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Chiké Frankie Edozien: “Estamos aquí, siempre hemos estado aquí y no nos vamos a ir”

Chiké Frankie Edozien rezaba de joven por una novia. Iba a confesarse. Era la década de los 90 y chicos teniendo sexo con otros chicos era algo impensable. El sacerdote le animaba a reprimir lo que sentía. Pero nunca lo consiguió. Dejó su Nigeria natal y pasó por Londres. Finalmente se asentó en Nueva York donde reside en la actualidad. Después de años de lucha era el momento de vivir una vida honesta, gay y libre.

Chiké Frankie Edozien en la presentación de “Lives of Great Men” en el festival Africa Writes 2018 / Foto: Iván González

Lives of Great Men (Team Angelica) es el relato personal de Edozien. Un crónica que no sólo pone el foco en su vida privada sino que da voz a sus amigos, conocidos y transeúntes para desmantelar la idea de muchos de que no existe una comunidad LGTBIQ en África.

¿Es la homosexualidad algo importado de Occidente?, pregunto en nuestro encuentro en el festival literario Africa Writes donde Edozien presentó sus memorias. “La palabra homosexual se centra en el sexo. En África lo vemos desde el sentido más espiritual por lo que quizás la homosexualidad es una importación occidental en cuanto a la palabra pero definitivamente no en relación a la gente del continente que es gay, lesbiana, bisexual, transgénero… Incluso estas palabras son extranjeras para nosotros pero no su significado y su esencia”, responde.

Esta memoria gay, que recientemente ha recibido el premio literario Lambda 2018, es un recorrido por distintas partes del continente africano. Lagos y Accra cuentan con mayor presencia en un texto que nos lleva a Brooklyn, París, Hout Bay (Sudáfrica) e incluso a las inmediaciones de Edimburgo. Las historias que Edozien comparte son inocentes, cómicas y sexis. Pero también desvelan los miedos, las frustraciones y el dolor de la comunidad gay.

Lives of Great Men, que se publicará en Nigeria y Sudáfrica en las próximas semanas, es un canto contra el ostracismo. Es un homenaje a los que luchan por una forma de ser y no una simple preferencia. “Si esto fuera una opción, para qué arriesgar que las leyes nos metan en la cárcel. Nos están forzando a elegir una vida que no es nuestra. [Ser gay] Es una identidad. Es quien soy”, argumenta el escritor.

El libro intenta cambiar la narrativa impuesta en el continente y da voz a aquellos que no pueden, por presión social, vivir su propia identidad.

Edozien se liberó de las ataduras culturales y sociales cuando dejó Nigeria. Tuvo el apoyo de su familia aunque le costó ganarse la aceptación de su padre. Pero esto no es una posibilidad para mucha gente y el libro cuenta con innumerables casos de hombres gais que tras sus escarceos amorosos vuelven a sus vidas. A sus esposas.

Muchos gais en el continente se escudan en el matrimonio. Es una forma segura de esquivar la homofobia y hacer lo que se espera de ellos: casarse y tener descendencia. “En mi sociedad, el matrimonio no siempre es por amor. A veces es por conseguir una propiedad, por obtener un ascenso, por presión familiar. A veces es por supervivencia. Y tan terrible como lo es para los hombres, es aún peor para las mujeres africanas”, explicó Edozien en Africa Writes.

La visibilidad y el rechazo a la homosexualidad como una cuestión meramente sexual son clave, según reconoce Edozien, para combatir la superficialidad de un tema enquistado en diversos países africanos.

Su texto es la primera memoria gay en Nigeria y abre la puerta a otros trabajos como la antología de mujeres queer She Called Me Woman publicadada recientemente por Cassava Republic. “Cuanto más se publique mejor. Es el camino para el cambio y creo que se expandirá a la industria cinematográfica. Nadie puede decir que no conoce a nadie que sea gay”, dice.

El trabajo de las industrias creativas del continente es la vía para la normalización de la comunidad LGTBIQ. Edozien se confesaba al sacerdote porque en los 90 los jóvenes crecían, se casaban y tenían hijos. Sólo sabía que su mejor amigo y él eran “diferentes”. “Espero que los jóvenes abiertamente gais no tengan la carga que mi generación tuvo cuando no había ningún tipo de representación de la diversidad sexual”, explica el escritor que asegura recibir muchos mensajes pidiendo consejos. Les aseguro que no hay nada malo en sentir lo que sienten y que quieran tener un novio en vez de una novia. Elige sensatamente, les digo”.

Chiké Frankie Edozien en una foto cortesía del autor

Lives of Great Men surge como una respuesta a las legislaciones homofóbicas de distintos países del continente. En 2014 el gobierno de Goodluck Jonathan aprobó una legislación contra el matrimonio homosexual en Nigeria. Las medidas represivas seguían la estela de Uganda y Ghana donde estas leyes llegaron arropadas por la embestida del cristianismo evangélico que azota el África subsahariana.

“No vamos a ganar esta guerra luchando con las mismas armas. Hay que combatir para ganar corazones y mentes a través de la cultura pop, de la literatura, del cine… para que la gente piense por sí misma”. Una fórmula que también ayudará a padres y familiares: “Pueden leer estas historias personales e íntimas y entender que sus hijos son diferentes y no demonizarlos”

En muchos países es muy fácil culpar a la comunidad LGTBIQ de los problemas económicos y sociales, reconoce Edozien que advierte cómo el discurso político se endurece principalmente en las campañas electorales. Sin embargo, el escritor se muestra optimista y mientras conversamos recuerda la celebración del primer Orgullo en Suazilandia.

