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Artistas para la Paz

Existe un proverbio ugandés que dice: “Cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre”. Afortunadamente, no hay conflicto armado actualmente en la perla de África, pero si ampliamos las fronteras, nos topamos con distintos focos de conflictos que azotan al continente. Así y todo, mientras algunos deciden hacer la guerra, otros hacen denuncia de estos crímenes y reivindican la paz con su arte.

Aprovechando la celebración del Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, centrado en la temática «Invirtiendo en la paz del mundo»,  queremos reconocer la contribución del arte más comprometido. Porque el arte puede ser una herramienta educativa para la construcción de la Paz y la prevención de los Conflictos.

Sudán del Sur

Mientras el pueblo celebraba la paz en Sudán con la independencia de Sudán del Sur en 2011, el país más joven de África se veía, al poco tiempo, inmerso en una nueva guerra civil. El gobierno del nuevo país se creó alrededor de la atnia mayoritaria e ignorando al resto de grupos étnicos. En 2013, el presidente dinka Salva Kiir no se tomó muy bien las críticas de su segundo Riek Machar y le despidió. Este intentó un golpe de estado que fue sofocado, pero tras tres años de negociaciones con la comunidad internacional, la violencia se instaló en Juba, la capital sursudanesa, en verano de 2016.

Pintura del colectivo Ana Taban

Y mientras la violencia y la muerte aterrorizaban al pueblo de nuevo, los artistas se echaron a la calle para llenar las paredes de la capital con mensajes de paz. Se trata del colectivo de artistas AnaTaban (Estoy Cansado), una comunidad de creativos jóvenes cansados de ver sufrir a su pueblo. Lo que pretenden es crear una plataforma de gente joven, unir sus voces y hablar libremente para lograr la paz.

Pintura del colectivo Ana Taban

República Democrática del Congo

La guerra por el control de los recursos minerales y el coltán no es el único conflicto abierto de la República Democrática del Congo. Mientras su presidente, Joseph Kabila, se aferra al poder cuando su segundo mandato, y último según la Constitución del país, terminaba el pasado diciembre, la crisis se agrava, la violencia no cesa y las muertes se acumulan en todo el territorio. La semana pasada, el presidente nombró un nuevo Gobierno de transición en contra del acuerdo con la oposición, de finales de 2016, en el que se le permitía seguir en el poder hasta que se celebraran elecciones a finales de 2017. Muchos sospechan que Kabila intenta convocar un referéndum que le permita un tercer mandato, como hicieron sus homólogos en Ruanda y Congo.

Daddy’s falling trone, 2015, Steve Bandoma

Son muchos los que han terminado en la cárcel por reivindicar un cambio político en el país, pero Steve Bondoma lo hace de una forma más sutil. A través de la pintura, la fotografía y el reciclaje de revistas para darles una nueva vida, el artista muestra en sus obras el ajetreo de la capital congoleña y una sociedad en cambio constante. Una forma de ver el mundo que denuncia la retirada de la moral con consecuencias tales como la corrupción, el robo o la falta de honradez.

No dirty money!, 2015, Steve Bandoma

Somalia

Para entender el conflicto somalí, tenemos que remontarnos hasta el siglo pasado cuando, en 1991 movimientos militares revocaron el régimen de Siad Barre y distintos grupos étnicos empezaron a luchar para hacerse con el poder, dejando, así, el país dividido. Todo se agravó con la sequía que atormentó al país con una terrible hambruna en 1992. Con la entrada del nuevo siglo, se han ido sucediendo distintos gobiernos de transición, pero en la actualidad, la guerra civil continúa librándose y el país, aunque si cuenta con un gobierno oficial, aún se encuentra activo el grupo islamista radical Al-Shabab. El conflicto se ha cobrado innumerables víctimas mortales y desplazados.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

Originario de Arabia Saudí, pero residente en la ciudad somalí de Hargeisa, el fotógrafo y artista visual Mustafa Saeed, lanzó el proyecto Coroned Energies, que, mediante imágenes, grabaciones y sonido, retrata la vida cotidiana y las experiencias de los jóvenes somalíes y pretende ser una plataforma para que puedan expresarse.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

El terrorismo islámico en Malí, Nigeria y Chad

El terrorismo también está presente en Malí, cuando los acuerdos de paz se estancaron en 2015. En marzo, distintos grupos terroristas activos en la región anunciaron su fusión en Jamaât Nasr Al islam wa Al mouminin (Grupo para el Apoyo del Islam y de los fieles). Al igual que en Nigeria, o Chad, el terrorismo Islámico de Boko Haram, que secuestra a menores y en ocasiones los usa como armas de guerra, atormenta la región, a la vez que se van debilitando las instituciones gubernamentales que no ven cómo solucionar el problema.

