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Desafiando las leyes de la gravedad

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La acrobacia como herramienta contra la pobreza y la exclusión social aterriza en España

Son las siete de la mañana, hay 9 grados de temperatura en la calle y Samuel, Kelvin y Eric, de ocho y nueve años, deambulan en la entrada del centro comercial Junction, una de las mayores galerías de Nairobi. Vestidos con prendas sucias y rotas, arrastran un saco de rafia con el que recogen basura para revender con una mano, mientras con la otra sujetan una botella de plástico con la que esnifan cola. Según Unicef, en los barrios deprimidos de Kenya, los niños tienen más probabilidades de convertirse en adictos de esnifar pegamento que a graduarse en la escuela secundaria.

La vida de estos chicos no es una excepción en Kenia, donde el 42% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Las estadísticas apuntan que, tan solo en Nairobi, son más de 500.000 niños de la calle, y las cifras parecen no dejar de crecer. El desempleo en el país afecta mayormente a los jóvenes, y sobre todo, a los jóvenes de las zonas urbanas. Si bien el desempleo de jóvenes entre 15 y 25 años es del 20-25% en la zona rural, el desempleo en la ciudad se encontraría entre un 35 y un 60% según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

“En Nairobi la pobreza es un gran problema. Muchos jóvenes y niños viven en la calle, sin comida, sin refugio, comiendo de la basura. Muchos acaban convirtiéndose en ladrones y muriendo de un disparo de la policía. Algunos terminan contrayendo el VIH debido a la falta de educación y la espiral acaba siendo mortal”, reconoce Antony Mwangi, uno de los cinco jóvenes del grupo Afro Jungle Jeegs. Provenientes de diferentes barrios marginales de la capital keniana, los cinco jóvenes acróbatas que forman este grupo, observan la realidad de los necesitados del país con cierto optimismo, a pesar de la multitud de retos y problemáticas que afrontar.


Parte de un movimiento mucho más grande que engloba a docenas de acróbatas kenianos, este pequeño grupo de cinco artistas visita España este verano para llevar las acrobacia de gira en festivales y ferias. “Estamos de gira por Europa durante tres meses. Nuestro objetivo es poder dedicar el dinero que estamos recaudando a mejorar la escuela de acróbatas que tenemos en Jericho. Nuestra gira, en este sentido, es totalmente benéfica. Para generar un futuro mejor entre nuestros jóvenes y procurar educación a través de las artes circenses”, nos cuenta Bonface Sakwa, otro de los miembros de la joven banda de gira por España gracias a la productora Con Mucho Arte.

El barrio de Jericho, de donde provinen parte de los Afro Jungle Jeegs, no es una de las zonas más pobres pero si una de las más peligrosas de la ciudad. La falta de actividad económica y la pobreza endémica del vecindario hace que emerjan bandas de delincuentes juveniles que, como sucede en otros barrios como Kayole, Dandora o Buruburu, tienen a los vecinos aterrorizados. “Nos entristece muchísimo que se produzca tal violencia en nuestras comunidades. Cuando vemos a los chavales, tan jóvenes, dedicándose a este tipo de actividades, nos desesperamos. Es por eso que los llamamos a unirse a nosotros y a utilizar su talento y energía para paliar la pobreza y luchar por la paz”, confiesa David Kiarie, uno de los saltimbanquis de Afro jungle Jeegs, con ganas de generar nuevas dinámicas en sus barrios a través de las acrobacias.

528272766_9dea4eab80_b“Utilizamos la acrobacia como una herramienta poderosa para luchar contra la pobreza, la discriminación o el crimen, y así empoderamos a los jóvenes a través de la disciplina del gimnasio y el trabajo en equipo. Trabajar en equipo ayuda a dejarse de preocupar por uno mismo y empezar a dar importancia al grupo por encima del individuo”, subraya David.

Los Afro Jungle Jeegs no son el único grupo de acrobacias del país. La escuela Sarakasi, situada en el barrio de Ngara, en el centro de Nairobi, fue la primera escuela de circo, danza y acrobacias del África del Este. De allí salen la mayoría de profesores y profesionales del país, multiplicando las iniciativas y el impacto de las acrobacias en los barrios más desfavorecidos de la ciudad. “Con nosotros, todo comenzó cuando conocimos a un grupo de hombres que se dedicaban a las acrobacias, nos preguntaron si estábamos interesados en aprender y nos decidimos. Al principio nos daba mucho miedo, por las caídas y el daño que te puedes hacer. Pero nos dimos cuenta que no era tan difícil como pensábamos. Así que, en cuando vimos los beneficios físicos, mentales, económicos y sociales de nuestro trabajo, decidimos comprometer nuestras vidas con la acrobacia”, cuenta Nicholas Okoth, el cuarto miembro de los cinco acróbatas nairobenses.

Donde la vida pesa tanto como en Jericho, poner el centro de gravedad en la confianza hacia el equipo o la comunidad es la base para el equilibrio. “Nuestros entrenamientos son gratuitos. No cobramos nada para que todo el mundo pueda unirse a nosotros. La acrobacia es un movimiento social”, cuenta Ronald Onzere, quien junto a los compañeros de Afro Jungle Jeegs demuestra una profunda sensibilidad social. Y es que este grupo de kenianos no desean solamente hacer que las acrobacias se expandan entre los jóvenes, sino que pretenden generar puestos de trabajo y fomentar la inclusión social; y de paso, incubar esperanza y confianza tanto en los acróbatas como individuos como en la comunidad que los rodea.

La pérdida de confianza y autoestima en uno mismo, la carencia de habilidades sociales y la falta de capacidades desarrolladas para entrar en el mercado laboral, son algunas de las consecuencias que la pobreza acarrea entre los jóvenes de Kenya. La construcción de una escuela de acrobacias, en este contexto, no solamente pretende formar a profesionales, sino educar a parte de la sociedad y cultivar las semillas para el cambio social. Por eso, esta gira que lleva a los Afro Jungle Jeegs representa una oportunidad tanto para ellos, como para la comunidad de la que emergen.

“Durante esta gira vamos a asistir a un total de 17 eventos, en 4 países diferentes: España, Italia, Suiza y Alemania. Visitar diferentes comunidades europeas ya está siendo una de las mejores experiencias de nuestra vida. Porque llegamos a conocer a las nuevas realidades y culturas”, confiesa Antony. En esta gira, Zaragoza, Burutain (Pamplona), Bilbao o Viladecans (Barcelona), ya han podido disfrutar de su espectáculo de entretenimiento. Y la audiencia ibérica pudo acabar de degustar y hacer su aportación a la transformación social de los barrios menos favorecidos de Nairobi el pasado fin de semana. El sábado 18 de Julio estuvieron actuando en la Fira de Circ al Carrer de La Bisbal d’Empordà (Girona), para cerrar gira el 19 de Julio, en el Festival Pirineos Sur.

 

Colombia con los cines africanos

MUICA

Mayo es el mes de la herencia africana en Colombia y este año se han volcado en la idea de mostrar otras realidades, de intercambiar sentimientos y de vibrar en la butaca con la primera Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que se celebrará en Cartagena (6-18), Bogotá (21-24) y Cali (28-31). ¡Acción!

La muestra incluye una selección de 13 películas realizadas en 10 países del continente africano y premiadas internacionalmente.  Desde el documental hasta la animación y la ciencia ficción, la MUICA pone en primer plano el rico panorama de la realización cinematográfica en África, y abre una ventana a las narrativas audiovisuales de un continente heterogéneo y diverso, tanto en sus realidades sociales y culturales como en sus expresiones artísticas.

Beats of Antonov (2014), del director sudanés Hajooj Kuka –Los ritmos del Antonov, en español– premio al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT), Toronto o Luxor, nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Como escribía Alma Toranzo para Wiriko “no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos”.

