‘Los cinco grandes’ de África en Sudáfrica podrían ser seis

El león, el elefante, el búfalo, el rinoceronte y el leopardo son los considerados ‘cinco grandes’ de África, así llamados por ser los animales de mayor tamaño y fuerza, y por tanto, los más difíciles de cazar. Todos ellos se pueden contemplar en el Parque Nacional Kruger, situado en la localidad sudafricana de Phalaborwa. Abierto hace 120 años, este parque es la primera reserva protegida del continente y la más grande de Sudáfrica. Sus casi dos millones de hectáreas se encuentran al noreste del país, tocando las fronteras de Zimbabue y Mozambique. Allí se albergan cientos de especies de mamíferos, aves y reptiles, si bien cada año las cifras disminuyen a causa de la caza furtiva. Sin ir más lejos en 2017, según las estadísticas oficiales, 504 rinocerontes fueron abatidos ilegalmente en el Kruger.

La posibilidad aún real de contemplar a un extenso número de animales extraordinarios en su hábitat natural convierte al Parque Nacional Kruger en una parada indispensable para miles de turistas año tras año. No lo es, sin embargo, para la población que vive alrededor de esta reserva. En un país con elevadas tasas de desempleo y donde los índices de pobreza superan el 50%, tal y como recoge Oxfam Intermón, no es de extrañar que no sean demasiados los vecinos de Phalaborwa los que puedan permitirse los al menos 581 rand por vehículo (algo más de 33 euros) que cuesta entrar por un día al parque, con entrada de casi cinco euros por persona aparte.

Es el caso de los niños y niñas que forman parte del programa Ecokidz, de la Fundación de Desarrollo Comunitario Sefapane, destinado a hacer de la conservación de la naturaleza una parte integral del plan de estudios de las escuelas de Phalaborwa. “El 70% de nuestro alumnado vive en un entorno de pobreza. Muchos de los padres son de Mozambique y están aquí sin documentación”, dice Tshepo Malalla, el director del colegio de primaria N’Wasorini, uno de los centros donde se imparte el programa educativo. “Involucramos a las familias a través de reuniones en las que les explicamos la importancia de lo que les enseñamos a sus hijos. Como parte del temario, por ejemplo, impartimos ‘Herramientas para la vida’, en la que se muestra cómo aplicar la protección al medioambiente en el día a día. Se trata de que el cuidado a la naturaleza sea para ellos una rutina”, añade.

“Es importante que el valor de la naturaleza se enseñe desde la infancia. Los alumnos están muy motivados y sus padres contentos porque lo que se enseña a sus hijos también es útil para no derrochar”, comenta Douglas, un profesor del colegio Popo, otro de los centros adscritos al programa. Con el apoyo de la Fundación TUI Care, 2.700 niños han recibido en el último año una hora a la semana de Educación ambiental impartida por monitores locales formados en esta materia, lo que contribuye a frenar el desempleo en una zona donde el 50% de los jóvenes no tienen trabajo. Con ellos aprenden sobre los seres vivos con los que comparten (aunque sea de lejos) territorio, estudiando además como preservar los recursos naturales que les rodean.

Elias Shai, uno de los guías involucrados en Ecokidz, señala que “el objetivo es conservar lo que tenemos. Por cuidar el entorno de la contaminación y por proteger a los animales de la caza ilegal, pero también por nosotros mismos. Vivir tan cerca del Parque Nacional Kruger es algo que tenemos que valorar, es una fuente de riqueza medioambiental pero también económica porque atrae a personas de todo el mundo”. Muy cerca del parque se encuentra el Campamento Sefapane de donde salen muchos de los safaris que coordina Elias. Se trata de un complejo de cómodas tiendas de campaña instaladas en los árboles en el que no sólo los turistas pueden pasar la noche y ver de cerca a los animales que viven alrededor del Kruger, también pueden disfrutar de ello centenares de niños y niñas del programa educativo de la Fundación de Desarrollo Comunitario Sefapane, como premio para aquellos que obtengan las mejores notas de la asignatura de Educación ambiental.

En lo alto de un gran árbol que sirve a la vez de aula y de pared de escalada en el campamento, Lidia, una de las monitoras de Ecokidz, lanza un acertijo: “Soy un animal muy vago y las hembras cazan para mí, ¿quién soy?”. La quincena de niños que la rodean se apresuran a levantar la mano para responder. “Soy un león”, contesta correctamente la niña seleccionada. Todos conocen con asombroso detalle las características y el entorno de muchos de los animales que habitan en la zona. Se nota que ‘los cinco grandes’ son sus favoritos, pero de lo que probablemente no sean conscientes es que ellos forman parte de lo que podría ser el sexto gran grupo del Kruger. Probablemente el más fundamental porque será el que lo proteja.

