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Cuando Sami Tchak hizo caer las máscaras

La fiesta de las máscaras es, sobre todo, un ejercicio de transgresión que va más allá de la ruptura estética. Aunque pueda generar algunas dudas por el tono derrotista y cínico que destila toda la novela, el relato toca algunos temas críticos que, precisamente, parece someter a la corrosión que provoca el ácido propio del estilo de Sami Tchak. Este autor, posiblemente, el más popular de los escritores togoleses contemporáneos se ha caracterizado por mirar muy de refilón los límites, lo justo para saber dónde están y poder desbordarlos sin complejos ni contemplaciones.

Sami Tchak durante el salón del libro de Ginegra de 2011. Fuente: Wikimedia. Autor: Rama

En este caso, la acción se desarrolla en un país desconocido que, sin embargo, remite a ambientes caribeños en un clima en el que se destila calor tropical y decadencia. Es en este momento de búsqueda de referencias para la ubicación del relato cuando uno se topa con una estancia en Cuba del autor, durante la que el escritor togolés realizó un estudio sociológico sobre la prostitución. La fiesta de las máscaras, publicada por la editorial Baile del Sol como inauguracion de una colección impulsada por Casa África, es una historia de relaciones humanas desmedidamente turbulentas, empezando por la de Carlos y Alberta que acaba de manera dramática, precisamente, por una de las cuestiones sobre las que la narración lleva al lector a reflexionar: los malentendidos en las relaciones personales.

Es un tonto desencuentro entre Carlos y Alberta el que desencadena la tragedia en un espacio que podría haberse convertido en la tabla de salvación de dos corazones maltrechos. Las vidas de ambos están en caída libre y ambos parecen ser la solución para el otro. La desdicha, sin embargo, asume el control de la situación. El resultado es una narración con voces múltiples que desprecia el orden lineal. Tanto es así que incluso los muertos se permiten contar su parte de la historia.

Sami Tchak aprovecha la espiral dramática, que puede llegar a recordar a la tragedia clásica, y un asfixiante ambiente que se alimenta de ese clima tropical y las habitaciones cerradas en las que se mezclan sudores, olores y frustraciones, en el que se mueve con soltura. Con esos elementos construye un contexto en el que los personajes confunden pretensiones, esperanzas y experiencias, y en el que se relacionan partiendo de la más absoluta incomprensión. En este caso, los pretendidos sobreentendidos se retuercen para acabar asfixiando a sus autores.

La trama trágica y ese ambiente de confusión permite al escritor togolés darse un paseo por otros temas que van más allá de las relaciones humanas, en las que las máscaras acaban cayendo. Sami Tchak no desaprovecha la oportunidad de dibujar un régimen de un personalismo enfermizo en el que además se gesta la tragedia posterior. Carlos viene de un país que se identifica como “Lo Que Nos Sirve Este País”, en el que el gobierno autocrático de Su Excelencia ha construido a su alrededor toda una telaraña de privilegios y desigualdades. La familia de Carlos, que procede del lodo, se encuentra alternando con los elegidos del régimen, debido a los devaneos sexuales de Carla, su hermana, que a cuenta de sus amantes se convierte en el sustento de la posición de la familia. En todo caso, Carlos acaba pagando un alto precio por esa vida de lujos.

La crítica a esos sistemas dictatoriales se hace evidente a través de los detalles de sus cloacas sociales. La misma suerte de paso por el tamiz crítico corre la hipocresía de los desfavorecidos, un terreno que Tchak dibuja como con abundancia de buenas y chacales dispuestos a alimentarse de los despojos de sus iguales.

En La fiesta de las máscaras, el escritor togolés renueva muchas de las transgresiones que le han hecho conocido. La que la industria editorial impone a los autores africanos en cuanto a temas y enfoques e, incluso, ambientación. De nuevo, Sami Tchak sitúa la trama lejos de Togo, e incluso del continente. Pero también las que tienen que ver con el decoro de las relaciones sexuales, no sólo sobrepasa las barreras relacionadas con la instrumentalización de las relaciones haciendo que se confundan prostitución y búsqueda de afecto, sino las que tienen que ver con la violencia y con las prácticas sexuales que forman parte de los tabús más inquebrantables.Sin embargo, lo hace siempre desde una cierta corrección con una ausencia absoluta de escenas explícitas, lo que hace que estas transgresiones sean todavía más inquietantes.

