Lenguas africanas y literaturas africanas: EL debate

“Seguramente en un África libre de opresión a ningún escritor se le ocurriría expresar sus sentimientos y los sentimientos de su gente en otra lengua que no sea la suya propia”. Es una frase del senegalés David Diop que Ngũgĩ wa Thiong’o reproduce en su ensayo “La lengua de la literatura africana”. El keniano es, probablemente, una de las voces más autorizadas para lanzar el debate sobre el uso de las lenguas en las literaturas africanas. Un debate tan monumental como abrumador.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Al margen de compartir o no las reflexiones del escritor keniano y eterno aspirante al Premio Nobel, hay que reconocer que el novelista, ensayista, dramaturgo y autor de literatura infantil abre sin delicadeza el delicado melón de las lenguas que lanza salpicaduras incómodas sobre el neocolonialismo, las dependencias culturales, los intelectuales cautivos o las diferencias de clases. Desde la política hasta la filosofía, y por supuesto la economía o la cultura, Ngũgĩ wa Thiong’o demuestra cómo la decisión sobre la lengua que se emplea para escribir tiene ramificaciones en todos los ámbitos de la vida.

El libro Descolonizar la mente, publicado este año en la colección Debolsillo, de Penguin Random House, alberga el mencionado ensayo y se completa con una reflexión del autor sobre las lenguas en el teatro o la ficción. En ese primer capítulo Ngũgĩ wa Thiong’o establece el marco, los motivos y las condiciones del uso de las antiguas lenguas coloniales en la literatura. La pertinencia de sus reflexiones está fuera de lugar. El escritor abandonó el inglés como su lengua literaria, para los géneros de ficción, en 1977. Adoptó una postura ideológica, a partir de ese momento, escribiría en gikuyu (a excepción de los ensayos) porque esa era la lengua en la que se expresaban las personas a las que quería dirigirse, las clases más populares, lo que él mismo llama “el campesinado y el proletariado urbano”.

Descolonizar la menteEn este planteamiento de las bases, Ngũgĩ wa Thiong’o hace un repaso de cómo la literatura en lenguas europeas acabó por hacerse con el título de “literatura africana”, mientras que su posicionamiento como el de otros autores es que “la literatura africana sólo puede escribirse en lenguas africanas, esto es, las lenguas del campesinado y del proletariado urbano, la mayor alianza de clases en cada una de nuestras nacionalidades, y, sin duda, los agentes de la inevitable e inminente ruptura revolucionaria con el neocolonialismo”. Para el escritor keniano este secuestro del concepto de “literaturas africanas” se produjo en el momento de la lucha por la liberación nacional y las postindependencias cuando los intelectuales de la “burguesía nacionalista y patriótica” consiguieron cierta ascendencia. Estos autores africanos en lenguas europeas coparon el mercado editorial, pero ni siquiera consiguieron hacerse con las audiencias más amplias, las clases populares.

Por otro lado, el escritor keniano cuestiona y critica algunos de los hitos de lo que entendemos como literatura africana, precisamente algunos en los que él mismo participó. El caso más evidente es el del Congreso de Escritores Africanos de Expresión Inglesa celebrado en Makere en 1962. Pretendía ser una especie de fundación de una nueva fuerza de la literatura africana realmente consciente. Sin embargo, como si título indicaba excluía desde su concepción a la mayor parte de los escritores los que escribían en lenguas africanas. Sin embargo, las mismo tiempo, descubre (al menos al que escribe) algunas joyas desconocidas e impagables. Albert Gérard escribió en 1981 African Language Literatures, una antología que demuestra, en contra de los análisis más extendidos, que desde el siglo X hay literatura escrita en lenguas africanas. Todo un descubrimiento.

En la misma línea, Ngũgĩ wa Thiong’o pone de manifiesto las contradicciones que se desencadenan en este ámbito de las lenguas y las literaturas. Mientras los intelectuales entendían que las lenguas nacionales era un rasgo de atraso, la mayor parte de la población las usaban con naturalidad, sin traumas. “El campesinado nunca vio una contradicción entre hablar sus propias lenguas maternas y la pertenencia a una comunidad geográfica nacional o continental”, escribe el autor keniano, que ironiza con el hecho de que cuando no hubo más remedio esas clases populares utilizaron también las lenguas coloniales, pero “las africanizaron sin ningún respeto por su pedigrí como el que demostraron Senghor o Achebe”. Así es como se refiere a la formación de lenguas africanas propias a través de la deformación particular de las lenguas europeas. El krio en Sierra Leona o el pidgin en Nigeria son algunos de los ejemplos que cita.

La aberración ahora comúnmente aceptada ha sido separar la esfera de la formación, de la lengua formal, la de la administración, la de la producción cultural e intelectual, toda la que tiene un prestigio social importante y la lengua en la que los ciudadanos se relacionan entre sí y con sus familias. Esta disfunción que ya denunciaba Ngũgĩ wa Thiong’o ahora está completamente aceptada.

Otra de las contradicciones más evidentes es cómo las diferentes formas de colonización, la religión, las teorías económicas neocoloniales no tienen ningún problema en comunicarse en lenguas africanas, precisamente para conseguir llegar a todas las capas de la sociedad. Mientras tanto, los discursos de la contestación, de la reacción, del combate a esas ideologías se hacían en las lenguas europeas y eso hacía que la masa del “campesinado y el proletariado urbano” que atrae toda la atención de Ngũgĩ wa Thiong’o quedase excluida del debate.

“¿Acaso no estamos perpetuando en el ámbito de la cultura ese espíritu neocolonial de dependencia y servilismo?”, se pregunta Ngũgĩ wa Thiong’o como una de las claves de este complejo debate. Y concluye este armazón teórico sobre el uso de las lenguas afirmando: “Los escritores africanos estamos obligados por nuestra vocación a hacer por nuestras lenguas (…) lo que todos los escritores a lo largo de la historia del mundo han hecho por sus lenguas al asumir el reto de crear en ellas una literatura, un proceso que luego se abre a la filosofía, a la ciencia, a la tecnología y a todas las demás áreas de la creatividad humana”.

Así queda servido el debate sobre el uso de las lenguas, la pregunta inasumible de ¿qué es la literatura africana? La última contradicción es que estas reflexiones de Ngũgĩ wa Thiong’o no son nuevas, de hecho las escribió hace más de treinta años, en 1984, y el debate continúa abierto.

Desde África, en español

La literatura ecuatoguineana, la saharaui y la del norte de Marruecos y las obras de autores africanos de zonas que no han tenido la influencia colonial española pero que han optado por el español como lengua de expresión. Esas son las tres patas de lo que Inmaculada Díaz Narbona considera las literaturas hispanoafricanas, una realidad que para esta investigadora forman “un corpus heterogéneo, en su consolidación, producción y calidad, que requiere atención y difusión”. Y aunque esta atención, a menudo no llegue a los niveles merecidos, la verdad es que entre los autores que entran en la clasificación de Díaz Narbona hay algunos sobradamente conocidos (en entornos de interés por el continente africano, aunque todavía no para el gran público). Se refiere a personalidades como Donato Ndongo-Bidyogo, Agnès Agboton, Guillermina Mekuy, César Mba Abogo, Justo Bolekia Boleká, Inongo-vi-Makomè, entre otros.

literaturas-hispanoafricanasDiaz Narbona coordina un trabajo coral en el que se aborda esta literatura hispanoafricana desde diversos puntos de vista. Se trata de Literaturas Hispanoafricanas: Realidades y contextos, editado por la Editorial Verbum. Y uno de los elementos que resulta más atractivo de este trabajo es su punto de partida, según la explicación de la propia autora. “La hipótesis de partida fue la de concebir la literatura como una herramienta utilizada para el conocimiento de sociedades ignoradas o sociedades marginales, como se las encasilla en otros ámbitos. La creación literaria se convierte así en una herramienta clara de conocimiento mutuo, de diálogo imprescindible en un momento histórico en el que la construcción de la nueva sociedad española se imponía”, explica la investigadora en la presentación del libro.

