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Alsarah, la diva nubia de Nueva York

Logo_centre_estudis_africans* Artículo publicado originalmente en el Boletín Trimestral del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Las raíces de la música sudanesa viajan desde el antiguo reino de Nubia, de la primera catarata del Nilo, en el sur de Egipto, a la moderna Jartúm, confluencia del Nilo Blanco y el Nilo Azul. Sonidos de exilio. Los de un pueblo que se vio obligado a migrar en masa de su tierra tras la construcción de la presa de Asuán. Los de una cultura cuyo mundo material permanece encharcada en el artificial lago Nasser. Los de 6.000 años de historia marginada y cantada cual lloro de una existencia clamando justicia.

Alsarah, antes de su reciente concierto en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, antes de su reciente concierto en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, conocida por su trabajo junto a The Nubatones, recoge la identidad de su pueblo y a partir de ese microcosmos particular centrado en la década de los 70, ahonda en los sonidos de dos mundos de los que Nubia siempre fue bisagra: el África oriental y el norte del continente. Y si todo ello no fuera suficiente, lo filtra con su afropolitismo y lo expande hacia el mundo. Bebiendo de grandes clásicos como Hamza Al Din o Ahmbed Munib, la etnomusicóloga y cantante sudanesa afincada en Nueva York, ha creado un nuevo concepto de Pop Nubio que la ha entronizado como una auténtica diva en la región y como una fiel emisaria en Occidente.

Llega a Nairobi, donde el equipo de Wiriko disfruta de una residencia entre el colectivo de artivistas de Pawa254, envuelta en un halo de afropolitismo bien fiel a la imagen de la joven y emergente clase media que domina el paisaje cultural en la mayoría de ciudades africanas actuales. Con una perenne sonrisa, Sarah nos mira y se acuerda: “Wiriko, la revista española que entrevistó a The Nile Project, ¿verdad?”.

Su hiperactividad musical no le nubla la mente. Humilde y simpática, no escatima en sentarse y regalarnos unos minutos antes de empezar las pruebas de sonido. Y con la agenda frenética que tiene la cantante, es de mucho agradecer. Y es que Alsarah no sólo sostiene su combo inspirado en la tradición sudanesa, también es miembro integrante de la increíble orquesta pan-nilótica The Nile Project. Con todo, no para de viajar por todo el mundo exportando su música. De Francia a Egipto, de los Emiratos Árabes a Portugal, de Bélgica a Italia, o de Suiza a Hungría, su Pop Nubio irrumpió en la escena internacional a finales del año pasado con su disco Silt (Wonderwheel Recordings, 2014) y no ha parado de sonar desde entonces.

Mi música es un cóctel de los diferentes sonidos que han marcado mi biografía. Mi familia emigró a Yemen cuando yo era pequeña a causa de la guerra civil, y como coleccionista que soy, siempre me ha apasionado la música tradicional yemení o argelina. Pero me atrae la diversidad cultural en general. Así que puedo escuchar desde la música coral femenina de los Balcanes al Jazz más contemporáneo”, nos explica Sarah desde la terraza de Pawa254. “Actualmente, estoy fascinada por la música maliense. Hace poco toqué con Songhoy Blues y me robaron el corazón. Pero debo reconocer que ninguna música me hace vibrar tanto como la del Nilo Azul”, aclara la artista.

Alsarah, durante nuestra entrevista en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, durante nuestra entrevista en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y aunque la sudanesa se confiese afropolita y amante de la diversidad cultural, no tiene ninguna duda que su identidad musical tiene raíces bien profundas. “Casi toda mi música está influenciada por los sonidos de Sudán. He nacido sudanesa y moriré sudanesa, por más que viaje por todo el mundo y resida en Nueva York”, reconoce la que investigó la música del país para finalizar sus estudios en etnomusicología. “Para mis investigaciones, he recogido la tradición de las mujeres sudanesas, sobretodo, la música de bodas y fiestas populares, que siempre tiene a la mujer por protagonista”, relata. “Todo esto se encuentra en mis canciones”.