“El coraje que se ha mostrado en Suazilandia no se ha visto en el colectivo LGTBIQ en mucho tiempo y es algo que me entusiasma a pesar de lo pequeño que es el movimiento. Es una manera de decir que estamos aquí, somos diferentes, siempre hemos estado aquí y no nos vamos a ir”, sentencia.

Alain Mabanckou y la dignificación de la literatura francófona

“Tenemos que juntarnos para crear una literatura africana”, sentenció Alain Mabanckou en la conferencia de clausura de la última edición del festival literario Africa Writes. El escritor congoleño acudió a Londres para celebrar la literatura francófona y presentar la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses, preseleccionado para el Man Booker International Prize de este año. Este sapeur, dandi, dejó a la sala embelesada con su mascar de palabras, su sentido del humor y su indumentaria.

Alain Mabanckou durante su charla en la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Mabanckou habló en la Librería Británica para reivindicar una conexión entre la literatura anglófona y francófona en África. El escritor de Pointe-Noire, ciudad costera de la República del Congo, tiende la mano a los autores anglófonos del continente para reclamar el espacio literario africano conjunto. “Tenemos que estar orgullosos de nuestra negritud. Es nuestra manera de luchar y expresar nuestra cultura, nuestros mitos”, explicó el novelista.

El escritor sostiene que el inglés y el francés se han consolidado como la única vía para que los escritores africanos puedan expresarse ante la audiencia mundial. Una resaca colonial que reduce el valor de las lenguas nativas y que cuenta con el beneplácito de los gobiernos locales. “Se escribe en la lengua que se lee. El primer libró que leí fue en francés y utilizo el idioma para escribir pero eso no me impide sentirme menos africano. Es sólo una manera de expresarme”, dice el escritor. Mabanckou reconoce que le encantaría escribir en ngala, lengua que carece de literatura como tantos otros en África, aunque con ironía argumenta: “Incluso si escribo en inglés o francés me van a decir que no es ni lo uno ni lo otro, así que es africano de todas maneras”.

El novelista, que habla siete lenguas africanas, propone batallar las reminiscencias coloniales a través de una narrativa de lo cotidiano que transporte al lector a los callejones de África. Mabanckou escribe novelas donde los protagonistas, los escenarios y el uso del lenguaje palpitan Congo-Brazzaville. Los registros lingüísticos; las localizaciones, como el barrio Aquel-Que-Bebe-Agua-Es-Idiota; y los nombres de los personajes, son instrumentos para superar las imposiciones lingüísticas y mirar al futuro. Ya en 2006, con la novela que lo catapultó a la escena literaria mundial, Vaso Roto, buscó la idiosincrasia del lenguaje gracias a un texto con sólo comas como signo de puntuación. Era la manera de captar el pensar y el hablar de una lengua nativa escondida tras el francés.

El humor que salpica toda la bibliografía del escritor congoleño es otra herramienta para salvar el obstáculo lingüístico. Satírico, cruel y divertido. “El humor forma parte de mi cultura. Incluso cuando tenemos problemas encontramos la manera de reírnos de nuestras circunstancias. La vida es algo de lo que reírse y al escribir no me paro a pensar qué va a hacer reír a la gente, sino que sale de forma natural”, explica el autor de African Psycho

“Si vas a escribir una novela, haz feliz a la gente o hazlos llorar. El lector tiene que sentir que la novela es algo real y esto no se aprende en una clase de escritura creativa”, apunta Mabanckou quien apuesta por una ficción repleta de retazos de realidad. Para el también profesor de Literatura en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) lo cotidiano es necesario. Los autores africanos no sólo tienen que escribir de los acontecimientos históricos que han marcado su destino. “Si queremos liberar el continente, tenemos que entender primero qué está pasando en nuestra propia casa. Porque cuando estoy hablando de mi madre, estoy hablando de la tuya, de la de ellos…” Y Mabanckou quiere hacer de su madre la más famosa de toda la literatura francófona. “No hubiera sido el escritor que soy sin ella”.

El autor de Las luces de Pointe-Noire, envidia la repercusión de los escritores anglófonos del continente en el mercado. “La literatura francófona sigue estando infravalorada y se sigue pensando que está escrita por gente con acento y que vienen de las antiguas colonias”. Sin embargo, las traducciones al inglés de muchos francófonos como Mabanckou han hecho que en Francia despierte del letargo.

Mabanckou leyendo uno de los pasajes de su novela, Petit Piment, recién traducida al inglés / Foto: Iván González

Mabanckou es un ejemplo de cómo la literatura francófona proveniente del continente ha sabido llegar a la metrópolis. El congoleño tuvo la oportunidad de realizar la lección inaugural en el prestigioso College de France. “Hasta el año pasado no se ha enseñado literatura africana en el College de France, ‘el templo del espíritu francés’ creado en el siglo XVI. Me llamaron para dar clases de Escritura Creativa y lo rechacé. Les propuse dar clases de Literatura Africana”, cuenta Mabanckou. El escepticismo inicial se desbarató cuando los inscritos superaron las expectativas para conseguir la dignificación de las literaturas africanas en París.

Con ese espíritu,  el escritor congoleño suma objetivos para reivindicar el espacio literario y exportar la creatividad africana. Prueba de ello es su participación en la pasada edición de Les Ateliers de la Pensée, un festival celebrado en Dakar que reunió a diversos académicos e intelectuales del continente y la diáspora para debatir el futuro de África. Y sigue con la lucha activa frente a los dictadores del continente. “No puedo volver al Congo, el presidente me tiene vetado porque al parecer soy un peligro”, dice Mabanckou.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Jalada Mobile y la importancia del libro para el desarrollo

El pasado mes de marzo una caravana partió desde Nairobi con la misión de celebrar la diversidad cultural del este de África. Jalada Mobile Literary and Arts Festival fue un festival itinerante que recorrió cinco países (Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania y la República Democrática del Congo) y puso en marcha la futura conquista del espacio creativo africano. El equipo de Jalada, un colectivo panafricano de escritores, estaba detrás de esta idea cuya misión fue la de fomentar “una polinización cultural entre organizaciones, grupos y creadores en la región para llegar a nuevas audiencias”, como explicó Richard Odour Oduku durante la pasada edición del festival literario londinense Africa Writes.

