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Entrevista a Inua Ellams, un revolucionario poeta con ojo visual

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Inua Ellams. Fotografía de Franklyn Rodgers.

Inua Ellams es uno de esos nombres que van a estar presentes para siempre cuando se observe la escena artística nigeriana, africana en general o incluso europea del siglo XXI. Es un artista gráfico y un virtuoso de las palabras influenciado por la cultura hip hop. Inclasificable por abarcar disciplinas tan diversas como las artes visuales, el diseño gráfico, la ilustración, el audiovisual, la poesía o las artes escénicas, es ante todo una mente inquieta capaz de inquietar y un romántico empedernido.

En España, lo conocimos por haber traído su proyecto de aroma situacionista The Midnight Run (o La Huida a Medianoche) en Barcelona, una obra que mezcla improvisación y participación del público en un recorrido que rescata e interconecta las sombras de la ciudad: el hormigón y el acero, los personajes nocturnos, los extraños entre sí… Conectando elementos que van a contracorriente, siendo él uno de ellos. Inua busca rescatar de la oscuridad de la noche los puntos de luz y de belleza de espacios que se reconstruyen y re-definen. Y como amantes de la belleza, no hemos querido perder la oportunidad de hacerle una entrevista sobre sus trabajos y su visión sobre el panorama artístico africano como artista nigeriano en la Diáspora.

The Barcelona, Spain, Midnight Run // 08/06/2013 from Inua Ellams on Vimeo.

G: Escritor nigeriano-irlandés-británico de poemas, cuentos y obras de teatro, diseñador gráfico; artista visual… También tengo entendido que estás haciendo talleres de escritura creativa y he leído frases tuyas como la que dice: “Yo sólo pinto cuadros con palabras.” ¿Cómo te auto-definirías?

I.E.: En este momento me definiría como un buscador de casa. No tengo aún un lugar donde sienta que pertenezca enteramente, y mi escritura es un diario de este proceso de búsqueda. Cuando era pequeño, quería ser un artista visual y pasé gran parte de mi infancia hasta la adolescencia centrándome en la creación de imágenes, en la estructura de la forma y el color. Al dejar la escuela y no poder permitirme lo de la pintura, empecé a escribir con el ojo visual que había desarrollado durante años. Traté de hacer lo que siempre había hecho, pero en lugar de usar un pincel, intenté usar palabras.

G: Como artista de la diáspora (si me permites esta descripción simplista) … ¿Cuál es tu relación con Nigeria y cómo se vive Nigeria des del Reino Unido? 

I.E.: Nigeria siempre es como una madre con muchos hijos, una madre cuya sombra cubre el mundo y a todos sus hijos, les guste o no. Mi relación con Nigeria fluctúa tanto como una sombra lo hace bajo diferentes luces. Es decir, a cada momento hay muchos focos en Nigeria, algunos de positividad extrema, aunque lo único que cuente sean otros de negatividad extrema. Las luces que brillan, y de las que me siento orgulloso, son las de nuestros escritores, nuestros arquitectos, nuestros poetas, nuestros dramaturgos, nuestro espíritus inexorables, la inquebrantable-dad de nuestras espaldas. Las luces que brillan y de las que me asusto son las de la corrupción, la codicia, la pobreza extrema, el extremismo religioso, la explotación y la erosión cultural. Estoy tan orgulloso de Nigeria como estoy avergonzado de ella. En Occidente, aquí en Europa donde vivo, donde las etiquetas necesitan estar conectadas para que algo exista, Nigeria es para mí como un indicio con el que mi conciencia está en relación con el mundo, pero habiendo vivido aquí, soy tan británico (o estadounidense, dada sus influencias culturales) como nigeriano .

G: Tan joven como eres; habiendo ganado el Premio del Festival Fringe de Edimburgo en 2009, siendo el primer africano en presentar un espectáculo individual en el escenario del Teatro Nacional de Londres en 2010, habiendo sido preseleccionado para el Premio Alfred Fagan para dramaturgos de África y de ascendencia caribeña… ¿Cuáles son tus aspiraciones?

