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Black Queers, Artivismo contra las etiquetas

black_queer_social_comes_to_johannesburgSi mirásemos un mapa de África solo aparece un país que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo. Sudáfrica es, desde 2006, un ejemplo de igualdad y progreso. Sin embargo, que el estado reconozca dicha unión no supone que todo esté hecho y que el movimiento LGTBIQ (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales, Queer) esté de brazos cruzados.

Lo cierto es que la comunidad LGTBIQ sigue sufriendo una discriminación latente y que parece ir a más: intimidaciones, amenazas,  ridiculización y cualquier tipo de abuso siguen estando muy presentes. En este contexto la visibilización de estas minorías se hace más necesaria que nunca.

A través de diferentes corrientes artísticas, como la fotografía, la comunidad se ha hecho más visible y ha reivindicado su lugar en “el país del arcoíris”. El artivismo se ha convertido también en un arma para el movimiento black-queer que defiende la necesidad de acabar con las etiquetas que el heteropatriarcado ha asignado a cada grupo. Las grandes ciudades sudafricanas (con Ciudad del Cabo y Johannesburgo a la cabeza) son la cuna de la lucha para visibilizar la situación de aquellas personas que no se identifican con unas etiquetas opresivas y asimiladoras.

El pasado mes de Abril tuvo lugar el primer Black Queer Social Cape Town, un evento en el que se han creado los espacios necesarios para el diálogo del black-queer, que poco a poco se está convirtiendo, además, en uno de los diálogos post-apartheid más dinámicos. El BQS de Ciudad del Cabo tuvo tanto éxito que los organizadores decidieron repetirlo hace unos días en Johannesburgo no sin críticas por su exclusividad, ya que está dirigido únicamente a personas negras. Los organizadores se han excusado defendiendo la necesidad de hacer visible a un colectivo que no sólo por su orientación sexual, su género o su imagen, sino también por su color, está siendo excluido de su sociedad.

Para luchar contra toda esta discriminación y los estereotipos, para que el resto de la sociedad pueda ver que hay personas que son diferentes, que piensan diferente y defiende la necesidad de encontrarse en una comunidad que los excluye, los movimientos negro-queer han dado con el mejor medio de hacerse un hueco: las corrientes artísticas.

EL FUEGO SUDAFRICANO

Umlilo, que significa “fuego” en Xhosa, es un artista que lucha contra los estereotipos de género con una imagen que baila entre los masculino, lo femenino y lo andrógino. Umlilo dio el salto a la escena musical sudafricana en 2013 y la ha revolucionado, no sólo por su imagen, que ayuda a combatir la imagen estándar que la sociedad impone, sino también por sus discursos y su defensa de un mundo pan-sexual y andro-humano, donde nadie se sienta en la obligación de sentirse etiquetado.

Su gran éxito “Chain Gang” habla de un mundo cerrado, un ciclo de opresión donde lo primero es el dinero. En este mundo las personas no valen nada, pero menos cualquier persona LGTBIQ  y aún menos las personas negras.

PERFORMANCE NEGRO-QUEER

El universo de las performances está dominado por FAKA, un dúo formado por FelaGucci y Desire Marea que trabajan juntos para crear actuaciones que reflejen la enorme complejidad que supone ser negras y queer en Sudáfrica. Su principal instrumento son sus cuerpos a través de los cuales se enfrentan a su exclusión social y al género. “El género no existe” se ha convertido en su grito de guerra y contra él luchan a través de internet.

¿Pero por qué performance y no otro tipo de artivismo? El dúo hace uso de performances  por que obliga a mirar y a descubrir, forzando la confrontación, abriendo los ojos y aceptando que todas estas complejidades son reales, que existen. Su lucha del día a día es contra la raza, la clase, la sexualidad, el género y todo aquello que crea una diferencia social.

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FRUTAS A LA CALLE

Vusi Makatsi es quizás el artivista más joven de la escena negro-queer. Con sólo 22 años se ha hecho especialmente conocido por su página de Tumblr. Usa el arte digital como una forma de explorar la masculinidad y acabar con las convenciones sociales sobre el género. Además ha defendido la necesidad de recuperar el espacio público como el mejor escenario para ser visible.

flower-series-2-1170x879“Hemos llegado a un punto en el que la sociedad, el mundo, está hecho sólo para el cisgénero, pero lo coherente es que el mundo sea diverso, infinito, sin etiquetas”,  ha defendido el artista. Uno de sus últimos trabajos, BattyBoy, representa esa necesidad de reclamar lo público fotografiándose a sí mismo en diferentes escenarios donde la fruta aparece como un tema recurrente.

Esta nueva generación negro-queer se ha levantado contra una sociedad que pone barreras a la diversidad. Barreras que consiguen agrietar gracias a la música, la fotografía o los audiovisuales. Estos son los instrumentos con los que hacerse visibles y gritarle al mundo que la realidad es mucho más diversa.

Zukiswa Wanner: sinceridad sin complejos

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

Zukiswa Wanner es una prometedora escritora africana. Sí, africana. Quizá lo de prometedora es más discutible, porque no tiene nada de promesa, sino que es una auténtica realidad que se ha hecho acreedora de algunos de los premios más importantes. Sin embargo, su carácter africano se ha puesto en duda y ese es el segundo de los motivos por los que merece la pena prestarle atención. El tercer elemento que lleva a interesarse por Zukiswa Wanner es que se ha convertido en una de las autoras africanas más provocadoras en sus comentarios y con una posición menos políticamente correcta en cuanto a la industria editorial y la hegemonía occidental, por ejemplo.

