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Atlantique: capitalismo, feminismo y amor

Crónica de un visionado público de la película Atlantique en Dakar y comentado por su propia directora Mati Diop y la escritora Ken Bugul.

La expectación era mucha. Aunque el 2 de agosto ya se había estrenado en Senegal ante la élite dakaroise en un Teatro Sorano de gala, esta noche era la primera proyección de Atlantique (2019) gratis y a cielo abierto, en Medina, un barrio popular de la capital. El lugar elegido para proyectar el más reciente Gran Premio del Festival de Cannes, el antiguo cine Empire, uno de los clásicos de la ciudad, reabierto hace unos años, permite al vecindario apropiarse el sitio. Sillas, sillones, escaleras, suelo, varias alturas, comida y bebida… todo a disposición para que la proyección sea abierta y participativa, en esta sala a cielo descubierto. Esperando que anocheciera, la terraza del edificio desde la que se apreciaban entremezclados tejados de mezquitas, inmuebles antiguos y nuevos, acabados e inacabados, grúas y banderas, acogía también a los invitados de la entidad organizadora del evento, la Raw Material Company, uno de los centros de arte más punteros de la subregión, que cerraba su séptimo programa de formación, el cual versaba sobre el tema “Imágenes de nuestro tiempo”, dirigido por el cineasta Eric Baudelaire.

Cartel de la película Atlantique (2019), de Mati Diop.

El calor del pasado 13 de diciembre empezaba a despedirse y el viento fresco y salado del omnipresente océano entraba desde de la corniche de Dakar a este edificio abierto de la calle Malick Sy, creando el ambiente necesario para meterse en el film de la franco senegalesa Mati Diop (Francia, 1982). El sol desaparece anaranjado dejando rápido el paso a la luna, y con ella, la presentación de la película. Una Mati Diop concentrada y reflexiva introducía el film aludiendo a la transición lógica de su obra cinematográfica compuesta por el cortometraje Atlantiques (2009) y el documental Mille Soleils (2013) y sobre la inevitabilidad del asunto: -“¿de qué otro tema se puede hablar?”: la migración es el trasfondo de su compromiso con el cine, de su experiencia vital y de la obra que la precede: la de su tío, el reconocido cineasta Djibril Diop Mambéty.

Sin más spoiler, la audiencia se quedaba en absoluto silencio durante las casi dos horas de la película (1h. 47min.) El incesante sonido del mar que acompañaba la película era solo interrumpido por la última llamada a la oración que resonaba desde la Gran Mezquita de Dakar, a escasos metros. Concentración, emoción o tensión, según el pasaje, se leían en las caras de un auditorio que sin duda elevaba el nivel de comprensión de esta película filmada en versión original en wolof y subtitulada en francés, que ha recorrido desde hace seis meses pantallas de todo el mundo . El encuentro con su público era “primordial”, según explicaba la propia realizadora.

Atlantique es la historia de Ada y Suleimán. Una historia de amor frustrada, atrapada en un contexto en el que la falta de expectativas ahoga en el imponente océano los sueños de una generación, de la fuerza viva de un país. La película habla de los desaparecidos en el mar, de los que se van: pero sobre todo de los que se quedan. Las que se quedan. Una mirada femenina, atrevida, crítica, comprometida y sensible que atraviesa al espectador desde la primera escena hasta la última. El contundente final culminaba con un caluroso aplauso que hacía levantarse a la directora y a un jovencísimo electo actoral (seleccionado por la propia Diop hace menos de dos años) que se presentaban ante el público en Medina con una mezcla de timidez y soltura; aquella que da las tablas de quien se ha enfrentado ya a medios de todo el mundo: Ibrahima Traoré (Souleiman), Mame Bineta Sané (Ada) y Nicole Sougou (Dior)

Lo que esconde el océano de Atlantique

No se conocían pero sí. Dos grandes nombres de la literatura y el cine del país como Ken Bugul y Mati Diop habían inevitablemente oído hablar la una de la otra y de sus trabajos, pero nunca habían coincidido físicamente. Abiertamente impresionada por la creatividad de la nueva generación de cineastas, y de esta película en particular, que definió como “obra maestra por su mirada compleja sobre la migración”, Ken Bugul (Senegal, 1947) afirmaba sentirse identificada con Ada, la protagonista y su grupo de amigas, “con esas mujeres con su destino en la mano, que asumen sus vidas y sus cuerpos”. Comenzaba así una conversación sobre los subtemas que atraviesan la película.

Juventud fantasma

Mati Diop explicaba su inspiración para realizar la película. Nacida y crecida en Francia, en 2008 aterrizaba en Dakar movida por un deseo de explorar sus raíces africanas ya que su padre, el cantante Wasis Diop, es senegalés. Es en la capital donde se encuentra de frente “con una juventud solitaria y habitada por un inmenso deseo de partir”. Es cuando decide poner su incipiente mirada cinematográfica al servicio de lo que estaba observando, y que calificaba de “problema existencial”.