Entre sus páginas nos encontramos un abordaje diverso. Por un lado, algunas de las aportaciones optan por un criterio geográfico, como la poesía ecuatoguineana, los escritores amazighs en Cataluña, o la literatura saharaui; mientras que otras se atienen a criterios temáticos, la sexualidad y el erotismo en las escritoras africanas en español, la literatura ligada a las experiencias migratorias o la literatura de mujeres. Resulta imposible desgranar todos esos contenidos que hacen un repaso por manifestaciones completamente distintas que sólo tienen en común ese punto de partida que destacaba Díaz Narbona, utilizar el español, para presentar unas realidades sociales con las que existen nexos (a menudo históricos o culturales), pero que han sido intencionadamente invisibilizados.

Por eso, este trabajo, aunque no se plantee explícitamente en esos términos tiene algo de reivindicación, de llamada de atención y de exigencia de una atención merecida a un fenómeno habitualmente menospreciado. En este sentido, el propio Donato Ndongo reflexiona acerca de cómo se ha pasado de una práctica negación de la existencia de esta literatura hispanoafricana a un esfuerzo por su reconocimiento. El veterano intelectual es categórico en la construcción de esa esfera hispanoafricana (en lo que se refiere al idioma y los nexos históricos y culturales) cuando señala: “De esa herencia histórica, el norte de Marruecos, Sáhara Occi­dental y Guinea Ecuatorial adquirieron su peculiaridad: como anti­guos ‘territorios españoles’, son parte integrante de la vasta geografía lingüística del idioma español, y deben ser, por derecho propio, partí­cipes del mundo cultural hispánico, amplio y plural, al que aportan su propia esencia”.

También resulta incuestionable la defensa de Ndongo en torno a la voluntad de mantener esta herencia a pesar de las voluntades de los gobiernos (tanto los españoles como los africanos): “Está sobradamente demostrado: no son los gobiernos, sino los pueblos, los dueños de una lengua. Son sus hablantes quienes la erra­dican o conservan, enriquecen, vivifican y transforman según sus gustos y necesidades, permitiendo su evolución y continuidad. Ni se puede suprimir por decreto, ni la crea el capricho de una élite. Desde esta experiencia, y desde estas convicciones, afirmamos con absoluta seguridad que será vano todo intento de borrar el español en África”.

Por experiencia propia, Ndongo anuncia la emergencia de toda esa esfera de obras escritas en español por autores que no necesariamente han nacido en territorio español y recuerda cómo los anglófonos, los francófonos o los lusófonos no tienen inconveniente en destacar las obras de autores de todas las razas y culturas, de todos los continentes para defender la grandeza de sus lenguas. “Habrá que asumirlo”, advierte, “la literatura en lengua española dejó de ser un territorio acotado, exclusivo y excluyente, de españoles y criollos latinoamericanos”. Y en esa ampliación del abanico incluye evidentemente a ecuatoguineanos, saharauis y marroquíes de tradición hispanohablante, pero también a autores africanos de otros entornos lingüísticos y, extendiendo esta voluntad inclusiva a filipinos, afro-latinoamericanos o “latinos” de Estados Unidos. “Solo así queda completo el atlas general de la amplia, variada y riquísima geografía literaria producida en esta lengua, que aporta a nuestro ámbito cultural formas narrativas y temáticas diver­sas, fruto de visiones y emociones variadas”, sentencia Ndongo.

El libro coordinado por Inmaculada Diaz Narbona ofrece, así una visión amplia de un fenómeno que existe, a pesar de todo, y que va en aumento. Además se trata de una realidad a la que no se puede perder de vista, porque si atendemos a lo ocurrido en otros entornos lingüísticos, de esta literatura hispanoafricana puede llegar una aportación renovadora al idioma y al imaginario en los próximos años, como ya hace tiempo que está ocurriendo con los autores del sud y centroamericanos. He aquí una puerta abierta a otras sociedades, pero también una nueva visión, con otros ojos, de la nuestra, que puede enseñarnos mucho.

Feminismo, feminidad y naturalidad

Chimamanda Ngozi Adichie es, posiblemente, la escritora contemporánea con más proyección internacional. Es un estatus difícil de cuantificar, pero los resultados de ventas de sus libros, la trascendencia de sus apariciones y, sobre todo, el hecho de que su nombre resulte familiar cada vez a más personas, avalan esta situación. No hay duda de que sus novelas, desde La flor púrpura, hasta la más reciente Americanah, le han hecho un hueco a Adichie en el panorama editorial universal. Sin embargo, lo que ha permitido que su nombre resuene entre el gran público ha sido un discurso, una conferencia o, más bien, un relato oral. El archiconocido “El peligro de la historia única”.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Después de esa intervención convertida en video viral, que sólo en la página oficial de las conferencias TED tiene casi diez millones de reproducciones, Chimamanda Ngozi Adichie volvió a subirse al escenario de TEDxEuston en 2012. En ese momento, su conferencia sobre los estereotipos africanos estaba en pleno apogeo y quizá por eso, esa segunda ponencia tuvo menos repercusión. Por eso, y por el tema del que trata esta exposición. El título lo dice todo: “Todos deberíamos ser feministas”. Y en el propio discurso la escritora nigeriana lo deja muy claro. “No es fácil tener conversaciones sobre género. Ponen incómoda a la gente y a veces la irritan. Tanto hombres como mujeres se resisten a hablar de género, o bien tienen tendencia a restar importancia rápidamente a los problemas de género. Porque siempre incomoda pensar en cambiar el estado de las cosas”, escribe la autora. Ahora esa conferencia, ese relato oral ha sido transcrito, traducido y publicado como un diminuto y delicioso libro por Penguin Random House Grupo Editorial.

Tanto “El peligro de la historia única” como este “Todos deberíamos ser feministas ha demostrado la capacidad oratoria de la escritora, lo que la convierte, en realidad, en el perfil completo del autor de la tradición de la que procede. Las habilidades narrativas de Adichie no se limitan a sus novelas, aunque sí que son el espacio en el que más se despliegan.

En el relato que leemos en Todos deberíamos ser feministas, la escritora dibuja un retablo de situaciones que demuestran la desigualdad a la que hacen frente las mujeres sólo por su condición de ser mujeres. “De forma que, en un sentido literal los hombres gobiernan el mundo”, dice la escritora. Y a través de experiencias propias de las referencias a diálogos, de las experiencias propias, de la amiga que se sacrificó por salvaguardar su matrimonio, o de aquella vez en la que fue interrogada en un hotel de lujo “porque es impensable que una mujer nigeriana pueda ser una clienta que paga su habitación”, o muchas otras escenas que configuran el mundo en el que “la situación actual en materia de género es muy injusta”.

todos deberiamos ser feministasUna de las afirmaciones que más ha calado de este relato es aquella en la que la autora se define como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma, no para los hombres”, para matizar todas las connotaciones negativas de “feminismo”. “Odias a los hombre, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estas enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante” parece decir, según Adichie, la autoafirmación del feminismo. Por ese motivo, ella reclama el significado de la palabra, sin connotaciones, sin sobreentendidos. Un feminismo sin complejos que incluye la naturalidad incuestionable de que hombre y mujeres deberían tener los mismos derechos y las particularidades que cada uno quiera añadir a su forma de entender los géneros. “El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”, advierte la escritora. Y por eso, ella misma se pone a la cabeza del cambio. “Estoy intentando desaprender muchas lecciones de género que interioricé al crecer”, confiesa, para luego asegurar: “He decidido no volver a avergonzarme de mi feminidad. Y quiero que me respeten siendo tan femenina como soy”.

