Entradas

Nakom: el poder de la tradición

poster-nakom“Nakom”, diriga por Kelly Daniela Norris y una novata TW Pittman, es una de esas coproducciones a las que el cine africano nos está acostumbrando en los últimos años. Es un largometraje que nos traslada directamente al mundo rural de Ghana, en contraposición al paradigma urbano. ¿Quedarse o irse? Una pregunta que puede parecer sencilla pero que determina dos posibles futuros y que fuerza a nuestro protagonista, Iddrisu (Jacob Ayanaba), a tomar una decisión que marcará el resto de su vida. Una película que ha llegado a España de la mano de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, pero en su haber tiene haber conseguido un año lleno de buenas críticas en la Berlinale (Alemania), Durban International Film Festival (Sudáfrica) donde ganó el premio del jurado, Hong Kong, Seattle (EE.UU.), Cambridge (Inglaterra) y en unos días en el Film Africa de Londres, festival que sube la cortina hoy y donde Wiriko es medio oficial.

Iddrisu es un joven universitario de medicina que estudia en la ciudad de Kumasi y es, además, uno de los alumnos más aventajados. La ciudad se ha convertido en su vida y sus estudios la clave del éxito. Con un camino encarrilado, Iddrisu parece tener muy claro cuál es su destino: terminar sus estudios y mudarse a Accra, la capital del país. Sin embargo, todo se trunca cuando recibe una llamada de su hermana, Damata (Grace Ayariga), quien le anuncia la muerte de su padre y la necesidad de que vuelva a la pequeña aldea de Nakom.

Sin pensarlo dos veces Iddrisu vuelve a su pueblo donde le espera una familia deshecha por el dolor con el que cargan sobre todo las mujeres. Algo que no impide al protagonista desde el primer momento anunciar su intención de volver a la ciudad. Pero no tardará en encontrarse con el lamento de su madre: “Nuestras tradiciones han muerto”, proclama una contenida pero brillante Justina Kulidu. A ella se suma las críticas de vecinos, familiares y del líder del pueblo que le advierten del peligro que corre su familia si queda descabezada.

Iddrisu –que acapara casi cada escena, colocado en el centro, como queriendo invisibilizar todo aquello que le rodea– duda entre el valor de las tradiciones y la creencia en la necesidad de cambiar todo lo que para él no tiene sentido. Se ha convertido en la cabeza de familia y tiene que tomar todas las decisiones, no importa si son correctas o incorrectas: sacar adelante el huerto de la familia, pagar deudas y mantenerla unida son sus nuevos objetivos.

Sin embargo, en este largometraje el típico enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, la tradición y la modernidad, queda desvirtuado cuando Iddrisu comienza a introducir cambios, pero manteniendo lo esencial: el momento de sembrar y la manera de cultivar, la decisión de convertir a su familia en una “democracia” donde todos deciden por cada uno de sus miembros, la insistencia en los estudios o el cambio de roles, son solo algunas de las novedades. Y es justo en este proceso cuando la cámara empieza a abarcar todo lo que rodeaba a Iddrisu. Aunque antes también veíamos a las esposas de su padre y a sus hermanos, comienzan a ser más visibles. Las directoras nos muestran, con un perfil bajo, cómo ha cambiado todo.

La nueva combinación parece dar resultados, por fin llega la lluvia y un año pasa muy rápido. Pero también llega el inevitable momento de resolver qué hacer con su vida. La ciudad, como una promesa de futuro, o el campo, que ha vuelto a ser su hogar. Las escenas de la inmensidad del cielo y del campo juegan con la ilusión de que el tiempo se ha detenido en Nakom. Lamentablemente las decisiones se pueden apartar durante un tiempo, pero no eternamente.

Volver a la ciudad y abandonar a los suyos o permanecer y olvidar sus sueños. Dos futuros, dos mundos y dos vidas, pero la misma pregunta que atormenta al protagonista: ¿Quedarse o irse? Y esta vez, quizás sí, sea una decisión que le afecte para siempre.