En relación con el primero de los elementos. Wanner fue una de las seleccionadas para la antología Africa39, la selección de los 39 escritores africanos de menos de 40 años que realizó un equipo liderado por Binyavanga Wainaina para Hay Festival en 2014. Antes, Zukiswa Wanner había estado entre los finalistas del K. Sello Duiker Award en 2007 por su primera novela The Madams y también entre los finalistas del Commonwealth Writers Prize en 2011 por la novela Men of the South.

londonwannerDespués de haber liderado algunas antologías sudafricanas y haber publicado libros infantiles, Wanner ha regresado a la novela con London, Cape Town, Joburg, editada en 2014. En su último trabajo, la escritora hace un particular repaso por la historia reciente de Sudáfrica y, por el momento más crucial de los últimos años, el acceso a la democracia después del apartheid. La particularidad de la novela de Wanner es el enfoque desde el punto de vista de un sudafricano que vuelve a su país en un momento de esperanzas después de haberse criado en Reino Unido. Este encuadre permite a la autora tratar el tema de la identidad, la del protagonista sudafricano en la sociedad británica, pero también la de su mujer blanca en una sociedad sudafricana que aparentemente había superado las barreras raciales. Y a esas profundas cuestiones se añaden otras más cotidianas, como la convivencia, la paternidad o la búsqueda de una vida mejor (se puede leer aquí un extracto inicial del libro).

Curiosamente, y ya atendiendo a ese segundo aspecto atractivo de la autora, Zukiswa Wanner se encontró con dificultades para encontrar apoyos que le ayudasen a sacar adelante su idea, a pesar de la trayectoria que ya se ha mencionado. Primero pretendía que fuese un guión para una película, pero tuvo que desistir. Decidió convertir su idea en una novela, pero tampoco le resultó fácil encontrar un editor. Al parecer, al otro lado de las puertas a las que llamaba le decían que la historia no era suficientemente africana. De nuevo nos encontramos con una cuestión que en esta sección se ha tenido que tratar a menudo debido a los prejuicios que todavía existen en la industria editorial: los temas sobre los que puede y debe escribir un autor africano.

Hemos dejado los apuntes biográficos para este momento. Zukiswa Wanner nació en Zambia, creció en Sudáfrica y después se trasladó a Kenia. Pero es cierto, la escritora no respeta los cánones, no cumple con los prejuicios y en vez de tratar en sus historias la turbulenta relación entre un empleador blanco y sus empleados negros, prefiere romper esquemas y dibujar las también existentes fricciones, entre el negro que da trabajo y los negros que trabajan para él, por ejemplo. Sin duda eso, no seguir las líneas de lo previsible, escribir sobre la realidad como es y no como nosotros nos la imaginamos hace que algunos consideren que sus historias no son africanas.

La última de las cuestiones que llama la atención sobre Wanner es su incómoda honestidad. Sus declaraciones pueden interpretarse como provocativas, cuando no dejan de ser desnuda sinceridad. Por ejemplo, cuando se refiere a estas cuestiones relacionadas con la escritura y pone en duda “las líneas raciales o de género que los escritores no pueden cruzar” y explica que ella, voluntariamente, ha decidido sobrepasarlas.

En la misma línea, hace unas semanas Wanner levantó algunas ampollas con la siguiente declaración en la web This Is Africa: “Estoy más emocionada si mis libros se pueden leer en Congo Brazzaville o Cabo Verde, de lo que estaría si estuviesen disponibles en Bélgica o Portugal”. Evidentemente estas confesiones tenían un contexto. Por un lado, esos comentarios en el que se cuestionaba su “africanidad” y, por otro, la reafirmación de que su público está en el continente. El contexto de las declaraciones decía que si sus libros eran traducidos prefería que llegase al resto del continente africano que a Europa. En todo caso, estaba muy presente el análisis sobre la industria editorial africana y sobre la necesidad de generar espacios, al estilo de premios, que animen la producción y la independencia cultural del continente.

Un Caballo de Guerra cabalga hacia Sudáfrica

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

Recién llegados de agosto, mes en que en todo el mundo se han sucedido actividades por el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, los escenarios sudafricanos están a punto de acoger una de las obras de teatro más representativas para la conmemoración del aniversario de la contienda que transformó el mapa del mundo.

War Horse (o Caballo de Guerra) es una obra de teatro que emerge de las trincheras europeas para dirigirse hacia el sur del continente africano, de la mano de un jinete y su caballo, cargados con toda su artillería de simbologías y críticas con tintes locales. La creación, que hará parada en el Teatro Montecasino de Johannesburgo para cabalgar hacia el Artscape Opera House de Ciudad del Cabo, es un trabajo realizado por la compañía capense (de Ciudad del Cabo) Handspring Puppet Companyy el famoso productor sudafricano Pieter Toerien.

Encargados de escenificar una de las obras más galardonadas de 2011 por los prestigiosos Premios Tony, los sudafricanos devuelven a Sudáfrica unas marionetas que emergieron del país para pasearse por los principales escenarios del mundo, incluido Broadway. Cuando los directores ingleses de War Horse vieron uno de los espectáculos producidos por la compañía de marionetas de Ciudad del Cabo lo tuvieron claro: si se llevaba la novela infantil de War Horse al teatro, tenía que ser con las marionetas de estos sudafricanos maestros del títere. Y no en balde se puede afirmar que una de las claves del éxito internacional de esta obra es la participación de este séquito de orfebres africanos. 

Retornando ahora a la capital del diseño mundial con marionetas y títeres antropomórfos absolutamente fascinantes y un reparto internacional, Adrian Kohler y Basil Jones, co-fundadores de la Compañía Handspring Puppet, vuelven a re-crear un arduo trabajo de producción para el cual se necesitan alrededor de ocho meses para dar a luz a tan solo uno de estos títeres.

Se trata de piezas flexibles, a escala real, capaces de trotar y de soportar el peso de un actor. Un caballo que relincha, una marioneta que tiene vida. De 50 kilos la pieza, el caballo protagonista es tan grande que necesita de tres manipuladores – uno para la cabeza, uno para el tronco y una para la parte trasera-. Todas estas marionetas subirán majestuosas a los escenarios de Joburg y Ciudad del Cabo a partir de finales del próximo octubre, después de haber sido expuestas durante en mes de agosto en la última Feria de Arte de Johannesburgo

Pero las dudas acechan a los más realistas. ¿Quién podrá pagar la entrada a una obra de teatro tan costosa de producir? Y las sospechas se hacen reales a pesar del apoyo del Banco Rand Merchant a este espectáculo. Las entradas para cada función se están vendiendo desde 7 euros y hasta 30 euros en un país donde, a pesar del aumento de la clase media y de ser la primera potencia económica de todo el continente, el salario medio del 40% de la población es de 700 euros mensuales y el encarecimiento de la vida es desproporcionado a estos ingresos.

