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Mbuyu, entre la solidaridad, la educación y el entretenimiento

Es evidente que faltan referentes diversos en la literatura, lo han dicho muchos expertos, sobre todo, del mundo de la educación, y lo han corroborado repetidamente, por ejemplo, las y los miembros de las comunidades afrodescendientes. Este vacío se hace más evidente (y más impactante, también) en la literatura infantil. Con este punto de partida ha aparecido Mbuyu y el Baobab Africano, un cuento infantil ilustrado, escrito y dibujado por Silvia Álvarez Merino, que además de sumarse a esa corta lista de la bibliodiversidad para los más pequeños, pretende establecer un nexo con la solidaridad. Tal y como lo plantean sus impulsores, Mbuyu y el Baobab Africano, es un libro, pero es también un proyecto de educación para el desarrollo y una aportación a la cooperación internacional.

La historia de Mbuyu es simple, pero se convierte en una excusa para superar múltiples barreras. Las primeras, las de género y las de raza; después algunos de los estereotipos relacionados con África, porque en su periplo por diferentes lugares de Tanzania, la pequeña protagonista transmite una idea de diversidad, que no es la más habitual y abre una puerta al interés de los más pequeños por descubrir más, por conocer más, por acercarse a otras realidades que no son las que tienen en el entorno más inmediato.

La protagonista del relato es una pequeña de raza negra que se queda prendida por la apariencia característica del baobab. Teniendo en cuenta que se trata de un árbol con una enorme carga simbólica y al que se asocian leyendas diversas, no es extraño que a la pequeña Mbuyu le permita descubrir lugares fascinantes. A través de las raíces del baobab, la niña descubre diferentes paisajes tanzanos como el espectacular Kilimanjaro, la idílicas islas de Unguja y de Mafia, el lago Natron o el Parque Nacional del Serengeti. Cocodrilos, monos, jirafas, tiburones ballena o mariposas, acompañan a la pequeña en una apuesta segura para los más pequeños, el mundo de los animales.

El escenario, en realidad todos esos escenarios tanzanos es poco importante, podría haberse situado en cualquier otro país o en muchos de ellos al mismo tiempo, o podría haber utilizado otro hilo conductor. El merito de Mbuyu y el Baobab Africano es, en realidad, su carácter relativamente excepcional, o al menos, poco habitual, y sumar un título más a esa corta lista de cuentos infantiles de la diversidad cultural.

La responsable de la narración, Silvia Álvarez Merino, es la autora también de las ilustraciones que dan vida a la historia. El estilo de acuarela de estas ilustraciones, seguramente, es lo que más refuerza un aspecto delicado de toda la dimensión visual de Mbuyu y el Baobab Africano. Animales y paisajes espectaculares, una niña curiosa y con un punto travieso y un mundo por descubrir a través de imágenes coloridas pero, al mismo tiempo, suaves, sin duda, son ingredientes clave para las niñas y niños a los que va dirigido el proyecto. La sensación de serenidad que transmite el libro y la diversidad que refleja son, a la vez, atractivos para los padres, madres o educadores.

Mbuyu y el Baobab Africano es un álbum ilustrado trilingüe, español, inglés y kiswahili, cuya publicación ha impulsado la asociación Mbuyu, con objetivos múltiples. Desde la edición del libro, la organización ha impulsado diversas actividades relacionadas con los cuentos y esa diversidad, con la voluntad de mostrar imágenes relacionadas con África, diferentes a las más habituales. Al mismo tiempo, un grupo de ONG y asociaciones han apoyado la publicación de este cuento ilustrado y colaboran con la asociación Mbuyu. La compra de los cuentos permite hacer aportaciones a estas ONG y la propia asociación Mbuyu prentende continuar con su actividad a través de proyectos de difusión cultural.