Aya de Youpugón (2013), la película de animación basada en la serie de historietas de Margarite Abouet e ilustradas por Clément Oubriere, muestra un retrato nostálgico del barrio popular de Youpugón en la capital económica marfileña de Abiyán. Otra de las obras imprescindibles de esta muestra será sin duda Cuba, una odisea africana (2007), de la directora Jihan el-Tahri que muestra el papel que jugó Cuba en los procesos independentistas de varios países africanos y la relación que la isla caribeña tuvo con políticos revolucionarios como Lumumba (República Democrática del Congo), Agostiño Neto (Angola), Amílcar Cabral (Guinea Bissau) o Samora Machel (Mozambique).

En esta línea, el documental Lumumba, la muerte del profeta (1991), del director Raoul Peck, será una oportunidad para recordar la vida y leyenda de este líder que fue el primer Ministro del Congo independiente cuyo asesinato en 1961 fue una conspiración de la CIA y el gobierno belga, la antigua colonia.

Otros títulos inundarán de debate las salas como: Mama Goema, la música de Ciudad del Cabo en cinco movimientos (2011), Miners shot down (2014), las kenianas Nairobi Half Life (2012), Soul Boy (2010) o Pumzi (2009), la mozambicana Virgen Margarida (2013), el documental del director angolano Dom Pedro Tango Negro (2013) de la que hablamos ya, la senegalesa Tey (2011) o la marroquí Los perros son ellos (2013).

Las universidades serán las encargadas de transmitir estas exposiciones culturales a las personas interesadas, con el apoyo del Instituto Francés, Instituto Goethe, embajadas de Francia y España en Colombia y también el Festival de Cine Africano de Córdoba en España.

Además de los centros de educación superior, también se podrá ver en las salas de proyección como Cine Tonalá en Bogotá, La Tertulia en Cali y el Centro de Cooperación Española en la ciudad de Cartagena.

Sin duda, la creación de la MUICA es un nuevo esfuerzo de sus organizadores SUR por fortalecer el diálogo entre las naciones del sur global. Ya en el 2014 presentaron la primera Muestra de Cine Colombiano en Sudáfrica,  Visual Journeys to the Other South, por lo que sus objetivos siguen muy presentes y dando que hablar en su misión de fomentar la creación de públicos, la apertura de nuevos mercados en el sector cultural y contribuir a romper estereotipos que con frecuencia simplifican las problemáticas sociales de nuestros países. El mes afrocolombiano comienza con olor a cine.

De cabeza al DOADOA: mercado de artes escénicas del África del Este

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Los profesionales del sector de las artes escénicas del África del Este tienen una cita ineludible esta semana a los pies de las fuentes del Nilo. La ciudad ugandesa de Jinja será durante cuatro días, a partir del Miércoles 6 de mayo, el epicentro de los profesionales del sector creativo en lo que ya es la cuarta edición del mercado de Artes Escénicas del África Oriental: el DOADOA.

DOADOA, una palabra swahili que viene de la palabra DOA, que significa ‘lugar’, quiere significar “lo descubierto allí”. Y es que los artistas que asisten a este evento tienen un gran potencial de encontrar conciertos y ser conocidos y promovidos en toda la región. Una fantástica oportunidad para fortalecer el panorama actual que se desarrolla gracias a la colaboración entre los principales actores de la región: Bayimba Festival Internacional de las Artes de Uganda, el festival Sauti za Busara de Zanzíbar, Sawa Sawa Festival de Kenia, el KigaliUp de Ruanda, el Caravan Records de Tanzania, Ketebul Music y la Semana de la Música de Kenia y Selam y Jazzamba de Etiopía.

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Uno de los Workshops del DOADOA del año pasado. Imagen de Bwette Gilbert Daniel.

Durante los cuatro días de este encuentro se abordarán temas como los derechos de autor, el contenido de las nuevas creaciones, la movilidad de los artistas hacia Europa o el rol de las mujeres en los escenarios. Todo ello cuenta con un lujoso elenco de ponentes, críticos de música, productores, promotores, artistas y otros especialistas de la industria, que participarán en los diversos talleres y espacios donde se espera que el intercambio de experiencias abra nuevas vías de cooperación para impulsar el sector.

“A pesar de que gran parte de la audiencia sigue siendo local y regional, hay un creciente interés de todo el mundo hacia el contenido del África Oriental y los artistas están comenzando a abrazar esa oportunidad”, admite Faisal Kiwewa, director de la Fundación Bayimba y del mercado DOADOA. Faisal, uno de los más representativos de la escena cultural africana confiesa que desde el primer DOADOA celebrarado en 2012, ha habido muchas asociaciones y los lazos han fortalecido las iniciativas creativas de la región. “Las últimas tres ediciones han registrado un creciente número de asistentes especializados en las artes escénicas, ayudando a facilitar la colaboración, el intercambio y la mejora de la situación de los artistas que actúan ya en festivales de todo el mundo”, argumenta.

África Oriental es una vasta región con una diversidad cultural enorme. Desde Kenia a Burundi, o desde Tanzania a Uganda, no sólo hay una distancia física sinó diferente antecedentes históricos e influencias, cientos de grupos lingüísticos con grandes tradiciones diversas, diferentes políticas gubernamentales hacia el sector de las artes escénicas y desafíos varios a los que hacer frente. Sin embargo, este grupo de personas ve muchas ventajas en afrontar el futuro juntos. “El mayor logro del DOADOA es simplemente la oportunidad única de conocer a compañeros de tantos países diferentes, con diferencias culturales, sociales y antecedentes profesionales tan diversos. La oportunidad de hablar largo y tendido con los demás es de gran valor “, dice Faisal. “El DOADOA proporciona una plataforma para la creación de redes profesionales y de co-aprendizaje, la organización de diversos grupos de interés junto a empresas del sector y tiene el fin de crear una demanda que ayude a construir un mercado fuerte para las artes escénicas y los artistas de África del Este”, expresa el cabeza visible de esta iniciativa.

En un momento en que la industria de la música está experimentando problemas en todo el mundo, el África del Este continúa experimentando enormes dificultades con la piratería, que frena que los artistas, ya sean compositores o intérpretes, puedan recaudar dinero de sus propias creaciones y producciones. Por lo tanto, no es de extrañar que uno de los temas centrales de la DOADOA 2015 aborde este tema. “Hemos invitado a organizaciones de aplicación y gestión de los derechos de autor para presentar a los delegados datos sobre los éxitos y fracasos de esta recaudación en la región, así como para poner de relieve las formas en que los artistas pueden recaudar sus derechos”; afirma el director de este mercado único.

Pero si un tema tiene un significado especial en el DOADOA es cómo generar más interés en los sonidos que salen de la región del este de África, y la forma de internacionalizarlos. Es por ello que los organizadores se han asegurado de invitar a profesionales, festivales y promotores de Europa y EE.UU. al DOADOA, para que puedan contratar aquellos grupos que más les gusten para programarlos en sus eventos. De todas formas, Faisal muestra su preocupación hacia los retos que los artistas africanos tienen que hacer frente para entrar en el mercado internacional. “Los artistas africanos en general tienen el reto de tener que hacer frente a condiciones adicionales específicas para entrar en el mercado europeo y estadounidense. Los problemas de visado, gastos de viaje, la falta de reconocimiento de su música y un público poco interesada hacia lo que proviene del continente… En este caso, el DOADOA quiere incidir en el mercado global e invita a managers y promotores regionales que han invitado a artistas de la zona antes. Así, los organizadores del Norte y del Sur también pueden compartir sus experiencias e intercambiar consejos sobre cómo hacer que el proceso funcione. El DOADOA también alienta a los artistas a relacionarse y buscar socios que les posibiliten mostrarse a otros mercados internacionales como el WOMEX, el MIDEM, el Babel Med o el Visa para la Música“. De todas formas, Faisal cree que el mercado más grande se encuentra en la propia región y que no hay que perderlo de vista.

“En el DOADOA somos consicentes de que dentro del África del Este hay más de 70 festivales que se organizan cada año, y muchos de ellos luchan por incluir artistas regionales al programa. Por ello dedicamos un esfuerzo mayor hacia estos programadores, para que puedan explorar el contenido que necesitan y facilitar los tratos tanto para el artista como para los festivales “, expresa.