I.E.: Por encima de todo, quiero ser capaz de escribir lo que quiero escribir. Mis aspiraciones son numerosas, pero el objetivo final de todas ellas es simplemente estar en condiciones de hacer lo que quiero. Se puede argumentar que yo (o cualquier escritor) puedo hacerlo, pero para tener éxito en el juego de la poesía (para tomar prestada una analogía del mundo del hip hop) hay políticas que jugar, hay maneras de escribir y círculos dónde ser visto, ninguna de las cuales me gusta mucho, pero que siento que debo hacer. Tal vez esto sea una ilusión, pero incluso así sería una yema de huevo a la que estoy atado. Tal vez la política sea una parte de la descripción del trabajo; parte de ser un escritor, en cuyo caso, entonces, mi aspiración es tan amplia como precisa: simplemente para convertirse en un mejor escritor y articulador del(de los) mundo(s) en que vivimos, el(los) por qué(s) y la(s) forma(s) en la(s) que vivimos en él(ellos).

G: Regresaste a tu Nigeria natal después de un largo periodo sin estar allí, para el primer Festival de Teatro de Lagos en 2013. ¿Cuéntanos cómo fue esa experiencia?

I.E.: Fue estimulante. En realidad no esperaba nada, no creía que nada profundo despertara dentro de mi subconsciente, que fuera a echarme a llorar cuando aterrizara en tierra nigeriana. Estoy conectado con las comunidades nigerianas aquí en Londres y gracias a Aljazeera, Twitter, Facebook y los medios de comunicación en línea, siempre tengo la sensación general de lo que está pasando – lo suficiente como para saber que la vida sigue adelante, y que la misma vertiginosa transitoriedad que envuelve Londres también envuelve Lagos y Nigeria. Sin embargo, antes de partir hacia Nigeria, hablé con un ugandés y cuando le pregunté cuántas veces visitaba su “hogar” – a pesar de que vivía y trabajaba en Londres-, me respondió que dos veces al año . Le dije que iba a estar en Nigeria durante sólo seis días, sacudió la cabeza con incredulidad diciéndome que me quedara más tiempo, que tenía que pasar tiempo en ‘casa’. Él hablaba de un lugar más allá del lenguaje – no podía expresar lo que quería decir cuando le pregunté -, pero me di cuenta de cómo sus ojos se suavizaron y por el leve hundimiento de sus hombros y la profundización de su sonrisa, que sólo la idea del lugar HIZO algo a su espíritu. Pensé que si me iba con algo parecido a esa afectación, sería genial … y eso es exactamente lo que pasó! Después de tres días allí de repente me sentí como si estuviera en medio de mi gente, que pertenecía a la tierra, al calor. Fui allí para llevar a cabo una obra de teatro y fue bien recibida por el público, fueron sin duda la mejor audiencia que he tenido para la obra. Se rieron tanto que tuve que parar y esperar a que terminaran de reírse para poder continuar.

G: Nigeria está en el ojo de mira recientemente por su escena artística: la música , el cine o incluso la industria literaria, son de lo más avanzado en el continente y están causando mella. ¿Cómo puede esto fomentar un efecto llamada para aquellos nigerianos que viven fuera de África? ¿Crees  que las oportunidades de trabajo en la escena de las artes promueven o pueden promover, un retorno al continente? ¿Puede beneficiar esto el desarrollo de África?

I.E.: Nigeria es el país más poblado del continente y será el más rico bien pronto. De la inundación de capital en el país, la mayor parte todavía proviene del sector del petróleo y sus negocios periféricos. El mercado laboral está aumentando masivamente, los jóvenes se sienten lo suficientemente liberados para buscar otras formas de empleo más allá de lo tradicional a la mentalidad nigeriana, y el más visible de estos campos son puestos de trabajo en el sector de las artes. Sin embargo, los mercados locales no están apoyando suficientemente los puestos de trabajo para que los artistas puedan hacer una carrera a tiempo completo. Los artistas nigerianos todavía tratan de atraer a los mercados occidentales, por lo tanto, no creo que ningún tipo de iniciativa de retorno a África sea muy inteligente. Blaise Pascale dijo una vez: “Todos los problemas de la humanidad se derivan de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilamente en una habitación solo”, pero algunos de los que no se sentarían, irían a reclamar tierras, crear fronteras, dibujar líneas en la arena y apuñalar a la tierra con el asta de una bandera, reclamando su propiedad. Esto se le hizo a nuestra tierra y a nosotros, a nuestros propios cuerpos. Hemos luchado y seguimos luchando para ser incluidos en las sociedades occidentales, seguimos subiendo las escaleras que ayudamos construir y no creo que debamos caminar lejos de ellas. El mundo es como es ahora, todas nuestras economías están vinculadas, y aunque sin duda defiendo el crecimiento financiero en el continente, una iniciativa de retorno a África desestabilizaría las economías de ambos lados de la moneda. La escena de las artes ayudará a contar nuevas narrativas sobre el continente, cambiará la marca del continente y ayudará al mercado en el resto del mundo, pero el desarrollo proviene de las partes más vitales de la economía africana: agricultura, sanidad, construcciones, bienestar, infraestructura… Estos son los bloques de construcción de las naciones. Las artes pueden ayudar a articular la necesidad de cambio, pero no pueden iniciar el cambio por sí solas.