L’initiation, 2004. 7 Elements. Mixed Media On Fabric, Abdoulaye Konaté

Una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo maliense es Abdoulaye Konaté, que mediante telas – materia barata y fácil de conseguir en el país – que tiñe, corta y cose, transmite sus ideas acerca de las esferas políticas y sociales del país. Su trabajo se centra en las tensiones políticas de la región del Sahel.

Otro de los artistas más influyentes, de origen ghanés, pero residente en Nigeria y profesor de la universidad del país, el escultor El Anatsui, se vale de materiales recicladas de las calles, como el aluminio, el cobre o la madera, para crear objetos que expresan sus diversas preocupaciones políticas, sociales e históricas.

Gravity and Grace Monumental Works by El Anatsui, Eva Blue

Somos Nilóticos

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Nykor Paul, supermodelo de orígen sursudanés y directora de la campaña We Are Nilotic, para la pacificación de Sudán del Sur.

Una campaña de la supermodelo sursudanesa Nykhor Paul para pacificar Sudán del Sur, quiere terminar con las divisiones étnicas y fomentar la solidaridad en la nación.

Hoy es una súper modelo internacional que gana millones de dólares, pero la sursudanesa Nykhor Paul, de 25 años, no olvida sus orígenes. Huyó de su país a causa de la guerra cuando aún era una niña. Después de vivir en un campo de refugiados de Etiopía, a los nueve años fue adoptada por una pareja estadounidense. Dejar atrás a su familia no le fue fácil. Ahora, aprovechando el poder mediático que le ha granjeado su éxito, utiliza su imagen para denunciar la vulneración de los derechos humanos en su país natal, donde aún se encuentra toda su familia biológica. Reuniendo a modelos, músicos y famosos de Sudán del Sur, Nykhor lanzó el año pasado una campaña para sensibilizar tanto a la población del país como al resto del mundo: Somos nilóticos o We Are Nilotic. “Somos gente del Nilo. Los primeros pasos de la humanidad se dieron aquí”, aclara la modelo.

La independencia se convirtió en un sueño marchito en Sudán del Sur. Tras décadas de lucha, después de conseguir un Estado propio y un pequeño periodo de sosiego en 2011, casi dos años de guerra civil han llevado a su población a una de las peores crisis humanitarias del planeta. Desde que estallara el conflicto, en diciembre de 2013, han muerto miles de personas. La inseguridad alimentaria vapulea a 4,6 millones de sursudaneses —el 40% del país—. Y tanto la carencia de alimentos como la violencia han desplazado a 2,2 millones de personas, según la Organización Internacional para las Migraciones.

El pasado 26 de agosto, el presidente Salva Kiir firmaba un acuerdo de paz con el que se compromete a pacificar el país para los próximos 20 meses. Pero hace escasas semanas el periódico New Nation perdió a uno de sus periodistas, Peter Moi, asesinado a sangre fría después de que el presidente amenazara a todo aquel que se posicionara en contra del Gobierno de Juba. Sólo en 2015, siete periodistas han sido asesinados en el país por las mismas razones. “La falta de libertades afectará el proceso de paz porque los ciudadanos no se sienten seguros ni protegidos. En Sudán del Sur nadie puede expresarse sin temer que una bala atraviese su cráneo. [El presidente] Kiir intimida a su población y no tiene ninguna vergüenza de que la gente sepa que va a matarlos si expresan su disidencia. No se puede tener un ambiente de hostilidad y miedo y esperar que la paz nazca de las cenizas de las personas asesinadas”, reivindica con voz firme Paul.

nykhorSegún Paul, todos tenemos una responsabilidad en lo que está pasando en Sudán del Sur. “Nuestra campaña hace un llamamiento a reconocer que toda la humanidad surge de aquí y que por lo tanto, todos tenemos un ancestro común, una lengua común, costumbres e identidades anteriores a la formación de diferentes grupos nacionales. La humanidad surge del Nilo y no podemos permitir lo que está sucediendo en la región”, reivindica Nykhor, afincada en Estados Unidos.

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Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí

 

 

Marwa Zayn: el amor en busca de financiación

"One week, two days" (2015), película de la directora Marwa Zein.

“One week, two days” (2015), película de la directora Marwa Zein.

Marwa Zayn se define como una realizadora sudanesa, aunque su trayectoria bien marcada por el nomadismo subraya que nació en Arabia Saudí y que después se trasladó a Egipto. Lo suyo siempre ha sido la alquimia pasando de las probetas (estudió ingeniería química durante 3 años en la Universidad de El Cairo) al celuloide. La acción, dice, comenzó en el momento en el que decidió dejar de fumar. El cine llamó a su puerta y terminó graduándose en el 2009 con una mención de honor en el Instituto Superior de Cine en El Cairo. El telón no había hecho más que subir.

