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Felwine Sarr y la urgencia de que África se repiense

La instrucción es clara: África debe repensarse para poder poner en el lugar que merecen todos los valores y los aprendizajes extraídos de las experiencias, en gran medida, traumáticas. África debe prepararse para reconstruir su futuro desde una nueva mirada hacia sí misma sino las dioptrías que la historia ha ido incorporando a su propia percepción de sí mismo. Son muchos los que tratan de poner su grano de arena a este, relativamente, nuevo pensamiento crítico africano, pero sin duda ha sido Felwine Sarr quien ha sido capaz de formularlo de la manera más exitosa.

El escritor e intelectual senegalés, Felwine Sarr. Fuente: Rama/Wikimedia

Afrotopía, el ensayo clave del intelectual senegalés, que ahora ha sido publicado en castellano por Casa África y Los Libros de la Catarata, es una especie de manual de uso para la edificación de una nueva conciencia. Una nueva conciencia que, en realidad, el propio Sarr construye sobre la base de pensadores clásicos que durante décadas no han dejado de reivindicar esta necesidad de autonomía. Así que al mismo tiempo, Afrotopía es una fantástica guía para recorrer esos caminos del pensamientos crítico africano que tan poco predicamento ha tenido, en general, en el Norte global.

Y a partir de aquí, reducir el contenido de Afrotopía a una reseña es un auténtico disparate, por lo que el ejercicio se debe contentar con mencionar algunas de las piezas que el pensador senegalés pretende colocar en el puzle y reconocer que no pondrá completar el ejercicio porque hay otras que sólo la lectora y el lector pueden extraer del texto.

Sarr anima, con este trabajo, a poner en marcha un ejercicio de construcción y destrucción. Destrucción de estereotipos, de las ataduras que llegan incluso a lastrar el pensamiento, de los complejos y las fronteras impuestas desde fuera, pero también desde dentro. Y a pesar de que toda la reflexión desprende energía positiva, el autor huye del triunfalismo y, sobre todo, de la trampa de un optimismo basado en las grandes cifras de un crecimiento macroeconómico.

“Los discursos actuales sobre África están dominados por ese doble movimiento: la fe en un futuro radiante y la consternación frente a un presente que parece caótico”.

“No obstante, más que un déficit de imagen, es de un déficit de pensamiento y de producción de sus propias metáforas futuras de lo que sufre el continente africano”.

“Se trata, por lo tanto de sustraerse de una dialéctica de la euforia o de la desesperación y emprender un esfuerzo de reflexión crítica sobre sí mismo, sobre sus propias realidades y sobre su situación en el mundo: pensarse, representarse, proyectarse”.

Desde esa posición de realismo analítico, Felwine Sarr transmite constantemente un mensaje de esperanza que no se debe confundir con un optimismo ciego, sino con la confianza en un potencial basado en la experiencia.

“En los albores de la historia humana, los africanos colonizaron territorios hostiles, obtuvieron una primera victoria sobre la naturaleza estableciendo sociedades sostenibles. Permitieron así que la humanidad sobreviviera y fuera perenne”.

Sarr va desgranando ideas y llamando la atención sobre fenómenos que han marcado no sólo las acciones, sino también las reflexiones a partir de un momento concreto influyendo, incluso en la autorepresentación de los africanos. El intelectual va aportando argumentos gracias a los que el lector o la lectora ve desenmarañarse algunas realidades complejas. Explica, por ejemplo, cómo el Norte global ha llegado a imponer su visión del progreso hasta tal punto que ha conseguido que parezca que el único desarrollo posible es un desarrollo lineal. Y por ello reclama la recuperación de otras visiones diversas en torno al devenir de la historia y de los pueblos.

“Todas las sociedades necesitan mitos para justificar su evolución y su apropiación del futuro. Puesto que el colonialismo ha desacreditado definitivamente la idea de misión civilizadora, el desarrollo se ha erigido como la norma indiscutible del progreso de las sociedades humanas al inscribir su marcha en una perspectiva evolucionista, negando la diversidad de trayectorias, al mismo tiempo que la de las modalidades de respuesta a los desafíos que se imponen”.

Y por ello Sarr reclama un reconocimiento de las particularidades culturas africanas como único salvavidas para la construcción de un modelo de futuro mejor.

