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Los 10 mejores álbumes para este “veroño”

Con casi 4 millones de visualizaciones en YouTube, ‘Despacito’, el reguetón de Luis Fonsi es uno de los temas más escuchados del verano en las principales emisoras y pistas de baile. Por suerte, Wiriko no se rige por lo que suena en Los 40 Principales ni la Cadena 100, como tampoco lo hacen la mayoría de nuestro lectores y lectoras, ni nuestros fieles oyentes de cada viernes. Nuestro ranking de álbumes que nos han acompañado este verano, y que nos llegan ahora para disfrutar del otoño, lo hemos elaborado con una minuciosa selección de las mejores novedades discográficas que vienen de África y su(s) diáspora(s). Así que, aquí tenéis nuestro TOP 10 de lo más fresco que ha marcado el ritmo de nuestras últimas y sofocantes semanas, y que marcarán, por supuesto este “veroño” 2017 (o aquello a lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel). ¡Para que la vuelta al cole te sea más leve!

¡Dale al play y sube el volúmen! 

 

10. AMADOU & MARIAM – LA CONFUSIÓN (Because Music, 2017)

Aunque oficialmente no sale a la venta hasta el 22 de septiembre, LA CONFUSIÓN, del dueto Amadou & Mariam ha sido uno de los discos más esperados de la temporada desde que viera la luz su poderoso EP Bafou Safou, el pasado 14 de abril. Con su nuevo álbum «La Confusión», la música disco y el funk modernizan el pop maliense, que se mezcla con bambara y francés para compartir mensajes de celebración y críticas a la situación política y social de Mali, que obliga al exilio aún a muchas personas. También, como es habitual, hay lugar en este álbum para reivindicar la situación de las mujeres en la sociedad. ¡Este dueto nunca defrauda!


9. MSAFIRI ZAWOSE – UHAMIAJI (Soundway Records, 2017)

Esta nueva pieza del tanzano Msafiri redefine los límites de la música gogo (una comunidad de no más de 1 millón y medio de personas en el región de Dodoma). Hijo del prolífico músico Hukwe Zawose, Msafiri se aventura en este larga duración en la experimentación sonora y construye un discurso afrofuturista que lleva la marca inconfundible de los compañeros de Santuri Safari, que llevan algunos años ya revolucionando la escena musical del África del Este. Uhamiaji, grabado entre Londres y Bagamoyo, combina las harmonías vocales gogo e instrumentos tradicionales como la ilimba o el zeze con harmonías vocales emotivas y los sintetizadores de Sam Jones, de SoundThread, que ha trabajado previamente con Orlando Julius, Mugwsia International o Sarabi. ¡Una verdadera sorpresa!


8. MOKOOMBA – LUYANDO (Outhere Records, 2017)

Desde marzo que no nos podemos sacar de la cabeza Luyando, el tercer álbum de la joven banda zimbabuense Mokoomba. Después de haber pisado algunos de los principales festivales y escenarios del mundo con su poderoso Zimrock, en Luyando (‘amor a la madre, en Tonga) se desnudan en acústico y nos sumergen en un baño por los sonidos más enraizados a las laderas de las Cataratas Victoria. Las tradiciones Tonga y Luvale són el epicentro de este álbum, que habla tanto de rituales de iniciación y de festejos populares, como se lamenta por tener que apartarse demasiado tiempo de su hogar para trabajar. ¡Sin duda, uno de los mejores álbumes que nos va a brindar este 2017!


7. ELIDA ALMEIDA – DJUNTA KUDJER (Lusafrica, 2017)

Tras debutar en 2015 con “Ora doci Ora Margos”, el pasado 23 de marzo, la cantante caboverdiana Elida Almeida nos deleitaba con la salida de su EP “Djunta Kudjer”, un delicioso trabajo con 4 temas inéditos, entre los que destaca la versión Tabanka de “Bersu d’Oru”. Djunta Kudjer, que significa vamos a unirnos en la amistad en criollo, está compuesto por seis pistas que combinan baladas, batuque y funana con pop caboverdiano, y cuya mezcla triunfa en el archipiélago atlántico. Un trabajo grabado en La Habana a finales de 2016 y lanzado como single a comienzos de este año, que sirve como tentempié a un larga duración que tiene previsto salir a la luz este otoño.


6. JAQEE – FLY HIGH (Rootdown Records, 2017)

El pasado 19 de mayo, la ugandesa establecida en Suiza Jaqueline Nakiri Nalubale, más conocida como Jaqee, daba a luz a su quinto larga duración, Fly High. Su gran voz vuelve, una vez más, a poner el broche de oro a un estilo impregnado de pop, soul, jazz y r&b que la vuelven a coronar como una de las voces más interesantes dentro del new soul internacional. Música de baile que se convierte en indiscutible rompepistas en ‘Tambuula’ y baladas románticas como ‘Miracle’ se funden con temas tropicales como ‘All in’ o el reggae que cierra el álbum, ‘Don’t Fuss’. Catorce pistas encabezadas por un magnífico ‘Fly High’ que, aunque haya pasado desapercibido por la crítica, vuelven a situar a Jaqee como una de las mejores voces y compositoras pop del momento.


