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Film Africa 2016: El lado más africano de Londres

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

El Film Africa de Londres cumple seis años de vida celebrando lo mejor del cine contemporáneo de toda África y su diáspora y Wiriko vuelve a ser medio oficial para acercaros uno de los festivales referentes en Europa. Desde este viernes 28 de octubre hasta el domingo 6 de noviembre la capital de Inglaterra mostrará una selección de 52 películas de 22 países africanos, así como estrenos propios del Reino Unido y Europa. En total, 11 han sido los lugares elegidos para que el público londinense pueda hacer suya una auténtica fiesta de las cinematografías africanas, entre ellas las ya míticas Hackney Picturehouse, Ritzy Brixton, BFI Southbank, ICA, Ciné Lumière, la British Library o la South London Gallery.

Hoy, hablar de las realidades africanas a través de la gran pantalla se hace más necesario que nunca porque desde esta mañana 60 autobuses están preparados para transportar a 3.000 inmigrantes a los centros de acogida repartidos por Francia. Al terminar la semana, el campamento que surgió hace 18 meses en las dunas de arena cerca del puerto de Calais y que ha sido el hogar de una población que huyó de las guerras y otras crisis desde Siria a Afganistán, de Eritrea a Etiopía, será despojado de vida. Vaciado. Destruido. La evacuación de al menos 6.486 personas –las organizaciones humanitarias estiman que son alrededor de 8.300– del denominado irónicamente “la jungla” es solo la punta del iceberg del problema. Mientras, al otro extremo del Canal de la Mancha, África y su diáspora se presentan de otra forma urgente.

El viernes subirá el telón el estreno de Kalushi: La historia de Solomon Mahlangu, el primer largometraje del director sudafricano Mandla Dube que narra la increíble historia de Mahlangu, un joven luchador por la libertad que jugó un papel clave en las revueltas estudiantiles de Soweto. La película se enmarca en la temática de esta edición 2016 a la que el Film Africa dedicará una especial atención durante sus 10 días de festival: los 40 años del levantamiento de Soweto a mediados de los años setenta. Este verano se repetían los análisis históricos de aquella mañana del 16 de junio de 1976 cuando la policía sudafricana abrió fuego contra los niños que se manifestaban en edad escolar en el municipio de Soweto. El motivo de la reivindicación era protestar contra la introducción obligatoria de estudiar en Afrikaans, el idioma de los colonos, un hecho que fue visto como una humillación más para los alumnos y alumnas que estudiaban hacinados en escuelas empobrecidas y sin recursos. El gobierno del apartheid en lugar de proporcionar una educación a la mayoría negra les obligaba a permanecer en el ostracismo. Nadie sabe exactamente cuántas personas murieron, aunque algunas estimaciones señalan unas cifras de entre 150 y 700 durante los meses de violencia siguientes. Una rebelión que derramó mucha sangre y que provocó la indignación mundial por la brutalidad de la policía, convirtiéndose en una imagen icónica de la lucha contra un sistema racista odiado.

La película que pondrá el broche final será Wùlu, el debut del director maliense Daouda Coulibaly. Un trabajo recién estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto, y que pone el foco en las disfunciones detrás del golpe de Estado de Malí en 2012. Ambos directores de apertura y cierre, así como el actor principal de Kalushi, el sudafricano Thabo Rametsi, estarán presentes en el festival.

A la luz del discurso desafiante alrededor de la migración hoy, Film Africa presenta Por qué estoy aquí: Historias de Migración. Reuniendo una colección de historias intensamente personales, esta sección explorará las complejidades de la migración moderna y la relación entre el yo y el lugar. Destacan A Stray, de Musa Syeed, una película contextualizada dentro de la gran comunidad de refugiados somalíes de Minneapolis; To the Forest of Clouds del director Robin Hunzinger quien registra sensiblemente el viaje de regreso de su familia a Costa de Marfil, el lugar de nacimiento de su esposa, utilizando el pasado para explorar si podemos realmente volver a casa cuando marchas; y el documental Shashamane de Giulia Amati, en el que con una fotografía excelsa analiza con suma delicadeza esta región de Etiopía que el emperador Halle Salassie reservó para todas las personas negras del mundo en 1948. Una historia sobre los que emigraron para vivir en la tierra de sus antepasados, un éxodo, en definitiva, que para algunos se ha convertido en un refugio, pero que para otros es una jaula sin escapatoria. Otro de los trabajos enmarcados en esta sección es Those who jump, un poderoso vuelo sobre la valla de España y Marruecos filmado por el refugiado maliense Mali Abou Bakar Sidibé.

En esta edición habrá un espacio para la industria de Nigeria, Nollywood, con las últimas obras de tres de los directores más populares, incluyendo a Kunle Afolayan con CEO, The Arbitration de Femi Odugbemi, y Gidi Blues – A Lagos love history, de Niyi Akinmolayan.

En la sección Sonidos del Continente se presentarán tres documentales. El primero de ellos es el pre-estreno de Mali Blues, donde algunos de los músicos más destacados del país, incluyendo la estrella Fatoumata Diawara, discuten su arte y la amenaza a la que se enfrentaron por parte de los extremistas islámicos que tomaron las regiones del norte en 2012. La Revolución no será transmitida se mete bajo la piel del movimiento de resistencia política de jóvenes senegaleses Y’en a marre y, siguiendo esta proyección en el cine Ritzy en el barrio de Brixton, el cantante de hip-hop Keur Gui y su grupo se presentarán en vivo por primera vez en el Reino Unido. La tercera y última propuesta es Roaring Abyss, un documental que explora las diferentes tradicionales musicales en Etiopía.

En el programa de este año se incluyen tres películas recientemente presentadas en Toronto: el estreno en el Reino Unido de la ópera prima de Mbithi Masya, Kati Kati, una fantasía poética que ofrece un reflejo oscuro en la expiación personal a la sombra del pasado violento de Kenia en 2007-2008. Esta película fue distinguida por el premio FIPRESCI del jurado en Toronto, quien describió a su director Masya como “una emocionante y nueva voz única en el cine”; el primer largometraje de ficción de Rahmatou Keïta, The wedding Ring, en el que da voz a las mujeres jóvenes de la población saheliana de Níger que cuestionan las ideas de amor antiguas en un mundo cada vez más moderno; además, se presentará el documental Hissène Habré, una tragedia chadiana de uno de los realizadores africanos más importantes hoy en día, Mahamat-Saleh Haroun (Un hombre que grita, 2010).

Otros películas seleccionadas que plantearán una clara reflexión en la audiencia londinense son: A United Kingdom (2016), de la directora Amma Asante. Basada en el libro Barra de colores de Susan Williams y con un guión de Guy Hibbert, Asante explica la historia simplificada de amor entre Seretse Khama (David Oyelowo), quien era príncipe de Bechuanalandia (y más tarde se convertiría en el primer presidente de Botsuana) y su novia blanca Ruth Williams (Rosemund Pike) de quien ya hemos hablado en Wiriko; Dreamstates, que cuenta la historia inquietante de dos almas descarriadas (Saul Williams and Anisia Uzeyman) quienes descubren su amor el uno al otro mientras gira por los EE.UU. con algunas de las figuras más cruciales de movimiento Afro-Punk; el documental del director Miguel Ángel Rosales Gurumbé del cual hablaremos muy pronto en esta sección y que presenta un reto: cuestionar cómo se ha presentado la historia de los negros esclavos en Andalucía, concretamente en Sevilla, y la influencia de la mezcla cultural entre África y el sur de España en la conformación de un estilo tan mestizo como el flamenco; no queremos dejar pasar la oportunidad para destacar otro trabajo documental, en concreto el de Jonny von Wallström con The Pearl of Africa, la inspiradora historia de la transgénero ugandesa Cleopatra Kambugu y su pareja Nelson, viviendo una historia de amor tierna y juguetona en un contexto de inmensa persecución transfóbica en su tierra natal. También en Uganda y sobre el colectivo LGTBI hemos hablado con God loves Uganda.