Conscientes de las desigualdades sociales del país, los productores han lanzado una serie de talleres de confección de marionetas para los niños de los barrios más necesitados de Johannesburgo y Cape Town. Junto a la ONG sudafricana Assitej, dedicada al trabajo social con infancia a través del teatro, la obra War Horse pretende apoyar en la capacitación tanto de jóvenes artesanos como de artistas y actores de un país muy arraigado a las producciones teatrales y las artes escénicas.

‘Designing South Africa’: entrevista a Zahira Asmal

Portrait

Wiriko entrevista a Zahira Asmal, directora de THECITY, una agencia sudafricana que desarrolla proyectos de urbanismo, diseño y arquitectura a través de diversos medios: comunicación, edición, comisariado de eventos, festivales, exposiciones, guías y multimedia.

Con Ciudad del Cabo como centro de operaciones, Zahira es también la fundadora de Designing South Africa y Designing Brazil, organizaciones gemelas a ambos lados del Atlántico dedicadas a crear recursos para conectar a gobiernos, arquitectos y la ciudadanía en torno a temas de diseño y desarrollo. Hablamos con ella justo a las puertas del 2014, año en el que Sudáfrica celebrará veinte años en democracia, Ciudad del Cabo será la Capital Mundial del Diseño (tras Turín, Seúl y Helsinki), y Brasil acogerá la Copa Mundial de Fútbol.

Tu libro, Reflections & Opportunities: Design, Cities and the World Cup es la culminación de un proyecto de dos años que ha establecido un debate crítico alrededor del tema de los mega-eventos, como la Copa Mundial de Fútbol, y su impacto en las ciudades que los acogieron. ¿Cuáles han sido los resultados en términos del diálogo que has promovido?  

Investigar para Reflections & Opportunities ha sido una experiencia muy satisfactoria tanto para mí como para mis colaboradores. A ellos les ha permitido explorar las oportunidades que ofrece el buen diseño para la mejora de las ciudades y de las vidas de sus habitantes en varios niveles, y posteriormente aplicar estos planteamientos en su trabajo. A mí, este proceso me ha dado acceso a áreas e industrias sudafricanas y varios planteamientos de diseño y desarrollo que no había experimentado antes. Ha sido una plataforma idónea para aprender, forjar relaciones y posteriormente compartir el trabajo con el resto del mundo y con Brasil en particular, justo en el momento en el que se embarcaban en el desarrollo de sus mega-eventos deportivos.

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Comenzaste con Designing South Africa en 2009, el año previo a la Copa del Mundo en Sudáfrica. Hoy, tres años después del evento, reflexionando continuamente sobre sus impactos en términos de arquitectura, diseño, urbanismo y desarrollo, ¿cómo ves su legado?

Creo que los esfuerzos por la Copa aceleraron iniciativas significativas en el ámbito del urbanismo que ya estaban en marcha. Sin duda dio al gobierno esa motivación extra para cumplir en un plazo determinado y una alta calidades. El transporte público y los espacios públicos fueron activados de modos no vistos con anterioridad en Sudáfrica.

Como habían prometido el gobierno y el comité organizador local, la Copa dejó en el país una sensación positiva y una actitud de ser capaces de cumplir con lo prometido. Y eso aún sobrevive hoy. En general, la ciudadanía se siente tanto parte del tejido urbano de Sudáfrica como de la sociedad global internacional.

¿Qué novedades podemos encontrar en Designing Brazil respect de Designing South Africa? ¿Cuál era tu planteamiento a la hora de conectar países del Sur Global?

Las ciudades sudafricanas y brasileñas son las más divididas del mundo. Investigando y analizando nuestras ciudades en Sudáfrica, esperaba ofrecer algunas claves de cómo el diseño y las buenas prácticas en planeamiento urbano pueden ser utilizadas de manera beneficiosa para nuestras sociedades. Las ciudades de Brasil, así como otras de Latinoamérica, han estado lidiando con densidades urbanas que Sudáfrica sólo empieza a vislumbrar. Nuestros ayuntamientos no están haciendo frente a la demanda de servicios. Sin duda hay oportunidades de conectar en estos aspectos y aprendizaje entre nuestros dos países.

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¿Crees que Sudáfrica ha cambiado la manera en que se presenta a sí misma al mundo, en términos de imagen y marca-país, de la más tradicional de los safaris a otros iconos más recientes? Y desde otra perspectiva, ¿cómo ha cambiado la identidad?

Creo que el esfuerzo nacional a través de las agencias gubernamentales no ha mejorado mucho. Seguimos presentando nuestra naturaleza y nuestros paisajes de modo arcaico. Sin embargo, sí creo que a través algunos individuos y organizaciones destacadas,  estamos transmitiendo la naturaleza auténtica y diversa de quién y qué somos, teniendo en cuenta la naturaleza compleja de este análisis. Aunque este proceso está en continuo cambio y actualización, no podemos dejar esas definiciones a sistemas obsoletos y burocráticos heredados de los días del apartheid. Necesitamos examinar esto abiertamente a través de las artes, la cultura y el diseño y compartir nuestras experiencias a nivel global.

¿Por qué seguimos bombardeando con imágenes de caza colonial de animales salvajes en el siglo XXI? Esto escapa a mi comprensión. ¿Dónde está la gente? Me gustaría ver más talento a la hora de presentarnos como país más allá de la minería y las sabanas.

Nuestra nueva iconografía se encuentra en las ciudades. Aquí es donde se están forjando las nuevas identidades post-apartheid. La nueva Sudáfrica renaciendo de las cenizas cual Ave Fénix sale de los ghettos de Soweto, Khayelitsha o Warrick: ya no forman parte de la periferia, sino que son el corazón de la nación. Necesitamos explorar esta nueva cultura urbana a la vez explorar el pasado.

Finalmente, en relación a la naturaleza, creo que no se está trabajando suficientemente el tema de la conservación a nivel gubernamental. ¿Qué sentido tiene mostrar imágenes de leones y elefantes en países como Sudáfrica, donde se permite el exterminio de estas increíbles criaturas? ¿Qué sentido tiene el turismo que se comporta de manera tan pasiva? Marca-país, turismo y conservación deberían trabajar de manera coordinada para mejorar la situación, o si no sacar la naturaleza de nuestras campañas publicitarias.