 

Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Wiriko y TUI CARE FOUNDATION.

Turismo y hostelería contra el desempleo juvenil namibio

Josefina Fillipus llega con los entrantes. La joven de 21 años posa los platos sobre la mesa en la que cenan unos periodistas con los que acaba de pasar treinta minutos. Ahora son clientes y han dejado de tomar nota para probar el menú del restaurante Leo, perteneciente al hotel Heinitzburg, en Windhoek, Namibia.

Agnes Kauzuu, 25 años, saluda a los huéspedes en su camino al desayuno en el del Hotel Safari Court donde está haciendo sus prácticas profesionales. En el vestíbulo del complejo hotelero atiende el teléfono, resuelve dudas de los visitantes y les indica diversas direcciones. “Good morning”, dice con su sonrisa tímida.

Agnes Kauzuu en la recepción del Safari Court Hotel / Foto: Christiane Flechtner

Tanto Josefina como Agnes son dos alumnas en prácticas de la academia de hostelería y cocina Silver Spoon de la capital namibia. Gracias a la subvención de la Fundación TUI CARE, ambas se favorecen de un proyecto que tiene como objetivo la inserción laboral de la juventud mientras que facilita la profesionalización del sector turístico del país sudafricano.

Namibia atrae. Su vasto territorio encandila con unos paisajes de contrastes; desde las dunas del desierto de Namib a las llanuras del Kalahari pasando por la atracción favorita de los visitantes, el Parque Nacional de Etosha. Allí conviven 114 especies de mamíferos y cuenta con la mayor población de rinocerontes negro y de guepardos de África. La costa de los Esqueletos o Cañón del río Fish son otras opciones aventureras y de turismo mientras que la ciudad costera de Swakopmund o la capital Windhoek sirven como respiro a la mayoría de los visitantes.

El turismo es una pieza clave para el desarrollo económico del país austral. Namibia ha experimentado un crecimiento notable en la llegada de turistas en los últimos años y ya en 2016 el ministro de Turismo y Medioambiente urgía al sector a fortalecer su competitividad. Sin embargo, Namibia, que apenas supera los dos millones de habitantes, arrastra una gran cifra de desempleo. Según los datos de la Agencia de Estadística de Namibia (NSA, en sus siglas en inglés), el desempleo juvenil alcanza una tasa del 43.4%.

Ante estas cifras, organizaciones internacionales y locales, como la Fundación TUI Care y la academia Silver Spoon se han unido para generar oportunidades laborales en el sector hostelero a través de un programa educacional que ya va por su segunda promoción. Josefine y Agnes son parte de un grupo de ocho jóvenes que gracias a este curso vocacional cuentan con una mayor posibilidades de no engrosar las listas del paro.

Namibia es uno de los mejores lugares del África para ver rinocerontes negros / Foto: Christiane Flechtner

Todos ganan
Ha sido el día del examen. Josefine y Agnes acudieron temprano a la escuela de hostelería y cocina Silver Spoon situada en la antigua planta energética de Windhoek. Han dejado atrás los nervios y ya sólo les queda la espera de los resultados de la organización londinense City & Guilds que acredita estas certificaciones.

Cansadas de escuchar que hacer de camarero es un trabajo basura, las adolescentes se sienten orgullosas del camino escogido. “Es una pasión”, dice Aletha Kandenge, una de las chicas que se ha examinado hoy del nivel uno de “Gestión de Alimentos y Bebidas”.

El futuro está en sus manos mientras escapan del feroz desempleo juvenil. Esta formación es una oportunidad para empoderar a las jóvenes y mejorar la vida de sus familias. Además es una tarea donde la perseverancia y la paciencia son esenciales. “No es sólo un trabajo para estudiantes. Hay que ponerle corazón”, reitera la profesora Nicky Nolan.

En la escuela de hostelería y cocina Silver Spoon en Windhoek / Foto: Christiane Flechtner

La profesionalización del sector hostelero en Namibia es clave para abordar la creciente demanda turística. “Muchas chicas llegan y no saben qué es un cuchillo o un tenedor. Tampoco conocen qué significa ser vegano o intolerante a la lactosa”, explica el director de Silver Spoon, Tom Mutavdzic.