Y es que las historias que va apuntando Chimamanda en su relato describen un rasgo común de la actual educación de género: el hecho de que constriñe a las niñas, pero también a los niños. “Definimos la masculinidad de una forma muy estrecha. La masculinidad es una jaula muy pequeña y dura en la que metemos a los niños”, afirma la escritora nigeriana. En su reclamación de un cambio, la escritora no busca culpables. Si la respuesta de algunos es “la mujer están subordinadas a los hombres porque es nuestra cultura”, ella recuerda que “la cultura nunca para de cambiar”. Porque con su habitual capacidad para romper tópicos, muchas de las experiencias que menciona Chimamanda tienen como protagonistas a mujeres norteamericanas. “El género importa en el mundo entero”, avanza la escritora, “y hoy me gustaría pedir que empecemos a pensar un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y honestos consigo mismos”.

Chimamanda Ngozi Adichie ha cimentado un cambio de la imagen de África en un público que ni siquiera se había planteado que tuviese estereotipos sobre el continente. Quizá con Todos deberíamos ser feministas empiece a hacerse cuestionar esta realidad a aquellos que ni siquiera se habían planteado la discriminación.

Los libros (no sólo) son para el verano

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid (cc)

En Wiriko nos despedimos del curso 2013-2014 y nos tomamos una anheladas vacaciones veraniegas. Sin embargo, no queremos afrontar este “obligado” parón sin haceros unas recomendaciones para que mantengáis un verano próximo a la literatura africana o para que podáis recomendar a vuestros amigos libros que les abran la puerta a este universo que compartimos con vosotros. A continuación queremos recordaros algunos de los lanzamientos más importantes de esta primera mitad de 2014, en lo que se refiere a obras de autores africanos y ediciones en castellano.

En esta lista hay un poco de todo, como en la literatura africana. Está la “superestrella” mediática con una trayectoria contrastada y la aspirante a “estrella” mediática llamada a entrar en la constelación de los no-discutidos.  Hay un autor prolijo pero poco (o nada) conocido en el ámbito hispanohablante y hay un libro rescatado del olvido y desempolvado  después de más de treinta años. Hay una antología deliciosa sobre un tema polémico y hay un interesante y prometedor experimento con las nuevas formas de edición. Curiosamente hay mucho dolor y mucho desgarro y, sobre todo, el desgarro de la distancia, que aparece como uno de los catalizadores más importantes para el proceso creativo. Entre las recomendaciones hay libros de los que ya hemos hablado en esta sección, otros sobre los que hablaremos en breve y algunos sobre los que pretendemos poder hablar en el futuro.  Os dejamos con esta selección de títulos para disfrutar en verano.

americanah• The number one

Sin duda el lanzamiento literario del año en lo que respecta a autores africanos es Americanah, la tercera novela (y el cuarto libro) de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Adichie es posiblemente, la autora africana con más proyección internacional actualmente. En Americanah, la nigeriana se mete de cabeza en temas delicados como la experiencia de esta lejos de casa, la diáspora, la inmigración, el exilio; y, al mismo tiempo, el de la identidad. Adichie hace, en este relato, bandera de un elemento casi anecdótico, como puede ser el pelo, para afianzar la importancia de las raíces y el orgullo y las dificultades de los orígenes. El único inconveniente de este libro, para la época estival, es su volumen; por lo demás, es un alimento intelectual absolutamente devorable.

Lejos de Ghana_300_CMYK• El asalto

Tayie Selasi ha sido una abrumadora revelación este año. Con su primera novela Lejos de Ghana, publicada originalmente en inglés en 2013 pero traducida durante este 2014, Selasi tenía casi garantizada la atención mediática. A pesar de ser nacida en Londres y criada en EE.UU., pero de origen ghanés, Selasi aparece voluntariamente en la nómina de autores africanos, porque ha hecho de su postura “afropolita” su principal seña de identidad. De nuevo, en Lejos de Ghana aparecen la inmigración, la identidad, la familia y las raíces, como elementos fundamentales. En este caso, Selasi muestra una postura desinhibida, una postura que tiene que defender por su posicionamiento y su meteórica trayectoria.

vinculos secretos• La línea clásica

Vamba Sherif transita en Vínculos Secretos un camino que se acerca mucho a una línea narrativa clásica. La obra de este liberiano se presenta como una novela de misterio, pero va adquiriendo tintes de sobrenaturales a medida que el protagonista se va adentrando en la realidad de una localidad rural para investigar la desaparición que le ha llevado allí desde la ciudad. El mundo de lo invisible y las creencias tradicionales se mezclan con una trama en la que se sondea el efecto del poder en las personas y los fenómenos del mal gobierno. Se dice que Vínculos Secretos surgió de un encuentro de Sherif con el dictador Charles Taylor, por lo que no es de extrañar la preocupación del autor.

la casa del hambre• En el fondo del baúl

Sajalín Editores ha escarbado en el fondo del baúl para recuperar una obra publicada originalmente hace más de treinta años, concretamente en 1978. Se trata de The house of hanger, de Dambudzo Marechera, publicada este año como La casa del hambre. Marechera nació en Zimbabue, cuando el país todavía se llamaba Rodesia, y después de la trayectoria propia de un autor maldito murió a los 35 años. Marechera era un escritor atormentado y turbulento; impulsivo, agresivo y problemático en su vida personal, se convirtió literariamente en un transgresor e innovador creador de una narrativa muy personal.  La casa del hambre fue su obra inicial, fruto de esas experiencias traumáticas que refleja a través de una prosa que puede parecer desordenada, pero que representa a la perfección el diálogo interior de un protagonista que se plantea los elementos más básicos de su vida, de una persona que hace temblar sus propios pilares. Se dice que La casa del hambre supuso un cambio fundamental en el discurso narrativo postcolonial, abandonando el realismo y haciéndose mucho más expresivo.

los deseos afines• Una literatura que conmueve y enamora

Los deseos afines es una antología de relatos de autores africanos recién publicada. La particularidad de este compendio es que todas las historias tienen un hilo conductor común que se transmite en su subtítulo: “Narraciones africanas contra la homofobia”. Se trata de la traducción de una obra recopilatoria impulsada por la organización sudafricana Gay and Lesbian Memory in Action (GALA) y que originalmente se tituló Queer Africa. Esta antología recoge textos que transmiten la diversidad de posibilidades de vivir la propia sexualidad, lo que nos permite enfrentarnos a historias de ocultación, historias de valiente publicidad, hombres que aman hombres en medio de una guerra decimonónica o mujeres que aman mujeres en un contexto actual; amantes que reprochan la marcha de personas a las que amaron en secreto o jóvenes que homenajean a homosexuales que fueron para ellos un ejemplo de conducta. De todo un poco y, sobre todo, la manera en la que Eduardo Mendicutti (que firma el prólogo) justifica el título: “Todos ellos demuestran, una vez más, que el corazón humano disfruta, padece, se encresta, se calma, sueña y desea en todas partes de la misma manera. En todos ellos los lectores homosexuales y heterosexuales identificamos los placeres, los sentimientos, la rabia, el alivio, los sueños y los deseos afines”.

Cubierta - El entierro de mi tío - Venance Konan - 2709 books• El experimento

La editorial 2709 books ha iniciado durante esta primera mitad del año un proyecto ambicioso y arriesgado. Es la primera editorial que publica libros sólo en formato electrónico y, de momento, se decanta, por la narrativa africana. 2709 books ha arrancado esta andadura con tres relatos del marfileño Venance Konan Robert y los Catapila, La gata de Maryse y El entierro de mi tío. Todas ellas son narraciones que en la estructura se acercan mucho a la del cuento tradicional africano, pero que destacan por un tratamiento intencionado del humor. Konan alardea en estos relatos de una narración fresca y atractiva que atrapa y entretiene y que, sin parecerlo, va inoculando enseñanzas morales.