Bye Bye Africa y el exilio del director africano

aula-wiriko-350x124

3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Maricela Muñoz Soto

Bye Bye Africa es una película del director chadiano exiliado en Francia Mahamat-Saleh Haroun (1999). Este largometraje narra la historia del propio director, quien a su vez es el actor principal, y donde se ve reflejada la necesidad de proyectar y documentar de alguna forma, como él lo explica, “la vida”, ese sentimiento de alienación en tu propia tierra.

Director chadiano Mahamat-Saleh Haroun.

Director chadiano Mahamat Hale-Haroun.

Haroun dice que: “para olvidar mi queja, voy a hacer un homenaje a la que me dio la vida”, su propósito original fue rendir homenaje a su madre fallecida, a la que desde hace diez años dejó de ver, y a sus orígenes, África. Durante la cinta, el cineasta invita a realizar con él este camino introspectivo en el cual va descubriendo aspectos que le hacen reflexionar aún más sobre su identidad, su familia y lo que ha sido y será su trabajo como cineasta.

Desde la primera escena de la película hasta que actor principal se traslada a Chad, podemos ver las grandes diferencias del mundo en el que él vive y en el que vivió, el cual se ha quedado atrapado en tiempo y en la destrucción debido a las guerras que ha sufrido. Una realidad totalmente diferente que lo coloca en la disyuntiva de lo que fue y lo que es. Se sorprende con el nivel de degradación en el que encuentra la ciudad y la casi nula existencia de cine.

Haroun explica durante la cinta que antes de irse a Francia, el cine tenía un gran auge en el país y que en Yamena, la capital del Chad, había muchas salas de proyección que tenían éxito entre la población. Con el paso del tiempo eso quedó atrás, quedó olvidado. Los cines están cerrados, destruidos, abandonados. Los pocos que siguen abiertos están en mal estado, con aparatos muy viejos que dificultan una buena proyección, lo que a su vez, provoca que la gente no disfrute de asistir aunado a una mala distribución de películas. Con esto, se observa el cambio de hábitos y preferencias. Las salas de video y la venta de películas piratas en cualquier lugar toman un auge importante que terminan por golpear a la ya en decadencia industria cinematográfica y surge una gran interrogante: ¿para qué hacer cine si no hay espectadores?

Durante el regreso a su país, Haroun no sólo se enfrenta a momentos y situaciones complicadas al observar la difícil situación para producir la película, sino que se enfrenta al recelo de la familia y amigos que no entienden a lo que él se dedica, no lo ven provechoso e incluso lo ven como algo que va en contra de ellos.

El propio padre del cineasta le recrimina que podría haber sido doctor y quizá salvar la vida de su madre en lugar de hacer cine, porque eso, a ellos, no les sirve de nada. Sin embargo, el hijo le intenta explicarle en una conversación salpicada de planos muy visuales que en el país donde vive, Francia, su oficio sí es importante y que, precisamente, lo que él quiere dar a conocer a través de las imágenes son sus orígenes, a lo que el padre le responde: “En la tierra de los blancos está bien, pero nunca será la tuya. Cuando crees que eres parte de aquella tierra, perderás el alma”. Es justo en ese punto donde se empieza a dar cuenta y a ver reflejado ese choque de ideas, donde los orígenes pertenecen a un lugar pero la mentalidad ha cambiado y la percepción se ha vuelto muy diferente hasta el punto de sentirse y ser visto como un extraño en su propia casa.

Durante la toma realizada en la calle en uno de sus paseos por visitar los cines donde pasaba sus años de infancia, tiene un altercado con un hombre que se siente ofendido al verse grabado y le arrebata la cámara gritándole: “ladrón de imágenes”. Esto refleja un enfrentamiento con la tradición y las creencias de las personas, e incide en un problema de la percepción de la imagen que tienen de ellos mismos.

