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El secreto pasado africano de Freddie Mercury

El 5 de septiembre de 1946 nacía, en la Stone Town de Zanzíbar, Farrokh Bomi Bulsara. Hijo de padres indios y funcionarios de la administración colonial durante el periodo en que la isla fue protectorado británico, pocos saben que ese niño que nació y creció impregnado por la humedad de las costas del África del este, el olor a clavo y los sonidos de la música taarab es, en realidad, la insuperable voz de Queen: Freddie Mercury.

Cuando se cumplen 70 años del nacimiento del que es considerado uno de los intérpretes más versátiles y geniales de la historia, y a 25 años de su muerte, volvemos la mirada hacia atrás para buscar piezas del puzzle que no suelen estar ni en su biografía ni en los obituarios que los medios convencionales hacen de la estrella. El pasado colonial de uno de los iconos más controvertidos y escandalosos del mundo del Rock es un hecho que nos hace remontar a tiempos donde la única Reina (Queen, en inglés) que el joven Farrokh conocía, era la de la Inglaterra Imperial en África. ¿Por qué la leyenda del Rock omitía su pasado africano como si no hubiera existido? ¿Qué hacía que Freddie no quisiera hablar de su infancia en Zanzibar? ¿Por qué los isleños se sienten tan poco orgullosos de ésta figura como él lo estaba de la isla que lo vio crecer?

El investigador Senior del Africa Research Institute (ARI) Nick Branson nos da claves para comprender cómo fue la infancia de Freddie Mercury en la isla y por qué, ese niño llamado Farrokh Bomi Bulsara nunca reivindicó, sino más bien quiso disimular, sus raíces africanas y su pasado en la paradisíaca isla de las especies. Otros zanzibareños han contribuido también a esclarecer las piezas perdidas de este puzzle: el periodista y poeta Mohammed K Ghassani, establecido en la ciudad alemana de Bonn; Khalid Said, abogado y activista en la isla; y Talib Baalawi, zanzibareño residente en Reino Unido.

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Gemma Solés: Cuando Zanzíbar se convirtió en un protectorado británico llegaron muchos migrantes para trabajar en la administración colonial. No era una novedad que los indios emigraran a la costa suajili, pero tal vez sí lo fuera hacerlo en guetos para “expatriados”. ¿Sabemos si esta ola de inmigrantes británicos e indios con nacionalidad británica se integró entre la población de la isla? ¿Qué clase de vida tenían familias como la de Freddie cuando llegaron a Zanzibar?

Nick Branson: Aunque la costa suajili había atraído desde siempre a colonos de todo el Océano Índico, el matrimonio entre familias indias y africanas era raro. La integración habría resultado muy difícil para la familia Bulsara. Según la jerarquía racial local habrían sido etiquetados como “indios” / “asiáticos”, colocados debajo de los colonizadores británicos y de los árabes (omanís), pero junto a los (persas) Shirazi, los comorenses, y (bantúes) comunidades africanas. Según el censo de 1948, los “indios” representaban el 5,8% de la población, en comparación con el 56,2% Shirazi. Los funcionarios del gobierno colonial (como el padre de Freddie) habrían sido eliminados del tira y afloja diario debido a diferencias de salario, estatus y lengua. Es probable que los Bulsara vivieran en una “burbuja” – disfrutando de algunos, pero no todos, los privilegios de la élite-.

G.S.: A los 5 años, Freddie empezó en la “Escuela Misionera de Zanzíbar”. A los 8 se marcha a la India para estudiar parte de su primaria (donde lo empiezan a llamar Freddie), y volver más tarde a la isla a terminar la secundaria en la “St. Joseph’s Convent School”. ¿Puede la cultura suajili penetrar en un niño, y después adolescente, criado solamente con otros hijos de colonos y en una educación británica?

Freddie-Mercury-Parsi-born-in-Zanzibar-and-grew-up-there-and-in-India-until-his-mid-teens-2N.B.: Las escuelas religiosas y misioneras siguen siendo controvertidas en Zanzíbar, donde al menos el 95% de los habitantes practican el Islam. El propio Freddie nació en una familia con raíces zoroástricas (religión del imperio persa) así que puede que le resultara rara una educación cristiana. La St. Joseph’s Convent School fue construida por misioneros católicos franceses y fue la única escuela en Zanzíbar en dar primaria en Inglés. En el patio de recreo, Freddie habría estado expuesto a una amplia variedad de idiomas e influencias culturales, lo que podría explicar el estilo musical ecléctico que desarrolló más tarde.