Mane Cisneros: “El cine africano ha servido para aceptar la diversidad como un bien”

El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) cumple 15 años acercando las cinematografías africanas. Este año la cita tiene lugar entre el 27 de abril y el 5 de mayo en Tarifa, y entre el 26 de abril y el 3 de mayo en Tánger (Marruecos).

*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

En tu caso Mane, ¿se puede decir que “en el principio de los tiempos fue el cine”?

En cierta manera sí. Hace muchísimos años tuve la suerte de vivir en primera persona el inicio del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva donde conocí a algunos cineastas míticos que me dieron el empujón que necesitaba para decidir irme a vivir a México y proseguir allí mis estudios de antropología. Los “Luises” –Buñuel y Alcoriza– fueron mis tutores en aquellos años y a quienes debo la pasión por el cine y en gran parte la rebeldía que me caracteriza. Desde entonces, la pasión por el cine ha guiado mi vida.

Primera muestra de cine africano celebrado en Tarifa en junio de 2003.

¿Crees que el cine continúa siendo una herramienta de transformación social?

 

Desde su origen, el cine ha demostrado una clara vocación transformadora de realidades sociales y políticas. En el caso de los cines de África, el cine ha evolucionado enormemente desde sus orígenes y ha pasado de ser utilizado como herramienta de propaganda política y de transformación social en los años posteriores a las independencias a cine de autor comprometido con la construcción de las nuevas identidades del continente en los ochenta y noventa. Hoy hablamos de un cine que busca su lugar en el mercado interno africano, pero también que mira hacia el mercado global, abandonando a menudo su compromiso como herramienta transformadora.

Tarifa y los cines africanos han creado un binomio indisociable en estos 15 años. ¿Cuál crees que es la visión sobre África de este pueblo gaditano tan vinculado a la llegada de pateras y después de todo este tiempo de festival?

Solo una ciudad como Tarifa con una posición geográfica tan particular podía acoger un festival de cine como el FCAT. Y es que ningún otro lugar en Europa goza de una posición geográfica similar, frente a África. Los 14 kilómetros que separan las costas africanas de las europeas en la zona de Tarifa han hecho que los tarifeños se hayan visto obligados históricamente a afrontar la llegada de africanos. Pero Tarifa no era una meta para los recién llegados sino tan solo un lugar de paso camino del soñado “dorado europeo”. Por ello, los tarifeños se han mantenido bastante ajenos a las realidades del continente africano. Así que el cine africano ha servido en cierta manera en estos años para despertar su curiosidad y luego, poco a poco, para que aceptasen la diversidad como un bien y no algo de lo que defenderse.

¿Quiénes han sido para ti algunas de las visitas que más han dejado huella?

Probablemente el primero de ellos sea Abderrahmane Sissako, un cineasta estrechamente vinculado al FCAT desde su nacimiento. Y Fatoumata Coulibaly, la actriz protagonista de la última película de Ousmane Sembène, Mooladé, madrina del FCAT, sin olvidar a Jihan El Tahri y Berni Goldblat que tanto nos apoyan y ayudan. O amigos como Newton Aduaka o Moussa Sene Absa. En fin, ¡15 años de festival dan como para tejer muchas amistades y pasiones!

¿Crees que se ha conseguido esa pata fundamental del FCAT que es crear conciencia y enfocar la imagen distorsionada que se tiene de África?

En la medida de nuestras posibilidades, hemos conseguido que sean muchas las personas que se replanteen la imagen que tenían de África gracias al cine. En estos 15 años han sido miles las personas que han visto películas africanas y nos han escuchado. Y algo muy importante, han tenido la oportunidad de conocer y debatir con los cineastas africanos. Esto es un enorme paso adelante porque es gente que empieza a ver a los africanos, a los cineastas, al cine africano, de igual a igual.

Y quizás, por tanta conciencia, os ha traído algún que otro quebradero de cabeza con los políticos de la zona…

Con políticos en general no, con alguno de ellos con nombre y apellido en el pasado, sí. ¡Pero no es el caso de concederles demasiada publicidad!