G: Háblanos de tus obras : ‘The 14th Tale’; ‘Untitled’ y ‘Black T-Shirt Collection’. 

I.E.: ‘14 ª Tale’ fue en gran medida una mayoría de edad, un juego autobiográfico sobre mis experiencias de crecer en Nigeria, trasladarme a Inglaterra, a Irlanda y de regreso a Inglaterra. Se trata de una exploración divertida, meliflua, de cambios emocionales, pero ligera, de entender la masculinidad contemporánea africana. ‘Untitled’ es una obra de realismo mágico que acontece entre un pequeño pueblo en el corazón de Nigeria y en la ciudad de Londres. Es sobre los nombres y las consecuencias de ser anónimo. Cuenta la historia de dos hermanos gemelos separados al nacer, mezclando el lenguaje – la filosofía con el folclore y una carrera contra el tiempo asombrosa. ‘The Black T -shirt Collection’, mi obra más reciente, es la historia más grande que he contado nunca. Trata de la homofobia y la homosexualidad en Nigeria, la violencia sectaria en Nigeria, los mercados financieros globales, la industria de la moda, el comercio, la responsabilidad social de las empresas, la explotación y las consecuencias del éxito. Viaja desde Nigeria a Egipto, a Barcelona, ​​España – directo a través de Europa, a Londres y finalmente China. Sin embargo, también es simplemente una historia sobre dos hermanos adoptivos tratando de iniciar una empresa de camisetas. Todo mi trabajo, poemas y obras de teatro por igual creo que versan sobre la identidad, el desplazamiento y el destino.

G: ¿Y cuáles son tus citas para 2014?

Hay mucho, antes de junio, voy a viajar a Bangladesh, Pakistán, Estados Unidos, Nigeria, Nueva Zelanda, Australia y Singapur posiblemente. También estoy trabajando en una nueva obra, dos libros de poesía y varios poemas por encargo e instalaciones artísticas.

Festival Internacional Duo Solo Danse (St.Louis, Senegal)

Artículo escrito por Nadia Valentín Pardo: Licenciada en Historia del Arte (UCM), Máster Oficial en Artes Escnénicas (URJC) y Postgrado en Cooperación y Gestión Cultural Internacional (UB). En los últimos años ha combinado su experiencia profesional como docente y mediadora intercultural con su labor como programadora y gestora cultural en España, Guinea Ecuatorial, Francia y Senegal. (Dakar, Senegal)

 

264400_528959173806715_1879644659_nDel 12 al 15 de junio de 2013 coreógrafos y bailarines de Senegal, Malí, Burkina Faso, Marruecos, Túnez, España, Francia, Suiza y los Países Bajos, se dieron cita en la sexta edición del Festival Internacional de Danza Duo Solo Danse, poniendo en movimiento las calles y conciencias de una bella, imperturbable y decadente St. Louis de arquitectura colonial, que por momentos parece anclada en el tiempo. Esta iniciativa de la Asociación Diagn´art, dirigida por el coreógrafo y bailarín senegalés Alioune Diagne, constituye probablemente la cita más importante de la danza contemporánea en Senegal y uno de los eventos fundamentales en la agenda cultural de las artes escénicas de África del Oeste.

A pesar de las dificultades financieras, que este año se han dejado sentir un poco más como consecuencia de la crisis económica en Europa, el festival ha conseguido reunir de nuevo una buena muestra de la creación contemporánea que se está desarrollando en estos momentos en África y en Europa, gracias a un equipo apasionado y perseverante, y a la fidelidad de ciertos sponsors y partenaires.

Durante cuatro días, los amantes de la danza, expertos y neófitos en la materia, han podido disfrutar de algunos espectáculos de gran calidad técnica y artística realizados por profesionales de renombre internacional y por jóvenes senegaleses en formación. El Instituto Francés, las calles de algunos barrios populares, el campus de la Universidad Gaston Berger, y diferentes edificios históricos de la ciudad, como por ejemplo la catedral, se convirtieron en los principales escenarios del Festival.