Esta joven de 29 años, pelo ensortijado y mirada penetrante al tiempo que dulce, como si se tratara de un cortometraje mudo, apunta unas maneras con el 35mm. que los propios del gremio no la quieren dejar escapar. Así, entre los años 2009 y 2014, fue seleccionada para el Talent Campus de Berlín, el Talent Campus Durban, el taller de Haile Gerima en el Festival de Cine Internacional Africano de Luxor o en el Silver Docs AFI Documentary, además de recibir clases magistrales con Tom Tykwer, Jihan El Tahri o Threes Anna.

En 2011, en plena efervescencia política, se trasladó a Sudán del Sur con el fin de desarrollar el guión de su primer largometraje, la película Nina & Rebecca. En total ha dirigido 4 cortometrajes: 2 de ellos son ficción (Salma, 2007 y el galardonado A Game, 2009) y los otros son documentales (Randa, 2008 y Cultura para todos, 2013).

Ahora, desde la plataforma de crowdfunding Indiegogo busca financiación (13.400€) para desarrollar un nuevo trabajo: One week, Two days (Una semana, 2 días). Lo asegurado en este guión es que Marwa Zayn no dejará títere vivo. Y aprovechará este cortometraje para hacer una crítica mordaz entre las relaciones de pareja en Oriente Medio. Nueve días entre dos enamorados donde la intimidad y las relaciones quedarán al descubierto. Si son difíciles de discutir en la vida real imaginamos que en el cine también. Una película romántica y sarcástica que es algo relativamente nuevo en la industria del cortometraje árabe. Le deseamos la mejor de las suertes en este nuevo proyecto que dará que hablar, en primer lugar, en su tierra adoptiva: Sudán del Sur.

 

Beats of the Antonov, cine y música de resistencia

Beats of Antonov

*Artículo escrito por Alma Toranzo (@alma_toranzo), miembro del portal de información Hemisferio Zero.

**El nombre del director aparecerá en este artículo en minúscula para respetar la grafía que utiliza él

La música de Sudán ha llegado a España con el documental Beats of the Antonov, del director sudanés hajooj kuka**, en el Festival de Cine Africano de Córdoba – FCAT 2015, que ha tenido lugar entre el 21 y el 28 de marzo. Beats of the Antonov, galardonado con el Premio al Mejor Documental en el Festival, no ha dejado a nadie indiferente. En las dos proyecciones que se realizaron en diferentes salas de la ciudad andaluza los espectadores hicieron llegar sus felicitaciones y sus impresiones al director, quien ha estado presente durante el FCAT.

El documental –Los ritmos del Antonov, en español- nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Pero no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos. “Música de resistencia, como elemento de unión y supervivencia”, explica hajooj.

La primera vez que hajooj visitó los campamentos fue porque quería documentar qué es lo que estaba pasando allí. Pero después de pasar un día en unos de los campamentos del Nilo Azul se dio cuenta del importante papel que jugaba la música. “Cuando llegué al campamento dos jóvenes se encargaron de enseñarme todo: me acompañaban a las entrevistas, me presentaban a la gente, etc. Y cuando llegó la noche me preguntaron si quería ir a dar un paseo”, cuenta hajooj sorprendido, pues no entendía dónde querían llevarle, era de noche, estaba todo oscuro y no había nada qué ver, pensaba él. Así que se fueron y empezaron a escuchar música que venía de una boda. Después le llevaron a lo que de día funciona como colegio y había dos grupos tocando. La gente se ponía alrededor del que tocaba mejor. Había jóvenes, niños y un montón de gente bailando. Después le llevaron a otro sitio y había otro grupo tocando los tambores. “Según íbamos caminando nos encontrábamos música aquí y allá, música por todas partes. Ahí fue cuando me di cuenta que quería hacer un documental sobre la música y la identidad”.

El resultado es una visión diferente de la guerra, de la gente que vive en los campamentos de refugiados que muestran a través de su música la esperanza y el anhelo por el fin de la situación en la que se encuentran, alejados de sus casas y de sus medios de vida. La música se convierte además en un elemento de unión, pues Sudán es un país donde conviven múltiples etnias y culturas que se encuentran conviviendo en los campamentos.