Viajas a menudo, fundamentalmente a Europa y Latinoamérica: ¿cómo se percibe el ambiente creativo sudafricano en esas regiones? ¿Qué destacas de Sudáfrica cuando hablas con colegas extranjeros?

El ambiente creativo de Sudáfrica no se ve como algo especialmente interesante en lugares como Europa o Latinoamérica. Es cierto que hay algunos individuos destacados y artistas y diseñadores de éxito, pero en su conjunto es bastante desconocido. De hecho, en Brasil previo a la presentación de mi libro en Río de Janeiro, alguien del público me preguntó “¿qué pueden enseñar los africanos a los brasileños sobre diseño?”, dejando entender que tal vez íbamos por detrás de Brasil en este aspecto. Esto me sorprendió y me hizo ver que incluso en Brasil, después de la Copa del Mundo, la gente desconoce en gran parte Sudáfrica. Por otra parte, en Europa la percepción en que nuestro diseño sólo tiene que ver con la artesanía.

A la gente le sugiero que vaya a Sudáfrica y lo experimente por su cuenta. Yo no viajo para enseñar a otros sobre Sudáfrica, sino para aprender y compartir. Y espero que la gente interesada en Sudáfrica haga lo mismo. Suelo subrayar el hecho de que el nuestro es un país diverso, una nación en construcción con una democracia joven. E invito a la gente a que sea parte de ello.

Exhibition Opening

Uno de los desafíos para Sudáfrica es definir su relación con los demás países del continente. Desde tu perspectiva, ¿cómo son las redes creativas panafricanas en el ámbito de la arquitectura y del diseño?

No tengo ni idea. Me gustaría ver más compromiso por parte de Sudáfrica en relación a otros países africanos a través de programas artísticos, creativos y culturales. Es un buen comienzo para cualquier esfuerzo de cooperación o diplomático. A día de hoy, uno puede disfrutar en Londres o Lisboa de más música, arte y diseño africano que en Ciudad del Cabo o Johannesburgo. Algo no encaja en este cuadro.

2014 va a ser un año grande para Sudáfrica: veinte años de democracia y numerosos eventos alrededor del diseño y la arquitectura. Tu próximo proyecto, Designing our Democracy [Diseñando nuestra democracia], analiza cómo interactúan ambas esferas. Los profesionales del diseño –en un sentido amplio-, ¿están ofreciendo enfoques creativos para afrontar los cambios sociales? ¿Cuál es su influencia en las políticas relativas a vivienda, salud o educación?

Hay muchos diseñadores con ideas sorprendentes y significativas para la democracia sudafricana. Están trabajando para mejorar los servicios básicos, las infraestructuras y los productos. En mi opinión, lo que falta es organización en la mediación público-privada entre gobierno y esos innovadores. Actualmente no pueden atenerse a los mandatos del gobierno porque el país aún funciona bajo sistemas obsoletos y estructuras heredadas del apartheid. El proceso de licitación en Sudáfrica acaba con la creatividad. Nuestra constitución en  progresista, pero no existen mecanismos de provisión de servicios comparables a ella. Si continuamos con esta trayectoria corremos el riesgo de que nuestra constitución se convierta en superflua.

No podemos esperar tener un papel protagonista en la escena internacional mientras haya tantos habitantes viviendo sin servicios básicos. Veo demasiados parches asociados a la provisión de estos servicios. Designing_SouthAfrica está explorando vías para conjugar estas ideas de diseño y estos servicios y llevarlos a quien los necesita de los modos más simples y efectivos, ofreciendo a la gente la dignidad en la que todos deberíamos estar viviendo y muy pocos tienen acceso. No estamos faltos de experiencia, pero sí en voluntad de hacer que esto suceda, especialmente por parte del gobierno. Así que, desgraciadamente, actualmente no somos capaces de influir en las políticas, pero Designing_SouthAfrica, junto a nuestra colaboración con buenos arquitectos y diseñadores, continuará trabajando para asegurarnos de que sí influyamos en el futuro.

Artículo publicado originalmente en inglés en Turn On Art

Design a better life for all

La Flor de Shembe, de Neo Muyanga

neo-muyanga1Quizás a la mayoría de nosotros el nombre de Neo Muyanga no nos sea muy familiar, sin embargo, se trata de una de las figuras más rompedoras e internacionales de la escena musical y teatral sudafricana. Descendiente de mozambicanos pero criado en el famoso barrio de Soweto, Neo ha vivido y trabajado como compositor y arreglista en países como Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Etiopía, Camerún o Francia, creado proyectos como el aclamado dúo acústico Blk Sonshine y trabajado para cadenas de radio como la BBC. Después de licenciarse en filosofía y políticas, el sudafricano ha escrito para periódicos y revistas de gran prestigio internacional, pero su verdadero éxito y lo que le convierte en uno de los talentos más aclamados del momento es su exquisitez en la composición, una palpable crítica social de alto voltaje y una delicadeza en la orquestación que hibrida influencias muy diversas con gran sutileza. La síntesis de todo su recorrido profesional se puede ver plasmada en la obra que hemos querido compartir con vosotros, una pieza que se estrenó el verano pasado por los principales escenarios de Sudáfrica y que ensambla de una forma magistral danza, música y teatro.

La opereta “The Flower of Shembe” es un mito repleto de mesías, una obra a veces turbadora, a veces entusiasta, donde la imaginación transforma los caracteres de hombre a mujer o de mujer a hombre, donde se desafían los roles de género de una sociedad fuertemente marcada por el sexo con el que se nace, en la que el destino se convierte en algo contra lo que luchar y algo ineludible a la vez, o en la que la magia de la fe se erige como verdadera esperanza de la humanidad. Se trata de un melodrama que reta a los ideales de la burguesía y convierte la ópera en un espectáculo para los pobres. Para los africanos. En él, la estética del arte povera de los años 70 inunda el escenario de flores gigantes hechas con chatarra u otros materiales reutilizados, mostrando diferentes maneras de transformar la realidad, postrada bajo el filtro surrealista de los juegos de luces.