En lo que se espera que suscite debates e intercambios fructíferos entre los participantes, hay que destacar la presencia de Brahim El Mazned (de Visa para la música) o músicos como Moutcho (Burundi) o François Xavier Ngarambe (Ruanda). Se espera que este año el DOADOA gane aún más relevancia internacional y, sobre todo, que la escena del África Oriental se fortalezca y se expandan sus productos sonoros.

Steinberg, la ficción que desvela la realidad sudafricana

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Conocer ahora la existencia de The man of Good Hope nos puede hacer pensar que su autor, el sudafricano Jonny Steinberg, ha hecho un ejercicio de premonición. La novela trata entre otros temas la xenofobia en la sociedad de Sudáfrica, la discriminación hacia otros ciudadanos africanos. Precisamente ahora. El libro se publicó en enero de este año, así que nos puede llevar a pensar en la capacidad de adivinación de escritor. Sin embargo, lo que Steinberg ha hecho es dar una muestra de clarividencia, o más bien lanzar una mirada honesta hacia una sociedad que es mucho más compleja que la ficticia nación del arco iris que se ha impuesto en los últimos años.

Ahora mismo, lo que más llama la atención de The man of Good Hope es su descripción de la vida de un inmigrante en Sudáfrica, pero la novela nos aporta muchas más pistas sobre las realidades africanas, ya que el protagonista atraviesa el continente en un viaje que se extiende de norte a sur como una cicatriz. Quizá algunos acusen a Steinberg de basar su historia en una especie de catálogo de las calamidades africanas perlado de inmigración, abusos, violencia, corrupción o miseria, como ya hicieron con NoViolet Bulawayo. Sin embargo, la historia de Asad Abdullahi es, como dice el título de la novela, sobre todo, una historia de esperanza, de superación y de capacidad de superar los obstáculos.

Asad es un somalí, una de tantas víctimas de la guerra civil en el país del Cuerno de África. La primera experiencia del joven es la muerte de su madre, junto a él, asesinada a tiros por unos milicianos en Mogadiscio. A partir de ahí, el muchacho, que en ese momento tiene 8 años, comienza un complicado periplo que le llevará hasta Sudáfrica. Entre tanto, el chico pasa por Nairobi, donde su historia muestra un retrato desnudo de la vida de los somalís en la ciudad. Esta situación también se ha puesto recientemente de actualidad, con los ataques de Al Shabab en Kenia. La comunidad se ha visto sometida a la presión del recelo que se aviva con la xenofobia. Algo parecido le ocurre, con sus particularidades, claro está, mientras el muchacho trata de ganarse la vida en Etiopía, donde da un primer paso para construir una familia.

A_Man_of_Good_HopeDespués de su recorrido, el joven encuentra en Sudáfrica el entorno adecuado para prosperar. Asad se ha hecho adulto en los bajos fondos de las grandes ciudades de África Oriental. Ha demostrado su capacidad para sobrevivir a pesar de todo, para buscarse la vida, pero a pesar de todo no ha perdido la humanidad. Se ha endurecido sin pudrirse. Y en la tierra prometida del país más próspero del continente se reencuentra con lo más parecido a una familia que podía esperar. Ni siquiera así puede conjurar la desgracia, su tío, su anfitrión muere también a tiros. Y Asad, de nuevo, tiene que sobreponerse, aunque esta vez cuenta con el apoyo de la mujer con la que se había casado en Etiopía y la motivación de un hijo recién nacido.

Junto a su primo, se convierte en un, más o menos, floreciente comerciante en un barrio deprimido. La familia de inmigrantes somalís consigue, incluso, ampliar el negocio, antes de que la desdicha vuelva a golpearle. Su primo es asesinado en la tienda por un vecino y Asad tiene que enfrentarse además, al rechazo de los que le rodean y la pasividad de la policía.

En una reciente entrevista en Ground Up, Steinberg hacía una interesante lectura a través de su personaje de la situación de los inmigrantes, por ejemplo, somalíes, en los barrios populares de las ciudades sudafricanas. “Lo que más asustó a Asad de la violencia en Sudáfrica fue lo repentina e inesperada que era. En realidad, no era sólo la violencia en sí misma lo que le dejó helado, sino su naturaleza… puedes creer que estás en un entorno cómodo, puedes pensar que conoces el mundo que te rodea y, de repente, todo se vuelve extraño y desagradable”, explicaba el escritor. El asesino, en el último caso, no era un desconocido, sino un antiguo empleado que también vivía en el barrio, alerta el autor, y cuando se produjo el crimen, los vecinos advierten a Asad, que están del lado del asesino porque él es uno de los suyos y el inmigrante somalí, no.

Steinberg conoce los mecanismos de estos barrios populares y basándose en ellos ha construido su novela. El escritor asegura que “las fuerzas de la xenofobia en Sudáfrica son muy poderosas” porque mientras los blancos se hicieron ricos amparándose en las instituciones, los inmigrantes negros hacen dinero en medio de las comunidades más pobres y totalmente desprotegidos. Incluso va un paso más allá y relaciona los ataques xenófobos con las políticas migratorias que propician las deportaciones de miles de personas al año: “Después de los ataques xenófobos de 2008 pude entrevistar a muchas personas que participaron en las agresiones y lo que te decían era que estaban ayudando al Estado, ‘no son nuestra gente, estamos ayudando a deshacerse de ellos’, decían”.

Pero a pesar de todo este recorrido, lo que no hay que olvidar es el motivo del periplo de Asad y lo que hay detrás del libro de Jonny Steinberg. Ese espíritu está en el título de la novela “El hombre de la Buena Esperanza”.

Zukiswa Wanner: sinceridad sin complejos

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

Zukiswa Wanner es una prometedora escritora africana. Sí, africana. Quizá lo de prometedora es más discutible, porque no tiene nada de promesa, sino que es una auténtica realidad que se ha hecho acreedora de algunos de los premios más importantes. Sin embargo, su carácter africano se ha puesto en duda y ese es el segundo de los motivos por los que merece la pena prestarle atención. El tercer elemento que lleva a interesarse por Zukiswa Wanner es que se ha convertido en una de las autoras africanas más provocadoras en sus comentarios y con una posición menos políticamente correcta en cuanto a la industria editorial y la hegemonía occidental, por ejemplo.

En relación con el primero de los elementos. Wanner fue una de las seleccionadas para la antología Africa39, la selección de los 39 escritores africanos de menos de 40 años que realizó un equipo liderado por Binyavanga Wainaina para Hay Festival en 2014. Antes, Zukiswa Wanner había estado entre los finalistas del K. Sello Duiker Award en 2007 por su primera novela The Madams y también entre los finalistas del Commonwealth Writers Prize en 2011 por la novela Men of the South.

londonwannerDespués de haber liderado algunas antologías sudafricanas y haber publicado libros infantiles, Wanner ha regresado a la novela con London, Cape Town, Joburg, editada en 2014. En su último trabajo, la escritora hace un particular repaso por la historia reciente de Sudáfrica y, por el momento más crucial de los últimos años, el acceso a la democracia después del apartheid. La particularidad de la novela de Wanner es el enfoque desde el punto de vista de un sudafricano que vuelve a su país en un momento de esperanzas después de haberse criado en Reino Unido. Este encuadre permite a la autora tratar el tema de la identidad, la del protagonista sudafricano en la sociedad británica, pero también la de su mujer blanca en una sociedad sudafricana que aparentemente había superado las barreras raciales. Y a esas profundas cuestiones se añaden otras más cotidianas, como la convivencia, la paternidad o la búsqueda de una vida mejor (se puede leer aquí un extracto inicial del libro).

Curiosamente, y ya atendiendo a ese segundo aspecto atractivo de la autora, Zukiswa Wanner se encontró con dificultades para encontrar apoyos que le ayudasen a sacar adelante su idea, a pesar de la trayectoria que ya se ha mencionado. Primero pretendía que fuese un guión para una película, pero tuvo que desistir. Decidió convertir su idea en una novela, pero tampoco le resultó fácil encontrar un editor. Al parecer, al otro lado de las puertas a las que llamaba le decían que la historia no era suficientemente africana. De nuevo nos encontramos con una cuestión que en esta sección se ha tenido que tratar a menudo debido a los prejuicios que todavía existen en la industria editorial: los temas sobre los que puede y debe escribir un autor africano.

