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Un Caballo de Guerra cabalga hacia Sudáfrica

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

Recién llegados de agosto, mes en que en todo el mundo se han sucedido actividades por el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, los escenarios sudafricanos están a punto de acoger una de las obras de teatro más representativas para la conmemoración del aniversario de la contienda que transformó el mapa del mundo.

War Horse (o Caballo de Guerra) es una obra de teatro que emerge de las trincheras europeas para dirigirse hacia el sur del continente africano, de la mano de un jinete y su caballo, cargados con toda su artillería de simbologías y críticas con tintes locales. La creación, que hará parada en el Teatro Montecasino de Johannesburgo para cabalgar hacia el Artscape Opera House de Ciudad del Cabo, es un trabajo realizado por la compañía capense (de Ciudad del Cabo) Handspring Puppet Companyy el famoso productor sudafricano Pieter Toerien.

Encargados de escenificar una de las obras más galardonadas de 2011 por los prestigiosos Premios Tony, los sudafricanos devuelven a Sudáfrica unas marionetas que emergieron del país para pasearse por los principales escenarios del mundo, incluido Broadway. Cuando los directores ingleses de War Horse vieron uno de los espectáculos producidos por la compañía de marionetas de Ciudad del Cabo lo tuvieron claro: si se llevaba la novela infantil de War Horse al teatro, tenía que ser con las marionetas de estos sudafricanos maestros del títere. Y no en balde se puede afirmar que una de las claves del éxito internacional de esta obra es la participación de este séquito de orfebres africanos. 

Retornando ahora a la capital del diseño mundial con marionetas y títeres antropomórfos absolutamente fascinantes y un reparto internacional, Adrian Kohler y Basil Jones, co-fundadores de la Compañía Handspring Puppet, vuelven a re-crear un arduo trabajo de producción para el cual se necesitan alrededor de ocho meses para dar a luz a tan solo uno de estos títeres.

Se trata de piezas flexibles, a escala real, capaces de trotar y de soportar el peso de un actor. Un caballo que relincha, una marioneta que tiene vida. De 50 kilos la pieza, el caballo protagonista es tan grande que necesita de tres manipuladores – uno para la cabeza, uno para el tronco y una para la parte trasera-. Todas estas marionetas subirán majestuosas a los escenarios de Joburg y Ciudad del Cabo a partir de finales del próximo octubre, después de haber sido expuestas durante en mes de agosto en la última Feria de Arte de Johannesburgo

Pero las dudas acechan a los más realistas. ¿Quién podrá pagar la entrada a una obra de teatro tan costosa de producir? Y las sospechas se hacen reales a pesar del apoyo del Banco Rand Merchant a este espectáculo. Las entradas para cada función se están vendiendo desde 7 euros y hasta 30 euros en un país donde, a pesar del aumento de la clase media y de ser la primera potencia económica de todo el continente, el salario medio del 40% de la población es de 700 euros mensuales y el encarecimiento de la vida es desproporcionado a estos ingresos.

Conscientes de las desigualdades sociales del país, los productores han lanzado una serie de talleres de confección de marionetas para los niños de los barrios más necesitados de Johannesburgo y Cape Town. Junto a la ONG sudafricana Assitej, dedicada al trabajo social con infancia a través del teatro, la obra War Horse pretende apoyar en la capacitación tanto de jóvenes artesanos como de artistas y actores de un país muy arraigado a las producciones teatrales y las artes escénicas.

