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Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

Elegía de la identidad fronteriza

“Así es como habitualmente defino mi propia identidad. La considero fronteriza, es decir, anclada, no en un lugar de ruptura, sino, por el contrario, en un espacio de constante adhesión. La frontera, según la defino y la vivo, es el lugar en el que, sin descanso, los mundos se tocan”. Es uno de los primeros pasajes del texto “Vivir en la frontera”, una de las conferencias que componen el volumen del mismo título de la escritora camerunesa Léonora Miano.

La autora camerunesa Léonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Los libros de la Catarata han editado un volumen en el que Miano reúne seis conferencias que ha ido impartiendo en diferentes escenarios entre 2009 y 2011. “Hasta ahora, casi todas estas intervenciones, aunque no siempre, tuvieron lugar en Estados Unidos”, confiesa la escritora en la Introducción con un evidente resentimiento hacia el desdén galo. Las transcripciones de estas intervenciones son, en realidad, una auténtica radiografía de la escritora y de sus circunstancias, de las ideas que mueven su creación, de su aproximación a temas como la identidad, pero también sobre la propia producción literaria, entre otros temas.

La conferencia que lleva el nombre del libro (más bien al revés) es la principal reflexión sobre lo que Miano ha dado en llamar la multipertenencia, entendida como la idea de una identidad formada por aspectos diferentes. Un concepto que se desprende de esa “vida en la frontera” en la que todo entra en contacto, se mezcla, se contagia y acaba recreándose a través de la hibridación.

En “Escribir el blues”, la disertación de Miano se desarrolla en diferentes líneas. Por un lado, hay un apunte vital, sobre su aproximación a la escritura. Por otro lado, hay un abordaje identitario, sobre la importancia y la conciencia del color de la raza. Y, finalmente, una reflexión estilística, como es la compleja relación de la estructura de las novelas de Miano, con la música y fundamentalmente con los géneros que se consideran propios de la música negra, como el blues o el jazz, fundamentalmente. Cada uno de esos estilos responde a objetivos, voluntades y experiencias diferentes. “Yo trabajo sobre temas difíciles”, dice la autora, “sobre algo de lo que la gente preferiría no hablar, pero que sin embargo está ahí. Y no trato de adornarlo. Como mi trabajo tiene que ver con la creación artística, necesariamente desarrolla una estética. En la capacidad de crear belleza de lo que genera el sufrimiento humano reside la promesa de conocer días mejores”, sentencia con esperanza la novelista camerunesa.

En “Leer por fin a los escritores subsaharianos”, la reflexión gira en torno a la idea de “literatura africana” y Miano no hace prisioneros. Precisamente, esta conferencia, dictada en una universidad estadounidense, no tiene ningún reparo en reseñar los males de la academia en su aproximación a las obras de autores nacidos en el continente. Miano, reitera una y otra vez a su auditorio, la superficialidad con la que los académicos leen las novelas de escritores subsaharianos. Como ese abordaje está completamente condicionado por los estereotipos y por una visión occidental que impide, siquiera, que esos autores sean considerados en su justa media, como creadores íntegros, más allá de su condición de africanos. Miano exige que los académicos se acerquen a cualquiera de esas novelas, como lo harían con la de cualquier otro autor del mundo.

“Las negras realidades de Francia” es la excusa para reflexionar sobre las migraciones y sobre la construcción de la comunidad afrodescendiente en el hexágono. “Ser negro hoy en Francia, es ante todo estar en una situación de impoder. Es no dominar su propia imagen, ya que está fabricada por los demás, que son los que forjan el objeto de su temor, de su odio, de su desprecio o de una empatía infantilizante”, destaca Miano. La autora camerunesa formula el concepto “afropeo”, para referirse a un escritor con una experiencia particular en la que encuentran su espacio de manera natural y sin estridencias los mundos africano y europeo.

Un sentido similar en algunos aspectos tiene “Silenciados: los hijos ocultos de Marianne”. En este caso, sin embargo, el énfasis aparece más ubicado en las condiciones de vida de las comunidades negras y, fundamentalmente, en que los contextos de discriminación y desigualdad han llegado a instalarse con firmeza. Después de un repaso por las diferentes caras de la relación histórica entre Francia y África subsahariana, sobre todo en la barbarie de la trata y el desequilibrio de la época colonial, Miano afirma: “En la Francia hexagonal vive una población afropea, procedente de inmigrados subsaharianos y caribeños (…). Es esta la enorme diversidad de lo que África y Francia generaron. Nunca han dejado de estar en contacto, cualquiera que fuera el modo, y mutuamente se han transformado”. La autora se lamenta de que la imagen que Francia se da de sí misma, obvia la realidad de los subsaharianos del país.

