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Ngũgĩ y la transmisión de la sabiduría

Si la edición de La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o, que acaba de lanzar la editorial Rayo Verde no atrae lectoras y lectores hacia las literaturas africanas es posible que suponga un definitivo punto final. La propuesta es completamente deliciosa y tiene absolutamente todos los ingredientes. La narración del escritor keniano es sublime; la traducción de Víctor Sabaté ha captado y transmite toda la esencia de la historia; los textos explicativos que acompañan el relato aplifican su efecto y facilitan su comprensión; las ilustraciones de Agustín Comotto refuerzan el sentido del mensaje que Ngũgĩ transmite; y la canción que acompaña esta edición es el lazo definitivo a un libro que es un regalo en todos los sentidos.

Ngũgĩ wa Thiong’o, firme defensor de la producción literaria en lenguas africanas. Foto: Carlos Bajo

El escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o regaló La revolución vertical al colectivo de Jalada, como parte de un proyecto de difusión de las lenguas africanas. La revista literaria panafricana hizo de esta historia un cuento traducido a 80 idiomas. En un primer momento, se trataba de lenguas africanas, paralelamente las lenguas de las antiguas potencias coloniales y, finalmente, lenguas de todo el mundo.

La historia de La revolución vertical es el relato de un desencuentro entre los miembros del cuerpo humano que pone de manifiesto un aprendizaje básico, que transmite valores como la igualdad, el respeto, la convivencia o la justicia. Ngũgĩ wa Thiong’o muestra una indudable capacidad para manera toda la energía narrativa del género del cuento tradicional. Este relato sabe a historia macerada durante siglos en la transmisión de boca a oreja al calor de una hoguera nocturna. Tiene todos los elementos de esas historias que se han ido construyendo relato a relato con el paso de las generaciones para transmitir de madres a hijos, de tíos a sobrinas o de abuelas a nietas los valores que cimentan la convivencia de la comunidad. El genial autor keniano hace con esta historia un homenaje a esa, a veces denostada, literatura popular y, sobre todo, a esta transmisión oral de las historias y las enseñanzas. Su homenaje es, precisamente, reconstruir un cuento que perfectamente serviría para ser contado en una de esas veladas de narración oral comunitaria.

Wa Thiong’o escribió el cuento originalmente en gĩkũyũ como parte de su proceso de militancia cultural en favor de la defensa y el resto de las culturas minorizadas y él mismo se encargo de hacer la primera traducción, al inglés. El autor keniano ha transmitido sistemáticamente la necesidad de relacionarse con naturalidad con las lenguas y evitar la instrumentalización.

Laura Huerga, editora de Rayo Verde e incondicional de Ngũgĩ wa Thiong’o ha cogido esta joya y ha intentado engarzarla de la manera que se merecía. Esta edición forma parte de un impresionante proyecto que nos trae, de la mano de Rayo Verde y Raig Verd, tres ediciones bilingües en castellano, catalán y asturiano y gĩkũyũ. Pero es que dentro de ese mismo proyecto, la editorial Txalaparta ha lanzado una edición en euskera y la lengua original del cuento; Galaxia ha hecho lo propio en gallego y gĩkũyũ; y Pagès se ha sumado con una edición en aranés y gĩkũyũ.

La propia Huerga pone el contexto con un epílogo que ayuda a acercarse tanto al relato como a la figura del autor y, sobre todo, a la importancia de su militancia cultural, un activismo a favor de las culturas minorizadas que le ha puesto contra las cuerdas durante su vida y le ha llevado a la cárcel y el exilio; pero que al mismo tiempo le ha convertido en un referente de la reflexión decolonial y de la literatura universal hasta el punto de tener un reconocimiento internacional, a pesar de esta muy lejos de los gustos complacientes de la industrial editorial global. Rayo Verde y Raig Verd han publicado en los últimos años, en castellano y en catalán, una buena parte de la producción literaria del autor keniano, tanto de sus ensayos, como de sus obras autobiográficas.

Una de las ilustraciones de Agustín Comotto en el libro de Ngũgĩ

La excepcionalidad de este lanzamiento se completa con las cuestiones formales. Ya que han convertido el relato en un cuento ilustrado con los dibujos del argentino Agustín Comotto que construye una historia gráfica que discurre en paralelo a la narración escrita y que refuerza el mensaje, a través del particular estilo de las ilustraciones.

Efectivamente el lazo tiene forma de canción, compuesta por Clara Peya y adapatada por Alícia Serrat. Rayo Verde ha compartido esta canción con un sencillo vídeo compuesto por algunas de las ilustraciones de Comotto que configuran un perfecto aperitivo, uno de esos que te empujan necesariamente a seguir degustando.

Ngũgĩ wa Thiong’o, la política y la cultura de las lenguas

Autores: Celia Murias y Carlos Bajo Erro. Este artículo es fruto de una colaboración especial entre Africaye y Wiriko.