Y es que dos de los objetivos fundamentales de la Asociación Diagn´Art , además de favorecer el desarrollo y la difusión de la creación y producción de la danza contemporánea en Senegal, son: contribuir a su profesionalización, dando la oportunidad a jóvenes provenientes de diferentes puntos del país, de formarse e introducirse en el circuito profesional, y hacer accesible la cultura al gran público, ofreciendo de manera gratuita espectáculos y performances en las calles, o desarrollando proyectos pedagógicos artísticos en centros escolares a lo largo del año, dándole así la oportunidad de descubrir “nuevas” formas de expresión artística, que por desgracia, aún son desconocidas por buena parte de él y muy poco reconocidas a nivel social.

A este nivel, destacamos el estreno, en diferentes emplazamientos de la ciudad, de Sacre, resultado del trabajo coreográfico de Rachid Heldi con el grupo de adolescentes hip- hoperos que componen la compañía Art 2 Scène de Lille (Francia) y del trabajo coreográfico de Alioune Diagne, de la compañía Diagn´Art (Senegal), con un grupo de jóvenes pre-profesionales con mayor recorrido en hip-hop y sabar que en danza contemporánea. Una semana antes de que diera comienzo el festival, ambos coreógrafos pusieron en común en St. Louis, el trabajo que habían desarrollado durante meses con los jóvenes en sus respectivas sedes, terminando de dar forma a una interesante versión St. Louisiana de la ya centenaria La Consagración de la Primavera de los Ballets Rusos de Diaghilev. Sorprendente y enervante, fue la inesperada situación vivida en el campus de la Universidad Gaston Berger, cuando en plena función, un grupo de Baye Falls (grupo religioso perteneciente a una de las grandes corrientes del Islam en Senegal, el mouridismo), armados de sus instrumentos de percusión y de sus letanías religiosas, quisieron acallar la “revolucionaria” partitura de Stravinski. No deja de asombrar cómo después de tanto tiempo, esta pieza que produjo gran escándalo y marcó un antes y un después determinante y fundamental en la historia de la danza y de la música a principios del siglo XX, todavía puede generar el descontento y el miedo de aquellos que se atrincheran en la tradición y en unos supuestos valores únicos e inalterables, oponiéndose al devenir artístico contemporáneo.

Valores, tradiciones, religiones, que afectan y mutilan la libre expresión del verdadero “yo” de cada ser humano, perdido y en constante lucha en su búsqueda de identidad, como consecuencia de la opresión de ciertas imposiciones sociales. Valores, tradiciones, religiones y comportamientos sociales que han sido muy contestados, de manera más o menos explícita, en el trabajo de algunos coreógrafos como el solo Skett del tunecino Wadji Gagui, el dúo marroquí Résistances, coreografiado por Ahlam El Morsli (interpretado por él mismo y Charafe Ennaji) o varias de las piezas coreografiadas por Alioune Diagne, en las que las alusiones críticas a una práctica inquisitiva, anuladora y opresora del catolicismo o el Islam son evidentes.

 

Piezas militantes y combativas, con las que los artistas, desde una posición individual e introspectiva y en un diálogo muy íntimo y personal con su cuerpo y su conciencia, consiguen sin embargo, interpelar al espectador recordándole el poder de la colectividad ciudadana en la lucha por la transformación política y social de nuestro mundo. Emocionantes, las alusiones simbólicas a la Primavera árabe de Túnez (Skett –de Wajdi Gagui) y al movimiento ciudadano Y´en a Marre de Senegal (Banlieu de la Compañía Diagn´Art). 

« Quand j´étais blanche j´avais déjà une mère très blanche et un père très noir. Quand j´étais
blanche je m´appelais déjà Fatima N´Doye, mais ça n´avait aucun rapport avec moi » (Cuando
yo era blanca ya tenía una madre muy blanca y un padre muy negro. Cuando era blanca ya me
llamaba Fátima N´Doye, pero eso no tenía ninguna relación conmigo).