El programa de cortometraje de este año abrirá con 12 trabajos procedentes de siete países africanos y que competirán por el 6º Premio Baobab al mejor cortometraje, con el apoyo de MOFILM y juzgados por un panel de expertos de la industria. Por otro lado, el premio al Mejor Largometraje del público en el Film Africa volverá a ser responsabilidad, en su segundo año, de las opiniones del público del festival. Durante los diez días de festival Wiriko será medio oficial así que estaremos en Londres contando de primera mano otras citas indispensables como El Foro de la Industria o el Día de la Familia.

Más información sobre el Film Africa, aquí.

Historias (completas) de nuestras vidas

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Existe la opción de evitar. Aunque también la opción de la negación supone una batalla interna que se sostiene entre el ego y las construcciones sociales y culturales y, generalmente, suele ganar la segunda. De manera que, la negación camina por un estadio abarrotado de ignorancia que se desintegra en soledad y rencor. La opción de evitar, lejos de enfrentar la realidad, deja el encuentro para más adelante con una empresa cargada de prejuicios y, sobre todo, ¿miedos? ¿A qué? ¿A ser lo que otros mantienen que es lo “natural”? El director Jim Chuchu y su colectivo de artistas The Nest (el nido) optaron por la vía del sentido común: grabar diversas historias que reflejaran la realidad del LGTBI en Kenia. La voz, a sus protagonistas.

Historias de nuestras vidas, 2015 (Stories of our lives) es una mezcolanza de crónica periodística, protesta política y una arquitectura visual premeditada y preciosista. Una antología de cinco minidramas sobre el colectivo LGTBI en Nairobi, y la zona rural. La provocación del grupo de artistas tuvo consecuencias severas en muchos de sus miembros que, a día de hoy, prefieren ocultar su identidad para evitar una posible persecución bajo las leyes draconianas y anti homosexuales de Kenia. El productor ejecutivo del proyecto George Gachara llegó a ser detenido brevemente durante la filmación en 2014.

Historias de nuestras vidas sigue estando prohibida en Kenia, a pesar de recoger elogios y premios en diversos festivales internacionales, uno de los últimos fue el del Festival de cine africano celebrado en Londres (Film Africa) el pasado noviembre. Los cinco dramas, lejos de reducirse a historias íntimas, aportan un contexto político más amplio al incluir fragmentos de imágenes de noticias reales. En 2012, un obispo anglicano en Mombasa arengaba a los medios subrayando que los homosexuales y lesbianas eran una amenaza mayor que los terroristas. Otro fogonazo es la noticia de que en 2014 hubo un intento de aprobar una ley en la que las personas LGTBI podían ser lapidadas. Fracasó. Pero hoy, las relaciones del mismo sexo siguen siendo un delito con pena de prisión.

Teniendo en cuenta este contexto, se podría haber esperado que el trabajo del joven director Jim Chuchu fuera una película cargada de mensajes de aversión, píldoras ácidas o, al menos, 60 minutos de defensa explícita del colectivo LGTBI. Pero no es así. Con una sola cámara digital a lo largo de varios meses, y con un aspecto monocromático luminoso y pulido hábilmente en el proceso de edición, Chuchu desafía a todos con su presupuesto de 15.000 dólares. La música, compuesta por el propio director, es ambiental y sensual. Y las historias no enfatizan en narrativas patologizadas por parte de las oenegés. En su lugar, durante una hora, la película cubre un amplio espectro de experiencias que caminan de la tragedia a la comedia, del amor no correspondido a la dicha romántica desafiante.

“Athman”. La historia de un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo. 

“Athman”. La historia de un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo.

Historias de nuestras vidas comenzó como un proyecto de documentación de estudios de casos reales que Chuchu y su equipo convirtieron luego en viñetas dramáticas comprimidas en más o menos 12 minutos. La más agridulce es la historia titulada “Athman”. Trata sobre un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo. Una confesión tensa de deseo reprimido que tiene un desenlace naturalizado: el desconcierto antes que la hostilidad. El capítulo más abiertamente sexual es “Duet”, acerca de un investigador keniano que en un viaje de negocios al Reino Unido tiene una cita en un hotel. Su encuentro en la habitación progresa desde una discusión cómicamente torpe de las diferencias culturales y raciales hasta desembocar en masajes eróticos.

Las categorías de orientación social e identificación de género producen discriminación en muchos países. Existen 118 estados que entienden como legal las relaciones no heterosexuales, es decir, un 60 por ciento de las Naciones Unidas. En el plano opuesto, encontraríamos a 78 estados que entienden que es ilegal; los criminalizan, y 37 de ellos, se encontrarían en África. Más allá de las causalidades y las respuestas desde el activismo Historias de nuestras vidas nos interpela en la gran pantalla con cinco historias diferentes, únicas y comunes. Historias de vidas. De seres semejantes. Historias sobre nosotros y nosotras.

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El relato más africano para fomentar la cultura

Jalada publica en 30 lenguas de África un relato de Ngũgĩ wa Thiong’o para alimentar el orgullo de los africanos por sus culturas

Portada de la obra traducida al inglés. Jalada

Portada de la obra traducida al inglés. Jalada

El relato más africano es “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”. Se trata de una historia del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o. No es el relato más africano en el enfoque erróneo que tanto se ha criticado del continente como una única entidad. Al contrario. Es el relato más africano porque celebra la diversidad cultural de la región situada al sur del Sahara. “Revolución vertical: o por qué los humanos caminan de pie”, que es la traducción del título, ha sido publicado simultáneamente en 32 lenguas africanas, incluyendo francés e inglés, por el colectivo panafricano de escritores Jalada, en un proyecto para fomentar las escritura en lenguas nacionales.

Resulta especialmente simbólico el colectivo de autores haya dado el primer paso en este proyecto con una historia de Ngũgĩ wa Thiong’o. El autor keniano se ha significado por haber abandonado la escritura en inglés y haberse centrado en la producción literaria en kikuyu, una las lenguas habladas en Kenia. El posicionamiento de Thiong’o es ideológico, aunque en algunas ocasiones el propio autor le haya quitado importancia con un enfoque práctico, al defender que escribía en la lengua que podían entender mejor el público al que más le interesaba llegar, las capas más populares de la sociedad. El mérito del novelista, ensayista y dramaturgo keniano es mayor, porque a pesar de haberse alejado del pensamiento más convencional y no haberse plegado a la industria editorial, en los últimos años su nombre no ha dejado de sonar como uno de los favoritos a conseguir el Nobel de Literatura.