“Asimismo, la propuesta que se les hizo a los africanos fue la de reproducir un modelo prefabricado de sociedad en donde su cultura local no tenía previsto un lugar y donde esta era frecuentemente evaluada de modo negativo. Esto olvida el hecho de que le desarrollo occidental es un proyecto económico, pero sobre todo cultural, fruto de un universo particular. Esta transposición del mito occidental del progreso tuvo como consecuencia una desestructuración de la personalidad básica de los grupos sociales africanos, de las redes de solidaridad existentes, de sus sistemas de significado, pero, sobre todo, un aprisionamiento de las poblaciones en un sistema de valores que no era el suyo”.

El intelectual senegalés no ahorra críticas al impacto de las imposiciones del Norte global en el continente, sin embargo, en contra de lo que algunos intentarían reprocharle, el análisis de Felwin Sarr no tiene nada de victimista, sino que pretende ser un punto de partida honesto para una toma de todas las responsabilidades.

“Frecuentemente, un discurso que se pretende responsable y que puede ser considerado ligeramente autoflagelatorio intenta por todos los medios negar las consecuencias de la trata transatlántica y del colonialismo en las trayectorias actuales de los países africanos. Se les pide hacerse cargo de sus responsabilidades, y sobre todo, asumir los fracasos ligados a la mala gobernanza posindependencia, dejar de citar el pasado y de acusar a los otros para justificar sus propios fracasos. Lo que por otra parte está justificado, pero solo parcialmente”.

El intelectual reconoce el fracaso de la mayor parte de los gobernantes de las posindependencias y las malas elecciones económicas y políticas, así como el saqueo, en muchos casos, de las riquezas de sus países. Sin embargo, advierte que no se puede obviar el peso de las condiciones en las que les fueron legadas las riendas de esos países.

“Seria una prueba de ignorancia o de mala fe intelectual el simplificar las cosas hasta el extremo de negar el impacto de las dinámicas históricas sobre el destino de los pueblos. Conmociones tan importantes como cuatro siglos de trata transatlántica y un siglo de colonización han tenido consecuencias demográficas, económicas, políticas, culturales y sociales de gran envergadura (…). Recordar estas evidencias no es ni inscribirse en una forma de fatalidad ni rechazar el hacer frente a las propias responsabilidades (…). Señalar con exactitud las causas de la enfermedad es una condición previa al remedio y a la cura”.

A partir de esas premisas, la reflexión de Felwine Sarr sobre la construcción de una economía independiente que permita edificar ese futuro deseado y de una cultura democrática que recree las condiciones para una sociedad más justa van adquiriendo todo sus sentido. El esfuerzo del intelectual es un esfuerzo de equilibrio entre un excesivo optimismo y la necesidad de ir cultivando una especie de autoestima colectiva en la que los valores propios sean la base. Sarr habla de impulsar un nuevo concepto de la modernidad y recupera las reflexiones de otros pensadores africanos para reclamar que África debe aportar más que una copia de las fórmulas europeas (y que de hecho el mundo necesita esa aportación renovadora) o que existe un potencial en la construcción social que se abre paso desde hace tiempo por debajo de las estructuras institucionales. Una y otra vez, Sarr recuerda los valores y las experiencias de esa cuna de la humanidad en la que se pusieron las bases de sociedades sostenibles, por sus relaciones entre sí y con el entorno.

“África debe su fuerte resiliencia social a sus tradiciones. Los africanos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos impactos de su historia reciente. También han cultivado valores del vivre-ensemble a través de procedimientos originales: el cousinage à plaisanterie, la noción extensa de filiación y de familia, la movilidad interétnica, la capacidad de integración de la diferencia, el tejido y retejido incesante del vínculo social…”

Breve historia de la devolución del patrimonio artístico africano

Ponte en situación: estás en el interior de un museo de una capital europea y en la sala ves una red de pesca, y junto a ella una serie de máscaras, y en frente telas y pinturas y esculturas y herramientas. En unos pocos metros has consumido en masa un relato cultural como si fuera un todo y resulta que la red corresponde a un antiguo sistema matemático senegalés; las máscaras que están en la vitrina de al lado son de Nigeria (a más de 2.500 kilómetros de Senegal), y las telas, pinturas, esculturas y herramientas son de Mali, Etiopía, Níger y Mozambique. Esta falta de coherencia en la exposición que se hace del patrimonio artístico de los países africanos en los museos de Europa es real y es lógica: están desprovistos de contexto porque fueron despojados de él hace más de cien años y este está a kilómetros de distancia. Aunque podría empezar a dejar de estarlo.