Éste es un tema delicado y se debe trabajar con mucha cautela, como le recomienda Isabel, la actriz que interpreta a una chica infectada con el VIH en una grabación años atrás del propio Haroun: “Su cine me mató al sufrir y verme afectada por los comentarios de la gente. Era señalada, olvidada, además de obligada a realizarme un análisis para comprobar que no estuviera contagiada”. Un error de cálculo del director que a la actriz le costó no sólo su carrera, sino el resto de su vida. “El cine es más fuerte que la realidad”. La gente, el público para el cual estaba dirigida la cinta, no logró diferenciar entre la ficción y la realidad, un descuido con muy poca sensibilidad y que no es más que resultado de la lejanía con la que se ve objetivo.

Mahamat-Saleh Haroun, en un deseo de realizar producciones africanas, de transmitir un mensaje, de dar a conocer lo que es su país y su continente de origen y de ser el portavoz de un pueblo, se ve obstaculizado en el momento en el que ya no logra comprender esta realidad; él ya no forma parte de ese mundo. Bye bye África fue un instrumento de investigación a nivel laboral y emocional que despertó el interés por apoyar la industria del cine en Chad y, al mismo tiempo un guión que refleja al africano exiliado, una situación muy común para las miles de personas que son parte de la diáspora y que tienen una identidad compartida entre dos mundos muy diferentes. De ahí el título de la película: adiós África.

Modernidad africana, ¿africana?

La arquitectura es una de las disciplinas artísticas que, a través de la construcción de edificios, sirve para expresar la identidad nacional en los jóvenes estados africanos. Con medio siglo de creaciones modernas desde la mayoría de independencias al Sur del Sáhara, parlamentos, universidades, monumentos conmemorativos o centros comerciales se han levantado en diferentes ciudades africanas para mostrar la modernidad de sus epicentros políticos, económicos, financieros, sociales y culturales. Como materialización del encuentro entre lo moderno y lo tradicional. Como muestra de los dilemas sufridos por la radicalidad de la transformación política de los estados tras la colonización. O como ejemplo del cosmopolitismo y la aportación foránea de diseños europeo, rusos o israelitas, los edificios levantados en ciudades africanas como Abidjan, Maputo, Ciudad del Cabo o Nairobi son muestras de la fusión entre la política y la arquitectura. Pero, ¿es la modernidad africana 100% africana?

La arquitectura moderna nació en época colonial y debe ser entendida como un medio de representación del poder, de la continuación del imperialismo colonial después de las independencias o de la supremacía cultural del “otro”, representada por la permanencia del mundo Occidental en África. En muchos casos, la ciudad africana se levanta sin tener en cuenta las identidades urbanas históricas precoloniales y se centra en la modernidad como la continuación del legado colonial. Y a pesar de que la narrativa antiimperialista haya querido criticar esta pervivencia con la crítica más feroz, lo cierto es que hoy en día, el paisaje urbano del continente africano no se podría entender sin la aportación, imposición si se quiere, de la arquitectura occidental. Otro tema ya sería la sostenibilidad, impacto y emergencia habitacional en ciudades que no paran de crecer de una forma acelerada y que necesitan urgentemente de una nueva arquitectura que pueda responder a sus necesidades humanas.

article___AM_Book_s

El libro African Modernism – Architecture of Independence o Modernismo Africano – Arquitectura de la Independencia, publicado por Park Books, analiza las obras levantadas por la modernidad africana en cinco ciudades del continente. A partir de 80 edificios de cinco países africanos (Ghana, Senegal, Costa de Marfil, Kenia y Zambia) recoge fotografías de la sudafricana Alexia Webster y del alemán Iwan Baan para explorar los soportes arquitectónicos que se han ido levantando en la era moderna para dar sentido y construir espacios de convivencia en las ciudades africanas. En general, se trata de edificios que muestran el poder del estado, también  como construcción política moderna, y dejan de lado la arquitectura de casas, tanto las que definirían las identidades de la clase media urbana africana, como las de la pobreza urbana que inunda slums y barrios informales de las capitales de África. ¿Arquitectura de la independencia? La construcción de edificios modernos está absolutamente ligada a Europa, y el diseño de sus principales edificios es solo una muestra de esta afirmación.