Así Thiong’o accedió a colaborar en la iniciativa de Jalada y lo hizo, seguramente, de la manera más valiosa. Les ofreció “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato escrito originalmente, como no podía ser de otra manera en kikuyu, para que se convirtiese en el punto de partida de un proyecto para fomentar la producción literaria en lenguas africanas. El propio autor lo tradujo en inglés para el proyecto y, a partir de ahí, decenas de manos y de ojos comenzaron a dar forma a la recopilación Translation Issue: Volume 1. El resultado, 32 traducciones del mismo relato.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

Matatu: la cultura del transporte en Nairobi

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Marisol Rocha

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Tomar el transporte público en Nairobi es asistir a un espectáculo escénico y visual de alto nivel. En medio del tránsito de las calles de la capital keniana se abren paso los matatu, coloridos minibuses con capacidad para entre 14 y 33 pasajeros, cuyos interiores rebosan de decoraciones entre las que desatacan calcomanías llenas de methali (proverbio en suajili), equipados con bocinas de donde escapan los graves del hip hop, el reggae y el R&B que se sienten rebotar en el pecho. Elementos que hacen de este espacio móvil el eje de varios temas sociales, culturales y artísticos en Kenia.

Al centro de la cultura del matatu aparecen las figuras del conductor y el manamba a quien se le identifica por las acrobacias y el grito: “Beba, beba” (lleva, lleva lugares) cada vez que se llega a una parada, silbando y anunciando los destinos de viaje.

La industria del matatu comenzó en la década de los 50 como competencia directa al servicio de transporte representado por el KBS (Kenyan Bus Service) que tenía el monopolio de transporte de pasajeros desde principios de la década de 1930. Para ese tiempo los matatu eran propiedad de personas con un ingreso medio y los pasajeros literalmente pagaban tres centavos por viaje dentro de la ciudad. De hecho la palabra ma-tatu significa tres en suajili, la lengua oficial de Kenia.

Desde los 70 los matatu han sido indispensables para la economía de Nairobi. En un día normal un matatu hace nueve viajes de las áreas residenciales al centro de la ciudad, pues al menos el 70 por ciento de los residentes de la capital dependen de ellos para su traslado cotidiano. Se estima que al menos tres millones de personas se desplazan con este medio en todo Kenia cada día (Mutongi 2006).

En la novela de Ngugi wa Thiong´o “Devil on the cross”, el escritor retrata las condiciones y las dinámicas en torno a los matatu de ese época. Es en el matatu modelo Ford T “de los tiempos de Noé” propiedad de Mwaura que los personajes parten de Nairobi hacia la misteriosa Ilmorog, y es allí en donde los personajes se enamorarán y contarán sus vidas en el panorama de la Kenia posterior a la independencia.

“En la mañana, antes de arrancar, el matatu ofrecía a sus espectadores un espectáculo maravilloso. El motor comenzaba a rugir, luego tosía como si una pieza de metal se hubiera quedado atorada en su garganta, para después chirriar como si tuviese un ataque de asma. En ese momento Mwaura abría teatralmente la cubierta del motor picando aquí y allá, tocando este cable y ese otro, cerrando el capó de la misma forma espectacular antes de ponerse de nuevo al volante. Él presionaba muy suavemente el acelerador con su pie derecho y el motor comenzaba gruñir como si su barriga estuviera siendo masajeada”.[1]

Los matatu representan una ventana a muchas de las facetas políticas y socio-económicas del África contemporánea en temas relativos al comercio regional, economía informal, transición a la democracia y a las economías de libre mercado, junto con temas de clase y respetabilidad, cultura popular, globalización y la migración rural-urbana. Son espacios que han servido como sitios públicos donde se intercambian noticias de todo tipo y donde se despliegan las tendencias estéticas y artísticas urbanas del momento.

Existe además una relación directa entre la cultura urbana de los jóvenes y la cultura del matatu. La situación económica de los 90 empujó a jóvenes que tenían licenciatura a conducir los matatu para sostener vida y estudios convirtiéndose en novios deseables para muchas mujeres en Nairobi.

Los matatu como espacios de convivencia fueron adoptando notas de la cultura urbana en lo que se refiere a la música en himnos contemporáneos como “Kenyan Girl, Kenyan Boy” de Necessary Noize, en donde se celebra a los matatu como lugar de encuentro entre jóvenes.

Según Ephantus Karikui, coordinador de programas de SLUM-TV, actualmente los matatu tocan playlists específicos dependiendo de su ruta. Por ejemplo, en la ruta de Eastlands-Ghetto la música predilecta es el reggae y la música local, mientras otras rutas prefieren los temas de hip hop, y también dependiendo del horario (mañana o tarde) se sintonizan programas de radio que gozan de fama siendo las estaciones predilectas kiss fm , classic 105 y ghetto radio (se puede escuchar gratuitamente en una de las 3 radios del reproductor que alberga Wiriko en su página principal). Algunos matatu cuentan con wifi y pantallas para videos musicales, otros cuentan con canales de pago para programación internacional, en su mayoría para canales deportivos. En lo que respecta a las artes visuales, se ha desarrollado un grupo importante de artistas que se dedican a su decoración por medio del grafiti.

El documental producido por CCTV AFRICA: “Matatu my life, my art” pone a dialogar a nivel narrativo a un conductor de matatu y al artista visual Dennis Muraguri, quienes presentan su perspectiva sobre estos íconos de Nairobi.

Justamente el trabajo más reciente de Dennis Muraguri [2], titulado Matatu Games, de 2014, forma parte de un proyecto centrado en la cultura urbana del matatu en Nairobi. La primera parte de la exhibición consistió en un proyecto de arte público realizado en las calles de la capital con el objetivo de presentar el “arte callejero” como una forma de arte significativo. Muraguri se centró en los conductores y sus ayudantes conocidos como manamba para mostrar las audaces maniobras por las que son famosas estas figuras.

Acerca de esto Dennis explica lo siguiente: “Actualmente estoy trabajando en un conjunto de obras inspiradas en los matatu. Pues aparte de ser el medio más común de transporte, son vistos como iconos visuales y tanto su presencia constante como su modo de operar resulta intrigante. Como artista, este es un terreno fértil de material y entretenimiento a la vez que es un reflejo de la sociedad (keniana) en muchas formas”.

Con todo ello se perciben preocupaciones reales relacionadas con el mundo del matatu, entre ellas el número de muertes por accidentes de tránsito que involucran a estos. En 2007 Kenia tenía el lugar número 5 en accidentes de tránsito en África subsahariana; fenómeno no atribuible exclusivamente a los conductores sino a una multiplicidad de factores entre los que se encuentran los factores humanos (autos privados, motocicletas o boda boda junto con los pasajeros de los matatu), los del equipamiento del vehículo así como factores ambientales (Raynor y Mirzoev 2014).

Ante ello diversas campañas han sido tomadas por los medios de comunicación y las plataformas en línea en las que se promueve el uso del cinturón de seguridad entre los pasajeros y en general desarrollando la responsabilidad colectiva hacia la seguridad vial. Zusha¡ es un ejemplo en donde se usa la animación como medio de prevención de este tipo de accidentes.