La relación de Alsarah con las cuestiones de género la llevaron a tener una colaboración muy estrecha con grupos como la Iniciativa de Mujeres Islámicas en Espiritualidad e Igualdad. “Siento pasión por la música árabe, sobretodo por la cantada por mujeres. He trabajado muy de cerca con coros femeninos y cantado a menudo clásicos de la música taarab, los sonidos tradicionales de la costa Swahili del África Oriental”. Y es que su directo está impregnado de música a cappella, que cede el protagonismo tanto a las voces femeninas que la acompañan, como a la percusión, elemento indispensable de su receta musical.

Y es que si hay una imagen ideal del encuentro entre los sonidos tradicionales y los embalajes modernos en Sudán, esa es la de Alsarah. Cuando uno piensa en la mujer sudanesa, afloran todo tipo de estereotipos. Desde la frontera meridional, la mayoría de mujeres kenianas o ugandesas, por ejemplo, reconocen la belleza sudanesa como única y envidian tanto el tono de piel como la forma de andar y la seguridad de estas damas. Desde la frontera occidental, sin embargo, la mujer sudanesa es vista como víctima, y no como dueña de su destino. Basándonos en hechos como que el estado sudanés castigara a mujeres cristianas por llevar pantalones por considerarlos provocativos, creemos que los derechos de las mujeres son sistemáticamente vulnerados a diario y en todas las esferas de la sociedad. Pero la emergencia de Alsarah en el mercado internacional está cambiando, en cierta medida, la imagen de la mujer sudanesa como sometida y vulnerable. “Tenemos la tendencia de aceptar una sola imagen de la realidad, una solo fotografía del relato. Pero en Sudan, por supuesto, no solo hay mujeres tapadas. Y si las hay, no todas están sometidas. No solo hay guerra o hambre. También hay de todo esto, no nos engañemos. Pero hay muchas otras cosas emergiendo y supongo que mi imagen ayuda a romper ciertos estereotipos”, afirma la cantante.

Presente en medios como The Guardian o influyentes emisoras como la americana NPR, que incluyó su álbum como uno de los cinco álbumes imperdibles del pasado año, junto a figuras como el nigeriano Seun Kuti o el estadounidense Pharrel Williams, Alsarah es recibida en la capital keniana como una auténtica estrella de África del Este. “Cada vez que toco aquí es como volver a casa. Nairobi es casa para mí. De hecho solo he tocado una vez en Jartúm. Fue en diciembre del año pasado. Se agotaron todas las entradas y la gente estaba eufórica”, reconoce orgullosa la sudanesa.

Cuando Alsarah y su familia dejaron Jartúm, la capital estaba en plena convulsión. Con migración llegada del Chad, Eritrea, Etiopía o Uganda, en busca de refugio a los conflictos derivados de las primeras décadas de independencia, la ciudad empezó a expandirse de forma incontrolada con familias empobrecidas provenientes de Darfur que se instalaron en asentamientos informales. “Jartúm ha cambiado muchísimo desde que mi familia y yo emigramos a Yemen. Ahora mismo la ciudad está completamente industrializada. A partir del 2000 experimentó un crecimiento económico galopante. Es lo que más me llama la atención, no tiene nada que ver con esa ciudad de mi infancia”, enfatiza la joven sobre la ciudad que fue recomendada por la CNN como uno de los 10 mejores centros urbanos de África para hacer turismo.

Pero sigue faltando mucha infraestructura y aún hay poca inversión dedicada a la escena cultural en Sudán. En este sentido, es mucho más fácil tocar por Europa. Atraer la atención de promotores europeos o estadounidenses. Pero estoy muy orgullosa de poder tocar tan a menudo por África. He tocado mucho por África del Este y África Austral. Estoy conquistando África Occidental, así que espero que las cosas se empiecen a equilibrar pronto y pueda tener tanta audiencia en un lugar como en otro”, expresa la que es considerada una de las voces más mediáticas y eruditas de la música sudanesa.

La terraza de Pawa254, como era de esperar, se llenaba a rebosar. Abría la noche la proyección del documental Beats of the Antonov, en el que Alsarah es una pieza clave y con la presencia de su director, el sudanés Hajooj Kuka. Con ambos artistas, presidia la noche una idea imperante, la de que una nueva generación de artistas que están re-definiendo la identidad, la cultura y la presencia en el mundo de Sudán.

Beats of the Antonov, cine y música de resistencia

Beats of Antonov

*Artículo escrito por Alma Toranzo (@alma_toranzo), miembro del portal de información Hemisferio Zero.