Se busca gente preparada para asumir trabajos que exigen una relación activa y cordial con el visitante. Los servicios en hoteles, lodges y restaurantes son la mejor carta de presentación para que el turismo produzca un impacto económico y social en Namibia. Una situación beneficiosa para todos que sin embargo no es compartida por muchos gerentes. “El mayor activo son los empleados”, dice Mutavdzic que reconoce que son pocos los establecimientos que facilitan la formación de sus empleados.

Muchas de las chicas obtienen un contrato antes de finalizar las prácticas / Foto: Christiane Flechtner

Nolan, encargada de formar a las chicas en los últimos meses, ha visto cómo han crecido en confianza. La timidez inicial se ha esfumado y las jóvenes están listas para afrontar las tareas y responsabilidades en un puesto de trabajo. Las prácticas, realizadas tanto en bares como en hoteles de cinco estrellas, han sido la oportunidad para mejorar sus habilidades y desde la academia están orgullosos de su proyección. Muchas de ellas incluso obtienen un contrato antes de finalizar el periodo de prácticas.

“Las chicas en prácticas se desarrollan muy rápidamente. Desde el principio han formado parte de las reuniones de la dirección del hotel. Es muy difícil encontrar gente cualificada”, explica el director del Hotel Thule, Wolfgang Balzar.

Este hotel cuenta con dos chicas procedentes de la primera promoción de la academia de hostelería y cocina entre sus empleados. Josefine y Agnes quieren continuar con la misma senda y tienen muchas posibilidades de encontrar trabajo una vez acaben sus prácticas.

La escasez de una preparación de calidad en el sector turístico namibio pone a estas jóvenes como candidatas para asegurar un servicio profesional, ameno y efectivo. Este programa vocacional centrado en la hostelería y el turismo se ha establecido como un proyecto que da alternativas al desempleo juvenil mientras que asegura un modelo educativo ideado para cubrir las expectativas del emergente turismo en Namibia.


Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Wiriko y TUI CARE FOUNDATION.

Marruecos: un viaje cultural, social y medioambientalmente sostenible

Marruecos, en el norte de África, ofrece una gran cantidad de experiencias para los visitantes que lo han convertido a lo largo de los años en el país más turístico de todo el continente. El turismo se ha convertido en uno de los sectores más importantes y con un mayor impacto socioeconómico en el país. Sin embargo, el visitante extranjero puede dejar una importante huella negativa allí por donde pasa. Por ello, hay que apelar a la responsabilidad del viajero para que contribuya a un turismo más sostenible.

Comprar productos producidos localmente, utilizar el transporte público, hospedarse en pequeñas casas de huéspedes regentadas por marroquíes, relacionarse con la sociedad marroquí de una forma humilde, emplear a guías del lugar, comer en restaurantes y tenderetes de familias locales, minimizar los desechos que se generan, y diversificar los sitios en los que comprar y consumir –evitando comercios o servicios que exploten a sus trabajadores– son algunas de las prácticas que permiten al visitante tener una experiencia cercana, genuina y a la vez sostenible de Marruecos.

2017 ha sido el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, una forma de potenciar globalmente un turismo que contribuya a la igualdad de género, la conservación de los ecosistemas y de la biodiversidad y la protección del patrimonio natural y cultural, además de ofrecer soluciones a muchos otros retos apremiantes a los que se enfrenta hoy nuestro mundo. Marruecos es uno de los estados que se han comprometido para fomentar un turismo verde, responsable y ecológico. El país, reconoce en el turismo sostenible una herramienta que posibilita el desarrollo inclusivo y la participación de las comunidades de acogida, tal y como está recogido en el marco de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible o en la Agenda de la Unión Africana 2063.

Wiriko ha viajado junto a la Fundación TUI Care a dos de los principales destinos turísticos marroquíes: Agadir y Marrakech. Y aquí, os presentamos dos propuestas de turismo sostenible para este 2018

MARRAKECH EN BICICLETA

Marrakech o la ‘Ciudad Roja’, custodiada por la cordillera del Atlas, es el destino turístico por excelencia de Marruecos. Un bullicio de visitantes transitan a todas horas por su Medina fortificada, que hace de la urbe un zoco gigantesco en plena efervescencia tanto de día como de noche. Varios monumentos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad, como la mítica y mágica plaza de Jemaa El-Fna, símbolo de la ciudad desde su fundación en el siglo XI y hogar de malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, tenderetes de frutas y jugos naturales, lámparas de colores, aromas de cuero y tintes, especies, chiringuitos de caracoles o tatuadoras de henna.