[1] Ngugi wa Thiong´o. Devil on the cross. 1982. Heinemman Educational Publishers (African Writers Series).Oxford. Pp. 31 y 32.

[2] Los medios con los que trabaja el artista Dennis Muraguri (1980- ) son la escultura, la pintura, la instalación y la mezcla de ellos en combinaciones que atraviesan las fronteras tradicionales. Asistió al Buru Buru Institute of Fine Arts de Nairobi entre 2000 y 2003 obteniendo en la grado en Pintura e Historia del Arte.

Wiriko respalda al Udada: el primer festival de cine de mujeres en África del Este

 

Udada A escasas horas de la clausura del festival, la actividad de Matrid Nyagah es agotadora. Móvil en mano, tablet sobre la mesa donde corrobora que todo está preparado para la gala de clausura de esta noche en el Laico Regency Hotel de Nairobi (Kenia) y, mientras, con la mirada, advierte a la camarera que quiere un té de limón y jengibre. Ella sólo es una de las 3 directoras al frente del primer festival de cine hecho por mujeres de África del Este, de Kenia. Pero lleva la batuta de la organización junto a Labo Peter, manager del festival. Las otras dos caras visibles de Udada son Wanjiru Kinyanjui, sin duda, entre las mujeres más importantes en la industria de las artes y el cine en Kenia, y Naomi Mwaura, una defensora de los programas de empoderamiento para las mujeres en el país.

El evento cumple 2 años. En 2014 se lanzó como una muestra y este año (15-20 de octubre) se ha convertido en un festival con un sello propio y único en el continente junto al festival de Zimbabue International Images Film Festival for Women con quien se han asociado y cuya directora, Tsitsi Dangarembga, escritora y cineasta está estos días en Nairobi. Wiriko desde este año será medio oficial del evento.

¿Por qué el nombre de Udada?

Fue un proceso muy largo aunque sabíamos una cosa: que sería una palabra en kisuajili. Estamos asociados con la Fundación Akili Dada y así fue como surgió la idea de Udada. Udada significa hermandad y nos parece un concepto importante cuando estamos hablando de mujeres. Necesitamos unirnos para cambiar las estructuras de opresión a las que nos vemos sometidas.

Entonces Udada desea hacer una diferencia en el mundo en el que vivimos. ¿Crees que a través de un festival de cine se puede influir en el cambio?

Las películas son un reflejo de la realidad. Como festival, queremos ponernos de relieve y exponer los problemas, preocupaciones y perspectivas de las mujeres en las sociedades en las que viven. En nuestro festival proyectamos películas internacionales y pensamos que ofrecen al público una visión de otras culturas necesaria. El festival ofrece una excelente oportunidad para desafiar a las cineastas femeninas para contribuir con más películas y fomentar el intercambio de conocimientos sobre el patrimonio cultural de las diferentes comunidades a nivel internacional, mientras que creemos que ayudará en la promoción del diálogo intelectual y el respeto mutuo a través de las películas y el intercambio de conocimientos.

¿Cuál es tu opinión sobre la situación de las cineastas africanas hoy en día?

En primer lugar, creemos que las mujeres tienen muchas historias que contar. Pero a menudo las mujeres africanas no son vistas como si pudieran convertirse en cineastas, directoras, productoras o guionistas. Hablando desde mi propia experiencia, cuando le digo a la gente que soy un directora ¡no me creen! A menudo las personas piensan que las mujeres simplemente tenemos que ser las maquilladoras o las asistentes. Así que creo que tenemos camino por recorrer en general y que festivales como Udada pueden ayudar a trabajar en romper clichés machistas y patriarcales.

¿Cuántas solicitudes habéis reibido para esta segunda edición?

Pues mira, el año pasado recibimos 160 películas que querían participar de África pero también muchas de Europa. Este año… Más de 450 propuestas entre cortometrajes, documentales y largometrajes. Estamos muy contentas por la acogida.

Además de una gran variedad de películas, ¿qué más ha ofrecido Udada este año? 

Además de los pases de películas en la Allianza Francesa y en Pawa 254 hemos tenido foros de discusión y talleres de capacitación con expertos específicos. Quizás uno de los días claves ha sido el “Spanish Day” ya que la embajada de España en Nairobi nos ayuda económicamente. De esta manera, tuvimos 12 horas seguidas donde además de cine se pudieron exponer las obras de las artistas españolas Begoña Lund, Elísabet Cárdenas, Jimena Marcos, Patricia Esteve y Verónica Paradinas. Al final de la tarde  la actriz Virginia Urdiales representó “ImaginART”, una pequeña función de videomapping, una técnica artística nunca antes utilizada ni mostrada en África Oriental, que combina imágenes 3D con teatro.


¿Cuáles son tus esperanzas y deseos para los próximos años? 

Nuestro deseo es apoyar a las mujeres en el arte. Para los próximos meses estamos tratando de utilizar la marca Udada para crear diferentes encuentros culturales con el foco puesto en las mujeres: conciertos, literatura, pases de modelo… Así que esperamos que muy pronto este Festival y todas nuestras ideas se hagan más fuertes para convertir a este evento en una cita obligada no sólo en Kenia sino en la región.

 

Wiriko, tres años difundiendo culturas africanas

La asociación cultural Wiriko cumple tres años difundiendo las realidades artísticas y culturales del continente vecino a través de su magacín digital, ofreciendo formación específica, charlas y a través de una vertiente colaborativa con otros medios de difusión social y cultural que se complementa con su incipiente producción audiovisual.

 

WIRIKO 3 AÑOS

Barcelona, 1 de octubre de 2015. Durante los últimos tres años la asociación cultural Wiriko ha contado 590 historias de manifestaciones artísticas del continente africano. Son los artículos publicados en su magacín, la iniciativa con la que esta organización inició su andadura y la que se ha mantenido incesablemente durante sus tres años de vida. Estas historias, estos artículos han mostrado a los más de 250.000 internautas que se han asomado a su web que África es más variada, más diversa, más activa y más creativa de lo que habitualmente pensamos en Occidente.

El 2 de octubre de 2012, emergió Wiriko de la mano de un grupo de investigadores de las sociedades africanas especializados en disciplinas diferentes pero con una percepción común. La efervescencia de las manifestaciones culturales africanas no tenía espacio en los medios de comunicación convencionales y su difusión podía ayudar a cambiar la imagen negativa que los ciudadanos tienen del continente. La sociedad occidental se ha construido un imaginario concreto del continente africano a partir de la fotografía del hambre, la violencia, la pobreza o la enfermedad. ¿No debería completarse este repertorio con la diversidad de la música, el vibrante escenario de las artes plásticas, el vigor creciente del cine o la sólida literatura, que también se generan en África? ¿Por qué no salir del ostracismo del eurocentrismo y sumergirse al afrocentrismo imperante en el continente? Esa era la pregunta que se hacían los impulsores de Wiriko. Así, la asociación tomaba el nombre de una palabra derivada de las lenguas bantú, que en la isla de Cuba sigue viva con el significado de “estar despierto” o “mantener los ojos abiertos”.