Tras el lanzamiento de Translation Issue: Volume 1, Jalada quiso ahondar en la multiplicidad de las culturas africanas y promocionar la creatividad en un movimiento basado en la colaboración. “Jalada Mobile no podía ser algo realizado exclusivamente por nosotros ya que traicionaría el motivo por el que lo hicimos. Si celebramos la diversidad cultural de una región hay que incluir a las comunidades y olvidarse de las individualidades. Cuanto más gente se reúna, mejor”, dice el coordinador del festival, Richard Odour Oduku, a Wiriko.

En cada una de las doce paradas, el equipo buscó contactos con instituciones culturales locales para estudiar cómo sacar adelante un sector que apenas cuenta con ayudas públicas. Uno de los eventos más exitosos y que también se explicó durante el Africa Writes fue la colaboración con Huza Press en Kigali. En la capital de Ruanda se organizó un taller poético para refugiados burundeses y cuyo resultado verá la luz en forma de antología el próximo octubre en Jalada con el nombre de Mi Canción por Burundi.

La consolidación de estos vínculos creativos en el este de África no sólo incluye las grandes ciudades. La productora del festival, Wanjeri Gakuru, también se une a la conversación para resaltar que la caravana se centró en las zonas rurales y visitas a escuelas para otorgar a los más jóvenes “un espacio en el que puedan expresarse”. “No hemos ido a imponer una idea, simplemente a sugerirla e intentar prender su imaginación. No es que tengan que convertirse en escritores pero debe saber que hay una posibilidad para que puedan ser artistas, para que creen y que entiendan la producción creativa en sus propias lenguas”, dice Gakuru.

Conferencia sobre Jalada Mobile durante la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Para Jalada Mobile, la concienciación de la diversidad cultural del continente africano tiene al libro como pieza clave en su aspiración al desarrollo. Quizás suene romántico e incluso utópico pero tanto Oduku como Gakuru desgranan cómo un libro es “una visión del mundo que nos modela”.

La literatura es una manera de crear conocimiento y una herramienta para hacer que los jóvenes tomen conciencia de su creatividad. La lógica parece clara: dar acceso al conocimiento, los libros, lleva a los lectores a querer compartir sus experiencias. Esto genera directamente un incentivo para fomentar la creatividad que va ligado a un incremento de la tolerancia. Pero muy pocas instituciones gubernamentales del continente están apostando por la creación de conocimiento como reconoce Richard Odour Oduku. Por ello, son los colectivos como Jalada los que emprenden proyectos colaborativos para reclamar el espacio creativo de manera persistente.

Jalada Mobile es fruto de esa manera de trabajar conjuntamente y reclamar la escena cultural del este de África. “Quizás la mayor responsabilidad de un escritor sea la de aportar libros para que el deseo de leer se expanda. Que la gente lo pueda pagar o no es otra discusión pero el acceso a los libros es la única forma de nutrir este ecosistema. Un libro es el inicio de una conversación y si como Jalada hacemos que la gente se enganche a la lectura, hemos conseguido nuestro objetivo”, explica Oduku.

El festival itinerante sembró la semilla en muchos jóvenes que vieron cómo la caravana llegó a sus colegios para animar a la gente a leer. Pero “no nos planteamos que todo el mundo sea escritor sino hacer que los adolescentes piensen”, reflexiona Gakuru. “Hay que hacer que se conviertan en lectores”, apunta Oduku. Y continua: “Los libros hacen que la vida valga la pena. Es en la literatura donde se encuentra lo que otros experimentan y aquellos que tienen acceso a ella pueden manejar mejor su existencia. Al fin y al cabo lo que llamamos vida son retazos de otras que hemos tomado prestadas a partir de los libros”

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Africa Writes: Londres se rinde a la literatura africana

Africa Writes, el festival literario organizado por la Royal African Society, vuelve este finde semana a Londres. La British Library es de nuevo el punto de encuentro para descubrir las últimas voces y tendencias de la escena literaria africana y en la diáspora.

En esta ocasión es el escritor congolés Alain Mabanckou quien lidera la programación de esta sexta edición y comenta que “la literatura africana es en la actualidad el espacio en el que los africanos puede hablar en el nombre de África y otros africanos”. El autor de títulos como Mañana cumpliré 20 años o African Psycho, se presenta en la capital londinense tras la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses y charlará con los presentes en un coloquio sobre lenguaje, estilo y política. Mabanckou, una de las principales influencias en la literatura francófona, es el gran aliciente de un evento que en otros años ha incluido nombres como Chimamanda Ngozi Adichie, Ngũgĩ wa Thiong’o o Nawal El Saadawi.

El cartel también cuenta con la participación del colectivo Jalada que se ha convertido en una de las referencias literarias del continente y cuyo objetivo es el de “tener un foro panafricano que permitiese a los autores apoyarse entre sí, mediante la autoedición y la autopublicación y que fuese un espacio libre y accesible”.