Perderse por las estrechas calles de la Medina nos puede descubrir múltiples sorpresas y recovecos, con restaurantes escondidos en antiguas riads rehabilitadas con maravillosos y coloridos jardines interiores, fuentes y extraordinarias vistas de pájaro en terrazas ubicadas en las azoteas. Además de ser un epicentro de belleza y atracción perfecto para conocer la cultura local, la ciudad acoge cada año un fantástico Festival de Cine Internacional, eventos musicales como el Sun Festival y espectáculos tan chics como los del Festival Oasis o el Festival de música electrónica del Atlas. También cuenta con diferentes centros de arte como la mítica Casa de la Fotografía o el Museo de Fotografía y Artes visuales. Este 2018, el Palacio Hotel La Mamounia de Marrakech acogerá por primera vez la Feria de arte contemporáneo 1:54, un encuentro promovido por la marroquí Touria El Glaoui.

Pero si lo que realmente deseas es conocer la cultura local más allá de los zocos (mercados), y quieres surfear en el frenético ritmo que marcan transeúntes, burros y motocicletas, generando el latido humano de Marrakech, Pikala Bikes es tu solución. Esta empresa social está especializada en ofrecer tours culturales en bicicleta por Marrakech. A parte de contribuir con un transporte limpio como es la bicicleta, el alquiler de bicicletas o bicis tándem ayuda a mejorar la empleabilidad de jóvenes marroquíes que trabajan como mecánicos y/o tour operadores para Pikala, además de luchar para la inclusión de la mujer en el mercado laboral.

@Pikala Bikes.

(Conoce más sobre Pikala Bikes en este artículo que la autora publicó en EL PAÍS).

¿SON POSIBLES LOS TODO-INCLUIDO SOSTENIBLES?

¡EN AGADIR, SÍ!

Agadir, en la región de Sus Masa, es la capital del Marruecos costero y enclave por excelencia del sol y playa atlánticos. Con un clima y temperaturas muy parecidas a las de Canarias, es un destino ideal para los jóvenes surfistas europeos, que hace décadas que frecuentan sus más de seis kilómetros de playa de arena blanca para disfrutar de sus cerca de 300 días de Sol al año. La ciudad, además, acoge interesantes eventos culturales como el Festival Timitar, que todos los veranos pone la cultura amazigh (bereber) encima del escenario con más de 40 músicos marroquíes e internacionales.

Turistas en una playa de Agadir, delante del Robinson Club Hotel. Foto: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

A pesar de que el litoral de Agadir está plagado de hoteles de lujo, restaurantes y terrazas, los principales recursos para su población son la agricultura –es una de las principales huertas del África Occidental– y la pesca –la ciudad tiene uno de los puertos pesqueros más importantes de Marruecos–. Sin embargo, muchos de estos resorts no compran sus productos al productor local, sino que los importan a gran escala desde el exterior, así como emplean a expatriados o se llevan sus ingresos fuera del país.

El Hotel Robinson Club Agadir es una excepción, ofreciendo una opción de todo-incluido sostenible ejemplar. Se trata de un alojamiento totalmente respetuoso con el medio ambiente y la sociedad que lo rodea. La cantidad de Sol de la que goza la región y sus 950 metros cuadrados de paneles solares, hacen que se abastezca a sí mismo del 16% de la energía o el 70% del agua caliente que utilizan. Mientras Agadir solamente tiene de seis a doce días de lluvia anuales, el hotel cuenta con un manantial natural de agua del que extraen el total de la que consumen sus huéspedes. Asimismo, también abastecen a la población local y al Ayuntamiento si hay cortes debido a la escasez, mostrando un compromiso real con la ciudad de Agadir y su población.

Con un 75% de su terreno convertido en jardines y áreas verdes, el Hotel también cuenta con un huerto 100% ecológico en el que producen stevia y todo tipo de frutas y vegetales que sirven en sus restaurantes, junto a otros productos que adquieren del mercado local. Además, también producen su propio aceite de oliva virgen, gracias a su extensa plantación de olivos.

Entre sus 450 trabajadores, casi todos marroquíes, se hallan 100 alumnos de su Academia de formación, un proyecto de inserción laboral iniciado en 2008 para formar a cocineros, recepcionistas, camareros, limpiadores, masajistas y expertos en belleza para el spa…  En un país donde el desempleo juvenil roza el 30%, los alumnos y alumnas, muchos de los cuales son de Agadir o de sus alrededores, pueden estudiar de forma gratuita y obtener una titulación convalidada en Alemania gracias a la colaboración de la Fundación TUI Care y del gobierno de Marruecos. Con derecho a residencia en el propio hotel y una paga de prácticas y cotización a la seguridad social, ven asegurado, al menos, un año de empleo.