Ellas

Tras su primer trabajo, el cortometraje Atlantiques con protagonistas masculinos, decide en este, su primer largometraje, focalizarse en las que se quedan: “La única manera de contar que encontré legítima desde mi lugar”, comentaba. “Además me parecía injusto restringir el retrato de la juventud de Senegal de la década de los 2000 solo a los que se van. Las historias de migración atraviesan a todas las esferas: madres, hermanos, novias… hay muchos que se quedan”, reflexionaba al tiempo que le tomaba la palabra Ken Bugul, para quien el rol de la mujer no ha sido lo suficientemente explorado hasta ahora en lo que respecta a las migraciones internacionales: “Ellas se quedan silenciosas, son más invisibles aún. Por eso veo la importancia de darles la voz, de hacerles actuar su propio rol a estas jóvenes que tienen mucho que decir”.

Feminismo

El debate prosiguió sobre la emancipación de las mujeres y sobre las conquistas de autonomía que se han dado en las décadas de los 60 y 70 y que la escritora tachaba de “adquisiciones frágiles”. “Fueron en el discurso, sobre el papel, pero no en lo cotidiano”, subrayaba Ken Bugul, el seudónimo que utiliza la novelista senegalesa Mariètou Mbaye Biléoma, y que significa «la que nadie quiere». “¡Manteneos alerta!”- exhortaba al auditorio- “¡Seguid vigilantes, no bajéis la guardia!”. El mensaje a la juventud, en particular a las mujeres, no podía ser más claro. “En los últimos años se ha colado un retroceso en nuestros derechos por las fisuras de lo conseguido. En Senegal, y en todo el mundo, las mujeres son de nuevo las víctimas”, remataba responsabilizando por ello “a las estrategias del capitalismo introducido desde los 90 que han anclado nuevos valores como el dinero, la apariencia, el consumo, y cosificado el cuerpo de las mujeres”.

Justicia social

La directora suele presentar la película como una “fábula política”. El trasfondo es claro. Lo señalaba desde el público un profesor de escuela que le recordaba el paralelismo de la escena inicial, en la que Souleimán y los otros chicos reclaman sus 3 meses de salario impagado al constructor de una gran torre, con la mítica secuencia de Camp de Thiaroye (1988), del senegalés Ousmane Sembène. En ella se mostraba la demanda de los soldados senegaleses al ejercito francés en 1944 tras participar en la II Guerra Mundial, y que fue abatida con bombardeos. “Cada vez que mires el alto de tu torre, pensarás en nuestros cuerpos sin tumba”, dicen los desaparecidos al patrón en un fragmento de la película. “Atlantique es una historia de amor frustrado, por el océano y por la violencia capitalista”, sentenciaba la realizadora. “Y no es azar que sean ellas las que encarnen la reparación y la reclamación de justicia social”, matizaba Ken Bugul. “Siempre lo hemos hecho”.

Amor, sexo y moral en Senegal

Preguntada por la moderadora sobre si habían tenido dificultades en el rodaje de la escena final, en referencia a un momento erótico entre los protagonistas, Diop quedaba desconcertada: “¿Por qué no lo pronuncias?”, le inquiría directamente a Sambou. La realizadora explicaba que los actores comprendieron perfectamente la escena que sobrepasaba lo físico: “No hay lugar a polémica”, decía rotundamente al tiempo que añadía que “los jóvenes actores han asumido con naturalidad su papel en una escena sensual sin cuestionarse si chocaba o no con la moral senegalesa”. Para Diop “es importante crear nuevos referentes de relación en el cine que quizá alivien la presión social de una juventud solitaria. Nunca he visto a un hombre y una mujer negros besarse con pasión en una película africana”, confesaba. “Me deja atónita y desconcertada como espectadora. Creo que la gente, y sobre todo los jóvenes, tienen la necesidad de conocerse, de liberarse y de amarse”. “Hay que amar sin moderación”, arengaba Ken Bugul, como colofón tras la respuesta de Diop. Para Bugul, la “casi octogenaria” como ella se define, por parte de la juventud es una cuestión de valentía enfrentarse al grupo, construirse como persona y afirmarse como individuo son sus particularidades. “Me interesa la identidad en relación a su construcción individual y no en relación a un sentimiento de pertenencia, sea comunitaria,  geográfica, racial o religiosa”, explicaba.