Beats of the Antonov no ha pasado sólo por diferentes festivales de todo el mundo como el FESPACO, celebrado el pasado febrero en Burkina Faso, el Festival Internacional de Cine de Durban o en el Festival de Cine Africano de Luxor y ganado numerosos premios; también ha sido proyectado en los campamentos donde realizó el rodaje. “A los refugiados les ha encantado ver la película, la consideran como suya”, señala hajooj, que ha llegado a establecer muchos vínculos con sus protagonistas tras los dos años que ha tardado en grabar el documental. “Todos los días después de grabar les enseñaba las imágenes y me pedían que volviera a grabar determinadas escenas porque no les gustaba cómo habían salido o cómo habían dicho algo”, cuenta kuka entre risas.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Pero el trabajo de este carismático director no se queda ahí. También es el director creativo de 3ayin, que en árabe significa “mirar”, una agencia de noticias que informa sobre lo qué esta ocurriendo en Sudán contado por los propios sudaneses. “Empezamos a enseñar a chicos y chicas en la zona de las Montañas de Nuba a grabar y a editar para que fueran ellos los que documentaran lo que estaba pasando. Entre ellos, hay cuatro jóvenes que mostraron mucho interés y que han realizado muchos cortos. Incluso grabaron algunas de las imágenes de Beats of the Antonov”, explica hajooj.

Además, tiene en marcha un proyecto de teatro y cine en los campamentos. “La última vez que fui hablé con una mujer impresionante que hacía teatro antes de la guerra con su marido y pusimos en marcha un grupo de teatro. Cuando vuelva en julio o agosto espero poder grabar las escenas que representen para que pueda llegar a más gente”, cuenta kuka.

Por otra parte, hajooj kuka forma parte de un movimiento de resistencia no violenta en su país llamado Girifina, cuyo objetivo es cambiar el gobierno que se encuentra actualmente en el poder. Dentro de este movimiento en el que participa gente de todas las edades, hajooj ha realizado también numerosos cortos denunciando la situación en la que se encuentra Sudán. “No he tenido problemas de censura con la película porque es un poco artística y el gobierno no se fija en el arte, no la han seguido realmente. Tengo más problemas por el movimiento de resistencia no violenta que por el documental”, afirma hajooj.

Hajooj Kuka está convencido del importante papel que juega el cine para sensibilizar y denunciar las violaciones de derechos humanos que afirma está realizando el gobierno de su país. Además, cree firmemente en la resistencia no violenta. “Una revolución real tiene que estar basada en la resistencia no violenta. Cualquier revolución tiene que llevarla a cabo la sociedad”, afirma.

Un instante durante los "Aperitivos de Cine" durante el FCAT. -Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

Un instante durante los “Aperitivos de Cine” durante la 12ª edición del FCAT. Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

Música para la agricultura, la paz y la unidad de Sud Sudán

The Jay Family.

The Jay Family.

(*) Artículo publicado originalmente en el Boletín del Centro de Estudios Africanos de Barcelona.

Después de que el año pasado las Naciones Unidas declararan Sud Sudán como el país con la peor crisis alimentaria del mundo; recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha publicado un informe donde alerta sobre la inestabilidad de la región y los peligros que la población corre ante la escalada de inseguridad alimentaria. Ante tal delicada situación, algunos artistas de la región se han movilizado para sensibilizar a la población local a través de mensajes que fomentan la agricultura como una salida a la crisis alimentaria y la paz y la unidad como único pretexto para la construcción del joven estado.

Este es el caso de tres jóvenes músicos procedentes de Yei, a unos 100Km al sud de la capital, Juba. Edward Taban a.k.a Jay Boy, estudiante de artes industriales, Juma John aka Jonio J, estudiante de producción televisiva y Wani Francis a.k.a Yuppie Jay De General, trabajador social, están muy influenciados por el dueto nigeriano P Square, pero su estilo hunde sus raíces en el dancehall, el reggae y el raga. Se trata de un grupo que pretende liderar la transformación social de la región: The Jay Family. Representantes del compromiso social de los artistas contemporáneos en África del Este, pretenden hacer llegar sus mensajes a toda la región a través de letras en Inglés, Swahili, Bari y Árabe de Juba, una mezcla entre árabe y lenguas nilóticas que es la actual lengua común en Sudán del Sur.

En el primer single de su álbum debut Stakal Shedit, que significa ‘trabaja duro’ en Árabe, los jóvenes muestran a un grupo de presos de la cárcel central de Juba trabajando la tierra. “Gracias a éste videoclip nuestro mensaje caló entre los jóvenes de la región. Algunos de nosotros también nos dedicamos a la agricultura, y creímos que era fundamental transmitir nuestro entusiasmo por esta actividad”, dice Jay Boy.