Por último, “Afrodescendientes en Francia: representaciones y proyecciones”, es la excusa para la constatación de una comunidad negra en el país galo. Los “franceses negros”, dice con frecuencia la escritora camerunesa. Habla también de relaciones asimétricas construidas con el tiempo, de las deudas, prácticamente que Francia mantiene con el continente africano. “Digámoslo claramente: el África de la que hablamos hoy, a la que se le acusa de las peores calamidades, aquella que se contempla con mirada condescendiente y no fraterna, es extranjera para los propios subsaharianos. Deben volver a ser dueños de su propio espacio y dotarlo de sus propias aportaciones”, dice la escritora después de revisar la imagen que se tiene de la responsabilidad de los africanos en su propia historia más dramática.

Pero, más allá, del repaso de las seis conferencias se impone una mención especial a esa “Vivir en la frontera” que muy acertadamente da nombre a la publicación. La idea de las identidades liminares es una aportación especialmente interesante de Léonora Miano en un mundo en el que cada vez parece ser más necesario justificar el derecho de los migrantes. Miano hace de esa existencia híbrida un motivo de orgullo y explica a la perfección la riqueza de esa identidad de multipertenencia. “Las identidades fronterizas nacieron del dolor. Nacieron del desgarro, de la violación, del odio de sí mismo. Debieron atravesar las sombras para inventar un anclaje en arenas movedizas e imponerse no contra, sino entre los demás. En el fondo, viven en un espacio cicatricial. La cicatriz no es la herida. Es la nueva línea de vida creada encima. Es el terreno de los más insospechados posibles”, asegura la escritora. Además, para ella, “ser africano es ser un híbrido cultural. Es vivir en la frontera”, sentencia la autora con cierta satisfacción.

Pensar y repensar el África de mañana

Hace ya años que Abdoulaye Wade, el primer presidente senegalés del S.XXI rescató y se apropió de la idea de la Renaissance Africaine. La reformuló como una corriente que liberaría el continente de las ataduras heredadas de la colonización. Al final, su idea de la Renaissance resultó ser, únicamente, un mastodonte de más de cincuenta metros de alto que se erige sobre una colina de Ouakam, en Dakar. Su construcción costó 23 millones de euros. Era la muestra de lo que suponía para Wade la idea del renacimiento africano. Pura megalomanía. Emergía de las élites políticas, un sector demasiado hipotecado para poder comandar la liberación.

Les Ateliers de la Pensée

Les Ateliers de la Pensée

Curiosamente ahora, resurge una idea muy similar, en el mismo lugar en el que se abortó ese renacimiento, pero lanzada desde un escenario bien diferente, el de los pensadores, los filósofos, los historiadores… y los escritores. Los hombres y mujeres que construyen, pero no monumentos a su propia gloria, sino historias, ideas y argumentos. Los hombres y mujeres que construyen los cimientos de la sociedad, de una nueva sociedad. Esta vez, la materialización ha sido una serie de debates y sesiones de reflexión. Y es sólo el comienzo. Les Ateliers de la Pensée, que se han celebrado desde el 28 al 31 de octubre, entre Dakar y Saint Louis, la capital senegalesa y la antigua capital del África Occidental Francesa, son sólo el comienzo.

afrotopia-felwine-sarr-anne-et-arnaudDetrás de esta idea están Achille Mbembe y Felwine Sarr. El primero, Mbembe, es un clásico, camerunés, considerado uno los baluartes del pensamiento crítico africano, sistemáticamente empeñado en cargar de razones las voluntades emancipadoras, las mentes y los espíritus convencidos de que el continente todavía está por descolonizar. El segundo, Sarr, es una de las últimas sensaciones de ese mismo pensamiento crítico. El economista senegalés se ha convertido en un referente popular este mismo año, desde la publicación de su ensayo Afrotopia. Sarr cuestiona los parámetros del desarrollo y el subdesarrollo y propone nuevos marcos de referencia. Sarr preconiza que el bienestar africano ha de ser lo que quiera ser, en definitiva, la necesidad de romper unos lazos que ponen freno, no al desarrollo del continente, sino a la extensión de su bienestar. Un cambio de paradigma.