Fantasía y realidad

Mati Diop tenía claro que en la película tenía que haber fantasía. “[En la película] muestro un barrio obsesionado por la desaparición de su fuerza viva. El retorno de los muertos es una leyenda universal atlántica, de la que me he inspirado sobre todo de historias bretonas, y que me pareció indispensable para hablar de esos jóvenes desaparecidos. La solución a través de la posesión, del djinn fue una manera de aterrizarlo en el contexto: es la manera en la que el barrio interpreta lo que pasa. Aquí la fantasía es inherente a la realidad”, dijo cuestionada desde el público sobre su inspiración para meter en la película a estos seres, al pertenecer a la etnia lebou, caracterizada por su misticismo.“Otro pasaje que me ha inspirado fue un suceso acontecido hace unos años en Senegal sobre unas chicas que se desmayaban a la vez en una escuela”, comentaba Diop. Lo que más le impresionó de esta creencia muy extendida en el país sobre que las jóvenes quedan poseídas por un ser maléfico sobrenatural y que se conoce como djiné Maimouna, es que finalmente es el marabú, la figura religiosa masculina de referencia en la localidad, la que da el veredicto de lo que pasa. “Y era la forma de vestir de las mujeres la que causaba el conflicto”, afirmaba alarmada. Para Ken Bugul, esto demostraba “lo manipulables que somos como sociedad,” afirmando que “no cuestionar las jerarquías es un freno al sentido común”.

En este sentido, la escritora señalaba que este verano ha escuchado en la radio que las lluvias en el país se habían retrasado “porque las mujeres se vestían descocadas” y señalaba la importancia del cuerpo de la mujer como un medio de resistencia ante la opresión. En la película también se alude a otro lugar común en la tradición mística senegalesa, el faru rab, otro demonio que habita en las mujeres y que hace que los matrimonios fracasen. Algo de lo que Ken Bugul valoraba retomando la idea del escritor Cheikh Hamidou Kane, de la necesidad de trabajar los mitos para entender la sociedad contemporánea.

Utopía de la emancipación

La conversación cerraba con una oda a Ada, “un personaje utópico, fuertemente arraigado a los valores fundamentales deseados no solo para las mujeres senegalesas sino para toda la juventud”, según explicaba Mati Diop. Ken Bugul la alababa: “Una historia de amor que permite ser como deberían ser todas las historias de amor”. La noche ya cerrada no permitía más reflexión que la que se dejaba abierta en la cabeza de un público que retomaba los aplausos para despedir al equipo, visiblemente emocionado por este tiempo compartido.

Retablo de mendigos y de hipocresías

Hace 40 años que la escritora senegalesa Aminata Sow Fall publicó por primera vez La Grève des Bàttu. Ahora la editorial Wanafrica nos ha traído la traducción en castellano de este relato bajo el título La huelga de los mendigos y esta nueva versión simplemente pone de manifiesto que la historia es completamente actual, no sólo por el ritmo de la narración sino por los valores que transmite. La escritora senegalesa que pasa por ser una de las autoras clásicas de la literatura poscolonial del país, dibuja una dimensión de la sociedad poco visibilizada pero que tiene una presencia constante, la de la mendicidad. Al mismo tiempo, el relato pone al descubierto una evidente hipocresía en las relaciones de clase, entre la élite dirigente y en relación con los supuestos valores religiosos. Una severa crítica vestida de una atractiva piel de cordero.

La escritora senegales Aminata Sow Fall. Fuente: De may! en Wikimedia

La historia se sitúa en una más que reconocible ciudad de Dakar, en la que se desencadena una campaña gubernamental para poner coto a la mendicidad callejera. “Su presencia perjudica el prestigio de nuestro país; es una plaga que debemos ocultar en la ciudad como sea. Este año, el número de turistas ha bajado considerablemente con relación al año pasado y es casi seguro que esa gente tiene algo que ver”, explica Mour Ndiaye a su ayudante Kéba Dabo, para justificar la acción. Ambos serán los responsables, desde el Servicio de Higiene Pública, de sacar a los

Cubierta de La huelga de los mendigos

mendigos de la calle para que no perjudiquen la nueva industria turísticas del país.

La autora deja clara la importancia en la trama de la voluntad de medrar del jefe, Mour Ndiaye que tiene la vista puesta en la vicepresidencia de la República y, también, de un empleado como Kéba Dabo, obsesionado por agradar a sus superiores, “adicto al trabajo” y con un trauma infantil en relación a la pobreza que se va desgranando a lo largo de la novela.

Esta especie de sainete que presenta muchas similitudes con la novela picaresca, tiene diversos escenarios paralelos y, al mismo tiempo que las idas y venidas de los responsables del Servicio de Higiene Pública, se dibuja un curioso retablo del mundo de los mendigos. Poco a poco la autora presenta algunos personajes para que el lector vaya construyendo el mosaico de los pedigüeños que se van constituyendo en “hermandad” en el patio de la casa de Salla Niang, una mendiga poco convencional. Ese patio se convertirá en el centro de operaciones de los pordioseros cuando cambien su estrategia y pasen a la acción como respuesta al acoso de las autoridades.

Los pordioseros que ven caer a algunos de sus compañeros, terminan por reclamar su dignidad y su papel en una sociedad que presenta un complejo equilibrio. La realidad de la mendicidad, aunque invisibilizada, ocupa un lugar evidente en la cotidianidad de los senegaleses y Aminata Sow Fall lo refleja con claridad. “¿En qué barrio de la ciudad el primer gesto de la mañana no es dar una limosna? Incluso en los barrios de tubabs (europeos blancos), los tubabs negros y los tubabs blancos cumplen con ese rito. Si habláis de barrios pobres, eso sí que no viene al caso: todo el mundo sabe que los pobres dan más fácilmente que los ricos”, les espeta Salla Niang a sus compañeros para exigirles que contribuyan al sistema de apoyo mutuo.