En un primer momento, la asociación dedicó sus esfuerzos al Magacín, su proyecto más longevo y más visible. Pero paralelamente, Wiriko ha construido una interesante oferta formativa a través del Aula Wiriko, el Curso de Introducción a las artes y las culturas africanas, que han cursado más de noventa alumnos durante las tres ediciones que se han iniciado. Las actividades se han completado con la colaboración con otros medios de comunicación, exposiciones, charlas y sesiones formativas en cursos organizados por otras instituciones académicas. Colaborando también con otras iniciativas a través de la producción audiovisual, Wiriko se sumerge en el continente para un proyecto de documentación que verá la luz en 2016.

wiriko-web Los impulsores de la asociación no podían esperar el panorama que se han encontrado. Mientras la entidad crecía y se sumergía en una vibrante e insospechada comunidad, ha establecido alianzas con otros medios de comunicación españoles interesados por ofrecer una imagen más completa del continente y con otras organizaciones empeñadas en proyectar aspectos creativos de las sociedades africanas. Blogs, páginas web, medios e inquietudes individuales han podido ponerse en contacto y compartir sus esfuerzos, y con un pie en el continente -donde parte de su equipo se nutre y mezcla con creativos e iniciativas culturales africanas- y otro en España, Wiriko ha encontrado el apoyo y cooperación de agentes dispuestos a remar para informar con rigor sobre el panorama cultural africano. El “África no interesa” que resonaba en los oídos de los miembros de Wiriko cuando echaron a andar la iniciativa, se ha desmoronado. En realidad, la han desmoronado las más de 250.000 visitas que ha recibido la web de la asociación, los casi 9.000 seguidores de la página de Facebook o los más de 1.600 seguidores de Twitter. 

Esos apoyos son los que hacen que tres años después Wiriko continúe con una salud de hierro y con la energía necesaria para continuar proponiendo nuevas iniciativas y seguir manteniendo los ojos abiertos.

Y para celebrarlo, Wiriko presenta un vídeo promocional con sabor 100% africano: con la participación de la bailarina Agnes Kiunga, que forma parte del elenco de profesionales de Sarakasi Trust; el cantante y compositor Makadem; el grafitero Kerosh, implicado en la transformación social de los barrios más pobres de Nairobi a través del arte; y con la ayuda inestimable del realizador y animador keniano Wilburn Njuguna (Beak Creations). Y todo cocinado desde el centro de artistas Pawa 254, del que Wiriko es miembro desde finales de agosto de 2015. Así, el colectivo ha querido mostrar el dinamismo, la creatividad, el espíritu colaborativo y la originalidad del campo de las industrias creativas de África. Una vez más, celebrando y apoyando su carácter emprendedor y compartiendo la ilusión del equipo de seguir a pie del cañón por muchos años más.

Felicidades a todxs y gracias por hacer que Wiriko pueda seguir trabajando y creciendo.

Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

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Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

desde el continente!

Desafiando las leyes de la gravedad

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La acrobacia como herramienta contra la pobreza y la exclusión social aterriza en España

Son las siete de la mañana, hay 9 grados de temperatura en la calle y Samuel, Kelvin y Eric, de ocho y nueve años, deambulan en la entrada del centro comercial Junction, una de las mayores galerías de Nairobi. Vestidos con prendas sucias y rotas, arrastran un saco de rafia con el que recogen basura para revender con una mano, mientras con la otra sujetan una botella de plástico con la que esnifan cola. Según Unicef, en los barrios deprimidos de Kenya, los niños tienen más probabilidades de convertirse en adictos de esnifar pegamento que a graduarse en la escuela secundaria.

La vida de estos chicos no es una excepción en Kenia, donde el 42% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Las estadísticas apuntan que, tan solo en Nairobi, son más de 500.000 niños de la calle, y las cifras parecen no dejar de crecer. El desempleo en el país afecta mayormente a los jóvenes, y sobre todo, a los jóvenes de las zonas urbanas. Si bien el desempleo de jóvenes entre 15 y 25 años es del 20-25% en la zona rural, el desempleo en la ciudad se encontraría entre un 35 y un 60% según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

“En Nairobi la pobreza es un gran problema. Muchos jóvenes y niños viven en la calle, sin comida, sin refugio, comiendo de la basura. Muchos acaban convirtiéndose en ladrones y muriendo de un disparo de la policía. Algunos terminan contrayendo el VIH debido a la falta de educación y la espiral acaba siendo mortal”, reconoce Antony Mwangi, uno de los cinco jóvenes del grupo Afro Jungle Jeegs. Provenientes de diferentes barrios marginales de la capital keniana, los cinco jóvenes acróbatas que forman este grupo, observan la realidad de los necesitados del país con cierto optimismo, a pesar de la multitud de retos y problemáticas que afrontar.


Parte de un movimiento mucho más grande que engloba a docenas de acróbatas kenianos, este pequeño grupo de cinco artistas visita España este verano para llevar las acrobacia de gira en festivales y ferias. “Estamos de gira por Europa durante tres meses. Nuestro objetivo es poder dedicar el dinero que estamos recaudando a mejorar la escuela de acróbatas que tenemos en Jericho. Nuestra gira, en este sentido, es totalmente benéfica. Para generar un futuro mejor entre nuestros jóvenes y procurar educación a través de las artes circenses”, nos cuenta Bonface Sakwa, otro de los miembros de la joven banda de gira por España gracias a la productora Con Mucho Arte.

El barrio de Jericho, de donde provinen parte de los Afro Jungle Jeegs, no es una de las zonas más pobres pero si una de las más peligrosas de la ciudad. La falta de actividad económica y la pobreza endémica del vecindario hace que emerjan bandas de delincuentes juveniles que, como sucede en otros barrios como Kayole, Dandora o Buruburu, tienen a los vecinos aterrorizados. “Nos entristece muchísimo que se produzca tal violencia en nuestras comunidades. Cuando vemos a los chavales, tan jóvenes, dedicándose a este tipo de actividades, nos desesperamos. Es por eso que los llamamos a unirse a nosotros y a utilizar su talento y energía para paliar la pobreza y luchar por la paz”, confiesa David Kiarie, uno de los saltimbanquis de Afro jungle Jeegs, con ganas de generar nuevas dinámicas en sus barrios a través de las acrobacias.

528272766_9dea4eab80_b“Utilizamos la acrobacia como una herramienta poderosa para luchar contra la pobreza, la discriminación o el crimen, y así empoderamos a los jóvenes a través de la disciplina del gimnasio y el trabajo en equipo. Trabajar en equipo ayuda a dejarse de preocupar por uno mismo y empezar a dar importancia al grupo por encima del individuo”, subraya David.

Los Afro Jungle Jeegs no son el único grupo de acrobacias del país. La escuela Sarakasi, situada en el barrio de Ngara, en el centro de Nairobi, fue la primera escuela de circo, danza y acrobacias del África del Este. De allí salen la mayoría de profesores y profesionales del país, multiplicando las iniciativas y el impacto de las acrobacias en los barrios más desfavorecidos de la ciudad. “Con nosotros, todo comenzó cuando conocimos a un grupo de hombres que se dedicaban a las acrobacias, nos preguntaron si estábamos interesados en aprender y nos decidimos. Al principio nos daba mucho miedo, por las caídas y el daño que te puedes hacer. Pero nos dimos cuenta que no era tan difícil como pensábamos. Así que, en cuando vimos los beneficios físicos, mentales, económicos y sociales de nuestro trabajo, decidimos comprometer nuestras vidas con la acrobacia”, cuenta Nicholas Okoth, el cuarto miembro de los cinco acróbatas nairobenses.