5. ZAIRE 74: THE AFRICAN ARTISTS (Wrasse Records, 2017)

El pasado mes de mayo salió a la venta un vibrante recopilatorio que reúne la crème de la crème de lo que sonó hace 43 años en el legendario festival celebrado en septiembre de 1974 en Kinshasa, actual República Democrática del Congo, por aquél entonces, conocido como Zaire. Los grandes de la música congoleña y africana del momento, Franco & TPOK Jazz, Tabu Ley Rochereau & l’Orchestre Afrisa International, la grandiosa Miriam Makeba o Abeti Masikini conforman este doble disco de 34 cortes. Una auténtica joya para los amantes de los oldies but goodies y para todo amante de los años dorados de la música africana posindependencia. (Si aún no lo has visto, aquí tienes el documental SOUL POWER (2008) completo, sobre uno de los eventos culturales más sonados que ha vivido África en motivo del combate de boxeo ‘Rumble In The Jungle’ entre Muhammad Ali y George Foreman).


4. JUPITER & OKWESS – KIN SONIC (Zamora / Glitterbeat Records, 2017)

Jupiter Bokondji, otro veterano de la escena musical de Kinshasa, presentó su segundo álbum internacional el pasado mes de marzo, y ha conseguido conquistarnos con una alquimia enriquecida por tres magos de los sonidos: Damon Albarn de Blur y Gorillaz, el violinista Warren Ellis de Bad Cave de Nick Cave y Robert del Naja, alias ‘3D’, de Massive Attack. Las frenéticas ‘Musonsu’, ‘Ofakunbolo’ o ‘Nzele Momi’ y sus poderosas guitarras han sido cabecera de algunas de las mejores fiestas y festivales de este verano. Una receta llena de energéticos funk y rock que desafía con sus letras a un sistema injusto y una política nefasta en República Democrática del Congo. Cuanto menos, un disco necesario y de referencia que no se olvida de incluir algunos cortes en acústico que dejan respirar al oyente y lo enraizan a una realidad paciente y resiliente: la de los congoleños, maestros de entereza.

 


3. OUMOU SANGARÉ – MOGOYA (No Format, 2017)

Mayo nos regaló una de las mejores primaveras sonoras con este interesante nuevo álbum de la reina de la música Wassoulou, la maliense Oumou Sangaré. Con una producción electrónica e imbuido en guitarras rockeras y sintetizadores, la tórrida voz de esta diva de los sonidos malienses del siglo XXI nos deslumbra con Yere Faga (junto al maestro de la bateria Tony Allen) y nos zarandea en Fadjamou o Kamelemba, para mecernos y retornarnos al seno de la función del griot en Mogoya o Mali Niale. ¡Un álbum de 9 cortes que no puede faltar en el repertorio de cualquier coleccionista!


2. ORCHESTRA BAOBAB – TRIBUTE TO NDIOUGA DIENG (World Circuit, 2017)

En el tercer álbum de la nueva era de la mítica banda Orchestra Baobab encontramos un nuevo cargamento de música afrolatina muy fiel a las pistas de baile del Senegal de los 70. En este álbum, la kora sigue acariciando y suavizando las rafagas cubanas de la sección de metales con la misma naturalidad que siempre lo hicieron, y en la base, el mbalax sigue asomando la cabeza para recordarnos que no estamos en el Caribe sinó en la costa atlántica africana. Las harmonías vocales cantadas en wolof le rinden tributo a su antiguo solista, Ndiouga Dieng, fallecido a finales del año pasado, a quien está dedicado este álbum. Diez temas que incluyen a Alpha – hijo de Ndiouga- en la voz y que están perfectamente dirigidas por su líder Balla Sidibe. ¡Una perfecta demostración de que los clásicos nunca pasan de moda!


1 TONY ALLEN – THE SOURCE (Blue Note Records, 2017)

Con 77 años, el arquitecto del afrobeat y una leyenda viva de la música, acaba de presentar su undécimo álbum: The Source. Con su primer larga duración para la mítica discográfica norteamericana Blue Note, el nigeriano Tony Allen demuestra cómo el hard-bob y el estilo que lo llevó a la fama junto a Fela Kuti, casan perfectamente. Invocando a las leyendas del jazz, Allen resucita a Miles Davis, Dizzy Gillespie o Duke Ellington, siguiendo con la estela del tributo a Art Blakey & the Jazz Messengers que se marca en su último EP (Blue Note, 2017). Y así es como se mezclan las aguas de dos ríos sonoros con un torrente profundo y lleno de significados y parentescos: las del Mississipi y el río Níger. ¡Una exquisita africanización del jazz!

Sia Tolno, la nueva diva del Afrobeat

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© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

Desde que en 2011 ganara el premio Découvertes de Radio France Internacional, la carrera de Sia Tolno, una kissi de 39 años que tuvo que huir de su Sierra Leona natal por culpa de la guerra, no ha hecho más que expandirse.

Si con su segundo LP internacional My Life (Lusafrica, 2011), la guineana nacida en Freetown se ganó la fama de ser una nueva revelación del Afro-Punk mandinga y se puso a los críticos musicales de Norte y Sur en el bolsillo; con su recién salido del horno tercer álbum African Woman (Lusafrica, 2014), la joven cantante de voz rasgada y grave se erige como la nueva diva del Afrobeat, dispuesta a sostener la antorcha de Fela Kuti desafiando el epicentro de la masculinidad que ha reinado tradicionalmente en el mundo de este famoso estilo nacido en Nigeria.

Si en My Life contó con el guitarrista guineano Kanté Manfila, en African Woman, es Tony Allen, con su artillería de Funk, highlife y percusión Yoruba quien convierte a esta joven compositora en una auténtica apisonadora de Afrobeat.