El pulso entre los mendigos y las autoridades va subiendo de tono e incluso se cobra algunas víctimas. Unos y otros van cambiando sus estrategias, pero el movimientos fundamental se produce cuando se levantan nuevos liderazgos entre los indigentes que empuja a una insospechada organización del colectivo y su toma de protagonismo. Los mendigos saldrán de las calles, las plazas y los mercados, voluntariamente, como parte de la reclamación de su dignidad y este movimiento tendrá consecuencias más profundas de lo esperado, incluso, para el principal responsable de la campaña anti-pobres, Mour Ndiaye.

Otros temas van atravesando el relato y van definiendo algunos de los rasgos fundamentales de la sociedad senegalesa, rasgos que a menudo pasan desapercibidos, precisamente porque son mundanamente cotidianos. Una trama refleja el complicado equilibrio de la tradición y el aumento de protagonismo de nuevos valores en relación con el papel de la mujer. La poligamia, una especie de matriarcado puntual, la aceptación de algunas mujeres y la fuerza de la mayoría, el lugar central de la figura femenina y, también, sus reclamaciones, construyen una imagen de ese complicado papel femenino que, a veces, resulta difícil de entender desde otros contextos culturales, sobre todo, cuando se olvidan sus múltiples caras y se intenta simplificar. Aminata Sow Fall hace un interesante ejercicio y pone de manifiesto que el papel de la mujer en la sociedad senegalesa no puede expresarse en términos de blanco y negro.

La huelga de los mendigos se asoma también a otra realidad importante y poco conocida: la figura de los marabouts, los guías espirituales. La complicada caracterización de los personajes abre la puerta del interés del lector y la escritora se enfrenta a esa complejidad sin miedo. Podía haber optado por dibujarlos de una manera simplista para que no dejasen flecos, sin embargo, la novelista apunta algunas de sus múltiples caras como estudiosos, devotos, consejeros o, incluso, hechiceros. La particular religiosidad se abre paso en medio del conflicto entre mendigos y autoridades.

En todo caso, la lectura de la novela perfila diversas críticas, como esa ambigüedad del papel de la mujer y la complejidad de la realidad de la poligamia; pero también la hipocresía ante la pobreza, las dobleces de la caridad, orientada a la satisfacción personal y no a la ayuda a los otros; o los canales de ascensión de las élites políticas, entre otras cuestiones.

El surrealismo mágico de las hechiceras africanas

Agosto de 1612. Valle de Pendle (Pendle Hille), en el condado de Lancashire, Inglaterra. Hacía calor y la gente se agolpaba en el que se ha considerado como uno de los juicios de brujas más famosos de la época. Alizon Device, una niña de 11 años, fue ahorcada, junto con otras nueve personas, después de admitir que era una hechicera que a menudo se encontraba con el demonio en compañía de su abuela de 80 años. A ella también la ahorcaron sin importar cuántas canas lucía. Y la literatura ha hecho correr tinta desde entonces.

Sí, es una película, pero estos espacios abocados al exotismo por la desprotección de los gobiernos existen en la realidad. La directora pasó más de un mes en uno de ellos en Ghana para documentar un guion que combina la denuncia social y la sátira y que continúa cosechando éxitos después del debut en el festival de Cannes de 2017, por cierto, la primera película zambiana que se ha presentado en el festival francés. El último de los galardones llegaba hace unas semanas con el BAFTA, los premios de cine que concede la Academia británica al debut como mejor dirección.

Este artículo ha sido publicado originariamente en el blog África no es un país, de El País. Para seguir leyéndolo puedes visitar este sitio.

Elnathan John, mucho más allá de Boko Haram

Ha sido uno de los lanzamientos más esperados de los últimos tiempos. Elnathan John, un prometedor y joven escritor nigeriano ha sabido hacerse esperar los suficiente. Conocido como cronista satírico, finalista en dos ocasiones del prestigioso Caine Prize y habilidoso usuario de las redes sociales ha sabido ir alimentando el suspense de la aparición de su primera novela, Born on a Tuesday, publicada por el sello nigeriano Cassava Republic Press, en su país natal y en el Reino Unido en 2015 y por Grove Atlantic, en EE.UU. en 2016. Cuando la novela ha visto la luz, la expectación además se ha visto recompensada por un gancho de actualidad que huye completamente del oportunismo.