El objetivo del libro, que surgió de la exposición homónima que albergó el Vitra Design Museum de Weil am Rhein, Alemania, quería exprimir la idea de su comisario Manuel Herz, arquitecto e historiador, para explorar en formato papel, el catálogo fotográfico de bancos o estadios africanos construidos a partir de los años 50 del siglo XX en los principales centros urbanos de África. A pesar de que Herz eleva el trabajo arquitectónico de la época por haber creado obras sin precedentes en la región del África subsahariana, también reconoce que dichos monumentos siguieron patrones coloniales y no consiguieron, en su mayoría, recoger los anhelos ni las identidades de la mayoría de africanos.

El catálogo se ha convertido en obra de referencia para estudiantes de arquitectura y diseño urbano en el continente. Así, estos edificios se han convertido en iconos de las independencias. Representaciones de la arquitectura moderna de África.

Quizás, la pregunta que deberíamos hacernos ante esta arquitectura es si 100% africana no significa, en realidad, 100% global.

  • La Pirámide de Abidjan (Costa de Marfil), del arquitecto italiano Rinaldo Olivieri, 1973. Imagen de Iwan Baan.

02_Architecture_Independence_Baan_Abidjian4136

  • Hotel Ivoire de Abidjan (Costa de Marfil), de los arquitectos alemanes Heinz Fenchek y Thomas Leiterdorf. 1962-1970. Imagen de Iwan Baan.

domus-01_architecture_independence

  • Kenyatta International Conference Centre, Nairobi (Kenia). Del noruego Karl Henrik Nostvik. 1967-1973. Imagen de Iwan Baan.

09_Architecture_Independence_Nairobi

  • Escuela de Ingeniería del KNUST (Kwame Nkrumah University of Science and Technology), en Kumasi (Ghana). Del inglés James Cubitt, 1956. Imagen de Alexia Webster.

10_Architecture_Independence_Webster_Ghana3885

04_Architecture_Independence_Dakar2392

La crítica del cine como palabra subterránea

banner_ctcc

¿Es el crítico esa persona huérfana que no participa del acto de la creación? ¿Es el camino ser crítico para tener una relación de proximidad con el arte? La disyuntiva entre la naturalidad del arte y la artificialidad de la crítica es uno de los debates en profundidad que se están llevando a cabo en el “Curso-taller crítica de cine” enmarcado en las actividades paralelas del Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). Hasta el próximo viernes, 25 estudiantes españoles, senegaleses y marroquíes se encuentran diseccionando las líneas maestras de los teóricos del séptimo arte y reflexionando sobre la figura del crítico como mediador cultural e intelectual. Esta iniciativa tiene como objetivo fortalecer la tradición crítica en el continente, además de incluir a las nuevas generaciones de críticos de cine de África, como Marruecos y Senegal, en los circuitos internacionales sobre las cinematografías africanas.

De la mano del crítico de cine español Alfonso Crespo en la dirección académica, expertos cinéfilos como Olivier Barlet (director del portal Africultures), Beatriz Leal (African Film Festival Inc. NYC ), Francisco Algarín y Francisco Benavente (Universidad Pompeu Fabra de Barcelona) tendrán como empresa el desarticular el celuoide para pasar cada fotograma a cámara lenta, y transmitir su pasión por el cine -aunque sea su visión-. Hoy, el turno para Barlet que subarayará el papel del crítico para comprender que la gran reivindicación del cineasta africano es la incertidumbre; ayer, para Leal que insistió en crear sinergias y espacios profesionalizados donde abordar las diferentes temáticas que abordan las películas, específicamente desde Internet.

