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El hip hop sigue siendo un arma de transformación en Senegal

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Laura Feal

Con el permiso de los griots que durante mucho tiempo han sido los únicos actores habilitados a rimar la vida social africana, el rap procedente de Occidente entra en escena en África del Oeste hace poco más de dos décadas siguiendo la moda de una juventud moderna y curiosa que obedece dinámicas globales.

Si bien en otros países de la región este género ha gozado también de buena acogida es en Senegal donde logra un verdadero éxito, hecho vinculado por muchos estudios, al reconocimiento del público senegalés del rap como parte de su cultura oral y enraizándolo con ciertos géneros poéticos tradicionales como el tassu (poesía improvisada sobre la base de un proverbio conocido), le xaxaar (recital bastante directo dirigido al joven recién casado) o el bakk (oda a los luchadores) que no tardaron en ligar este moda con su mundo.

Cansados del materialismo a ultranza del rap americano y europeo, los raperos senegaleses se reapropian pronto del género con letras en wolof y se empeñan en salvaguardar uno de sus principios fundamentales: ser la voz del pueblo. Haciendo de puente entre una minoría dirigente y la población, estos artistas ejercen el doble rol de instrucción y de información, pues la prensa se encuentra a menudo secuestrada por el poder gubernamental.

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Grafitti en Saint Louis. Laura Feal.

Pero sin duda, la singularidad del rap es su rol de denuncia (función utilitarista que enlaza igualmente con las expresiones artísticas africanas precoloniales) y que se expresa sin pelos en la lengua en un contexto de hartazgo general de una juventud desilusionada y golpeada por la crisis generada por los Planes de Ajuste Estructural. A finales de los noventa asistimos al nacimiento de una libertad de expresión de un pueblo hasta ahora casi mudo.

De la alternancia política al control democrático

Desde la aparición de los primeros grupos como Positive Black Soul o Daara J, surgió no sólo un nuevo estilo musical sino también un fenómeno social entorno a una visión compartida de modelo de ciudadanía.

Du degg du yoon” (no es normal) de PBS o “Maa ko wax” (me atrevo a hablar) de Pee Froiss fueron himnos que influyeron en la concientización política de la juventud senegalesa, culminando en 2000 con la movilización masiva a favor del partido “Sopi” (Cambio) de Abdoulaye Wade, para sacar del poder a Abdou Diouf, presidente desde 1981.

Este movimiento contestatario que impulsó a los jóvenes a avanzar sin preocuparse de lo que opinen los demás o los obstáculos que puedan surgir en el camino se conoce como “Bul fallé” (-no te preocupes-en referencia a un tema de PBS) y supone el comienzo de una larga historia de compromiso a través del rap.

Pero sin duda el más mediático de los hitos de este camino es el de la creación en 2011 de la plataforma Y’en a marre (Estamos hartos) por parte del grupo Keur Gui de Kaolack y el periodista Fadel Barro y al que se unieron muchos miembros de la comunidad hip hop del país.

Denunciando la ineficacia del gobierno en la gestión de situaciones cotidianas como la falta de perspectivas para la juventud, los constantes cortes de luz y de agua o la precariedad del sistema sanitario, estos raperos se movilizaron para que Wade no pudiera presentarse a una tercera legislatura, aunque finalmente lo hizo. Estos activistas conocieron pronto el olor de las cárceles y los maltratos de los policías, tácticas que los políticos utilizaban para callar sus voces o frenar sus acciones.

El impacto social de los raperos de Keur gui fue tal que, lejos de extinguirse tras las elecciones de 2012 que finalizaron con la ascensión de Macky Sall al poder, Y’en a marre se concretizó en una agenda de proyectos (chantiers) para conseguir su nuevo objetivo: crear un “Nuevo Perfil de Senegalés” (NTS, en sus siglas en francés). Este concepto entiende que “unas instituciones nacionales sólidas solo pueden ser construidas por una sociedad responsable y una ciudadanía comprometida que actúa con integridad y que espera lo mismo de sus líderes”, en palabras de Aliou Sané.

Sin entrar a valorar la consecución de estos objetivos, la realidad es que tanto fuera como dentro de Senegal, la influencia de este movimiento de raperos abiertos, comprometidos, soñadores y que proponen un nuevo mundo, es innegable.

Panafricanismo y soberanía

En los últimos tiempos nuevas voces africanas se alzan para rescatar el viejo discurso de soberanía africana (enterrado por el de la pobreza o de la emergencia), y la exigencia de estructurar el esquema de pensamiento sobre bases endógenas. Como en el ámbito literario lo hace el también senegalés Felwin Sarr con “Afrotopia”, en lo visual destaca la directora Rama Thiaw con su último documental “Revolution won’t be televised” (la revolución no será televisada.

