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Algo viejo para empezar algo nuevo: la arquitectura en Mali

La arquitectura vernácula de Mali es el entendimiento perfecto entre sabiduría popular, identidad cultural, sostenibilidad y adaptación al medio. Sin embargo, la globalización y un conflicto que no llega a su fin hacen que estos antiguos muros de adobe se tambaleen.

En la unión de  los ríos Níger y Bani se levanta la ciudad de Mopti apretujada por la escasez de terreno. A pesar de las estrecheces, han encontrado un hueco para alojar el Centro de Arquitectura en Tierra, una iniciativa de Aga Khan Trust for Culture con el apoyo del Ministerio de Cultura maliense y el Ayuntamiento de Mopti. Allí, Aicha Diombélé encargada de su exposición permanente sobre la arquitectura en tierra, rodeada de  fotografías, materiales, maquetas y reproducciones de las principales construcciones de adobe del país,  nos expone los motivos y objetivos de este proyecto.

Salif Kone y Aicha Diombélé, director del Centre de Arquitectura en tierra de Mompti y encargada de la exposición permanente.

El centro se construyó en el año 2010 durante el cincuentenario de la independencia de Malí y marca la finalización de la restauración de las mezquitas de Mopti, Djenné y Tombuctú. Nuestra misión es promover y poner en valor la arquitectura en tierra en África del Oeste ofreciendo recursos documentales en la biblioteca y competencias técnicas en cursos regulares de formación profesional”. Naturalmente el edificio del centro está construido con bloques de tierra prensada, una versión evolucionada que utiliza una prensa mecánica para conseguir ladrillos más impermeables y resistentes, y es obra del arquitecto burkinabés Francis Kéré.

Centre de l´Architecture en Terre de Mopti.

Aicha, de etnia Dogón, nos explica con orgullo  que “el uso de adobe o bancó como material de construcción se practica en África desde tiempos inmemoriales. Arcilla, arena, paja, cáscaras de arroz son la base de los ladrillos, que incluyen otros materiales orgánicos como la goma arábiga, polvo de fruto de baobab, manteca de carité o taninos. Estos materiales varían según la disponibilidad en cada zona. Es una tradición antigua transmitida de generación en generación,  pero también es actualmente un método de construcción muy extendido por la disponibilidad de materiales de base en el delta interior del río Níger”. Unos materiales que, añade con tristeza, “se encuentran amenazados por los bloques de cemento y chapas de acero, que parecen más duraderos pero son mucho más contaminantes, no se adaptan a nuestro clima y destruyen la plasticidad de las construcciones tradicionales africanas. Muchos africanos creen que la arquitectura tradicional se ha quedado anticuada y prefieren los materiales y técnicas occidentales que entienden como más correctas, modernas y propias de gente adinerada”. 

La arquitectura de Malí ve cómo sus raíces vernáculas parecen debilitarse gradual e inevitablemente por diferentes conflictos políticos, el duro clima del Sahel, una sociedad empobrecida y en crisis de identidad, y una transformación tecnológica acelerada pero necesaria para sobrevivir en un mundo globalizado. Sin embargo, no todo está en contra, la arquitectura vernácula maliense cuenta con dos potentes aliados en su lucha por la supervivencia.

Por un lado la UNESCO que, en su batalla continua por el rescate de áreas patrimoniales en todo el mundo, incluye en su declaración de Patrimonio de la Humanidad cuatro localizaciones malienses y las cuatro son construcciones en tierra.

  1. Las ciudades antiguas de Djenné: Pobladas desde el año 250 a.C. fueron un  centro mercantil importante y eslabón de la ruta transahariana del oro. Allí se conservan unas 2000 viviendas tradicionales y su impresionante mezquita. Consideradas en peligro desde 2016 debido a que la inseguridad de la zona hace imposible la toma de medidas para combatir el deterioro de los materiales en la ciudad histórica, la presión urbana y la erosión de los sitios arqueológicos.
  2. Tombuctú: Conocida como “La ciudad de los 333 santos” fue una de las capitales intelectuales  y espirituales del Islam durante los siglos XV y XVI. Son testigos de su pasada edad de oro la prestigiosa universidad coránica de Sankoré, las tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia e importantes mausoleos.  Declarada en peligro desde 2012 debido al ataque destructor de grupos islamistas radicales durante el golpe de estado militar, ha sido recientemente protagonista de la primera sentencia de la Corte Penal Internacional que considera crimen de guerra el derribo de edificios históricos y religiosos.
  3. Tumba de los Askia: Declarada en peligro a la vez que Tombuctú y por los mismos motivos. Se trata de una espectacular estructura piramidal de 17 metros de altura que alberga la tumba de la dinastía de los Askia, erigida en Gao en 1495 por Askia Mohamed, emperador de Songhai.
  4. El País Dogón y la Falla de Bandiagara: El paisaje vertical de los acantilados llenos de viviendas, graneros, altares y santuarios hace que sea uno de los lugares más impresionantes de África Occidental. Además de su increíble arquitectura se conservan antiguas tradiciones sociales como la confección de máscaras, la celebración de fiestas populares, rituales y ceremonias de culto a los antepasados. Todo esto lo convirtió durante las últimas décadas en un destino turístico floreciente. Hoy, por la inseguridad de la zona, pocos se animan visitarlo y gran parte de la antes próspera población se ha desplazado a la hacinada Bamako en busca de otra forma de vida dejando atrás las ancestrales construcciones de barro.

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Por otra parte existe una naciente generación de arquitectos, artesanos y usuarios que, apreciando y defendiendo con orgullo esta arquitectura y los valores que en ella subyacen, siguen los pasos del arquitecto egipcio Hassan Fathy que recomendaba “construir tu arquitectura con lo que tienes bajo los pies”.

Como ejemplo Aicha nos da algunos detalles de la restauración de la mezquita de Mopti: “Tradicionalmente todo el mundo se implicaba en los trabajos anuales de restauración. Se repartían las tareas, era un trabajo colectivo que se ha ido abandonando con el tiempo. Durante la restauración de 2006 fue muy importante la implicación de los albañiles y artesanos de la ciudad, se reemplazaron los elementos estructurales dañados utilizando ladrillos de tierra mezclada con cáscaras de arroz. Se recuperó esa forma de trabajar, no podía ser de otra manera. También se impartieron cursos de formación para garantizar la continuidad de estos trabajos. Después de esta restauración, la mezquita pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Malí”. 

La enredada situación de Mali reúne aspectos históricos, culturales, económicos, políticos y militares además de multitud de actores muy diversos que hacen difícil una solución a corto plazo. Esta realidad amenaza las formas de vida más tradicionales y marca el ritmo y rumbo de su evolución en el futuro. Sin embargo al despedirnos de Aicha vemos que, aunque el contexto no ayude, en su sonrisa todavía se refleja la ilusión, la dignidad y la fuerza de un pueblo que no se rinde y defiende una cultura rica e intensa que se sostiene literalmente sobre cimientos de tierra.