Lo que está por llegar para el 2014 postestival es todavía una incógnita. Quizá tengamos la suerte de encontrarnos con la traducción de alguna de las obras revelación de las que hemos ido hablando en Wiriko. En varias ocasiones hemos reclamado estas ediciones en castellano de trabajos que se están desvelando como exitosos en el ámbito francófono o anglófono (recordamos, por ejemplo, dos revelaciones como son NoViolet Bulawayo u Okey Ndibe) o algunas de las iniciativas interesantes que se están desarrollando en el ámbito editorial en África, como el de Cassava Republic (con autores como Nnedi Okorafor o Mukoma Wa Ngugi) o tal vez llamen la atención las obras galardonadas internacionalmente como la de la reciente Caine Prize Okwiri Oduor. Sin duda la antología Africa39 que se presentará justo después del verano con una nómina de los mejores autores jóvenes de África (fundamentalmente de la esfera anglófona), sería otra buena opción. En realidad, de buenas opciones, la literatura contemporánea africana está llena. Así que sólo nos quede desearos un buen verano, lleno de letras africanas.

Música y política en la compleja realidad de Mali

Que la música es algo más que una “simple” manifestación artística es una convicción que diferentes tipos de melómanos tratan de transmitir de las maneras más diversas. Pero cuando se intenta proyectar una idea compleja como esta, lo más difícil es encontrar el ejemplo que lo muestre de una manera que no admita discusión. Andy Morgan ha encontrado ese ejemplo en Mali y ha generado una especie de carretera de doble dirección: el ejemplo de Mali ayuda a entender la importancia de la cultura y, más concretamente, de la música; y el papel de la música ayuda a entender la realidad de Mali, la compleja comunión de tradición y modernidad, de sociedad y política, de fuerzas integradoras y desintegradores, de estados y globalización.

Portada del libro.

Portada del libro.

El ejercicio de Morgan lleva por título Music, culture and conflict in Mali, tiene forma de libro y es tan arriesgado y controvertido como interesante. Mezclar música y política, para que una explique la otra y viceversa, se presenta como una temeridad, que sin embargo, en el caso de Mali parece tener toda la razón de ser. Morgan asegura que sin la música Mali no sería Mali, y para ello cuenta con la complicidad de algunos de los artistas del país del África Occidental más conocidos internacionalmente. Y su reflexión, su investigación y sus conclusiones, en este sentido, cobra todo el sentido cuando se realizan con el telón de fondo de la prohibición contra la música que los grupos islamistas radicales impusieron en los territorios que controlaban en un momento del conflicto en Mali. En este sentido, por ejemplo, se puede leer un análisis de la voluntad de los impulsores de esta medida en términos de “alienación”. El rapero Amkoullel plantea: “Cuando se destruyen todas las referencias de un pueblo, la memoria que se conserva en los museos, los monumentos, la cultura y la música, es como si ese pueblo ya no tuviese un pasado y es entonces cuando se puede reemplazar lo que se ha tenido por lo se está proponiendo”.

Y quizá en esta frase de Amkoullel, como en muchas otras de los artistas que aparecen en el libro, se encuentren algunas de las explicaciones del arraigo que la música tiene en Mali. Paradójicamente, un elemento de peso es que Mali ni guarda su memoria y su historia (o, al menos, no exclusivamente) en los contenedores físicos. La memoria, la historia de Mali está en gran medida escrita en las narraciones o en las canciones tradicionales y se ha transmitido de manera oral durante siglos. Y esta es otra de las circunstancias que se hace absolutamente insalvable desde el momento en el que se pide a los propios artistas su opinión, como hace Morgan. Muchos de ellos, se saben herederos de una u otra manera de la tradición de los griot y los djeli, de la narración y la transmisión oral, de eso que nunca nos hemos atrevido a calificar categóricamente ni de literatura oral ni de oralatura. Y es curioso, pero parece que la referencia más sencilla es la más habitual. Morgan, se refiere a la epopeya de Soundjata, como uno de los ejemplos incontestables de cómo la historia se ha transmitido durante ocho siglos, pero también de cómo la música y la literatura (lease, literatura oral) han ayudado a conservarla.

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

El autor de Music, culture and conflict in Mali, Andy Morgan es en la actualidad escritor y periodista y colabora con diversos medios, fundamentalmente, británicos. Sin embargo, en su pasado hay una etapa como organizador de eventos y mánager de grupos. Es precisamente esa época en la que destacan hitos como la colaboración en la organización del Festival au Désert o la estrecha relación con Tinariwen, seguramente el grupo de música tuareg más conocido. Esas relaciones son las que marcan la relación de Morgan con la música del país del África Occidental y, al mismo tiempo, le ha permitido el contacto y la colaboración con una amplia y representativa lista de artistas que aportan sus visiones en este volumen.

Quizá la perspectiva inicial del trabajo de Morgan esté excesivamente ligado a la actualidad, pero lo cierto es que ese intento de poner un freno a la música en Mali es sólo la excusa para que la reflexión vuele mucho más allá. De hecho, a pesar de la amenaza de caer en un cierto tono derrotista, la investigación de Morgan es en realidad un canto a la esperanza. “Sin música, Mali moriría”, dice, pero lo cierto es que sigue habiendo música, así que el mensaje parece ser realmente un mensaje de vida.

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Para más información:

Cuenta Facebook del libro.

Perfil de Twitter del autor.

Un fragmento del libro (en inglés).

The Chimurenga Chronic: un acto de rebeldía cultural

Un fragmento de la portada del Chronic

Un fragmento de la portada del Chronic

En estos tiempos cualquier aventura editorial únicamente se puede calificar de auténtica locura, pero algunas de ellas habría que añadirles un “hermosas” locuras o un “bienvenidas” locuras o, quizá, “afortunadas” locuras o, incluso, un “necesarias” locuras. Es el caso de The Chimurenga Chronic, una publicación periódica panafricana, que pone toda su experiencia en una dimensión mucho más cultural que la prensa convencional y que se basa, fundamentalmente, en una visión del mundo en la que prima la creatividad. Vaya, una auténtica locura.

The Chimurenga Chronic se enfrenta al mundo a pecho descubierto, sin matices, sin ocultarse. No en vano “chimurenga” significa en lengua shona algo así como “lucha revolucionaria”. Pero su revolución es distinta. Su revolución es de las que entienden que la cultura y el arte sólo pueden  ser comprometidos. Por eso, se podría decir que las dos características más importantes de The Chimurenga Chronic son la creatividad y el compromiso.

Este proyecto no es ni mucho menos un periódico, aunque haya adoptado esa apariencia. Se trata más bien de un proyecto editorial en el que escritores y periodistas tratan temas de relativa actualidad pero empleando un tono y unos géneros con una libertad creativa que elude el encorsetamiento del entorno puramente periodístico. De este modo, las páginas del Chronic albergan reportajes, pero también textos de no ficción creativos, otros autobiográficos, es decir experiencias en primera persona; acompañados por espacios satíricos y análisis. La explicación del sentido de esta iniciativa es tan sencilla como atractiva. Lo explica el propio editor jefe de este proyecto editorial, Ntone Edjabe cuando se queja de que parece que “el conocimiento producido por los africanos sólo puede estar restringido a la simplicidad por estar atrapados en una lógica de emergencia” constante; por ese motivo el Chronic no pretende demostrar, sino que es la muestra de lo que dice su editor Edjabe: “Efectivamente, existe el hambre y la guerra, pero también hay vida. Existe también la innovación, el pensamiento, los sueños, en definitiva, todas las cosas que hacen la vida”.

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

The Chimurenga Chronic es la prueba perfecta que apoya todas estas tesis de su editor y para ello las páginas de esta apasionante locura albergan una lista de nombres que sólo puede despertar admiración. En el primer número del proyecto, aparecido en abril de 2013, se podían leer firmas como las de Wainaina, Nganang o Kahora, entre muchos otros. En realidad, esta corta trayectoria de unos siete meses y dos números es engañosa. The Chimurenga Chronic bebe de un proyectus interruptus, un ensayo bautizado como Chimurenga 16, realizado en 2011 y que hasta este The Chimurenga Chronic no ha encontrado continuidad. En realidad, nada en un océano mucho más amplio, el de la “plataforma” Chimurenga que incluye desde un magacín que ha actuado ambiguamente como padre, precursor y paraguas del Chronic, una editorial esporádica, una librería-biblioteca, espacios de investigación conjuntos o una emisora de radio, entre otros elementos.