G.S.: En 1964, cuando se produjo la revolución de Zanzíbar para derrocar al sultán Jamshid bin Abdullah, la familia Bulsara se tuvo que trasladar a Inglaterra. Freddie tenía 17 años. ¿Cómo vivieron esta revolución los expatriados y colonos? ¿Qué representó para ellos?

N.B.: En el momento de la revolución del 64, los que eran percibidos como que tenían algún vínculo con las élites que gobernaron hasta el momento estaban sujetos a diversos grados de persecución. El número exacto de árabes, indios y Shirazi que fueron asesinados sigue siendo controvertido. Los ciudadanos británicos fueron evacuados gracias a un acuerdo con el nuevo gobierno de Zanzíbar, que tomó la iniciativa de deportar a algunos árabes a Aden (actual Yemen). El gobierno de la India proporcionó billetes gratuitos a los ciudadanos indios que quisieran volver a casa. Mientras que el sultán de Omán se estableció en Portsmouth, Reino Unido, y diferentes zanzibareños de distintos orígenes se instalaron en Londres y sus alrededores.

G.S.: Se dice que, una vez en Londres, los Bulsara trataron de ocultar su origen étnico para encajar bien entre la sociedad británica, muy racista en la época. Freddie nunca se jactó de sus raíces indias y su pasado africano, y en una entrevista que le hicieron en el 75 habló de Zanzíbar como el que pasa allí un día o dos… Para él, la metrópoli imperial siempre fue su hogar. ¿Tan profundo era el aislamiento de los colonos en Zanzíbar en el momento como para que Freddie no se sintiera nada zanzibareño?

N.B.: Al igual que los asiáticos de Uganda expulsados por Idi Amin en 1972, las familias de Zanzíbar que eran de origen indio, persa y omaní se apresuraron en ser asimilados en Reino Unido. Feltham, donde vivía la familia Bulsara, es una zona particularmente diversa, con alrededor de una cuarta parte de la población de un origen asiático…

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El restaurante Mercury’s, situado en el centro de la Stone Town, es uno de los pocos lugares de la isla que le rinden homenaje al vocalista de Queen, a parte de un pequeño museo situado erróneamente en la supuesta causa de los Bulsara. 

G.S.: Actualmente la Stone Town,  gentrificada y vendida al turismo, tiene poco que ver con el Zanzíbar de mediados del siglo XX, donde la cultura suajili estaba bien arraigada en cada esquina. No se sabe si Freddie regresó o no a la isla después de que su familia se fuera, pero lo que sí se sabe es que los locales (aunque su nombre haya sido explotado a nivel turístico en la ciudad) guardan cierta animosidad hacia un homosexual tan controvertido con un pasado zanzibareño. ¿Puede ser considerado Hijo de Zanzíbar un homosexual y colono británico tan provocativo como Freddie, especialmente cuando nunca mostró públicamente amor por la isla?

N.B.: La homosexualidad sigue siendo ilegal en Tanzania y en abril de 2004 la Cámara de Representantes de Zanzíbar legisló para imponer una pena de cinco años a quienes tengan relaciones homosexuales. No hay duda de que el estilo extravagante de Freddie habría causado alarma entre algunos sectores de Zanzíbar, pero su capacidad de adoptar numerosas identidades y personalidades podría haber resonado en algunas partes de la ciudad. En última instancia, la música y los gustos culturales son subjetivos y cambian con el tiempo.

Khalid Said: La verdad es que los zanzibareños a penas sabemos quién es Freddie Mercury, básicamente porque ese no es su verdadero nombre y ni siquiera el de su familia. Su padre fue alguien conocido en la isla, sobre todo porque perteneció al Zanzibar Nationalist Party (ZNP) – como es mencionado en el libro de memorias del difunto Ali Muhsin, uno de los mejores académicos y políticos Zanzíbar ha tenido-. Los que saben de él no están orgullosos de su homosexualidad, además es una figura muy estigmatizada por haber contraído el Sida…

Talib Baalawi: Su nombre está sólo en las cabezas de las personas más viejas. Los jóvenes de Zanzíbar no lo conocen, no tienen ni idea de quién es. En cambio, todo el mundo recuerda al jamaicano Bob Marley…

G.S.: Y si bien la mayor parte de los zanzibareños y zanzibareñas no se sienten representados con su figura por estar culturalmente muy lejos de “lo aceptable” en la isla o por su falta de amor por ella. ¿Por qué creéis que él nunca reivindicó con orgullo su origen africano, volvió para ofrecer un concierto en la isla o al menos visitó su antiguo hogar una vez famoso?