 

Estos AFROdisíacos culturales están transformando el sexo en África

Cada 6 de septiembre se celebra mundialmente el Día del Sexo, y por la combinación de la fecha (6/9), también se celebra el Día Mundial del Sexo Oral. Si bien según un estudio publicado por la Universidad de Baylor (Estados Unidos) el pasado 22 de agosto, la mayoría de africanos y africanas se muestran satisfechos con su vida sexual – el 18% la califica de 10-; en la mayor parte del continente, la demostración pública de afecto no es demasiado común y la sexualidad sigue siendo un tema tabú. Sin embargo, cuando uno observa los bailes, tanto tradicionales como modernos, que emergen de África, parecería que la sensualidad y el erotismo impregnan cualquier estilo. No para todos. Género y sexualidad van de la mano y siguen representando relaciones de poder y dominación que en África son ambiguas y representan una complejidad extra a la hora de ser analizadas.

JOHANNESBURG, SOUTH AFRICA - JUNE 16: A Soweto youth holds a free condom he received at a HIV/AIDS awareness event held by the non-profit Population Services International (PSI), ahead of a World Cup game on June 16, 2010 in Soweto, Johannesburg, South Africa. South Africa has the highest number of people living with HIV in the world, where almost one-third of women between the ages of 25-29 are HIV positive. (Photo by John Moore/Getty Images)

Fotografía de John Moore/Getty Images.

El pasado mes de febrero, la Kenya Film and Classification Board (KFCB), institución del gobierno keniano encargada de regular la creación, difusión, posesión, distribución y exhibición de películas en el país, prohibió un videoclip del rapero keniano Art Attack, por considerarlo escandaloso e ilegal – los “actos homosexuales” pueden ser castigados con hasta 21 años de prisión en Kénia-. El remix de Same Love (una versión del tema de Macklemore & Ryan Lewis que avivó el debate sobre los derechos del colectivo LGTBQI en Estados Unidos en 2012), ha sido censurado por considerarse una suerte de afrodisíaco musical gay. En palabras del KFCB: “esto va en contra de nuestra cultura”. Algo muy similar a lo que sucedió con la película Stories of Our Lifes, una cinta que intentaba sensibilizar a los kenianos y kenianas acerca de la dura realidad que tienen que vivir los miembros de este colectivo a causa de la homofobia.

Las religiones cristiana y musulmana, así como otras creencias tradicionales, actúan en África de revulsivo contra una percepción natural de la sexualidad. Todo, reforzado por la legalidad de gobiernos oportunistas. Pero es la moral poscolonial conservadora de padres, profesores y hasta personal sanitario, en su afán de mantener el sexo entre sábanas, bajo llave y como un hecho meramente biológico y no social, lo que pone en riesgo, no solamente la libertad sexual, sino uno de los compromisos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible: garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos.

Pero, como siempre, música o cine pueden servir como un potente antídoto, un poderoso AFROdisíaco para estimular el pensamiento crítico.

Para sensibilizar, educar, informar y animar a los jóvenes a hablar sobre sexualidad, nació en 2009 la serie televisiva Shuga. Fruto de la campaña Staying Alive de la cadena de televisión MTV junto a UNICEF o ONUSIDA, cerró su 4ª temporada a finales de 2015 con menos audiencia de la que empezó. Mientras la primera temporada fue grabada en Kénia – donde con la oscarizada Lupita Nyong’o se alcanzó al 60% de los jóvenes del país-, su traslado a Nigeria comprometió la crítica social que ejercía. Si bien el objetivo es que los jóvenes africanos (y anglófonos) adquieran conciencia de la necesidad del uso del preservativo, en los países donde los índices de VIH son más elevados, donde las niñas sufren una presión emocional o económica más fuerte o el derecho a las libertades sexuales está más comprometido, hay que ir con cautela si no se quiere sufrir un debacle en los índices de audiencia.

