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El funaná, la música de los campesinos que se convirtió en el pop de Cabo Verde

5ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Patricia Ortega Zar

La música en Cabo Verde es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más importantes en la identidad de su cultura como país. Así, señala Brito: “la música es una de las piedras basales más fuertes de la unidad nacional”, fruto de la mezcla e hibridación de culturas y ritmos, huella y seña inequívoca de caboverdianidad, primero como manifestación de resistencia contra el régimen colonial y, después, a partir de la independencia, como vehículo de divulgación de la cultura caboverdiana para el resto del mundo (J.P. Madeira).

El abanico de estilos musicales propios del archipiélago macaronésico resulta de una riqueza notable, si bien destacan principalmente los géneros de la morna, la coladeira, el batuque, el finaçon y el funaná, estilo este último en el que ahondaremos en las siguientes líneas y que se caracteriza por el sonido del acordeón y del ferrinho creando juntos un ritmo alegre y frenético a cuya energía resulta difícil resistirse.

De acuerdo a las investigaciones de Gláucia Nogueira y Paulo Bango Monteiro, plasmadas en Do ‘badju di gaita’ ao funaná-soukouss, da música rural ao pop: o percurso do funaná ao longo de um século, el recorrido del funaná desde su surgimiento como manifestación de la cultura popular campesina hasta ser considerado por derecho un género musical de Cabo Verde se concreta en dos aspectos: el proceso de modernización tanto instrumentística como de experiencias musicales exteriores al país; y la construcción de un género musical con total entidad.

Humberto Bettencourt Santos (Humbertona) es uno de los referentes más importantes de la guitarra de Cabo Verde, y pieza clave en la historia de la morna.

En cuanto al origen de esta música, Emanuel Antero Veiga apunta al año 1902 como el primero en el que se oyó el acordeón en Cabo Verde. Una década después ya se realizaban los primeros bailes de acordeón en al área de Achada de Bentrero y alrededores (isla de Santiago), zonas de pastoreo de bovinos y cabras. Otra hipótesis en cuanto a su implantación, señala a la Iglesia Católica, de fuerte presencia durante la colonización portuguesa, que introdujo el acordeón diatónico en el archipiélago para las ceremonias religiosas, debido a la falta de órgano, mucho más caro y difícil de transportar.

Respecto a cómo nació el término ‘funaná’ existen variadas versiones. Una leyenda dice que funaná viene de un hombre llamado Funa, que tocaba el acordeón acompañado al ferrinho de su mujer, llamada Naná. Otros apuntan al uso de la palabra fungangá de Brasil o fungagá (Portugal), con el significado de filarmónica ordinaria o insignificante. Horário Santos señala que la palabra funaná fue usada durante mucho tiempo con sentido peyorativo y selectivo para los bailes de acordeón (SANTOS, 1985, p. 9). Y existe otra hipótesis defendida por Veiga según la cual funaná es simplemente una onomatopeya, imitando el sonido del acordeón. En cualquier caso, en determinado momento el funaná dejó de tener una connotación negativa y se consagró definitivamente.

En el recorrido histórico del funaná, desde antes de los 70 hasta la actualidad se distinguen cuatro etapas. En un primer momento, el funaná es tocado originalmente con acordeón (gaita) y ferro o ferrinho, instrumento consistente en una barra metálica que marca el ritmo al ser friccionada con otro objeto metálico. Se vincula este estilo al interior de la isla de Santiago, siendo menospreciado en la etapa colonial por la población urbana, pues entonces el gusto reinante del público se decantaba por la música brasileña y la morna, estando relegado el baile de acordeón o ‘badju di gaita’ a las zonas interiores rurales. En las otras islas, habida cuenta de las dificultades en las comunicaciones y transportes y, salvo rara excepción, no sería conocido hasta la década de 1970.