Donde la vida pesa tanto como en Jericho, poner el centro de gravedad en la confianza hacia el equipo o la comunidad es la base para el equilibrio. “Nuestros entrenamientos son gratuitos. No cobramos nada para que todo el mundo pueda unirse a nosotros. La acrobacia es un movimiento social”, cuenta Ronald Onzere, quien junto a los compañeros de Afro Jungle Jeegs demuestra una profunda sensibilidad social. Y es que este grupo de kenianos no desean solamente hacer que las acrobacias se expandan entre los jóvenes, sino que pretenden generar puestos de trabajo y fomentar la inclusión social; y de paso, incubar esperanza y confianza tanto en los acróbatas como individuos como en la comunidad que los rodea.

La pérdida de confianza y autoestima en uno mismo, la carencia de habilidades sociales y la falta de capacidades desarrolladas para entrar en el mercado laboral, son algunas de las consecuencias que la pobreza acarrea entre los jóvenes de Kenya. La construcción de una escuela de acrobacias, en este contexto, no solamente pretende formar a profesionales, sino educar a parte de la sociedad y cultivar las semillas para el cambio social. Por eso, esta gira que lleva a los Afro Jungle Jeegs representa una oportunidad tanto para ellos, como para la comunidad de la que emergen.

“Durante esta gira vamos a asistir a un total de 17 eventos, en 4 países diferentes: España, Italia, Suiza y Alemania. Visitar diferentes comunidades europeas ya está siendo una de las mejores experiencias de nuestra vida. Porque llegamos a conocer a las nuevas realidades y culturas”, confiesa Antony. En esta gira, Zaragoza, Burutain (Pamplona), Bilbao o Viladecans (Barcelona), ya han podido disfrutar de su espectáculo de entretenimiento. Y la audiencia ibérica pudo acabar de degustar y hacer su aportación a la transformación social de los barrios menos favorecidos de Nairobi el pasado fin de semana. El sábado 18 de Julio estuvieron actuando en la Fira de Circ al Carrer de La Bisbal d’Empordà (Girona), para cerrar gira el 19 de Julio, en el Festival Pirineos Sur.

 

Colombia con los cines africanos

MUICA

Mayo es el mes de la herencia africana en Colombia y este año se han volcado en la idea de mostrar otras realidades, de intercambiar sentimientos y de vibrar en la butaca con la primera Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que se celebrará en Cartagena (6-18), Bogotá (21-24) y Cali (28-31). ¡Acción!

La muestra incluye una selección de 13 películas realizadas en 10 países del continente africano y premiadas internacionalmente.  Desde el documental hasta la animación y la ciencia ficción, la MUICA pone en primer plano el rico panorama de la realización cinematográfica en África, y abre una ventana a las narrativas audiovisuales de un continente heterogéneo y diverso, tanto en sus realidades sociales y culturales como en sus expresiones artísticas.

Beats of Antonov (2014), del director sudanés Hajooj Kuka –Los ritmos del Antonov, en español– premio al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT), Toronto o Luxor, nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Como escribía Alma Toranzo para Wiriko “no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos”.

Aya de Youpugón (2013), la película de animación basada en la serie de historietas de Margarite Abouet e ilustradas por Clément Oubriere, muestra un retrato nostálgico del barrio popular de Youpugón en la capital económica marfileña de Abiyán. Otra de las obras imprescindibles de esta muestra será sin duda Cuba, una odisea africana (2007), de la directora Jihan el-Tahri que muestra el papel que jugó Cuba en los procesos independentistas de varios países africanos y la relación que la isla caribeña tuvo con políticos revolucionarios como Lumumba (República Democrática del Congo), Agostiño Neto (Angola), Amílcar Cabral (Guinea Bissau) o Samora Machel (Mozambique).

En esta línea, el documental Lumumba, la muerte del profeta (1991), del director Raoul Peck, será una oportunidad para recordar la vida y leyenda de este líder que fue el primer Ministro del Congo independiente cuyo asesinato en 1961 fue una conspiración de la CIA y el gobierno belga, la antigua colonia.

Otros títulos inundarán de debate las salas como: Mama Goema, la música de Ciudad del Cabo en cinco movimientos (2011), Miners shot down (2014), las kenianas Nairobi Half Life (2012), Soul Boy (2010) o Pumzi (2009), la mozambicana Virgen Margarida (2013), el documental del director angolano Dom Pedro Tango Negro (2013) de la que hablamos ya, la senegalesa Tey (2011) o la marroquí Los perros son ellos (2013).

Las universidades serán las encargadas de transmitir estas exposiciones culturales a las personas interesadas, con el apoyo del Instituto Francés, Instituto Goethe, embajadas de Francia y España en Colombia y también el Festival de Cine Africano de Córdoba en España.

Además de los centros de educación superior, también se podrá ver en las salas de proyección como Cine Tonalá en Bogotá, La Tertulia en Cali y el Centro de Cooperación Española en la ciudad de Cartagena.

Sin duda, la creación de la MUICA es un nuevo esfuerzo de sus organizadores SUR por fortalecer el diálogo entre las naciones del sur global. Ya en el 2014 presentaron la primera Muestra de Cine Colombiano en Sudáfrica,  Visual Journeys to the Other South, por lo que sus objetivos siguen muy presentes y dando que hablar en su misión de fomentar la creación de públicos, la apertura de nuevos mercados en el sector cultural y contribuir a romper estereotipos que con frecuencia simplifican las problemáticas sociales de nuestros países. El mes afrocolombiano comienza con olor a cine.

De cabeza al DOADOA: mercado de artes escénicas del África del Este

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Los profesionales del sector de las artes escénicas del África del Este tienen una cita ineludible esta semana a los pies de las fuentes del Nilo. La ciudad ugandesa de Jinja será durante cuatro días, a partir del Miércoles 6 de mayo, el epicentro de los profesionales del sector creativo en lo que ya es la cuarta edición del mercado de Artes Escénicas del África Oriental: el DOADOA.

DOADOA, una palabra swahili que viene de la palabra DOA, que significa ‘lugar’, quiere significar “lo descubierto allí”. Y es que los artistas que asisten a este evento tienen un gran potencial de encontrar conciertos y ser conocidos y promovidos en toda la región. Una fantástica oportunidad para fortalecer el panorama actual que se desarrolla gracias a la colaboración entre los principales actores de la región: Bayimba Festival Internacional de las Artes de Uganda, el festival Sauti za Busara de Zanzíbar, Sawa Sawa Festival de Kenia, el KigaliUp de Ruanda, el Caravan Records de Tanzania, Ketebul Music y la Semana de la Música de Kenia y Selam y Jazzamba de Etiopía.

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Uno de los Workshops del DOADOA del año pasado. Imagen de Bwette Gilbert Daniel.

Durante los cuatro días de este encuentro se abordarán temas como los derechos de autor, el contenido de las nuevas creaciones, la movilidad de los artistas hacia Europa o el rol de las mujeres en los escenarios. Todo ello cuenta con un lujoso elenco de ponentes, críticos de música, productores, promotores, artistas y otros especialistas de la industria, que participarán en los diversos talleres y espacios donde se espera que el intercambio de experiencias abra nuevas vías de cooperación para impulsar el sector.