¿Cómo fue la experiencia del FCAT en Córdoba?

Fueron años muy difíciles, los peores de la historia del FCAT porque coincidieron también con lo peor de la crisis, el desplome de las ayudas públicas y la total desprotección. Pero Córdoba salvó al FCAT de su desaparición y por ello le debemos mucho, a pesar de que se nos maltratase tanto y tuviéramos que pensar de nuevo en hacer maletas para volver a casa e impedir así que la Córdoba que salvó al FCAT fuera también la que lo hiciera desaparecer.

Desde el año pasado habéis conseguido aunar fuerzas con Marruecos simultaneando el festival en los dos continentes. ¿Cómo ha sido este romance?

La asociación que organiza el FCAT se diseñó con un artista marroquí, Jamal Ouassini, y la llamamos Al Tarab. Así que antes o después teníamos que dar el salto. Siempre quisimos ser un puente que uniese, gracias al cine, las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. Nuestro regreso a Tarifa después de las cuatro ediciones cordobesas fue decisivo para dar el paso y realizar ese viejo sueño de convertirnos en un evento transfronterizo y transcontinental.

¿Por qué crees que las salas de cine en España no apuestan por los trabajos que llegan desde África o su diáspora?

Ante todo hay mucho desconocimiento, tanto por parte de público como por parte de los distribuidores y exhibidores. A todos ellos les vence el miedo de que el cine africano no tenga recursos ni calidad. También es cierto que este es un mal que los cines de África comparten con las cinematografías de otros muchos rincones del planeta. Por otro lado, la mayoría de los países africanos carecen de políticas de apoyo al cine, de manera que las películas, cuando consiguen estrenarse en sala, lo hacen sin ningún tipo de apoyo. Esta es una carencia grave ya que una película necesita tutela desde su preproducción hasta su salida en salas.

¿Cuáles son los caminos que como directora del FCAT te gustaría recorrer para los próximos años?

Me gustaría reforzar la parte africana, ampliar la programación cinematográfica y ofrecer actividades paralelas que ocupen las calles. Me gustaría muchísimo recuperar algunas propuestas formativas en suelo africano. Y, por último, desearía encontrar a mi sucesor/a.., ¡no soy eterna! Y el FCAT debe poder seguir adelante un día sin mí.

Consulta las películas de este año que entran en competición aquí.

Cartel de 2018 en el que aparece el actor español de origen ecuatoguineano Emilio Buale.


Recomendaciones de Mane Cisneros
Tres películas para los no iniciados.

La Noire de, del director senegalés Ousmane Sembéne.

Les yeux noires, de la marroquí Narjiss Nejjar.

Heremakono, del mauritano Abderrahmane Sissako.

Tres películas para los avanzados.

Touki Bouki, del senegalés Djibril Diop Mambéty.

The Last of Us, del tunecino Ala Eddine Slim.

Félicité, del francosenegalés Alain Gomis.

Un director y una directora a los que seguir la pista.

Una directora sería la documentalista egipcia Reem Saleh.

Un director sería el ruandés Kivu Ruhorahoza.


*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

Ngũgĩ wa Thiong’o: “El problema es que las lenguas se han usado para asegurar las desigualdades del sistema colonial”

Antes de que Kenia consiguiese la independencia, Ngũgĩ wa Thiong’o ya había puesto su pluma al servicio de la libertad y de la emancipación de su pueblo. Su primera novela trataba sobre el choque entre las culturas europeas y africanas, precisamente en el momento del levantamiento mau-mau, un tiempo en el que el compromiso se pagaba caro. Cuando los gobiernos independientes no cumplieron con las expectativas de derechos para los ciudadanos, Thiong’o no tuvo reparo en colocarse enfrente, su compromiso seguía siendo el mismo: por la libertad y la emancipación, fuese quien fuese el que cometía los atropellos; y eso le llevó primero a la cárcel y después al exilio. Esa coherencia alejada de cualquier dogmatismo y esa alineación siempre con las capas más populares de la sociedad le ha convertido casi en un mito; la calidad de su trabajo literario, que abarca teatro, novela, ensayo o cuento infantil, además, le ha convertido en un referente global. Es uno de los autores africanos más publicado en castellano (probablemente el más publicado) y unas de sus últimas obras traducidas son, precisamente, los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias (Sueños en tiempos de guerra y En la casa del intérprete, de la editorial Rayo Verde, publicados también en catalán).