Así contaba entre texto y movimiento, la actriz, bailarina y coreógrafa franco-suiza Fátima N´Doye, compartiendo con el público las preguntas, sentimientos, vivencias, reflexiones, que le han ido acompañando a lo largo de su vida, en la búsqueda de sus raíces y de una identidad múltiple que supera colores y fronteras. Pero este no ha sido el único caso en el que el tema de la identidad ha estado presente. Y es que las coreografías que vienen inspiradas por una reflexión en torno a la búsqueda de identidad racial, sexual, religiosa, cultural…, en sociedades en mutación, cada vez más híbridas, urbanizadas y globalizadas, viene siendo una constante en la danza contemporánea de la Región, en los últimos años. Como muestra, podemos hablar del dúo Re-Naissance de los coreógrafos y bailarines senegaleses Hardo Ka y Gnagna Gueye o del solo Ni noir, ni blanchede esta última, en el que hace una crítica abierta al fenómeno por el cual muchas mujeres
negras (también hombres) utilizan dañinos productos cosméticos para blanquear su piel, víctimas del dictado de un heredado canon de belleza por el que todo lo relacionado con el mundo de los blancos es mejor y más bello. Destacamos además, en la propuesta coreográfica y escénica, a un prometedor joven burkinés, Souleymane Ladji Koné, discípulo de la Escuela Internacional de Danza de Irene Tassembedo (Burkina Faso). En su solo Màa Labyrinthe, acompañado por el músico Erwann Bouvier, nos habla también del complejo tema de la
identidad, a través de una técnica depurada en la que la danza contemporánea, el hip hop y la danza tradicional africana fluyen de manera natural.

Re-Naissance Ouakam d’Hardo Kâ & Gnagna Gueye from urban sceno dakar 2012 on Vimeo.

Mención aparte merece el dúo Entomo, de la compañía española EA&AE (Elías Aguirre y Álvaro Esteban), en gira por los cinco continentes desde 2009 y premiado en múltiples ocasiones. Presentado en la calle y en el Instituto Francés, la impactante precisión de movimientos, derivados de una perfecta fusión entre danza urbana, diferentes técnicas de danza contemporánea, una sesuda y minuciosa observación del comportamiento de los insectos y una muy buena y bien elegida música de Samuel Aguilar, dan como resultado una sobresaliente coreografía capaz de cortar al público la respiración, que con la boca abierta y los ojos como platos, por momentos puede llegar a confundir a dos bailarines de desbordante energía reproduciendo al milímetro movimientos y comportamientos animales, con dos hombres-insecto en constante y bailada lucha por su supervivencia, provocándole un cóctel de sentimientos bien intenso. Originalidad, brillantez técnica, disciplina y humildad caracterizan a estos dos coreógrafos y bailarines que además impartieron una fructífera clase magistral a los jóvenes en formación presentes en el festival.

El programa lo completaron el solo Idobscure (premio de la Fundación Orange en 2010) del maliense Aly Karembé, el dúo Coffe & Cigarettes, propuesta coreográfica de danza urbana de la holandesa Alida Dors, el dúo hip-hop Introspektion de la compañía senegalesa Kaddu y cuatro extractos de piezas de repertorio del Ballet Preljocaj (Francia), que aunque defendidas con nivel por tres jóvenes bailarines con gran dominio técnico, tal vez quedaron algo descontextualizadas dentro de la programación general del Festival. Los ausentes: la malgache Julie Iarisoa y el gabonés Peter Nkoghé, que por problemas de fechas y visado no pudieron estrenar su última creación T.SOU.DI.NO.RA. Pero en estos cuatro días de festival, el público st. Louisiano y visitante no sólo despertó sus sentidos viendo danza en vivo, sino que pudo disfrutar de proyecciones de cine al aire libre, gracias al Cinéma Numérique Ambulant, que llevó la danza a las pantallas, y de dos noches consecutivas de música y video durante el fin de semana. 

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La noche del viernes, el espectáculo Deggi Daj, que repetía festival después del éxito de 2012, con sus seis baterías de diferentes partes del mundo y un grupo de percusionistas senegaleses, hicieron vibrar a un público que de manera espontánea se arrancaba a bailar sabar a ritmo de hip hop, poppin a ritmo de samba o danza contemporánea a ritmo de funky. El broche final lo pusieron los video-artistas Marco Lena y Tiziana Manfredi, que proyectando sobre la fachada de uno de los edificios coloniales, a orillas del río Senegal, compusieron su propia coreografía haciendo bailar de nuevo, a ritmo de Pink Floyd, dub y música electrónica, a muchos de los artistas que han ido pasando por el festival desde sus inicios, provocando cierta nostalgia en aquellos que desde hace algún tiempo no faltamos a esta cita anual.
 