“A pesar de que gran parte de la audiencia sigue siendo local y regional, hay un creciente interés de todo el mundo hacia el contenido del África Oriental y los artistas están comenzando a abrazar esa oportunidad”, admite Faisal Kiwewa, director de la Fundación Bayimba y del mercado DOADOA. Faisal, uno de los más representativos de la escena cultural africana confiesa que desde el primer DOADOA celebrarado en 2012, ha habido muchas asociaciones y los lazos han fortalecido las iniciativas creativas de la región. “Las últimas tres ediciones han registrado un creciente número de asistentes especializados en las artes escénicas, ayudando a facilitar la colaboración, el intercambio y la mejora de la situación de los artistas que actúan ya en festivales de todo el mundo”, argumenta.

África Oriental es una vasta región con una diversidad cultural enorme. Desde Kenia a Burundi, o desde Tanzania a Uganda, no sólo hay una distancia física sinó diferente antecedentes históricos e influencias, cientos de grupos lingüísticos con grandes tradiciones diversas, diferentes políticas gubernamentales hacia el sector de las artes escénicas y desafíos varios a los que hacer frente. Sin embargo, este grupo de personas ve muchas ventajas en afrontar el futuro juntos. “El mayor logro del DOADOA es simplemente la oportunidad única de conocer a compañeros de tantos países diferentes, con diferencias culturales, sociales y antecedentes profesionales tan diversos. La oportunidad de hablar largo y tendido con los demás es de gran valor “, dice Faisal. “El DOADOA proporciona una plataforma para la creación de redes profesionales y de co-aprendizaje, la organización de diversos grupos de interés junto a empresas del sector y tiene el fin de crear una demanda que ayude a construir un mercado fuerte para las artes escénicas y los artistas de África del Este”, expresa el cabeza visible de esta iniciativa.

En un momento en que la industria de la música está experimentando problemas en todo el mundo, el África del Este continúa experimentando enormes dificultades con la piratería, que frena que los artistas, ya sean compositores o intérpretes, puedan recaudar dinero de sus propias creaciones y producciones. Por lo tanto, no es de extrañar que uno de los temas centrales de la DOADOA 2015 aborde este tema. “Hemos invitado a organizaciones de aplicación y gestión de los derechos de autor para presentar a los delegados datos sobre los éxitos y fracasos de esta recaudación en la región, así como para poner de relieve las formas en que los artistas pueden recaudar sus derechos”; afirma el director de este mercado único.

Pero si un tema tiene un significado especial en el DOADOA es cómo generar más interés en los sonidos que salen de la región del este de África, y la forma de internacionalizarlos. Es por ello que los organizadores se han asegurado de invitar a profesionales, festivales y promotores de Europa y EE.UU. al DOADOA, para que puedan contratar aquellos grupos que más les gusten para programarlos en sus eventos. De todas formas, Faisal muestra su preocupación hacia los retos que los artistas africanos tienen que hacer frente para entrar en el mercado internacional. “Los artistas africanos en general tienen el reto de tener que hacer frente a condiciones adicionales específicas para entrar en el mercado europeo y estadounidense. Los problemas de visado, gastos de viaje, la falta de reconocimiento de su música y un público poco interesada hacia lo que proviene del continente… En este caso, el DOADOA quiere incidir en el mercado global e invita a managers y promotores regionales que han invitado a artistas de la zona antes. Así, los organizadores del Norte y del Sur también pueden compartir sus experiencias e intercambiar consejos sobre cómo hacer que el proceso funcione. El DOADOA también alienta a los artistas a relacionarse y buscar socios que les posibiliten mostrarse a otros mercados internacionales como el WOMEX, el MIDEM, el Babel Med o el Visa para la Música“. De todas formas, Faisal cree que el mercado más grande se encuentra en la propia región y que no hay que perderlo de vista.

“En el DOADOA somos consicentes de que dentro del África del Este hay más de 70 festivales que se organizan cada año, y muchos de ellos luchan por incluir artistas regionales al programa. Por ello dedicamos un esfuerzo mayor hacia estos programadores, para que puedan explorar el contenido que necesitan y facilitar los tratos tanto para el artista como para los festivales “, expresa.

En lo que se espera que suscite debates e intercambios fructíferos entre los participantes, hay que destacar la presencia de Brahim El Mazned (de Visa para la música) o músicos como Moutcho (Burundi) o François Xavier Ngarambe (Ruanda). Se espera que este año el DOADOA gane aún más relevancia internacional y, sobre todo, que la escena del África Oriental se fortalezca y se expandan sus productos sonoros.

Steinberg, la ficción que desvela la realidad sudafricana

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Conocer ahora la existencia de The man of Good Hope nos puede hacer pensar que su autor, el sudafricano Jonny Steinberg, ha hecho un ejercicio de premonición. La novela trata entre otros temas la xenofobia en la sociedad de Sudáfrica, la discriminación hacia otros ciudadanos africanos. Precisamente ahora. El libro se publicó en enero de este año, así que nos puede llevar a pensar en la capacidad de adivinación de escritor. Sin embargo, lo que Steinberg ha hecho es dar una muestra de clarividencia, o más bien lanzar una mirada honesta hacia una sociedad que es mucho más compleja que la ficticia nación del arco iris que se ha impuesto en los últimos años.

Ahora mismo, lo que más llama la atención de The man of Good Hope es su descripción de la vida de un inmigrante en Sudáfrica, pero la novela nos aporta muchas más pistas sobre las realidades africanas, ya que el protagonista atraviesa el continente en un viaje que se extiende de norte a sur como una cicatriz. Quizá algunos acusen a Steinberg de basar su historia en una especie de catálogo de las calamidades africanas perlado de inmigración, abusos, violencia, corrupción o miseria, como ya hicieron con NoViolet Bulawayo. Sin embargo, la historia de Asad Abdullahi es, como dice el título de la novela, sobre todo, una historia de esperanza, de superación y de capacidad de superar los obstáculos.

Asad es un somalí, una de tantas víctimas de la guerra civil en el país del Cuerno de África. La primera experiencia del joven es la muerte de su madre, junto a él, asesinada a tiros por unos milicianos en Mogadiscio. A partir de ahí, el muchacho, que en ese momento tiene 8 años, comienza un complicado periplo que le llevará hasta Sudáfrica. Entre tanto, el chico pasa por Nairobi, donde su historia muestra un retrato desnudo de la vida de los somalís en la ciudad. Esta situación también se ha puesto recientemente de actualidad, con los ataques de Al Shabab en Kenia. La comunidad se ha visto sometida a la presión del recelo que se aviva con la xenofobia. Algo parecido le ocurre, con sus particularidades, claro está, mientras el muchacho trata de ganarse la vida en Etiopía, donde da un primer paso para construir una familia.