**El nombre del director aparecerá en este artículo en minúscula para respetar la grafía que utiliza él

La música de Sudán ha llegado a España con el documental Beats of the Antonov, del director sudanés hajooj kuka**, en el Festival de Cine Africano de Córdoba – FCAT 2015, que ha tenido lugar entre el 21 y el 28 de marzo. Beats of the Antonov, galardonado con el Premio al Mejor Documental en el Festival, no ha dejado a nadie indiferente. En las dos proyecciones que se realizaron en diferentes salas de la ciudad andaluza los espectadores hicieron llegar sus felicitaciones y sus impresiones al director, quien ha estado presente durante el FCAT.

El documental –Los ritmos del Antonov, en español- nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Pero no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos. “Música de resistencia, como elemento de unión y supervivencia”, explica hajooj.

La primera vez que hajooj visitó los campamentos fue porque quería documentar qué es lo que estaba pasando allí. Pero después de pasar un día en unos de los campamentos del Nilo Azul se dio cuenta del importante papel que jugaba la música. “Cuando llegué al campamento dos jóvenes se encargaron de enseñarme todo: me acompañaban a las entrevistas, me presentaban a la gente, etc. Y cuando llegó la noche me preguntaron si quería ir a dar un paseo”, cuenta hajooj sorprendido, pues no entendía dónde querían llevarle, era de noche, estaba todo oscuro y no había nada qué ver, pensaba él. Así que se fueron y empezaron a escuchar música que venía de una boda. Después le llevaron a lo que de día funciona como colegio y había dos grupos tocando. La gente se ponía alrededor del que tocaba mejor. Había jóvenes, niños y un montón de gente bailando. Después le llevaron a otro sitio y había otro grupo tocando los tambores. “Según íbamos caminando nos encontrábamos música aquí y allá, música por todas partes. Ahí fue cuando me di cuenta que quería hacer un documental sobre la música y la identidad”.

El resultado es una visión diferente de la guerra, de la gente que vive en los campamentos de refugiados que muestran a través de su música la esperanza y el anhelo por el fin de la situación en la que se encuentran, alejados de sus casas y de sus medios de vida. La música se convierte además en un elemento de unión, pues Sudán es un país donde conviven múltiples etnias y culturas que se encuentran conviviendo en los campamentos.

Beats of the Antonov no ha pasado sólo por diferentes festivales de todo el mundo como el FESPACO, celebrado el pasado febrero en Burkina Faso, el Festival Internacional de Cine de Durban o en el Festival de Cine Africano de Luxor y ganado numerosos premios; también ha sido proyectado en los campamentos donde realizó el rodaje. “A los refugiados les ha encantado ver la película, la consideran como suya”, señala hajooj, que ha llegado a establecer muchos vínculos con sus protagonistas tras los dos años que ha tardado en grabar el documental. “Todos los días después de grabar les enseñaba las imágenes y me pedían que volviera a grabar determinadas escenas porque no les gustaba cómo habían salido o cómo habían dicho algo”, cuenta kuka entre risas.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Pero el trabajo de este carismático director no se queda ahí. También es el director creativo de 3ayin, que en árabe significa “mirar”, una agencia de noticias que informa sobre lo qué esta ocurriendo en Sudán contado por los propios sudaneses. “Empezamos a enseñar a chicos y chicas en la zona de las Montañas de Nuba a grabar y a editar para que fueran ellos los que documentaran lo que estaba pasando. Entre ellos, hay cuatro jóvenes que mostraron mucho interés y que han realizado muchos cortos. Incluso grabaron algunas de las imágenes de Beats of the Antonov”, explica hajooj.

Además, tiene en marcha un proyecto de teatro y cine en los campamentos. “La última vez que fui hablé con una mujer impresionante que hacía teatro antes de la guerra con su marido y pusimos en marcha un grupo de teatro. Cuando vuelva en julio o agosto espero poder grabar las escenas que representen para que pueda llegar a más gente”, cuenta kuka.

Por otra parte, hajooj kuka forma parte de un movimiento de resistencia no violenta en su país llamado Girifina, cuyo objetivo es cambiar el gobierno que se encuentra actualmente en el poder. Dentro de este movimiento en el que participa gente de todas las edades, hajooj ha realizado también numerosos cortos denunciando la situación en la que se encuentra Sudán. “No he tenido problemas de censura con la película porque es un poco artística y el gobierno no se fija en el arte, no la han seguido realmente. Tengo más problemas por el movimiento de resistencia no violenta que por el documental”, afirma hajooj.

