la música indígena de África era registrada y publicada.

Hugh Tracey dedicaría los siguientes años de su vida a viajar por todo el continente con una grabadora portátil, para registrar discos de música folk africana. A lo largo de su vida, grabaría 210 LPs con música tradicional de diferentes países del África Austral, África del Este y la región central. En total, de 1920 a 1970 recopiló 35.000 registros, con los que fundaría el primer, y mayor archivo de música africana del mundo hasta la fecha: el ILAM (Biblioteca Internacional de Música Africana), en la Universidad de Rhodes, en Grahamstown, Sudáfrica.

Aunque se le había concedido una beca para hacer trabajo de campo en 1931, sus informes, que incluían acusaciones a las iglesias misioneras y las formas en que algunas veces suprimían la existencia de culturas tradicionales, eran demasiado polémicos para ser publicados en un momento en que la colonización estaba siendo tan rentable para las potencias europeas. Así que Tracey iría por libre. “En ese momento el público mostró poco interés por la música africana y no entendía por qué insistía constantemente en el valor social y artístico de la música para las futuras generaciones de africanos”, escribió en el catálogo de notas de su LP “The Music of Africa” (1972).

Cuando los jóvenes descubren la música de sus ancestros:

Ahora, el proyecto Beating Heart, emergido en 2016 de la mano de Olly Wood y Chris Pedley, está trabajando con 1000 de las grabaciones compiladas por Tracey entre los años 1920 y 1970 en 18 países del África Subsahariana, para actualizarlas y hacerlas accesibles a las generaciones más jóvenes gracias a su trabajo con productores africanos contemporáneos. Además, siguiendo la visión de Tracey, los ingresos generados por la venta de estos discos están siendo utilizados para ayudar a la población de las áreas donde la música fue grabada originalmente.

Su primer LP, centrado en las grabaciones de Tracey en Malawi, inflamó las pistas de baile con remixes de Ibibio Sound Machine, Drew Moyo o Luke Vibert. Ahora, con la presentación de un nuevo EP con la colaboración de Coen, Tru Fonix, SNØW y The Busy Twist vuelven a encender la mecha de la recuperación del folklore tradicional a través de remixes filtrados por la música urbana contemporánea. Beating Heart anima, así, a músicos, productores y DJs de todos los géneros a participar y colaborar a partir de las grabaciones de Hugh Tracey para actualizar los sonidos africanos más tradicionales y hacer que vuelvan a sus comunidades originales a partir de nuevos formatos.

Gemma Solés: Las grabaciones etnomusicológicas suelen ser solamente accesibles a académicos, y estar disponibles solo para una pequeña élite de intelectuales dedicados al estudio de las músicas africanas… ¿Creéis que con vuestro proyecto estáis contribuyendo a un acceso más democrático a la música?

Olly Wood: ILAM está situado en la Universidad de Rhodes en Grahamstown, y es de su propiedad. Beating Heart simplemente es un concepto progresivo para cualquier archivo – es extremadamente raro que las instituciones académicas permitan manipular y utilizar de esta manera cualquiera de sus activos-. ILAM aprobó nuestro proyecto colaborativo para ayudar a introducir el archivo a las nuevas generaciones. Encontrar un acuerdo para el concepto está en curso. Pero volver a trabajar la música de una época pasada plantea todo tipo de preguntas de apropiación, que solo se responderán en el tiempo. Es un proceso continuo y en constante evolución y ha llevado cuatro años de desarrollo para construir una relación de confianza en la que se apoya nuestro proyecto.

G.S: Sabemos que la música nutre el alma, pero en este caso, también pretende ser un paliativo contra la desnutrición en África. Explícanos cómo.

O.W: A través de las ventas del álbum Beating Heart Malawi (2016) y Beating Heart Sudáfrica (2017), estamos recaudando fondos para construir huertos de alimentos sostenibles en escuelas y comunidades de ambos países. Recientemente visitamos el proyecto Garden To Mouth en Malawi para dar seguimiento al sistema de riego que Beating Heart ha financiado. Era importante para nosotros ver el desarrollo con nuestros propios ojos. El seguimiento es fundamental para el ethos de este proyecto.