El escritor nigeriano Elnathan John. Foto: Elnathan John (CC)

El escritor nigeriano Elnathan John. Foto: Elnathan John (CC)

Born on a Tuesday se desarrolla en el norte de Nigeria y trata sobre el deslizamiento de un joven hacia el extremismo religioso y la violencia, pero ni mucho menos se puede reducir la historia a una novela sobre Boko Haram, como los más miopes podrían pensar. Y es que seguramente la experiencia del autor en el ámbito del humor político le ha permitido adentrarse en una realidad dramática para extraer de ella el soplo de vida que siempre subyace. El propio John ha asegurado que pretende huir de la simplificación y que intenta demostrar que las cosas siempre son complejas. Cuando la religión, la política o el dinero tiran de una misma existencia, difícilmente el resultado puede resumirse de manera sencilla.

El joven protagonista de Born on a Tuesday ni siquiera tiene nombre. En realidad, sí que lo tiene, se llama Datala y es un almajiri, un niño enviado por su familia a una escuela coránica. Pero Datala significa “nacido un martes” y es esa sustracción a la unidad más simple de la identidad, el nombre, un fenómeno que anima al autor.

born-on-a-tuesdayEl periplo de Datala está marcado por la mala suerte y por una caída libre hacia la violencia y la delincuencia, niño de la calle, granuja, truhan que pasa a ladrón (famélico) y de ahí a camorrista. El niño se ve envuelto en un episodio que mezcla violencia y política y que le acaba obligando a huir para salvar la vida. Precisamente asomarse al borde del abismo es la única manera en la que el pequeño protagonista es capaz de redimirse. En su nuevo destino va a parar a una mezquita marcada por la oración, la vida comunitaria y la cultura. Sin embargo, la mala estrella que persigue al protagonista pincha esa burbuja, primero al intentar retomar el contacto con su familia y después cuando el extremismo va ganado terreno en la mezquita en la que había encontrado abrigo.

Resulta que una realidad tan sobreexpuesta en los medios como es la violencia que genera y desencadena Boko Haram aparece como una realidad absolutamente desconocida cuando el foco se pone en las personas. Como no se cansa de repetir John, todo es mucho más complejo de lo que parece y por eso ni sus personajes, ni sus historias son maniqueas. Por eso, la narración no es autocomplaciente.

Quizá se pueda encontrar un paralelismo con Chimamanda Ngozi Adichie (huyendo del vicio de comparar a cualquier escritor de éxito y con proyección con la estrella nigeriana de las letras), con la que, por cierto, Elnathan John tuvo una animada polémica. Es sólo un detalle, pero Medio sol amarillo, de Adichie, se ha convertido en una fuente de historia para el caso de la Guerra de Biafra. De la misma manera, Born on a Tuesday, se puede convertir en fuente de historia para otro episodio también desastrosamente contado por los medios, como es la profunda huella de Boko Haram. Al fin y al cabo en uno y otro caso, la ficción nos sirve mucho más para conocer la realidad desde la perspectiva de las pequeñas historias anónimas y cotidianas, las que encierran toda la complejidad, todas las contradicciones y toda la humanidad.

Esta primera novela ha recibido el aplauso casi generalizado o al menos muy numeroso de una buena parte de los novelistas más conocidos de la actual escena de las letras africanas, lo que sin duda ha sido un espaldarazo extra para la carrera de Elnathan John. La duda es si la popularidad del escritor, considerablemente alta antes incluso de publicar su primera novela, necesitaba de estos elogios. En todo caso, la figura de John se ha acrecentado también con su firme propósito de continuar viviendo en Nigeria y con sus afirmaciones en torno a la necesidad de que el escritor esté cerca de las realidad que verdaderamente alimentan su narración, las historias que vale la pena escribir y que quiere escribir.

Las parábolas modernas de Konan

El esquema de los últimos relatos de Venance Konan cada vez se parece más al de los cuentos tradicionales, auténticas parábolas que transmiten enseñanzas sobre la política y la sociedad marfileñas, tan necesitada de análisis profundos y desacomplejados. La editorial 2709 books ha publicado en los últimos meses dos obras más que se unen a las otras tres del mismo autor que ya tenían en su catálogo. Se trata de En nombre del partido y La guerra de las religiones. En esta sección ya hablamos en su momento de los relatos previos del escritor marfileño, poniendo el acento en el uso del humor como herramienta narrativa privilegiada.

Venance Konan: Olor a realidad

Venance Konan

En estos dos últimos relatos, esa dimensión cómica no es tan destacable. Sin embargo, se hace evidente la capacidad que tiene Konan para quitar hierro a asuntos fundamentales, por no decir dramáticos, perlando las historias de situaciones que pueden resultar ridículas. Con En nombre del partido y La guerra de las religiones el escritor demuestra una valentía a la que quizá, en general, no se le esté dando suficiente importancia. Costa de Marfil ha pasado en su historia reciente por momentos catastróficos y Konan se los echa a la espalda con una actitud irreverente que sirve de antídoto a la calamidad.