¿Qué ha cambiado en tu carrera desde que te premiaron con el RFI Découvertes de 2011? 

Muchísimas cosas. Este premio me ayudó a estar más cerca de mi público africano y también a conocer mejor mi continente y las cosas positivas de África. En todos los sentidos, creo que encendió mi inspiración.

¿Cuál ha sido tu evolución musical desde tu primer álbum hasta este tercer LP que estás presentando des del pasado 9 de Junio? ¿Qué queda de esa Sia Tolno que imitaba a Whitney Houston por los escenarios de Conakry? 

Mi evolución musical desde mi primer álbum es la misma evolución que he hecho como persona. Pero lo único que permanece de esa Sia Tolno que imitaba artistas como Whitney Houston, Piaff, Nina Simone o Tina Turner es el amor y la felicidad que me aporta tanto a mi misma como a los demás, el hacer música.

Pues créeme, este último álbum está haciendo feliz a mucha gente. Y es que African Woman viene pisando fuerte. Afrobeat con la mejor de las compañías, la de Tony Allen, batería de Fela y su director musical de 1968 a 1979, como productor.

Sí. La verdad es que me decidí por el Afrobeat porque como música revolucionaria que es, acompaña a mis palabras tal y como yo quiero que lleguen a mi público. A Tony Allen lo conocí gracias a mi sello discográfico, Lusafrica, y después de escuchar algo de su música convencí a mi productor para que lo llamara. ¿Quien mejor? Fue uno de los artífices del Afrobeat junto a Fela Kuti. Y me ha encantado trabajar con él, porque lo ha hecho todo fácil. Es un espíritu positivo de nuestra sociedad africana.

¿Entonces, se ha quedado obsoleta esa etiqueta que te colgaron con tu tercer álbum de “cantante de Afro-Punk”? 

Si, totalmente. La verdad es que ya en My Life estaba claro que yo jugaba con ritmos Afrobeat a pesar de las mezclas guitarreras que agregué, y por lo que me llamaron cantante de Afro-Punk. Pero ahora esa etiqueta ya no les sirve porque mi nuevo álbum es 100% Afrobeat.

El primer sencillo de tu African Woman es Waka Waka Woman, definitivamente una canción con mucha fuerza. ¿Una carta abierta para advertir a los políticos africanos sobre la necesidad de tener en cuenta a la mujer africana? 

En Waka Waka Woman quise retratar el poder, la fuerza y la belleza tanto interior como exterior de la mujer africana. En este tema hablo del derecho de las mujeres africanas a la participación en el desarrollo político y social de África.

© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

© N’Krumah Lawson-Daku / Lusafrica

En las canciones de tu nuevo álbum hablas de todo. En Yaguine et Fodé hablas del fenómeno migratorio. En African Police hablas sobre la corrupción de la policía africana. En Rebel Leader machacas contra el dictador liberiano Charles Taylor y la sed de poder que te llevó, en realidad a huir con tu familia hacia Guinea. En Kekeleh denuncias la mutilación genital femenina. En Mama alabas el papel de tu madre y tus abuelas en tu educación… ¿Todas las letras son tuyas? 

Sí. Me inspiran mis experiencias personales y vitales, todo lo que he vivido a lo largo de mi vida. Me inspira la sociedad africana que me rodea. Y sobre todo me inspiran nuestros niños. Por eso digo que mi evolución musical y mi evolución personal van ligadas.

Me parece que African Woman es sobre todo un himno al feminismo africano aderezado con lo mejor del groove Afrobeat. Pero para sumergirte en el mundo del Afrobeat, ¿tu banda ha tenido que sufrir muchos cambios? 

‘Que va! La banda no tuvo que hacer mucho. Desde el anterior disco que el Afrobeat formó parte de nuestro repertorio habitual. El espíritu Afrobeat está entre nosotros desde el principio, y en los directos siempre hemos hecho guiños al Afrobeat. Así que para nosotros no ha habido ruptura alguna.

El lanzamiento de tu nuevo álbum te habrá llevado a tener una agenda repleta de conciertos para este 2014, ¿no? 

African Woman nos va a llevar por diferentes escenarios. Des del mes de junio tengo fechas en Marruecos, en el marco del Festival Timitar. Tenemos seis fechas en Bélgica y otras por Francia.

¡Pues deseando tenerte por la península ibérica bien pronto!

AFROBEAT (Vol. II): Kalakuta Republic y los “Band boys”

fela-kuti-456-0811102Artículo escrito por Ana Martín Onandía.

Cuando hablamos del Afrobeat en tiempos de Fela, es imprescindible tener en cuenta la estrecha relación que existe entre vida y arte. En la mayoría de los casos, para los miembros de las diferentes formaciones, el nuevo estilo significaba  no sólo un sonido y una estética, sino también una filosofía de vida, ya que vivían de acuerdo con el mensaje que proclamaban sus letras y que a su vez, se desprendía de todo el conjunto  de elementos que formaban el género. Kalakuta Republic, es un claro ejemplo de la no escisión, a través de la cual, podemos ver que lo que sucedía encima del escenario no era una mera máscara comercial o estética, sino que transcendía más allá y se llevaba a cabo en diferentes ámbitos, públicos y privados, demostrando un fuerte  compromiso social y político.