G.S: ¿Cuál ha sido el impacto o reacción de este primer álbum entre los malauís?

O.W: La gente que está fuera de la etnomusicología en todo el mundo es en gran parte inconsciente de la existencia de ILAM, por lo que remezclar estas melodías (nuevas y viejas) en la radio y en los eventos en Malawi fue muy poderoso. Las grabaciones se recibieron muy positivamente, muchos se sorprendieron al enterarse de su existencia.
Ha sido enriquecedor dirigir a la gente a ILAM como una fuente de patrimonio africano. Los oyentes decían “suena bien” y a veces escuchaban más profundamente el fondo de las canciones. Ha sido bien recibido por la generación más joven y ha promovido debates sobre historia, cultura y patrimonio. También hemos iniciado colaboraciones entre artistas de Reino Unido y músicos tradicionales de Malawi…

Imagen de Beating Heart en Malawi. Fotografía de Thomas Lewton.

G.S: Vuestro proyecto es una forma de contribuir a que la música que se escuche en el continente tenga un componente afrocéntrico. Pero, ¿no es una contradicción que este cambio provenga de fuera del continente?

O. W: Las culturas están evolucionando constantemente en todo el mundo. Con la ayuda de la tecnología el potencial de conectar y crear a través de las fronteras es verdaderamente ilimitado. Beating Heart es simplemente otra polinización cruzada de culturas. Como el viaje continúa, es nuestro deseo participar con tantos artistas africanos como sea posible. Cada artista contribuyente lo ha hecho por un verdadero amor por los sonidos frescos, la fusión cultural y la recaudación de dinero para los necesitados. Lo que estamos ofreciendo esencialmente es una plataforma, y a través de este proyecto hemos descubierto una increíble oportunidad de conectar a músicos de todo el continente.

G.S: ¿Y por qué música electrónica? ¿Es la mejor manera de llevar la música tradicional a las nuevas generaciones?

O.W: No teníamos ninguna razón premeditada. La belleza de la música es que se puede reinterpretar sin fin. ¡Las generaciones futuras podrían hacer nuevos remix de estas nuevas canciones!

G.S: Habéis comenzado con Malawi, y seguís por Sudáfrica. ¿Qué otros países vendrán en el futuro?

O.W: Esperamos reflejar el concepto de Beating Heart en cada uno de los 18 países contenidos en el archivo ILAM. Acabamos de lanzar el “Beating Heart – South Africa” ​​en primavera de 2017.

G.S: ¿Crees que otros archivos de música africana en el mundo podrían comenzar a abrir a sus grabaciones a otros proyectos similares? ¿Podríamos estar ante un momento de apertura, redescubrimiento y reinterpretación de la música tradicional africana?

O.W: Nuestros egos pueden decirnos que hemos empezado algo nuevo, pero el remixing está en todas partes en la música de hoy y ha sido así durante mucho tiempo. Cuando Hugh Tracey grabó las 35.000 pistas entre los años 1920 y 1970, su esperanza era que las generaciones futuras pudieran apreciar y aprender de la música. A través de BH estamos tratando de dar al archivo y la música que hay en él una nueva vida. Creemos que todos los archivos deberían ser responsables y dar acceso a todo el mundo. ¿Cuál es el objetivo de archivarlo, si sólo queda enterrado y encerrado.

La responsabilidad social es el eje clave para Beating Heart. Si estas grabaciones han de ser comercializadas debe ser en beneficio de las comunidades donde la música se originó. Nuestro deseo es traer estos activos culturales a la vida cotidiana. Hay un conocimiento ancestral contenido en la música y la gente sólo necesita una oportunidad para oírla y reconectarse a ella. Esto es el principal objetivo de nuestro proyecto.