En la película, sobre el rol del movimiento Y’en a marre en la preservación de la democracia en Senegal, los raperos de Keur Gui, Thiat y Kilifeu evocan la urgencia de independizarse de las instituciones internacionales y reconstruirse de la visión paternalista que Occidente porta sobre África con la complicidad de parte de sus élites.

Esta reivindicación continental no es casual y gracias a las nuevas tecnologías la creación de redes de panafricanistas con una visión similar permite conexiones e influencias en tiempo real.

Si bien inspirados por Thomas Sankara, la experiencia emancipadora de Y’en a marre retorna a Burkina Faso en 2013, apoyando al rapero Smockey y el reggaeman Sams’k Le Jah entre otros a la conformación de Le Balai Citoyen  (la escoba ciudadana) uno de los movimientos cabecillas de la contestación popular que acabó con la dimisión del presidente Blaise Compaoré.

Igualmente en República Democrática del Congo, el movimiento ciudadano La Lucha con representantes raperos inspirados por la experiencia senegalesa y burkinabesa, fue clave en la revisión de la ley electoral que pretendía anclar en el poder a Joseph Kabila a la espera de un nuevo censo.

El factor común de estos movimientos no es solo la denuncia y la movilización ciudadana sino la formulación de un proyecto ideológico de corte soberanista y preocupado por los intereses de las poblaciones.

Innovando formatos en casa

A nivel interno, Y’en a marre continúa siendo un actor de denuncia social y control democrático clave, movilizando masas a través de la música. Para ello, han ideado nuevos formatos como en la lucha contra el Ebola o ante la consulta sobre la reforma constitucional realizada por el presidente Macky Sall este mismo año, realizando clips ad hoc como “Non au référendum”, o el original Journal Rappe (telediario rapeado) en el que dos de los integrantes del movimiento, Xuman recitando en francés y Keyti en wolof, denuncian las injusticias cotidianas del país.

Los raperos de Keur gui se han consagrado también en el terreno yendo a Casamance a encontrarse con los rebeldes, o al Forum Social Mundial en Túnez, por ejemplo, consiguiendo así estar en el punto de mira de la opinión pública y de alguna manera influenciar la política institucional.

Por otra parte, el gobierno de Macky Sall, fuertemente beneficiado de Y’en a marre para alcanzar el poder, aunque sabiéndose en el punto de mira tras sus contradicciones respecto al recorte del mandato presidencial de siete a cinco años, se quiere reconciliar con el movimiento con la creación del Fondo para el Desarrollo de Culturas Urbanas (FDCU) dotado de 300 millones de FCFA (450 mil euros aproximadamente). La primera tanda de candidaturas tiene por fecha el 1 de diciembre de 2016 y ha sido presentada por Malal Tall (alias Fou Malade), uno de los miembros de Y’en a marre.

Mas allá de la gran urbe: el caso de Saint Louis

Si bien es cierto que las ciudades africanas son elementos abiertos y hay una retroalimentación constante entre el campo y las urbes, es también comprensible que en las regiones la vinculación con las instituciones estatales es menor por lo que las denuncias políticas de los raperos de Dakar no calan en esta población, mayoritariamente rural.

Como dice Fadel Barro, de Y’en a marre “para un hombre (de provincia) la Constitución no tiene nada que ver con la gente: es un asunto de intelectuales, no le concierne”

Esto mismo sucede en Saint Louis, región al norte del país, frontera con Mauritania, donde el rap está muy extendido entre la juventud, si bien, no se tratan temas de política institucional. “Denunciamos la actuación de la policía, la mala situación de nuestro barrio –comenta el rapero Tandem de Ñuul Kuuk- pero no nos movilizamos en época electoral o nos posicionamos a favor o en contra de ningún candidato. Nos interesa crear ciudadanía en nuestro barrio, independientemente de las instituciones”.

El grupo Ñuul Kuuk es, junto a la asociación Jeunesse Debrouillarde el organizador del Festival Beccegu Ndar Kamm que celebra su 8ª edición entre el 23 y el 31 de diciembre de este año. Éste es uno de los tres encuentros anuales de los raperos de la región, junto con el legendario Rap Ndar y el 2H ci Rosso, ambos de larga tradición, lo que muestra la gran repercusión de este género entre la población.

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Grupo Ñuul Kuuk, Saint Louis. Laura Feal.