Hajooj Kuka está convencido del importante papel que juega el cine para sensibilizar y denunciar las violaciones de derechos humanos que afirma está realizando el gobierno de su país. Además, cree firmemente en la resistencia no violenta. “Una revolución real tiene que estar basada en la resistencia no violenta. Cualquier revolución tiene que llevarla a cabo la sociedad”, afirma.

Un instante durante los "Aperitivos de Cine" durante el FCAT. -Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

Un instante durante los “Aperitivos de Cine” durante la 12ª edición del FCAT. Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

¿A qué suena el Nilo?

@The Nile Project

@The Nile Project

Países que baña el río Nilo.

Mapa de los once países que baña el río Nilo, cuya población total representa 437 millones de personas.El África del Este, Sudan y el valle del Nilo han tenido una estrecha relación e historia común desde hace miles de años. A pesar de todo, las distintas olas colonialistas y la barrera natural del desierto han fomentado la imagen de dos Áfricas: la árabe-musulmana en el Norte del Sahara y la negro-africana en el Sur del Sahara. Pero las relaciones comerciales a través del río y el desierto, han sido en realidad, un constante ir y venir de influencias culturales. Por ello, la orquesta de The Nile Project se convierte hoy en una iniciativa absolutamente necesaria tanto para comprender, como para fortalecer, las relaciones entre las culturas del Nilo.

The Nile Project arrancó en 2011 a partir de un taller anual, el Nile Workshop, que pretendía reunir a todo un compendio de músicos, emprendedores sociales, expertos en educación, medio-ambiente, agricultura, economía, estudiantes universitarios y creadores de la ribera del Nilo para educar, debatir, informar e inspirar sobre los actuales retos de las sociedades que viven alrededor del río africano.

La falta de diálogo entre los países de la Cuenca del Nilo ha frustrado la mejora en la utilización de recursos como el agua y la energía. Por ello, “la necesidad de conceptualizar el Nilo como un ecosistema compartido que conecta a sus residentes con su entorno natural” es uno de los principales objetivos del equipo de The Nile Project, según Mina Girgis, director ejecutivo, comisario y productor de las colaboraciones musicales de TNP.

“La sociedad civil debe afrontar los desafíos como interconectados e interdependientes”, nos cuenta el núcleo duro del proyecto. “A nivel de base, los ciudadanos individuales están aislados unos de otros y carecen de espacios para reunirse e intercambiar conocimientos, habilidades y recursos. El resultado es una desconfianza generalizada que impide la cooperación hacia un futuro sostenible para el Nilo y para las comunidades cuyos medios de vida dependen de este río”.

Nuestro entrevistado, Mina Girgis, director ejecutivo de The Nile Project.

Nuestro entrevistado, Mina Girgis, director ejecutivo de The Nile Project.

Pero sería imposible construir puentes sin tener en cuenta el increíble potencial cultural, y particularmente, el asombroso talento musical que abarca toda la zona. La residencia de 18 músicos durante el taller de 2011 es la génesis del proyecto musical de The Nile Project. Se trata de un nuevo concepto que engloba sonidos de Egipto, Sudan, Sur Sudán, Etiopía, Uganda, Kenia y Tanzania con el objetivo de establecer puentes para construir una identidad común en diálogo constante. The Nile Project se estrenó con un concierto en Asuán y dos en el Cairo, y ha cristalizado en enero de 2013, con la producción de su primer CD, ASWAN.

Seis cantantes, como la sudanesa Alsarah, la sur-sudanesa Nyaruach o la egipcia Dina El Wedidi, utilizando once lenguas distintas, y músicos como el teclista y maestro del masankop sudanés Ahmed Said Abuamna, el percusionista nubio Adel Mekha o el ugandés Lawrence Okell, son algunos de los protagonistas de este mega-proyecto musical que fusiona y busca puntos de encuentro y de fuga entre los diferentes sonidos del Nilo. De los poliritmos más tradicionales del lago Victoria a la música electrónica actual del norte de África, las diferentes canciones del disco tejen un discurso claro sobre la importancia del panafricanismo y el “Pan-Niloismo”.