El novelista keniano Ngũgĩ wa Thiong’o en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

A sus ochenta años recién cumplidos, el escritor keniano, continúa viajando por el mundo para hablar sobre sus experiencias y sus reflexiones. Está en Barcelona de paso, para presentar En la casa del intérprete en el festival MOT (un festival literario que se celebra entre Girona y Olot), y charla sereno y animado a pesar del cansancio que le provoca el jet lag de su viaje desde Los Ángeles, donde reside y ejerce como profesor universitario. La fatiga no le impide ni ser firme, en algunas ocasiones; ni bromear, en otras.

Con el tiempo usted se ha convertido en un referente en la defensa de las lenguas africanas.

Todo el mundo tiene un derecho a su propia lengua y no sólo a la lengua, sino a todo lo que una lengua contiene, la historia, la cultura, los sistemas de conocimiento. Y ese es un derecho innegociable. Esa es mi base. Desde esta base tú puedes conectar con el resto de lenguas y culturas del mundo. Cuando añades lenguas a tu propia lengua, eso es empoderamiento. Por el contrario, si conoces otras lenguas pero no conoces la tuya, o bien la sustituyes, eso es sometimiento. Es un debate tan largo como alcanzo a recordar.

Su apuesta, entonces, ¿es a favor de las lenguas africanas?

Evidentemente, yo parto de mi propia lengua, mi lengua materna, que es una lengua africana, el kikuyu, pero puedo usar otras como el inglés, por ejemplo, cuando es necesario. La base, es la lengua madre, pero conocer otras lenguas, como el inglés, es bueno para mí. En realidad, es una cuestión de relaciones. A mi propia lengua le puedo sumar otras, incluidas las que que podemos llamar lenguas coloniales. Mi propuesta es una política de tres lenguas: la lengua materna, en mi caso el kikuyu; la lengua nacional que sea la mayoritaria en un país en un momento, la que aglutine grandes comunidades, en mi caso el kisuajili; y finalmente, el inglés, el francés, el español o el idioma global que sea. Al final, es una cuestión de sentido común, se trata de utilizar la lengua que te permita comunicarte en cada situación.

Entonces, ¿dónde está el problema?

El colonialismo ha establecido relaciones de poder desiguales, que no responden a las relaciones naturales de las lenguas. Los sistemas de desigualdad han distorsionado los procesos de empoderamiento de las personas y la relación de esas personas con sus propias lenguas. El problema es que las lenguas se han utilizado para asegurar esas desigualdades del sistema colonial y esas relaciones entre las lenguas, reflejan esas relaciones de desigualdad.

¿Como cuando Macron intenta reclutar escritores de origen africano para revisar la Francophonie?

Les corresponde a los países africanos resistirse a la primacía de las lenguas, es decir, les corresponde a los países africanos decidir cuáles deben ser sus políticas lingüísticas. Impulsar el francés, por ejemplo, puede ser una de ellas, pero en todo caso, lo deben decidir ellos, igual que pasa con el inglés. En todo caso, el francés puede tener una posición de apoyo, es correcto, pero no de sustituto de las lenguas nacionales. Este es un tema que me apasiona y sobre el que llevo más de treinta años trabajando. Ya, alrededor de 1920, uno de los directores de la Alliance Française, advirtió que algún día los países del África francófona serían independientes y por eso era necesario establecer ataduras psicológicas fuertes basadas en la lengua y la cultura, para conseguir que siguiesen siendo dependientes de París.