Frente al éxodo rural hacia las ciudades tras la guerra civil de 2005, sobre todo a la capital, la pobreza, la escasez de alimentos y la violencia entre etnias por el uso de tierras han ido en aumento. The Jay Family quieren impulsar una juventud rural más que urbana, y animan a la juventud a volver al campo para combatir las altísimas tasas de desempleo y la escasez de alimentos. A través de sus canciones, no solo se dirigen sus compatriotas, también lanzan mensajes al gobierno de Juba para que invierta en la modernización de la agricultura y ayude a incrementar la producción. “Es posible conseguir una agricultura fuerte en Sur Sudán y en toda la región si se invierte en la modernización del sector. Hay que estimular el sector agrícola a través de presupuestos que impulsen la producción. Nuestros gobiernos deben construir buenas carreras para facilitar el transporte de los productos agrícolas a diferentes partes de Sudán del Sur. Nuestra tierra es fértil y el hambre no existiría si se invirtiese en el sector. Por eso ponemos la música al servicio de éste mensaje. Y creemos que el gobierno debería participar en programas de sensibilización para fomentar una agricultura más fuerte, porque puede ser la solución de gran parte de nuestros problemas”, reivindica.

The Jay Family se consideran un colectivo de músicos africanos, más que sur sudaneses. A pesar de que viven en Sur Sudán, su relación con otros países de la región, como Uganda, es muy estrecha. “Algunos de nosotros estudiamos en Uganda”, cuenta Jay Boy. Quizás por eso, este necesario renacimiento juvenil y la toma de conciencia sobre asuntos políticos y económicos no solo se dirige a los sur sudaneses. “Nuestro reciente lanzamiento del single Raba Sawa, o ‘crezcamos juntos’, está teniendo muchísima repercusión tanto en Sudán como en Kenia o Uganda. Lo que queremos es que el crecimiento económico y social sean un imperativo en la zona”, afirma el joven.

Sin embargo los fantasmas de la guerra, de los que ya nos habló en Wiriko el artista y ex-niño soldado Emmanuel Jal, siguen sobrevolando el joven país africano, que desde su independencia, en 2011, no solo se ha convertido en el país más joven del mundo, sino también en uno de los más castigados por la guerra. La discriminación de la minoría nuer en favor de la etnia del presidente Salva Kiir, la dinka, y las jugarretas internacionales por el petróleo del país, han llevado a un conflicto que desde 2013 ya ha desplazado a cerca de dos millones de personas, 500.000 de las cuales se encuentran en países vecinos.

“¿Cómo ha podido suceder que después de la independencia, que nos tenía que aportar paz y estabilidad, nos encontremos en una situación tan dañina para los sur sudaneses? En nuestra canción Malu hablamos precisamente de ésta situación”, dice Jay Boy. “Nuestra lucha como músicos es asegurar que nuestras canciones sensibilicen a la población sobre la necesidad de paz y unidad, porque al fin y al cabo, es la base para la construcción de cualquier desarrollo a nivel estatal. Ya hemos realizado varios conciertos para la paz y la unidad. Acompañando al periodista británico Levison Wood en un tramo de su andadura desde las fuentes del Nilo hasta su desembocadura, pudimos grabar junto a una docena de artistas sudaneses bajo el nombre de South Sudan All Stars, la canción Let’s Stand Together o ‘luchemos juntos’. También hemos estado trabajando junto a la operadora de telecomunicaciones Zain, en campañas como We Are o ‘nosotros somos’, una iniciativa para fomentar la unidad nacional”, cuenta el joven ilusionado con la creciente repercusión y visibilidad que está teniendo su música.

“Con Music Against Hunger (Música contra el Hambre), tanto las radios locales como Radio Miraya, la cadena impulsada por la Misión de las Naciones Unidas en Sudan y la más escuchada del país, se hicieron eco de nuestro trabajo”, reconoce Jay Boy. “Está en las manos de nuestra generación la nación que construyamos para mañana”.

“La música me ayuda a acabar con los demonios de la guerra”

Emmanuel Jal. Foto: Joseph Perna.

Emmanuel Jal. Foto: Joseph Perna.

“Nací en 1980 en Tonj, actual Sudán del Sur y mi niñez estuvo marcada por la guerra. Mi madre y mis tías fueron asesinadas y solo dos tíos míos sobrevivieron. Cuando cumplí los siete años mi padre decidió enviarme a un campo de refugiados a Etiopía para que pudiera ir a la escuela, pero al cabo de poco fui raptado y me convertí en niño solado”.

Así se presenta Emmanuel Jal, cantante de hip-hop y activista afincado en Canadá. Desde Toronto, en la sede de su propio sello discográfico Gatwitch Records, Jal rememora episodios dantescos de su vida. A pesar de todo, y 20 años más tarde, la suya es una carrera en la que no hace más que cosechar éxitos y ganarse el respeto de artistas y público a lo largo del mundo.

Perfilando los últimos preparativos para dar a luz lo que será su quinto álbum internacional, The Key (o La Clave, Gatwitch Records, 2014), Emmanuel avanza que se trata de un disco dedicado a los derechos de la infancia. “Todos los fondos recaudados de la venta de The Key se emplearán en diferentes iniciativas que invierten en la mejora de la vida de los niños”, explica. El single promocional se llamará My Power y, tal como asegura, se lanzará en pocas semanas.