El reparto de bailarines y actores, provenientes de la compañía Jazzart Dance Theatre de Cape Town, fue dirigido por la alemana Ina Wichterich-Mogane -coreógrafa de grandes artistas como Pina Bausch-. Todos ellos cumplen papeles simbólicos en un escenario que representa a la sociedad. La actriz Chuma Sopotela (en el personaje de Addis), por ejemplo, personifica una niña a medio camino entre la humanidad y la espiritualidad, un dualismo del ser que se encuentra presente en las mitologías clásicas de todo el mundo. Pero el juego de la dualidad que encontramos en la obra también se hace extensible en la tierra, donde dos mundos conviven. El de la invisibilidad y el de la visibilidad; el mundo de los marginados y el de los privilegiados; el de los que tienen derechos y el de los que no. Otro de los personajes, el narrador, en la piel del actor Kabi Thula, representa a un sangoma (o curandero tradicional Shona) cuyo don es el poder de preservar el equilibrio y la paz entre un mundo y el otro. Su papel es crucial para la sociedad y encierra la esencial sabiduría de la tradición.

La energía de la composición y la angustia que tanto los cuerpos en movimiento como la música transmiten, mantienen al espectador en constante alerta. Compungen. Emocionan. Enrabian. Despiertan la duda. Hacen reflexionar. Cambian las perspectivas. La minuciosamente elaborada  escenografía y una instrumentación que integró la música en cada escena cuál suave pluma dibujando palabras en un papel en blanco, levantó ovaciones en múltiples escenarios del país y trascendió las fronteras para hacerse eco en los medios más atentos al talento emergente de África. El alcance de la obra ha llegado también a Internet, y gracias al audiovisual hoy podemos apreciar el enorme trabajo que encierra la creación de una obra de la talla de “The Flower of Shembe” e incluso podemos sentir, a pesar de los más de 15000 kilómetros que separan Ciudad del Cabo del estrecho de Gibraltar, la emoción a flor de piel de la Flor de Shembe. Enhorabuena, Mr. Muyanga.

‘District Six’, memoria histórica de un barrio destruido

Afortunadamente el apartheid no pudo arrasar con la memoria histórica de las diferentes comunidades que fueron despojadas de sus derechos, sus casas y su cultura. El barrio de District Six, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), fue un claro ejemplo de cómo tirar abajo –literalmente- un espacio que hasta ese momento había sido el hogar de muchas de esas comunidades. Es gracias a esta memoria popular, que hoy en día existen espacios como el ‘District Six Museum’ creado en 1989 y que no vio la luz públicamente hasta que no terminó el apartheid de forma oficial en el año ’94.

District Six Museum. Foto: James Frankham

El District Six Museum trabaja por el recuerdo de los acontecimientos que se dieron en la época del apartheid, así como de la cultura y la historia de la zona antes de su derribo. Fotos, notas manuscritas de antiguos residentes, recortes de periódico, señales de tráfico antiguas, réplicas de las casas son una muestra de las historias y las vidas de las familias del District Six y un homenaje a quienes fueron despojados de su casa, y de su vida. También sirve de punto de encuentro y centro comunitario para los residentes de Ciudad del Cabo que se identifican con su historia.

Lo que ha marcado este barrio -y muchos otros como Sophiatown en Johannesburgo- durante los años de colonización y apartheid, es la historia de los desalojos y la demolición que sufrió “esta pequeña ciudad dentro de la ciudad” en términos del músico Ibrahim cuando se refería a District Six. Tanto la arquitectura, como la configuración social del barrio se vieron modificadas provocando claros impactos en la población que vivía allí, que aún hoy en día perduran en la sociedad “capetonian”.

Vista aérea. Fuente: District Six Museum Foto: Vanessa Anaya

El nombre de District Six proviene del año 1867, en que fue designado Sixth Municipal District de Ciudad del Cabo. Ya desde entonces fue un vibrante barrio cerca del centro de la ciudad y del puerto. Vibrante porque la población que allí vivía era una mezcla de los antiguos esclavos, inmigrantes , artesanos, trabajadores y comerciantes que crearon una gran comunidad, dando lugar a un barrio cosmopolita en el que convivían varias etnias: colourds en su gran mayoría [1] -entre los que había los malayos musulmanes-, xhosa, judíos y en menor medida indios, blancos y afrikaans. Y vibrante también por la importante vida artística y cultural que había en el barrio. Vio nacer y acogió a importantes del jazz sudafricano de la época, como Abdoullah Ibrahim, que ya habíamos mencionado en nuestro anterior artículo sobre el papel de la música en el apartheid, o el saxofonista Basil Coetzee. Hay que mencionar también la cultura gang -de los gansters- que también fue importante en el barrio, según los propios habitantes [2]. Era un barrio de contrastes, donde a pesar de encontrar lugares con pobreza y violencia, había una gran vida comunitaria, cultural y política.

Los primeros en desalojos de los negros africanos se remontan al año 1901, año en el que fueron “re-asentados” en las afueras de la ciudad, pero la situación se agudizó una vez instaurado ya el régimen que imponía su filosofía de que la interacción interracial provocaba conflictos y que era necesaria una separación de etnias -bajo este pretexto crearon también los ‘bantustantes’ o homelands en el resto del país-. Además, se extendió en el imaginario social la idea de que el barrio era un barrio marginal, que sólo servía como espacio de oficinas y no de residencia, siendo retratado como una zona de alta criminalidad y peligrosa, y dibujándola como un lugar de “vicio” donde prevalecía el juego, la bebida y la prostitución. Los medios de comunicación se encargaron fervientemente de lanzar esta campaña de desprestigio del barrio. El motivo principal de la puesta en marcha de esta campaña, derivada del racismo, era el buen enclave del barrio en el centro de la ciudad en el mero centro, cerca de la Table Mountain y del puerto. Una zona situada en un lugar privilegiado, y que por lo tanto tenía que estar a manos de población blanca, según la lógica del apartheid.