Recogiendo un testigo que llega desde más allá de las conferencias de Ngugi wa Thiong’o recogidas en Descolonizar la mente y demostrando la falacia del famoso discurso pronunciado por el expresidente francés Nicolás Sarkozy en Dakar, en el que negaba la entrada en la historia del continente africano, Les Ateliers de la Pensée proponen una nueva reflexión. El encuentro ha reunido a una veintena de expertos, filósofos y universitarios africanos para discutir sobre temas como la pervivencia de la herencia colonial, el papel del continente en el sistema mundo, la identidad, las lenguas e incluso el futuro de un planeta que enfrenta una deriva destructiva.

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Abarcar todo el volumen de contenido de un encuentro de estas características resulta una tarea ilusoria y sólo se puede confiar en que las aportaciones de todas esas mentes que piensan un África y un mundo diferente sean publicadas más antes que después. Sin embargo, desde esta sección se impone visibilizar la presencia, entre esta corriente renovadora, de algunas de las plumas más destacadas de las literaturas africanas, al menos, de la que podría enmarcarse en la esfera de influencia francófono. Entre la abrumadora lista de nombres y sin perder de vista que muchos de ellos pueden considerarse literatos, aparecen algunos nombres de escritores de ficción imbuidos por la necesidad de cambiar las reglas del juego que marcan la relación entre el continente africano y el norte global. Sólo por dar una idea de nómina de narradores se puede citar a Leonora Miano, Alain Mabanckou, Abdourahman Waberi y Sami Tchak.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

La escritora camerunesa Leonora Miano ha defendido sistemáticamente que el concepto de África más extendido es, en realidad, una construcción occidental y que los propios africanos han llegado a caer en esa trampa. Por ese motivo, la novelista se ha empeñado en derribar los estereotipos que sirven de armazón para esa construcción, al mismo tiempo, que trata de reconstruirla en base a experiencias más genuinamente africanas. Un ejemplo, de esta ingente labor es Volcaniques, une anthologie de plaisir, con el que da carpetazo a las visiones simplistas de la sensualidad que se vive en el continente. Miano acaba de publicar Crepuscule du tourment, un golpe a todo tipo de tabúes relacionado con la feminidad africana, desde la maternidad hasta la homosexualidad.

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou ha pronunciado este mismo año la conferencia “Lettres noires: des ténèbres à la Lumière” en el mismísimo Collège de France, en París. En pleno corazón del Hexágono, el congoleño Mabanckou recordó algunas de las vergüenzas de la explotación de África, desde los tiempos de la trata esclavista y los argumentos que sostienen el discurso racista de la inferioridad del africano. Recorrió las sombras de la literatura del continente, pero sobre todo sus luces, al menos, para poner de manifiesto que las hay y muchas. Mabanckou también promovió poco después un debate en el mismo escenario “Penser et écrire l’Afrique aujourd’hui”, una especie de prólogo de estos Ateliers de la Pensée en el que también estuvieron presente varios de participantes, incluido Achille Mbembe. El escritor congoleño, además se ha convertido en uno de los azotes de las dictaduras africanas, fundamentalmente, focalizando sus esfuerzos en las críticas del presidente de su país de origen, Denis Sassou-Nguesso.

waberiAbdourahman Waberi es una de las pocas voces yibutíes escuchadas internacionalmente y esa circunstancia le ha llevado a convertirse en un activista a favor de la democratización y en contra de personajes como el presidente de su país Ismaïl Omar Guelleh. En los últimos tiempos, Waberi ha formado tándem con el propio Mabanckou en la denuncia pública de los sátrapas africanos y en la reivindicación de una sociedad civil, una ciudadanía comprometida como único motor de las transformaciones necesarias para acabar con las desigualdades y como fundamento de unos nuevos sistemas más justos. En la bibliografía de Abdourahman Waberi aparece un título que, en el escenario del debate de Senegal, aparece como especialmente simbólico, Aux États-Unis d’Afrique. Los países africanos tienen la hegemonía mundial y son los europeos los que entran de manera clandestina en el continente negro. Resulta, cuando menos, un curioso ejercicio de empatía.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

El togolés Sami Tchak aparece como un escritor controvertido porque no ha tenido reparo en ubicar algunas de sus historias en las zonas más sombrías de la sociedad, ha hablado sin reparo de sexo, de la prostitución o de los bajos fondos y esa dimensión más efectista ha sido la que ha quedado para muchos. Sin embargo, a través de sus novelas, Tchak ha criticado el tratamiento que reserva Francia a los migrantes africanos, la corrupción o la historia de continente en su vaivén desde la época gloriosa de los grandes imperios hasta la predación de los regímenes actuales más carcomidos por los intereses particulares. El togolés ha reflexionado igualmente, tanto en ficción como en ensayos, sobre el papel de la literatura y de los escritores en los procesos de transformación social y en las grandes crisis.