No podemos terminar, sin hacer mención del mítico barco de los años 50 Bou el Mogdad, icono y centro neurálgico del Festival. Anclado en el río Senegal, con unas fabulosas vistas al puente Faidherbe, en él se alojan los bailarines invitados, se discute sobre los espectáculos al calor del ataya (té preparado al modo tradicional senegalés), se comparten e intercambian opiniones, ideas, contactos, se construyen redes de manera espontánea, pero sobre todo, se ríe y se baila mucho, hasta altas horas de la madrugada, en un ambiente muy distendido y amigable que engancha a todo aquel que tiene la oportunidad de desplazarse a St. Louis por estas fechas.

 

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (III): Un ejercicio de nostalgia y recuerdos

“Mil novecientos sesenta e…

Chego a Luanda na terça-feira de Entrudo. Que saudades tenho do Carnaval da minha terra! Os fados destinaram que eu chegasse hoje”.

Portada de una edición portuguesa de Sanzala sem batuque

Portada de una edición portuguesa de Sanzala sem batuque

Así comienza “Carnaval” una de las historias recogidas en la obra Sanzala sem batuque, del escritor angoleño Geraldo Bessa Victor. La desinhibición, la ruptura de los límites o la cuarentena liberadora de las convenciones son, seguramente, algunas de las características tradicionales del periodo de Carnaval. Sin embargo, hay otras dimensiones de esta época, como la que explota Bessa Victor, que emplea el escenario de los carnavales de Luanda como un territorio para la memoria, para la nostalgia y para un ejercicio de introspección y de búsqueda del uno mismo.

El relato cuenta la historia de Mário, un angoleño que regresa a su tierra después de una larga estancia de veinte años en Portugal. El destino quiere que este retorno se produzca, precisamente el martes de Carnaval. El clima que se encuentra en la capital de Angola no hace sino reforzar esa sensación de nostalgia y añoranza. La música, las canciones y el ambiente, en general, favorecen un viaje de Mario hacia el escenario abandonado en ese largo proyecto migratorio. De alguna manera, en este sentido, el Carnaval es apenas una excusa para Bessa Victor una manera de forzar a su personaje a hacer un viaje que le permite tratar algunos de los temas fundamentales en el marco del relato de un migrante.

El autor angoleño, un prolijo escritor que durante todo el siglo XX se convirtió en un referente tanto en poesía como en prosa, ofrece al lector de “Carnaval” una cuidada imagen de la sociedad angoleña, o cuando menos, de la luandesa, desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, Bessa Victor muestra la dimensión más costumbrista con la descripción nada parca del Carnaval del país africano. Se trata de un relato con un considerable componente íntimo que supera la pura enumeración de lo que ocurre en las calles para adentrarse sin miedo en la explicación de las sensaciones que produce, del ambiente que se respira y de los sentimientos que despierta.

Por otro lado, el relato de Mario lleva al autor a abordar un esbozo casi sociológico de la Angola de los años sesenta. Al fenómeno migratorio se suman las relaciones entre los habitantes autóctonos y los portugueses, en ese momento, colonizadores. Pero también se ve obligado a abordar dimensiones que puede resultar espinosas como era la realidad entre negros, blancos y mulatos, sus posiciones sociales, sus roles… Todo ello sin adoptar una postura puramente descriptiva.

Quizá el contexto del carnaval permite Bessa Victor enfrentarse sin complejos a una sociedad tan compleja como la de la Luanda de los sesenta en la que se mezcla la tradición africana con las influencias portuguesas, las pretensiones de gran núcleo urbano; los corsés sociales con las relaciones interraciales; los prejuicios sociales con las nuevas ideas de los inmigrantes repatriados; los complicados entramados familiares con los sentimientos más individuales.

Geraldo Bessa Victor. Fuente: Wikimedia

Geraldo Bessa Victor. Fuente: Wikimedia

La preocupación Geraldo Bessa Victor por mostrar la realidad angoleña se pone de manifiesto en su producción de no ficción. A pesar de su larga experiencia portuguesa y de que algunos críticos considera que en muchas de sus obras adoptó la temática de la tradición poética occidental, Bessa Victor publicó en su tiempo (un tiempo nada fácil) diversos ensayos sobre literatura angoleña, pero también sobre el papel de los proverbios, por ejemplo, como muestra de su preocupación por la cultura popular. Esta preocupación entronca perfectamente con el hecho de que en “Carnaval” escoja una fiesta eminentemente popular para exprimir su potencial evocador.