A_Man_of_Good_HopeDespués de su recorrido, el joven encuentra en Sudáfrica el entorno adecuado para prosperar. Asad se ha hecho adulto en los bajos fondos de las grandes ciudades de África Oriental. Ha demostrado su capacidad para sobrevivir a pesar de todo, para buscarse la vida, pero a pesar de todo no ha perdido la humanidad. Se ha endurecido sin pudrirse. Y en la tierra prometida del país más próspero del continente se reencuentra con lo más parecido a una familia que podía esperar. Ni siquiera así puede conjurar la desgracia, su tío, su anfitrión muere también a tiros. Y Asad, de nuevo, tiene que sobreponerse, aunque esta vez cuenta con el apoyo de la mujer con la que se había casado en Etiopía y la motivación de un hijo recién nacido.

Junto a su primo, se convierte en un, más o menos, floreciente comerciante en un barrio deprimido. La familia de inmigrantes somalís consigue, incluso, ampliar el negocio, antes de que la desdicha vuelva a golpearle. Su primo es asesinado en la tienda por un vecino y Asad tiene que enfrentarse además, al rechazo de los que le rodean y la pasividad de la policía.

En una reciente entrevista en Ground Up, Steinberg hacía una interesante lectura a través de su personaje de la situación de los inmigrantes, por ejemplo, somalíes, en los barrios populares de las ciudades sudafricanas. “Lo que más asustó a Asad de la violencia en Sudáfrica fue lo repentina e inesperada que era. En realidad, no era sólo la violencia en sí misma lo que le dejó helado, sino su naturaleza… puedes creer que estás en un entorno cómodo, puedes pensar que conoces el mundo que te rodea y, de repente, todo se vuelve extraño y desagradable”, explicaba el escritor. El asesino, en el último caso, no era un desconocido, sino un antiguo empleado que también vivía en el barrio, alerta el autor, y cuando se produjo el crimen, los vecinos advierten a Asad, que están del lado del asesino porque él es uno de los suyos y el inmigrante somalí, no.

Steinberg conoce los mecanismos de estos barrios populares y basándose en ellos ha construido su novela. El escritor asegura que “las fuerzas de la xenofobia en Sudáfrica son muy poderosas” porque mientras los blancos se hicieron ricos amparándose en las instituciones, los inmigrantes negros hacen dinero en medio de las comunidades más pobres y totalmente desprotegidos. Incluso va un paso más allá y relaciona los ataques xenófobos con las políticas migratorias que propician las deportaciones de miles de personas al año: “Después de los ataques xenófobos de 2008 pude entrevistar a muchas personas que participaron en las agresiones y lo que te decían era que estaban ayudando al Estado, ‘no son nuestra gente, estamos ayudando a deshacerse de ellos’, decían”.

Pero a pesar de todo este recorrido, lo que no hay que olvidar es el motivo del periplo de Asad y lo que hay detrás del libro de Jonny Steinberg. Ese espíritu está en el título de la novela “El hombre de la Buena Esperanza”.

Zukiswa Wanner: sinceridad sin complejos

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

La escritora Zukiswa Wanner. Fuente: editorial Kwela

Zukiswa Wanner es una prometedora escritora africana. Sí, africana. Quizá lo de prometedora es más discutible, porque no tiene nada de promesa, sino que es una auténtica realidad que se ha hecho acreedora de algunos de los premios más importantes. Sin embargo, su carácter africano se ha puesto en duda y ese es el segundo de los motivos por los que merece la pena prestarle atención. El tercer elemento que lleva a interesarse por Zukiswa Wanner es que se ha convertido en una de las autoras africanas más provocadoras en sus comentarios y con una posición menos políticamente correcta en cuanto a la industria editorial y la hegemonía occidental, por ejemplo.

En relación con el primero de los elementos. Wanner fue una de las seleccionadas para la antología Africa39, la selección de los 39 escritores africanos de menos de 40 años que realizó un equipo liderado por Binyavanga Wainaina para Hay Festival en 2014. Antes, Zukiswa Wanner había estado entre los finalistas del K. Sello Duiker Award en 2007 por su primera novela The Madams y también entre los finalistas del Commonwealth Writers Prize en 2011 por la novela Men of the South.

londonwannerDespués de haber liderado algunas antologías sudafricanas y haber publicado libros infantiles, Wanner ha regresado a la novela con London, Cape Town, Joburg, editada en 2014. En su último trabajo, la escritora hace un particular repaso por la historia reciente de Sudáfrica y, por el momento más crucial de los últimos años, el acceso a la democracia después del apartheid. La particularidad de la novela de Wanner es el enfoque desde el punto de vista de un sudafricano que vuelve a su país en un momento de esperanzas después de haberse criado en Reino Unido. Este encuadre permite a la autora tratar el tema de la identidad, la del protagonista sudafricano en la sociedad británica, pero también la de su mujer blanca en una sociedad sudafricana que aparentemente había superado las barreras raciales. Y a esas profundas cuestiones se añaden otras más cotidianas, como la convivencia, la paternidad o la búsqueda de una vida mejor (se puede leer aquí un extracto inicial del libro).

Curiosamente, y ya atendiendo a ese segundo aspecto atractivo de la autora, Zukiswa Wanner se encontró con dificultades para encontrar apoyos que le ayudasen a sacar adelante su idea, a pesar de la trayectoria que ya se ha mencionado. Primero pretendía que fuese un guión para una película, pero tuvo que desistir. Decidió convertir su idea en una novela, pero tampoco le resultó fácil encontrar un editor. Al parecer, al otro lado de las puertas a las que llamaba le decían que la historia no era suficientemente africana. De nuevo nos encontramos con una cuestión que en esta sección se ha tenido que tratar a menudo debido a los prejuicios que todavía existen en la industria editorial: los temas sobre los que puede y debe escribir un autor africano.

Hemos dejado los apuntes biográficos para este momento. Zukiswa Wanner nació en Zambia, creció en Sudáfrica y después se trasladó a Kenia. Pero es cierto, la escritora no respeta los cánones, no cumple con los prejuicios y en vez de tratar en sus historias la turbulenta relación entre un empleador blanco y sus empleados negros, prefiere romper esquemas y dibujar las también existentes fricciones, entre el negro que da trabajo y los negros que trabajan para él, por ejemplo. Sin duda eso, no seguir las líneas de lo previsible, escribir sobre la realidad como es y no como nosotros nos la imaginamos hace que algunos consideren que sus historias no son africanas.

La última de las cuestiones que llama la atención sobre Wanner es su incómoda honestidad. Sus declaraciones pueden interpretarse como provocativas, cuando no dejan de ser desnuda sinceridad. Por ejemplo, cuando se refiere a estas cuestiones relacionadas con la escritura y pone en duda “las líneas raciales o de género que los escritores no pueden cruzar” y explica que ella, voluntariamente, ha decidido sobrepasarlas.

En la misma línea, hace unas semanas Wanner levantó algunas ampollas con la siguiente declaración en la web This Is Africa: “Estoy más emocionada si mis libros se pueden leer en Congo Brazzaville o Cabo Verde, de lo que estaría si estuviesen disponibles en Bélgica o Portugal”. Evidentemente estas confesiones tenían un contexto. Por un lado, esos comentarios en el que se cuestionaba su “africanidad” y, por otro, la reafirmación de que su público está en el continente. El contexto de las declaraciones decía que si sus libros eran traducidos prefería que llegase al resto del continente africano que a Europa. En todo caso, estaba muy presente el análisis sobre la industria editorial africana y sobre la necesidad de generar espacios, al estilo de premios, que animen la producción y la independencia cultural del continente.