Si el proyecto del Chronic, a efectos de contenidos, de enfoque y de géneros, parece una atractiva locura, la filosofía y la mecánica de trabajo hacen saltar por los aires todos los esquemas y, sobre todo, demuestra la arbitrariedad de las fronteras. La voluntad de romper las fronteras (figuradamente) de los géneros ya había quedado clara, pero es que los responsables de esta publicación desbordan las fronteras físicas (literalmente). El Chronic es, sobre todo, una publicación panafricana. Eso no quiere decir que en sus páginas escriban autores de diferentes países… no. El Chronic se produce, como si se tratase de un solo espacio, en Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Nairobi, Paris, Lagos, Yaundé, Accra, Kinshasa, Dakar, Kampala y Delhi; y la edición impresa se distribuye en las principales ciudades de Sudáfrica y en tiendas concretas en Mozambique, Zimbabue, Nigeria, Kenia, Uganda, India, Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Esta distribución parece, más bien, un gesto simbólico teniendo en cuenta que los números se pueden adquirir formalmente en todo el mundo a través de la tienda on-line.

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia - Lettera27

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia – Lettera27

Partiendo de la base de que detrás de toda esta locura y de la plataforma Chimurenga, en general, está Ntone Edjabe resulta un poco menos extraño lo descabellado, arriesgado y atractivo de la apuesta. Ntone Edjabe es un camerunés afincado en Sudáfrica desde hace veinte años. Se trata de un auténtico guerrillero cultural. Aparece como escritor y periodista, pero también como DJ y, evidentemente, como ideólogo y promotor de locuras realizables, siempre relacionadas con una cultura comprometida y nada conformista. Esa es la trayectoria de su vida, proyectos editoriales y musicales que habitualmente han tenido un carácter aglutinador y que no se han frenado frente a impedimentos como las nacionalidades.

Edjabe ha conseguido, además de reunir a personajes comprometidos de la vida cultural, ir construyéndose un considerable prestigio en otros ámbitos (desde el académico, hasta el institucional) a fuerza de sacar adelante estas iniciativas fuera de lo común. Así, en la andadura del Chronic cuenta con la colaboración y el apoyo de otros editores independientes africanos como Kwani? (Kenia) y Cassava Republic Press (Nigeria) e instituciones como el Chinua Achebe Centre for African Writers and Artists del Bard College de Nueva York (Estados Unidos), el Mail & Guardian (un diario sudafricano), la Glänta (una revista literaria sueca), la lettera27 Foundation, el Goethe Institute, la Heinrich Boell Foundation SA y Medecins Sans Frontieres.

Y, afortunadamente, Wainaina escribió sobre África

 

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia - Nightscream

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia – Nightscream

Binyavanga Wainaina es uno de esos autores que han sacado pecho a favor de un tratamiento justo del continente al que pertenece y por las explicaciones que ofrece, no se trata tanto de una cuestión de ideología doctrinaria, como de simple (y sana) justicia, un ejercicio de “honor a la verdad”. El escritor keniano ya mostró su compromiso, un compromiso fáctico con aquel How to write about Africa (algo así como ‘Cómo escribir sobre África’) y ahora da un paso más en Algún día escribiré sobre África, un relato autobiográfico con un título, en parte, engañoso, pero con un resultado valioso, muy valioso, por la capacidad que tiene la realidad para hacer saltar por los aires los estereotipos.

How to write about Africa supuso un éxito inesperado, según los editores de Algún día escribiré sobre África, fue el artículo más reenviado electrónicamente la historia de Granta, la revista en la que se publicó. Wainaina daba una receta para periodistas y escritores que quisieran desarrollar sus trabajos literarios en el continente negro. El autor keniata recomendaba los puntos que se debían tener en cuenta para que un relato africano resultase exitoso en Occidente. Los ingredientes incluían, por ejemplo, tratar África como un solo país porque el continente está poblado de “personas demasiado ocupadas por pasar hambre, morirse, guerrear o emigrar como para leer tu libro” y la realidad es demasiado compleja “y a tu lector no le preocupan todas esas cosas, sino tus descripciones románticas y evocadoras”.  O incorporar en la foto de la portada fotos con “AK-47, costillas prominentes o pechos desnudos”, mejor que las fotos de africanos de clase media.

Cubierta de How to write about Africa

Cubierta de How to write about Africa

Otras de las recomendaciones hacían referencia a recordar que los “africanos llevan la música y el ritmo dentro” y que comen “cosas que no comería ningún otro humano”, obviando el arroz, la ternera o el trigo y mencionando que “el cerebro de mono es uno de los platos favoritos de la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, las lombrices, las larvas y todo tipo de carne de caza”. Al mismo tiempo, mencionaba algunos temas tabú en estos relatos africanos, como “las escenas de la vida cotidiana, el amor entre africanos (a no ser que esté relacionado con alguna muerte), las referencias a escritores o intelectuales africanos o las menciones a los niños que van al colegio y que no sufren ningún virus, ébola o mutilación genital femenina”.

Así, Wainaina iba desgranando irónicamente todos los tópicos de la imagen deformada de África que habitualmente ofrecen los medios de comunicación, la literatura o el cine. Lo curioso es que ese artículo fue la respuesta a las publicaciones de Granta en las que, según consideraba el autor, se reproducían estos estereotipos. Y el editor de la revista decidió publicarlo. Como se ha visto después, hizo gala de un muy buen ojo editorial.

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

El Algún día escribiré sobre África, que recientemente ha publicado la editorial Sexto Piso no reproduce exactamente el mismo esquema aunque la capacidad que tiene para desmantelar estereotipos es indudable y, en este caso, usando la realidad como el argumento más poderoso. Se trata de un relato autobiográfico, la historia de un joven keniano que crece en un entorno acomodado. El accidentado periplo del joven Binyavanga se va entrelazando con los acontecimientos políticos de la región desde la Uganda de Idi Amin, hasta las turbulentas elecciones de 2007 en Kenia, pasando por el final del Apartheid en Sudáfrica.

Lo que hace saltar por los aires todos los prejuicios es que la vida que cuenta Wainaina, su propia vida, contradice completamente la receta que irónicamente había detallado en su How to write about Africa. Es una historia que se desarrolla fundamentalmente en un África urbana, compuesta por un puzle de excesos, de fracasos, de desilusiones, de renovadas esperanzas, de buenas intenciones que nunca llegan a cumplirse porque se topan con la realidad, de desencantos, de nuevas ilusiones, de superación de obstáculos y de pequeños éxitos que se convierten en grandes victorias.


Uno de los ingredientes de la receta de Wainaina para escribir sobre África era que los personajes africanos fuesen “coloridos, exóticos y llenos de vida”, pero debían estar “vacíos interiormente, sin diálogos, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad y sin particularidades”. Pues bien, los protagonistas de Algún día escribiré sobre África, están llenos hasta los topes de contradicciones, de sentimientos y de remordimientos; tan pronto se dejan llevar por los instintos sin pensar en las consecuencias como protagonizan episodios de una impresionante grandeza cotidiana; reflexionan y discuten, en la misma medida que beben y bailan; tan pronto sientan las bases de un futuro fructífero como se dejan caer en la apatía.

Y en medio de este recorrido vital del joven Wainaina, el autor (y también protagonista), nos cuela discretamente un análisis mucho más profundo de lo que parece sobre asuntos más generales como las migraciones interafricanas, la convivencia entre las comunidades o los procesos de construcción nacional, así como los entresijos del tribalismo que siempre tenemos en la boca sin saber de qué hablamos.