El colectivo de raperos está bien organizado, en dos grandes federaciones, Rap’art y St Louis Hip Hop Community, y su principal forma de difusión son las actuaciones en directo, bien en salas y festivales (financiados someramente por socios extranjeros) bien en las calles. “Solemos hacer conciertos en los barrios, sin más precio de entrada que el “Lu waa am” –lo que la gente tenga (lo que la gente esta dispuesto a dar)- que después distribuimos entre los más necesitados” –explica Tandem, también de Ñuul Kuuk.

Aunque este grupo en particular ha grabado un álbum en 2015, “Raglu”-aterrorizado-, mezclado y grabado en Francia, en general, los raperos del rural registran sus morceaux (canciones) con medios precarios como móviles o en estudios básicos de grabación.

Petit, rapero del pueblo de Gandiol, cuenta que pagan entre 5.000 y 10.000 FCFA (7,5-15 euros) dependiendo de si lleva él música o es el estudio el que pone un fondo rítmico a sus letras. Después los temas se pasan por whatasapp o USB entre la gente conocida o se hacen eco en radios locales como Teranga FM.

Conjugar rap, compromiso e identidad

Rap wolof moo raw” –el rap senegalés es el mejor-, es el eslogan que incita a privilegiar el “Galsen” (Senegal) aunque con una oreja atenta a las novedades del rap occidental, ejemplo de la valorización de si mismos de los intérpretes locales.

Y en esta necesidad de afirmación se enmarca la búsqueda de equilibrio entre la modernidad libertaria del género musical a nivel global y la voluntad de mantenerse fiel a las tradiciones del país, haciendo surgir un tipo de rap local inundado de referencias al Islam, conocido como “rap predicador”.

“El rap expresa lo que tú eres, y eso incluye también la religión”, explica el sanluisiano Tandem. El espiritualismo invade el discurso de buena parte de raperos que ha visto la compatibilidad de honorar a sus marabouts (líderes espirituales) a través de un estilo de música históricamente asociado a la modernidad y la iconoclastia, como rima el famoso Bill Diakhou en su exitoso tema “Dee mo tiss” -la muerte es triste-.

Aunque también se ha reconocido por criticar abiertamente prácticas de la comunidad islámica ( “100 commentaires” de Iba y Makhtar, que pudiendo significar sin comentarios o cientos de comentarios, ha sido un punto de inflexibilidad en la historia del rap senegalés, denunciado por ejemplo, la materialización de las fiestas religiosas o la idolatría), esta reconexión con una parte tan importante de la cultura popular ha reconciliado a los raperos con las personas mayores, que se sienten más cercanas a estos mensajes religiosos o tradicionales (como sostener financieramente a la familia, hacerles sentirse orgullosos, etc)

Aquí somos todos hijos de pescadores: nuestros temas hablan de la disminución de recursos en nuestras costas, también de la importancia de la educación o de los hermanos que han muerto en los cayucos y eso interesa, porque todos nos reconocemos”, cuenta el gandiolés Petit afirmando que su padre cambió su opinión sobre el rap cuando oyó sus letras comprometidas sobre la crudeza del mar.

Sin negar la existencia de raperos que cultivan el ego–trip, el bling-bling, o el clash, podemos concluir que tras poco más de un cuarto de siglo de historia “formal”, y cinco después del boom de Y en a Marre, el hip hop continúa siendo un movimiento comprometido en Senegal, que se inscribe en una labor de concientización ciudadana vinculada a la política pero también a la moralidad que ha distinguido siempre a los raperos locales, y que su discurso, a veces controvertido, participa en el análisis social y la construcción del país.

 

Referencias

  • La souveraineté au coeur de la contestation des jeunesses africaines. Hamidou Anne. LE MONDE 23.08.2016
  • Sénégal : Rama Thiaw, réalisatrice et lutteuse. Jeune Afrique. 09 juillet 2014
  • « Hip-hop, musique et Islam : le rap prédicateur au Sénégal ». Abdoulaye Niang. Cahiers de recherche sociologique , n° 49, 2010, p. 63-94.
  • The New Type of Senegalese under Construction: Fadel Barro and Aliou Sané on Yenamarrisme after Wade. SARAH NELSON. African Studies Quarterly | Volume 14, Issue 3 | March 2014

La Revolución no será televisada: obra maestra de la cultura urbana

La sexta edición del consolidado Film Africa sigue incrementando el tránsito de los cinéfilos que acuden a esta cita anual. Las redes sociales participan del ruido cultural del festival, con intentos de reventas o restituciones de las disputadas entradas para cada una de las películas, pues la gran mayoría se agotan un par de días antes de la proyección. Uno de los títulos más esperados es The Revolution won’t be televised (La Revolución no será televisada), de la directora mauritano-senegalesa Rama Thiaw. El documental ha marcado historia en el mundo del cine tras ser la primera película con un 80 por ciento de producción senegalesa seleccionada y galardonada en el prestigioso festival de cine internacional de Berlín, la Berlinale.