Kalakuta Republic se encontraba en un suburbio de la ciudad de Lagos y fue el lugar donde vivieron Fela Kuti, su familia (en un principio, mujer e hijos), miembros, artistas y diferentes individuos relacionados de un modo u otro con su agrupación musical. Fela la declaró zona autónoma e independiente del gobierno nigeriano: “autonomous zone free from the jurisdiction and authority of Nigeria” (Oluwakemi Aladesuyi Arogundade, 1974-1977: 1). Teniendo en cuenta, que la guerra de Biafra acababa de finalizar, el carácter separatista de Kalakuta, suponía una importante amenaza para la deseada homogeneidad por parte del  poder. Según los expertos, en la comuna convivían alrededor de cien personas, sirviendo en ocasiones, de refugio para jóvenes que habían abandonado sus casas y/o su educación  (Randall F. Grass, 1986: 10). Además de funcionar como hogar, Kalakuta era estudio de grabación y local de ensayo. Su funcionamiento interno se organizaba basándose en la re-imagniación de una sociedad rural tradicional yoruba, con una estructura jerárquica y una marcada disciplina autoritaria, en la que la figura de jefe era desempeñada por Fela (Randall F. Grass, 1986: 11). Éste se casó con las 27 mujeres pertenecientes a Africa ’70 y también residentes de Kalakuta, para expresar su rechazo al modelo monógamo occidental, que consideraba hipócrita,  y también, para protegerlas de una sociedad conservadora que las censuraba por su estilo de vida. Es fascinante imaginar cómo se adaptaron elementos tradicionales (una “gran familia africana” o una poligamia al uso) al contexto urbano, la tecnología moderna y los quehaceres de un popular y comprometido grupo a nivel nacional e internacional.

Fela Kuti_110El Mensaje del Afrobeat: 

En Nigeria el aparato burocrático y las instituciones oficiales aumentaban con rapidez, creando un abismo entre gran parte de la sociedad y sus gobernantes. Desde semejante distancia, la población más que un conjunto de individuos, parecía una masa impersonalizada. Por lo tanto, Kalakuta, se presentaba como una sociedad alternativa, que abogaba por una comunidad más pequeña, donde no existiera un poder ajeno y lejano que impusiera su voluntad y donde los miembros tuviesen libertad de decisión en cuanto a la pertenencia, la búsqueda de su propia identidad y realización personal.

Como ya apuntamos en la primera entrada de ésta serie, el Afrobeat se fue alejando de los temas tratados por otros sonidos populares, que hablaban de amor o elogiaban a determinados individuos en el poder (Jùjú), cargándose de un mensaje cada vez más comprometido. Fela creía fervientemente en la música como arma para cambiar el futuro. Su mensaje era claro: “Music Is the Weapon of the Future”. Es así, como el discurso del Afrobeat se convierte en crónica alternativa a la articulada por los medios oficiales y el poder, dando voz a la gran parte de población urbana que no era tenida en cuenta, visibilizando injusticias, criticando a los diferentes estados militares en el poder y animando al pueblo a la lucha y la resistencia con el fin de hacerse dueños de su destino.

A partir de los 70 todas las letras contienen un mensaje potente, lo que obligó a Fela a conseguir un espacio propio para las actuaciones de Africa ‘70. Al mismo tiempo que este lugar cambiaba de nombre y de zona, su objetivo se iba definiendo, para acabar siendo The African Shrine. Situado cerca de Kalakuta, el club ofrecía todos los días de la semana una experiencia que pretendía ir más allá del espectáculo. A mediados de los 70, al directo de la banda se le fueron añadiendo elementos rituales, atendiendo al sentido comunitario y espiritual que Fela consideraba fundamental retomar de la tradición, para adaptarlo a la ideología pan-africanista. Las banderas de todas las naciones africanas a la entrada del Shrine, aclamaban una nueva sociedad africana que no atendiese a ningún tipo de frontera, ya fuesen étnicas o geográficas. A pesar de ser compuesta a finales de los 60 y por encargo del gobierno en relación a la guerra de Biafra, Viva Nigeria, ejemplifica bien esta idea:

Las largas actuaciones nocturnas en el Shrine llegaron a ser muy populares, la gente escuchaba con atención lo que Fela y los suyos tenían que decir, haciendo que las autoridades nigerianas se vieran realmente amenazadas. Una de las críticas más recurrentes fue a la violencia policial (de la Nigerian Police Force), porque trataba a la población como al enemigo. Tras haber sido retenido en el centro penitenciario de Alagbon, Fela escribe una de sus primeras críticas explicitas dirigida al maltrato que se daba en este lugar y animando a la gente a rebelarse contra él. Lo que pudo desencadenar el  primer ataque a Kalakuta Republic en noviembre de 1974. Aquí comienza oficialmente la lucha abierta entre Fela y las autoridades nigerianas que durará tres décadas y que fue inmortalizada a lo largo de su discografía.

 

kalakuta ShowEste acontecimiento en concreto, es narrado en el álbum Kalakuta Show de 1976, sustentado visualmente por el diseño de la carátula. Generalmente, cada álbum era acompañado por un mensaje plástico relacionado con el  contenido, pero como el artista, que en numerosas ocasiones fue Lemi Ghariokwu (creador de 26 de sus carátulas), disfrutaba de autonomía, cada una era original y poseía significado propio, ampliando y aportando nuevos matices al mensaje de la obra en su conjunto.