‘Mapantsula Style’, pies a ritmo de Kwaito

Un Mapantsula de la crew 'Real Actions' de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

Un Mapantsula de la crew ‘Real Action” de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

El Atlántico ha sido escenario de intercambios y préstamos culturales de todo tipo durante siglos. La circulación de tendencias y estilos de vida de lo que se ha venido a llamar el Atlántico Negro ha trazado nuevas rutas entre ciudades como Nueva York, Kingston, Londres, La Habana, Lagos, Johannesburgo, Dakar o Kinshasa, esbozando nuevas identidades urbanas a un lado y otro del océano. Éste es el caso de una de las culturas urbanas más populares del África austral contemporánea. El Pantsula, que se podría definir grosso modo como un moderno híbrido cultural cercano al hip-hop y al dancehall reapropiado con un lenguaje local, es un estilo de vida que engloba un tipo de baile, una actitud y una estética concretas. Amparado por un género musical (el Kwaito) que nace en el seno de los Townships o guetos sudafricanos, se ha instalado poco a poco en el imaginario global de la sociedad urbana y en la arena comercial del sur del continente africano.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

El término zulú ‘pantsula’, sinónimo de ‘tsotsi’, ha acogido la imagen globalizada del gánster. Así, ‘mapantsula’, su plural, define las pandillas o crews que comparten esta cultura y se identifican con una tribu urbana que empezó a gestarse ya en la temprana década de los 50 en Johannesburgo, sobre todo en los barrios de Soweto y Sophiatown. El estilo de los Mapantsula nació en la calle entre los jóvenes de clase trabajadora, que hallaron códigos modernos para expresar su malestar, sus frustraciones o sus sueños durante el Apartheid, y que adoptaron una forma “indigenizada” del rap y el hip-hop afroamericanos que hoy es la banda sonora del gueto: el Kwaito.

El Kwaito forma parte del mainstream musical de Sudáfrica y de la vida de los jóvenes en los townships desde la década de los 90. El término ‘kwaito’ es una expresión del tsotsitaal (la jerga de los gánsteres) que significa ‘feroz’ o ‘malgeniado’, pero que en Afrikaans (la lengua franca de Sudáfrica) también hace referencia a lo sexy, lo atractivo y lo guay. El Kwaito y el Pantsula están tan relacionados y forman parte de un universo tan endogámico que a menudo se convierten en sinónimos. Como género musical, se trata de un auténtico cóctel: los ritmos más pausados del house mezclados con hip-hop, reggae y otros estilos locales, generando una versión Pop africanizada de Groove electrónico. Surgió en un período de celebración de libertad, del fin del Apartheid y la transformación política que dio paso a la democracia, pero también aparece marcado por la violencia, la inseguridad, una necesidad desenfrenada de consumismo o la desesperanza juvenil de los guetos.

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Ya en el siglo XXI, la música del gueto tiene un peso muy importante dentro del circuito sudafricano comercial y las provocaciones e irreverencias que antes habían sido duramente censuradas ocupan las principales emisoras de radio, programas de TV, webs, revistas especializadas, etc. La identidad mestiza y la lucha contra el racismo se erigen como uno de los temas preferidos en las letras de las canciones Kwaito, pero la hipermasculinidad y la misoginia exagerada se imponen del mismo modo como un rasgo característico de la cultura Pantsula, tal como sucede en el Dancehall jamaicano. Bandas como Boom Shaka, M’du, The Dogg, Skeem, Skizo, Mandoza, EES o Bongo Maffin invaden el panorama musical de todo el Sur de África. No tan solo Sudáfrica, sino Namibia, Mozambique, Angola o Botswana han desarrollado un interés creciente hacia esta cultura.

El Pantsula ha salido de los guetos, ha introducido un “Premio al Mejor Kwaito” en los famosos Channel O Music Awards, y ha apadrinado a blancos y negros, a mujeres y hombres, a jóvenes y veteranos como Hugh Masekela -quien se suma a la fiebre del Kwaito en su disco Revival (2005)-, e incluso salido del continente para influenciar a artistas del R&B Occidental de primera línea. La vida de los márgenes, el sonido de los guetos, se ha colocado en el seno de la sociedad capitalista, con todas sus ambigüedades y contradicciones, situando el Xhosa, el Sotho, el Tswana o el Zulú en las pistas de baile de todo el planeta.