Lo mejor, lo más interesante es que Wainaina ofrece, esta vez sí a diferencia de lo que hacen muchos otros autores, un retablo de un “África real”. Es evidente que el título puede parecer inadecuado (África no es un solo país y el autor lo sabe perfectamente), pero del discurso que hay bajo la historia se puede entender perfectamente que lo que el autor anhelaba era escribir sobre “una” de las áfricas, sobre “su” África, y, sobre todo, abrir la puerta a que sean los africanos quienes nos cuenten sus experiencias reales del África real.

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Otros recursos para saber un poco más

– El perfil de Twitter de Wainaina.

– Las primeras páginas de Algún día escribiré sobre África ofrecidas por la editorial SextoPiso

– Otros artículos sobre How to write about Africa, en el blog de Lola Huete, en el de la ONG DYES, de la mano de Chema Caballero, y en África no es un país.

– Otros artículos sobre Algún día escribiré sobre África, en Al Jazeera, en África no es un país, de la mano de Ángeles Jurado, y en Literafrica.

Janis Otsiemi y la novela policiaca con sabor de barrios bajos

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

La novela policiaca no es uno de los géneros más habituales de la literatura africana. Pero tampoco se puede decir que sea una auténtica excepción. Probablemente el ritmo de urbanización del continente tenga mucho que ver con el hecho de que en los últimos años este tipo de relatos se ha ido haciendo más popular. No es demasiado extraño que sean las historias ambientadas en ciudades las que den mucho más juego a los autores que, poco a poco, se van decantando por este tipo de narraciones.

 

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Janis Otsiemi es uno de los autores africanos actuales más conocidos de este género, al menos, en lo que se refiere a la literatura del África francófona. Este gabonés de 36 años ha hecho de la novela negra canalla su seña de identidad, con títulos como Peau de balle, La vie est un sale boulot, La bouche qui mange ne parle pas o el más reciente Le Chasseur de lucioles. Uno de los rasgos más destacados de este escritor es precisamente su lenguaje, con el que a pesar de publicar habitualmente en Francia, no pretende demostrar un dominio del francés. Lejos de impresionar al público galo con sus habilidades lingüísticas, Otsiemi emplea este instrumento para transportar al lector al escenario de la historia, no sólo a Gabón, sino habitualmente a los rincones más truculentos de las ciudades del país.

El propio Otsiemi asegura que se crió en uno de los más populosos bidonvilles de Libreville, la capital gabonesa. Y que su primera motivación para escribir fue mostrar a sus amigos y compañeros la realidad del entorno en el que se había movido. Por ello, Otsiemi sitúa las acciones en los bajos fondos de la ciudad, pero también por ello, emplea un lenguaje evocador, que incorpora giros y palabras en argot y en lenguas locales que seguramente hacen tirarse de los pelos a los académicos franceses. Sin embargo, la explicación que ofrece el autor es sencilla, siente la necesidad de “mancillarla” para poder poseerla y añade que esa, la manipulación de la lengua, es también una pequeña revancha contra el colonizador. Una justificación, cuando menos, curiosa.


Interview de Janis Otsiemi sur Canal Plus por Ed-Jigal
Este novelista gabonés es tan descarado como desacomplejado y su obra tiene una evidente vocación de provocación en la medida en la que adereza el misterio de la trama con la presencia de prostitutas, con la corrupción y los ambientes del lumpen más descarnado. Sin embargo, no es sólo la voluntad de provocar lo que le mueve. Otsiemi escribe además ensayos políticos y asegura que ambos géneros, la novela y el ensayo, le permiten sacar los colores a su país, poner de manifiesto y denunciar las “taras” de la sociedad gabonesa. Trabajar con el material más marginal, da la posibilidad a este escritor de mostrar esas deficiencias.

Estas condiciones y esta vocación crítica le ha valido algunos obstáculos. El pasado mes de marzo, Otsiemi fue protagonista de una cierta polémica cuando estando invitado a salón del Libro de París, las autoridades francesas le denegaron el visado justo antes de su partida de Gabon. En aquel momento, las instancias diplomáticas galas alegaron deficiencias en el proceso burocrático de demanda del permiso para acceder a la Unión Europea. Sin embargo, algunos medios entendieron esta decisión como una forma de censura hacia escritores africanos que pueden resultar “molestos”.

Estas características de una narrativa que camina por el camino de lo que él llama “miserabilismo” no ha impedido que su obra sea apreciada y galardonada. Entre los reconocimientos más importantes que ha recibido están el hecho de ser finalista en el Grand Prix Littéraire de l’Afrique Noire en la edición de 2012, y el de haber estado nominado al Prix Ahmadou Kourouma en 2013.

Black to the Future (I): África está preparada para la ciencia ficción… africana

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

En el año 2009, la escritora nigeriano-estadounidense Nnedi Okorafor se preguntaba en un ensayo si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okarafor es una de las más prominentes representantes del movimiento del afrofuturismo radicado fundamentalmente en Estados Unidos y formado por autores afroamericanos. Sin embargo, a través de este trabajo la escritora establecía el nexo definitivo entre el movimiento americano y el origen africano.

El análisis de Okorafor hace referencia a una circunstancia absolutamente obvia que, sin embargo, demasiado a menudo es necesario recordar. La ciencia ficción como género (tanto cinematográfico, como literario) debe adaptarse a las necesidades y, sobre todo, a las particularidades africanas. Este ensayo tiene dos elementos interesantes. El primero de ellos es el propio análisis sobre el estado y el futuro de la literatura de ciencia ficción en África. El segundo, su referencia a autores africanos que ya están abriendo el camino para ese establecimiento del género.

Por lo que se refiere al análisis la idea fundamental es la que ya se ha mencionado, la necesidad de adaptar el género a la realidad africana y a sus particularidades culturales. Parece sencillo, ¿verdad? Pues por si alguien no lo entiende no hay nada mejor que uno de los ejemplos prácticos que la propia autora expone. Okorafor reproduce las palabras de Naunihal Singh, un profesor experto en conflictos y relaciones entre población civil y militares, así como en otras dimensiones políticas del África Subsahariana y, a decir de Okorafor, un amante de la ciencia ficción. Singh pone de manifiesto una evidencia absolutamente esclarecedora cuando señala:  “Sería duro conseguir que la gente pueda tener miedo de un futuro en el que los ordenadores se apoderen del mundo, cuando no están familiarizados con la presencia de una computadora en su escritorio”.

Por ello, Singh apela a los principios más básicos de la ciencia ficción, como la exploración del espacio y considera que estos argumentos podrían tener más éxito, siempre y cuando, claro está se adapten a la audiencia. “A los africanos les encantaría ver historias sobre africanos en una nave espacial”, asegura.

La propia autora estadounidense de ascendencia nigeriana se ha dado cuenta de que el problema no es el género sino, podría decirse, la contextualización. Ella misma ha podido percibir cómo en uno de sus relatos cortos, “Spider the Artist”, que trata sobre arañas robóticas que vigilan los oleoductos del delta del Níger, se adapta mejor a los gustos de la audiencia africana. Ella misma señala que esa adecuación no viene por el hecho de que esas arañas robóticas adquieran voluntad propia, sino porque el relato se para en cuestiones sociales y culturales que pueden interesar al público como la precariedad de la vida en esta región o la angustia de una mujer que no puede tener hijos.

Otra de las críticas que realiza Nnedi Okorafor entronca con una de las quejas habituales relacionadas con la literatura africana, en general, y que en esta misma sección se ha hecho evidente al hablar de la literatura oral. Dice Nnedi que otra parte del obstáculo para la ciencia ficción son “las actitudes coloniales sobre lo que es literatura y lo que no lo es”. “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura”, señala la autora.