Ngũgĩ wa Thiong’o durante su última estancia en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

¿La lengua es la coartada?

A medias. La lengua no es sólo un escudo, también es una herramienta para el control económico y político.

En este contexto de defensa de las lenguas, ¿qué papel tiene su colaboración con el colectivo de jóvenes escritores Jalada?

Tenia que colaborar con ellos porque han puesto en práctica lo que nosotros discutíamos en teoría. Yo he teorizado mucho sobre este tema, ¡pero ellos lo han hecho realidad! Me pidieron una historia (La revolución vertical) y yo la escribí en kikuyu, les entregué el original, y también se lo traduje al inglés. Hoy este relato está traducido a 68 lenguas de todo el mundo, creo.

Y, ¿que papel juegan las nuevas formas de editar, las tecnologías digitales?

Oh, no, yo sólo les di la historia (ríe). Lo mío son las viejas tecnologías (bromea). Pero por supuesto que esas tecnologías digitales son muy importantes para las nuevas publicaciones. Lo que pasa es que también es importante controlar el uso, porque pueden tener un efecto negativo. Todas las grandes empresas y los grandes negocios se apoyan en el uso de los medios sociales.

¿Vivimos tiempos de homogeneización?

No, no… Estamos en medio de una lucha entre las fuerzas que buscan el control social y las que quieren un mundo mejor. Esa lucha se refleja en los medios convencionales, en los medios sociales y en todos lados. Pero, por mucho que las grandes compañías estén intentando imponer esa cultura homogénea, siempre hay grupos que están desarrollando las alternativas.

¿Dónde ha quedado el papel emancipador y liberador de la literatura?

Sigue siendo necesario. La literatura empodera a la gente. Eso siempre es necesario y cada uno de tenemos que contribuir a nuestra manera desde diferentes ámbitos.

Con su experiencia vital, ¿cómo vive que siga habiendo escritores perseguidos o encarcelados en diferentes países de África?

Es el reflejo de las tendencias represivas. Cuando los escritores o los líderes de opinión, en general, son encarcelados es el reflejo de una represión mucho mayor. Los escritores son los cabezas de turco, meterlos en la cárcel pretende dar un ejemplo para el resto de la sociedad. He reescrito un libro que habla sobre mi experiencia en prisión y lo he dedicado a todos los escritores que son encarcelados, porque encarcelar a los escritores es un intento de silenciar sus ideas.

¿Por qué se ha decidido ahora a escribir sus memorias?

Porque tengo ochenta años, amigo (ríe). Pero no me siento mayor, ha sido mi mujer la que me ha dicho “te estás haciendo mayor, tendrías que ir escribiendo tus memorias para tus hijos y tus nietos”. Y las he escrito pensando en la teoría “globaléctica” que nos permite ir conectando fenómenos y situaciones. Al final, en cada conversación podemos conectar con todo el mundo y llevamos encima la historia del universo. En mi vida siempre ha estado muy presente la interacción y cómo todas esas fuerzas que hay a nuestro alrededor me han impactado. Esa es la imaginación globaléctica.

Y, ¿cuál es el punto fuerte de la tercera parte de su autobiografía, la que todavía no se ha publicado en español?

Cómo me convertí en escritor. Cómo me dije a mi mismo he nacido para hacer esto, cómo estaba intentado reflejar mi propia lucha y la importancia y la interacción con todas las fuerzas que influían en mi toma de conciencia sobre la escritura.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

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la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

Hiperdiversidad Sonora del África Plural

* Artículo originalmente publicado en la web dedicada a la exposición Making Africa del Ajuntament de Barcelona (en catalán)