Commons – Reginald Kerr Granville

La presentación, hace apenas una semana, de un informe oficial para estudiar la restitución de las piezas artísticas del patrimonio cultural africano que albergan los museos franceses ha hecho templar los cimientos de los considerados templos del saber del resto de Europa, que también siguen conservando tesoros traídos de las antiguas colonias de África. El Museo Británico, por ejemplo, contiene unas 700 piezas de arte del Reino de Benín; el Museo Humboldt Forum, en Berlín, que se inaugurará en 2019 también espera albergar estas obras; y se calcula que en total, los museos de Francia cuentan con cerca de 90.000 objetos procedentes del África subsahariana, de los cuales alrededor de 70.000 están en posesión del Museo Quai Branly, en París, tal y como recoge el informe encargado por el presidente Emmanuel Macron tras su visita a Burkina Faso hace un año, donde afirmó que la devolución del arte africano sería “una de las prioridades” de su mandato.

Este informe, elaborado por la historiadora francesa Bénédicte Savoy y el economista senegalés Felwine Sarr, recomienda que los objetos africanos que fueron retirados y enviados a Francia sin el consentimiento de sus países de origen sean devueltos de manera permanente a todos aquellos países de origen que lo soliciten, y hasta establece un calendario. Y si bien esta deuda de los museos occidentales con los países africanos no es nueva y este documento es de carácter meramente consultivo, resulta absolutamente excepcional que la restitución del patrimonio artístico del continente se plantee desde un informe encargado por una antigua metrópolis colonial y que esta devolución se disponga en términos perpetuos. Hasta ahora lo máximo que se ha cedido en este asunto es estudiar el préstamo a largo plazo, como es el caso de las instituciones que componen el Grupo de Diálogo de Benín, entre las cuales se encuentran el Museo Británico o el Humboldt Forum.

La historia de la devolución del arte africano incautado durante el periodo colonial es breve porque, si bien se remonta largo y tendido en el tiempo, se puede resumir en que la respuesta a esta petición generalmente ha sido un no. El motivo recurrente al que se ha aludido para esta negación son las condiciones de conservación y seguridad que mantendrían en sus países de origen las obras africanas, sin embargo, tal y como relata el camerunés Bonaventure Soh Bejeng Ndikung, fundador del espacio de arte Savvy Contemporary de Berlín, al portal Art News, ya en 1973 una estatua sagrada denominada Afo-A-Kom fue devuelta desde una galería neoyorkina al pueblo de Kom, en Camerún, donde se ha mantenido a salvo y accesible al público. Esta entrega, que fue el resultado de una cuantiosa cifra de venta, fue para la localidad todo un acontecimiento. “La gente estaba feliz y hubo una celebración nacional”, afirma el camerunés. Al fin y al cabo, tal y como señala al Financial Times el artista nigeriano Victor Ehikhamenor, “durante el colonialismo la gente valoró el artefacto, pero no a la gente que lo hizo”.

Un final feliz que, por el momento, ha sido la excepción que confirma la regla. Hace ya más de diez años desde que Etiopía solicitara la vuelta a casa de cientos de manuscritos y artefactos que se llevaron los británicos tras la invasión a Magdala, la antigua capital de Abisinia, nombre que recibía el imperio etíope. Entonces el Museo V&A, en Londres, le ofreció el préstamo a largo plazo de algunas de estas piezas, una propuesta rechazada por el país africano. Un poco después, en 2012, al Museo de Bellas Artes de Boston llegó una carta de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos de Nigeria solicitando el regreso de los 32 objetos de bronce procedentes del Reino de Benín (cuyo territorio es ahora parte del país nigeriano) que habían ido a parar a manos del banquero estadounidense Robert Lehman, de la conocida firma Lehman Brothers, quien los había cedido al museo.

