Entradas

Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que verá la luz el 9 de febrero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.

Vuelve la magia del ritmo y el poder curativo de Sara Tavares

La primavera es un período de renacimiento que, para algunas culturas orientales, se inicia en febrero. En ella, la savia de la vida resurge generosa por los poros de la naturaleza en un proceso en el que la creación no es más que la culminación de un camino trazado desde la energía fría y calmada del invierno. Tras un gélido periodo de ocho años (y tras pasar por la dura experiencia de la extirpación de un tumor cerebral en 2010), la compositora, cantante y guitarrista caboverdiana afincada en Portugal, Sara Tavares, nos avanza a ese periodo tan deseado del año. Y es que está a punto de presentar un nuevo álbum reposado, profundo y que, a juzgar por su single de presentación, es puro florecimiento.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con ella y de, por supuesto, acabar de caer del todo rendidas a sus pies:

Gemma Solés: Lisboa, que es una de las capitales europeas más cosmopolitas, está llena de talentos como tu, impregnando la ciudad de África. ¿Cómo consideras a los africanos que estáis transformando la mirada hacia el continente? 

Sara Tavares: Sin duda los africanos en la ciudad son grandes representantes de un nuevo africano contemporáneo que viaja mucho entre la raíz y el mundo sin confusiones de adaptación o identidad. Ellos son la nueva cara del cosmopolitismo africano, orgullosos de lo que son y  cada vez más cómodos como ciudadanos del mundo.

G.S: Eres una de las voces más influyentes del momento. Desde la música, has contribuido mucho a hacer llegar los sonidos de esa “generación mestiza” y a pocos meses de que tu nuevo álbum vea la luz, ¿podemos proclamar que Sara vuelve definitivamente a la carga, y que tendremos más inspiración de Cabo Verde?

S.T: Es curioso que esta identidad criolla se sienta incluso si los temas están escritos en portugués, pero es cierto que mis canciones tienen una melodía melancólica que recuerda los viejos coladeiras cálidos y… me provoca un gran placer llevar conmigo la cultura de otras lenguas y sonidos… Por ejemplo, cantar una melodía de reggae en español como Manu Chao o cantar salsa en lingala como lo hizo el congoleño Franco y Rocherou… me encanta hacer de lo regional mundial y de lo mundial regional al contar historias con un lenguaje propio.

G.S: Han pasado siete años después del éxito rotundo de Xinti (2009)… ¡¿Por qué nos has hecho esperar tanto?!

S.T: No sé por qué. Me ha ocupado un silencio que hablaba más fuerte que todas las notas o palabras juntas… Ha sido un tiempo de escucha profunda, aunque no es parte de mi naturaleza hacer música de manera automática. Quiero sentir siempre que hacer música tiene sentido para mí en primer lugar; para dejar algo auténtico en el mundo.

G.S: Y, ¿qué has hecho cuando no has estado haciendo música?

S.T: Tiendo a vivir improvisando, vivo la vida como una improvisación; de vez en cuando quiero boleros, cha cha chas, cosas predecibles y reconfortantes de casa de mi madre, Cabo Verde… Ver películas, días de playa, ser libre y leve. Otros días quiero aprender, ver exposiciones, leer, escuchar un montón de música que empuja mis capacidad de análisis. Clásica, experimental, exótica. Conferencias. Cursos. Me interesan la filosofía, la poesía, la espiritualidad, etc. Otros días sólo quiero un beso en la boca y ser feliz…

Tengo el privilegio de no estar atada a un jefe o un empleo, pero la libertad exige responsabilidad. También paso mucho tiempo meditando en mi misión con los que me rodean, la familia, amigos y seguidores…

G.S: Ya llevas muchos años en la industria musical. ¿Crees que los artistas africanos lo tenéis mejor ahora que cuando empezaste a cantar profesionalmente?

S.T: Siento que hay una mayor apertura porque se agota la creatividad del llamado “primer mundo”. Hay que hacerse eco de la fuerza del segundo y el tercero… más aún cuando la realidad social está cambiando tan rápidamente que la fuerza a la cultura también acompaña a esta transformación. Dentro de varios siglos, para entender la historia, se utilizará la cultura como documento social. Además, la industria de la música es un circuito, por así decirlo, casi exclusivamente occidental. El “tercer mundo” está demasiado angustiado para sobrevivir por debajo de los niveles mínimos de pobreza y derechos humanos, como para tener cultura. En la mayoría de los casos, solo hay una cultura de supervivencia.

G. S: En una entrevista para The Guardian en 2007 decías que “las canciones llegan a tí como plegarias”. Explícanos cuál ha sido tu proceso de composición para este trabajo que tienes entre manos.