La jornada del sábado se cierra con varias actuaciones donde la narración es la protagonista. Mara Menzies y Maimouna Jallow han adaptado dos obras para contar sueños y engaños. Menzies se basa en el cuento Yoruba sobre el valor de la justicia y la verdad mientras que Jallow versiona la novela The Secret Lives of Baba Segi’s Wives de la nigeriana Lola Shoneyin para reimaginar textos contemporáneos a través de la tradición oral. Los creadores del podcast Mostly Lit traerán un programa en directo enfocado en “cómo escribir sobre lo negro” y en la mañana del domingo se rendirá homenaje a la escritora nigeriana Buchi Emecheta que falleció el pasado mes de febrero.

African Writes mantiene la tradición un año más de reunir a los nominados al Premio Caine y será de nuevo el escenario de acogida de varios lanzamientos. El nigeriano Helon Habila presenta su recién publicado The Chibok Girls, un trabajo en el que profundiza en el rapto de las 276 niñas en abril de 2014 en Chibok, al norte de Nigeria. Por su parte JJ Bola trae su obra novel No Place to Call Home, una historia de pertenencia, identidad e inmigración y Olumide Popoola saca a relucir los estereotipos ligados a los hombres homosexuales negros, el desafío de asentarse en la diáspora y la intolerancia racial en la Londres actual con When We Speak of Nothing.

Charlas, talleres, debates, mesas redondas y presentaciones se alternan durante todo el fin de semana en las instalaciones de la British Library que además contará con una feria del libro africano. La Royal African Society se ha esforzado otra vez más para atraer a escritores, editores, académicos y activistas del continente y crear un evento que se ha consolidado como una de las citas imprescindibles de la literatura africana. Wiriko está presente en el festival como medio oficial y os ofrecerá toda la información.

Un espectaculo de Maimouna Jallow.

Ama Ata Aidoo, abrazada en Africa Writes

Ama Ata Aiddo, calurosamente abrazada por sus seguidoras/Estrella Sendra

Ama Ata Aiddo, calurosamente abrazada por sus seguidoras/Estrella Sendra

El respeto y devoción por la gran Ama Ata Aidoo adquirió distintas formas durante su participación en el festival de literatura africana Africa Writes, organizado por la Royal African Society y la British Library en Londres la semana pasada. El principio se marcó por una bulliciosa masa de gente que esperaban a la gran figura literaria y política, hasta que ésta llegó, lentamente en su silla de ruedas, para silenciar de golpe a los expectantes, durante el proceso de subida al escenario. Una vez arriba, calurosos gritos y aplausos de acogida retumbaron en la sala de conferencias de la grandiosa British Library, en pleno corazón de Londres, emblemática también por la internacionalidad de su ubicación (Sant Pantcras International). El final mostraría el carácter “val-del-omariano” de la escritora, sin-fin, con jóvenes y no tan jóvenes, especialmente mujeres, que se subieron al escenario a abrazar a Aidoo con tanto calor como el que dedican a sus libros, y con tanto respeto como el que muestran al escribir sobre ellos, para perpetuar y hacer aún más notorio el impecable trabajo de esta figura. Cuando por fin se hizo imposible esquivar la cordialidad británica, lo que sí se esquivaría sería la reputada puntualidad de este país. La cola – esta sí, muy británica, perfectamente ordenada – esperaba a la autora de tan prolífica obra con algunos de sus ejemplares, para que los firmara.

Ama Ata Aidoo y la Dr Wangui Wa Goro en Africa Writes / Estrella Sendra

Ama Ata Aidoo y la Dr Wangui Wa Goro en Africa Writes / Estrella Sendra

Ama Ata Aidoo nació en 1942 en una pequeña islita rodeada de ríos, en Ghana. Durante su intervención en el festival, contaba cómo los niños de su pueblo cruzaban los ríos, cuando estos se secaban, para ir a la escuela, hasta que su padre decidió abrir la primera escuela en la isla, donde estudió ella. Fue allí también donde pronunció una respuesta impulsiva a la pregunta de un profesor. “¿Qué quieres ser de mayor?”, le dijeron; “poetisa”, dijo ella. Entonces no se lo tomaron muy en serio, y le contestaron que no podría vivir de la poesía; pero las cosas cambiaron cuando a los 15 años se encontró por azar uno de sus poemas publicado en un periódico. Sería el primero de muchos premios.

La Doctora Wangui Wa Goro, reputada africanista, editora, y traductora, miembro del Instituto de Investigación de Derechos Humanos y Justicia Social de la London Metropolitan University, no logró, ni intentó, durante su conversación con Ama Ata Aidoo, ocultar cuán halagada se sentía por moderar el evento. Ante los elogios que pronunciaba durante su introducción a la gran Aidoo, tales como “una leyenda viva y verdadera fuerza de la literatura”, la elogiada respondía con risas, incluso carcajadas, mostrando una modestia y un agudísimo sentido del humor que caracterizarían todo el evento. La Doctora Wa Goro destacó de su trabajo su capacidad de influenciar generación tras generación, con temas que nunca dejan de estar de actualidad. En efecto, a Ama Ata Aidoo se la conoce por su actitud respecto al género, con papeles protagonistas femeninos que nada tienen que ver con los falsos estereotipos de la supuesta “mujer africana”. Ni siquiera quiso, durante el festival, hablar de la marginalización de la mujer en Ghana. “Siendo esta una plataforma internacional, ¿qué sentido tiene hablar de esto, aquí descontextualizado? Allí no hablo de otra cosa, Pero aquí, ¿cómo hablar de eso?”, afirmó. Aprovechó para arrojar luz sobre un aspecto que separa a Ghana de la diáspora. “Somos esclavos internos y externos y nos da miedo esa parte de nuestra vida. Como ghaneses, no nos gusta hablar de esclavitud, y esto es algo que la diáspora no quiere entender”. Cuando la Doctora Wa Goro quiso subrayar su énfasis en los conflictos postcoloniales vividos por sus personajes protagonistas, la modesta escritora respondió que “esas son cosas que ven los críticos”. En realidad, ella no pensaba que ‘Anowa’ fuera una mujer en un periodo de transición, cuando lo escribió. ‘Anowa’ fue el resultado de una de tantas historias que le contó su madre, a quien Aidoo recuerda contando historias a las tres de la mañana, hubiera o no alguien despierto para escucharla.