Para este trabajo, Emmanuel ha contado con la colaboración del músico estadounidense Nile Rodgers. “Hace varios años que nos conocemos, y un día me dijo: Emmanuel, vamos a encerrarnos en el estudio y vamos a hacer un superéxito. Evidentemente, pensaba que se estaba cachondeando de mí, pero, ¡creo que lo hemos conseguido!”, sonríe Emmanuel mientras, emocionado, acciona el play de su reproductor para que suene un fragmento de la canción My Power.

Otra de las colaboraciones en The Key es la de Nelly Furtado, con la que ha grabado Party. Además, una de estas canciones figurará en la banda sonora de The Good Lie, película sobre refugiados sudaneses en Estados Unidos protagonizada por Reese Witherspoon, que se estrenará el próximo otoño.

  • La historia de un niño soldado

“Mi padre, que luchaba junto a la guerrilla de liberación, me obligó a andar durante días junto a un grupo de personas para huir de Sudán, en lo que fue un viaje infernal. Fuimos atacados por hipopótamos. A algunos se los comieron los cocodrilos. Otros se ahogaron. Y cuando conseguimos llegar a Etiopía, no sirvió de nada porque me reclutaron como niño soldado. Fue una hecatombe. Pasamos mucha hambre y como no había suficiente comida para todos, muchos menores morían y teníamos que enterrarlos y velarlos nosotros mismos. Imagínate vivir eso con siete años”, comenta sin inmutarse y con voz serena.

La muerte y la escasez de alimentos lo acecharon desde entonces. Y a pesar de que intentó suicidarse varias veces cuando tenía 12 años, el joven se agarra con fuerza a la vida y confiesa que en ella, tanto el miedo como la valentía son indispensables. “Todo el mundo tiene miedo, pero si solo vives con miedo, no vives. El coraje es la fuerza que nos hace afrontar el día a día. De hecho cuando afrontas el miedo con agallas es cuando haces que la creatividad se sitúe en su punto álgido. Y solo entonces la mente es capaz de encontrar soluciones. Lo peor que nos puede pasar en esta vida es que nos muramos, pero igualmente todos moriremos. Así que, ¿para qué preocuparnos? Lo único que importa es morir con dignidad”, afirma el artista.

Emmanuel tiene ahora 34 años, y su historia de vida ya se ha plasmado en forma de autobiografía escrita en War Child: A Child Soldrier’s Story (2009) y en el documental dirigido por C. Karim Chrobog, War Child (2008). Su testimonio ha sido recogido en entrevistas que han dado la vuelta al mundo, en cadenas como la BBC, y su participación en la serie TED en 2009 ha sido una de las charlas más conmovedoras hasta el momento. Actualmente es uno de los principales artífices en campañas e iniciativas contra el tráfico de personas humanas, la erradicación de las armas o la pobreza como Make Poverty History o Control Arms. También es el fundador de Gua Africa, una ONG que trabaja en Kenia y Sudán del Sur para defender las vidas y la dignidad de niños y familias que han sufrido las causas de la guerra.

  • El campo de batalla musical

A pesar de tener una carrera profesional brillante, hay detalles de su vida que siguen pareciendo salidos de una película de ciencia ficción. “Una vez, cuando era niño soldado, hacía días que no comíamos y en medio de la noche, cuando nos estábamos literalmente muriendo de hambre, vino a mí una mujer de la que nunca supe el nombre y a la que nunca más volví a ver. Me escondió, me dio de comer sopa y pescado y me dijo: cómete esto, es solo para ti, porque te espera un futuro brillante”, cuenta impresionado de su propia anécdota.

Por historias como ésta, Emmanuel bromea con escribir algún día un libro sobre las mujeres que lo han ayudado a sobrevivir y a triunfar. Asegura que incluso ahora, siente que de vez en cuando aparece algún nuevo “ángel de la guarda” en su vida. “En Kenia tengo a la señora Mum, mi guía espiritual. En México tengo a mi mentora, Erica Fuentes, quien me ayudó a fundar Gatwitch Records. En Canadá está Dona Thompson, la razón por la que resido aquí ahora… Y así como doce mujeres en diferentes partes del mundo que velan por mí. Y estoy seguro de que todos podríamos escribir un libro sobre nuestros ángeles de la guarda”, asegura.

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Emmanuel Jal. Foto: Joseph Perna.