“Todos podemos llegar a las estrellas, pero para conseguirlo no necesitamos hacer escala en Europa”. Fue una de las frases lapidarias que Ngũgĩ  wa Thiong’o, el novelista, ensayista y dramaturgo keniano dejó flotando en el vestíbulo del CCCB. Porque a pesar de que en su discurso no ofreció grandes novedades, el eterno aspirante al Premio Nobel se erigió como lo hacen los viejos sabios, envuelto por un cierto halo de sopor, pero lanzando proclamas que se desplegaban sigilosamente y solo unos segundos después explotaban sobre los asistentes.

El escritor keniano Ngũgĩ  wa Thiong’o. Foto: Carlos Bajo

Y es que wa Thiong’o llegó a Barcelona para materializar el contenido de su tres libros traducidos recientemente al castellano y al catalán, Descolonizar la mente, Desplazar el centro y Sueños en tiempos de guerra. Junto a la defensa de los derechos lingüísticos universales, el escritor keniano proclamaba una especie de refundación de los estados africanos, tras deshacerse del yugo de la lógica imperial de las lenguas coloniales, como por ejemplo, el inglés. Ngũgĩ  wa Thiong’o no se refería únicamente al impacto de las imposiciones coloniales en la dimensión cultural de las lenguas nacionales.

Puede que conozcas su trabajo o hayas oído hablar de él: como el autor de la importante obra Descolonizar la mente; como defensor acérrimo del uso de las lenguas africanas en la producción literaria; como guardián de la legitimidad artística y comunicadora de la oratura -la producción literaria oral-; o como incansable crítico de la colonización cultural y vital que el uso de las lenguas coloniales implica. Si es tu caso, probablemente también te sorprenderías de que una de las palabras más escuchadas en su discurso sea network, red.

Conectar. ¿qué me conecta con otros?¿desde qué posición me conecto?

Y es que su enfoque es tremendamente inclusivo. Al escucharle desarrollar su postura, su defensa no se basa en una estrategia chovinista de aislamiento contra las influencias externas, sino en una acción positiva hacia el reequilibrio de poder, y señala una y otra vez con insistencia que la clave está en el funcionamiento en red, en la nutrición cruzada, destruyendo las jerarquías.

Ngũgĩ  wa Thiong’o durante su intervención en el CCCB de Barcelona. Foto: Carlos Bajo

“La colonización ha supuesto la negación de los idiomas nativos como fuente de conocimiento y de investigación”, explicaba wa Thiong’o en su intervención en Barcelona. El proceso que sigue a esa negación supone una ruptura radical, desde la experiencia del escritor keniano: “Los colonizados dejan de confiar en sus nombres, su geografía, sus cuerpos como punto de partida y por eso siempre necesitan la aprobación externa de los colonizadores. En África, no creemos en las iniciativas nacionales, ni en el conocimiento propio, ni en las investigaciones. Mi propio gobierno me encarcela por escribir en mi propio idioma, ¿qué podemos esperar después de eso?”, advertía el autor.

Ese es el proceso de pérdida de la autoestima que Ngũgĩ  wa Thiong´o atribuye a la sustracción de las lenguas propias. “La élite poscolonial ha intentado eliminar el color de la piel, los nombres, los cuerpos, y hasta los idiomas nativos. En Kenia, esas élites se enorgullecen cuando sus hijos no entienden los idiomas nativos: esa es la colonización de las mentes”, aseguraba. Son aquellas máscaras blancas sobre pieles negras de las que hablaba Frantz Fanon al reflexionar sobre la construcción de la identidad negra.

Ngũgĩ  utilizó como ejemplo la experiencia de los niños que juegan en un aeropuerto alejándose de sus padres, pero sólo lo justo. Miran atrás y si ven a los padres continúan alejándose porque “su capacidad para seguir avanzando depende de la posibilidad de volver al origen”. Cruzando los dos elementos de la metáfora, el escritor keniano decía “si los niños del aeropuerto pierden el origen, lloran”.

Por todo ello, una de las ideas más repetidas por el autor es la puesta en valor de las lenguas nativas, la certeza de que “no hay lenguas, más lenguas que otras”, que las lenguas no pueden relacionarse de manera jerárquica y, sobre todo, la dignidad de las lenguas africanas. “Nuestros idiomas son fuentes válidas de conocimiento”, reivindica una y otra vez el escritor.

Al fin y al cabo, se trata del “derecho de nombrar el mundo”, the politics of naming, acierta a señalar poniendo de manifiesto la especificidad africana que ha regido y sigue rigiendo la representación esencialista del continente en el imaginario occidental. A nosotras nos arranca una sonrisa mientras pensamos en que las resistencias de las mujeres africanas, que también reclaman nombrarse a sí mismas.

El lenguaje es pues la materia con la que nos construimos y su uso específico, una cuestión de poder. Para wa Thinog´o el uso de una lengua u otra no se basa tanto en el número de hablantes como en el prestigio de esta. Y con esto en mente, nos dio un toque de atención —varios— sobre la importancia de la terminología. Hablar de lenguas minoritarias o mayoritarias carece de sentido, y lo importante realmente es que existen lenguas dominantes y lenguas dominadas, pudiendo una lengua cumplir ambas categorías según los contextos.