Son numerosos los ejemplos del “diálogo” que se estableció entre los abusos del poder y el rebelde ritmo Afrobeat, que a menudo utiliza el humor para burlarse o caricaturizar a las clases dirigentes y al ejército (como por ejemplo, sucede en Expensive Shit). Fela se convirtió en uno de los objetivos principales del dictador Olusegun Obasanjo, lo que lejos de acallar su crítica la hizo más feroz y aguda. En un tema de 1976, ridiculiza a los soldados comparándolos con zombies, ya que según él, sólo sabían acatar órdenes debido a su carencia de criterio y personalidad. Como respuesta, el ejército nigeriano acude de nuevo a la violencia, con el fin de silenciar a los habitantes de Kalakuta, lo que demuestra una vez más, el poder de la música. En esta ocasión, la dureza de la agresión fue desmesurada, tras violar a las mujeres y golpear sin excepción, incluso a la madre de Fela, causándole graves daños que le llevarán a la muerte, Kalakuta es quemada y con ella los instrumentos y todas sus pertenencias. El contraataque sonoro se lleva a cabo a través de varios temas, Unknown Soldier (1979) hace referencia al informe oficial que responsabilizaba de los hechos a “soldados no identificados”. A la muerte de Funmilayo Ransome-Kuti, Africa’70 compone Coffin For Head Of State donde se culpabiliza directamente a Obasanjo de su muerte.

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En general, los temas son cantados en Pidgin English, que era la lengua urbana vernácula, con el propósito de ser entendidos en el contexto plurilingüe africano y poder llegar a otros países anglófonos del continente, lo que a su vez, les posicionaba en contra del inglés británico, hablado sólo por aquellos que podían acceder a la educación formal. La educación colonial y sus secuelas sociales (Gentelman, Mr.Grammarticalogyslisationalism Is The Boss, Sorrow Tears and Blood, Colo-Mentality o Teacher don’t Teach Me Nonsense), la corrupción nacional e internacional (ITT, International Thief Thief o Beasts of No Nation) o la imposición del Cristianismo y el Islam (Suffering and Shmiling,  o M.A.S.S.), fueron algunos de los temas más significativos por su contenido.

A estas alturas de nuestro análisis, sería interesante hacer una reflexión sobre la relación que existe entre sonido y mensaje en el Afobeat. Curiosamente, ese ritmo acelerado acompañado de metales intensos, que parecen mantener una conversación acalorada con un coro de mujeres, crean una atmósfera festiva que a su vez, acompaña a unas letras cargadas de verdades directas, punzantes y en ocasiones incómodas. Por eso en un primer acercamiento al estilo este hecho pueda contrariar. Quizás, fue la manera que Fela encontró para decirnos que uno no debe olvidar su causa ni en medio de la pista de baile.

 

Los “Band boys”: 

Los músicos de Fela debían poseer, además de una brillante habilidad musical, una clara determinación ideológica y grandes dosis de valor. A pesar de la fama que tuvieron, hay que tener en cuenta el estilo de vida anteriormente descrito. Las ganancias de la Big Band  se repartían entre todos los componentes, tanto músicos, como cantantes y bailarinas, todos los trabajadores que favorecían el buen funcionamiento de ésta (en las giras solían moverse alrededor de 60 personas), los residentes de Kalakuta y para el mantenimiento de la misma y del Shrine. Por último, una gran cantidad iba dirigida a las gestiones necesarias para su causa política, siendo fundador de la organización YAP ( Young African Pioneers) y candidato a la presidencia, como cabeza de su partido político MOP (Movement of the People).

Según los expertos, Fela no se preocupaba demasiado por los asuntos económicos, quizás, creyendo que todos los que le rodeaban vivían su activismo de igual manera y aceptaban llevar una vida arriesgada, que se veía, desde el punto de vista económico, apenas recompensada (Tejumola Olaniyan: 109).

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El Festival de Jazz de Berlín de 1979, marca un antes y después en la morfología de la banda, cuando el baterista Tony Allen (en la imagen superior), decide abandonarla para continuar su carrera musical en otra dirección. Allen es considerado el co-fundador del Afrobeat. Antes de unirse a Fela en 1964, ya había participado en proyectos con otros músicos, lo que junto a su talento, le convirtieron desde muy temprano en un músico innovador, capaz de llegar al sonido que hoy nos ocupa. Allen fue de los pocos miembros, que paralelamente a Africa ’70,  grabó sus propios trabajos: Jealousy (1975), Progress (1976) y No Accommodation For Lagos, (1978). En los primeros años por separado, graba No Discrimination y N.E.P.A. (Never Expect Power Always), haciendo referencia a los problemas de electricidad existentes en Lagos. Continuador del Afrobeat y su mensaje comprometido, se aleja del activismo al estilo de Fela. Entre otros trabajos más recientes están, Black Voices, Home Cooking, Tony Allen Live, Lagos No Shaking y Secret Agent, además de proyectos en colaboración con otros artistas, como Dabon Albarn (Blur/ Gorillaz) en The Good, The Band and The Queen. 

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611SC00EAYLEl saxofonista barítono, Lekan Animashaun, fue otro de los músicos fundamentales en Afica ‘70. Sin embargo, éste continuó formando parte de Egypt ‘80, en el que fue líder tras la partida de Tony Allen. Animashaun grabó su trabajo personal cuando la banda de Fela estaba en pleno proceso de reconfiguración, llamado Low Profile (No For The Blacks). Al igual que Animashau, el trompetista Tunde Williams, formaba ya parte de la temprana formación Koola Lobitos, aunque decidió no seguir junto al grupo en la década de los 80. Tunde Williams también llevó a cabo un proyecto en paralelo, Mr Big Mouth, grabado en 1975. Entre su gran elenco de músicos estuvo también Henry Kofi, a las Congas, el saxofonista Igo Chico Okwechime o el guitarra tenor Ogene Kologbo, director de los ensayos, que también abandonó el grupo tras el festival de Berlín.

sosimiPerteneciente a la más tardía formación Egypt ’80, estuvo Dele Sosimi (del que ya os hemos hablado) en el teclado, que también fue director de la banda. Sosimi sigue estando muy activo en la actualidad, presente en numerosos proyectos y eventos. Entre sus trabajos fuera de Egypt 80 están Turbulent Times y Identity.