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Ama Ata Aidoo estudió literatura en la Universidad de Ghana, donde más tarde sería profesora. En 1964 produjo su primera obra de teatro. En 1982 la nombraron Ministra de Educación. Durante los 18 meses en que mantuvo el puesto, su mayor reto era ofrecer una educación libre y accesible a todos. Más tarde se mudaría a Zimbabue y Estados Unidos, donde también dio clases. Es ganadora de numerosos premios literarios, como el Premio al Mejor libro de la Commonwealth en 1992 por su obra Changes (Cambios). Entre su prolífica obra, pueden destacarse El dilema de un fantasma (The Dilemma of a Ghost, 1964), Anowa (1970), o su colección de poemas, Someone Talking to Sometime (1986). Muchas de sus historias hablan de amor, porque según la autora, en el libro editado por ella misma, Historias de amor africanas (2006), “el amor está en el fondo de casi todo lo que sucede”, y es un error no considerarlo literatura seria, pues, junto con la política y cultos a la creación, es el gran tema de todo cuento. De hecho, muchos son los romances conocidos, como Romeo y Julieta, pero pocos con pieles negras. “Y hay creencias y actitudes muy conflictivas, como pensar que lo que no se sabe de África, no existe… O que lo que existe en África, no cuenta, si no se corresponde con algún patrón o principio europeo”.

No es coincidencia que Aiddo terminara siendo nombrada Ministra de Educación en Ghana, pues la educación siempre desempeñó un papel importantisimo en su vida, según contaba durante el festival. “Sobre todo, tuve un profesor del que nunca me olvidaré. Nos contaba siempre historias y nos llevaba por los pueblos a hacer teatro. Era sencillamente maravilloso”, explicó.

El festival de literatura africana, Africa Writes, tuvo lugar entre el 11 y 13 de julio en la British Library, superando en audiencia, si cabe, el éxito de la edición pasada, de la que también hablamos desde Wiriko. ¿Es posible recomendar alguno de sus libros a aquellos que aún no la conocen? Cuando la Doctora Wa Goro le preguntaba a Aidoo por su libro favorito, esta respondió: “No tengo uno favorito, es como los hijos. Incluso si tienes un favorito, no lo dices”…

Entrevista con Leeto Thale, poeta y artista de la palabra hablada

Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

Leeto Thale. Foto: Estrella Sendra

Leeto Thale. Foto: Estrella Sendra

Leeto Thale llegó a Londres en 2001 desde Sudáfrica para continuar su carrera como poeta, escritor, músico y artista de la palabra hablada. Su presencia en la red resulta todavía extraña y dispersa. Sin embargo, es frecuente encontrárselo bailando entre los ritmos de los eventos musicales de Londres, y escuchando el trabajo de otros escritores. De ahí que ‘Africa Writes’, el festival de literatura africana organizado por la Royal African Society entre el 5 y 7 de julio, contase con él en su segunda edición. Leeto deja sus escrituras durante un par de horas, llega con su habitual sonrisa y boina, y nos concede el placer de esta conversación con él, en el parque Victoria, al este de Londres.

Estrella Sendra: ¿Por qué escribes? ¿Qué es lo que te empuja a escribir?

Leeto Thale: No tiene por qué haber un tema necesariamente. Es muy aleatorio. En la mayoría de las ocasiones, escribo cuando encuentro algo que casi me quita el aliento.  Creo que el dolor es una de esas cosas que me empuja a escribir. Cuando estás pasando por un momento doloroso. Y también la incertidumbre. Escribir suele aliviar esas sensaciones, esas incertidumbres que surgen en la vida. Porque creo que, por naturaleza, estamos inclinados a querer saber. En realidad, esa sería la mayora motivación, querer saber. Muchas veces hay circunstancias a las que uno no sabe cómo responder, y para mí, escribir es una respuesta a intentar entender esas emociones y a pensar sobre lo que está pasando. Yo también hago música, con lo cual, ese es otro canal para responder a esas emociones. Es decir, lo que me motiva, principalmente, a escribir es la incertidumbre, el dolor, a veces también, el miedo, y tratar de situarme a mí mismo en este mundo. Y la belleza, totalmente. Porque hay muchísimas cosas que ves y te preguntas de dónde vienen. Y de nuevo, es parte de ese sentido de querer saber. Se trata de una especie de fotografía, en la que al escribir intentas capturar momentos, bien para compartirlos con otras personas o para recordarlos.

E.S.: ¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Había algún escritor en tu familia o tus espacios primarios de socialización?

L.T.: Mi historia es poco convencional, porque no hay ningún escritor en mi familia, por lo menos, en la familia que yo conozco. Sí me consta que mi madre tiene un talento natural para cantar y que mi padre solía escuchar música en casa, pero poco más. No tenía nada demasiado inmediato que me empujara a escribir. Normalmente, me encerraba en mi habitación y me ponía a escribir. Pero no estaba escribiendo conscientemente como si fuera un acto creativo, sino escribiendo simplemente. Esa consciencia se dio más tarde. Y aún así, creo que siempre he visto mi trabajo más reflexivo que creativo. Con la música fue distinto, porque desde pequeño, algunas se me metían en la cabeza, al escucharlas en la radio, y luego estaba deseando volver a escucharlas. Así que pronto me metí en una radio musical y empecé a experimentar. Y luego ya, empecé a salir e ir a eventos de palabra hablada, y al ver a otra gente fue cuando pensé, “¡hum, yo quiero hacer esto!”