Era un sábado de octubre de 2013. La terraza del Tree House regalaba una vista panorámica inmejorable de Nairobi a medianoche. Nina Ogot, cantante keniana y esposa de uno de los músicos más emblemáticos de la ciudad -Winyo-, acariciaba con voz dulce una asistencia que miraba más hacia una ciudad efervescente y dinámica en pleno fin de semana que no hacia el escenario. El club, casi siempre acostumbrado a los excesos y la saturación de los altavoces, estaba poblado por una amalgama de expatriados y trabajadores de organizaciones internacionales que suele nutrir el espacio. Yo acababa de aterrizar en la ciudad y todo parecía mucho más brillante, glamuroso y cautivador de lo que en realidad era. A la entrada del recinto, trabajadoras sexuales de todas las edades paseaban sus cuerpos a la sombra de la iluminación de farolas y coches. Los guardas de seguridad se dormían con la vibración de los bajos haciéndolos resbalar la gorra del uniforme a la altura de la nariz. Y mientras tanto, la industria de la noche hacía caja: taxistas, supermercados 24 horas, casinos, discotecas …

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Vista panorámica del centro de Nairobi durante la noche.

Nairobi está de moda. Mejor dicho, Nairobi va a la moda. A ritmo de kwaito sudafricano, Kuduro de Angola o Afrobeats de Nigeria, la que se erige como la capital del África del Este hace bailar a la juventud más acomodada de la urbe a ritmo de sonidos que nacen en otras ciudades africanas como Johannesburgo, Luanda o Lagos. Discográficas kenianas como Ketebul Music se esfuerzan en investigar, recopilar y reanimar las tradiciones sonoras de etnias como las lúo o kamba. La época dorada de la música Benga ha quedado atrás y la cultura de club, los sintetizadores y la electrónica se han apoderado de las pistas de baile más chic de Kenia, y no sólo en su capital, también en las ciudades turísticas de la costa como Mombasa, Diani o Kilifi. No en vano, el proyecto de investigación Ten Cities, promovido por Goethe-Institute, ha querido poner en común el movimiento de Djs de la ciudad con el de otros centros urbanos africanos y europeos, creativos y pioneros, como El Cairo o Berlín.

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Una actuación de ELECTRAFRIQUE presentando al DJ centroafricano BODDHI SATVA en el Tree House de Nairobi.

Evidentemente, no todo son luces de neón, élites y globalizaciones sonoras. Pero Nairobi es como un imán que atrae hacia su centro cualquier movimiento empujado por el magnetismo de la creatividad sonora. La ciudad reúne a menudo a programadores, emprendedores culturales, directores de festivales y nuevos conceptos de fiesta que crecen como setas año tras año en todo el continente. Muchos necesitan desplazarse a Nairobi para encontrar la financiación necesaria. Empresas del sector de la telefonía móvil, grandes organizaciones internacionales, empresarios y marcas de bebida, se convierten en patrocinadores de actividades culturales de todo tipo. Durante uno de los festivales de artes escénicas organizado por Sarakasi Trust, el “Sawa Sawa Festival”, pude entrar en contacto con un grupo de poco más de una decena de directores de festivales de música africanos que pasaban unos días en la ciudad para a reunirse en torno a posibles sinergias panafricanas. María Wilson, directora ejecutiva del HIFA, el “Festival Internacional de las Artes de Harare”; Yusuf Mahmoud, director del “Sauti Za Busara de Zanzíbar” o Faisal Kiwewa, director del “Bayimba Festival de Kampala“, buscaban formas de crecer y consolidarse, compartir gastos al invitar artistas en ruta para la región. Casi tres años después, la mayoría de festivales de música de África hacen lo imposible para sobrevivir a la crisis y falta de financiación del sector cultural mundial.

Sin embargo, África sigue produciendo una gran cantidad de éxitos que cada vez llaman más la atención a nivel internacional. La hiperdiversitat de sus sonidos representa hoy la pluralidad cultural de un continente donde 54 países y más de 2.500 lenguas conviven y se reproducen. África es el continente más joven del planeta. Y es esta juventud, cada vez más urbana, la que sostiene con ingenio y creatividad su dinamismo. África es una incandescente fuente de recursos sonoros que viven y se alimentan a caballo entre los universos e instrumentos tradicionales, pedales, efectos y mesas de mezclas.