Ya sea como vocación o como espacio de encuentro, la crítica está pasando por diversas mutaciones entre ellas el espacio que se le reserva en los medios de comunicación, donde la web 2.0 apunta incluso a nuevos entornos donde se puede jugar con imágenes y vídeo para explicar una película sin usar el verbo. La crítica de cine trabaja con la palabra subterránea de los directores de cine y el camino parece estar en pensar de una manera no evolutiva sino, como decía Walter Benjamin, en cuestionar el tiempo; es decir, pasado y presente en una misma constelación a la hora de cuestionar el arte.

La historia del cine es una sucesión de sueños, por lo que trabajar el texto desde diferentes maneras puede ser una de las claves de este curso: realizar análisis no explicativos sino expositivos de los ciertos problemas que surgen en una película. Es decir, buscar la potencia en una disfunción y establecer un conflicto entre lo que se ve y lo que se escucha. Aquí una reflexión más: ¿Qué mundo nos ofrecen los cineastas y cómo nos hacen llegar a ese mundo?

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

El Oxímoron: danza contemporánea africana (I)

El discurso puritanista respecto a las identidades africanas ha tendido a juzgar de no suficientemente auténtico a muchos africanos estupefactos ante acusaciones de “descafeinados”, “occidentalizados” o “pervertidos”. En una realidad en tensión como la que viven los jóvenes artistas africanos de hoy, las creaciones más subversivas y desafiantes se presentan como una contestación firme a aquellos que discriminan la modernidad africana. La creatividad que caracteriza a los artistas africanos contemporáneos redefine y reconstruye un continente en constante movimiento, a regañadientes de los que creen que la tradición es inmovil o la modernidad es un suicidio de la autenticidad africana. El Oxímoron, como dos conceptos opuestos que generan un nuevo sentido, nos sirve para reivindicar esa nueva África de lo tradicional moderno, y va a ser nuestro espacio para una serie sobre el dinamismo cultural que conlleva la danza contemporánea sursahariana.

Béatrice Kombé (2004) Fuente: Antoine Tempé

Béatrice Kombé (2004) Fuente: Antoine Tempé

Empezamos en el África Occidental Francófona, rindiendo homenaje a una de las coreógrafas africanas contemporáneas que más ha contribuido a desmitificar la danza africana. Béatrice Kombé nos dejó en 2007 con tan solo 35 años, pero en su corta carrera llevó los espectáculos más rompedores fuera de las fronteras africanas y contribuyó a echar por tierra algunos de los clichés más arraigados en torno al concepto de la danza en África. Empezó con grupos como la compañía nacional de Costa de Marfil Ballet de Marahouét, pero su principal legado se ha convertido en una auténtica escuela, en la que queremos ahondar en ésta sección.

La compañía Tché Tché (‘águila’ en lengua Beté), fundada en Abiyán, Costa de Marfil, en 1997 junto a Guillaume Lebri Bridji es un referente cuando hablamos de danza contemporánea africana. La agrupación, exclusivamente femenina, intenta romper con los estereotipos de la danza africana. Las chicas que conforman la escuela, exhiben cabezas rapadas y cuerpos atléticos. Nada de melenas o cuerpos suaves, nada de cumplir con los cánones de la belleza occidental o intentar complacer imposiciones estéticas. Las amazonas de Tché Tché quieren representar la identidad de un África joven y perdida, que busca su propia identidad entre lo que debería ser (esa supuesta tradición de la que le cargaron los padres de la emancipación nacional) y lo que es en realidad. Estas mujeres africanas -hijas, esposas y madres- buscan a la vez el reconocimiento occidental y el africano. Quieren mostrarse de acuerdo a los cánones de sus padres, de sus maridos y de sus hijos, pero sin dejar de ser ellas mismas. Su responsabilidad recae en mostrar una imagen real de sí mismas a través del movimiento corporal, con una alquimia que nace del eco de las danzas locales y que se nutre del legado europeo, convertido en tan propio como el pre-colonial.