Pero de todas estas personas, hay una en particular que representa el punto de inflexión de su biografía. “Después de haber escapado de mi vida como niño soldado, conocí a una cooperante británica en el campamento de Waat, al este de Sudán, Emma Mccune. Con ella me fui a Kenia, donde empecé a contar mi historia a todo el mundo. También empecé a hacer música, aunque nunca planeé ser músico. Había soñado con ser ingeniero informático, médico, intelectual… Pero la música vino a mí como accidente. Me di cuenta de que en realidad, con la música, podía hablar mucho más alto de lo que hacía en cualquier despacho en los que me sentaba a contar los detalles de mi historia”, afirma el artista.

“Empecé a hacer música primero de todo para mí mismo, porqué la música es un calmante para el dolor. Porqué a través de la música le puedes hablar a tu corazón, a tu mente, a tu alma… Si te fijas, para mucha gente que ha sufrido, la música es lo único en lo que encuentra consuelo. Por eso con mi música busco crear esa vibración positiva capaz de sanar a las personas y me intento rodear de otros músicos que busquen crear lo mismo”, confiesa desgranando lo que define como su principal receta de éxito.

Pero sería frívolo decir que Emmanuel ha cambiado un fusil por un micrófono. Si bien reconoce que las habilidades aprendidas en la guerra le sirven para afrontar su día a día, también admite que “la vida no es un campo de batalla” y que “no hay que confundir ser valiente con estar loco, porque siempre hay que saber cuándo y dónde retirarse”. Lo dice refiriéndose a lo que para él, a veces, tiene cierto punto de semejanza con el terreno bélico.

“La industria musical se puede parecer a un campo de batalla. Hay muchas voces que quieren ser escuchadas, pero tienes que ser muy valiente si quieres sobrevivir. Aunque ser valiente y tener talento no es suficiente. Tienes que ser listo, saberte adaptar y saber moverte correctamente. No se trata solo de estar cotizado porque si no eres lo bastante astuto, cuando llegas a ciertas esferas de éxito, puedes acabar teniendo una vida completamente vacía. Una vida de fiestas, sexo, drogas y diversión… Pero vacía de contenido. Y así comunicar un mensaje también vacío y estéril. Ese no es mi camino. Yo estoy en la industria musical para comunicar un mensaje auténtico. Para escribir una parte de la historia. Para que el arma de la música ayude a la gente a aprender. Para luchar con el mensaje de la paz”.

“La música me ayuda a alumbrar los sitios más oscuros, y cuando pones un rayo de luz donde había oscuridad, los demonios desaparecen”, afirma el sur-sudanés. “Yo mismo me pongo como ejemplo, porque somos los humanos los que podemos ser ángeles o demonios. Y me pregunto a mí mismo: ¿quizás sea yo también un ángel de la guarda para alguien y al mismo tiempo un diablo para otro?”.

  • Un mensaje: “Queremos paz”

Un año después de que Sudán del Sur celebrara el referéndum que lo convirtió en el país más joven de África, en 2011, el cantante lanzó una campaña para promover, a través de la música, un mensaje de paz. Así, la canción We Want Peace (Queremos paz) movilizó a personas en diferentes puntos del mundo para despertar conciencias. El tema forma parte de su álbum See Me Mama, un trabajo dedicado a su madre. “Me siento muy afortunado porque mucha gente me ayudó a que el mensaje se escuchara. No solamente en los países africanos. En México, Inglaterra, Canadá, España… Incluso en escuelas de China la canción ha sido un éxito”. Y apostilla: “We Want Peace se ha convertido en un leitmotif. Es más que una canción: una plataforma para contar mi historia internacionalmente”.

A pesar de su mensaje reconciliador y positivo, Emmanuel se pronuncia sin titubeos ante la actual situación política de Sudán del Sur, cuya fragilidad social parece borrar la ilusión de los que creyeron en la emancipación nacional de Juba respeto al centro administrativo de Jartúm. “Es muy frustrante porque el gobierno miente y ha creado una situación de censura ante cualquier voz que se le oponga. Han abocado la situación a etnicidades absurdas y a confrontaciones tribales que solo causan odio…”, opina.

Emmanuel tiene constantes giras que lo llevan a un lado y a otro del planeta, y a pesar de contar coon una residencia más o menos fija en Toronto, como la mayoría de personas que se ven forzadas a la migración, sigue soñando con volver a vivir al lugar donde nació. “La última vez que estuve en la región sur del Kordofán, en Sudán, fue en 2012. Planeaba volver el año pasado. De hecho estaba invitado a unas charlas en la capital, en Juba, donde tenía mi casa. Pero se dio la casualidad que también me invitaron a cantar a una fiesta junto a Nelly Furtado. En Juba me pagaban para ir a contar mi experiencia y en la fiesta no. Al final decidí quedarme en Toronto y participar del concierto junto a otros amigos. Y bueno, ahora sé que si hubiera escogido ir a Juba, seguramente me hubiera quedado atrapado en la ciudad o incluso podía haber muerto, como les pasó a centenares de personas. De hecho, destruyeron mi casa. Así que podríamos decir que mi elección determinó mi vida. Y es que a veces, una gran oportunidad puede acabar contigo, y otras, te puede salvar”, reflexiona el músico y activista africano. “Una vez más, se trata de escoger lo que te dice el corazón. Quizás, esa sea la única clave”.