En este mismo sentido, mostró de nuevo esa calidad inclusiva al rechazar el binomio lengua global/local, reclamando que “todas las lenguas son globales, son una herencia” que deben afectarse mutuamente sin barreras nacionales o regionales, hacia la creación de la globaléctica —una dialéctica global—, para la que la jerarquía y el eurocentrismo lingüístico son las principales barreras.

Esa relación que debe establecerse entre las lenguas es otro de los puntos clave del discurso de Wa Thiong’o que defiende una interacción en red, “incluso cuando uno se convierta en lengua franca de comunicación, ninguna lengua es superior a las otras, ninguna se puede construir sobre la tumba de otra”. “El monolingüismo es el dióxido de carbono de la cultura y el multilingüismo es su oxígeno”, afirma vehemente uno de los más conocidos luchadores en favor de los derechos lingüísticos universales.

“La realización crucial de las lenguas africanas hablándose entre sí”

Para generar y acceder a esa conexión despojada de jerarquía, el autor pone su entusiasmo en el poder de la traducción. En la charla posterior el escritor hizo hincapié en la importancia de las intertraducciones, “la realización crucial de las lenguas africanas hablándo entre sí“. Y para guiarnos en este tema, recordó con cariño el proyecto Jalada Africa. Pan-african Writers´ Collective. Se trata de una iniciativa colaborativa de publicación de autores y autoras africanas que en marzo de 2016 le solicitó un cuento, con el que lanzarían su primera experiencia de traducción múltiple. Ese cuento se llamaba —en inglés— The upright revolution, un cuento escrito para su hija originariamente en kikuyu, que ya ha superado el medio centenar de traducciones, la mayoría, aunque no solo, entre lenguas africanas. Para Ngũgĩ  esto tiene un impacto fundamental en su concepción de sus propias lenguas, y en la relación entre ellas, para lo que la traducción es vital.

Además de la importancia obvia de unos recursos económicos que los respalden, el pensador —de 79 años— hace hincapié en el potencial que las tecnologías, en especial internet, están demostrando a la hora de albergar el diálogo creativo necesario en los contextos africanos, y nutrir el recurrente debate interno sobre qué es la literatura africana.

Vuelta al debate, ¿qué es (literatura) africana?

Sin embargo, a pesar de ese posicionamiento igualitario, Ngũgĩ  wa Thiong’o aún tuvo tiempo para marcar la diferencia con los autores que a diferencia de él, continúan utilizando las lenguas coloniales para sus creaciones literarias. “A mí también me ha pasado. Algunos miembros de la élite cultural se han apropiado de la lengua colonial, creen que pueden hacerlo suyo, pero en realidad están contribuyendo a su ampliación, inconscientemente están reforzando la lógica colonial”. Ngũgĩ  se refería a otros grandes de las literaturas africanas, como por ejemplo, Chinua Achebe. El debate sobre las posiciones posibles ante los usos de la lengua no se agota.

Al preguntarle sobre su opinión actual de la literatura, en especial aquella conocida como diaspórica, en pleno auge en el “mercado” global gracias a la creciente visibilidad de autoras como Chimamanda Ngozi Adichie, su respuesta fue contundente: “No es literatura africana”. Tal como escribió en la década de los ochenta. Poco o nada ha cambiado su postura de aquella que plasmaba en Descolonizar la mente: “…lo que hemos creado es otra tradición híbrida, transicional y minoritaria que solo puede llamarse literatura afroeuropea“. De hecho, nos contó que en los últimos años ha profundizado en este tema, llegando a manejar el concepto de “robo de la identidad literaria”. Ngũgĩ  señala que las luchas por el robo identitario no se han acabado ni se circunscriben al periodo poscolonial, sino que cuando no se escribe en la lengua propia, más que una pérdida de la identidad, se da un robo de la misma, contribuyendo al encumbramiento de la lengua dominante en cuestión.

Pero, el pensamiento de wa Thiong´o, si bien transmitido a través de sus postulados lingüísticos, se enmarca en un pensamiento y propuesta política y de acción más amplia. El interés por visibilizar la cara positiva y moderna del continente —con el objetivo de contrarrestar la narrativa esencialista del África catastrófica— ha impulsado expresiones afropolitas que mucho tienen de producto de consumo. Una no puede evitar preguntarse, aunque anticipe la respuesta, cómo se sentirá al respecto el pensador marxista, que ya describía la indefinición ideológica de la clase burguesa de aquellas jóvenes independencias. ¿es para Thiong´o el afropolitismo un caballo de Troya que banaliza y desactiva la acción más profunda?

Desde luego, el debate es apasionante. El tiempo se nos escapó entre los dedos, dejando en el tintero otros muchos temas. Echamos de menos, por ejemplo, que siendo una figura del marco analítico decolonial, el autor ampliara sus reflexiones más allá del ámbito lingüístico, y entrara con ganas a debatir sobre otros aspectos con carga política vinculadas a sus postulados, como el racismo, la apropiación cultural, etc.

El viejo sabio keniata nos supo a poco.