Placas de bronce expuestas en el Museo Británico. Wikimedia Commons

Procedente del actual Benín y en el año 2016, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia recibía una solicitud oficial del presidente Patrice Talon para la devolución de los artículos saqueados durante la ocupación del país a finales del siglo XX. Ante la falta de respuesta, una carta abierta firmada por reconocidas figuras del país africano y de Francia fue dirigida al entonces presidente francés François Hollande para exigir este retorno. Francia aludió entonces a la legislación, que determina que las obras pertenecientes a las colecciones públicas del país no pueden ser transferidas. Una ley que se mantiene vigente y que habría que modificar si se acepta la recomendación del informe encargado por Macron.

Mientras esto ocurre (si llega a ocurrir), el eco de este informe ya ha servido para dar alcance a reflexiones como la que hace Ndikung a Art News: “La insistencia de un modelo de museo universal es una señal de la arrogancia colonial de las instituciones y los partidarios que las sostienen. ¿Quién dice que es un museo el lugar donde se supone que deben guardarse estos objetos?”.

Pensar y repensar el África de mañana

Hace ya años que Abdoulaye Wade, el primer presidente senegalés del S.XXI rescató y se apropió de la idea de la Renaissance Africaine. La reformuló como una corriente que liberaría el continente de las ataduras heredadas de la colonización. Al final, su idea de la Renaissance resultó ser, únicamente, un mastodonte de más de cincuenta metros de alto que se erige sobre una colina de Ouakam, en Dakar. Su construcción costó 23 millones de euros. Era la muestra de lo que suponía para Wade la idea del renacimiento africano. Pura megalomanía. Emergía de las élites políticas, un sector demasiado hipotecado para poder comandar la liberación.

Les Ateliers de la Pensée

Les Ateliers de la Pensée

Curiosamente ahora, resurge una idea muy similar, en el mismo lugar en el que se abortó ese renacimiento, pero lanzada desde un escenario bien diferente, el de los pensadores, los filósofos, los historiadores… y los escritores. Los hombres y mujeres que construyen, pero no monumentos a su propia gloria, sino historias, ideas y argumentos. Los hombres y mujeres que construyen los cimientos de la sociedad, de una nueva sociedad. Esta vez, la materialización ha sido una serie de debates y sesiones de reflexión. Y es sólo el comienzo. Les Ateliers de la Pensée, que se han celebrado desde el 28 al 31 de octubre, entre Dakar y Saint Louis, la capital senegalesa y la antigua capital del África Occidental Francesa, son sólo el comienzo.

afrotopia-felwine-sarr-anne-et-arnaudDetrás de esta idea están Achille Mbembe y Felwine Sarr. El primero, Mbembe, es un clásico, camerunés, considerado uno los baluartes del pensamiento crítico africano, sistemáticamente empeñado en cargar de razones las voluntades emancipadoras, las mentes y los espíritus convencidos de que el continente todavía está por descolonizar. El segundo, Sarr, es una de las últimas sensaciones de ese mismo pensamiento crítico. El economista senegalés se ha convertido en un referente popular este mismo año, desde la publicación de su ensayo Afrotopia. Sarr cuestiona los parámetros del desarrollo y el subdesarrollo y propone nuevos marcos de referencia. Sarr preconiza que el bienestar africano ha de ser lo que quiera ser, en definitiva, la necesidad de romper unos lazos que ponen freno, no al desarrollo del continente, sino a la extensión de su bienestar. Un cambio de paradigma.

Recogiendo un testigo que llega desde más allá de las conferencias de Ngugi wa Thiong’o recogidas en Descolonizar la mente y demostrando la falacia del famoso discurso pronunciado por el expresidente francés Nicolás Sarkozy en Dakar, en el que negaba la entrada en la historia del continente africano, Les Ateliers de la Pensée proponen una nueva reflexión. El encuentro ha reunido a una veintena de expertos, filósofos y universitarios africanos para discutir sobre temas como la pervivencia de la herencia colonial, el papel del continente en el sistema mundo, la identidad, las lenguas e incluso el futuro de un planeta que enfrenta una deriva destructiva.