Hemos dejado los apuntes biográficos para este momento. Zukiswa Wanner nació en Zambia, creció en Sudáfrica y después se trasladó a Kenia. Pero es cierto, la escritora no respeta los cánones, no cumple con los prejuicios y en vez de tratar en sus historias la turbulenta relación entre un empleador blanco y sus empleados negros, prefiere romper esquemas y dibujar las también existentes fricciones, entre el negro que da trabajo y los negros que trabajan para él, por ejemplo. Sin duda eso, no seguir las líneas de lo previsible, escribir sobre la realidad como es y no como nosotros nos la imaginamos hace que algunos consideren que sus historias no son africanas.

La última de las cuestiones que llama la atención sobre Wanner es su incómoda honestidad. Sus declaraciones pueden interpretarse como provocativas, cuando no dejan de ser desnuda sinceridad. Por ejemplo, cuando se refiere a estas cuestiones relacionadas con la escritura y pone en duda “las líneas raciales o de género que los escritores no pueden cruzar” y explica que ella, voluntariamente, ha decidido sobrepasarlas.

En la misma línea, hace unas semanas Wanner levantó algunas ampollas con la siguiente declaración en la web This Is Africa: “Estoy más emocionada si mis libros se pueden leer en Congo Brazzaville o Cabo Verde, de lo que estaría si estuviesen disponibles en Bélgica o Portugal”. Evidentemente estas confesiones tenían un contexto. Por un lado, esos comentarios en el que se cuestionaba su “africanidad” y, por otro, la reafirmación de que su público está en el continente. El contexto de las declaraciones decía que si sus libros eran traducidos prefería que llegase al resto del continente africano que a Europa. En todo caso, estaba muy presente el análisis sobre la industria editorial africana y sobre la necesidad de generar espacios, al estilo de premios, que animen la producción y la independencia cultural del continente.

El neorralismo ugandés

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa "Abaabi ba boda boda" (The Boda Boda Thieves).

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa “Abaabi ba boda boda” (The Boda Boda Thieves).

Esta entrada bien podría haberse titulado “El éxito de las coproducciones panafricanas: el caso ugandés” por la alegría de saberse entre las películas seleccionadas / proyectadas en la Berlinale 2015. Pero vamos por partes. Ante las tremendas dificultades de producir una película se impone la necesidad de buscar aliados. Ya no sólo en Europa, sino también, en el propio continente. Por eso estamos de enhorabuena. El largometraje “Abaabi ba boda boda” (Los ladrones de Boda Boda), dirigida por Donald Mugisha, ha sido un proyecto que, finalmente y tras 3 años, ha visto la luz por todo lo grande.

Esta versión ugandesa de la neorrealista italiana clásica Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, es una producción de Yes! That’s us (Sí! Somos esto), un colectivo de cine “guerrilero” y panafricano que abarca la naturaleza colaborativa de la cinematografía y de la importancia de encontrar modelos de trabajo regionales y soluciones de distribución adecuadas. Es una coproducción entre Uganda, Sudáfrica, Kenia y Alemania. El crítico y también guionista Humberto Barbaro, utilizaba el término neorrealismo en 1943, un movimiento más que una escuela, como forma de protesta contra el cine académico y anquilosado. Es decir, un cine no para ricos y preocupado por el testimonio social. Y Los ladrones de Boda Boda pretende movilizar el imaginario sobre la capital ugandesa en estos términos.

Como comenta su director, quien soñaba con dedicarse a la industria cinematográfica: “En casa me instalé un software de vídeo en el ordenador e hice películas caseras con una videocámara. Nunca terminé mis estudios de comunicación de masas. Yo quería filmar. Y como algunos de mis amigos también estaban estudiando, pero realmente queríamos ser artistas, establecimos el colectivo Yes! That’s us. Hicimos películas y clips de vídeo experimental, y desarrollamos nuestro propio concepto y estilo”. El boda-boda o moto-taxi cuenta una historia sobre un joven vagabundo cuya existencia es puesta a prueba cuando un accidente deja a su padre incapaz de conducir.

En 2007 Mugisha hizo su primer largometraje (digital) con Yes! That’s us: Divizionz (2008). En este trabajo el joven director retrataba la separación de clases en Kampala. “Mis películas hablan sobre los fenómenos sociales en Uganda. No es mi intención la de predicar, pero queremos que la gente piense. Provocar. Los artistas tienen un espejo frente a la sociedad”.

Para mostrar la odisea de el éxito final de este trabajo en la búsqueda de financiación (algo parecido tienen que hacer las demás producciones) os detallamos algunos de sus hitos importantes. El proyecto ganó el premio de 10.000€ en la 10ª edición de la Berlinale Talent Campus; fue uno de los cinco proyectos seleccionados por el World Cinema Fund 71.6820€; y, antes de eso, el proyecto también recibió fondos de otras entidades financieras, incluida el III Foro África Produce de Coproducción en el 8º Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), donde consiguió un acuerdo de coproducción con la compañía keniana Hot Sun Films.

Entre otras menciones especiales recuerda a la carrera del trabajo dirigido por el congolés Djo Munga Viva Riva! (2010), otra película que se benefició de los recursos internacionales de coproducción (Congo, Francia, Bélgica y Sudáfrica, financiado por Canal Plus y Belgium’s Film Fund). Seguiremos la pista de cerca a Donald Mugisha y a su colectivo esperando que nuevas coproducciones panafricanas lleguen a los festivales internacionales.

Veve: Amor, corrupción y drogas en una Kenia contemporánea

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

La actual Kenia rompía aguas un 12 de diciembre de 1963 para aparecer ante el mundo como una nueva nación. Los aires nacionalistas del primer presidente de la nación, Johomo Keniatta, intentaban hacer ver que en el territorio todas las pequeñas naciones como los kikuyus, masai, luos, akambas o pokots dejaban de serlo para sentirte simplemente kenianos. Qué osadía. Hoy día, el país con unos 40 millones de personas (el 67% de la población vive en zonas rurales) mantiene sus 42 comunidades étnicas de forma oficial con muchos de los problemas provocados por el proceso de independencia que todavía continúan sin solucionarse.

La capital keniana es a su vez el punto neurálgico para apuestas de futuros, desengaños y especulaciones en el África del Este. Nairobi es tierra de aguas y es tierra de oportunidades: de esperanzas y de un sistema que se muestra desgarrador en alguna que otra esquina; de miradas que enamoran y vuelcan energías; de una primavera descolocada que regala esencias y contratiempos; de lenguas locales que algún día fueron ‘nacionales’… Y este despropósito de emociones sirve como punto de partida para la película Veve (2014) del director Simon Mukali. Sin duda, la mejor película keniana después de Nairobi Half Life (2012), dirigida por David ‘Tosh’ Gitonga.

Aunque Mukali reconoce que su primera opción era ser arquitecto, para lo que estudió, reconoce que quedó enamorado del poder de la imagen a través de una cámara. “Cincuenta años después de la independencia de Kenia las estructuras de poder no parecen haber cambiado mucho. Quizás sí de manos pero en esencia, efectivamente no. Por eso esta película. Por eso ahora”, explica Mukali.

Veve es una inyección de realidad inmersa en un thriller coral en el que se presentan diferentes nacionalidades y diferentes propósitos. Uno de ellos es hablar del tráfico del khat o miraa (Veve), usado durante siglos en el Cuerno de África y con efectos similares a las anfetaminas, y comercializado sobre todo en uno de los barrios más vivos de la capital: Eastlight. “Precisamente viví allí durante 4 años de mi vida y fue el primer acercamiento a la realidad somalí en Kenia”. Este barrio de Nairobi, a tan sólo 20 minutos en bus desde el centro, es una ciudad de 24 horas, los siete días de la semana: tanto si quieres café o miraa somalí; alcohol de fabricación local o sexo barato; ropa de importación o productos electrónicos de origen asiático. En el par de carreteras asfaltadas, en el barro dominante tras la época de lluvias, entre casas de chapa, callejones de tierra o centros comerciales y hoteles, Eastleigh siempre vibra y se mueve en multitud de direcciones.