Hay quien se ha aventurado a describir “Carnaval” como una “morna”(a pesar de su carácter caboverdiano) en prosa, por el importante componente de nostalgia. Evidentemente se trata de una consideración más simbólica que en sentido estricto, sin embargo, sí que nos da una idea del tono.

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (II): Sátira documental

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

 

Lo acertado de disfrazar guión e historia para satirizar el dominio de las estructuras del Estado ha motivado a diversos directores africanos para proponer como personaje central la fiesta del carnaval. Es una lógica aplastante, transgresora, a veces impuesta y marketiniana, de vocabulario a pecho descubierto, al mismo tiempo que disfrazado, en una semana donde el “todo vale” queda insertado en los márgenes de la ley. En  estos días dedicados a Don Carnal queríamos acercar cuatro propuestas documentales que adoptan esta temática y la hacen propia: Angola, Bissau, Cabo Verde y Burkina.

Comenzamos en el suroeste africano, concretamente en Angola, donde la fiesta actual del carnaval fue promovida por el primer Presidente de la Angola independiente, António Agostinho Neto, celebrándose el primero en 1978. La restauración del evento tenía como ideario celebrar la nueva nación y volver a retomar los valores sociales de la población tras el régimen de Salazar. Así, el mismo Neto espetó al país: “[…] Vamos todos a trabajar más duro. Y entonces tal vez podamos organizar algo para la diversión de los jóvenes, como el carnaval. ¿Queréis carnaval o no? Así que vamos a organizar este año el carnaval”.

Directora Sarah Maldoror.

Directora Sarah Maldoror de la isla de Guadalupe.

Bajo este marco, el director y artista visual nacido en la capital Luanda António Ole, filmó Carnaval de la victoria (1978), un documental en el que quedó registrado el primer carnaval de Angola después de su independencia en 1975. Con la creación del nuevo Estado, los angoleños “encontraron las razones más populares para el reencuentro con las tradiciones y la identidad de sus poblaciones”. Es en este período que el primer presidente del país, un médico y poeta Agostinho Neto, anunció que llevaría a cabo la primera gran fiesta de la Angola independiente: el Carnival Victory. La película de Ole trata de mostrar la unidad, la alegría y la confianza del pueblo angoleño en la nueva nación y el nuevo gobierno.

Continuamos en esta pequeña muestra de películas africanas que retratan el carnaval de la mano de Sarah Maldonor, una figura central en su rol cultural como cineasta. Decía esta directora nacida en Guadalupe y considerada como la madre del cine africano, que “lo que me interesa es que las películas investiguen sobre la historia de África, porque nuestra historia ha sido escrita por otros, no por nosotros”. De esta forma nos trasporta a Cabo Verde con su película corto documental Carnaval en el Sahel (1979) y su también corto documental Carnaval en Guinea Bissau (1980).

Queríamos cerrar este homenaje al Don Carnal africano más cinéfilo con un trabajo documental contextualizado en Burkina. Aunque su artífice no es africano hemos creído interesante traer a Wiriko Carnaval de Kwen , del francés Fred Hilgemann. Kwen es un pequeño poblado en el corazón de Burkina Faso en el que cada dos años, los agricultores organizan un festival de culturas carnavalesco. La fiesta con una duración de tres días y dos noches fue filmada por Hilgemann presentando la mezcla de ritos y creencias de esta sociedad y desafiando la cohesión social y la construcción comunitaria a través de la puesta en escena de una parodia del poder. Como se puede observar en el fragmento de abajo, los ancianos son los que eligen a los jóvenes con mayores méritos para que por unos días se transformen en el Presidente del país y sus ministros de Justicia, Defensa y Agricultura. Un trabajo etnográfico reconocido y premiado en varios festivales internacionales que merece la pena ver. ¿Quién toma nota de esta propuesta de la aldea Kwen para importarla a Europa?