Bombino, conocido como el Hendrix africano, exporta tradiciones sonoras del Níger junto con jóvenes consolidados como Fatoumata Diawara o veteranos como Amadou & Mariam, a través de antiguos canales abiertos entre Francia y sus ex colonias africanas. El dúo nigeriano P-Square abandera una oleada de R & B que viaja por gárgolas sonoras que confluyen en Londres vía Cape Town. Big Nelo inflama todo un movimiento desde Luanda que mueve a una joven generación de emigrantes que se encuentran en los suburbios lisboetas como Buraka Som Sistema. Pero hay sonoridades que se quedan en casa. Y a menudo, son las que más alimentan a audiencias locales que asisten a festivales y consumen música.

A menudo, la lucha a contracorriente en el océano de la industria musical implica sortear tiburones de todos los tamaños, y siempre hay peces que logran salir a la superficie y entrever atajos posibles. Algunos de ellos, auspiciados por discográficas europeas hambrientas de novedades que rompan la monotonía del pop occidental, han logrado incluso impulsar la carrera de músicos no profesionales como la de los ruandeses The Good Ones o incluso a los reclusos de una prisión malauí (Zomba Prison Project), nominados a los últimos Grammy. Pero son grupos como Msafiri Zawose, que rescatan la música tradicional wagogo del interior de Tanzania, los que demuestran una mayor virtud a la hora de inflamar directos y dejar boquiabierto al público con recetas originales de una África del Este a menudo supeditada a la sombra de guitarras congoleñas o house sudafricano.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

En ciudades como Nairobi desembarcan frecuentemente grandes estrellas como el maliense Salif Keita, los sudafricanos Mafikizolo o el congoleño Koffi Olomide, contratados por festivales como el Blankets & Wine para atraer la clase media y alta de la cosmopolita capital keniana. También se genera pop local a gusto de adolescentes de toda África como el que produce el cuarteto vocal Sauti Sol. Y de forma mucho más underground, se alza la voz más crítica con cantantes y grupos como Juliani y Sarabi. Conscientes del cambio de rumbo de la industria y el peso, cada vez más importante, del audiovisual en el continente, la mayoría de músicos africanos se alían con cámaras, fotógrafos y medios de comunicación para expandir sus mensajes y hacerse un lugar en pantallas, vallas publicitarias, teléfonos móviles y tablets. La audiencia es tan amplia y heterogénea como la creatividad que se desprende de su sociedad, porosa y cambiante. Se trata de saber conectar con la gente, tanto con la que ocupa discotecas llenas hasta los topes un sábado por la noche como la que enciende la radio a las seis de la mañana mientras monta la parada de verduras en el mercado. La música acompaña y representa. Forma parte y encarna cualquier cultura. La música forma parte de toda subcultura. Nairobi es tan sólo un ejemplo más de hipercreatividad y hiperdiversidad. Un espacio donde cabe todo menos los reduccionismos.

Las mil nigerias de Chimamanda

En los últimos años hemos visto cómo la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie se ha convertido en un referente no sólo de la literatura del África subsahariana, sino también de la literatura universal. La flexibilidad de sus obras, la cantidad de personajes que descubrimos y los escenarios por los que podemos movernos explican el fenómeno Adichie. Como todos tiene su propio leitmotiv:  Las nigerianas y nigerianos que emigran a Estados Unidos, la Nigeria de la miseria, pero también del lujo y de las clases medias, y sobre todo, el papel clave de las mujeres, protagonistas esenciales en su obra.

La escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie

La escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie. Foto: Chris Boland

Pero Chimamanda no se centra sólo en una Nigeria, en un Estados Unidos o en un tipo de mujer. La clave de esta afamada escritora reside en su enorme habilidad de acercarnos a la diversidad no ya de un continente, sino de un país y para descubrir, atónitos, que no hay una Nigeria, sino mil Nigerias.