Fela, también trabajó con muchos otros titanes a nivel internacional, como con el batería británico Ginger Baker, con el que grabó un directo el año 71 y un álbum de estudio, el Stratavarius (1972).

 

 

 

 

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Recursos utilizados: 

Arogundade, O.A. (2013) ‘Anarchy in the Republic: 1974-1977, Fela Kuti and the Spaces for a Nigeria (Re)-Imagination’ en The Inquiry. Washington University.

Kehinde, O. (2912). ‘Gender and Sexuality in the Music of Fela Anikulapo Kuti’ en African Musicology On-Line. Vol.6.

Shonekan, S. (2009). ‘Fela’s Foundation: Examining the Revolutionary Songs of Funimilayo Ransome-Kuti and the Abeokuta Market Woman’s Movement in 1940s Western Nigeria’ en Black Music Reserach Journal, vol.29, No.1, Spring 2009.

Olaniyan, Tejumola. (2004). ‘Arrest the Music!: Fela and His Revel Art and Politics’. Indiana University Press.

Grass, R.F. (1986). ‘Fela Anikulapo-Kuti. The Art of an Afrobeat Rebel’ en The Drama Review, Vol.30, No.1, Spring 1986.

Labinjoh, J. (1982). ‘Fela Anikulapo-Kuti: Protest Music and Social Processes in Nigeria’ en Journal of Black Studies, Vol. 13, No.1, September 1982, pp. 119-135.

Collins, J. (1977). ‘Fela and the Black President Film: A Diary by John Collins’ en Fela: From West Africa to West Broadway. Junio, 2003, pp. 55-77.

Documental ‘Music Is The Weapon’ o ‘Musique au poing’ (1982) de Jean-Jacques Flori y Stéphane Tchalgadjieff.

Entrevista a Fela Kuti en el porgrama de Radio ‘Morning Becomes Eclectic‘ (19 de Junio de 1986) en la emisora KCRW. Locutor: Tom Schnabel.

Webgrafía:

Afrobeat Diaries, en All About Jazz

Fela.net 

 

 

El mito del Dios Fela, invocado en Londres

Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

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Agotado. Centenares de personas dan la vuelta a 229, en la calle Great Portland, junto al Regents park de la capital británica, corazón de una de las grandes diásporas africanas y nigerianas. Los que esperan fuera, minutos antes de un concierto que rendiría tributo al gran Fela Anikulapo-Kuti, quieren intentar saborear lo que Nigeria vivió en los 70, cuando Fela y su banda Afrika 70 se convirtieron en el icono cultural y social de toda África negra. Los que están dentro quieren invocar el espíritu de Fela. Algunos compartieron escena con él durante muchos años, como el legendario batería Ginger Baker, de Cream y Blind Faith, dos bandas de blues-rock con Eric Clapton, otro de los grandes protagonistas de la escena musical mundial; Tony Allen, batería de Fela durante Afrika 70 y Egypt 80, crucial en la creación del Afro-beat; y el carismático Dele Sosimi, director musical de la banda de Fela, Egypt 80, teclista, ahora con la banda Afrobeat Orchestra, que inicia la noche. Otros, jóvenes influidos por Fela. Keziah Jones, compositor y guitarrista, con una performance vocal impecable; el joven rapero Black Twang, y más joven aún, Afrikan Boy; Breis, quien participó en el festival de cine London Film Africa en la experiencia piloto de Veejaying, poniéndole voz en directo a tres películas; TY, KOF; la vocalista y bajista Shingai Shoniwa, de la banda de indie Noisettes, originariamente de Zimbabwe y con una belleza “muy Fela”, que rápidamente avanzó intentando, con poco éxito, pasar desapercibida entre la cola que pronto se uniría a su voz pro-Fela; y Terri Walker, que vive en Londres desde sus 17 años, de padres jamaicanos, más asociada al R&B y al soul, otra de las principales voces protagonistas, quien tuvo el honor de protagonizar uno de los clásicos más esperados de la noche.

Juntos celebran la reedición de la antología del Fela, The Best Of The Black President 2, un músico que produjo más de 50 álbumes, de la discográfica Knitting Factory Records en asociación con AGMP, una de las promotoras líderes de eventos musicales en Londres. El público, si bien no suman las 10.000 personas que solían asistir a las actuaciones de Afrika 70, durante los años de mayor éxito del cantante, en la década de los 70, sí reproducen a pequeña escala, 700 personas, el espíritu de la diversidad de públicos atraídos por la música de Fela, desde otros músicos y amantes de la música a radicales, activistas, estudiantes y demás personas, tanto nigerianas, como de la diáspora africana, como jóvenes británicos y de otras nacionalidades, a sus pasos por Londres.