en nombre del partido
En La guerra de las religiones, está claro que el autor no ha agotado toda su creatividad en el título. Konan cuenta (aparentemente) la historia de un conflicto vecinal en un barrio residencial de Abiyán, motivado por algo tan simple como el ruido nocturno, en este caso, por los rezos de un grupo de católicos. La situación va degenerando hasta dar lugar a una guerra abierta en la que los métodos de la más burda manipulación se ponen sobre la mesa. Los rumores, las conspiraciones, los prejuicios y la excitación de las más bajas pasiones aparecen en lo que parecía un simple desencuentro entre vecinos. En un momento dado, el personaje que pone la reflexión sobre el asunto asegura que la religión y la política se utilizan mutuamente y se manipulan entre sí con gran facilidad. Lo que está claro es que detrás de esta parábola moderna está la propia crisis marfileña, en la que las alianzas se construyen en base, por ejemplo, a alimentar el miedo a los otros. Los que ayer eran amigos, pasan a ser enemigos irreconciliables, sólo por el hecho de profesar otra religión. En La guerra de las religiones la sangre no llega al río, pero llegan a verse las puertas del drama.

la guerra de las religionesPor otro lado, en En nombre del partido, la manipulación de la militancia se pone en el centro de la historia. El camarada Faustin es un abnegado militante de un partido de oposición en el contexto del fin del partido único y de la llegada de una democracia, al menos, aparente. Faustin sigue a ciegas al Líder Carismático, y está claro que confunde el compromiso con el seguidismo, sobre todo, cuando desde el partido se le pide que se acueste con una compañera, “todo por el partido”. A pesar de su trayectoria intachable, Faustin acaba cediendo, convencido de que sus servicios sexuales tienen un papel fundamental en el futuro del país y del fin de la dictadura.

No supone destripar el desarrollo de la trama, porque se ve venir a la legua, si se adelanta que Faustin verá la capacidad de corrupción que tiene el poder. El principal pilar del sistema es la hipocresía y el arribismo. Mientras Faustin sigue pensando que cualquier cosa vale la pena en pro del partido, todo el mundo a su alrededor, considera que es mejor algo así como “todo por el beneficio propio”.

Con estas dos piezas, 2709 books continúa desarrollando una actividad muy atractiva. Por un precio más que asequible, esta joven editorial pone al servicio del lector estos relatos de un autor marfileño no demasiado conocido, pero que ha llegado a recibir, incluso, el Gran Premio Literario de África Negra en 2012. Por sólo, 2,50 euros, el interesado puede hacerse con una copia en formato digital de La guerra de las religiones y por 3 euros, se puede comprar En nombre del partido. Este proyecto de edición digital continúa aumentando su catálogo y la accesibilidad de los lectores españoles a autores africanos.

Touba: un poema visual sobre un peregrinaje espiritual “festivado”

Tuba, la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

Tuba (Senegal), la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

La directora Elizabeth Chai Casarhelyi, conocida por su documental Youssou N’Dour: I Bring What I Love, con múltiples premios y proyectado en más de 50 festivales, realiza ahora Touba, un documental que se estrenó en el Festival y conferencia de música del suroeste (SXSW) 2013, en Texas, donde ganó el premio del jurado a la mejor realización, y que se proyectó el domingo 23 en los cines de Londres Hackney Arts Picturehouse y The Ritzy, ambos en zonas de gran diáspora africana. Si el anterior documental se centraba en la figura global de Youssou N’Dour (griot y cantante senegalés que sería proclamado Ministro de Turismo y Cultura entre abril y octubre de 2012, y luego Ministro de Turismo y Ocio hasta septiembre de 2013), éste se centra en un espacio global, la ciudad sagrada de Touba, en Senegal, en donde más de un millón de personas peregrinan cada año. Con una fotografía espectacular, filmada en 16 mm por el realizador Scott Duncan, este documental nos muestra uno de los mayores peregrinajes religiosos del continente africano, en honor al Cheikh de Touba, Sërigne Tobua, Ahmadou Bamba Mbacké (1853-1927), fundador tanto de la ciudad (en 1887) como de la cofradía musulmana de los Mourides, una de las seis que hay en Senegal.

Touba es un documental observacional, que coloca la cámara en una multiplicidad de ángulos para reflejar las dimensiones de la gran mezquita de Touba. Su estética recuerda a la de los documentales de Ron Fricke, Baracka y Samsara, con una realización y fotografías impecables, cuya banda sonora y tratamiento del sonido, sin diálogos, hacía de estos filmes poemas visuales que dan mucho que pensar sobre el mundo. En este caso, en lugar de transportarnos a distintas localizaciones del mundo relacionadas entre sí, la directora Chai Vasarhelyi se centra en una sola, el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba, para introducirnos en esta experiencia espiritual, mística. El documental comienza con una estructura un poco de “road-trip”, con planos largos de “car-rapides” (un tipo de transporte público en Senegal), en pleno embotellamiento de camino a Touba, con canciones y rezos cantados colectivamente en honor a Sëriñe Touba. Por esas mismas carreteras se montan mercados, en los cuales los devotos nos cuentan por qué se unen a este peregrinaje: por la paz en Senegal; en conmemoración a esta figura pacífica resistente a la colonización francesa, uno de “los primeros políticos africanos modernos”, como decía uno entre el público durante el debate que siguió a la película; para conseguir un buen marido; o para tener buena suerte en los exámenes, decían algunas mujeres y estudiantes en la película. A esa secuencia la sigue otra más cronológica, que día por día, arroja luz a la importancia de Cheikh Ahmadou Bamba, sus discípulos y califas posteriores, a través de los cuales se conoce el mensaje de Sëriñe Touba.