Sin embargo, el triunfo de Shuga, cuya banda sonora triunfa en las principales pistas de baile, es su capacidad para filtrarse en emisoras de radio o redes sociales que, exentas de la censura de progenitores capitaneando el mando a distancia de la televisión en casa – siempre y cuando los gobiernos lo permitan-, siguen abogando por la educación sexual como arma para garantizar la salud de los africanos y africanas más jóvenes.

Para la 5ª temporada, Shuga se traslada a Sudáfrica, refugio de los homosexuales del continente pero con una de las mayores prevalencias de VIH del mundo. Su directora general, Georgia Arnold, ya ha desvelado que uno de sus protagonistas va a ser homosexual. Sin lugar a dudas, un avance para los recovecos más oscuros de la clandestinidad sexual.

¿Podremos celebrar en un futuro un Día Mundial del Sexo sin exclusiones ni tabúes? Sin duda, harán falta más estimulantes de autocrítica como éstos.

África inunda Londres de literatura

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Africa Writes, el mayor festival anual de la literatura y el libro africano organizado por la Royal African Society de Londres, abre hoy sus puertas hasta el domingo. Celebrando su quinto aniversario, el encuentro ha conseguido aglutinar a más de 50 autores, poetas, editores, artistas y académicos, incluyendo a algunas de las voces más influyentes de la literatura contemporánea africana.

Nawal El Saadawi, la escritora feminista egipcia reconocida internacionalmente, cuyo trabajo ha sido traducido a más de cuarenta idiomas e incluye títulos como Woman at Point ZeroWomen and Sex (prohibido en Egipto durante casi dos décadas), será la figura principal del festival. Como expresó hace unos días: “Estoy muy satisfecha de participar en el quinto Africa Writes Festival. África es rica en mujeres y hombres creativos, de la riqueza material fina y de tesoros históricos únicos. Egipto está en África, no en el llamado ‘Oriente Medio’ (¿en medio de qué?). Estoy orgullosa de mis raíces africanas”.

Las nuevas escrituras así como las mujeres escritoras ocuparán un lugar prominente en el programa de este año. El festival también alumbrará sobre las narrativas de los desplazados, la migración y las historias perturbadoras en situaciones de crisis. Precisamente, los escritores Kayo Chingonyi, Inua Ellams y Zodwa Nyoni participaron el pasado lunes en una mesa redonda con sus historias de asilo y huída.

Esta tarde, el festival presenta “Sexo, amor y poesía”, una velada con lecturas y debates sin censura que serán moderados por el activista nigeriano y defensor de los derechos del colectivo LGBTI, Bisi Alimi. El domingo, el Africa Writes cerrará su quinta edición con una puesta en escena de la obra El inmigrante, de la dramaturga Joy Gharoro-Akjopotor. La historia explora en el año 2035 cómo se vería el mundo si África fuera el continente más grande del mundo. Con este marco, Oliver, un británico en busca de asilo, se encuentra retenido en la frontera africana por Usman, un funcionario que no es aficionado precisamente a los inmigrantes. Lo que sigue será una batalla dialéctica y cruce de historias que ayudarán a contextualizar aún más la crisis de los refugiados en Europa.

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En los últimos cinco años, el festival Africa Writes se ha convertido en un evento clave con sede en Londres y ha acogido a algunos de los grandes nombres de la literatura africana, incluyendo a Chimamanda Ngozi Adichie (2012), Ngugi wa Thiong’o (2013), Ama Ata Aidoo (2014), Wole Soyinka (2014) o Ben Okri (2015). Desde presentaciones de libros y mesas redondas, a espectáculos y talleres, la quinta edición ofrecerá un nuevo programa de amplio alcance que conectará a escritores africanos, británicos y aquellos que se encuentran en la diáspora. Los paneles de discusión explorarán el papel de la escritura de no ficción en el desarrollo de las narrativas de África, la diversidad en las publicaciones infantiles, y las nuevas hebras en el género de ficción contemporáneo.