Las cuatro bailarinas de la compañía Tché Tché: Nadia Beugré, Nina Kipre, Flavienne Lago y la misma Kombé. Fuente: Dance View Times.

Las cuatro bailarinas de la compañía Tché Tché: Nadia Beugré, Nina Kipre, Flavienne Lago y la misma Kombé. Fuente: Dance View Times.

La presión que representa la cuna de la comunidad, que les juzga si innovan, o la mirada occidental, que las clasifica de inmovilistas si se ciñen a lo tradicional, se convierte en la principal fuente de inspiración de la compañía Tché Tché. Esta angustia reconcilia ambos universos, y la energía que emana de su creativa síntesis cultural se erige como la respuesta a una sociedad patriarcal siempre dura con la mujer africana. Por ello, las mujeres aparecen fuertes, pasionales y protagonistas absolutas del “hoy” africano. Se constituyen como el principal foco del mundo urbano y a su vez, como la medula espinal del mundo rural. Con el símbolo del ‘águila’, la compañía Tché Tché representa el poder y el dominio de la mujer africana contemporánea sobre todos los campos. Su principal característica, la representación ambiciosa del africano que no renuncia a seguir con la tradición pero tampoco se resigna a instalarse pasivamente en ella.

Su obra Dimi o La pena de la mujer (1998), es su pieza más famosa. Premiada por la UNESCO en el Festival MASA (Marché des Arts du Spectacle Africain du Côte d’Ivoire) de 1999 y subtitulada Un Himno a la Solidaridad Femenina, se convirtió en pionera en su género y fue incluida en el documental African Dance: Sand, Drum, and Shostakovich, que explora a través de distintas compañías de danza africanas las consecuencias de la colonización y la urbanización, el cambio de roles de la masculinidad y las relaciones familiares en el Festival Internacional de la Nueva Danza de Montreal, Canadá. Con Dimi, Kombé y las demás bailarinas de Tché Tché, pretenden trasladar la angustia de ser mujer africana al espectador. Con la dinámica constante de andar, metáfora del no estar nunca quieto, y el vocabulario gestual que expresa el abrazo de la naturaleza, el grupo afronta las escenas en conjunto. Estas cuatro mujeres escinden el grupo para experimentar en las emociones individuales y dilatan su individualidad hasta las fronteras del otro. Todo aderezado con la delicadeza sonora de una flauta y el ritmo percutido de un teclado, ha sido una de las obras de danza africana contemporánea más internacionales de la última década.

A pesar de haber llevado por los escenarios de África, Europa y Estados Unidos obras como Sans Reperes (1999), Source (2000) o Geeme (2002), la muerte de Kombé ha truncado la actividad de la compañía marfileña. Pero su estilo sigue vivo en festivales, auditorios y teatros de todo el mundo. La escuela continúa reivindicando el fuerte papel de la mujer en las sociedades africanas contemporáneas, ya sea gracias a la actuación de sus compañeras de reparto (especialmente, Nadia Beugré) como la de otras muchas mujeres que encuentran en la danza contemporánea la mejor manera de desenquistar la identidad del África actual.

 

Proyecto Documental Oussouye

Desde el GESA (Grupo de Estudio de las Sociedades Africanas), se nos pide el apoyo al proyecto para financiar un documental sobre los poderes tradicionales en Casamance, sur de Senegal. Wiriko apoya este proyecto! Nos ayudas? 😉

http://www.verkami.com/projects/2453-documental-oussouye

Descripción del proyecto

QUIÉNES SOMOS
GESA (Grupo de Estudio de las Sociedades Africanas), es un equipo de investigación de la Universidad de Barcelona reconocido por la Generalitat de Catalunya y con un amplio prestigio internacional. Es el grupo coordinador de la red interuniversitaria ARDA, (Agrupament per a la Recerca i la Docència d’Àfrica), formada en el año 1997. Esta red visibiliza un entramado de vínculos de investigación y docencia sobre las sociedades africanas que funciona desde los 90, y está compuesto principalmente por el Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, el Grupo África de la Universidad de Granada, la sección África de Hegoa en la EHU (Universidad del País Vasco) y el Grupo de estudios africanos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Estas conexiones facilitan la interdisciplinariedad en todos los proyectos del GESA, ya que miembros de los otros equipos del ARDA actúan como colaboradores externos.