Derribos. Fuente: District Six Museum. Foto: Vanessa Anaya

La declaración del barrio como “área sólo de blancos” en 1966 puso en bandeja lo que ya se estaba cociendo hacía décadas. Los desalojos, que en el año 1968 provocaron de más de 60.000 personas desplazadas hacia los llamados Cape Flats, desolados townships a las afueras de la ciudad. El barrio fue renombrado como Zonnebloem y derribado, manteniendo solamente los lugares de culto -mezquitas e iglesias- y algunas escuelas. Allí se construyó la Cape Technikon – la actual Universidad de Tecnología de la Península del Cabo- a la que accedía la población blanca y de clases más privilegiadas, y también algunas viviendas para los trabajadores de la zona; las pocas casas que quedaron en pie, se vendieron a la población blanca. Con el paso de los años, la zona no se construyó debido a la fuerte presión internacional y nacional, quedándose como un espacio vacío en medio de la ciudad, y sin ánimo de realojar a los habitante originarios.

Fue el fin de un barrio que gozaba de una convivencia comunitaria envidiable, con una gran historia y vida social y cultural que había acogido a varias etnias y culturas, como cuentan los archivos y los recuerdos de los residentes. Quizá el logro más grande del régimen en aquel entonces, fue precisamente el desmembramiento de esas dinámicas sociales de convivencia. Por supuesto, las secuelas sociales fueron muy importantes. Con los desalojos vino la separación de las familias mixtas por la ley racial, la rotura de las redes familiares y de vecindad, la desaparición de las redes solidarias de apoyo económico, precarizando aún más la situación de las familias, la aparición de más bandas de “gangs” causadas por la desestructuración familiar, etc.

Desde el fin del apartheid el District Six Beneficiary Trust ha estado administrando el proceso mediante el cual los solicitantes debían obtener su “tierra” de vuelta (actualmente un espacio residencial, piso o apartamento) por el proceso de “Restitución” contemplada en la Reforma Agraria que se proclamó en todo el país en el post-apartheid. Con ello, se pretende la re-urbanización de la zona que proporcione la justicia social que se arrebató hace ya cincuenta años. Estos trámites aún van muy despacio, como muchas de las reformas que se pretendían desde el fin del gobierno racista.

Lo que alienta en el camino, es que iniciativas como el Museo han permitido mantener con vida la memoria de los habitantes del District Six, creando una asociación y una comunidad que ha vivido esos duros años del apartheid. Esa comunidad se organiza tanto para realizar actividades, como para luchar por la devolución de sus tierras y casas. El arte que ya había habido durante los años de vida del barrio, no dejó de existir con el derribo de éste. Al contrario, son muchas las manifestaciones artísticas que han homenajeado este pequeño espacio -ya vacío- de esta extensa ciudad que es Cape Town. Se han escrito libros, se han compuesto canciones, se han recitado poemas y el District Six ha sido protagonista de varias películas y documentales. Una vez más, como nos muestra la historia del pueblo sudafricano, el apartheid a pesar de sus intentos, no pudo acabar ni con la memoria histórica de la comunidad que allí había, ni con la lucha para derribar el régimen ayer ni recuperar hoy lo que algún día fue suyo. Como ya auguraba uno de sus habitantes en el año 1966:

“You can take the place out of District Six, ou pellie [old friend], but you’ll never take District Six out of the heart of the people”

Os dejamos un pequeño vídeo en el que nos cuentan brevemente qué significó el District Six. No os perdáis después algunas fotos de la visita que hicimos al Museo.

http://www.youtube.com/watch?v=M0jJknikgCY

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[1] La mayor parte de los habitantes eran “Couloured” porque había leyes que daban preferencia a la contratación de éstos en detrimento de los africans que además no tenían derecho a vivir en el centro de la ciudad, salvo excepciones.

[2] La mayoría de los residentes afirman que los gansters no interferían en la vida de la comunidad. Peleaban unos contra otros, fumaban marihuana y bebían, pero no afectaban a la gente que vivía allí. Se situaban en las “7 escaleras” de Hanover Street. Algunos de los grupos más destacados: “The Killers”, “The Jesters”, “The Red Cats”, “The Rangers” y “The Globe Gang”.

Fuentes:

District Six– Web Oficial

Cape Town

Saha Archives

South Africa History

Field, S. (ed) 2002. Lost Communities, Living Memories: Remembering Forced Removals in Cape Town (Cape Town: David Philip)


Al ritmo del ‘Cape Town World Music Festival’

Una vez clausurada la primera edición del Cape Town Music Festival (CTWMF) después de tres días inmersos en los diferentes estilos musicales que allí sonaron, es fácil comprender la esencia y los objetivos que tenían en mente los organizadores cuando diseñaron la programación del Festival. Artistas de Sudáfrica, Zimbabwe, Angola, Mozambique, República Democrática del Congo, Zambia, Francia e Israel, entre otros, han puesto la banda sonora de los 32 conciertos que han creado lo que sería el primer gran encuentro de este tipo en la ‘Mother City’ sudafricana.

El jueves 8 de noviembre, pudimos asistir al lanzamiento en The Mahogany Room de Cape Town, con organizadores, colaboradores y medios. Oliver Mtukuzdi dio la bienvenida al festival y Bholoja, emergente músico de Swatzilandia, ofreció un fantástico concierto para ir abriendo boca de lo que serían los siguientes dos días. Desde ese mismo jueves, se llevaron a cabo diferentes workshops abiertos al público, que contaron con la participación de varios de los artistas y donde se trataron varios aspectos de sus trayectorias y de la industria musical en general.

Los conciertos estaban organizados en cuatro escenarios, dos de los cuáles estaban al aire libre -el escenario principal y el escenario llamado Lion’s Head-. Este último, era gratuíto, por lo que podía asistir cualquiera que quisiera. La idea de poner el escenario principal al aire libre y uno de ellos abierto, es la de hacer el festival para todos y acercar más la música al público.

Los otros dos (Nu World y Silent Revolution), estaban en The Assembly, una sala de conciertos de referencia en la ciudad y que acogió sobretodo aquellos que cerraron la jornada de conciertos cada uno de los días.

La organización de todo este evento estuvo a cargo de Beanstalk, una agencia de producción y gestión de eventos culturales. Uno de sus objetivos es el de dar a conocer músicos no comerciales africanos –y de otras partes del planeta- aún desconocidos por en la escena internacional, ofreciéndoles un gran espacio donde poder acercar su música al público. Con este propósito consiguieron mostrarnos que, aparte de gozar de una excelente música tradicional, África tiene artistas que consiguen transmitir sus raíces y fusionarlas con otros ritmos muy contemporáneos y vanguardistas. Esta idea es la que, desde nuestro punto de vista, definió la esencia del festival y la que nos ha llevado desde Wiriko a interesarnos y querer conocerlo de primera mano para dedicarle un espacio.