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Sin embargo, la abundancia de planos en pleno peregrinaje, mezquita y alrededores, con una multitud de gran colorido, por la ropa de los devotos, dan una impresión de festividad a este fenómeno espiritual global que va más allá. Con ‘time-lapses’ de un día en la gran mezquita, desde al amanecer hasta el atardecer y la caída de la noche, a ‘slow-motions’ de planos detalle de pies, manos y la piel de aquellos que forman parte de esta peregrinación, si bien la impresión puede ser de “inmersión” en la ciudad de Touba, como decía un espectador (occidental), también se produce una apariencia de observación desde una perspectiva ajena, al menos “en un diez por ciento de la película”, como decía un joven mouride de Londres. En cierto modo, este documental constituye una especie de poema visual, sobre un peregrinaje espiritual “hecho festivo”, donde se da una celebración sin precedentes de un fenómeno global, pero donde tal vez se echan en falta algunos matices.

Un gran acierto del documental es su acento en el espacio, Touba, en lugar de la persona de Cheikh Ahmadou Bamba. Aquellos lugares que no fueron más que localizaciones en el documental sobre Youssou N’Dour, se convierte ahora en el punto de mira. Esto es impontate porque supera la personificación del mouridismo. Aunque son muchísimos los objetos con la imagen de Cheikh Ahmadou Bamba, no sólo en camisetas o collares sino también en el arte callejero de Senegal, todas esas imágenes se basan en una única fotografía que fue tomada en 1912, y cuya localización se muestra en este documental. Otro símbolo de gran popularidad entre los mourides es el Lamp Fall, el minarete de la mezquita de Touba. Sin embargo, como dicen los propios mourides, Cheikh Ahmadou Bamba o Sëriñe Touba, no es sólo esa fotografía, sino que ha sido conocido mediante sus discípulos, lo cual se refleja perfectamente a través de este énfasis en el espacio.

Imagen del documental durante el .

Imagen del documental durante el el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba.

No obstante, lo que no logra mostrar el documental es el crecimiento de Touba, cuya mezquita se construyó entre 1926-1963, como metrópolis espiritual y lugar de culto, desde 1920, cuando los analistas franceses coloniales criticaron la construcción de esta enorme mezquita en medio de la nada, como un desperdicio de recursos, hasta hoy, donde más de 500.000 personas viven en la ciudad y más de un millón la visitan en peregrinaje cada año. Aunque Touba fuera entendida en principio como una forma pacífica de resistencia al colonialismo francés, persecutor de Cheikh Ahmadou Bamba, su crecimiento es cada vez mayor, hasta tal punto que Touba es hoy la segunda aglomeración urbana más grande de Senegal. Este crecimiento se debe en parte a la emigración, un aspecto clave para la difusión del mouridismo a través de las dahiras (asociaciones de discípulos). Éstas han sido fundamental para mantener los vínculos con la tierra natal, pero también para funciones sociales, como ayudar a los senegaleses a encontrar ingresos en los países de residencia. Touba esa un lugar fijo de referencia[1] para los mourides de todo el mundo, y además, a través de las distintas dahiras, está presente en siete de las ciudades globales más importantes, como Londres, Nueva York, París, roma, Tokio, Los Ángeles y Chicago.

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott Duncan.

Algo que también se echa de menos es la falta de referencia al origen del nombre de Touba, o Tûbâ, “el árbol del paraíso”, también entendido por los sufistas como “el árbol de la luz”, donde las raíces están en Dios y donde las ramas y frutos iluminan el mundo[2]. La espectacular fotografía de Scott Duncan rinde homenaje a estos orígenes, con unos tonos cálidos de amarillos de las luces del exterior, donde el atardecer se funde en las luces de la noche y dan luego paso a los amarillos de los azulejos y las luces del interior de la mezquita. Cheikh Ahmadou Bamba es bien conocido por su poesía, divulgativa de los valores del islam, que estaba escrito en árabe. El documental Touba adopta también la forma de poema, un poema visual en el que es islam está retratado de manera global y alternativa a los modos periodísticos. Una gran introducción a un fenómeno cada vez más global que tiene lugar en Senegal.

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[1] Diouf, M. (2000) The Senegalese Murid trade diaspora and the making of a vernacular cos- mopolitanism, transl. S. Rendall, Public Culture, 12(3), pp. 679–702.

[2] Jeffrey, 1959/60 in Ross, Eric (2011) “Globalising Touba: Expatriate Disciplines in the World City Network”, in Urban Studies, 2011 48:2829.