914c5ee6c5ec62067db9091470238cecDesde entonces, la película circula por numerosos festivales, tanto en Senegal como en otros países africanos, europeos y americanos. Si este hecho no fuera bastante para generar expectación entre el público londinense, Film Africa añadía no solo la invitación a la directora, para presentar y debatir sobre la película tras la proyección, sino también, un concierto gratuito del grupo de rap senegalés que protagoniza la película, Keur Gi, en el ático del cine, The Ritzy, en pleno corazón del barrio de Brixton.

Si ya en Wiriko contábamos la paradójica situación actual de este Reino (des)Unido desde la votación del Brexit, en la crítica de A United Kingdom (Amma Asante, 2016, Reino Unido), en este caso, los perjudicados han sido los artistas del grupo de rap Keur Gi, a quienes las fronteras de Reino Unido han cerrado sus puertas, denegándoles el visado, por cambios de los requisitos provocados por la salida del país británico de la Unión Europea. “Es la primera vez en la historia de Film Africa que se deniegan visados, y el caso de los raperos de Keur Gi no ha sido aislado”, informan los organizadores del festival, de la Royal African Society.

(Foto: Iván González. Web: www.ivangonzalez.co.uk)

El documental se sitúa a principios de 2012, cuando la sociedad senegalesa, protagonizada por los raperos del grupo Keur Gi, Thiat y Kilifeu, se movilizó de manera masiva, saliendo pacíficamente a las calles para reclamar la invalidación de la candidatura de Abdoulaye Wade, quien llevaba en el gobierno 12 años (2000-2012), y que sería derrotado por la oposición Macky Sall (2012-presente). Justo este año, el actual presidente de la república senegalesa lanzaba un referéndum de proyecto de reforma constitucional para acortar el mandato de siete a cinco años, que podrá aplicarse desde la próxima presidencia, según lo indica la constitución senegalesa – y lo cual dio lugar también a mucha polémica entre el colectivo de Y’en A Marre, como muestra la canción “Non au référendum”, y otros raperos de referencia, como Xuman y Keyti, del Journal Télévisé Rappé.

El título del documental de Rama Thiaw está inspirado en la canción de los setenta de Gil Scott-Heron, miembro del movimiento americano marxista The Black Panthers: “Cuando escuché la canción The Revolution won’t be televised encontré un eco entre nuestra revolución y la que sucedió en los setenta en Estados Unidos”, apuntaba la directora. “Los medios no cubrían correctamente nuestra revolución. Hablaban simplemente de algunos raperos que estaban haciendo ruido. Eso es porque todavía estamos colonizados. Al gobierno francés no le convenía tener una ‘primavera negra’ porque ya tenían una ‘primavera árabe’”. Eso fue lo que motivó a la directora a filmar la revolución no televisada, acompañando el día a día de la revolución, las manifestaciones en las calles, en plena plaza del Obelisco de Dakar o de la Independencia, en las distintas regiones senegalesas donde se hizo una campaña de sensibilización para salir a votar la oposición de Wade, en espacios de discursos y representación con una música cargada de compromiso político, o en la casa donde se reunían los miembros del colectivo “Y’en A Marre” protagonista de la revolución, y liderado por los raperos de Keur Gi, Thiat, Kilifeu y el DJ Gadiaga, quienes, según declara Thiat en la película, encuentran que el mayor reto como artistas es aportar lo mismo que les ha dado a conocer como activistas.

Estos planos de documental observacional, interactivo, con una posición interna clave para contar la historia, en el día a día de la revolución, desde el acompañamiento de los raperos de Keur Gi, muestran una posición clave de la realizadora –quien ha logrado completar el film tras seis años de producción, con su propia compañía Boul Fale Images– para adentrarse en la revolución de un país tan pacífico “donde ver un arma sería tan raro como ver un dólar cayendo del cielo”, decía Thiaw. Según la directora, esa es la revolución, el día a día, lo que sucede entre bambalinas: “Una revolución no es lo que te muestra la televisión. Dura mucho tiempo. Es un largo viaje”. Otro de los retos era el lograr contar este momento histórico a través de una coherencia entre el fondo y la forma, ya que la directora considera que las diferencias entre cine de ficción y cine documental no están tan marcadas como se cree: “Para mí el colocar la cámara en un determinado ángulo es un acto político, yo no creo en la objetividad, y era muy importante cuidar la calidad técnica. Pasamos mucho tiempo calibrando las cámaras para conseguir por ejemplo una luz apropiada para filmar a negros, porque las cámaras están diseñadas para filmar a blancos”.