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

En el baile Pantsula encontramos distintas herencias. Por un lado, coreografías autóctonas como las del Gumboot Dance –“zapateo” que surgió entre los mineros sudafricanos a finales del siglo XIX como forma de comunicación y burla hacia los colonizadores- y sus pasos percudidos son influencias claras. En segundo término, se hacen evidentes piruetas que beben del Funk y la música Disco. Y por último, los movimientos del hip-hop pulen uno de los rasgos más característicos del Pantsula: andar como patos, caminando con las nalgas hacia afuera. En el estilo de baile de los Mapantsula el cuerpo adquiere un lenguaje propio, reinterpretando elementos globales y locales. Las pandillas se multiplican a lo largo y ancho del continente, y las competiciones inundan las calles junto al Kwaito. Porque como afirma David Coplan: “En esencia, el Kwaito es una música de baile”.

Una de las crews o grupo de Mapantsulas más importantes del Sur africano son los Real Action Pantsula, originarios de Johannesburgo. Con coreógrafos como Sello Modiga, que han participado en numerosas campañas publicitarias para compañías tan gigantescas como BMW, Real Action se hicieron sumamente famosos cuando Redbull organizó la primera batalla de crews de Pantsula. Desde entonces, numerosos grupos de bailarines han empezado a emerger como bandas de danza profesionales y como proyectos que luchan para positivar esta cultura de forma que los niños y jóvenes de los guetos salgan de las espirales de delincuencia y pobreza en las que a menudo se encuentran. Para los que estén interesados, os recomendamos la película Tsotsi (2005), de Gavin Hood, que retrata muy bien la vida en los suburbios de las capitales sudafricanas y rememora la realidad que Mapantsula (1987) ya retrataba en su día, y que forma parte de la subcultura del Pantsula.

Para ilustrar hasta qué punto el estilo de los Mapantsula se impone como una moda global y reconecta esas rutas del Atlántico Negro, que se empezaron a tejer con la globalización, no podemos dejar de mencionar a la reina del R&B contemporáneo, Beyoncé. Para su videoclip Run the World (Girls), reclutó a la crew mozambicana Tofo Tofo y copió coreografías del Pantsula que se han convertido en uno de las novedades más visuales y atrayentes de los escenarios. El estilo de los Mapantsula, así, se convierte en una de las tendencias coreográficas más preciadas de los videoclips comerciales del momento, y pone de manifiesto, una vez más, la capacidad creativa y la originalidad que sale de las modernas urbes africanas.

Fuentes:

Blom Hansen, T. Melancholia of Freedom: Social Life in an Indian Township in South Africa. 2012. Princeton University Press.

Coplan, D. In Township Tonight! South Africa’s Black city music & theatre. Chicago: 2008

Dolby, N. Rizvi, F. Youth Moves: Identities and Education in Global Perspective. Routledge, 2008.

Magubane, Z. Globalization and Gangster Rap: Hip Hop on the Post-Apartheid City en The Vinyl Ain’t Final:  Hip Hop and the Globalization of Black Popular Culture,editado por Sid Lemelle y Dipa Basu. London: Pluto Press, 2006.

Myburgh, C.V. Pantsula dance: Case studies on the origin and makings of a township art form: the Johannesburg Dance Foundation’s proficiency certificate curse, 4th year (honours). 1993.

Revista The World of Music, Kwaito. Vol. 50 (2) – 2008

Al ritmo del ‘Cape Town World Music Festival’

Una vez clausurada la primera edición del Cape Town Music Festival (CTWMF) después de tres días inmersos en los diferentes estilos musicales que allí sonaron, es fácil comprender la esencia y los objetivos que tenían en mente los organizadores cuando diseñaron la programación del Festival. Artistas de Sudáfrica, Zimbabwe, Angola, Mozambique, República Democrática del Congo, Zambia, Francia e Israel, entre otros, han puesto la banda sonora de los 32 conciertos que han creado lo que sería el primer gran encuentro de este tipo en la ‘Mother City’ sudafricana.