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Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) el 14 de julio de 2014.

Majok Tulba, un brote de la joven literatura sursudanesa

Sur Sudán o la República de Sudán del Sur, es un país joven, el más joven del continente africano y, probablemente, de todo el mundo. Aún no tiene dos años de vida, ya que su independencia se proclamó en julio de 2011, pero ya empieza a tener figuras literarias más o menos importantes. Darfur, la larga guerra, las oleadas de refugiados, el hambre y las penurias son lo que relacionamos con el nombre de este país, cuya existencia muchos desconocen todavía. Ahora tenemos otro elemento y, afortunadamente, es un elemento cultural; literario, concretamente.

El autor sursudanés, Majok Tulba. Fuente: Bespoken Media

El autor sursudanés, Majok Tulba. Fuente: Bespoken Media

Majok Tulba es posiblemente el escritor sursudanés con más proyección internacional, a pesar de que es todavía un autor novel. Su primera novela se titula Beneath the Darkening Sky y está basada, en parte, sólo en parte, en su propia experiencia. Es cierto que quizá esta aportación no ayuda directamente a modificar la imagen de su país y que quizá intensifica algunos de los clichés. Pero la diferencia, en este caso, radica en que es un autor sursudanés el que cuenta una historia sobre la República de Sudán del Sur.

En Beneath the Darkening Sky se ven claramente algunos rasgos de la trayectoria de Majok Tulba y quizá el autor haya utilizado este relato para saldar algunas cuentas. A veces ocurre, uno siente una cierta sensación de culpabilidad cuando ha corrido mejor “suerte” que los que le rodean y se ve empujado por la necesidad de justificar esa situación. De alguna manera, Majok Tulba rinde un homenaje a aquellos que quedaron atrás. La realidad del conflicto sudanés marcó la vida de este joven escritor y, ahora, ha ocurrido lo mismo con su producción literaria. A los nueve años, una intervención de la armada sudanesa en su pueblo convirtió a Majok Tulba en un refugiado, junto a su hermano y otros niños desplazados de la misma población. Siete años después, el ahora novelista consiguió un visado para viajar a Australia, donde rehízo su vida.

Cubierta del libro de Majok Tulba

Cubierta del libro de Majok Tulba

Casualmente el protagonista de Beneath the Darkening Sky es también un niño, aunque un poco mayor de los Majok Tulba lo era en el momento de separarse de sus padres. En este caso, el protagonista es reclutado por los soldados. Ese es quizá el punto de inflexión, la sustancial diferencia entre el autor y el protagonista de la novela, que por otro lado, también se enfrenta a su vida acompañado de su hermano. A partir de ahí la historia del chico de Beneath the Darkening Sky se desarrolla en la línea de la lucha para mantener su dignidad, para no dejarse arrastrar por la barbarie de la guerra y conseguir salir de esa espiral. Es evidente, no se le escapa a nadie, el argumento, no es demasiado complejo. El estilo tampoco es excesivamente elaborado. Sin embargo, seguramente una buena parte de la fuerza de la novela reside en la sencillez (casi, la inocencia) y en el hecho de que Majok Tulba sabe perfectamente de qué habla. Quizá el hecho de saber que la historia del autor tiene tantos paralelismos con los del propio protagonista de la historia haya sido también uno de los atractivos del libro, que en todo caso tiene todos los ingredientes que busca la industria editorial. Se podría decir sin complejos que “se vende bien”.

Majok Tulba recibió por esta obra, aparecida en julio de 2012, el premio NSW Premier’s Literary Prize, antes incluso de que fuese publicada. Por otro lado, se ha dedicado también a la producción audiovisual y ha realizado cortometrajes. Resulta curioso que en el momento de la aparición de la novela, algunos medios australianos, país en el que llevaba residiendo diez años, le consideraban una de las voces más “prometedoras” o “más frescas”, según los casos, de la literatura australiana.

El reto de Majok Tulba es precisamente su segunda novela en la que según su propia página web está trabajando. Es en esta segunda obra en la que debe demostrar si lo atractivo de su primera historia era puramente la parte más efectista (ese “venderse bien”) o si su capacidad literaria le permite deshacerse de lo que puede convertirse en un lastre, su propia historia de vida, para consolidarse como uno de los jóvenes autores de la joven literatura sursudanesa.