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Congo, una historia épica o cómo enfocar la historia

Escasean este tipo de libros. Obras simple y llanamente redondas. La editorial Taurus acaba de publicar para deleite de los lectores españoles Congo, una historia épica del belga David Van Reybrouck, historiador, arqueólogo y escritor. Se trata de una propuesta diferente para conocer en profundidad la historia de un país con un planteamiento muy alejado del clásico libro académico, género poco atractivo para el gran público. Van Reybrouck recorre la turbulenta historia del Congo presentándola en forma de novela, una narración que engancha de principio a fin. La crónica de la que hoy es la República Democrática del Congo (RDC) es en sí fascinante, pero tiene un mérito enorme que tras la lectura de seiscientas páginas te quedes con ganas de más.

Seguro que más de uno comparte un pensamiento recurrente entre quienes leemos literaturas africanas: “Ya tenemos a otro occidental escribiendo sobre África”. Y es que esta obra podría sumarse a las ya conocidas de El fantasma del Rey Leopoldo del norteamericano Adam Hochschild y El río Congo del británico Peter Forbath. Pero conviene dejar de lado los prejuicios relacionados con el origen de su autor porque estamos ante una obra excepcional por su rigor y originalidad. Quede claro que no se trata de un libro de historia al uso, porque además de divulgar Van Reybrouck busca entretener. Sin embargo, no por eso estamos ante un documento histórico menos serio: no hay más que echar un vistazo a las más de treinta páginas de referencias sobre las fuentes consultadas. El autor pasó seis años revisando miles de informes diplomáticos, políticos, económicos, documentos de organismos oficiales internacionales, ONG, artículos de prensa, leyó decenas de libros, visionó documentales y viajó una docena de veces a la RDC para entrevistar a casi quinientos congoleños. Como buen investigador que es, sacó toda la artillería pesada para analizar esa ingente cantidad de documentación y desplegó sus dotes de escritor para hilvanarla con maestría. El libro es el resultado de combinar ciencia, periodismo y literatura. Un enfoque de lo más acertado para acercar la historia a cualquier tipo de lector.

Se inicia viaje al continente africano desde el mar, a bordo de un barco que se aproxima a la desembocadura del río Congo, una visión muy parecida a la que debieron tener los primeros occidentales que alcanzaron esas tierras. Pero el lector enseguida cambia de perspectiva para meterse en la piel del nativo Disasi Makulo: «Nací en una época en la que el hombre blanco todavía no había llegado a nuestra región, en aquellos tiempos ni siquiera sabíamos que en este mundo había seres humanos con un color de piel distinto al nuestro». Con esta simple frase nos vemos catapultados a una época tan lejana como desconocida para sumergirnos en la apasionante y rocambolesca vida de este hombre que jamás hubiera imaginado que, algo más de siglo y medio más tarde, algunos de sus compatriotas terminarían instalados en China hablando mandarín con fluidez. Porque es en China donde acaba el viaje: hasta allí se desplaza el autor para visitar una comunidad de congoleños dedicados al intercambio comercial. Entre medias, a lo largo de quince capítulos, el lector asiste fascinado a las idas y venidas de una nación extrema en muchos aspectos: su superficie, su diversidad étnica, su arrolladora y descomunal naturaleza y su azarosa trayectoria política. Buen ejemplo de esto último son los cinco nombres por los que ha pasado el país: Estado Independiente del Congo, Congo Belga, República del Congo, Zaire y República Democrática del Congo. Por desgracia, su exuberante entorno natural y sus suelos ricos en materias primas han marcado a fuego su historia: los árabes arramblaron con el marfil, Leopoldo II con el caucho, los estadounidenses con el uranio, los europeos con los diamantes, el oro, el cobre, la madera o el coltán entre otros, y ahora China ha entrado cual vendaval a comprar sus tierras y rapiñar lo que queda. Sin hablar del comercio de esclavos. Con semejante telón de fondo podría pensarse que el libro es un compendio de tragedias impregnado de muerte y dolor, pero no lo es. Ironía y humor van intercalándose a lo largo del texto por medio de anécdotas, comentarios personales y situaciones de lo más variopintas y surrealistas. La alternancia entre lo dramático y lo cómico es una constante y mantiene al lector siempre a flote emocionalmente. Aunque el drama subyace, también se percibe la infinita y admirable resistencia de los congoleños ante la adversidad. Sus testimonios son uno de los grandes aciertos de esta obra porque, por fin, tienen visibilidad y voz. Los congoleños son los grandes protagonistas y aportan la verdadera dimensión humana a los distintos sucesos históricos. En su mayoría son personas anónimas que cuentan sus vidas, pero sus palabras tienen un valor incalculable, tanto desde el punto de vista documental como humano.