E.S.: Durante tu participación en el festival de literatura africana, ‘Africa Writes’, te declaraste un amante del ritmo, y en efecto, al recitar poesía, tu estilo es una mezcla entre rap y oralidad. Cuando escribes y compones, ¿piensas en algunos ritmos o canciones en particular?

L.T.: Creo que no es algo que tenga que calcular o descubrir. Simplemente sucede. En el momento en que el tema en cuestión aparece, él es el que dicta el ritmo. Que no es un patrón repetido de sonidos simplemente, sino que tiene también que ver con emociones. Así que tampoco es que al escribir me preocupe que la música tenga que encajar con lo que quiero decir. Simplemente sucede. Y también, el tema puede cambiar el ritmo, dependiendo de dónde esté, lo que esté sintiendo y lo que esté sucediendo a mi alrededor. Pero la verdad es que no me preocupa tanto el tema en sí de lo que esté escribiendo sino si lo que esté escribiendo tiene música. Porque, en ese sentido, la música es única, porque es audible. La melodía en sí es bastante muchas veces. Ya te indica si se trata de una canción triste o alegre, sin necesidad de tanta descripción. La gente depende demasiado de la palabra. Además, es mucho más difícil escuchar poesía que escuchar poesía a través de música.

El artista sudafricano Leeto Thale, en Londres. Foto: Estrella Sendra

El artista sudafricano Leeto Thale, en Londres. Foto: Estrella Sendra

E.S.: Aunque escribes sobre cualquier tema, desde el propio poema con el que empezaste tu intervención en el Africa Writes, ‘She dances’, sí se notaba una celebración a la mujer, ¿cuánto protagonismo tiene en tus poemas?

L.T.: Muchísimo. No sé de dónde viene. A lo mejor es reflejo del amor que siento por mi madre, o mi hermana. Tal vez se trate de modelos de crecimiento, de fuerza, de dureza, y de cuidado que la gente admira. Mi madre siempre ha sido una ama de casa, que ha sacrificado mucho. Y ese sentimiento se ve reflejado en mi trabajo. He vivido mucho con ellas. Y como hombre, siento también mucha atracción por la belleza femenina, aunque pueda sonar artificial. Pero a veces ves a mujeres y al verlas, te parece que estuvieras viendo a Dios. Porque pueden parecer tan hermosas que casi se te para el corazón. Al escribir sobre ellas intento que salgan de su caparazón y que sean. Y de eso es justo de lo que trata mi poema ‘She dances’. Porque creo que he visto a muchas mujeres vivir en esa situación y aunque se las vea así, no parece que se trate del estado natural de la mujer. Hay mucho más detrás de esas amas de casa. Además, con las mujeres, a mí me resulta mucho más sencillo hablar de temas que tienen que ver con el corazón.

E.S.: Durante el Africa Writes, en respuesta a la pregunta de Bernardine Evaristo, moderadora de tu panel, sobre hasta qué punto tu africanidad afectaba tu modo de escribir, respondiste que no sabías qué parte de ti era africano. ¿Podrías desarrollar un poco más esa idea?

L.T.: Es algo muy complicado, porque uno no tiene necesariamente que pensar sobre lo que es. De algún modo, mi africanidad afecta totalmente mi trabajo, pero es difícil de contestar. Porque cuando escribo no escribo como africano, pero soy africano, así que eso sale a la luz. A veces pienso que es lo que trae ritmo a mi trabajo, pero de nuevo, ¿es eso algo africano? No lo creo, todo el mundo tiene ritmos. Es algo más bien humano. No sé, no me gusta poner mi africanidad por delante de mí mismo o mi creatividad.

E.S.: ¿Consideras importante agrupar o categorizar la escritura, ya sea poemas, novelas, etc., como africana, cuando los autores sean africanos?

L.T.: Con eso no tengo tantos problemas, por varias razones. En primer lugar, porque como escritor, uno quiere vivir de su trabajo, y en realidad, esas son categorías que ayudan a vender. El problema es cuando esa categoría se ve arrinconada en una estantería de una librería, cogiendo polvo, y esto es lo que pasa casi siempre. Es muy difícil encontrar literatura africana. Y eso es lo que es más bien el problema, porque en realidad, la mente humana está continuamente categorizando. Pero claro, es muy raro encontrarse con una sección de literatura europea, etiquetada como tal, porque es la dominante. Así que yo diría que el agruparla de ese modo es una oportunidad de visibilidad y de llegar al estatus que se merece.

E.S.: Cuando escribes, ¿piensas en lectores globales y por tanto, modificas en cierto modo lo que quieres expresar, o sueles escribir simplemente lo que sientes?

L.T.: Sí, pienso en lectores globales. Me gusta estar conectado a todo el mundo y la idea de ser accesible. Al final se convierte en un proceso muy reflexivo, en el que al escribir tengo que preguntarme si expresa lo que quiero expresar, con esas palabras. Así, uno no escribe para sí mismo, sino también para compartirlo con los demás.

E.S.: En tu trabajo has experimentado una transición desde una poesía inicial de protesta hacia una poesía un poco más general. ¿Qué es lo que crees que incitó este cambio?

L.T.: Creo que tiene que ver con mi llegada a este país. El no tener el dolor en frente de tus narices y empezar a ver otras cosas y experimentar otras sensaciones. Y las disfrutaba más que las iniciales, en las que sentía que tenía que protestar.

E.S.: Aunque te guste escribir sobre cualquier cosa, ¿tienes algunos temas recurrentes en tu trabajo?