“En Kenia nunca antes se había hablado del tráfico de Miraa, quizás el foco de los medios y de la industria del cine tanto local como internacional se había centrado en otros asuntos. Esta es una historia fresca. Y lo más importante a destacar es que tenemos muchas historias en Kenia, en África pero nos centramos en los mismos aspectos de siempre”.

Pero el miraa es sólo un pretexto para Mukali y la guionista de la película, Natasha Likimani. La corrupción política, los juegos de poder (con una dosis de sexo) y los efectos de una mala gestión de la economía nacional ponen los puntos sobre las íes a esta emocionante película con una fotografía bien cuidada. “En Kenia, de hecho, la reacción del público y de los medios fue fantástica. ¿Sabes por qué? Principalmente porque el foco no es en Nairobi, sino en la zona rural. De esta forma mostrábamos una Kenia diferente a la que estamos acostumbrados”, subraya el director keniano.

Simon Mukali, director de Veve (2014).

Simon Mukali, director de Veve (2014).

La película se centra en las montañas de Mauá, tierra meru, al norte de Kenia, alejados del cemento que escala metros en vertical en Nairobi, donde crece el veve en un negocio que genera millones e kenian shillings cada día. Allí, Amos, un político local sin escrúpulos, quiere convertirse en el gobernador para las próximas elecciones. Él, proveedor clave para la exportación del veve, comparte su plan con su mano derecha Sammy, quién además afronta el duelo de haber perdido a su mujer y de intentar reconducir a su rebelde hijo Kago que esnifa pegamento. “A Sammy, interpretado por Conrad Makeni, lo descubrimos en los últimos días del cásting y fue una verdadera sorpresa. Su papel es fundamental y ha aportado realismo y dicotomía entre la vida real, con problemas relativamente normales en la zona rural, y la corrupción política”.

La trama comienza cuando Kenzo, un ex convicto amargado, busca venganza por la caza del hombre que mató a su padre: Amos. Con la ayuda de su amigo Julius, recién salido de la prisión, planearán atentar contra Amos y contra sus intereses. Pero la comunidad keniana de origen somalí residente en Nairobi, así como la propia mujer de Amos, y los agricultores de Mauá se verán implicados en un thriller que mezcla el amor, la corrupción, la resignación y la esperanza.

Imagen del cartel de Veve.

Imagen del cartel de Veve.

Pero tanto el director como la guionista reparten para todos. Aunque con un papel muy breve, el personaje de Clint (el único bñanco de la película), interpretado por el actor Adam Peevers, subraya también la responsabilidad de los occidentales que van a trabajar a Kenia y, por extensión, lo hacen en África. En la película, Clint representa a un joven aspirante a director de documentales que pretende dar solución a los problemas locales bajo su cuenta y riesgo. Evidentemente, las consecuencias son desastrosas. “Generalmente son muchos los expatriados que cuando viene aquí dicen lo que está bien o mal sin pensar en la repercusión de sus acciones. Por eso en Veve pretendemos que personas con este tipo de perfil reflexionen y sean conscientes antes de actuar ante cualquier situación ajena a su cultura”.

Veve representa una magnífica carta de presentación para Simon Mukali que ya se encuentra trabajando en su siguiente largometraje. “Mi próxima película estará basada entre Ruanda y Kenia y se centrará en el genocidio. Mi historia es sobre una ruandesa que se exilia en Kenia después de la tragedia ruandesa y descubre años después que su madre está viva”. Esperaremos con emoción que su trabajo esté pronto en la gran pantalla.

 

Talento masái: moda y ecodiseño para un desarrollo sostenible

 

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Mujeres de OMWA esbozando ideas ideas para la colección

Hace un año Esther Mpuyuk cogía un lápiz entre carcajadas. Era la primera vez que ella y otras 35 mujeres masái usaban uno, ya que nunca habían ido a la escuela. Un año después, sus diseños han sido presentados en las Fashion Week de París y de Nueva York. Este sorprendente salto se debe a la colaboración entre la cooperativa de mujeres OMWA de Kenia, a la que pertenece Esther, e Idia’Dega una marca basada en Nueva York y dirigida por Tereneh Mosley. La primera colección que surge de la iniciativa, The Tomon, empezó a tomar forma en Olorgesailie (Kenia) a finales de 2013.

Situado al sur del Valle del Rift, Olorgesailie es una región de gran interés cultural, en parte por los esfuerzos de los propios masái por conservar su entorno y su patrimonio, y también de un gran interés arqueológico debido a los hallazgos sobre evolución humana encontrados en el territorio. A pesar de ello, su población se enfrenta a graves problemas relacionados con el cambio climático, como la sequía, que afecta directamente a estas comunidades semi-nómadas en las que el ganado es el principal modo de subsistencia. La ya histórica pero incesante desposesión de tierras tanto en Kenia como en Tanzania, la creciente dependencia de la economía de mercado y la falta de acceso a recursos básicos, son algunos de los problemas que hacen más difícil la vida en lugares como Olorgesailie:

“La comunidad es muy rural y muy pobre. (…) Viven en manyattas o chozas que construyen las mujeres y que están hechas con ramas de árbol, barro y estiércol. No hay electricidad ni agua corriente. Las mujeres pasan una buena parte de su día en la recolección de agua y la seguridad alimentaria es también un problema para sus familias. (…) La educación es un gran problema ya que no hay educación pública y las familias a menudo tienen que decidir en qué niño o niños van a ‘invertir’. Así que las niñas suelen ser las últimas seleccionadas para ir a la escuela. La mayoría no lo hacen. Por ejemplo en el caso de las mujeres de OMWA, sólo una habla inglés aunque en Kenia es el idioma oficial (la lengua nacional es el swahili). Y cuando llegó el momento de esbozar diseños para la coomwa-idiadega-5lección, la mayoría de las mujeres comenzaron a reír cuando les di los lápices. Porque la mayoría de ellas no había cogido un lápiz en toda su vida.”, relata para Wiriko Tereneh Mosley, diseñadora y directora de Idia’Dega.

La cooperativa de artesanas masái de Olorgesailie (OMWA) está formada por 36 mujeres que apoyan el desarrollo económico de la zona a través de sus actividades. OMWA a su vez forma parte de una estructura más grande, SORALO (The South Rift Association of Land Owners), una organización de base comprometida con la conservación social, cultural y medioambiental de los masái y de sus tierras en Kenia. Esta tarea la llevan a cabo a través de varios proyectos que pasan por impulsar un turismo responsable y sostenible que genere ingresos en la comunidad. Una de las formas que tienen las mujeres de generar ingresos es la venta de sus creaciones a los visitantes, aunque la poca afluencia turística de la zona, complica su subsistencia y la de sus familias.

‘The Tomon’: moda global para el desarrollo local

“Globalización para bien” apostilla Mosley cuando habla de cómo podría repercutir la industria de la moda de forma positiva a nivel local: “Creo que la fuente de inspiración debe recibir algunos beneficios de todo esto. Especialmente grupos como los masái, que ven su nombre por todo el mundo en la venta de productos y no obtienen nada de nada”. Mosley decidió dedicarse al mundo de la moda y especializarse en ornamentación indígena a partir de 2004, motivada por su propia herencia multicultural. Años después y tras realizar una estancia en el sudeste asiático, decidió explorar la posibilidad de poner en marcha un proyecto relacionado con su pasión, la moda, por lo que a finales de 2013 aterrizó en Kenia.

Tras llegar a Olorgesailie y durante varias semanas compartiendo tiempos y espacios con las mujeres de OMWA, se planteó en el grupo la idea de crear una colección conjunta, que tuviese visibilidad a nivel internacional. La diseñadora cuenta cómo fue el inicio de la andadura: “Cuando el proyecto fue presentado creo que pensaban, o que yo estaba a punto de comprar un montón de abalorios que ya tenían, o de decirles qué diseñar. Les dije que íbamos a trabajar juntas y diseñar juntas, lo cual les parecía gracioso. Pero les mostré imágenes de diseños de Europa y América y de desfiles de moda y exclamaban ‘¡Masái!’. No tenían idea de que en París se vestían así o que algunos diseños invocaban sus elementos. Así que cuando vieron eso dijeron ‘¡Oh! ¡Nosotras podemos hacer eso!’. Así fue como ocurrió”.