Dos ejemplos prácticos de proyectos de turismo sostenible que podemos visitar, mientras contribuimos a un desarrollo más equitativo y justo en el país más turístico del continente africano.


Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Wiriko y TUI CARE FOUNDATION.

Turismo cultural para que Níger deje de ser el país más pobre del mundo

En Diciembre de 2016, Wiriko fue medio oficial del Festival Internacional de la Moda en África (FIMA), un evento cargado de valor y perseverancia con un anhelo proclamado a los cuatro vientos: que Níger vuelva a ser un país habitable, pacífico y fértil, y donde la cultura local adquiera un papel fundamental para abandonar su estela como cuna de la migración ilegal y el tráfico humano o como suelo yihadista.

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Siendo el patrimonio cultural uno de los aspectos más difíciles de gestionar cuando es considerado como uno recurso susceptible de generar riqueza, hoy, su potencial pasa por que las sociedades locales sean las que lo promocionen y protejan, con una cooperación estrecha entre los sectores públicos y privados. Gestionar y promocionar correctamente el Patrimonio cultural puede ser una estrategia de desarrollo para las comunidades rurales, que en el caso de Níger, representan a más del 80% de la población. Por eso, la celebración del FIMA en Agadez es un trampolín para el comercio de la ciudad, con repercusiones a kilómetros del enclave. Y aunque el terrorismo, las migraciones y la pobreza llenen portadas en todo el mundo, el FIMA no es una propuesta aislada, tal como pretendemos mostrar en este artículo.

Mujer nigerina. Imagen de Héctor Mediavilla para Wiriko.

Níger, uno de los países menos visitados y el más pobre del mundo

La presencia tanto de Boko Haram – afiliado al Estado Islámico (ISIS)- como de al-Qaeda en el Mahgreb Islámico (AQMI) en países limítrofes como Mali, Chad o Nigeria, han hecho que la inestabilidad se apodere de la región saheliana. Cerca de 300.000 desplazados malviven actualmente en Diffa, al sureste de Níger, transformando lo que había sido un fructífero enclave comercial a orillas de la cuenca del Chad, en un lugar donde el toque de queda, el cierre de mercados, la inseguridad alimentaria y la recesión económica han conducido al país a la peor crisis humanitaria conocida, o a convertirse en un auténtico cementerio de sueños. Un entorno difícilmente propicio para la atracción del turismo, tanto como para que los jóvenes, la mayoría de su población, puedan generar mejoras sustanciales y hallar esperanza para el futuro.

“Contamos con un enorme potencial, pero tenemos que enfrentarnos a la cuestión de la seguridad. Aún no hemos logrado convencer a los turistas de que pueden visitar nuestro país y eso hace que sea difícil para nosotros de desarrollar la industria y crear las condiciones para cuidar del medio ambiente”, admitía en la última edición de Investour el Ministro de Turismo de Níger, Ahmed Boto. “Sin embargo, este sector puede crear oportunidades de empleo y alejar a los jóvenes del peligro de caer en el fundamentalismo”.

Dos mujeres conversan en Agadez. Fotografía de Héctor Mediavilla para Wiriko.

A pesar de que Níger produce unos 18.000 barriles de petróleo diarios, del incremento del comercio de uranio (Níger tiene el 10% de las reservas mundiales) o del aumento de inversión pública en agricultura desde las últimas elecciones (en febrero de 2016); el encarecimiento de las materias primas y las consecuencias nefastas del cambio climático, recrudecen una situación de seguridad que sume al país a la miseria. Y es que el último Informe de Desarrollo Humano, de 2015, lo señaló como el país más pobre del mundo.

Ante un horizonte tan sombrío, personas como Alphadi, impulsor del FIMA, se han convertido en auténticos paladines de una transformación tan necesaria como, por poco, quimérica. Y con la cultura como herramienta para el desarrollo sostenible, ha demostrado que los turistas se podrían convertir en aliados cruciales para impulsar las iniciativas culturales locales, sobre todo en un momento en que África se alista en el turismo sostenible.

En la factoría que el diseñador Alphadi tiene en Niamey, un sastre teje una pieza a máquina. Imagen de Héctor Mediavilla para Wiriko.

¿De qué forma el turismo cultural puede fomentar el desarrollo en Níger?