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Entre las voces con las que Okorafor cuenta para sustentar esa pregunta de si África está o no preparada para la ciencia ficción está el cineasta y escritor nigeriano Tchidi Chikere. De hecho la autora señala que fue él mismo el que le planteó esta duda. En lo que se refiere a su producción literaria, Chikere es autor de una serie de relatos cortos titulado Strangers in Paradise y la novela Daughter of the Cave. Son todas producciones que pueden enmarcarse en el género de la ciencia ficción o la literatura fantástica.

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Del mismo modo, Okorafor recuerda la obra del ghanés Kojo Laing o la del congolés Emmanuel Boundzeki Dongala, como muestras de ciencia ficción eminentemente africana. Todo ello, sin olvidar un amplio movimiento radicado en Sudáfrica. En todo caso, aunque la autora nigeriano-estadounidense no lo cite, no se puede olvidar un caso absolutamente paradigmático. Se trata de la obra de Umaru Dembo. En 1969 este visionario se atrevió a publicar la novela Tauraruwa mai wutsiya (“El cometa”), en la que el protagonista, Kilba, realiza un viaje espacial en el que se encuentra con diferentes seres extraterrestres. Y lo hizo nada menos que en lengua hausa.

Con todos estos antecedentes, con las producciones actuales, con las condiciones que señala Okorafor y, sobre todo, con los elementos de ciencia ficción inscritos en las propias tradiciones culturales africanas (y de los que la autora del ensayo también habla) es indudable que como ella misma dice, “la audiencia africana está preparada”, eso sí, para una ciencia ficción africana.

Coraje, dignidad y orgullo. Vida en estado puro

Jordi Tomàs observa un vídeo en el Patrick Lambal explica desde Senegal porqué ha participado en el libro. Ambos firman "El pescador que volia anar al país dels blancs".

Jordi Tomàs observa un vídeo en el Patrick Lambal explica desde Senegal porqué ha participado en el libro. Ambos firman El pescador que volia anar al país dels blancs.

El pescador que volia anar al país dels blancs es simplemente un ejercicio de vida. Una de las principales fortalezas del texto es que no tiene adornos, es simple, directo, en ocasiones casi descarnado. Es el tono más adecuado para la crudeza de la historia que cuenta. Y, a pesar de todo, deja un agradable sabor de boca, una sensación de calma y serenidad que a priori no es lo que se espera. El secreto es la combinación perfecta entre la personalidad de su protagonista (y medioautor) Patrick Lambal y el tono escogido para la narración por el antropólogo (y también medioautor) Jordi Tomàs.

El libro es mucho más que una historia sobre migraciones, sobre todo, en lo que se refiere a todo lo que ha rodeado su creación. Jordi Tomàs es un antropólogo experto en la Casamance, una región del sur de Senegal, y más concretamente en los diolá huluf, posiblemente una de las personas que mejor conoce en el mundo las costumbres y los usos tradicionales del reino de Oussouye ubicado en aquella región senegalesa. Patrick Lambal es, precisamente, un pescador originario de Oussouye, un joven superviviente o como dice el propio Tomàs, un emprendedor. Patrick ha realizado tres veces el viaje en piragua desde las costas senegalesas hasta las islas Canarias y lo ha hecho como tripulante, lo que le convierte en una voz especialmente autorizada para hablar de estos viajes.

La historia de la producción de este libro resulta tan atractiva como sorprendente. Tomàs confiesa que los fenómenos migratorios nunca habían despertado especialmente su interés. Patrick, por su parte, tampoco tenía ninguna intención de contar su historia en un principio. Sin embargo, un día comenzó a hablar, sin siquiera preguntar a Jordi porqué quería conocerla. Simplemente empezó a hablar. Finalmente, el joven pescador descargó toda su experiencia y el antropólogo se encargó de darle forma, de convertir las horas de conversación en un relato coherente y atractivo. El último punto sorprendente es que a todos los efectos, los dos, son autores de esta obra, tanto en lo que se refiere a la cubierta del libro como en los resultados económicos. Ni Patrick había exigido este tratamiento, ni había nada que le exigiese a Jordi hacerlo y, sin embargo, el resultado es la más absoluta naturalidad.

Portada del libro

Portada del libro

El pescador que volia anar al país dels blancs narra, como ya se ha señalado, la experiencia de Patrick Lambal y sus peripecias por el océano Atlántico en busca de un lugar en el que poderse ganar la vida. El relato de Patrick es sereno, él no va tras el Eldorado, simplemente es un joven inquieto que pretende garantizarle a su padre una vejez plácida. La narración, en primera persona, ataca directamente la atención del lector fundamentalmente porque está planteado con la sencillez de una conversación cara a cara. Seguramente, en muchos momentos la persona que se encuentra ante las líneas de este libro tiene la sensación de estar en realidad ante el propio Patrick.

En la parte más literaria Jordi Tomàs ha tenido un trabajo fácil. Seguramente ha habido muchas complicaciones en su labor, partiendo de la responsabilidad que supone convertirse en la voz de un amigo; sin embargo, no podría negar que hay una cuestión en la que tenía el trabajo ya hecho. Normalmente en  un relato como este una de las principales preocupaciones es que el lector se pueda identificar con el protagonista. No se trata tanto de que se pueda sentir en su piel, básicamente porque pocos europeos podrán llegar a percibir como propio el impulso de hacerse al mar con todas las incertidumbres y con la seguridad de que hay muchas más posibilidades de fracasar que de triunfar. Se trata más bien de generar empatía y para eso, a Tomàs le ha bastado con transmitir al Patrick más real posible. El que habla con tranquilidad; el que es capaz de escapar de explicar una experiencia próxima a la muerte sin la menor intención de convertirla en un ejemplo de aventura; el que estremece por su calma, su fuerza y su serenidad; el que se niega a verse como un héroe y, en realidad, transmite a la perfección el orgullo de ser “clandestino”.

Así, Patrick, a través de la pluma de Jordi, va explicando cuestiones técnicas sobre los preparativos de un viaje en piragua o sobre navegación, pero también relata el ambiente que se vive en una piragua en la que más de cien personas se sobreponen al drama para buscar un sueño. Cuenta qué empuja a un joven a querer ir a Europa, pero también qué se siente cuando ese anhelo se frustra. Explica cómo se recupera la esperanza para volver a intentarlo y cómo se afronta una tormenta, simbólica y real. Habla de lo mejor y lo peor del ser humano, de la crueldad y de la solidaridad, de sentimientos, de sueños, de renuncias y de esperanzas. Y eso es lo que transmite, esperanza; esperanza y fuerza; esperanza y respeto; esperanza y admiración.

En una de las conversaciones que tuve el honor de mantener con Patrick Lambal, este joven pescador y clandestino orgulloso, me dijo sin ningún tipo de adorno, ni floritura, sin anestesia: “Dicen que por cada dos que ganan uno pierde. Quizá Dios haya decidido que yo pierda. No lo sé”. Jordi Tomàs en la presentación del libro que se realizó en Barcelona habló de Patrick y de tantos que como él se enfrentan a la adversidad como los verdades emprendedores del nuestra época. Y después de eso uno sólo tiene ganas de que Dios no haya decidido que gente como Patrick sea el perdedor. Seguramente nadie que haya leído este relato podrá volver a aceptar una connotación negativa a expresiones como “inmigrante ilegal”, “sin papeles” o tantas otras que a menudo se dicen destilando un desprecio que no hace sino cerrar los ojos a una auténtica lección de vida.

Tengo que reconocer que hay dos frases que he escuchado de los labios de Patrick y que me han estremecido, que me ponen los pelos de punta cada vez que las recuerdo. Una es: “Ganas o pierdes. Vives o mueres”. Dicha con una honestidad aplastante, sin dramatismos, con naturalidad. La otra es: “Yo soy clandestino. Estoy orgulloso de ser clandestino”. Eso es lo que transmite este libro, esperanza, valentía, coraje, dignidad y vitalidad, algunos de los rasgos de la humanidad más pura.