L.T.: Más bien, paso por etapas. De protesta, a otra que se podría llamar “espiritual”, que tiene que ver con aquello que nos define, a otra más general, sobre el perfume de las cosas. Cuando me siento y escribo, ¿qué estoy haciendo? Escribo cuando me siento feliz. Escribo cuando anticipo algo que va a pasar. Escribo para capturar momentos y sensaciones, cosas que desconozco. Soy una persona muy sensible y me resulta bastante más fácil que a otra gente sentirme inundado por ciertas sensaciones y responder a ellas componiendo, o bien con música o bien, con poemas.

Africa Writes: espejos grises pero menos opacos

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Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

Ambiente en los pasillos del "Africa Writes". Fotos: Estrella Sendra

Ambiente en los pasillos del “Africa Writes”. Fotos: Estrella Sendra

Hay recetas que llevan al éxito. Pero al éxito, ¿de quiénes? E incluso podríamos preguntarnos, ¿qué significa el éxito, entendido desde qué parámetros, si depende siempre de para quién, y en qué contexto? Entre la gran diversidad de debates y actividades del festival de literatura africana, ‘Africa Writes’, organizado por la Royal African Society de Londres entre los días 5 y 7 de julio, los autores coincidieron en un aspecto: la literatura africana no consiste en alterar las recetas occidentales, añadiéndoles especias africanas. Se trata de una forma de escritura desde los propios códigos culturales, por y para los africanos, pero en una esfera global.

Ambiente del Africa Writes

Ambiente del Africa Writes

‘Africa Writes’ celebraba así su segundo aniversario, tras la primera edición en 2012, organizada por la Royal African Society (RAS) en la School of Oriental and African Studies (SOAS, University of London). Este año, el lugar de acogida de los escritores y artistas de la palabra hablada ha sido la British Library, principal patrocinador del evento junto con la RAS, al lado de la famosa estación de King’s Cross y St Pancras, en el centro de Londres. Coincidiendo con uno de los fines de semana más calurosos de la capital británica, el centro de conferencias de la British Library estuvo en casi todas las sesiones prácticamente al máximo de aforo, es decir, con unas 250 personas por panel. La gran mayoría de las actividades eran totalmente gratuitas y sin necesidad de pre-inscripción, aunque tres de las sesiones tuvieron una tarifa simbólica de entrada. Los paneles se organizaron temáticamente, a modo de recitales, presentaciones de libros, mesas redondas con pequeñas intervenciones, y rondas de preguntas que sólo terminaban cuando era hora de empezar la siguiente sesión. Todos, con el propósito de acercarse a la escritura africana contemporánea de manera crítica, involucrando a escritores, lectores, editores y pensadores en el debate.

Pero tal vez no sea esto lo más destacable del festival, aunque sí una evidencia de su calidad, sino la feria del libro de editoriales africanas que estuvo expuesta durante todo el festival, con una afluencia de público continuada entre sesión y sesión, e incluso pisando alguno de los paneles. Los puestos incluían títulos de las obras presentadas por los autores participantes, que amablemente firmaban los ejemplares a los lectores que así lo solicitaban mientras seguían haciendo las preguntas que no les dio tiempo a hacer. También se podían encontrar clásicos de la literatura africana, constituyendo así una plataforma extraordinaria para el fomento de la lectura de unos libros que no frecuentan la mayoría de las estanterías en las librerías. “No existe un modo mejor de conectar África y su diáspora que a través del trabajo de sus artistas, escritores y pensadores”, decía Richard Dowden, director de la RAS, en su mensaje de bienvenida al festival.

El último panel del viernes, titulado ‘La diáspora responde’, reunió ya, en forma de poesía, los principales temas protagonistas del festival. La oportunidad de identificación para el lector que estos escritos suponen, frente a narrativas en las que muchos africanos no se reconocen, la permeabilidad de la identidad africana, y el lugar protagonista de la mujer, y en concreto de las madres, en estos textos.

Moderados impecablemente por la gran Bernadine Evaristo, novelista anglo-nigeriana y fundadora del Premio Brunel University African Poetry, universidad en la que es profesora de ‘Escritura creativa’, Nii Ayikwei Parkes, Leeto Thale, Nick Makoha y Warsan Shire, representando las diásporas de Ghana, Sudáfrica, Uganda y Somalia, respectivamente, recitaron varios poemas, cada unos a su estilo, y compartieron reflexiones sobre sus procesos creativos. Nii Ayikewei, quien intercalaba la lectura íntima de sus poemas, sentado, con bromas que denotaban un sentido del humor muy agudo, afirmaba: “Al escribir, haces preguntas, exploras el mundo”. Nii planteaba el problema del lenguaje. Son autores que escriben en inglés, principalmente, y muchas veces, las traducciones desde lenguas africanas no funcionan. Nii escribe en varias lenguas porque no siente la necesidad de escribir en ninguna lengua en concreto. “Simplemente siento la necesidad de escribir”. Uno de los poemas más aplaudidos por la audiencia fue “Cruzando fronteras”, que plantaba el trauma al que da lugar la burocracia de los visados, en la que “easyjet determina derechos”, como indicaba uno de sus versos. Dos de sus hermanos nacieron en Ghana, otro de sus hermanos y él, en Inglaterra. “Nunca viajamos como una unidad”.