S.T: En este álbum no ha sido tanto pedir, sino escuchar y dar voz a sentimientos que no siempre están bien definidos; es importante tener en cuenta que en esta ocasión no compuse sola, hay una gran cantidad de colaboraciones no sólo en la producción sino también en la escritura de las letras.

G.S: ¿Cómo se llamará este nuevo álbum y de qué colaboraciones hablamos?

S.T: Aún no hay nombre, necesitaré verle la cara primero. Generalmente el nombre se revela a sí mismo sin estrés, a su tiempo justo. Tendrá un sonido más urbano, un poco más de electricidad; ya en el single Coisas Bounitas uso teclados que no suelo usar… Aún no acabé de cocinar el disco y no quiero emitir una expectativa precisa. Todavía tengo que investigar un poco más.

G.S: En tu música hay una atmósfera intimista, romántica, poderosamente delicada y profunda… pero también hay un elemento educativo, poético y casi moralizante. ¿De qué tratan las letras de tus nuevas canciones?

S.T: No habrán canciones protesta o revolucionaria. Son ondas musicales cometidas por la pasión entre la música y el ser humano, sobre todo de la magia del ritmo y su poder curativo y transformador… Hablo de amor, de pasión, de complicidades, de lo que es hacer una canción, de lo que sucede cuando vivimos el presente…

G.S: ¿Estamos demasiado colonizados aún por una mentalidad homogeneïzadora?

S.T: ahh 😉 Creo que estamos demasiado desconectados de nosotros mismos, demasiado auto descompensados por la carrera de tener todo lo que los demás tienen, en lugar de ser todo lo que podemos ser… Esto nace de dos extremos, el individualismo y el autismo, y del liderazgo ciego con los liderados… La desesperación del capitalismo, de tener que aplastar o ser uno mismo, conduce al fanatismo y al fundamentalismo arrogante, o a la falta de conciencia y a una vida descontrolada y en modo automático que va tan rápido que cuando uno mira hacia atrás ya está casi al final de la línea y no se detuvo a pensar con la cabeza y sentir con su corazón.

Eldorado del diseño contemporáneo está en África

África Rising, el libro co-editado por la plataforma sudafricana Design Indaba y la editorial Gestalten el pasado 2016, es un merecido homenaje al pulso de la innovación africana a través de una edición de lujo que retrata, cual néctar prensado en frío, el estado actual de un gigante creativo como es el africano. Mientras el continente más joven del planeta va fortaleciendo un suave, pero incandescente, ritmo para su incipiente industria del diseño; Occidente mira atónito hacia sus producciones contemporáneas con cierto recelo. Y es que la originalidad y el sinfín de respuestas para la resolución eficaz de problemas cotidianos que representan muchas de las creaciones contemporáneas ha situado en Ciudad del Cabo el epicentro de la serie de eventos de Design Indaba, que desde 1995 fomenta “un mundo mejor a través de la creatividad”.

Sea en estudios, pasarelas, escaparates, tiendas, talleres o despachos, un elenco de cerebros en ebullición borra diariamente las fronteras elitistas de lo “contemporáneo” para situar en África el nuevo Eldorado del diseño mundial. Huyendo de clichés y estéticas folkloristas, los artistas que actualmente lideran algunos de los procesos de creatividad más exitosos del continente se convierten en narradores de la contemporaneidad africana. Y a través de sus obras nos presentan a un África multifacética y generosa.

 

Hemos podido preguntarle a la editora jefe de Design Indaba, Katie de Klee, sobre la situación del sector creativo en el continente, sobre el libro y sobre las perspectivas de futuro para una industria que podría desarrollarse fecundamente en los próximos años:

Gemma Solés: Africa Rising es un libro inspirador que evoca una imagen innovadora del continente. ¿Por qué este título en un momento en que las narrativas sobre ese “Africa Rising”, proclamadas a bombo y platillo hace unos años, han quedado vilipendiadas por las realidades de un recesión evidente?

Katie de Klee: El libro no se refiere tanto al crecimiento del continente como a su creatividad y a la posibilidad de que el escenario creativo afecte positivamente a su economía. El emprendimiento y las startups de las industrias creativas podrían dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa sobre la recesión de África. Cuando los gobiernos, las grandes corporaciones y las industrias de exportación están fallando, los diseñadores y las pequeñas empresas están proporcionando empleos y habilidades (especialmente para aquellos sin educación formal). Este libro anuncia el surgimiento de una versión más auténtica de África, la versión presentada por aquellos que realmente viven, trabajan y crean allí.