Y es aquí, precisamente, donde nos encontramos con The thing around your neck o Algo alrededor de tu cuello. Este libro, que fue publicado por primera vez en el año 2009, está compuesto por un total de doce relatos a través de los cuales Ngozi Adichie nos abre los ojos y nos acerca a las realidades de su país.

TTAY_1Desde la dinámica y cosmopolita Lagos, pasando por la ciudad de Ibadán, hasta llegar a la abandonada Kano, en el norte del país, y sin olvidarnos del mundo rural, Algo alrededor de tu cuello nos muestra Nigeria de sur a norte y, a través de las letras impresas, nos permite viajar en el tiempo. La guerra de Biafra (sobre la que escribe en Medio sol amarillo) la dictadura del general Abacha, la vuelta a la democracia de Olusegun Obasanjo o los inicios del colonialismo son el fondo sobre el que se desarrolla la acción y donde podemos ubicar a nuestros personajes en el tiempo.

Pero la propia experiencia de la escritora, que se trasladó a Filadelfia con 19 años, junto con la emigración nigeriana, hace muy recurrente el uso de Estados Unidos que aparece como país de las oportunidades o reino de las pesadillas según quién nos lo describa. Y es que mientras Dave “Bell”, el marido de Chinaza Agatha en Los concertadores de Bodas, se intenta adaptar a la vida estadounidense con el fin de no “quedarse fuera”, el peligro del desarraigo, del olvido de lo vivido, flota en la cabeza de Chinaza.

Pero si algo caracteriza a Adichie, es el papel que las mujeres desarrollan en sus historias y la diversidad de las mismas. A lo largo de los doce relatos podemos ver todo tipo de mujeres que tratan de hacerse camino en un mundo que les otorga un segundo plano. Algunas rompen lo establecido y otras no. Algunas se levantan,  son valientes y decididas, son independientes. Pero también hay mujeres desconfiadas, indecisas o pacientes. La mayor virtud de estas mujeres es la forma en que nos hacen entrar, de primera mano, en su mundo. De dudar durante unos segundos cuál es la mejor opción: huir o quedarse, hablar o callar, plantar cara, gritar, olvidarnos de nuestras raíces, amar o fingir.

Cuando nos queremos dar cuenta nuestra piel se ha fundido con el ébano de las protagonistas y durante un rato hemos sido una joven perpleja que describe la odisea de su hermano en La celda uno; hemos sido una esposa De imitación devota y celosa; hemos vivido el miedo al enfrentamiento religioso en Una experiencia privada y hemos descubierto que la mujer musulmana de enfrente que reza por nosotras no es tan diferente. Hemos resistido, entre Fantasmas, en la guerra de Biafra. Siendo Kamara nos hemos enamorado de una mujer blanca El lunes de la semana anterior y viajamos a Jumping Monkey Hill para relatar nuestra historia como escritoras de renombre. Sentiste Algo alrededor de tu cuello cuando te mudaste a Estados Unidos y no te quedaba nada en Nigeria. Visitaste la Embajada Estadounidense para pedir asilo político durante la dictadura del general Abacha y notaste El temblor junto a Chinedu, tu amigo homosexual al que amenazaban con deportar a Nigeria. Nos convertimos en Chinaza en Los concertadores de bodas y descubrimos que Mañana está demasiado lejos mientras relatamos la muerte de nuestro hermano. Nos transformamos en La historiadora obstinada para contar los horrores a los que nuestro pueblo se vio sometido durante el colonialismo. Hemos sido mujeres y hombres, niñas y ancianas. Lo hemos vivido todo.

Este es el gran triunfo de Chimamanda Ngozi Adichie. Presentarnos a sus personajes, acercarnos a sus vidas, ponernos en su lugar y comprenderlas. Ser ellas. Conocer (y vivir) los mil mundos que componen Nigeria a través de las palabras escritas en Algo alrededor de tu cuello.