La línea de investigación que lleva el equipo de GESA se ha centrado en las transformaciones del pensamiento africano, tanto en tiempos históricos como durante los estados independientes, así como la interacción entre los sistemas tradicionales y los sistemas democráticos después de las independencias.
Estas líneas de investigación han sido avaladas por diferentes proyectos estatales entre los que cabe destacar Movimientos transfronterizos y construcción de nuevas prácticas ciudadanas en África y Europa. Las obras colectivas editadas por el grupo GESA ponen de relieve las miserias y las incapacidades del paradigma modernizador al sur del Sahara.

Ferran Iniesta es el coordinador de GESA y ha sido el investigador principal de la mayoría de los proyectos desarrollados hasta ahora por el grupo. Ha dirigido seis proyectos de investigación (1992-2005), tres de los cuales con centros especializados extranjeros. Tiene reconocidos tres tramos de investigación (1987-2004) por la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora. Con una trayectoria sin parangón en España, es el director del proyecto y ejerce la tutela sobre la investigación. Por otro lado, Jordi Tomàs, antropólogo de referencia en la realidad de la Casamance y miembro del mismo grupo de investigación, aporta su experiencia y su conocimiento del territorio en su implicación en el proyecto. El resto del equipo está formado por jóvenes investigadores de diversas disciplinas que comparten el interés por África y por ahondar en experiencias que puedan suponer un enriquecimiento cultural.

EL PROYECTO
Desde hace más de 30 años hay un conflicto instalado en el sur de Senegal, en la región de la Casamance (aunque la fecha de inicio siempre pueda ser matizada y discutida). Se trata de uno de esos conflictos considerados de baja intensidad, en los que las cifras de víctimas no alcanzan unos baremos cuantitativos establecidos. Sin embargo, esta clasificación técnica no hace que el dolor, el terror y los inconvenientes de quienes lo sufren sean menos intensos.

Oussouye. Fotografía de Jordi Tomàs

En estas tres décadas, el conflicto de la Casamance ha vivido todo tipo de evoluciones y en los últimos años se han producido diversos movimientos encaminados a la consecución de la paz. Se han firmado diversos tratados parciales, pero el conflicto aún no se ha resuelto. A pesar de esa situación confusa y ambigua, hay un territorio en el que desde hace casi diez años no se ha producido ningún episodio de violencia relacionado con el enfrentamiento entre el independentista Mouvement des Forces Democratiques de la Casamance (MFDC) y el ejército senegalés. Se trata del reino de Oussouye. La violencia cesó en este territorio inmediatamente después de que fuese entronizado el rey.

Luego de años de investigación y trabajo de campo en Casamance, queremos producir un documento audiovisual que proporcione las herramientas para una mayor difusión y entendimiento del conflicto, y explicar el origen de una situación particular que llega hasta nuestros días.

Queremos reflejar la importancia de la tradición y de las autoridades tradicionales en las sociedades africanas, haciendo énfasis en que el carácter tradicional no comporta un freno a la modernización. Este proyecto puede significar un cambio de tendencia a la hora de poner en relevancia los valores tradicionales y el papel protagonista que pueden tomar las autoridades tradicionales para actuar como interlocutores completamente válidos en los procesos de paz, para una resolución definitiva del conflicto de Casamance.

QUÉ NECESITAMOS
Una parte del equipo estará en Casamance, concretamente en el reino de Oussouye, durante el mes de julio de 2012, para concluir el trabajo de campo y organizar el posterior período de rodaje.