G.S: En el libro podemos encontrar un buen puñado de creadores que abogan por el diseño sostenible. ¿Qué nos puede enseñar África sobre la sostenibilidad a través de sus diseños?

K.K: En contextos a menudo difíciles y de escasos recursos, el diseño africano requiere un cierto tipo de alquimia creativa que no acontece en ningún otro lugar. ¡Hay tantas lecciones que las culturas de consumo desechable en Occidente podrían aprender de los upcyclers, recicladores y reconvertidores de África! Los diseñadores en África se ocupan de necesidades reales, no sólo de deseos objetuales o de mera estética. Son “solventadores” de problemas, y en economías de rápido crecimiento y una población tan joven, la carrera para resolver esos problemas está realmente en marcha. Lo que encuentro más interesante del diseño africano es que tiene la capacidad de expandir su humanidad. Para los occidentales, las historias de diseño en África implican imaginación y empatía, pero le ayudan a entender la vida cotidiana y sus desafíos.

Los diseñadores del continente son productores extraordinarios y llenos de recursos. La escasez es un duro maestro, pero también es la madre de la invención, y si hay una cosa que capta la esencia del diseño y la creatividad en África hoy en día sería la capacidad de convertir la escasez en oportunidad.

Muchos diseñadores africanos están recuperando y reciclando desechos de las economías “desechables” del mundo más desarrollado. Aunque esto es a veces por necesidad, también hay un punto conmovedor acerca de la naturaleza de consumo de las economías del primer mundo.

G.S: Muchos diseños y creaciones de artistas africanos se exhiben en bienales y ferias de arte, exposiciones de muebles… Sin embargo, algunos se atreverían a decir que todos estos ejemplos y objetos son sólo accesibles a la burguesía africana. ¿Son estos objetos (sillas, muebles o decoración mostrados en la primera parte del libro) simplemente refinadas reproducciones de muebles perfectamente tradicionales y populares?

Ésa es una parte real del diseño africano, una cierta cantidad de objetos es inaccesible a la mayoría de la gente. Pero eso también ocurre con el diseño italiano, o de cualquier otro lado. Así que me alegro de que haya una cierta cantidad de diseño para la burguesía africana. Se trata de arte funcional y es una parte de la historia material africana, aunque la atención se filtrará sobre todo a través del diseño social y de base que es increíblemente digno y fascinante de una forma particular.

G.S: “Africa Rising” hace hincapié en la presencia del arte tanto en el espacio público como en los museos modernos que se multiplican en el continente. Pero ¿cómo pueden los artistas urbanos sobrevivir pintando murales y grafitis en las calles de las principales ciudades africanas? 

K.K: Una gran cantidad de artistas urbanos y grafiteros son capaces de cobrar por sus servicios sin estar en un museo. De la misma manera que lo hace un arquitecto o un diseñador de interiores. Los murales tienen un efecto real en las áreas donde se crean, y hay gente que paga para hacerlos posibles. También hay muchas marcas y organizaciones (particularmente ONGs de salud y sociales) que usan murales para transmitir mensajes importantes. Al igual que la sensibilización para prevenir el SIDA o transmitir pautas básicas de higiene. Por ejemplo, Faith47 (un artista urbano sudafricano) ayudó a Design Indaba a crear un impresionante mural que interpretaba visualmente nuestro proyecto Another Light Up, que instaló farolas en una zona bastante peligrosa de Ciudad del Cabo.

G.S: Los modistas africanos revolucionan el mundo de la moda, mientras marcas como Zara o Mago copian impresiones africanas, llegando mucho más fácilmente al gran público. ¿Debemos proteger los patrones tradicionales de marcas como éstas?

K.K: No siempre se trata de proteger. A veces es bueno que se respeten estas tradiciones, para que otros se inspiren en ellas y luego permitirles evolucionar. La gente en Inglaterra ya no anda en corpiños deshuesados, ni en sombreros o chalecos, pero hay ciertos elementos de estilo, tejido, forma y ocasión que siempre se llevarán a cabo y seguirán inspirando. Lo curioso del caso es que, algunos de los mejores diseños de moda africana no imprimen matices ostensiblemente “afro” en sus creaciones. Hay diseñadores increíbles en África que no utilizan impresiones africanas.

Rich Mnisi y Lukhanyo Mdingi, por ejemplo, son dos creadores de moda sudafricanos cuyo trabajo no es el típicamente “africano”, porque no ofrece las impresiones ni los materiales tradicionales que son tan reconocibles del continente – y me gusta que ambos sean diseñadores africanos que no juegan con esas expectativas. Al mismo tiempo, sin embargo, ambos están muy inspirados por su infancia y por lo tanto, su estilo es tan africano como los otros. Ambos diseñadores trabajan con fotógrafos locales con mucho talento, y usan el género y la androginia como temas. Eso me parece muy interesante, porque hay muchos países en África donde los estereotipos de género siguen siendo difíciles de cambiar.