Por fin. Dentro. La sala destaca por su ambientazo, en el que se establece un diálogo continuo entre los propios artistas, y entre los artistas con su público, al estilo Fela. Con la libertad de que los músicos puedan bajar del escenario a bailar con el público de las primeras filas, y volver tan tranquilamente. Es éste el caso del artista TY, tras interpretar uno de los temas más populares de Fela, “Zombie”.

Cartel del evento.

Cartel del evento.

Fela se convirtió en uno de los puntos de referencia en la lucha por introducir la ideología la retórica y los símbolos del poder negro afro-americano no sólo entre las juventudes nigerianas, sino en toda la cultura popular del África occidental. Su música, el afro-beat, atravesaría toda frontera, hasta convertirse en el icono, en el “presidente negro”. El afro-beat era una fusión de muchos aspectos. Por un lado, de la música tradicional con el jazz, el funk y el highlife. Por otro lado, significaba también un momento de diversión, pero también de protesta simbólica contra los residuos de la estructura colonial, responsable de tantas injusticias sociales no sólo en Nigeria, sino en todo el continente africano. Sus palabras revolucionaron toda la comunidad negra africana. Su música, si es que ésta puede separarse de sus palabras, revolucionó y continúa revolucionando la escena musical mundial. La orquesta afro-beat de Dele Sosimi, gran protagonista de la noche, demuestra de manera impecable este legado.

El nombre Fela significa “aquel que emana grandeza”. Y era esto precisamente lo que Fela buscaba en la vida. Pero grandeza según Fela no era algo individual. El insistía en la necesidad de tener una gran nación como requisito para poder ser grande, de ahí su continua llamada al panafricanismo. Según cuenta su padre a Carlos Moore, en Fela: this bitch of a life, un libro publicado en 1982, fruto de un seguimiento al admirado icono desde 1974, ya desde pequeño, por el tipo de preguntas que éste hacía, sabían que iba a ser un niño “problemático”. De hecho, lo llevaron a consultar el oráculo Ifá, el orisha más universal de los Yorubas, la etnia de Fela, quien les confirmaría lo que ya sus padres intuían.

Fela no solo se daría cuenta desde muy pronto de la opresión que los oyinbo (blancos, en Yoruba) habían ejercido y seguían ejerciendo en su país, sino que dedicaría toda su vida a luchar contra esa opresión, ese abuso de poder. De ahí el número de títulos – “Why Black Men Dey Suffer”, “Shuffering and Shmiling”, “Colonial Mentality”, etc. – que atacarían este régimen y legado colonial, que no había sino mantenido el aparato político y administrativo, establecido por los colonizadores británicos. Como diría el profesor Ramón Reig, de la Universidad de Sevilla, se dio una maniobra “lampedusiana”, en la que se cambia todo para que todo siga igual. Así, cuando en 1960, Nigeria se declaró por fin Estado independiente, coincidiendo con el año de independencia de muchos países africanos, el control ejercido por los colonos pasó a las manos de determinadas élites étnicas nativas de Nigeria. Las consecuencias de esta maniobra verían la luz a mediados de los setenta. A pesar de que Nigeria proclamaba estar a la cabeza del liderazgo militar, económico, político y cultural de la África negra, gracias a su enorme industria petrolera, que por entonces experimentaba un boom, el país vivió también un caos civil, instado por la inadecuada infraestructura civil.

Fue este el ambiente que se palpó en el FESTAC, el segundo Festival mundial de las artes y culturas africanas, en 1975, coincidiendo con el año de congestión del sistema portuario nigeriano. Si bien el boom petrolero había sido clave en la selección del país como segunda casa del festival, tras la primera edición en Senegal en 1966, Nigeria sufría unas circunstancias sociales que Fela se negaría silenciar. Según cuenta en Fela: this bitch of a life, el FESTAC no era más que una pantomima para llenar los bolsillos de los militares y de los políticos inútiles, por lo que él se dedicaría a hacer su “contra-FESTAC”. Durante el mes del festival, que había atraído académicos y artistas de 55 países africanos y de la diáspora africana, África Shrine, al mando de Fela, atraería todos esos públicos, para contarles lo que realmente estaba sucediendo en Nigeria, ya que, según él, la mayoría de los habitantes del Lagos, ciudad donde se celebraba el FESTAC, se sentían excluidos de su propio festival, que no hacía más que acentuar los estereotipos negativos africanos, a base de una primitivización de sus culturas. Aunque el gobierno intentara boicotearle, dada la crítica tan audaz que Fela hizo públicamente sobre el hecho de que el festival estuviera organizado por el régimen militar, las actuaciones de Fela durante ese mes atrajeron nombres como Stevie Wonder, entre otros.

“El rey del Afro-beat”, “el Presidente Negro”.

El trabajo de Fela, si bien de una unicidad indudable, debe entender dentro de la larga tradición de músicos de África occidental, quienes hacía canto a la alabanza, crítica social y al mismo tiempo, se convertía en historiadores orales. Fela insistía en que no le gustaban las etiquetas: “No me gusta que la gente me ponga nombre, como ‘radical’, ‘agitador’, ‘hooligan’, o cualquier otra mierda. Mi nombre es Fela Anikulapo-Kuti. Presidente negro o Sacerdote Jefe de Shrine, si quiere. ¡Pero nada más, se lo ruego!”, recogía Carlos Moore en su libro Fela: this bitch of a life, publicado en 1982, tras haber seguido muy de cerca al admirado icono desde 1974. Sin embargo, Fela no sólo se ha ganado el título de “Presidente Negro”, como gustaba, sino que ha sido referido como “el rey del Afro-beat”, en reconocimiento de su gran talento musical, y como “dios”. Un dios al que se ha invocado desde su propia música en este tributo celebrado en Londres. “Queremos que el espíritu de Fela baje”, decía la introducción del concierto.