‘Fuerza creativa, no mano de obra’ es la filosofía de la que parte colaboración entre las mujeres masái de la cooperativa OMWA de Kenia y la firma de moda norteamericana Idia’Dega, para crear una colección con patrones occidentales y ornamentación masái.

Manos a la obra empezaron a crear: “Dibujamos, dibujamos y dibujamos. Lo máximo que yo hacía era proponer los esbozos de los diseños. Por ejemplo, un vestido o un zapato y luego explorar con ellas el rol que jugaban los abalorios. Pero también quería ir más allá: cómo llevan sus tejidos drapeados, la asimetría, el color y las capas. Todos ellos detalles y elementos que añadiría a las aportaciones de OMWA. Los diseños salieron adelante porque trabajamos juntas”, cuenta la directora creativa del proyecto.

En este sentido Mosley remarca una diferencia importante con respecto a otras iniciativas similares: “Idia’Dega y OMWA han co-diseñado la colección entera, diferencia importante con respecto a proyectos similares que a menudo tienen el diseño preparado de antemano. En este proyecto la diseñadora americana, yo, he co-diseñado con las mujeres masái de OMWA. OMWA es también el primer beneficiario económico. Cobran por los diseños, por los trabajos que realizan con los abalorios, así como el 50% de todas las ventas.”.

Los beneficios económicos permiten a las mujeres hacer frente a problemas relacionados con el acceso al agua, mejora de sus hogares, seguridad alimentaria y educación, por lo que la repercusión en la comunidad es clara. Pero además, Mosley se refiere a otro tipo de impactos positivos: “El beneficio es un empoderamiento económico, social, cultural y ambiental. El objetivo es proporcionar una fuente de ingresos basada en el talento indígena de las mujeres de la comunidad. Para mostrar el valor de lo que hacen a nivel local, nacional y mundial ya que con demasiada frecuencia la globalización devalúa el valor de las comunidades indígenas, particularmente de las mujeres. La idea es cambiar eso, dándoles una voz en un mercado global como fabricantes, productoras, diseñadoras y proveedoras. Ello mediante la creación de productos sostenibles que sirven como modelos de cómo las cosas deben de ser en el siglo XXI. A través del empoderamiento de las mujeres, los beneficios se basan en el modelo ‘Half The Sky’. Un rol aumentado en el futuro de la comunidad en todas las áreas: económica, social, cultural y ambiental. Mantener a la mitad de la población mundial pobre, sin voz y sin educación no es sostenible. A medida que los masái luchen por su existencia, las mujeres van a tener que jugar un papel junto a los hombres”.

La colección “The Tomon” significa “diez” en lengua maa y está basada en los principios del ecodiseño —o diseño sostenible—, que consiste en la incorporación de criterios ambientales y sociales en su proceso. Está compuesta por diez prendas y complementos para hombre y mujer, tanto informales como elegantes y está realizada con materiales locales, reciclados y orgánicos. Después del exitoso arranque de la colaboración ¿cuál es el plan? “Continuar” asegura Mosley: “Planeo volver a Kenia en los próximos dos meses para diseñar la siguiente colección y crear algunas piezas de ésta. OMWA es nuestro primer socio y espero que sea una colaboración que dure para siempre y sea la fundación de futuras colaboraciones con comunidades indígenas de todo el mundo”.

 

 

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro, el 9 de diciembre de 2014.

 

 

La Kenia de polvo y silencios de Yvonne Adhiambo Owuor

Yvonne Adhiambo Owuor. Fuente: Kwani Trust

Yvonne Adhiambo Owuor. Fuente: Kwani Trust

Como ocurre en otra muchas ocasiones el Caine Prize alzó su nombre a los titulares y le abrió numerosas puertas, se trata de la escritora keniana Yvonne Adhiambo Owour. Sin embargo, lo más sorprendente es que no se puede considerar que Owuor haya aprovechado el tirón del galardón. Se lo ha tomado con calma. Recibió el reconocimiento en 2003, pero no ha publicado su primera novela hasta once años después.

A principios de 2014, la escritora keniana sorprendió con el lanzamiento de Dust (“Polvo”), e inmediatamente los principales medios internacionales empezaron a considerarla una de las voces contemporáneas de la literatura keniana. Dust ha enamorado a los críticos de medio mundo con un estilo aparentemente anárquico, pero que termina siendo revelador.

Dust es un arriesgado ejercicio, con un enfoque igualmente osado. El punto de partida es la violencia postelectoral de 2007 y el desarrollo conduce a través de la trayectoria de inestabilidad, revueltas y violencia del país, desde los levantamientos mau-mau hasta las purgas de finales de los setenta. Pero el recorrido histórico no es, ni mucho menos, el elemento fundamental, el relato es sobre todo humano, casi íntimo y, al mismo tiempo un análisis social.

Ajany es el personaje central de esta novela, se trata de una artista keniana instalada en Brasil que regresa al país para enterrar a su hermano Odidi, asesinado durante los enfrentamientos que siguieron a la confusión postelectoral de 2007. Las preguntas y la búsqueda suceden naturalmente al dolor, como una manera de encontrar la explicación del drama. Sin embargo, las pesquisas de Ajany ponen al descubierto los episodios de una historia familiar que habían sido enterrados, silenciados, pero no olvidados.

De manera simbólica en la novela se puede leer que los idiomas oficiales de Kenia son “el inglés, el kikuyu y el silencio”, unos silencios que han construído el precario equilibrio del país. Aunque no es una reflexión política, Dust, consigue entrelazar esta trayectoria con la influencia que ejerce en las vidas de los protagonistas y pone de manifiesto con ese deber de silencio ha impactado en las vidas cotidianas de las familias kenianas. En una entrevista al magacín Guernica, Owuor confesaba: “Supongo que estaba buscando una familia que fuese un microcosmos de la disfunción de la familia nacional”. De la misma manera y, a pesar de que la novela se mueve en el ámbito de esa búsqueda de respuestas desesperada, Owuor considera que se trata de una búsqueda de resurrección, de reconstrucción y que, por ello, es una obra “inpenitentemente” optimista.

La historia de Ajany se entrelaza con la de Hugh, un británico que busca en el país africano las huellas de su padre, miembro de la administrador colonial. De esta manera, Owuor mezcla la vida y la muerte, la política y la familia, la pasión, el amor y la búsqueda existencial.

dustLa emergencia de Yvonne Adhiambo Owuor como narradora resultó sorprendente en 2003, cuando ganó el Caine Prize con el relato “Weight of Whispers”, que había sido publicado en la editorial independiente keniana Kwani?. Durante once años, la autora ha seguido publicando algunos relatos cortos, pero la publicación de Dust, primero en Kwani? y después en editoriales estadounidenses y británicas, ha resultado todavía más impactante. Ha conseguido el favor de los críticos de grandes medios desde el New York Times hasta el Washington Post. Se ha valorado un estilo narrativo casi caótico que se mueve por la historia sin seguir un recorrido lineal y que exige una atención extrema por parte del lector, que ha llevado a Taiye Selasi en el diario neoyorquino a advertir a los “lectores perezosos”.

De la misma manera se ha elogiado la capacidad para crear imágenes con el lenguaje y para transmitir a través de la descripción (pero no sólo en el significado de las palabras, sino también en el ritmo) el paisaje y el clima árido y abrupto en el que se desarrolla la historia.

Otros, sin embargo, han criticado este estilo. Para los críticos de NPR Books, la autora se para demasiado en describir los sueños y las preocupaciones, incluso, de personajes secundarios y con apariciones anecdóticas. Para los de Think Africa Press, la intención de introducir los cinco sentidos en las descripciones, la prosa poética de Owuor y la voluntad de explorar el interior, las motivaciones de los personajes, acaban entorpeciendo la propia narración.