Lukhanyo Mdingi

G.S: Cuando hablamos de diseño de ropa, una de las principales barreras para que los modistos realmente puedan exportar un volumen grande de pedidos es la falta de industrialización o el pobre rendimiento que se le saca al algodón africano. ¿Cómo se va a desarrollar esta industria en los próximos años?

K.K: La industria de la confección africana depende en gran medida de las cooperativas en este momento. Gran parte de la fabricación es a pequeña escala y hecha a mano. Hay lugares en los que esto está cambiando, por ejemplo en Etiopía, que está ampliando sus capacidades de producción en todos los sectores. Pero habrá que esperar aún, porque no estoy del todo segura de cómo este modelo se aplicará a otros lugares del continente…

G.S: Algunos expertos en desarrollo insisten en que África deberá pasar por la industrialización para conseguir mayor prosperidad. ¿Pueden la industria del diseño, la arquitectura o las artes contribuir a mejorar los índices de pobreza?

K.K: El diseño es una industria pujante en África, el continente con la población más joven del plantea. Los diseñadores de todo el continente están resolviendo problemas reales e importantes…

G.S: Otra cosa es que eso se acabe reflejando en los informes anuales de organizaciones internacionales. Pero estamos segurxs que, cuantificable o no, el diseño africano está transformando, no solo el continente, sino el panorama de la innovación internacional. 

Alsarah, la diva nubia de Nueva York

Logo_centre_estudis_africans* Artículo publicado originalmente en el Boletín Trimestral del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Las raíces de la música sudanesa viajan desde el antiguo reino de Nubia, de la primera catarata del Nilo, en el sur de Egipto, a la moderna Jartúm, confluencia del Nilo Blanco y el Nilo Azul. Sonidos de exilio. Los de un pueblo que se vio obligado a migrar en masa de su tierra tras la construcción de la presa de Asuán. Los de una cultura cuyo mundo material permanece encharcada en el artificial lago Nasser. Los de 6.000 años de historia marginada y cantada cual lloro de una existencia clamando justicia.

Alsarah, antes de su reciente concierto en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, antes de su reciente concierto en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, conocida por su trabajo junto a The Nubatones, recoge la identidad de su pueblo y a partir de ese microcosmos particular centrado en la década de los 70, ahonda en los sonidos de dos mundos de los que Nubia siempre fue bisagra: el África oriental y el norte del continente. Y si todo ello no fuera suficiente, lo filtra con su afropolitismo y lo expande hacia el mundo. Bebiendo de grandes clásicos como Hamza Al Din o Ahmbed Munib, la etnomusicóloga y cantante sudanesa afincada en Nueva York, ha creado un nuevo concepto de Pop Nubio que la ha entronizado como una auténtica diva en la región y como una fiel emisaria en Occidente.

Llega a Nairobi, donde el equipo de Wiriko disfruta de una residencia entre el colectivo de artivistas de Pawa254, envuelta en un halo de afropolitismo bien fiel a la imagen de la joven y emergente clase media que domina el paisaje cultural en la mayoría de ciudades africanas actuales. Con una perenne sonrisa, Sarah nos mira y se acuerda: “Wiriko, la revista española que entrevistó a The Nile Project, ¿verdad?”.

Su hiperactividad musical no le nubla la mente. Humilde y simpática, no escatima en sentarse y regalarnos unos minutos antes de empezar las pruebas de sonido. Y con la agenda frenética que tiene la cantante, es de mucho agradecer. Y es que Alsarah no sólo sostiene su combo inspirado en la tradición sudanesa, también es miembro integrante de la increíble orquesta pan-nilótica The Nile Project. Con todo, no para de viajar por todo el mundo exportando su música. De Francia a Egipto, de los Emiratos Árabes a Portugal, de Bélgica a Italia, o de Suiza a Hungría, su Pop Nubio irrumpió en la escena internacional a finales del año pasado con su disco Silt (Wonderwheel Recordings, 2014) y no ha parado de sonar desde entonces.