En los años 80 el funaná pasa a ser considerado género musical de pleno derecho. En este segundo período, tras la incipiente independencia, se vive la valorización de tradiciones y artes populares, de reafricanización de mentalidad: los grupos de batuko y tabanka de la isla de Santiago, ganan visibilidad y reconocimiento, la temática tratada es africana y la lengua utilizada como vehículo es el criol caboverdiano. En este contexto, el grupo Bulimundo, -cuyo compositor y líder es Katchás (Carlos Alberto Martins)-,  hace del funaná el plato fuerte de su repertorio y adapta el ritmo del ferrinho a la batería, utilizando los teclados para la melodía y la guitarra y otros instrumentos novedosos en estas lides. En los LPs del grupo aparecen composiciones de repertorios tradicionales de funaná rural de los famosos Codé di Dona o Sema Lopi. El éxito de Bulimundo lleva a una auténtica revolución y explosión del género.

Katchas junto a Silva y Zé Augusto, de Bulimundo. Fuente: Muzzicaltrips.

El tercer período se inicia en los 90: el acordeón surge con fuerza como instrumento solista acompañada del ferrinho, el bajo, la batería y la guitarra. Un nuevo filón es descubierto, el grupo Ferro Gaita, con su primer álbum en 1988, marca la nueva tendencia que será seguida por varios grupos e intérpretes.

Por último, a mediados de los 90 comienza a gestarse el cuarto período, que llega hasta la actualidad: la aceleración del ritmo, que ya se inició con Bulimundo y se intensificó con Ferro Gaita, continúa la tendencia. Este período también se caracteriza por la mezcla con otros estilos, como el zouk y la introducción de sonidos electrónicos (teclados y batería) a partir de la tecnología digital. El baile pasa a ser individual, cuando siempre había sido un baile en pareja, destacando una aceleración en los compases, desde Bulimundo, que fueron los primeros en pisar el acelerador pasando de 138 a 153 compases por minuto, aunque en los últimos tiempos se llega hasta los 175.

Ferro Gaita.

Representantes del funaná más tradicional son Codé di Dona, Sema Lopi, Caetaninho, Tchota Suari y A. Sanches o Bitori Nha Bibinha. Tras Bulimundo ya se puede hablar de modernización en el género con mezclas de otros sonidos, tendencia que se verifica a mitad de los 90. Zeca di Nha Reinalda, vocalista de Bulimundo en sus primeros dos discos, ha sido el pionero con su CD Na urna (1995). Más allá de incluir zouks, en ritmo grave de funaná lento Sema Lopi, de Sema Lopi en su disco Camponês (2001). En ese mismo CD se incluyó el soukouss con el tema Marido manso. Zé Espanhol aparece en el recopilatorio Projecto Verano 2008 y en 2010 en el CD-DVD S’ta na moda. En 2013 lanza Bempa moda y continúa pegando fuerte con gran éxito en los años posteriores gracias a este chispeante género 100 % caboverdiano, siempre presente en una fiesta que se precie.

Bibliografía

BRITO, M. (1998). Os instrumentos musicais em Cabo Verde. Mindelo: Centro Cultural Português.

NOGUEIRA, G. y Jo di Bango, Do ‘badju di gaita’ ao funaná-soukouss, da música rural ao pop:o percurso do funaná ao longo de um século, en Revista Brasileira de Estudos da Canção – ISSN 2238-1198, Natal, n.5, jan-jun 2014.

MADEIRA, Joao Paulo: Manifestaciones culturales de la identidad cabo-verdiana en revista Caboverdiana de Ciencias Sociales, nº 2, pp. 233- 242.

MONTEIRO, Vladimir. Les musiques du Cap-Vert. Paris, Chandeigne, 1998.

SANTOS, Horácio. A dança no tempo e no espaço. Voz di Povo, 09 mar 1985, p. 9.

VEIGA, Emanuel Antero Garcia da. ‘Badjo di gaita’ na ilha de Santiago (I) – Seu historial: origem e desenvolvimento. Voz di Povo, 14 ago 1982, p. 6-7.