A modo de torpe e insuficiente resumen, dos frases atribuidas en las redes sociales a los dos impulsores del encuentro, una de cada uno de ellos. Achille Mbembe: “Organizar el fin para que renazca el futuro determinará la reflexión filosófica y artística del siglo XXI”. Y Felwine Sarr: “Debemos reengendrarnos, recrearnos. El continente africano se está preparando, está en proceso de alumbramiento”.

Páginas llenas de sensualidad africana

Derribar estereotipos es una labor tan larga como trabajosa. Y, a veces, esa labor se entrelaza con otras acciones militantes de algunos colectivos concretos, como la construcción de nuevos espacios para las mujeres y por parte de las mujeres. En esta cruzada la literatura y la cultura, en general, es una poderosa herramienta. Uno de estos ejemplos es el último libro coordinado por la escritora camerunesa Léonora Miano. Volcaniques, une anthologie du plaisir es una antología de relatos que se sumergen en el deseo femenino. Puede parecer un esfuerzo innecesario, pero es evidente que es totalmente necesario que las propias escritoras africanas demuestren que sus experiencias del deseo, de la sensualidad, incluso del erotismo están completamente normalizados.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto:  T. Orban Abacapress.

La autora camerunesa Leonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Volcaniques, une anthologie du plaisir aparece como el segundo paso de una estrategia más amplia que tuvo un primer episodio en Première nuit, une anthologie du désir, que tenía un enfoque similar pero desde la perspectiva masculina. En esa ocasión, eran los hombres los que escribían relatos sobre esas temáticas sensuales poco relacionadas con la literatura africana.

volcan-desir-leonora-mianoMiano y sus compañeras de viaje, doce escritoras africanas y caribeñas afrodescendientes, han construido un volumen con el que rompen muchas de las ideas preconcebidas. Es uno de esos ejercicios de ruptura de líneas rojas. ¿Sobre qué pueden y deben escribir los autores africanos? ¿Cuáles son los límites de la intimidad de los creadores? Los doce relatos que componen Volcaniques, une anthologie du plaisir demuestran que la literatura africana es ilimitada, que las sociedades africanas también viven de experiencias sensuales y que el papel de las mujeres puede ser más diverso y más variado de lo que la miopía occidental está dispuesta a aceptar. En todo caso, Volcaniques, une anthologie du plaisir tampoco tiene empacho en demostrar que la condición femenina tiene todavía espacios por conquistar, pero al mismo tiempo, que son las propias mujeres las que portan el estandarte del nuevo papel que se está construyendo.

Bajo el rótulo luminoso de historias sobre el deseo femenino en Volcaniques, une anthologie du plaisir, las autoras despliegan todo un abanico de aspectos concretos, de sentimientos diversos, de enfoques diferentes y de voces heterogéneas. Está la de la joven que está despertando a su sexualidad gracias a la combinación de las lecturas eróticas y las experiencias de una prima con un visión naturalizada del sexo sin compromiso es incluso instrumentalizado. Pero las más de doscientas páginas de este volumen también dejan espacio a una visión casi metafísica de las relaciones sexuales, o para la visión del sexo como un vano recurso para llenar espacios afectivos, e incluso para un enfoque de la sensualidad desde la madurez y la sensualidad más allá del ardor.

Las doce plumas privilegiadas que firman estos relatos, a saber, Hemley Boum, Nafissatou Dia Diouf, Marie Dô, Nathalie Etoke, Gilda Gonfier, Axelle Jah Njiké, Fabienne Kanor, Gaël Octavia, Gisèle Pineau, Silex, Elizabeth Tchoungui, Léonora Miano, presentan un espectro casi inabarcable, de temáticas y enfoques sobre la sensualidad, pero también de voces diversas y de estilos distintos.

Como la propia Miano señala en la contraportada de la obra: “Muchas mujeres se reconocerán en estas páginas, sean de dónde sean. En cuanto a los hombres, encontrarán, quizá, la clave del gran misterio que parece ser, para algunos, el placer femenino”. Cierto que ese halo de misterio existe, pero se acrecienta aún más en el caso de las mujeres africanas, que en el imaginario occidental parecen abocadas a la pasividad y a las que no se reconoce la capacidad del disfrute y, sobre todo, la reivindicación de su propia sexualidad.

A la espera de que alguna editorial se lance a traducir este libro, aquí se puede disfrutar de algunas de sus páginas en francés.