Mi música es un cóctel de los diferentes sonidos que han marcado mi biografía. Mi familia emigró a Yemen cuando yo era pequeña a causa de la guerra civil, y como coleccionista que soy, siempre me ha apasionado la música tradicional yemení o argelina. Pero me atrae la diversidad cultural en general. Así que puedo escuchar desde la música coral femenina de los Balcanes al Jazz más contemporáneo”, nos explica Sarah desde la terraza de Pawa254. “Actualmente, estoy fascinada por la música maliense. Hace poco toqué con Songhoy Blues y me robaron el corazón. Pero debo reconocer que ninguna música me hace vibrar tanto como la del Nilo Azul”, aclara la artista.

Alsarah, durante nuestra entrevista en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Alsarah, durante nuestra entrevista en Nairobi. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y aunque la sudanesa se confiese afropolita y amante de la diversidad cultural, no tiene ninguna duda que su identidad musical tiene raíces bien profundas. “Casi toda mi música está influenciada por los sonidos de Sudán. He nacido sudanesa y moriré sudanesa, por más que viaje por todo el mundo y resida en Nueva York”, reconoce la que investigó la música del país para finalizar sus estudios en etnomusicología. “Para mis investigaciones, he recogido la tradición de las mujeres sudanesas, sobretodo, la música de bodas y fiestas populares, que siempre tiene a la mujer por protagonista”, relata. “Todo esto se encuentra en mis canciones”.

La relación de Alsarah con las cuestiones de género la llevaron a tener una colaboración muy estrecha con grupos como la Iniciativa de Mujeres Islámicas en Espiritualidad e Igualdad. “Siento pasión por la música árabe, sobretodo por la cantada por mujeres. He trabajado muy de cerca con coros femeninos y cantado a menudo clásicos de la música taarab, los sonidos tradicionales de la costa Swahili del África Oriental”. Y es que su directo está impregnado de música a cappella, que cede el protagonismo tanto a las voces femeninas que la acompañan, como a la percusión, elemento indispensable de su receta musical.

Y es que si hay una imagen ideal del encuentro entre los sonidos tradicionales y los embalajes modernos en Sudán, esa es la de Alsarah. Cuando uno piensa en la mujer sudanesa, afloran todo tipo de estereotipos. Desde la frontera meridional, la mayoría de mujeres kenianas o ugandesas, por ejemplo, reconocen la belleza sudanesa como única y envidian tanto el tono de piel como la forma de andar y la seguridad de estas damas. Desde la frontera occidental, sin embargo, la mujer sudanesa es vista como víctima, y no como dueña de su destino. Basándonos en hechos como que el estado sudanés castigara a mujeres cristianas por llevar pantalones por considerarlos provocativos, creemos que los derechos de las mujeres son sistemáticamente vulnerados a diario y en todas las esferas de la sociedad. Pero la emergencia de Alsarah en el mercado internacional está cambiando, en cierta medida, la imagen de la mujer sudanesa como sometida y vulnerable. “Tenemos la tendencia de aceptar una sola imagen de la realidad, una solo fotografía del relato. Pero en Sudan, por supuesto, no solo hay mujeres tapadas. Y si las hay, no todas están sometidas. No solo hay guerra o hambre. También hay de todo esto, no nos engañemos. Pero hay muchas otras cosas emergiendo y supongo que mi imagen ayuda a romper ciertos estereotipos”, afirma la cantante.

Presente en medios como The Guardian o influyentes emisoras como la americana NPR, que incluyó su álbum como uno de los cinco álbumes imperdibles del pasado año, junto a figuras como el nigeriano Seun Kuti o el estadounidense Pharrel Williams, Alsarah es recibida en la capital keniana como una auténtica estrella de África del Este. “Cada vez que toco aquí es como volver a casa. Nairobi es casa para mí. De hecho solo he tocado una vez en Jartúm. Fue en diciembre del año pasado. Se agotaron todas las entradas y la gente estaba eufórica”, reconoce orgullosa la sudanesa.

Cuando Alsarah y su familia dejaron Jartúm, la capital estaba en plena convulsión. Con migración llegada del Chad, Eritrea, Etiopía o Uganda, en busca de refugio a los conflictos derivados de las primeras décadas de independencia, la ciudad empezó a expandirse de forma incontrolada con familias empobrecidas provenientes de Darfur que se instalaron en asentamientos informales. “Jartúm ha cambiado muchísimo desde que mi familia y yo emigramos a Yemen. Ahora mismo la ciudad está completamente industrializada. A partir del 2000 experimentó un crecimiento económico galopante. Es lo que más me llama la atención, no tiene nada que ver con esa ciudad de mi infancia”, enfatiza la joven sobre la ciudad que fue recomendada por la CNN como uno de los 10 mejores centros urbanos de África para hacer turismo.