Mohammed K Ghassani: Creo que Freddie es sólo una de las víctimas de lo que llamamos apagón histórico en Zanzíbar, que sucedió entre muchos zanzibareños que, o bien se fueron a vivir al exilio o fueron considerados extranjeros después de la Revolución de 1964. Entre ellos, hay profesores de renombre y escritores como Abdulrazak Gurnah y Farouk Topan. Por otro lado, creo que no se sentía lo suficientemente zanzibareño por una cuestión de cómo se construyó la identidad en Zanzíbar, tan africanizada durante la independencia y después de la revolución.

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Bye Bye Africa y el exilio del director africano

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Maricela Muñoz Soto

Bye Bye Africa es una película del director chadiano exiliado en Francia Mahamat-Saleh Haroun (1999). Este largometraje narra la historia del propio director, quien a su vez es el actor principal, y donde se ve reflejada la necesidad de proyectar y documentar de alguna forma, como él lo explica, “la vida”, ese sentimiento de alienación en tu propia tierra.

Director chadiano Mahamat-Saleh Haroun.

Director chadiano Mahamat Hale-Haroun.

Haroun dice que: “para olvidar mi queja, voy a hacer un homenaje a la que me dio la vida”, su propósito original fue rendir homenaje a su madre fallecida, a la que desde hace diez años dejó de ver, y a sus orígenes, África. Durante la cinta, el cineasta invita a realizar con él este camino introspectivo en el cual va descubriendo aspectos que le hacen reflexionar aún más sobre su identidad, su familia y lo que ha sido y será su trabajo como cineasta.

Desde la primera escena de la película hasta que actor principal se traslada a Chad, podemos ver las grandes diferencias del mundo en el que él vive y en el que vivió, el cual se ha quedado atrapado en tiempo y en la destrucción debido a las guerras que ha sufrido. Una realidad totalmente diferente que lo coloca en la disyuntiva de lo que fue y lo que es. Se sorprende con el nivel de degradación en el que encuentra la ciudad y la casi nula existencia de cine.

Haroun explica durante la cinta que antes de irse a Francia, el cine tenía un gran auge en el país y que en Yamena, la capital del Chad, había muchas salas de proyección que tenían éxito entre la población. Con el paso del tiempo eso quedó atrás, quedó olvidado. Los cines están cerrados, destruidos, abandonados. Los pocos que siguen abiertos están en mal estado, con aparatos muy viejos que dificultan una buena proyección, lo que a su vez, provoca que la gente no disfrute de asistir aunado a una mala distribución de películas. Con esto, se observa el cambio de hábitos y preferencias. Las salas de video y la venta de películas piratas en cualquier lugar toman un auge importante que terminan por golpear a la ya en decadencia industria cinematográfica y surge una gran interrogante: ¿para qué hacer cine si no hay espectadores?

Durante el regreso a su país, Haroun no sólo se enfrenta a momentos y situaciones complicadas al observar la difícil situación para producir la película, sino que se enfrenta al recelo de la familia y amigos que no entienden a lo que él se dedica, no lo ven provechoso e incluso lo ven como algo que va en contra de ellos.

El propio padre del cineasta le recrimina que podría haber sido doctor y quizá salvar la vida de su madre en lugar de hacer cine, porque eso, a ellos, no les sirve de nada. Sin embargo, el hijo le intenta explicarle en una conversación salpicada de planos muy visuales que en el país donde vive, Francia, su oficio sí es importante y que, precisamente, lo que él quiere dar a conocer a través de las imágenes son sus orígenes, a lo que el padre le responde: “En la tierra de los blancos está bien, pero nunca será la tuya. Cuando crees que eres parte de aquella tierra, perderás el alma”. Es justo en ese punto donde se empieza a dar cuenta y a ver reflejado ese choque de ideas, donde los orígenes pertenecen a un lugar pero la mentalidad ha cambiado y la percepción se ha vuelto muy diferente hasta el punto de sentirse y ser visto como un extraño en su propia casa.

Durante la toma realizada en la calle en uno de sus paseos por visitar los cines donde pasaba sus años de infancia, tiene un altercado con un hombre que se siente ofendido al verse grabado y le arrebata la cámara gritándole: “ladrón de imágenes”. Esto refleja un enfrentamiento con la tradición y las creencias de las personas, e incide en un problema de la percepción de la imagen que tienen de ellos mismos.