El resultado es una pieza donde sucesos reales se entremezclan con momentos de back-stage con los artistas, actuaciones de los raperos, paradas por distintas regiones senegalesas donde estos hablaban con los vecinos y les animaban a salir a votar por el cambio, entrevistas a los raperos por televisión con una edición multipantalla, editados rítmicamente, imágenes de videoclips de los raperos, primeros planos en plena oscuridad con una luz lateral en la que no solo hablan los raperos de manera individual, sino la poetisa y realizadora Khady Sylla –quien falleció en 2013 y a quien Rama Thiaw dedica su film–. El resultado es una obra maestra de la cultura urbana, en el que la narrativa audiovisual está compuesta por una armoniosa sintonía entre la estética del lenguaje de la cultura urbana y el fondo del contenido político de la revolución, con una cuidada edición sonora donde los testimonios, la lectura de la carta de Khady Sylla y los sonidos directos, se entremezclan con canciones de rap de la carga política de la movilización social.

Como realizadora, Rama Thiaw confiesa tener que enfrentarse a preguntas sobre género que la clasifican como mujer antes que como cineasta: “Cuando cojo una cámara, no pienso en si soy hombre o mujer. En un festival sobre mujeres me preguntaron que por qué en mi película sobre la lucha no salían mujeres, algo en lo que yo ni había caído. Es como si por ser mujer estuviéramos obligadas a filmar a mujeres. Y en realidad sí había mujeres en la multitud, como en esta película, donde están en primera línea de la revolución, pero es como si parecieran invisibles. Yo creo que antes que nada somos seres humanos y que para ser iguales tenemos que ser diferentes. Eso sí, como mujeres, tenemos que conquistar el espacio público. Algunas mujeres no querían ser filmadas o hablar ante la cámara, pero ellas también hicieron la revolución, como yo, detrás de las cámaras”.

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A pesar del mal sabor de boca que había dejado el anuncio de la denegación de visados a los raperos, el festival logró complacer a su público con el concierto de uno de los koristas senegaleses con base en Reino Unido más destacados, Kadialy Kouyate. El músico, del sur de Senegal, está a punto de lanzar su último álbum, “Na Kitabo” (en mandinka, “mi libro”), y ha tocado en numerosos festivales y salas de prestigio por todo el mundo, tanto como solista como en colaboración con números artistas de distintos países. En un ático del histórico cine de Brixton, The Ritzy, tanto él como su banda, Kadialy Kouyate and Sound Archive, mostraron un absoluto dominio de la escena ofreciendo al público un espectáculo de gran energía y riqueza sonora.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko como medio oficial del Film Africa está ofreciendo a la audiencia en español.

Retratar un Clima. Entrevista a Elise Fitte-Duval

«Nos hemos descubierto capaces de hacer cosas que nunca habíamos sospechado.
El mapa de lo posible es otro, el clima es otro».
Amador Fernández Savater, en «Cómo se organiza un clima»

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Elise Fitte-Duval nació en Martinica pero vive en Dakar desde el 2001. Tras haber realizado un intenso trabajo durante las movilizaciones ciudadanas en Senegal entre 2011 y 2012, vino a Madrid, entre noviembre y diciembre del pasado año para retratar lo que está sucediendo en esta ciudad tras el estallido del 15M y cómo los movimientos sociales se organizan frente a las elecciones municipales de mayo de 2015.

En 2010 presenta la serie «Vivir con los pies bajo el agua», sobre las inundaciones de la periferia de Dakar donde aborda los problemas ligados al medioambiente. Con este  trabajo es premiada en la Bienal de Fotografía de Bamako en noviembre de 2011, presentando su trabajo en Casa África con la exposición “Cuerpo a Cuerpo”.

Durante su residencia madrileña, Elise intentó retratar cómo se producía el clima que cambia las posiciones del mapa de lo posible. Reivindicaciones, activismos, movilizaciones, acciones diversas que se expresan en Madrid y que tienen también su resonancia en otros puntos del globo.

“ Retratar un Clima”, nombre de su proyecto de creación, parte de la premisa que es posible y necesario crear un diálogo entre las movilizaciones que se suceden, se enlazan y se afectan en las ciudades de todo el mundo. Una forma de descubrir los sistemas-mundos en primera persona.

De Dakar a Madrid los documentos visuales de Elise Fitte-Duval responden al compromiso de la artista frente a la realidad cambiante y compleja. Un trabajo que desborda el formato del reportaje y que se construye con honestidad a partir de los gestos y atmósferas que retrata.

A su vuelta a Dakar, hemos charlado con Elise sobre sus impresiones tras estas tres semanas de estancia en Madrid.