Pero sigue faltando mucha infraestructura y aún hay poca inversión dedicada a la escena cultural en Sudán. En este sentido, es mucho más fácil tocar por Europa. Atraer la atención de promotores europeos o estadounidenses. Pero estoy muy orgullosa de poder tocar tan a menudo por África. He tocado mucho por África del Este y África Austral. Estoy conquistando África Occidental, así que espero que las cosas se empiecen a equilibrar pronto y pueda tener tanta audiencia en un lugar como en otro”, expresa la que es considerada una de las voces más mediáticas y eruditas de la música sudanesa.

La terraza de Pawa254, como era de esperar, se llenaba a rebosar. Abría la noche la proyección del documental Beats of the Antonov, en el que Alsarah es una pieza clave y con la presencia de su director, el sudanés Hajooj Kuka. Con ambos artistas, presidia la noche una idea imperante, la de que una nueva generación de artistas que están re-definiendo la identidad, la cultura y la presencia en el mundo de Sudán.

Entrevista a Teddy Osei, líder de Osibisa

AfricaVive_800X535 (1)

Cuando Teddy Osei y su saxofón pisaron Londres por primera vez, en 1962, la capital británica ya era un hervidero cultural. Con veinticinco años, el joven dejaba su etapa con la banda “The Comets” y el boom del Highlife atrás, en busca de nuevos sueños. Una beca del gobierno panafricano de Kwame Nkrumah para estudiar música le abrió las puertas a nuevos universos sonoros y un futuro prometedor se empezaba a dibujar ante los pies del joven ghanés. Con la ilusión de un ciudadano libre, el orgullo de pertenecer a una nación emancipada – Ghana, la primera independencia de África al Sur del Sáhara – y el talento de un joven formado en música popular Ashanti y Jazz, la fórmula apuntaba al éxito. Pero los entresijos de la historia quisieron ponerle las cosas difíciles al saxofonista y perdió su beca a causa de un golpe de estado que derrocó a Nkrumah y arruinó sus políticas sociales y culturales.

Por aquél entonces la metrópolis londinense albergaba a unos 250.000 afro-caribeños, que vivían y trabajaban en las zonas más deprimidas de la ciudad. La ley de ciudadanía británica, que desde después de la Segunda Guerra Mundial reconocía el derecho a todos los ciudadanos de las colonias a vivir y trabajar en el Reino Unido, facilitó la multiculturalidad en la capital. Sin embargo, pronto, la segregación racial empezó a extenderse y barrios como Brixton se convirtieron en espacios básicamente poblados por ciudadanos africanos y afro-caribeños. “Viví momentos muy difíciles como africano tratando de ganarme la vida en Londres. Trabajaba en cualquier cosa que se me ofrecía, limpiar suelos, lavar platos en restaurantes y hoteles, y después de esas duras jornadas de trabajo, acababa tocando en cualquier garito“, explica en exclusiva para Wiriko el líder de Osibisa.

Teddy live

Teddy Osei, líder de Osibisa.

Cansado de vivir a duras penas, Teddy tenía claro que para lo que había dejado Kumasi, su ciudad ghanesa, era para hacer música. “Después de un tiempo empecé a buscar a otros músicos de Ghana en Londres. Encontré a Sol Amarfio (percusión) y a Mac Tontoh (trompetista), y más tarde a tres músicos caribeños, el granadino Spartacus R. (bajista), el antiguano Wendell Richardson (guitarra y voz) y el trinitense Robert Bailey (teclista)Lasisi Amao (percusión y vientos), de Nigeria, se incorporó después para convertirse en el séptimo miembro. Ensayábamos en una pequeña habitación de un sótano y allí cocinamos lo que es nuestra sonido: ritmos de África fusionados con Jazz, Blues, Calypso y melodías de Highlife“, explica el veterano de setenta y ocho años.

Así, de la absoluta humildad y de la terquedad de su líder, empeñado en hacer música a toda costa, nacía un mito. Un grupo que pasará a la historia por haber hecho despegar la música africana, y en concreto la del África Occidental, en el escenario internacional. Desde la grabación de su primer álbum, Osibisa funcionó perfectamente como una bomba de relojería. Y a pesar de que la industria discográfica aprovechó su tirón y la aceptación de su singular sonido por parte del público europeo para venderlo bajo el rótulo de las músicas del mundo, Teddy es contundente cuando se desmarca de esta etiqueta y ahonda en la esencia de su estilo: “Nosotros eramos y somos fusión. Ritmos entrecruzados que explotan de felicidad”. Una especie de invocación a los ancestros africanos que salvó a Occidente del aburrimiento durante los 70 y lo sacó a las pistas de baile y discotecas de todo Europa, pero también de parte de Asia y América. En África, evidentemente, siguen siendo considerados embajadores y fenómeno de masas.