Éste es un tema delicado y se debe trabajar con mucha cautela, como le recomienda Isabel, la actriz que interpreta a una chica infectada con el VIH en una grabación años atrás del propio Haroun: “Su cine me mató al sufrir y verme afectada por los comentarios de la gente. Era señalada, olvidada, además de obligada a realizarme un análisis para comprobar que no estuviera contagiada”. Un error de cálculo del director que a la actriz le costó no sólo su carrera, sino el resto de su vida. “El cine es más fuerte que la realidad”. La gente, el público para el cual estaba dirigida la cinta, no logró diferenciar entre la ficción y la realidad, un descuido con muy poca sensibilidad y que no es más que resultado de la lejanía con la que se ve objetivo.

Mahamat-Saleh Haroun, en un deseo de realizar producciones africanas, de transmitir un mensaje, de dar a conocer lo que es su país y su continente de origen y de ser el portavoz de un pueblo, se ve obstaculizado en el momento en el que ya no logra comprender esta realidad; él ya no forma parte de ese mundo. Bye bye África fue un instrumento de investigación a nivel laboral y emocional que despertó el interés por apoyar la industria del cine en Chad y, al mismo tiempo un guión que refleja al africano exiliado, una situación muy común para las miles de personas que son parte de la diáspora y que tienen una identidad compartida entre dos mundos muy diferentes. De ahí el título de la película: adiós África.

Unity Dow, escritora, juez y voz activista de Botswana

La figura de Unity Dow es, como mínimo, curiosa y atractiva, además de que hay quién la coloca como una de las autoras africanas más destacadas del actual milenio. Su biografía está llena de hitos sin precedentes y a medida que se van conociendo datos se erige ante nosotros una mujer singular y poderosa que choca con la imagen discreta que transmiten sus fotografías.

Unity Dow. Fuente: Wikimedia - Pop Tech

Unity Dow. Fuente: Wikimedia – Pop Tech

Unity Dow es la primera mujer que ha llegado a convertirse en magistrada del Tribunal Supremo de Botswana. Desde esa posición de fuerza que a juzgar por su propia historia se ha ido construyendo contra todo pronóstico, Dow se ha convertido en una de las activistas por los derechos de los desfavorecidos más destacadas del país. Durante los años ha demostrado ser una firme defensora de los derechos de las mujeres, de los niños y de las comunidades indígenas. Todo desde una posición novedosa y constructiva. En los artículos que hablan sobre esta singular escritora se repite algunos conceptos representativos. El primero de ellos es su apuesta por “repensar” África. El segundo, hace referencia a una perspectiva que mezcla magistralmente la tradición y los nuevos vientos.

Hay quien atribuye esa capacidad para conjugar dimensiones que a menudo parecen enfrentadas a su propia historia de vida. El hecho de que Dow hubiese crecido en un entorno rural y en que creciese junto a una madre que no hablaba inglés, aparece como una de las circunstancias que marcó su formación personal. Junto a esta, su experiencia de formación en una universidad escocesa, parece otro de los ingredientes fundamentales de ese coctel de tradición y modernidad. En contra de lo que se puede pensar esa perspectiva que se atribuye a la jueza no es simple pose o alabanza retórica vacía.

Dow fue miembro del tribunal que en el año 2006 restituyó a un grupo de bosquimanos y san sus tierras ancestrales liquidando el que se considera el proceso judicial más largo y costoso de la historia de Botswana. Los magistrados obligaban al Estado a reconocer las relaciones especiales que determinados grupos étnicos mantienen tradicionalmente con sus tierras y en virtud de esos vínculos exigían la restitución de unas tierras de las que habían sido expulsados en 2002 para crear una reserva natural. Menos sonados han sido otros procesos en los que también se ha visto implicada esta jueza-activista-escritora y que hacen referencia, por ejemplo, a la transmisión de la nacionalidad por vía materna, en este caso como abogada, antes de convertirse en juez, y el reconocimiento de otros derechos tanto de las mujeres como de los niños.