En todo caso, y más allá de algunas preferencias personales, Yvonne Adhiambo Owuor tiene varios méritos. En primer lugar, haber construido un estilo y una voz muy personal; en segundo lugar, producir una historia tremendamente trabajada, tanto en lo temático como en lo estilístico; por otro lado, abordar un tema tan espinoso como el efecto de los silencios que permiten avanzar pero no garantizan la tranquilidad y hacerlo con un enfoque valiente; y, por último, haber llamado la atención de la prensa internacional sobre una autora africana.

Feria de Arte de Kenia, lanzadera para el talento nacional

Bicicleta a partir de materiales reciclados, de Cyrus Kabiru. Foto cedida por la Kenia Art Fair.

Bicicleta a partir de materiales reciclados, de Cyrus Kabiru. Foto cedida por la Kenia Art Fair.

Artistas como Michael Soi o Cyrus Kabiru han puesto el nombre de Kenia en el panorama mundial de las artes visuales. Sin embargo, el país está experimentando un deslumbrante auge de la creatividad junto a los esfuerzos de múltiples emprendedores locales. La primera Feria de Arte de Kenia es una prueba de que esta nación del África del Este tiene que estar en el ojo de mira de cualquier amante del arte africano.

Mientras que el rico y variado paisaje del arte africano goza de eventos gloriosos dentro del continente como el Dak’art en África Occidental o la Feria de Arte de Johannesburgo en el África austral, el Este de África emerge dentro de la escena continental como un  gigante artístico en sí mismo. Después del nacimiento de la Bienal de Arte de Kampala, en Uganda, y la segunda y exitosa Subasta de arte del Círculo de Arte de Nairobi, 2014 podía haber cerrado la agenda artística casi convencido de que había logrado un enorme éxito impulsando las artes visuales de la región. Sin embargo, 2014 todavía tenía una traca final guardada para los amantes de las artes visuales de África.

Durante cuatro días, la Sala de Exposiciones del Centro Sarit, en el barrio nairobense de Westlands, ha sido el epicentro de la primera y vibrante Feria de Arte de Kenia. Apodada, Kenia Art Fair, el emocionante encuentro se celebró del 6 al 9 de noviembre reuniendo artistas, galeristas, coleccionistas, amantes del arte y curiosos, que han plantado las semillas para promover el arte made in Kenia.

Organizado por Kuona Trust y patrocinado por el centro Go Down Arts, Pawa 254 o el conglomerado de medios kenianos Nation Media Group, la primera Feria de Arte de Kenia ha reunido personalidades de gran relevancia en la escena artística nacional para debatir sobre el estado de las artes en el país y construir mayor cohesión entre las distintas iniciativas y propuestas a través de diferentes charlas de gran interés para el panorama de las artes visuales locales.

Algunos de los participantes fueron: Abdi Rashid Jibril de Arterial Network, Danda Jaroljmek de la Agencia Circle Art, Elisabeth Nasubo del Ministerio de Cultura keniano, creadores como la artista y diva de la performance Ato Malinda o el dibujante y caricaturista Gado, quienes pusieron la carne en el asador en diferentes paneles de gran actualidad, como “el arte digital”, “el papel del gobierno de Kenia en el apoyo al sector de las artes visuales contemporáneas”, “dibujos animados y cómic”, “arte y emprendeduría” o “los retos de los artistas visuales”.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz - Wiriko.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz – Wiriko.

Con entrada libre y gratuita para todo el mundo, los organizadores estiman que más de 5.000 personas pasaron por la Feria durante los cuatro días en los que se celebró. Según lo expresado por la directora de Kuona Trust, Sylvia Gichia, incluso la Primera Dama keniana Margaret Kenyatta estuvo caminando por la feria de arte, cosa que muestra su apoyo a los creadores y a las iniciativas empresariales entorno al mundo del arte nacional.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz - Wiriko.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz – Wiriko.

Más allá de las salas de exposiciones, las conversaciones y debates han sido un espacio de intercambio y retroalimentación dialéctica gracias a la amplia participación de una audiencia muy interesada en el tema. A pocos momentos para el cierre, la “necesidad de unidad” como conclusión se solidificó como ideal colectivo. Pero los retos del sector siguen sin resolverse a pesar de la intensidad de los debates celebrados durante la Feria.

¿Cómo transferir el interés por el arte fuera del elitismo? ¿Qué nuevos modelos de distribución pueden beneficiar a aquellos artistas que no están representados en las agencias o galerías? Cómo utilizar las plataformas digitales para promover y vender arte a un precio justo para los artistas? ¿Están las iniciativas de arte kenianas suficientemente cohesionadas? Si se consigue crear una feria anual, ¿se deberían fomentar reuniones periódicas que permitiesen un más amplio desarrollo de la escena artística de Kenia?

Y a pesar de que las preguntas resten en el aire, las semillas para hacer crecer el universo de las artes visuales de Kenia están ya plantadas, y hasta el momento, el logro es que se han logrado situar en el mapa mundial del arte con mucho vigor.

Kenia parodia la ayuda humanitaria

Actores de la serie "The samaritans"

Actores de la serie “The samaritans”

* Artículo publicado en El país-Planeta Futuro

Cuestionar el gran aparato de la industria de la cooperación cuando en cada país, en cada ciudad, en casi cada barrio, hay una ONG, fundación o asociación que trabaja en el sector de la ayuda internacional es siempre delicado. Y si se hace en clave de humor y desde una de las regiones que suele ser portada más por los proyectos occidentales que se desarrollan allí que por su noticias internas tiene, si cabe, más interés. A este lado las cosas parecen, pero no siempre son.

La serie de televisión The Samaritans creada por el keniano Hussein Kurji, de Xeinium Productions, denuncia precisamente ciertos absurdos del sector de la ayuda internacional. Esta comedia, que irónicamente se llama Los samaritanos, reflexiona de forma ácida sobre los peligros y placeres del mundo humanitario a través de la ONG Aid for Aid (Ayuda para la Ayuda) que en palabras de Kurji “es una ONG que no hace nada”. El equipo lo forman 45 personas y la mayoría son de Kenia.

En los dos capítulos producidos hasta ahora, los espectadores reconocerán algunos estereotipos en sus ocho actores, cosas como que el nuevo director viene desde el extranjero a “gestionar” la ONG sin conocimiento alguno sobre el terreno; que muchos de los trabajadores tienen carencia de ética en una organización que por bandera lleva el “ayudar a los demás”; o que la propia ONG no tiene “ningún propósito aparente”. En el capítulo piloto de la serie, el nuevo director local, Scott, que nunca ha trabajado en Kenia, se presenta a sus trabajadores con esta brillante introducción: “Muchos de ustedes se preguntarán por qué me han seleccionado para hacer el trabajo (…). Pero no soy tan inexperto como algunos podrían pensar, ya que he trabajado para la ONG de mi madre desde que tenía 6 años. Además tengo dos máster y unas prácticas”.

Su creador, Hussein Kurji, cuenta en esta entrevista cómo funciona esta comedia y las reacciones en el sector de la cooperación.

 

¿Cuál ha sido la reacción de la industria de la cooperación con la serie, de las ONG o de los trabajadores locales que trabajan en este sector?

La reacción ha sido realmente grande. En primer lugar, la gente se ha quedado impresionada con la calidad de la producción y la calidad de la serie en sí. Se sorprenden sobre todo de que sea un producto de Kenia ya que no se conoce mucho sobre la industria de la televisión en este país. En segundo lugar, creo que los que trabajan en este sector pueden sentirse identificados con algunos de los personajes, con sus estereotipos, y que la gente se puede reír (tal vez de sí mismos hasta cierto punto). Estamos contentos de que el público reconozca que es una obra de ficción creada para el entretenimiento pero también para la reflexión.

¿Qué opina de lemas como Salvar África?

Sin duda este lema es horrible y crea muchísima negatividad. Tal vez hace más daño que bien.

En este sentido, en otra entrevista afirmó que sabía que estaba criticando a una gran máquina pero que le gustaría que la gente hablase y pensase en qué contextos las obras de ayuda de las organizaciones se habían roto. ¿Cree que el diálogo ha comenzado?