Para más información: http://africawrites.org/ 

 

Páginas llenas de sensualidad africana

Derribar estereotipos es una labor tan larga como trabajosa. Y, a veces, esa labor se entrelaza con otras acciones militantes de algunos colectivos concretos, como la construcción de nuevos espacios para las mujeres y por parte de las mujeres. En esta cruzada la literatura y la cultura, en general, es una poderosa herramienta. Uno de estos ejemplos es el último libro coordinado por la escritora camerunesa Léonora Miano. Volcaniques, une anthologie du plaisir es una antología de relatos que se sumergen en el deseo femenino. Puede parecer un esfuerzo innecesario, pero es evidente que es totalmente necesario que las propias escritoras africanas demuestren que sus experiencias del deseo, de la sensualidad, incluso del erotismo están completamente normalizados.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto:  T. Orban Abacapress.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Volcaniques, une anthologie du plaisir aparece como el segundo paso de una estrategia más amplia que tuvo un primer episodio en Première nuit, une anthologie du désir, que tenía un enfoque similar pero desde la perspectiva masculina. En esa ocasión, eran los hombres los que escribían relatos sobre esas temáticas sensuales poco relacionadas con la literatura africana.

volcan-desir-leonora-mianoMiano y sus compañeras de viaje, doce escritoras africanas y caribeñas afrodescendientes, han construido un volumen con el que rompen muchas de las ideas preconcebidas. Es uno de esos ejercicios de ruptura de líneas rojas. ¿Sobre qué pueden y deben escribir los autores africanos? ¿Cuáles son los límites de la intimidad de los creadores? Los doce relatos que componen Volcaniques, une anthologie du plaisir demuestran que la literatura africana es ilimitada, que las sociedades africanas también viven de experiencias sensuales y que el papel de las mujeres puede ser más diverso y más variado de lo que la miopía occidental está dispuesta a aceptar. En todo caso, Volcaniques, une anthologie du plaisir tampoco tiene empacho en demostrar que la condición femenina tiene todavía espacios por conquistar, pero al mismo tiempo, que son las propias mujeres las que portan el estandarte del nuevo papel que se está construyendo.

Bajo el rótulo luminoso de historias sobre el deseo femenino en Volcaniques, une anthologie du plaisir, las autoras despliegan todo un abanico de aspectos concretos, de sentimientos diversos, de enfoques diferentes y de voces heterogéneas. Está la de la joven que está despertando a su sexualidad gracias a la combinación de las lecturas eróticas y las experiencias de una prima con un visión naturalizada del sexo sin compromiso es incluso instrumentalizado. Pero las más de doscientas páginas de este volumen también dejan espacio a una visión casi metafísica de las relaciones sexuales, o para la visión del sexo como un vano recurso para llenar espacios afectivos, e incluso para un enfoque de la sensualidad desde la madurez y la sensualidad más allá del ardor.

Las doce plumas privilegiadas que firman estos relatos, a saber, Hemley Boum, Nafissatou Dia Diouf, Marie Dô, Nathalie Etoke, Gilda Gonfier, Axelle Jah Njiké, Fabienne Kanor, Gaël Octavia, Gisèle Pineau, Silex, Elizabeth Tchoungui, Léonora Miano, presentan un espectro casi inabarcable, de temáticas y enfoques sobre la sensualidad, pero también de voces diversas y de estilos distintos.

Como la propia Miano señala en la contraportada de la obra: “Muchas mujeres se reconocerán en estas páginas, sean de dónde sean. En cuanto a los hombres, encontrarán, quizá, la clave del gran misterio que parece ser, para algunos, el placer femenino”. Cierto que ese halo de misterio existe, pero se acrecienta aún más en el caso de las mujeres africanas, que en el imaginario occidental parecen abocadas a la pasividad y a las que no se reconoce la capacidad del disfrute y, sobre todo, la reivindicación de su propia sexualidad.

A la espera de que alguna editorial se lance a traducir este libro, aquí se puede disfrutar de algunas de sus páginas en francés.