Destilando aún los principios del panafricanismo que llevaron a Ghana a liderar las independencias africanas, esta extraordinaria banda no titubea en afirmar que el continente africano es su principal fuente de inspiración. “África ha sido siempre nuestra patria, así que volvemos a menudo para inspirarnos“, observa Teddy para confesar el secreto de un Afro-rock que no pasará nunca de moda por su frescura y ese 100% de electricidad capaz de mover a tres generaciones diferentes. “Nuestra primera gira por España fue en 1972 y fue memorable. Pero cada vez que hemos tocado nos lo hemos pasado estupendamente. Por eso esperamos que Wiriko prepare al público español para lo que será una fiesta llena de alegría“, declara el músico.

Y es que con casi medio siglo a sus espaldas, Osibisa vuelve a aterrizar en España en el marco del Festival África Vive, que este año se celebra en sinergia con el Festival Cultura Inquieta de Getafe el próximo 9 de Julio. Sin el reconocimiento que se merecerían, y con las bajas de miembros originales como Tontoh o Spartacus (fallecidos en 2010), pero causando un revuelo considerable entre los melómanos de la península, Osibisa encabeza un cartel de lujo junto a los ganadores de la última edición del Vis-a-Vis: los senegaleses Noumoucounda Cissoko y Sidy Samb & Ascanwi Group, además de contar con los afro-barceloneses Alma Afrobeat Ensemble.

Si quieres ir gratis a lo que promete ser uno de los conciertos del año solo tienes que enviarnos un correo electrónico a info@wiriko.org con el asunto “Sorteo Entradas Osibisa” con tu nombre y DNI antes del viernes 26 de Junio respondiendo a esta pregunta:

¿Cuántos músicos formaban Osibisa cuando grabaron su primer álbum?

Osibisa 2

Osibisa, imagen promocional.

José Eduardo Agualusa: “Espero que mis libros puedan servir como plataforma para debates”

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Sofía Fonseca

José Eduardo Agualusa. Fuente: Web del autor

José Eduardo Agualusa. Fuente: Web del autor

José Eduardo Agualusa es un hombre del mundo, un africano del mundo (muy) enamorado de la vida. Nacido en Angola (Huambo, 1960) vive a caballo entre Lisboa, Rio de Janeiro y Luanda. Como periodista, colabora con medios portugueses y angoleños escribiendo crónicas y artículos de opinión, y realiza el programa de radio A Hora das Cigarras, en RDP África, sobre música y poesía africana. Como editor, es co-fundador de la editorial brasileña Língua Geral, dedicada a autores de lengua portuguesa. Como escritor, tiene más de 30 obras entre novelas, cuentos, poesía, teatro y libros infantiles. Su obra ha sido traducida a 25 idiomas y en 2007, se convirtió en el primer autor africano en recibir el Prémio Independiente de  Ficción Extrangera, del diario británico The Independent. Su libro O Vendedor de Passados será llevado al cine, dirigido por el director brasileño Lula Buarque de Holanda. En junio publicó su última novela: A Rainha Ginga. E de como os africanos inventaram o mundo.

Pregunta: Agualusa, tu obra es como tú, una obra del mundo, muy viajada. Tienes libros que se desarrollan en Angola, como Estação das Chuvas (1996) o la Teoria Geral do Esquecimento (2012), en Brasil, O Ano em que Zumbi tomou o Rio (2002), en Goa, Um estranho em Goa (2000), y un libro en viaje que podría considerarse un road book, As mulheres do meu pai (2007) que cruza varios países africanos. ¿Cómo te influye ese nomadismo en el momento de crear un libro?

José Eduardo Agualusa: Para mi viajar es conocer personas. Es descubrir lugares e historias. Por consiguiente, ese movimiento me ayuda en el proceso de escritura. Diría que es fundamental. Yo escribo porque me muevo.

En una entrevista de 2009, decías que O Barroco Tropical (2009) es un libro sobre el miedo, sobre dictaduras. ¿Consideras importante tratar temáticas político-sociales en tu obra? ¿El escritor tiene la “responsabilidad” de dar voz a quien no la tiene?

Sí, es cierto. Escribir implica una reflexión y compartir esas reflexiones. En países como Angola, no democratizados, y en los que la mayoría de la población no tiene forma de hacer oír su voz, compartir las inquietudes es aun más urgente. Espero que mis libros puedan servir como plataforma para debates. Para mí la democracia pasa por el debate, por el libre intercambio de ideas, por la noción de que de la confrontación entre varias ideas diferentes suelen surgir ideas mejores.