Cómo es sabido, las consecuencias ambientales, socioculturales y económicas de la industria turística no siempre son positivas. Pero, en general, el turismo cultural tiende a revitalizar el interés de los habitantes locales por su propia cultura, aporta un valor añadido y único a otros posibles destinos, fomenta el desarrollo de pequeñas comunidades rurales, promueve el intercambio cultural y genera recursos. A pesar de que algunos expertos critican la mercantilización de las tradiciones indígenas y reprochan que este tipo de turismo contribuye, a menudo, a la “desculturalización” de los destinos, lo cierto es que hay que apelar siempre a una actitud responsable y un filosofía Slow que permita al visitante aprender de las experiencias, entorpeciendo lo mínimo y fomentando el mayor desarrollo posible a las sociedades de acogida.

Maravillas Culturales imperdibles en Níger:

1. Aunque el Gran Mercado de Niamey data del 1950, se destruyó completamente durante un incendio en 1982. Tras su reconstrucción -en tocho y no en paja, como antiguamente-, parte del edificio volvió a sufrir un dramático incendio en 2009, tras lo que logró rápidamente volver a atraer la actividad comercial de la capital en un espacio que separa la “ciudad colonial” de la “zona residencial africana”. Sin embargo, la anarquía que reina entre los cientos de quioscos que se aglutinan en este epicentro socioeconómico de la ciudad, hizo que el ayuntamiento desmantelara parte de sus puestos, en una medida muy impopular y contestada, en 2016. Pero esta sede de negociaciones y flujos informales de dinero, se recompuso rápidamente como prueba de la resistencia de las dinámicas del comercio local, que atraen a sus ajetreadas callejuelas a más de 20.000 extranjeros cada año.

2. La Mezquita de Agadez, construida en torno a 1515, es una construcción única caracterizada por tener el minarete de barro más alto jamás construido, con pilares de madera que sobresalen de cada uno de sus cuatro caras. Este magnífico alminar, que era considerado uno de los elementos arquitectónicos más simbólicos de la llamada “puerta de entrada al desierto” – tal como se conocía Agadez antiguamente-, lleva más de cinco siglos custodiando una ciudad que fue bisagra del comercio transahariano con Kano y Timbuktu. Construida durante el sultanato de Aïr, coincidiendo con que algunos grupos tuareg se sedentarizaron en la ciudad, la mezquita fue uno de los mayores atractivos turísticos durante los 80, cuando Agadez se convirtió en el principal atractivo para los viajeros extranjeros. Hoy, sigue siendo una maravilla protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

3. El barrio de Birni es el corazón histórico de la ciudad de Zinder, fundado por los hausa en el sur de Níger y convertido en capital del Sultanato de Damagaram en 1736. ‘Birni’, que significa literalmente ‘pared’, escondió tras sus antiguas e impresionantes murallas de unos diez metros de altura, algunas de las joyas arquitectónicas más valiosas del país, entre las que se esconde el Palacio del Sultán. Aunque muchas han sido derribadas con el paso del tiempo, este vecindario cuenta con míticas “decoraciones parlantes” que ornamentan las paredes de adobe de un enclave tradicional que rebosa, y por doquier, una viva riqueza cultural. El barrio, que incluye cuatro distritos, alberga hoy entre 20.000 y 30.000 habitantes, conservando su viejo tejido urbano y el esplendor artístico y estéticos de la cultura hausa.

4. El mercado de artesanos y orfebrería tuareg de Agadez es uno de los principales enclaves, junto a Akjoujt en Mauritania, para conocer el minucioso trabajo con metales de la cultura tuareg, que ya 2500 años a.C. se practicaba en el Antiguo Egipto. Los tuareg son famosos, entre otras cosas, por sus impresionantes joyas de plata -así como las mujeres tuareg lo son por su trabajo del cuero, la poesía o la música-, grabadas a mano en diseños tradicionales. Conocidos como Kel Inaden, que significa ‘joyeros’, su arte no se basa solamente en elaborar joyas, sino en reparar todo tipo de armas y utensilios con el empleo del fuego. En muchos casos, los Inaden también son oradores o músicos, y son considerados parte de una casta aristocrática pilar en la sociedad tuareg. En las zonas urbanas, se los conoce como les forgerons les bijoutiers. 

5. Mientras dos tercios de Níger son desierto, el resto es Sahel. Y de entre los más áridos de sus paisajes, el desierto del Teneré, custodiado por las Montañas de Aïr, es uno de los preferidos para los turistas. Autopistas de dunas dibujan la senda por la que las caravanas de sal han cruzado el Sahara durante siglos. Los oasis desaparecen a medida que uno se adentra en este mar de arena. Y el Teneré se convierte en el lugar más inhóspito y silencioso del mundo, donde las texturas y tonalidades del cielo y de la tierra se funden en la lírica de la brisa, cuyos susurros son interpretados por los tuareg, los kanuri o los toubou.