Portada del libro

El pescador que volia anar al país dels blancs

Jordi Tomàs y Patrick Lambal

Editorial Pòrtic, Barcelona, 2013, 150 pags.

Dilemas de Norte y Sur (VI): Múltiples dimensiones, múltiples miradas… y mucha valentía

Logo de la editorial La Sahélienne. Fuente: Éditions La Sahélienne

Logo de la editorial La Sahélienne. Fuente: Éditions La Sahélienne

La Sahélienne es una editorial malí. Sólo ese dato ya pone de manifiesto un considerable grado de coraje teniendo en cuenta las dificultades a las que se enfrenta la industria editorial en el África del Oeste. Sin embargo, sus méritos no terminan ahí, ya que su actividad está teñida de un compromiso social y de una voluntad de colaborar en la transformación que a menudo no termina de encajar bien con los intereses puramente económicos. Una muestra de esta intención constructiva es la puesta en marcha el mes de diciembre pasado de una colección de libros dedicados exclusivamente a hacer un análisis de crisis en el país.

“Regards sur une crise”, que así se llama la colección, tiene dos elementos especialmente interesantes. Por un lado, el hecho de que se aborde la situación como una realidad compleja y con múltiples dimensiones. Con ese punto de partida, el objetivo de arrojar un poco de luz de hacer la crisis un poco más comprensible sólo es posible como lo hacen en “La Sahélienne”: ofreciendo voces diferentes, con puntos de vista distintos. Por otro lado, la búsqueda de voces autorizadas locales, malís que hablan sobre Mali (con la excepción de dos autores mauritanos) que ponen de manifiesto, sin complejos, sus propias capacidades para el análisis de la situación y para la búsqueda de soluciones, sin necesidad de injerencias.

Algunos de los ejemplares que forman parte de la colección. Fuente: Éditions La Sahélienne

Algunos de los ejemplares que forman parte de la colección. Fuente: Éditions La Sahélienne

Seis títulos forman esta colección aparecida entre noviembre y diciembre de 2012 y que, seguramente ahora resulta más vigente que nunca. Si bien la recomendación es echar un vistazo al currículum de la nómina de autores de estos libros, vale la pena hacer algunos comentarios sobre el espíritu general. Le patriote et le djihadiste es un caso curioso, un ejercicio valiente, firmado por Mohamed Ag Erless, un autor del que ya hemos hablado en esta sección, y Djibril Koné. Ambos tienen una relación muy directa con el mundo tuareg y desde su posición de conocedores intentan desentrañar las figuras de dos personajes colocados cada uno a un lado de la trinchera pero con mucha responsabilidad en sus bandos.

Por otro lado, Réplique es en sí mismo un compendio de voces diversas que ofrece opiniones diferentes sobre la situación. Algunos de los autores participante tiene un perfil especialmente curioso, como es el caso de Zeidane Ag Sidalamine que ha tenido responsabilidades en diferentes movimientos relacionados con el Azawad, pero que también ha ejercido como consejero de diversos presidentes malís. Entre sus títulos la colección tienen uno tan premonitorio como L’occupation du Nord du Mali, en el que diversos autores con experiencias diferentes plantean su visión sobre la situación. Entre los responsables de este volumen se encuentran Ciré Ba y Boubacar Diagana, dos investigadores mauritanos que plantean la responsabilidad del ex presidente malí, Amadou Toumami Touré, a quien consideran responsable de haber dejado hacer libremente a grupos criminales en el norte del país.

El responsable de La Sahélienne, Ismaïla Samba Traoré, señala en una presentación de la colección que este conjunto de libros permite que se escuchen las voces de quienes protestan en las calle de Bamako, pero también de los militares, de las mujeres del entorno rural y de los independentistas, de los yihaidistas y de los actores internacionales, de las poblaciones hechas rehenes y de los partidarios y los detractores del golpe de estado que siguió a la rebelión. La razón de ser principal de “Regards sur une crise”, según esta misma presentación es que “documentar la memoria de esta grave crisis política y de seguridad empujando a tomar la palabra a cronistas y analistas es un ejercicio por el que es necesario pasar”.

La responsabilidad de la colección refleja de alguna manera la de la propia editorial que durante años se ha empecinado en sostener el mercado editorial en lenguas nacionales. De hecho en el impulso de la colección, La Sahélienne cuenta con el apoyo de organizaciones sociales malís como el Mouvement Malivaleurs o el PEN-Mali que agrupa a escritores y periodistas del país comprometidos con la libertad de expresión y con la creación cultural.

oozebap: la resistencia de los valientes

Desde hace siete años oozebap es una valiente iniciativa de difusión de la cultura y el pensamiento africanos. Este proyecto ha operado, además, como acicate para la producción de estudios sobre temas africanos y lo ha hecho desde una posición de trabajo colaborativo, al margen de instituciones y de ayudas oficiales para no sentirse atado por los lazos invisibles de los compromisos interesados. Quizá esa voluntad de ser libres, independientes, constructivos es una de las explicaciones que hace tambalearse este sueño hecho realidad.

Uno de los pilares del proyecto durante estos siete años ha sido la producción editorial. La organización ha avanzado con escasos medios, una precariedad que ha suplido con tesón y con un compromiso sincero de sus miembros y colaboradores. Tal es así que el catálogo de oozebap es uno de los referentes de la literatura africana en castellano. Al lado de editoriales con mucho más empaque, oozebap puede presumir de haber traducido y publicado obras de autores como Boubacar Boris Diop, Ousmane Kane o Patrick Chabal; y de haber colaborado en estas acciones con organizaciones como Fahamu/Pambazuka News (Sudáfrica, Kenia, Reino Unido); CODESRIA, Council for the Development of Social Science Research in Africa (Senegal); Survie (Francia); Junta Islàmica Catalana y Espai Àfrica-Catalunya. Basta con echarle un vistazo a su catálogo.

Portada del número 10 de la revista Africaneando, editada por oozebap

Los impulsores de oozebap son además los responsables de la revista Africaneando, de un proyecto de puesta en línea de documentos sobre África y el Islam, de un archivo de artículos y publicaciones relacionadas fundamentalmente con las obras que han publicado, y del centro de documentación virtual “Dones + Àfriques” (Mujeres + Áfricas) del que salió uno de sus libros.

Ahora un problema burocrático pone contra las cuerdas este proyecto edificado con la ilusión y el esfuerzo de sus impulsores. Su principal responsable Dídac Lagarriga señala en un comunicado: “En todos los mensajes con noticias y novedades que hemos enviado durante estos años hemos firmado con un ‘para que sirva’. Porque este es nuestro primer y último objetivo. Si oozebap deja de serte útil, lo aceptamos. Pero si piensas que todavía puede dar más de sí, ayúdanos. Hace poco más de un año la versión española de Le Monde Diplomatique dijo: ‘oozebap es un referente del pensamiento y la cultura africana en nuestra lengua, y la colección de libros es todo un ejercicio de aproximar el África plural a los lectores’. Y nosotros añadimos: ¡Y queremos seguir siendo referentes!”.

Y desde luego, la desaparición de oozebap, si se hiciese inevitable, sería una mala noticia para todas las personas interesadas en África. Al menos, para aquellas que saben que existe un África dinámica, vibrante y llena de vida, más allá de los estereotipos de la violencia, el hambre y las catástrofes naturales o la imagen superficial de los animales y los paisajes exóticos. El panorama de la producción editorial sobre temas africanos es ya suficientemente débil como para poder permitirse la desaparición de una de sus piezas claves. Por ello, llegados a esta situación sólo quedan dos opciones: ayudar a sanar al enfermo o acudir a llorar a su funeral. Los responsables de oozebap, en todo caso, están dispuestos a seguir trabajando y aferrarse al aliento de ilusión que les ha hecho sobrevivir durante siete años y para ello han lanzado una campaña de búsqueda de recursos y apoyos. Les deseamos toda la suerte