“Es difícil generalizar acerca de las características culturales o musicales comunes. Pero hay algunos instrumentos que encontramos a lo largo del Nilo y rara vez se ven en otros lugares”, afirma Girgis. “Las liras y arpas son omnipresentes en toda la cuenca del Nilo y son parientes antiguos. El keniano nyatiti, los ugandeses adungu y endongo, el krar etíope, el masenkop sudanés, y el tamboura y simsimiyya egipcios son primos hermanos”. Con todas sus similitudes y diferencias “lo que más sorprendente al público es como los músicos pueden tocar juntos en armonía con tan diversos instrumentos musicales, estética, estilos y lenguajes. La complejidad y la simplicidad que entraña la colaboración mantiene a todos en estado de alerta y es fuente de improvisaciones maravillosas”.

Los principales artífices de este proyecto pan-nilótico, el etnomusicólogo egipcio Mina Girgis y la cantante etíope y activista cultural Meklit Hadero nos dicen que “los 437 millones de ciudadanos de los 11 países que comparten el río más largo del mundo tienen pocas vías para conectar más allá de sus fronteras estatales”. “Procesos políticos opacos y poblaciones desinformadas que carecen de la comprensión del medio ambiente dificultan una gobernabilidad democrática y participativa. La insuficiente capacidad institucional, de infraestructura y de financiación impiden que las comunidades del Nilo puedan adaptarse a las presiones sociales y las amenazas ambientales”, confiesa el director ejecutivo del proyecto. “Esta experiencia musical fomenta la empatía intercultural e inspira la curiosidad hacia el medio ambiente para transformar el Nilo desde la perspectiva geopolítica que lo divide hacia una unión y un diálogo Este-Africanos”.

Los diferentes proyectos de The Nile Project, pretenden movilizar el capital intelectual norte y este-africano para la búsqueda de soluciones a largo plazo a los problemas que enfrenta el Nilo a día de hoy. Con apoyo de otros proyectos que trabajan en la misma línea, como el Nile Basin Project, o con financiadores como Hivos, la Agencia de Cooperación Suiza para el Desarrollo, el Departamento de Asuntos Culturales de Estados Unidos, la Fundación Panta Rhea o la firma Rational Games, los fundadores Mina Girgis y Meklit Hadero han conseguido construir un auténtico paraguas cultural pan-nilótico hasta ahora inexistente. Y no es de extrañar su capacidad de movilización viendo el potencial de los propios artífices del proyecto. Hadero, residente en San Francisco, fue becada en 2012 por la organización TED, por el proyecto The Nile Project, donde explica como el agua y la música se mezclan para volver a conectar lo que un día fue la civilización del valle del Nilo. En palabras de Hadero: “Queremos saber a qué suena esta comunidad”.

The Nile Project realizó su primer viaje pan-nilótico en 2012. Fue entonces cuando sus miembros se dieron cuenta de la cantidad de jóvenes que a lo largo del río Nilo, tienen curiosidad por saber más acerca de sus vecinos, sea aguas arriba o aguas abajo. “Todo el mundo se siente frustrado por las pocas vías de diálogo y colaboración entre las regiones norte y sur del Nilo. Pero creo que está emergiendo una nueva conciencia entre los jóvenes de todo el este de África: desde Kenia a Egipto”, confiesa en exclusiva para Wiriko Mina Girgis.

En 2014, The Nile Project lanzará el premio del Nilo, un proyecto/incubadora, bajo el rótulo de “Soberanía Alimentaria”, para permitir colaboraciones transfronterizas que permitan dar soluciones a los problemas de alimentación de la zona.

Del mismo modo, se están cerrando las fechas para la primera gira africana que tendrá lugar en enero, febrero y marzo de 2014. Además de estar coordinandose la segunda residencia musical en Uganda para mediados de enero. “Vamos a realizar conciertos y talleres en diferentes universidades de Uganda, Tanzania, Kenia, Sudán del Sur, Etiopía y Egipto”, explica Girgis. Pero sus giras también los llevarán por escenarios tan importantes como el del Sauti Za Busara, en Zanzíbar. “En junio de 2014 iniciaremos nuestra gira por Europa y en enero de 2015 estaremos tocando por Estados Unidos”, confirma el director ejecutivo.