Leeto Thale (de pie), junto a Nii Ayikwei y Warsan Shire

Leeto Thale (de pie), junto a Nii Ayikwei y Warsan Shire

Leeto Thale, como artista de la palabra hablada, se levantó y poco a poco fue ganando presencia en el escenario, al ritmo de su poema “She dances”, celebrando la belleza de la mujer, emplazada en el mundo desde su cuerpo. También el segundo poema de los que leyó homenajeaba a la mujer, a la madre, en un estilo distinto al del poema de Nii. “No sé qué parte de mi es africana”, afirmaba en respuesta a la pregunta de la moderadora, Bernardine Evaristo, de hasta qué punto su africanidad condicionaba sus escritos. Nick Makoha, el siguiente poeta que recitó algunos de sus poemas de The lost collection of an invisible man, sí localizaba el modo en que su identidad africana afectaba su escritura. “Estoy orgulloso de ser africano”. Sin embargo, dijo que compartir su “experiencia africana” implicaba asumir la vergüenza de haber perdido dos de sus lenguas. Entonces, decidió escribir sobre lo cotidiano. “De repente, me dijeron que escribía como una persona en el exilio”. Fue entonces cuando Nick fue consciente de que sí influía en su forma de escribir. Y no sólo eso, sino del sentimiento de inferioridad que un escritor africano puede sentir en la diáspora: “Estar en el mundo occidental te hace sentir que no eres bastante. Me llevó mucho tiempo respetar mi propio trabajo como escritor”.

Warsam Shire, una joven poetisa de 25 años, nacida en Kenia, pero de familia somalí, aunque residente en Londres desde siempre, decía que cada vez que escribía estaba intentado volver a casa. No lo especificó, pero para ella, casa implicaba Somalia, donde, según contaba, todo el mundo es poeta y utiliza la poesía en casi todas las esferas sociales. “Sería incapaz de decir lo que quiero decir si no le añadiera somalí”. Decía también que desde sus poemas, con una carga muy fuerte feminista, heredada de su madre –aunque sólo se daría cuenta de lo feminista que era su madre bastante tarde-, intenta llenar la inseguridad e inestabilidad de su vida. Hablaba de la poesía como un arma curativa: “A mí me emociona muchísimo el hecho de asustarme porque significa que voy a escribir sobre algo que hasta entonces me daba miedo expresar”. Así, comparte esas experiencias con gente que han pasado por lo mismo en distintas partes del mundo. Su libro Teaching My Mother How to Give Birth, sobre la soledad, provocada por la hostilidad de un padre que no ama ni a su mujer ni a su hija, viene de un proverbio somalí que hace referencia a los jóvenes que se creen tan listos que hasta pueden enseñarle a la madre cómo dar a luz. En principio, es una crítica, pero Warsan hablaba de la posibilidad de aportarle nuevos significados. Para ella, el proverbio tiene un sentido positivo y es que, en realidad, su madre aprendió a ser madre a través de ella. Así, con una alta carga emocional y un tono tan íntimo como irónico, sus versos adquieren un carácter muy crítico. “Escribo desde lo personal, lo cual se convierte en político, pero no es intencional”, contaba durante la ronda de preguntas.

Panel Tribute to Chinua Achebe: James Currey, Chibundu Onuzo, Richard Dowden, Chuma Nwokolo y Becky Nana

Panel Tribute to Chinua Achebe: James Currey, Chibundu Onuzo, Richard Dowden, Chuma Nwokolo y Becky Nana

Fue en el homenaje al escritor nigeriano Chinua, en el panel sobre narrativas afropolitanas del siglo XXI donde se insistió en la oportunidad de identificación y reconocimiento que estos libros, escritos por africanos, suponían para el lector. Achebe, recientemente fallecido, ha sido bautizado como padre de la literatura africana y reconocido como la mayor fuente de inspiración. La editora  Becky Nana, en un discurso que a algunos miembros de la audiencia les recordó a Mandela en versión femenina, afirmaba: “Como africanos, adoramos su trabajo porque escribía para nosotros, sobre nosotros. Achebe se empeñó en hacer escribir a los africanos sus propias historias. Quería que los africanos tomaran las riendas de su propio destino y para ello, que dejasen de subestimar el poder de la literatura”.

Tal vez el panel sobre afropolitanismo, un término que, según explicaba la bloguera y escritora Minna Salami, no implica un nuevo modo de ser africano o mestizo, sino una filosofía que tiene que ver con la identidad, intentaba reflexionar sobre el lugar de la literatura africana hoy. ¿Es una nueva forma de negritud o panafricanismo? Pero, como la propia Minna decía, ¿por qué el cosmopolitanismo se ha de asociar sólo al mundo occidental? Más dudas le causaba el término a la investigadora Emma Dabiri. Según ella, el afropolitanismo, como nueva voz africana que trasciende la raza y habla más bien de herencia africana, contrarresta el extendido afropesimismo predominante en los medios. Sin embargo, es un término problemático, asociado casi al ‘hipster’ africano. “Se siguen sin escuchar –declaraba Dabiri- los africanos no privilegiados, como si sólo existieran los que escriben desde la diáspora. A veces, se trata de un África sin africanos”.

Debido a la escasa historia de este término recién nacido, ‘afropolitanismo’, se trata aún de una zona gris, una zona nueva, que desde este festival se invitaba a investigar. En la literatura africana y el modo de investigarla académicamente, existen tantos matices como escritores e investigadores. Existen tantas diferencias como culturas. Son espejos grises, pero menos opacos, donde los lectores comienzan a sentir que tienen un sitio, invocado desde los versos, la prosa, las historias fantásticas y constituyendo así una nueva realidad que se asemeja más a la que han experimentado.

La jornada cerró con una interpretación del cuento épico de Sundiata, que contaba a los asistentes, entre melodías de kora, del griot Seckou Keita, y las voces de dos chicas (una de ellas, Sheila Ruiz, programadora de la RAS), conducidos por la narración del actor Denver Isaac, cómo Mali nació y se extendió hasta abarcar once países. Una jornada mágica que continúa ahora con las lecturas de los libros dedicados que los presentes se llevaron en sus manos.