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Abarcar todo el volumen de contenido de un encuentro de estas características resulta una tarea ilusoria y sólo se puede confiar en que las aportaciones de todas esas mentes que piensan un África y un mundo diferente sean publicadas más antes que después. Sin embargo, desde esta sección se impone visibilizar la presencia, entre esta corriente renovadora, de algunas de las plumas más destacadas de las literaturas africanas, al menos, de la que podría enmarcarse en la esfera de influencia francófono. Entre la abrumadora lista de nombres y sin perder de vista que muchos de ellos pueden considerarse literatos, aparecen algunos nombres de escritores de ficción imbuidos por la necesidad de cambiar las reglas del juego que marcan la relación entre el continente africano y el norte global. Sólo por dar una idea de nómina de narradores se puede citar a Leonora Miano, Alain Mabanckou, Abdourahman Waberi y Sami Tchak.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

La escritora camerunesa Leonora Miano ha defendido sistemáticamente que el concepto de África más extendido es, en realidad, una construcción occidental y que los propios africanos han llegado a caer en esa trampa. Por ese motivo, la novelista se ha empeñado en derribar los estereotipos que sirven de armazón para esa construcción, al mismo tiempo, que trata de reconstruirla en base a experiencias más genuinamente africanas. Un ejemplo, de esta ingente labor es Volcaniques, une anthologie de plaisir, con el que da carpetazo a las visiones simplistas de la sensualidad que se vive en el continente. Miano acaba de publicar Crepuscule du tourment, un golpe a todo tipo de tabúes relacionado con la feminidad africana, desde la maternidad hasta la homosexualidad.

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou ha pronunciado este mismo año la conferencia “Lettres noires: des ténèbres à la Lumière” en el mismísimo Collège de France, en París. En pleno corazón del Hexágono, el congoleño Mabanckou recordó algunas de las vergüenzas de la explotación de África, desde los tiempos de la trata esclavista y los argumentos que sostienen el discurso racista de la inferioridad del africano. Recorrió las sombras de la literatura del continente, pero sobre todo sus luces, al menos, para poner de manifiesto que las hay y muchas. Mabanckou también promovió poco después un debate en el mismo escenario “Penser et écrire l’Afrique aujourd’hui”, una especie de prólogo de estos Ateliers de la Pensée en el que también estuvieron presente varios de participantes, incluido Achille Mbembe. El escritor congoleño, además se ha convertido en uno de los azotes de las dictaduras africanas, fundamentalmente, focalizando sus esfuerzos en las críticas del presidente de su país de origen, Denis Sassou-Nguesso.

waberiAbdourahman Waberi es una de las pocas voces yibutíes escuchadas internacionalmente y esa circunstancia le ha llevado a convertirse en un activista a favor de la democratización y en contra de personajes como el presidente de su país Ismaïl Omar Guelleh. En los últimos tiempos, Waberi ha formado tándem con el propio Mabanckou en la denuncia pública de los sátrapas africanos y en la reivindicación de una sociedad civil, una ciudadanía comprometida como único motor de las transformaciones necesarias para acabar con las desigualdades y como fundamento de unos nuevos sistemas más justos. En la bibliografía de Abdourahman Waberi aparece un título que, en el escenario del debate de Senegal, aparece como especialmente simbólico, Aux États-Unis d’Afrique. Los países africanos tienen la hegemonía mundial y son los europeos los que entran de manera clandestina en el continente negro. Resulta, cuando menos, un curioso ejercicio de empatía.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

El togolés Sami Tchak aparece como un escritor controvertido porque no ha tenido reparo en ubicar algunas de sus historias en las zonas más sombrías de la sociedad, ha hablado sin reparo de sexo, de la prostitución o de los bajos fondos y esa dimensión más efectista ha sido la que ha quedado para muchos. Sin embargo, a través de sus novelas, Tchak ha criticado el tratamiento que reserva Francia a los migrantes africanos, la corrupción o la historia de continente en su vaivén desde la época gloriosa de los grandes imperios hasta la predación de los regímenes actuales más carcomidos por los intereses particulares. El togolés ha reflexionado igualmente, tanto en ficción como en ensayos, sobre el papel de la literatura y de los escritores en los procesos de transformación social y en las grandes crisis.

A modo de torpe e insuficiente resumen, dos frases atribuidas en las redes sociales a los dos impulsores del encuentro, una de cada uno de ellos. Achille Mbembe: “Organizar el fin para que renazca el futuro determinará la reflexión filosófica y artística del siglo XXI”. Y Felwine Sarr: “Debemos reengendrarnos, recrearnos. El continente africano se está preparando, está en proceso de alumbramiento”.