Hagamos un breve repaso de algunos de los grupos actuaron durante el Festival.

Viernes, 9 de noviembre de 2012

A las 18h todo estaba a punto para el arranque de dos días de intensidad musical en la que el público tuvo muy difícil decidir qué grupos quería ver. Había dos escenarios para elegir el principal -Main Stage- y el Nu World.

Adamu abrió el festival a los asistentes. Original de Luanda (capital de Angola) puso de manifiesto lo que sería la esencia del fin de semana: una mezcla de culturas, instrumentos, estilos e idiomas. Adamu canta en portugués, francés, español, Kimbundo y Kicongo y su estilo es de lo más versátil: desde el angoleño sonido del Semba, el kwasa-kwasa típico de RDC, hasta el jazz y el afro-beat.

Dj Click Band, uno de los éxitos indiscutibles de la noche, tomó el relevo a Adamu. “Electro-gypsy” es el resultado de la mezcla de sonidos tan dispares como los balcánicos, indios y flamencos con una base electrónica que nos obligaron a dar unos brincos en la pista. Si además le añadimos la vibrante voz de la italiana Valentina Casula, no podemos más que quedarnos conquistados con el resultado. Merece la pena escucharles y más, verles en concierto.

Spoek Mathambo, fue el siguiente de la noche. Afro-futurismo mezclado con rap es el estilo de este sudafricano que se sitúa a la vanguardia de la escena musical más underground del país. Además el concierto contó con dos artistas invitadas que lograron revolucionar al público.

Son ya las 22h y el público del Cape Town World Music Festival coge sitio para poder ver mejor a la estrella indiscutible de la noche, Oliver Mtukudzi. Tuku -como se le conoce- empezó en la música en el año 1977 con el grupo Wagon Wheels junto con Thomas Mapfumo. Más tarde cuando empezó su carrera en solitario, se convirtió en uno de los músicos más emblemáticos y conocidos del país. Canta en shona, ndebele e inglés e incorpora estilos de diferentes tradiciones musicales, que le dan un estilo único, conocido como “Tuku Music”.

Durante todo el concierto el público coreó todas sus canciones sin excepción y a juzgar por la cantidad de gente que asistió la noche del viernes, Tuku fue la estrella del festival.

Después del deleite de escuchar al veterano Tuku en directo, nos vamos a The Assembly, que acogió el escenario de Nu World. En éste, el grupo de ‘post-rock’ Bateleur, Dj Mighty y Ntone Edjabe con sonidos afro, jazz y house y Toby2shoes con afro-house, swing y algunos guiños a la cumbia, nos hicieron bailar hasta la madrugada.

CTWMF

Sábado, 10 de noviembre de 2012

Desde el sábado por la mañana a partir de las 11h los más madrugadores ya podían asistir al festival y además de forma gratuita, ya que recordemos que el escenario de Lion’s Head estuvo abierto durante todo el día. Los grupos que tocaron fueron Fletcher, Larry Joe Live (soul, R&B afropop), Kanimambo (originarios de Congo, Israel, Mozambique y Sudáfrica), Taleswapper y Rumspringer con su electro-swing. Durante la hora del té Abavuki mezclaba sonidos latinos, jazz y afro.

Manouche, nos hizo bailar al ritmo de su gypsy jazz durante su concierto, con guitarra, violín, acordeón, contrabajo, tambores y la fantástica voz de Anneli Kamfer que nos acercaba a su vertiente más jazz. Los músicos de Kongo Elektro, cerraban la sesión en este escenario con su soukouss electrónico.

Al mismo tiempo, Silvestre Kabassidi In the Bottle primero y el cantante Bholoja a continuación –al que escuchamos en la apertura del festival- fueron los encargados de abrir el escenario principal. Más tarde Dirty Bounce animaron el ambiente con su gran orquestra al más puro estilo balcánico.

Los siguientes, The Brother Moves On, no dejaron al público indiferente. Su música, considerada como “post folk psychedelic rock de los jóvenes indie que declaran su patrimonio como parte de una generación en transición en Sudáfrica”, combina perfectamente con la teatralidad de sus actuaciones. Imperdibles en concierto.

Zaki Ibrahim fue la siguiente en sorprendernos con su presencia y la de sus acompañantes en el escenario, y con su pegadizo estilo de soul, R&B y pop.

Freshlyground fue otro de los grupos más esperados de todo el festival. Hace ya 10 años que empezaron a trabajar dentro de la industria musical en Sudáfrica y son un grupo de referencia en la escena internacional. Su música afropop se impuso en el festival con influencias del soul, folk o kwassa-kwassa, entre otros. La enérgica Zolani Mahola dejó al público con muy buen sabor de boca.

El grupo israelí Boom Pam cerró el escenario principal del Cape Town World Music Festival con su música de estilo surf rock y ritmos meditarráneos.

En paralelo, el Silent Revolution abrió el sábado para presentar grupos como Mantras4ModernMan, Madosini y Derek Gripper que mezcla sonidos europeos, brasileños de Mali y de Cape Town, All In One, Cape Town Tango Ensemble y el jazz de Babu.

Por último y como guinda final, el escenario Nu World acogió el sábado a Chistian Tiger School, Kimon y Jakobsnake. También contó con DJ Invizable feat. Computer General & The Season Marimba Stars que fueron de los más destacables y sorprendentes del escenario, tanto por su música como por su performance en directo. El estilo inconfundible y una combinación perfecta de los tres colectivos y sus cuatro miembros, nos hicieron disfrutar de un espectacular fin de fiesta.
Esperamos que esta sea la primera de muchas más ediciones de este festival y de aquellos eventos en los que el foco esté puesto en la promoción de artistas africanos emergentes que permitan dar a conocer las diferentes tendencias y novedades musicales dentro del continente.

Agradecemos la buena organización tanto de Beanstalk como de Voice Factory durante los días previos al festival y durante el mismo.

¡A todo el equipo enhorabuena y gracias!

Echa un vistazo a las fotos aquí

 

Aquí os dejamos algunos vídeos y música de los artistas, para que podáis descubrirlos y disfrutar de la música del Cape Town World Music Festival.