El rodaje se realizará en noviembre de 2012 con el equipo de producción en Oussouye.

GESA cuenta para este proyecto con una dotación económica de 9.600 € por parte del ICIP(Institut Català Internacional per la Pau) a través de la AGAUR, Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca.

Nos hemos aventurado a esta experiencia de crowfounding porque necesitamos la suma extra de 4.300 € para poder cubrir los gastos de alquiler, seguro y traslado del material de video y audio para el rodaje en Senegal. Esto es imprescindible para garantizar el mínimo de calidad que nos hemos propuesto.

Si llegamos a superar el objetivo económico de 4.300 €, tenemos en la lista varios ítems que podremos mejorar en orden de obtener un mejor resultado en el producto final, desde cubrir los gastos de viaje del equipo, a subtítulos, gráfica, difusión, etc.

Tu aporte y difusión significa mucho para nosotros. ¡GRACIAS!

Síguenos en Twitter
Síguenos en facebook

Para más información puedes escribirnos a:
oussouye.doc@gmail.com

Aproximación al padre del cine africano

Ousmane Sembène (1923-2007) es considerado el padre del cine africano. Su obra expresa ese antagonismo entre modernidad y tradición, entre las autoridades y las comunidades africanas, entre la corrupción y las ansias de democratización. Fue un gran detractor de la ayuda humanitaria por considerar que hacía incapaces a sus receptores y en su obra escrita y cinematográfica siempre reflejó el anhelo de plasmar una África anterior al colonialismo. Rehuyendo los clichés occidentales y el mainstream  de los medios de comunicación, dijo cosas tan significativas como “Mi público es Africa; Occidente y el resto son mercados. Además, quiero mantener mi estética lo más cercana posible a la narrativa oral tradicional de nuestros países, con lo cual no uso nunca métodos tomados de Hollywood o el cine europeo. Mi meta, y espero lograrlo, es crear un lenguaje fílmico africano“.

Emigró a París después de haber luchado con los Tiralleurs Sénégalais durante la II Guerra Mundial, dónde se afilió al partido comunista. Allí escribió las novelas El estibador negro (1956), Las estillas de Dios (1960) -sobre la huelga de los trabajadores en la construcción del ferrocarril que uniría Dakar con Níger a finales de los 40′-. A lo largo de su vida escribió otras muchas novelas, entre las cuales Harmatán –sobre el referéndum de las independencias-, El mandato y El último Imperio. 

Pero fue en Moscú donde estudió dirección de cine, lo que le permitiría grabar su primera película Borom Sarret (1963), a la que seguirian 14 títulos más.  Entre ellos  La negra de… (1965)sobre la pareja negra de un blanco, que se vuelve a la metrópoli arrojándola al suicidio-. Mandabi (Le Mandat) (1968) fue su primer film en wolof y una crítica a la corrupción, el nepotismo, la burguesía y las aristocracias locales. En este film hace un especial énfasis en el papel del Cristianismo y el Islam en la desintegración de las sociedades locales africanas. Emitai (1972) retrata el colonialismo de tal forma que fue prohibida en Francia durante cinco años. Alcanzó el éxito con Jalá (Impotencia) (1975), sobre la obsesión de las autoridades religiosas en los hechizos para el poder y el vigor sexual, que fue prohibida en Senegal. Más polémica tuvo con el film Ceddo (1977), en el que la censura islamista cortó algunas de sus escenas… La versión que adjuntamos está completa. Faat Kiné (2000) fue un elogio a la cotidianidad de la mujer africana y Moolaadé (2005) fue la segunda entrega de esta, seguida de La confrérie des rats que nunca fue terminada.

Cofundador del mayor Festival de cine africano del continente (Fespaco – Burkina Faso), de la FEPACI (Federación Panafricana de Cineastas), el director, guionista y activista político senegalés pretendía educar a través del cine.