¿Cómo comenzó tú interés por las movilizaciones ciudadanas?

Desde los movimientos antiglobalización me interesa la gente que busca otras alternativas al sistema en crisis en el que vivimos. En el caso de Senegal a partir de 2011,  la ciudadanía se organizó tras el intento del gobierno de una reforma constitucional que ampliaba el límite de mandatos presidenciales y que permitía presentarse por tercera vez al presidente Abdoulaye Wade. En marzo de ese año conozco el movimiento Y’en a Marre. Un movimiento compuesto por raperos y periodistas que proponía empoderar a la ciudadanía, informándola, por ejemplo, de las diferentes propuestas de cada partido, animándola a inscribirse en el censo electoral para ejercer su derecho a voto organizando intervenciones solidarias en los barrios…Por esta razón me interesaron y decidí seguir a Y’en a marre y a la ciudadanía en general de junio 2011 hasta las elecciones de marzo de 2012.

¿Qué es lo que te ha llevado a captar las movilizaciones ciudadanas de Madrid?

Aunque nacieron por diferentes razones, el 15m como el movimiento Y’en a Marre surgieron más o menos en el mismo momento y se inspiraron ambos de la primaveras árabes. Sin embargo me daba la impresión que aquí la huella seguía siendo mucho más presente que en Senegal. Por esta razón quería venir a Madrid a conocer sus protagonistas, sus problemáticas, sus atmósferas. Además me interesaba todo el proceso previo a las elecciones. Conocer y captar cómo se crea la politización de la gente que participa, cómo la mantiene, cómo la vive. Mostrar los limites y potencialidades de estos movimientos.

¿Cuales son para ti las diferencias y similitudes entre el movimiento del 15M y el de Y’en a marre?

Aunque digáis “aquí que estamos muy mal, que esto es como el tercer mundo, que los políticos hacen lo que quieren, la economía va muy mal,” creo que a pesar del empobrecimiento de la población española todavía hay unas condiciones mucho mejores que el de la población senegalesa que le permiten, desde mi punto de vista, organizarse en procesos con más posibilidad de largo plazo y mayor alcance. Y eso, creo, se debe a los recursos humanos y materiales que dispone aún la ciudadanía española a diferencia de la senegalesa.

En Senegal la gente tiene que responder a diferentes urgencias de supervivencia que le impiden comprometerse plenamente en estos procesos emancipatorios. Los propios movimientos ciudadanos no tienen medios suficientes por lo que se ven obligados a ser financiados externamente, como ha sido el caso de Y’en a Marre que recibe dinero de diferentes ongs extranjeras y de programas de la ONU, perdiendo su credibilidad de autonomía frente a la población y transformado a sus ojos una apuesta cívica en una apuesta meramente política, en el sentido, de la política de partido clásica.

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Tras estas semanas ¿qué es lo que mas te ha marcado de los procesos de organización ciudadana en la ciudad de Madrid?

Antes de venir no tenia una idea muy concreta de lo que me podría encontrar. En relación al nivel de compromiso de la población, a pesar de lo que me decían, que no hay sindicatos fuertes, etc…he tenido la impresión que había una historia del “Compromiso” muy fuerte en España. Una especie de fe en la acción colectiva como herramienta de cambio. Este posicionamiento me ha impresionado. Un empoderamiento sobre la idea de que juntos podemos, de que en soledad no se va muy lejos, pero sí juntos. Discutiendo con las diferentes personas que he retratado, con los artistas que he encontrado, pienso en Cecilia Barriga y Enrique Flores, me mencionaban cómo el 15M ha sido un punto de inflexión de la práctica política de la ciudadanía.

Creo que la diferencia con la ciudadanía senegalesa es que todavía hay esa creencia de que la respuesta estará en el jefe, el presidente, etc…cualquier instancia que se inscriba jerárquicamente más arriba.

Es muy interesante cómo el 15m ha desencadenado la politización de la gente que no estaba ligada a ella profesionalmente y de cómo esa participación se desarrolla desde la vivencia concreta de cada persona. En general me ha dado una visión de optimismo. Y no se trata de un optimismo ingenuo, sino de un agenciamiento colectivo que ha producido la esperanza en el cambio y la posibilidad de que realmente este se produzca.

Siempre me ha interesado tú manera poética e íntima de retratar la actualidad política ¿nos podrías contar cómo nació esa necesidad de mostrar esa parte de atrás, esa retaguardia del activismo?