Lura, la voz de la herencia caboverdiana

La cantante caboverdiana Lura / Foto: N'Krumah Lawson Daku - Lusafrica

La cantante caboverdiana Lura / Foto: N’Krumah Lawson Daku – Lusafrica

En Cabo Verde la sodade se lleva estampada en el pasaporte. El país ve partir a sus hijos en una tendencia migratoria histórica que hace que la población de nacionales en el extranjero sea mayor que la que vive en el archipiélago perdido en el Atlántico. Lura, nacida en Lisboa, es hija de esa costumbre de dejar las islas en busca de mejor porvenir.

Pero la cantante caboverdiana quiso hacer el viaje a la inversa. Le urgía la necesidad del regreso a casa. “Tenía sentido volver a Praia. Llevaba tanto tiempo hablando de vivir allí y ahora es una realidad”, dice a Wiriko en su última visita a Londres.

A más de 600 kilómetros de la costa de Senegal, Cabo Verde se convirtió en el siglo XV en un foco de multiculturalidad donde africanos y europeos intercambiaron sonoridades para esparcirlas por el mundo. Los estilos caboverdianos se empapan de esa fusión nómada que Lura ha ido explorando desde que visitó por primera vez el país de sus padres. Su país.

Fue muy importante porque muchas cosas cobraron sentido. Encontré las respuestas para una serie de preguntas que me llevaba haciendo a lo largo de mi vida. Comencé a ser más africana, a valorar más las cosas y a conectar con la naturaleza”, explica la cantante.

La primera visita a Cabo Verde le llevó a descubrir al compositor Orlando Pantera del que interpreta seis composiciones en su tercer trabajo, Di Korpu Ku Alma. El álbum, el primero con el sello francés Lusafrica, es una declaración de intenciones que definió en 2004 la proyección musical de Lura. “Es un reflejo de mi sangre. Lo tenía dentro. Había cantando en portugués, criollo, R&B, pero no estaba satisfecha. No estaba haciendo música caboverdiana”.

Con el acercamiento en cuerpo y alma a sus raíces vino Na Ri Na, una canción mítica de la cantautora. “Tenía magia y pronto se convirtió en un éxito”, rememora de un tema que no falta en sus directos. Una excusa para cantar todos juntos y celebrar quizás los veinte años que ya cumple Lura en la música. “He aprendido mucho fruto de los viaje, del encuentro con otras músicas y culturas. He aprendido sin querer, viendo y he adquirido un gusto musical que lo complemento con las músicas de Cabo Verde”, dice en su camerino.

capa_luraCon su último trabajo, Herança, refleja la simbiosis entre melancolía y júbilo que pareciera exclusiva de las islas. Un patrimonio bañado de mar, de morna y de funaná. “Herança es la vida. Feliz y melancólica. Cabo Verde es así. Vivimos alegres a pesar de la pobreza. No tenemos mucho pero lo poco que lo tenemos lo compartimos y montamos una fiesta”, dice Lura.

Herança cuenta con temas como Sabi di Mas, bandera del estilo funaná, que se agarra a las caderas haciendo que el baile sea algo cultural que tiene que ver con “la necesidad africana de expresar el calor, la alegría y la sensualidad”. Pero también hay espacio para la Lura más melancólica que con canciones como Di Undi Kim Bem se cuela en la maleta del migrante caboverdiano.

El destino de sus padres pasó por Lisboa, convertida en un altavoz para los ritmos caboverdianos y artistas como Bana o Carmen Souza. Allí nació Lura, una joven que siempre estuvo interesada por los deportes y la danza. Sin embargo, mientras se preparaba para entrar en la universidad, un dueto con el cantante Juka la enroló en un viaje inesperado.

Lura sorprendió a Portugal con su caudalosa voz que abraza a la audiencia de sus conciertos y no fue desapercibida para otros artistas que la invitaban como colaboradora. “Mi vida cambió y todo fue muy confuso. Tenía la carrera en la cabeza, pensaba que tenía que entrar en la facultad, no salirme del camino pero la canción tuvo un gran éxito”, recuerda.

La afición se convirtió de repente en oficio y con 17 años, ya trabajaba en el lanzamiento de su primer álbum Nha Vida en 1996. Maria de Lurdes, Lura, entró de sorpresa en la música. “Nunca imaginé ser cantante”.