Intro del concierto Saluting the Black President: Fela from esendra on Vimeo.

Esta invocación espiritual estuvo presente durante todo el concierto. “¡Queremos saludar a nuestro amigo y Dios Fela Kuti”, repetía Dele Sosimi tras una hora de concierto. Fela llegó a convertirse en una de las figuras más respetadas de Nigeria en los años 70. Su influencia perdura hasta hoy, y se perpetua a través del afro-beat. Pero se dio en el concierto un tipo de invocación especialmente curiosa, con la estética que emanan las “queens” que formaban parte del propio Fela. La vocalista de las Noisettes, la hermosa Shingai Shoniwa, entra en escena cual sirena dorada. A Breis no le convence el asombro silencioso del público y le provoca, preguntándole si quieren fiesta o no. Shingai Shoniwa sigue erguida y dorada en el centro de la escena. Breis, a su lado, pregunta al público “¿es esta una señorita o no?”. Sin perder el ritmo ni la dramatización de la performance, improvisa un rap a base de distintos registros de la palabra “lady”, a los que la musa Shingai responde corporalmente, con movimientos tan limpios como elegantes, reproduciendo la fuerza de la belleza de las mujeres que rodeaban al dios Fela. Reproduciendo también el mito del Dios Fela. El presidente negro era también conocido por su discurso abierto sobre el sexo. Fela tenía 15 esposas (Remi, Naa Lamiley, Aduni, Kevwe, Funmilayo, Alake, Adejonwo, Najite, Adeola, Kikelomo, Ihase, Omowunmi, Omolara, Fehintola y Sewaa), que según él la prensa sensacionalista siempre frivolizaba por el tabú que había sobre el sexo. El culto que Fela le rendía se manifestaba no sólo a través s de sus letras, como en “Na Poi”, otro de los títulos estrella de la noche, sino también a través del cuerpo femenino en escena, que solía dedicar grandes momentos de solos de las bailarinas de Afrika 70, tales como Aduni Idowu, Funmilayo Onilere, Omolara Shosanya, altamente erotizados. De repente, ese solo erotizado de Shingai Shioniwa se convierte en una suave transición al tema “Lady”, de Fela, gracias a esa invocación provocada por Shingai Shoniwa, una especia de figura mitológica, heroína del Dios Fela, que amaba a sus mujeres en cada una de sus múltiples bellezas por la perfección de cada una de ellas en el desempeño de sus tareas. Tal vez, de hecho, se le pueda criticar a este concierto la escasez de Queens, quizás por falta de espacio en escena, pues sólo hubo dos coristas femeninas, a veces acompañadas por los saxos y el trombón de la Afrobeat Orchestra, indispensables sin embargo para dar la réplica y que la música continúe.

Esta estructura dialógica, en el que existe siempre una voz que da lugar a una respuesta por parte del coro, vuelve a repetirse con la pareja de jóvenes artistas Terri Walker y KOF. Dele se coloca en el teclado, como en los orígenes de los tiempos de Fela –pues los tiempos de Fela, tal como este evento mostró, continúan hoy-. Los saxofones nos anuncian que ha llegado el gran clásico “Water no enemy”, en el que el rey del afro-beat usa el agua como metáfora del propio fluir de la sociedad, resaltando las interacciones armoniosas, con el que necesitaba también fluir el gobierno, para que los resultados no fueran, como hasta ahora, desastrosos. Y cual corriente agitada por el movimiento de la naturaleza, se ve irrumpida por esta pareja. La voz de Terri muestra la influencia de la cultura teatral Yoruba, clave para entender el lenguaje musical de Fela, satírico y burlesco. Terri no se limita a cantar “sus partes”. Sus movimientos faciales no pierden la expresividad mientras que KOF da la réplica, y sólo gracias a ese diálogo, la música sigue viva. Continúa. Tal vez por eso, otro de los “motes” que tampoco disgustaban al Presidente Negro era el de el campeón de las gentes, pues sin el público, la música de Fela sería impensable.

El poder de convocatoria de Fela cierra el concierto, con la multitud de artistas participantes, reunidos en el saludo, que permite ahora ver de cerca al gran batería Tony Allen, y a Ginger Baker, al que se le había escuchado haciendo un solo reverenciado por Dele Sosimi. El público no quiere abandonar este “juego espiritual de underground”, tal como Fela lo llamaba, en su álbum The underground spiritual game. Los artistas regalan una última canción, pero el público, casi cuatro horas de concierto quiere más. Fela lo predijo, en “Afa Ojo”, “cuando mi alma se desprenda de su carcasa de piel y huesos y haya adoptado la forma de un espíritu; y cuando, a las pocas horas mi cuerpo haya sido devorado por los gusanos, sólo entonces seré libre por fin. Ahora soy un espíritu… La verdadera vida. Aquella que nunca perece ni se desintegra”.

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Referencias

Veal, M. E. (2000). Fela: The Life and Times of an African Icon. Philadelphia: Temple University Press.

Moore, C. (1982). Fela, Fela: this bitch of a life. London: Allison & busby.

Olaniyan, T. (2004). Arrest the Music! Fela and his Rebel Art and Politics. Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press.

Schoonmaker, T. (Ed.). (2003). From West Africa to West Broadway. New York: Palgrave MacMillan.