Yo no soy una reportera política. Desde el inicio, y en todos lo temas que toco, intento mostrar la parte humana, concreta, e íntima. Mi trabajo esquiva bastante la actualidad periodística. En Senegal incluso durante el proceso electoral intentaba encontrar a los políticos en otros momentos y espacios fuera de la campaña, y no era fácil conseguirlo. Quería mostrar al político de otra manera, en otros términos.  Cuando comencé fotografiar el movimiento Y’en a marre, intentaba darles una cara más humana, más cercana… una especie de narrativa lejos de la imagen acartonada que pueden dar los medios de comunicación tradicionales. Cuando salía a la calle a fotografiarles no lo hacía solamente para retratara sus líderes sino a todo ese ecosistema humano que estaba produciendo el movimiento. Quería entender cómo se producía o se estaba produciendo ese toma de conciencia en la población

En Madrid, tenia la misma intención. Creo que en Madrid, aunque ha sido un período muy corto, he estado más cerca de ese objetivo. Como no era un momento álgido de manifestaciones, pude acercarme más a la gente en el día a día de su activismo. Me gustaría pensar, especialmente en el caso de los retratos, que puedes y pude casi tocarlos.

……

Al termino de la conversación Elise me pregunta sobre cómo va el proceso de confluencia entre Podemos y Ganemos Madrid, en si el Patio de Maravillas encontró algún espacio para mudarse, las últimas acciones de la Oficina de Vivienda o cómo fue la última fiesta en Vaciador34. Me comparte su estupor y tristeza por el fallecimiento de Salome Ramirez que tuvo la suerte de encontrar durante su residencia en Cruce. De que le gustaría volver  y captar la movilización cuando las elecciones pasen.  Esperemos que vuelva, que siga mirándonos de esa forma, tan cercana y cómplice, que consigue desbordar y conectar mapas comunes de lucha.

 

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Mati Diop, directora de ‘Milles soleils’, premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Fotograma del actor Magaye Niang interpretando a Mory cuarenta años después en ‘Milles soleils’.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.

Los raperos senegaleses, de la calle al telediario

* Éste artículo fue originalmente publicado en el Boletín Trimestral del Centro de Estudios Africanos e Interculturales de Barcelona, el 4 de Julio de 2013. 

 

Como dice Balandier, las ciudades africanas son laboratorios culturales (Robert, 2006:145). Dakar no es una excepción y, con una tradición estatal que en su día forjó la cultura como un bien público (Mbaye: 2011), se ha convertido en los últimos meses en un paradigma del éxito para los movimientos de participación ciudadana. Mientras la Primavera Árabe o el movimiento de los Indignados en España acaparaban los medios de comunicación occidentales, en la capital senegalesa masas de jóvenes desencantados por la crisis social, económica y política que vivía el país, se movilizaban alrededor de una plataforma surgida en el seno de la escena hip hop senegalesa.

Los primeros impulsores de la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) fueron el grupo de rap Keur Gui (de la ciudad de Kaolack) y el periodista Fadel Barro, a los que se unieron otros miembros de la comunidad hip hop del país como DJs, productores, grafiteros, bailarines, o Emcees como Fou Malade. El movimiento, que nació el 18 de enero de 2011, denunciaba los recurrentes cortes de luz, pero pronto las reivindicaciones se nutrieron de otras preocupaciones que afectaban a los jóvenes del país y que minaban sus perspectivas de futuro, como el elevado coste de vida, las altísimas tasas de desempleo juvenil, un sistema sanitario ineficaz o el fracaso de la educación pública.

Ya en el año 2000 -cuando el hip hop se había consolidado desde hacía más de una década como una de las subculturas más extendidas en Senegal- la comunidad de raperos del país consiguió movilizar los votos de la juventud (que representa un 60% de la población) a favor de Abdoulaye Wade, para sacar del poder a Abdou Diouf  -presidente desde 1981- (Künzler, 2006:4). Así que en 2011 los “soldados del micrófono” -según la expresión acuñada por el grupo Daara J para referirse a los miembros de la comunidad hip hopera- se movilizaron nuevamente a través de la música a modo de “cartas abiertas” al presidente (Künzler, 2012:92) para evitar que Abdoulaye Wade, con un fracaso flagrante en sus políticas económicas, pudiera presentarse a una tercera legislatura.

The Revolution Won’t Be Televised VOST EN from rama thiaw on Vimeo.