El jueves 8 de noviembre, pudimos asistir al lanzamiento en The Mahogany Room de Cape Town, con organizadores, colaboradores y medios. Oliver Mtukuzdi dio la bienvenida al festival y Bholoja, emergente músico de Swatzilandia, ofreció un fantástico concierto para ir abriendo boca de lo que serían los siguientes dos días. Desde ese mismo jueves, se llevaron a cabo diferentes workshops abiertos al público, que contaron con la participación de varios de los artistas y donde se trataron varios aspectos de sus trayectorias y de la industria musical en general.

Los conciertos estaban organizados en cuatro escenarios, dos de los cuáles estaban al aire libre -el escenario principal y el escenario llamado Lion’s Head-. Este último, era gratuíto, por lo que podía asistir cualquiera que quisiera. La idea de poner el escenario principal al aire libre y uno de ellos abierto, es la de hacer el festival para todos y acercar más la música al público.

Los otros dos (Nu World y Silent Revolution), estaban en The Assembly, una sala de conciertos de referencia en la ciudad y que acogió sobretodo aquellos que cerraron la jornada de conciertos cada uno de los días.

La organización de todo este evento estuvo a cargo de Beanstalk, una agencia de producción y gestión de eventos culturales. Uno de sus objetivos es el de dar a conocer músicos no comerciales africanos –y de otras partes del planeta- aún desconocidos por en la escena internacional, ofreciéndoles un gran espacio donde poder acercar su música al público. Con este propósito consiguieron mostrarnos que, aparte de gozar de una excelente música tradicional, África tiene artistas que consiguen transmitir sus raíces y fusionarlas con otros ritmos muy contemporáneos y vanguardistas. Esta idea es la que, desde nuestro punto de vista, definió la esencia del festival y la que nos ha llevado desde Wiriko a interesarnos y querer conocerlo de primera mano para dedicarle un espacio.

Hagamos un breve repaso de algunos de los grupos actuaron durante el Festival.

Viernes, 9 de noviembre de 2012

A las 18h todo estaba a punto para el arranque de dos días de intensidad musical en la que el público tuvo muy difícil decidir qué grupos quería ver. Había dos escenarios para elegir el principal -Main Stage- y el Nu World.

Adamu abrió el festival a los asistentes. Original de Luanda (capital de Angola) puso de manifiesto lo que sería la esencia del fin de semana: una mezcla de culturas, instrumentos, estilos e idiomas. Adamu canta en portugués, francés, español, Kimbundo y Kicongo y su estilo es de lo más versátil: desde el angoleño sonido del Semba, el kwasa-kwasa típico de RDC, hasta el jazz y el afro-beat.

Dj Click Band, uno de los éxitos indiscutibles de la noche, tomó el relevo a Adamu. “Electro-gypsy” es el resultado de la mezcla de sonidos tan dispares como los balcánicos, indios y flamencos con una base electrónica que nos obligaron a dar unos brincos en la pista. Si además le añadimos la vibrante voz de la italiana Valentina Casula, no podemos más que quedarnos conquistados con el resultado. Merece la pena escucharles y más, verles en concierto.

Spoek Mathambo, fue el siguiente de la noche. Afro-futurismo mezclado con rap es el estilo de este sudafricano que se sitúa a la vanguardia de la escena musical más underground del país. Además el concierto contó con dos artistas invitadas que lograron revolucionar al público.

Son ya las 22h y el público del Cape Town World Music Festival coge sitio para poder ver mejor a la estrella indiscutible de la noche, Oliver Mtukudzi. Tuku -como se le conoce- empezó en la música en el año 1977 con el grupo Wagon Wheels junto con Thomas Mapfumo. Más tarde cuando empezó su carrera en solitario, se convirtió en uno de los músicos más emblemáticos y conocidos del país. Canta en shona, ndebele e inglés e incorpora estilos de diferentes tradiciones musicales, que le dan un estilo único, conocido como “Tuku Music”.

Durante todo el concierto el público coreó todas sus canciones sin excepción y a juzgar por la cantidad de gente que asistió la noche del viernes, Tuku fue la estrella del festival.