6. La Antigua Ciudad de Djado es una asentamiento fortificado en ruinas en el nordeste del país. Se trata de uno de los puntos calientes de la ruta comercial sahariana y de las redes esclavistas que se dirigían hacia Libia durante la edad media, mucho antes de que los europeos iniciaran el comercio triangular transatlántico. Si bien la meseta de Djado, donde se ubica, es conocida por su arte rupestre, Patrimonio Mundial de la Unesco, este enclave urbano fue uno de los epicentros caravaneros de la historia pre-colonial del Sahara. Levantado a partir de materiales naturales como barro, paja y arcilla, hoy es un reducto arquitectónico decadente y deshabitado, pero con un valor histórico enorme.

7. Las pinturas rupestres de Dabous, en las Montañas de Aïr (Patrimonio de la UNESCO), son un conjunto de cientos de pinturas de una antigüedad de 8.000 a 10.000 años, probablemente las más antiguas del Sahara. En sus figuras, se evidencia una rica Biodiversidad en la época y un acelerado cambio climático que ha pasado a registrar animales típicos de las sabanas y las selvas tropicales como jirafas, avestruces, antílopes, leones o rinocerontes, en contraste con los actuales escorpiones, serpientes y camellos. La obra más impresionante son los petroglifos de las jirafas de Dabous, un macho y una hembra de más de 6 metros de altura y perfectamente tallados en dos losas, que fueron descubiertas en 1997.


Dónde alojarte en Níger: 

NIGER SOLUXE HOTEL: Encontrar un hotel asequible, seguro y con buenas instalaciones puede ser un auténtico quebradero de cabeza en Níger. Sin embargo, este hotel de la cadena china Soluxe es una apuesta segura para Niamey. Wifi, restaurante, gimnasio o piscina, son comodidades que este establecimiento recién inaugurado en la capital nigerina ofrece. Y con unas mínimas de 17 grados y máximas de 42º, se agradece un aire acondicionado (que funcione), para descansar de las alta y húmedas temperaturas de esta ciudad a orillas del río Níger. De lejos, la mejor opción para los más preocupados por la inseguridad en el país.

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Uganda, epicentro cultural del África del Este

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Chica Pokot, un grupo nacional o étnico que se encuentra entre Kénia y Uganda. Imagen de Eric Lafforgue.

Con la población más joven del mundo (el 77% de los ugandeses son menores de 30 años, mientras casi la mitad de la población no llega a los 15), Uganda es a día de hoy una nación prometedora con tantas oportunidades como retos. Mientras la industria tecnológica sigue dominando las esperanzas para el crecimiento económico del país, las economías creativas empiezan a despuntar como plataformas donde la juventud se expresa en su máximo esplendor. Ya sea desde el universo literario, las artes plásticas, el sector de la moda o desde su industria cinematográfica (Ugawood), Uganda se ha situado en el mapa regional como uno de los enclaves culturalmente más interesantes de toda África. Y uno de nuestros destinos preferidos. Siendo uno de los países más pacíficos del mundo, saltó a las portadas de varios periódicos internacionales después de que su presidente, Yoweri Museveni, y en respuesta a unos desafortunados comentarios del presidente español Mariano Rajoy, alegara que Uganda es mejor destino turístico que España.

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

A pesar de la mala propaganda del país (sus mediáticas políticas homófobas, un pasado sumido a la sombra del dictador Idi Amín…), común en las narrativas afropesimistas y eurocéntricas sobre el continente, Uganda no es peor destino turístico que España (país más corrupto de Europa, cuyo pasado franquista nunca fue juzgado y posición 33 en el ránking mundial de la libertad de prensa). Aquellos que creen que Uganda solo puede ofrecer visitas a familias de gorilas en peligro de extinción se sorprenderían. Para los que ven Uganda como un destino exclusivo para intrépidos viajeros y aventureros mochileros, no podrían estar más equivocados.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

La imponente panorámica de los rápidos de las Fuentes del Nilo, en Jinja, y el retiro de The Haven, las vistas del lago Victoria de hoteles como el Cassia Lodge, experiencias culinarias únicas en la isla de Bulago como las que regala el Pineapple Bay Resort o hasta el lujoso reposo en el antiguo cráter volcánico del Kyaninga Lodge, en el interior del país, solo son aptas para bolsillos acomodados y exigentes. En este sentido, Uganda, como España, puede ser explorada desde muchas ópticas: la natural, la urbana, la de sol y playa, la de selva y sabana, la de congresos y convenciones, la religiosa, la gastronómica, la de compras…

Sin embargo, si una Uganda se está posicionando a nivel regional, esa es la Uganda cultural. Si hace pocos meses os hablábamos del DoaDoa, el mercado de artes escénicas del África del Este, hoy hay que hacer referencia a lo que se ha convertido en el festival de música y artes más importante de toda la región: el Bayimba. Después de que hace pocas semanas los organizadores del Sauti Za Busara, en la isla de Zanzíbar, anunciaran la cancelación de su edición para 2016, y se hicieran evidentes las dificultades de los festivales culturales africanos, la octava edición del Bayimba lo convierte en un puntal a aplaudir y fortalecer para todos los amantes de la cultura. Sin duda, un pilar para la promoción del turismo cultural en la región.