Estos Griots modernos se erigieron como impulsores del diálogo social y la crítica a la administración del Estado, a partir de una nueva oralidad adaptada a los tiempos contemporáneos. Las emisoras de radio y los canales de televisión –liberalizados- les sirvieron de trampolín para contagiar el espíritu crítico, y así, la invasión del espacio público prendió de facto con manifestaciones, sentadas, bloqueo de carreteras, asambleas de barrios, charlas, conciertos y proyecciones (Prause: 2013). La participación social se disparó y los jóvenes se lanzaron a la calle con una nueva consciencia. La representación de sí mismos se positivó reinventando un perfil de generación constructiva -y no solo crítica-, madura -y no solo rebelde-, pacífica y comprometida con el bien común, responsable de su presente y su futuro. El estigma que el desempleo juvenil había arrojado sobre los jóvenes senegaleses, tachándolos de holgazanes y hasta gánsteres (Prause: 2013) se transformó en un mero estereotipo injustificado, empoderando no tan solo a una generación, sino a toda la sociedad senegalesa. Con el talante natural de inclusión social de los raperos senegaleses, o tal como ellos mismos dicen, el hecho de que no importe tanto “de dónde vienes sino dónde estás” (Mbaye: 2011) se esbozó un Nuevo Perfil de Senegalés (NTS) acorde a la filosofía del movimiento y a las necesidad de una ciudadanía activa.

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El 23 de Junio de 2011 se unieron a la plataforma Y’en a marre partidos de la oposición, sindicatos y sociedad civil bajo el manto del movimiento que bautizaron como M23, adoptando el lema “mi voto, mi arma” que invadió la plaza del Obelisco, en el centro de Dakar. A ellos se había unido SUNU2012 (nuestro2012), un colectivo de blogueros e informáticos dispuestos a llevar la revolución al mundo digital para favorecer una regeneración democrática.

El 26 de febrero de 2012, Macky Sall se convirtió en el cuarto presidente de la república con el 65’8% de los votos y a todos gustó la iniciativa que emprendió en agosto de 2012, disolviendo el Senado y dedicando sus fondos (unos 7 millones de euros) a los damnificados por las inundaciones que azotaban el país. Pero Y’en a marre no ha dejado de actuar como instrumento para el control político. A modo de centinela, no cesa de ejercer la denuncia social y sigue movilizando las masas del país al margen de la política institucional. Artistas ligados al movimiento como Sista Fa, Daara J Family o Didier Awadi (líder del primer grupo de hip hop internacional africano Positive Black Soul (PBS)) siguen resonando con fuerza en las principales emisoras de radio senegalesas y trascienden las fronteras nacionales gracias a revistas como la senegaleso-noruega Kingsize, la franco-senegalesa Rapwolof o el portal Africanhiphop.

Su último hachazo es un noticiario rapeado, o Journal Rappéque utiliza los medios audiovisuales para denunciar condiciones tales como la apropiación indebida de tierras, la frágil situación de los niños taalibé mendigando por las calles o la subida de las tasas universitarias. Así, dos de los integrantes del movimiento Y’en a marre (los raperos Xuman recitando en francés Keyti en wolof), ejercen la protesta mediática con un nuevo soporte, donde la carta abierta se sirve de un nuevo formato que les permite multiplicar su visibilidad. En uno de los telediarios, los jóvenes advierten al presidente Macky Sall que la política del vientre -tal como la describe Jean-François Bayart- y los tejemanejes corporativos para conseguir hincar el diente a una porción de la tarta nacional le pueden costar la legitimidad a su gobierno. Y aunque los informativos se sirvan de guiños humorísticos constantes, el partido de la Alianza por la República (APR) de Macky Sall deberá seguir atento a la voz de los raperos y someterse a la voluntad del pueblo si quiere preservar la convivencia pacífica que representa el equilibrio entre el sempiterno binomio tradición-modernidad.

En los distintos telediarios semanales, Xuman y Keyti nos hablan de asuntos tales como los preparativos del Mundial de Fútbol 2014 (Brasil) o relatan la visita de Obama a África, criticando y analizando la actualidad tanto nacional como internacional:

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Referencias bibliográficas:

KünzlerDaniel. The ‘Lost Generation’: African Hip Hop movements and the protest of the young (male) urban en Mark Herkenrath, Civil society: local and regional responses to global challenges, 2007.

Künzler, Daniel. y Reuster-Jahn, Uta. “Mr. President”: Musical Open Letters as Political Commentary in Africa enAfrica Today, Volume 59, Number 1, Fall 2012, pp. 89-113.

LagarrigaDídac. Hip hop a l’Àfrica. Recorreguts i maneres. Barcelona: Oozebap, 2006.

Mbaye, Jenny. Musical Entrpreneurship in Senegal: Insights from the Hip Hop community.  Dakar, 2011.

Niang, Abdoulaye. Bboys: hip-hop culture in Dakar, Sénégal en Nilan y Feixa, Global Youth? Hybrid identities, plural worlds. New York: Routledge, 2006.

Prause, LouisaMit Rap zur Revolte: Die Bewegung Y’en a marre en PROKLA 170, Vol.43 (2013) No.1