Después del deleite de escuchar al veterano Tuku en directo, nos vamos a The Assembly, que acogió el escenario de Nu World. En éste, el grupo de ‘post-rock’ Bateleur, Dj Mighty y Ntone Edjabe con sonidos afro, jazz y house y Toby2shoes con afro-house, swing y algunos guiños a la cumbia, nos hicieron bailar hasta la madrugada.

CTWMF

Sábado, 10 de noviembre de 2012

Desde el sábado por la mañana a partir de las 11h los más madrugadores ya podían asistir al festival y además de forma gratuita, ya que recordemos que el escenario de Lion’s Head estuvo abierto durante todo el día. Los grupos que tocaron fueron Fletcher, Larry Joe Live (soul, R&B afropop), Kanimambo (originarios de Congo, Israel, Mozambique y Sudáfrica), Taleswapper y Rumspringer con su electro-swing. Durante la hora del té Abavuki mezclaba sonidos latinos, jazz y afro.

Manouche, nos hizo bailar al ritmo de su gypsy jazz durante su concierto, con guitarra, violín, acordeón, contrabajo, tambores y la fantástica voz de Anneli Kamfer que nos acercaba a su vertiente más jazz. Los músicos de Kongo Elektro, cerraban la sesión en este escenario con su soukouss electrónico.

Al mismo tiempo, Silvestre Kabassidi In the Bottle primero y el cantante Bholoja a continuación –al que escuchamos en la apertura del festival- fueron los encargados de abrir el escenario principal. Más tarde Dirty Bounce animaron el ambiente con su gran orquestra al más puro estilo balcánico.

Los siguientes, The Brother Moves On, no dejaron al público indiferente. Su música, considerada como “post folk psychedelic rock de los jóvenes indie que declaran su patrimonio como parte de una generación en transición en Sudáfrica”, combina perfectamente con la teatralidad de sus actuaciones. Imperdibles en concierto.

Zaki Ibrahim fue la siguiente en sorprendernos con su presencia y la de sus acompañantes en el escenario, y con su pegadizo estilo de soul, R&B y pop.

Freshlyground fue otro de los grupos más esperados de todo el festival. Hace ya 10 años que empezaron a trabajar dentro de la industria musical en Sudáfrica y son un grupo de referencia en la escena internacional. Su música afropop se impuso en el festival con influencias del soul, folk o kwassa-kwassa, entre otros. La enérgica Zolani Mahola dejó al público con muy buen sabor de boca.

El grupo israelí Boom Pam cerró el escenario principal del Cape Town World Music Festival con su música de estilo surf rock y ritmos meditarráneos.

En paralelo, el Silent Revolution abrió el sábado para presentar grupos como Mantras4ModernMan, Madosini y Derek Gripper que mezcla sonidos europeos, brasileños de Mali y de Cape Town, All In One, Cape Town Tango Ensemble y el jazz de Babu.

Por último y como guinda final, el escenario Nu World acogió el sábado a Chistian Tiger School, Kimon y Jakobsnake. También contó con DJ Invizable feat. Computer General & The Season Marimba Stars que fueron de los más destacables y sorprendentes del escenario, tanto por su música como por su performance en directo. El estilo inconfundible y una combinación perfecta de los tres colectivos y sus cuatro miembros, nos hicieron disfrutar de un espectacular fin de fiesta.
Esperamos que esta sea la primera de muchas más ediciones de este festival y de aquellos eventos en los que el foco esté puesto en la promoción de artistas africanos emergentes que permitan dar a conocer las diferentes tendencias y novedades musicales dentro del continente.

Agradecemos la buena organización tanto de Beanstalk como de Voice Factory durante los días previos al festival y durante el mismo.

¡A todo el equipo enhorabuena y gracias!

Echa un vistazo a las fotos aquí

 

Aquí os dejamos algunos vídeos y música de los artistas, para que podáis descubrirlos y disfrutar de la música del Cape Town World Music Festival.

Videos


Bholoja


Dj Click Band


Oliver Mtukuzdi


Spoek Mathambo


Zaki Ibrahim


Freshlyground

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