Has creado personajes fascinantes, tanto que hay quien asegura que los ha visto y estado con ellos, como el caso de la poeta Lídia do Carmo Ferreira da Estacão das Chuvas. También tienes seres extraordinarios como el geco de O Vendedor de Passados (2004), otras aterrorizadas como Lundo, en la Teoria Geral do Esquecimento (2012) y míticas como la Reina Ginga. ¿Nos puedes contar cómo creas tus personajes? ¿Es cierto que a veces te surgen en sueños?

Sí, algunos me surgen en sueños. Soñé por ejemplo, con el protagonista de O Vendedor de Passados, un hombre que vende pasados, historias de vida, a la nueva burguesía angoleña. Otros pueden surgir de páginas de la Historia, como es el caso de la Reina Ginga, una figura extraordinaria, sobre la cual existe muchísima información. Otras veces surgen de alguna noticia que leí, o de un comentario que escuché, o de los rincones de la memoria. Muchas no sé como surgen. Apenas lo hacen, como pasó con Ludo, esa mujer que se empareda por puro terror a convivir con personas de otra raza.

En tu obra es habitual el constante juego entre la realidad y la ficción, la yuxtaposición de los dos planos. Un momento de lo más fascinante es cuando en tu libro As mulheres do meu pai (2007), la realidad y la ficción se cruzan mirándose por la ventana del tren. ¿Cómo se te ocurrió esa idea?

Sí, esa es mi escena preferida. Decidí incluir la realidad, fluyendo paralelamente a la ficción, después de que Karen [Boswall] me contara su historia. Una historia mayor que la ficción. Por otro lado, me interesaba mostrar cómo la ficción se construye partiendo de la realidad, y al mismo tiempo, cómo alimenta la propia realidad. Creo que ese juego está presente en todos mis libros.

El libro O Vendedor de Passados, será llevado al cine el 2014 . ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué se siente al ver “materializado” uno de tus libros y que tus personajes cobren vida?

La película está lista, la vi hace unos días en Río de Janeiro. La vi con cierta distancia, como vería cualquier otra película, porque no es mi película, es sencillamente una película que parte de una idea mía. Me gustó mucho. Lázaro Ramos, que hace de vendedor de pasados, está extraordinario. Algunos amigos me dicen que podría ser la base de una buena serie, y creo que es cierto, pues cada cliente podría ser un capitulo. Aquello es inagotable. Hay mil razones diferentes para que alguien quiera reconstruir su pasado.

Rainha Ginga, tu último libro, trata sobre una mujer fascinante, personaje mítico del imaginario africano. ¿Cómo surge este libro? ¿Al ser un romance histórico, te llevó más tiempo el proceso creativo?

Siempre he querido escribir este libro. Por eso, en cierto modo, puedo decir que he dedicado la vida entera a escribirlo. No hubiera podido hacerlo sin la confianza y la técnica que fui ganando con los libros anteriores. Era un desafío difícil: adaptar a nuestros días la vida increíble de una mujer guerrera, que subvirtió todas las convenciones de su época y de su cultura y que todavía hoy inquieta y perturba. A tal punto que una película angoleña reciente, que la tiene como personaje central, ignora deliberadamente algunos de los aspectos más interesantes de su biografía como el hecho de haber mantenido durante años un harén de más de cincuenta hombres, a los que vestía y trataba como si fueran mujeres. Eso en la Angola de nuestros días es algo imposible de aceptar por el machismo dominante.

La literatura africana en lengua portuguesa es, en términos generales, menos conocida que la   literatura africana francófona y anglófona. ¿A qué crees que se debe? ¿A la falta de políticas culturales y apoyo a los escritores? ¿Crees que se deberían realizar más festivales o encuentros de escritores africanos?

No lo sé, pero pienso que hay algunos escritores africanos de lengua portuguesa con una carrera internacional muy solida. El caso más evidente es Mia Couto. Es cierto que alguien que escriba en inglés tiene alguna ventaja inicial, pero a partir de cierta altura es irrelevante. Para eso existen los traductores.

En el panorama actual de las letras africanas lusófonas ¿a quién consideras que no podemos dejar de leer?

Mia Couto, Rui Duarte de Carvalho y Ana Paula Tavares. En Cabo Verde hay un poeta interesante, José Luís Tavares. Tengo esperanza que en los próximos años surjan nuevas voces. Son territorios llenos de historias, esperando que alguien las cuente.

Finalmente, ¿hay un nuevo proyecto a camino? ¿Una novela?

Sí he empezado a escribir una nueva novela, pero aún es muy pronto para hablar de ello. Todavía no sé qué forma tomará.