Estamos teniendo una gran repercusión en la prensa de todo el mundo, los profesores están discutiendo esta serie en sus aulas, las entrevistas de televisión se centran en la eficacia de la ayuda… Yo diría que este diálogo ha comenzado.

¿Y cree que su serie servirá para promover algún tipo de reforma en las grandes ONG y a una mayor rendición de sus cuentas?

Es difícil de decir, pero si lo hace y es en positivo, será un cambio grande y fantástico.

Según las últimas estimaciones, en Kenia hay más de 4.000 organizaciones no gubernamentales… ¿Ha trabajado en alguna de ellas para inspirarse en la serie?

Mi inspiración viene de mi alrededor. La ayuda es un gran negocio aquí y como resultado llegas a conocer a muchas personas dentro de este sector. Las historias que a menudo suceden en Nairobi son la base de la serie y la esencia necesaria que he necesitado para madurar esta comedia.

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¿Por qué piensa que el género de la comedia es una forma adecuada para criticar estas cuestiones? ¿Y por qué ahora?

La risa es la mejor medicina. En última instancia, creamos una obra de ficción como una forma de entretenimiento y que ha sido nuestro principal objetivo todos los días. Sin embargo, sabíamos que el debate comenzaría. El humor es siempre una buena aproximación a las cuestiones sensibles, ya que hace que el tema sea más accesible y, tal vez, más fácil de digerir. No había ninguna razón particular sobre el momento en el que hemos creado esta serie… Quizás los elementos dentro de la industria del entretenimiento parecían acompañarnos y se encargaron de facilitarnos el crear un producto insólito. Y la única idea que tenía era realizar una comedia sobre una ONG que no hace nada.

De momento, han producido dos capítulos ¿Cuántos tienen pensados?

Si todo va bien, nuestro objetivo es crear cinco temporadas de The Samaritans, aunque podría haber más o podría haber menos… Todavía no estamos seguros. Los dos episodios grabados hasta ahora están disponibles para el alquiler en nuestro sitio web.

¿Y la financiación de la serie?

Todo el dinero que recaudamos se destina hacia la producción de futuros episodios, así que si alguien está interesado en saber más siempre puede ponerse en contacto con nosotros. Actualmente estamos en conversaciones con la sede de la ONU, aquí en Nairobi, para proyectarla en algún momento durante el mes de octubre o noviembre… De hecho, algunos clips se han mostrado en grandes cumbres internacionales con muchas risas.

¿En qué otros proyectos está trabajando ahora?

Actualmente, en varios. Otras dos comedias, un drama de época, una serie de televisión animada y un largometraje.

Más información en la web de la serie.

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Ecos de un Nobel comprometido

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o aparece como un escritor tan militante como íntegro, tan brillante como comprometido, tan perseguido (en su Kenia natal) como reconocido (internacionalmente). Ahora su nombre aparece en las quinielas como uno de los principales acreedores del Premio Nobel de Literatura, cuyo ganador está previsto que se haga público mañana. No son muchos los autores africanos que han recibido este galardón, aunque sí que ha habido ocasiones en las que algunos literatos del continente han muerto sin recibir este reconocimiento a pesar de las previsiones. El caso más conocido sin duda es el del recientemente fallecido Chinua Achebe, del que una de las cosas que más ha trascendido es que se convirtió en el eterno aspirante al galardón.

La trayectoria de Wa Thiong’o, sin embargo, está claramente marcada por su militancia. Se trata de uno de los rasgos fundamentales de su obra, pero también de su vida. Ambas han estado marcadas por el compromiso, pero también por las consecuencias de esa implicación. Algunas anécdotas alimentan el mito del escritor. Unos aseguran que el novelista, dramaturgo, periodista, cuentista y ensayista keniano escribió su quinta novela Caitaani mutharaba-Ini  (EL diablo en la cruz) en papel higiénico, mientras estaba encerrado en la prisión de máxima seguridad de Kamiti; otros, que lo hizo en los márgenes y entre las líneas de la Biblia que había en su celda. En todo caso, Ngũgĩ wa Thiong’o estaba encarcelado por denunciar las injusticias del sistema postcolonial, por acercarse a los desfavorecidos para convertirse en su voz ante las desigualdades y por hacer de sus obras un auténtico altavoz de la justicia social.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

A pesar de que en sus primeras obras, la descolonización y los abusos de los británicos en su Kenia natal es la principal preocupación del autor, Ngũgĩ wa Thiong’o mostró una envidiable coherencia cuando redirigió sus críticas a las nuevas castas postcoloniales, como las responsables de las desigualdades después de la independencia. El resultado fue que el autor fue perseguido y castigado sucesivamente por los dos primeros presidentes kenianos, primero Jomo Kenyatta y después Daniel Arap Moi. Fue bajo el régimen de este segundo cuando se vio obligado a exiliarse de manera casi definitiva. Intentaron ir cerrándole puertas, primeros las de las universidades, después de las de su país, e intentaron hacer lo mismo con las de su vida, pero como no lo consiguieron tampoco llegaron a silenciarle. El autor keniano ha seguido escribiendo y ha seguido siendo incómodo, además de los planes para asesinarlo y de los manejos diplomáticos para que no encontrase refugio, sus libros estuvieron proscritos durante décadas en Kenia. Él mismo no pudo regresar al país hasta 2004, veintidós años después de su partida, en una visita, con tintes traumáticos, a pesar de que su principal perseguidor ya no gobernaba.

Más allá de los argumentos de sus obras, el autor ha plasmado su compromiso en alguno de los rasgos de sus trabajos y, precisamente, las acciones en su contra, no han hecho sino afianzar sus convicciones. Su ingreso en prisión fue definitivo para que decidiese abandonar el inglés como lengua de sus obras literarias y pasó a escribir en kikuyu. Ya lo había hecho con sus obras teatrales que han sido su principal punto de encuentro con los desfavorecidos. Durante su época en Kenia, Wa Thiong’o ensayó fórmulas de creación de textos junto a los propios autores amateurs y alguno de los lugares en los que se representaron sus obras fueron arrasados (textualmente) por la dictadura.

Por lo que se refiere a sus ensayos, el aspirante al Nobel firmó, entre otros, Descolonizar la mente un título bien representativo de la postura del escritor que pretendía desde la propia independencia de su país valorizar la trayectoria literaria africana. Como medida simbólica durante su época universitaria keniana se había opuesto al nombre del departamento en el que se inscribía. Wa Thiong’o consideraba que Departamento de Inglés podía sustituirse por Departamento de Literatura y que este movimiento representaba un respeto por el continuo cultural que coloca a África en el centro, como punto de referencia respecto al resto.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Sin embargo, las quinielas que colocan al escritor keniano como uno de los mejor situados ante la presente edición del Premio Nobel de Literatura no juzgan su trayectoria militante. Desde su tercera novela en 1967 A Grain of Wheat, el escritor ha explorado modificaciones estilísticas, construyendo elaboradas líneas argumentales con puntos de vista diferentes. Además, en una de sus últimas obras, publicada en español como El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o se convirtió en uno de los abanderados del realismo mágico africano, un estilo que muestra la importancia del contacto entre el mundo visible y el invisible en el continente.  Además de esta última novela (después sólo ha publicado un ensayo y otro volumen de sus memorias) se han traducido al español Matigari, El diablo en la cruz y Un grano de trigo.

No deja de resultar curioso que la advertencia del posible reconocimiento del escritor keniano venga de las casas de apuestas británicas. El secretismo que envuelve el premio literario más reputado del mundo, cuyas nominaciones no se hacen públicas, se rompe en los mismo lugares en los que se apuesta por los eventos deportivos. Teniendo en cuenta que la carga comercial del premio no es ninguna sorpresa, quizá, si mañana el nombre de Ngũgĩ wa Thiong’o suena en Estocolmo, además del reconocimiento de la literatura africana, nos resulte más sencillo acceder a sus obras. En el peor de los casos, al menos, se hablará de este tremendo escritor, al que ya se ha colocado a la altura de figuras como la de Wole Soyinka o Chinua Achebe.