2015-BayimbaBayimba, la crónica: 

Del 18 al 20 de Septiembre, el recinto del teatro Nacional de Kampala acogió conciertos, sesiones de Dj’s, obras de teatro, espectáculos de danza urbana, exposiciones de fotografía, artes visuales o proyecciones cinematográficas en un entorno urbano y culturalmente abierto dispuesto a dejarse seducir. Con entradas a poco más de 1 euro, horarios desde la mañana hasta la medianoche y una programación afrocéntrica con un fuerte sabor local, el Bayimba supo agradar a todos los públicos y descubrió decenas de tendencias a la mayoría de su audiencia.

La mayor sorpresa, para aquellos que aún no los conocían, vino de la mano de Tanzania. El tanzano Msafiri Zawose, con un repertorio de música Gogo, un estilo tanzano a partir de distintos instrumentos locales como el zeze o el ndono, supo aliñar la noche con la dosis perfecta entre música melódica e hipnotizante, y los bailes frenéticos de una banda musicalmente completa, estéticamente muy cuidada y conseguida escénicamente. Si bien no se trata del vídeo del directo en el Bayimba, recomendamos el vídeo que Abdi Rashid, director de Roots International y programador de las noches musicales del Pub Choices de Nairobi, subió recientemente en su canal de Youtube.

La camerunesa Kareyce Fotso, fue otro de los ases desvelados durante el festival. Con un repertorio inflamable y 100% bailable, la cantante demostró el talento y la sensibilidad que están haciendo su sonido exportable al exterior de África, siguiendo los pasos de su paisana Coco Mbassi u otros cameruneses como el formidable Blick Bassy. Su set estuvo acompañado de dos grandes ases, el ugandés Joel Sebunjo, un grande de la Kora – instrumento tradicional del África Occidental- y el maliense Ali Keita.

Durante todo el festival, las actividades no pararon de sucederse en los distintos escenarios que infectaron de arte Kampala. Santuri Safari, un colectivo de Dj’s, locutores de radio, lo que ellos denominan “conectores culturales” y artistas de todo África del Este, estuvieron al cargo del escenario secundario. Construyendo puentes sonoros entre la música tradicional y los sonidos electrónicos más contemporáneos, Santuri Safari creó la atmósfera alternativa para el Bayimba. Una atmósfera que fue complementada por un espacio dedicado a la sociabilización y el relax alrededor de la percusión tradicional y del Ajono: un ritual en torno a una cerveza tradicional en el que el grupo se sienta en círculo y en el que cada tres minutos aproximadamente, se pasa la pajita al vecino de tu izquierda en señal de confianza.

Casi 3.000 asistentes según los organizadores, marcaron el patrón de la diversidad cultural. A diferencia de otros festivales de música y artes africanas del Sur del Sáhara, el Bayimba se caracteriza por centrarse en la cultura local y regional, algo que no tan solo empodera a los músicos y artistas de la región, sino que subraya la intención de sus promotores en apoyar el talento local sin necesidad de contar con artistas extranjeros o estrellas africanas internacionales afincadas en la diáspora. La sostenibilidad de este increíble proyecto cultural, que ha cerrado su octavo año de andadura con un éxito rotundo, tiene mucho que ver con su trayectoria anual y su inclusión de pequeños y grandes nombres en todas las áreas culturales a las que abraza. Entre ellos, la comercial y famosísima en Uganda Sheeba.

Las tiendas y tenderetes de ropa, detalles, souvenirs y moda local hicieron el agosto (en septiembre). Con todo, el impacto económico del festival en la ciudad de Kampala se hizo notar en restaurantes, hoteles y clubs nocturnos, donde los Dj’s de Santuri Safari alargaron las noches en “after parties” abarrotadas en bares de moda como el Iguana, donde la gente se desplazó en boda-boda, el transporte urbano más extendido y barato de la capital ugandesa.

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Balance: éxito rotundo.