 


Le Carnaval de Kwen – Docu Fred Hilgemann

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (I): África Oriental está de fiesta

Ensayos para el Carnaval de Kigali. Fuente: www.jamafest.org

Ensayos para el Carnaval de Kigali. Fuente: www.jamafest.org

 

Este pasado fin de semana, los espectáculos carnavalescos empezaban su invasión del espacio público en diferentes ciudades del mundo. Las celebraciones y fiestas del Carnaval, entendidas como una parte del lenguaje cultural moderno basado en la crítica y la mofa de las jerarquías y los poderes establecidos, se han ido absorbiendo dondequiera que los católicos plantaran sus banderas. Como un híbrido cultural con elementos amerindios, africanos, asiáticos y europeos, hoy, en el viejo continente, en el Caribe, en el norte y el sur de América, en Asia, Oceanía y también en África, las comparsas del carnaval monopolizan las vías urbanas para llenarlas de expresiones de la cultura popular en forma de fiesta. La transgresión de las normas se apodera de las calles y se transforman identidades personificando la resistencia a través del baile, la música, la creatividad visual en vestuario, maquillaje y juegos de luces, las máscaras, los zancudos… ¡El arte invade las calles! Por ello, Wiriko esta semana se pasea por las principales metrópolis africanas donde se celebra el carnaval para contaros cómo se viven estas fiestas en África.

Cartel oficial del JAMAFEST

Logo oficial del JAMAFEST

A pesar de que los carnavales africanos más famosos son aquellos ligados a las culturas luso-atlánticas y de que algunas de sus más grandes representaciones se encuentran a este y oeste del litoral africano, nuestra mirada hoy se dirige hacia ‘La Tierra de las Mil Colinas’, en plena región de los Grandes Lagos. En estos momentos, el primer carnaval de  Kigali está circulando por el núcleo de la ciudad -capital ruandesa desde 1962- dando el pistoletazo de salida que inaugura la mayor iniciativa cultural surgida de los cinco países que forman la región del este de África: Kenya, Uganda, Tanzania, Burundi y Ruanda. Bajo el nombre de JAMAFEST (Jumuiya ya Afrika Masharika Utamaduni Festival), el Festival de Artes y Culturas de la Comunidad Este-africana pretende ser una plataforma para promover la integración regional a través del turismo cultural y convertirse en una bienal que reúna y promocione a los mejores artistas de la zona. Por ello, delegaciones tanzanas, ugandesas, burundesas y kenianas se han desplazado hacia Kigali para celebrar durante los próximos seis días una fiesta para la unidad y la celebración de la diversidad cultural de la zona.

jamafestCoincidiendo con las fiestas del carnaval, los organizadores del JAMAFEST (que se celebra del 11 al 17 de Febrero) han querido implicar a la sociedad en la celebración colectiva más grande de la zona, arrancando la semana con un gran desfile de comparsas carnavalescas, grupos de música, bailarines, disfraces, zancudos, malabaristas, fuegos artificiales, etc., que recorren las calles más emblemáticas de Kigali hasta el Estadio Amahoro, donde se ubica la sede central del Jamafest. Durante toda la semana, tanto en el recinto como en distintas salas y centros de la ciudad, se podrán ver exposiciones de fotografía y pintura, asistir a conferencias, talleres de arte, pases de películas y documentales, espectáculos con cuentacuentos tradicionales y recitales de poesía, exhibiciones de máscaras, conciertos de música, espectáculos de danza, o incluso pasear por las distintas tiendas, instalaciones y stands donde se podrán adquirir piezas de artesanía. La organización ya ha anunciado que la mayoría de eventos serán absolutamente gratuitos, pues lo que se pretende es que los bares, restaurantes, hoteles y demás establecimientos comerciales de la ciudad incrementen sus ingresos. Además, uno de los principales objetivos es lograr que la sociedad conozca las muestras culturales de sus vecinos y participe del máximo de eventos de la celebración, para que sea una fiesta de la comunidad; una fiesta del pueblo.

El Carnaval de Kigali, como otras iniciativas como el Calabar Carnival Festival en Nigeria o el Carnaval Internacional de Victoria en las islas Seychelles, es uno de los mayores esfueros para atraer turismo y promocionar el desarrollo a través de la cultura en la zona de los Grande Lagos. Experiencias como las de la vecina Mozambique, que cuenta con un famoso y muy concurrido carnaval en Quelimane –a pesar de que en los clubes y discotecas de Maputo intentan mantener su público- demuestran que el carnaval es perfectamente exportable y absorbible en África y, además, que es una magnífica forma de aproximar la población de una región y generar dinámicas económicas favorables. Ahora, sólo faltará ver si la iniciativa de un carnaval del África Oriental se transformará en un acontecimiento anual o seguirá al Jamafest hacia Dar es Salaam, Bujumbura, Kampala y Nairobi, para celebrarse cada dos años.