Parece inevitable en una mujer con semejantes convicciones y semejante disposición a la implicación que sus inquietudes no contagiasen su escritura. Dow es autora de cinco obras. La última de ellas, la más reciente, Saturday is for funerals, que firma a cuatro manos con el investigador Max Essex es la única que se inscribe en el género de no ficción.

unitydowfarandbeyonSu primera novela, Fan and Beyon’, aborda de manera frontal esa dualidad que la autora convierte en virtud y que para muchos occidentales representa una incompatibilidad radical. Los protagonistas de Fan and Beyon’, son dos niños que se enfrentan a la casi esquizofrénica situación de vivir en dos realidades paralelas: la de las costumbres occidentales que se les imponen en el colegio y las de la forma de vida tradicional que adoptan en casa. Así desde la visión limpia, pero nada inocente, de esos niños se ponen de manifiesto las contradicciones cotidianas que puede parecer insignificantes pero que van construyendo poco a poco la muralla que aleja ambos mundo, desde la forma de hablar hasta las relaciones con el que en casa es como un hermano, pero en el colegio apenas un primo lejano. Por otro lado, la realidad de los protagonistas pone de manifiesto la falta de voluntad por entender la forma de vida tradicional por parte de aquellos que exportan (y tratan de imponer como naturales e inevitables) los usos occidentales e incluso se adentra en el espinoso tema de la explotación y la falta de derechos de las mujeres, en unos casos en el ámbito de las costumbres tradicionales, pero en otros a partir de la forma de vida occidental. Fan and Beyon’ es una denuncia, sin duda, pero también una llamada de atención e, incluso, una reflexión dirigida a los compatriotas de la autora.

unitydowscreaming-of-the-innocentSu segunda novela, probablemente la que le dio el espaldarazo definitivo es igualmente arriesgada, quizá incluso más. Screaming of the Innocent es, de alguna manera un canto a la atrocidad humana y una denuncia de la hipocresía social, a la vez que no tiene reparo en sacar los colores al sistema y la burocracia por su trato discriminatorio, por su juego de privilegios y favores que se convierten en una apisonadora de ciudadanos. En realidad, el tema de la novela, no es otro que un asesinato ritual. Sin embargo, no es tanto las sistema de vida tradicional lo que peor parado sale de esta bofetada de realidad, aunque también un poco. La víctima de esta feroz denuncia de Dow es más bien la avaricia de los hombres capaces de cometer estas atrocidad por un beneficio propio, la falsedad de intentar justificarlas en las creencias o las costumbres tradicionales y la hipocresía de una sociedad que prefiere quedarse en las apariencias cuando éstas son más agradables que la cruda realidad. Dow no tiene ningún inconveniente en poner de manifiesto cómo las instituciones favorecen a los “hombres de  provecho” a los “prohombres de la comunidad” si eso les resulta beneficioso, sean cuales sean los crímenes que deben ocultar debajo de la alfombra.

unitydowSaturdayIsForFuneralsLa última de las obras de Dow, Saturday is for funerals, ahonda más todavía en su vertiente activista, al lanzarse directamente a la no ficción. En esta ocasión colabora con el conocido investigador de Harvard, Max Essex, para crear una obra con un carácter muy especial. Se trata de un recorrido particular por el impacto que el VIH ha tenido en su país, que combina las dimensiones más narrativas con las científicas, las experiencias personales y las anécdotas con los aspectos clínicos. Dow y Essex abordan las consecuencias de la extensión del SIDA desde todas sus perspectivas combinando el tono de ensayo con el literario. Aunque pueda parecer increíble los autores hacen de este dramático recorrido una impactante muestra de esperanza. Botswana fue uno de los países más duramente azotados por la epidemia en los primeros años del milenio. Sin embargo, la narración de Saturday is for funerals no tiene nada de pesimista y hace hincapié en que el país ha sido capaz de plantar cara a este reto combinando programas gubernamentales, educación, sensibilización y concienciación. Así en una de las historias que se narran, el protagonista se siente sorprendentemente aliviado al conocer el diagnóstico, básicamente porque a partir de ese momento sabe a qué se enfrenta.

El mensaje que Dow transmite en Saturday is for funerals es en realidad un resumen del que ha ido transmitiendo tanto en su literatura como en su vida: que nada es lo suficientemente grande como para rendirse sin pelear.

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Algunos fragmentos de los libros de Unitiy Dow:

Far and Beyon’, Longman Botswana, 2000, Spinifex, 2001.

The Screaming of the Innocent, Spinifex 2002, Double Storey, 2003.

Juggling Truths, Spinifex, 2003.

The Heavens May Fall, Double Storey, 2006.

Saturday is for Funerals, Harvard Press, 2010.