Videos


Bholoja


Dj Click Band


Oliver Mtukuzdi


Spoek Mathambo


Zaki Ibrahim


Freshlyground

Música

 

 

Woodstock: arte, transformación social e industria

Hoy nos acercaremos al barrio de Woodstock en Cape Town (Sudáfrica), interesante por el proceso de transformación social que está viviendo. Antes hagamos un breve repaso histórico del surgimiento del barrio. Woodstock era una zona habitada por la etnia khoi-khoi antes de la llegada de los holandeses en el siglo XVII. El establecimiento allí del holandés Pieter van Papendorp en el siglo XVIII, dio lugar al nombre de la ciudad “Papendorp”, llamándose posteriormente Woodstock, su nombre actual, por la influencia de los británicos. Durante ese siglo se fueron creando granjas en los alrededores del Devils Peak, tres de ellas (Zonnebloem, Leliebloem y Roodebloem). A mediados del siglo XIX, especialmente después de la llegada de la línea ferroviaria, Woodstock se convirtió en el barrio de moda costero con una playa que se extendía hasta el Castillo de Buena Esperanza.

 

Playa de Woodstock (1940)
Foto: I Love Woodstock

 

Se fue transformando en una ciudad obrera, industrial y de población de clase baja, que abastecía a las tropas británicas durante las guerras Anglo-Bóers a finales de siglo XIX, convirtiéndose así en un municipio independiente y posicionándose como la tercera ciudad más grande de Sudáfrica. Era además, receptora de la inmigración del los países vecinos del sur de África. La recuperación de tierras a gran escala de parte de Table Bay para crear la playa de Ciudad del Cabo a principios de 1950, acabo provocando la desaparición de la playa de Woodstock, lo que supuso una gran pérdida para sus vecinos, y una reconversión definitiva hacia la industria.

Woodstock, sin embargo, logró permanecer relativamente integrada durante el Apartheid y se salvó de ser declarada por completo “área sólo para blancos” con las mudanzas forzosas y la demolición de casas que ello conllevaba, como ocurrió en otras zonas de la ciudad. Era considerada “zona gris” por la convivencia entre población negra y blanca, y los setenta fueron años en los que se sentaron las bases para una futura renovación urbana que está teniendo lugar desde los años noventa.

Woodstock hoy

Apreciado por su ambiente bohemio y artístico, Woodstock es sin duda, uno más de los barrios interesantes de Cape Town en la actualidad.

Llama la atención la colorida arquitectura victoriana de Upper Woodstock, típica de la época británica, habitada tanto por estudiantes y jóvenes que se han ido asentando en la zona, como por una nueva burguesía que ve en el barrio varias ventajas, entre otras, su proximidad al centro de la ciudad. Lower Woodstock, separada de Upper por la gran Victoria’s Road es la zona baja del barrio, donde las viviendas son más pequeñas, normalmente habitada por población más pobre y donde se puede encontrar más fácilmente un ambiente multi-étnico.

Sus dos grandes calles principales Victoria’s Rd y Albert’s Rd, ambas paralelas al puerto comercial, contienen gran parte de la vida cultural y social del barrio. El paisaje industrial de éstas, contrastan enormemente con las casas de victorianas de Upper. Edificios industriales, una gran cantidad de talleres de carpinteros y tiendas de muebles (seguramente sea lo que le de nombre al barrio), grandes supermercados, concesionarios de coches y alguna que otra tienda de abarrotes, van configurando las grandes avenidas.

Gran cantidad de edificios industriales y de casas victorianas, han sido reconvertidas en grandes naves de galerías de arte, arte urbano, moda, diseño, productoras audiovisuales, etc. Tal es el caso de Ruth Prowse School of Art, antigua granja Roodebloem, fundada como escuela de arte durante los setenta por el artista Erik Laubscher. O el ‘Old Biscuit Mill’, mercado semanal albergado en una antigua fábrica de galletas del siglo XIX, donde se puede encontrar desde comida ecológica y de diferentes partes del mundo, hasta agricultores, panaderos, tiendas de diseños y creaciones propias, y pasar un buen rato tomando un vino sudafricano.

El Woodstock Industrial Centre, era un edificio industrial abandonado en Alberts Rd, y hoy en día es un punto de encuentro de artistas a nivel nacional e internacional, un lugar donde exponer sus obras y un espacio de creatividad compartida. La antigua fábrica de una de las cervezas más populares de Sudáfrica, The Old Castle Brewery, diseñada en 1901 por el arquitecto e ingeniero neoyorquino H Steinmann, es hoy en día un espacio de viviendas y de trabajo.

Estos son algunos ejemplos de la reconversión arquitectónica y social que se está dando en este suburbio de Cape Town y que, como todo proceso gentrificador, no está exento de críticas. Este artículo de Mail & Guardian explica bien cuáles son algunas de éstas críticas y las consecuencias de este proceso para sus habitantes, a saber, subida en los precios de las viviendas, de los comercios, inaccesibilidad de los espacios artísticos, etc.

Muchos vecinos del barrio critican que iniciativas como el Old Biscuit Mill, sólo benefician a comerciantes foráneos y no a los habitantes de Woodstock y que los visitantes no están interesados en otras zonas del barrio, y que por lo tanto este proceso de gentrificación no revierte positivamente en la población local.

El arte urbano protagoniza el paisaje de Woodstok

Pero no todos son centros y edificios industriales de arte en el barrio. Basta con darse un breve paseo por él, para darse cuenta que hay grandes obras de arte que amenizan las fachadas de los edificios.

Quizá sean iniciativas como I Art Woodstock, proyecto llevado a cabo por Ricky Lee Gordon (A Word of Art) – del que hablamos en otro de nuestros artículos– que se encarga de traer artistas de todas partes del mundo para pintar murales en Lower Woodstock, las que den esa gran particularidad al barrio. Este proyecto, por ejemplo, involucra a niños y jóvenes de los suburbios y cumple bien su objetivo de llamar la atención de los transeúntes para que den  un paseo por las calles de Lower, quizá menos transitadas.

A continuación adjuntamos varios ejemplos de arquitectura y artes en el barrio:

 

Fuentes: