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Mengestu, la historia del contador de historias

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 - Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 – Wikimedia Commons

¿Qué tenemos que pensar cuando un mentiroso nos dice que está mintiendo? ¿Es una mentira doble o es mentira que miente? Algo parecido pasa con el propio Dinaw Mengestu y con Jonas Woldemariam, el protagonista de su segunda novela El lugar del aire. Jonas pasa una parte de su vida inventando la vida de solicitantes de asilo. Adornando historias de vida para hacerlas más merecedoras del cobijo del gobierno. Jonas, en realidad, reescribe la vida de los demás en un intento por reescribir la suya.

Mengestu toca los temas inevitables en la novela de un escritor etíope afincado en Estados Unidos desde los dos años. Trata sobre el desarraigo, sobre las diferencias culturales, sobre la experiencia de la migración y, evidentemente, sobre la identidad. Jonas, el protagonista de El lugar del aire, es un joven que se divierte (y al mismo tiempo se enfada) explicando a sus interlocutores que es estadounidense, concretamente del Medio Oeste, y sobre todo cuando sus interlocutores insisten en preguntar de qué parte de África es. En realidad sus padres, que ocupan un lugar fundamental en la historia, llegaron a Estados Unidos procedentes de Etiopía y son los depositarios de una complicada historia tanto personal como familiar, pero él nunca ha vivido en el país del Cuerno de África.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, "El lugar del aire", editada por Lumen.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, “El lugar del aire”, editada por Lumen.

El relato de El lugar del aire, publicada en español por la editorial Lumen, mezcla tres historias. Por un lado, la de la relación de Jonas Woldemariam, el protagonista, nacido en Estados Unidos, pero de origen etíope, con su mujer Ángela; la de los padres Yosef y Mariam, inmigrantes etíopes; y la del propio Jonas en busca de la pista de sus progenitores. Las historias se entrelazan, se mezclan y se relacionan en una danza narrativa, que permite seguir los hilos sin problemas a pesar de que el novelista etíope rompe por completo la idea de la narración lineal.

Jonas soporta sobre sus espaldas, en realidad, silenciosamente, el peso de las historias pasadas y sufre las secuelas del dolor de las personas que le precedieron. Tiene una parte de su padre, un joven opositor que huyó de Etiopía amenazado por el autoritarismo y que no fue capaz de construir la vida que había soñado en Estados Unidos porque se quedó encerrado en el trauma de una huída encerrado en una caja, un hombre tan autoritario y violento con su madre como vulnerable. Al mismo tiempo, tiene una parte de su madre, la mujer que viajó a los Estados Unidos para encontrarse con el estudiante contestatario que había conocido años atrás y se encontró un hombre hermético y demolido. Una mujer que construía sus propias historias para llenar el vacío que le provocaba la frustración. Quizá la vocación cuentista de Jonas, su querencia por la recreación de historias, su tendencia al silencio, cuando no a la mentira, la haya heredado de su madre.

Y la relación de Jonas con Ángela tiene también mucho de la de sus padres, la de dos almas independientes que necesitan el calor y la valiente honestidad que la otra no les puede dar. Una relación que nace y crece en la ficción del interior de los dos protagonistas. Y en la que resuena el eco de las advertencias: “Antes de la boda su padre le había dicho que a los hombres como él se les daba mejor arar los campos como asnos que sacar adelante a una familia”. Las podía haber dicho Jonas, o las podía haber pronunciado Yosef dirigiéndose a su hijo, pero en realidad, son palabras que el abuelo del protagonista le había dicho a Mariam, en lo que parece un destino que recorre generaciones como una maldición.

El lugar del aire no pretende ser autobiográfico aunque los guiños de Mengestu hace le dan esa apariencia, el aspirante a escritor que se convierte en profesor, o el punto de partida en una ciudad del Medio Oeste, casualmente en Peoria, la misma localidad en la que creció Mengestu. Sin embargo, su experiencia personal seguramente le da una posibilidad para que en el relato aparezcan temas como la ficción del intercambio cultural o la hipocresía del país de las oportunidades; la experiencia de la migración, aunque no sea en carne propia; y la búsqueda de la identidad, un elemento que, por otro lado, ha colonizado las narraciones de los autores de origen africano que más proyección están teniendo en el mercado editorial internacional.

Esa búsqueda vertebra en buena medida, una parte importante de la historia, sobre todo, cuando Jonas trata de reconstruir el viaje que sus padres hicieron cuando se reencontraron en Estados Unidos. Jonas visita los mismo lugares que habían pisado sus progenitores buscando una huella de su identidad, intentando revivir las historias que ellos mismos vivieron o, al menos, imaginando esos episodios.  Esa búsqueda se hace más que evidente con la visita del protagonista a su madre. “Empecé a buscar atisbos de mis padres tal como debían de ser cuando recorrieron este paisaje por primera vez, cuando eran personas mucho mejores que las que yo había conocido. Sólo entonces comprendí la fuerza con que me había aferrado a ellos durante tantos años”, escribe Dinaw Mengestu.

Dinaw Mengestu, el escritor del desarraigo del inmigrante africano en EEUU

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Mario Lozano Alonso

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 - Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 – Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu es considerado uno de los escritores más prometedores del actual panorama literario norteamericano, lo cual no es poco habida cuenta de la importancia de un mercado tan grande como el estadounidense. Su primer libro, Children of Revolution (2007) no ha sido traducido al español, como sí ha ocurrido con su segundo trabajo, El lugar del aire (2012). All our names (2014) es su trabajo más reciente.

Podríamos encuadrar la obra de Dinaw Mengestu entre la de aquellos escritores que narran la emigración africana porque la conocen de primera mano. A finales de la década de los setenta, sus padres emigraron a Estados Unidos desde Etiopía huyendo de la miseria generada por las erráticas políticas del Derg, el gobierno comunista liderado por Mengistu Haile Mariam. Aunque nace en 1978 en Addis Abeba, su infancia se desarrolla en una pequeña ciudad del Medio Oeste norteamericano, Peoria, donde tendrá una vida bastante plácida previa a su entrada en la prestigiosa universidad de Georgetown. En ella consigue su Bachelor of Arts para, poco tiempo después, obtener su Master of Fine Arts en la Universidad de Columbia de Nueva York.

La emigración, más concretamente la africana hacia Estados Unidos, es el tema estrella en toda su obra, en gran medida por pertenecer a los conocidos como inmigrantes de segunda generación. El desarraigo y las dificultades para integrarse, la nostalgia por la tierra perdida, todas las dificultades que provoca la necesidad de adaptarse a una sociedad deshumanizada como es la occidental, son temas recurrentes en las páginas de sus libros.

Su primera novela, Children of revolution, narra la historia de Sepha Stefanos, un inmigrante etíope que, tras escapar del brutal régimen del Derg, regenta un ultramarinos en un barrio de Washington D.C. donde no viven blancos. El desarraigo que se percibe en la psicología del personaje es brutal, dada su nostalgia por su tierra natal, que abandonó con diecinueve años, a lo que hay que sumar el dolor que siente por el cruel asesinato de su padre, funcionario imperial, a manos de los comunistas. Además de Sepha, aparecen otros personajes de origen africano como Ken, keniata, y Joseph, congoleño, que son amigos suyos y que sufren de un desarraigo y nostalgia similares, pero que también tienen sus sueños y ambiciones.

La propia experiencia personal de sus padres como inmigrantes aparece en su producción literaria, inspirando en buena medida la trama principal de su segunda novela, El lugar del Aire. En esta novela encontramos al personaje principal, Jonas, a la sazón inmigrante etíope de segunda generación, inmerso en una profunda crisis provocada por una infancia llena de abusos en un hogar donde sus progenitores no se amaban. El personaje, mentiroso por definición y con graves problemas para expresar sus sentimientos, decide realizar el mismo viaje de novios que realizaron sus padres cuando aún él no había nacido. Esto le lleva a visitar los lugares que previamente habían conocido sus progenitores, casados en Etiopía en un matrimonio de conveniencia, intentando reconstruir los primeros años de un matrimonio desdichado.

En su último libro, All our namesTodos nuestros nombres, aún no traducido al español- vuelve a la palestra el asunto de la inmigración, entremezclándose con el amor. En este caso, Isaac, el protagonista, ya no es etíope sino de Uganda, desde donde llega a una pequeña ciudad del interior de Estados Unidos, ambiente que Mengestu conoce muy bien por haber crecido en una de ellas. Allí será atendido por una muchacha, Helen, trabajadora social acostumbrada a trabajar con inmigrantes, quien no tardará en enamorarse del enigmático Isaac, de quien apenas se sabe nada.

Quien quiera buscar la rica tradición literaria etíope entre sus páginas ha de tener en cuenta que no la va encontrar. Aunque Dinaw Mengestu  no haya crecido en Etiopía, ni ambiente sus novelas en las alturas del macizo abisinio o en las bulliciosas calles de Addis Abeba, no olvida sus raíces ya que sus obras se inspiran en Etiopía y África, sin que le importe que lo etiqueten como escritor africano. Es el genial relator de una tragedia que afecta cada año a millones de africanos que, deseosos por encontrar una vida mejor, dejan atrás sus países para intentar integrarse en las sociedades occidentales, tan absolutamente diferentes para ellos.

Para finalizar, quisiera hacer una última reflexión sobre la literatura referida a la inmigración en Europa, que es, a mi juicio, aún hoy en día muy marginal. La sociedad europea necesita abrir su mercado literario a todos los escritores que, siendo inmigrantes de primera, segunda o incluso tercera generación, nos hablen del sufrimiento, del desarraigo, de los sueños y esperanzas de aquellos que, durante décadas, han venido aquí a intentar labrarse un futuro más brillante. Los afroeuropeos, cuyo número crece año tras año, forman parte de nuestra sociedad y la enriquecen aportando multitud de matices importados de sus países de origen. Sin embargo, sus hijos y nietos nacerán aquí, siendo europeos de pleno derecho y, aunque probablemente no pisen África más que una o dos veces en su vida, la historia de cómo sus padres llegaron a Europa siempre formará parte de ellos. Por eso debemos preguntarnos si esa historia no merece ser contada.