De dioses, arte y pensamientos íntimos

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Quizá en algún momento deberíamos preguntarnos qué está pasando para que de repente los medios internacionales más influyentes se fijen en la publicación de un libro de un autor africano. Lo dejaremos para más adelante, de momento, nos vamos a hacer eco del último fenómeno que se ha sumado a esta corriente de lanzamientos mediáticos. Se trata del nigeriano Okey Ndibe que con su segunda novela Foreign Gods Inc. ha asaltado las páginas de los medios más influyentes desde The New York Times hasta The Guardian (aunque la lista de las reseñas de esta novela es interminable y de lo más variopinta).

Cubierta de Foreign Gods Inc.

Cubierta de Foreign Gods Inc.

En Foreign Gods Inc. Ndibe ha colocado como protagonista a Ike, un taxista nigeriano en Nueva York, que se involucra en el mercado del arte. Con ello, el escritor nigeriano afronta diversos temas, algunos de ellos espinosos. Por un lado, el del expolio artístico del continente africano. Por otro, la visión que un nigeriano de tiene de una cultura estadounidense que muestra unos preocupantes rasgos de excentricidad. Igualmente, aborda la cuestión de la identidad, de las migraciones, de los sueños y la frustración. Y, además, lo que podría ser interpretado como una falta de respeto hacia las creencias de otras culturas y la relatividad de cuestiones que podrían entenderse tan absolutas como la religión.

De pronto, Ike se ha encontrado con que las imágenes de dioses africanos son vendidas a precio de oro en el mercado de arte neoyorkino. Las galerías más lujosas de la gran ciudad se rifan las figuras llegadas del continente negro y Ike cree que puede aprovechar esa idolatría para conseguir el sueño americano que le ha dado la espalda durante diez años de duro trabajo. La vieja figura de Ngene, el dios de la guerra, de Utonki, el pueblo natal del protagonista es el pasaporte hacia este Cielo que se materializa en el piso superior de la Foreign Gods Inc., la galería de arte de la Vance Street en la que se comercia con las esculturas. Ese piso superior es el lugar en el que se cierran los tratos millonarios para las piezas realmente valiosas.

Ike está decidido a robar la imagen de Ngene y venderla en el Foreign Gods Inc. convencido de que sus anhelos materiales son lo más importante. Claro que Ike no es simplemente un inmigrante avaricioso. Ndibe describe su frustrante situación laboral, económica y, también, personal, con tal delicadeza que, incluso, consigue que el protagonista despierte simpatías. Además, mientras prepara el viaje de regreso a su pueblo natal, para hacerse con la figura, a Ike se le va poniendo de manifiesto que su plan no va a resultar tan sencillo. ¿Quizá la imagen sea más que una figura? ¿Quizá las creencias sean más que supersticiones? ¿Quizá el mundo de lo invisible que Ike había dejado de lado deslumbrado por las luces de Occidente, sigue influyéndole?

Todas esas fuerzas intangibles, las sensaciones, incluso, los sentimientos, se hacen más fuertes cuando Ike regresa a Nigeria decidido a salir del agujero neoyorkino en el que se encuentra. El país le resulta relativamente ajeno, lleva prácticamente una década fuera y el país ha cambiado su aspecto. Pero además, Ike descubre cómo sus vecinos de la infancia (y familiares) también están deslumbrados por la luz cegadora de Occidente, por una fiebre de consumo que secuestra principalmente los sueños y las ilusiones y que condiciona las relaciones entre todos ellos.

Foreing Gods Inc. resulta una narración ágil, animada, agradecida en cuanto al ritmo y la historia, pero no es necesario escarbar demasiado para percibir la crítica. Precisamente, esta crítica es mucho más feroz por su serenidad, porque la posición de Okey Ndibe se legitima en la ausencia de ira. En realidad esa es una tónica en toda la obra del escritor nigeriano. Es cierto que Foreing Gods Inc. es “sólo” su segunda novela (después de Arrows of rain publicada en el año 2000), pero Ndibe era originalmente periodista, esa voluntad crítica fue, precisamente, uno de los motivos que le llevó a trasladarse a EEUU en 1998, gracias a una invitación personal de Chinua Achebe. Se estaba granjeando demasiadas enemistades.

En su exilio personal Okey Ndibe ha continuado en el mundo de la prensa pero desde una posición de columnista, además de la publicación de ensayos. Lo ha hecho colaborando con medios de comunicación estadounidenses, pero nunca ha terminado de alejarse de la realidad nigeriana y, sobre todo, en los últimos años ha publicado constantemente en medios críticos del país africano (como Sahara Reporters, Premium Times, Ynaija.com o Citizens Platform). Sus textos nunca han sido condescendientes. Ahora, teniendo en cuenta la repercusión mediática de la publicación de Foreing Gods Inc. es evidente que Ndibe empieza a consagrarse como uno de esos autores africanos que tienen mucho más que decir, además de sus historias, más allá de las páginas de sus libros.

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Página personal de Okey Ndibe

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Un fragmento de Foreing Gods Inc.