De Eros a Oshun: el ‘Decamerón Negro’ llega al teatro

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Eros: En la mitología griega, era el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad.

Oshun: Òşun es una de las deidades de la religión yoruba. Es el Òrìşà de las aguas dulces, de la sensualidad, la coquetería, la sexualidad femenina, el amor y la fertilidad.

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Cartel del espectáculo 'Decamerón Negro'Somos cuerpos que se gozan” rezaba uno de los actores de Decamerón Negro (de L’Om Imprebis), representada en el Teatro Canal de Madrid hasta el 15 de diciembre y que está basada en la obra escrita por el africanista Leo Frobenius a principio de siglo XX.

Inspirada en los relatos sobre el amor y la guerra que Frobenius se encargó de recoger y transcribir de 1904 a 1915 en sus largas expediciones por África, “Decamerón Negro” es un recorrido por algunas historias tanto de África como de los otros continentes donde la sensualidad es la verdadera protagonista del relato. La obra, dirigida por Santiago Sánchez y el burkinés Hassane Kassi Kouyaté, parte de la historia de la creación del mundo con un guiño a la mitología china: Pangu.

“Pangu nació de un huevo cósmico, creó el cielo y la tierra; de su respiración surgió el viento; de su voz el trueno, del ojo izquierdo el sol y del derecho la luna. Su cuerpo se transformó en las montañas, su sangre en los ríos, sus músculos en las tierras fértiles, el vello de su cara en las estrellas y la Vía Láctea. Su pelo dio origen a los bosques, sus huesos a los minerales de valor, la médula a los diamantes sagrados. Su sudor cayó en forma de lluvia y las pequeñas criaturas que poblaban su cuerpo, llevadas por el viento, se convirtieron en los seres humanos. Y de su corazón, partido en dos, el hombre y la mujer, a la vez.”

Porque según L’Om Imprebis su obra “es un recorrido por la sensualidad del mundo entero”. Y es con esta obra, junto con Santiago Sánchez, que el griot Hassane Kassi Kouyaté se estrena como co-director, en nuestro país. Este nacimiento representado en “Decamerón Negro” continúa con el relato de cómo se encontraron los hombres y las mujeres en el mundo, cómo descubrieron sus cuerpos y cómo aprendieron a tocarse, amarse y saborearse.

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Desde relatos de varias partes de África o del Amazonas como Luna, Las flautas de Yurupari o La herida, pasando por El libro de los abrazos de Galeano (grata sorpresa), hasta el Libro del buen amor del Arcipreste de Hita, Las mil y una Noches, y por supuesto, el Decamerón de Boccaccio. Este último nos remite al puro erotismo regido por Eros y por la idea del carpe diem y es el que inspiró a Froebius para bautizar a su obra y el que nos guía en el viaje que realizamos en la sala del Teatro Canal.

Flamenco, tango, danza africanas, djembés, maracas y la voz, son elementos que tienden puentes e hilan historias, bien hiladas. Ello bajo la idea de “espectáculo total”, en la que los actores y actrices, de forma polifacética, cantan, bailan y narran estos relatos. Quizá lo hacen con un tono demasiado pueril que hace esas historias cargadas de erotismo más descafeinadas de lo que pretendía Bocaccio en el siglo XIV con su Decamerón. Un tono más arriba, hubiese podido transportar más profundamente al viaje erótico pretendido.

Con una idea totalmente opuesta al pasaje bíblico del nacimiento de la mujer de la costilla de Adán que pregona la Biblia, la obra parte de la idea del corazón partido por la mitad de Pangu, del que sale la mujer y el hombre, a la vez. Este camino por los relatos eróticos en los que la mujer tiene un papel esencial, rompe su ritmo en algún momento para caer en la estereotipada utilización de sus “armas de mujer” —su físico y su belleza—, para reivindicar así su inteligencia. Un entrada a un jardín de interpretaciones que quizá sería mejor evitar.

sin título (1 de 2)En esta oda a la sexualidad, también hay espacio para la homosexualidad, como no hubiese podido ser de otra manera. El amor entre mujeres cuando “amasan el pan” en la panadería y el tango seductor que bailan los hombres, irrumpe en escena sin tapujos y con naturalidad. De la misma manera, la idea de orgía está presente toda la obra: una orgía de danza y de cuerpos que los actores y actrices se esmeran en transmitir con una gran belleza.

Poder ver algunos de los pasajes de la obra “Decamerón Negro” de Leo Frobenius llevada al teatro es esperanzador y una declaración de intenciones de acercar la tradición oral del África Negra. También lo es mostrar el amor y la sexualidad desde un punto de vista antagónico a lo que estamos acostumbrados. Como dice su director Santiago Sánchez: “La narración africana está marcada por la ausencia del concepto de pecado; el cuerpo es un lugar de encuentro de placer, no hay una barrera mental”. Y es que somos cuerpos que se gozan…

 

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Vanessa Anaya
Licenciada en Sociología (UB), postgraduada en Desarrollo Internacional (Setem/UPC) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Sus ámbitos de interés son el arte, el género, el desarrollo y las nuevas tecnologías para la comunicación y la transformación social. Coordina la sección de Artes Visuales. Contacto: vanessa@wiriko.org
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  1. […] de Sofocles, para representarla delante de los demás presos. Esta tragicomedia, dirigida por Hassane Kassi Kouyaté e interpretada por la compañía  Deux Temps Trois Mouvements, se inscribe en el F estival […]

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