El escritor David Van Reybrouck, Fuente: Nationaal Historisch Museum – CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12125164

Uno de los aspectos más relevantes de esta obra es la profusión de datos económicos, históricos, geográficos o sociológicos que aporta. Pero el autor los dosifica tan bien que no avasallan ni entorpecen, la lectura fluye como si de una novela se tratara. Con tal cantidad de información, quienes poco sepan del Congo quedarán más que satisfechos y quienes crean conocerlo no se sentirán defraudados. A lo largo del texto son muchas las curiosidades que aparecen y algunos temas tienen un enfoque local inédito. Por ejemplo, sorprende escuchar de boca de los congoleños que Patrice Lumumba no goza en su país de la gran admiración que se le profesa en Occidente. ¿Cuánta gente sabe que Mobutu se hizo construir una pista de aterrizaje especial para el Concorde dentro de su complejo residencial para llevar a su familia a Disneyland París? A nadie se le escapa que la música juega un papel crucial en el Congo, pero el capítulo dedicado a explicar el estrecho vínculo que mantienen sus estrellas musicales con la política y las grandes cerveceras es interesantísimo. ¿Y qué decir de la narración del periplo desde Lagos hasta el Cairo, cruzando a pie el desierto del Sáhara, de un soldado congoleño de la tropa colonial belga para detener la progresión de Rommel en la Segunda Guerra Mundial? Anécdotas, fechas, cifras y testimonios se suceden sin cesar para apuntalar unos hechos históricos que para muchos serán desconocidos.

En definitiva, Congo, una historia épica es una obra imprescindible para quienes deseen conocer la historia de este país, pero no solo para ellos. Cualquier lector disfrutará de una novela apasionante gracias a una narración amena y ágil. Van Reybrouck ha escrito un libro magnífico, su éxito en ventas en otros países da fe de ello. Es innegable el trabajo académico que encierra, pero también conviene destacar la sensibilidad que ha demostrado al dar a los congoleños el protagonismo que se merecen. Al rescatar sus voces ofrece una perspectiva local tan valiosa y única que resulta impensable prescindir de los africanos si se quiere tener una historia de África fidedigna y completa.

La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

Volver a casa, la dignidad de los hijos de la trata

Con un enorme incendio que en una noche de 1760 arrasa la tierras de los fante (en la actual Ghana) comienza Volver a casa, primera novela de la estadounidense de origen ghanés Yaa Gyasi. Es una joya literaria. Una obra tallada con talento y rigor en la que la autora recrea la historia de sus antepasados a través de una saga familiar que progresa a lo largo de 250 años, desde aquel fatídico incendio de 1760. Esa misma noche llega al mundo la pequeña Effia, que unos años después será vendida como esposa a un militar británico que dirige el tráfico de esclavos en el castillo del Cabo, una de las fortificaciones de la ruta esclavista más emblemáticas del golfo de Guinea. Su medio hermana, Esi, nacerá en el seno de una importante familia del país asante y allí será capturada y almacenada como una bestia junto a otras mujeres en los sótanos del mismo castillo del Cabo para ser deportada como esclava al sur de los Estados Unidos. El relato está construido a partir del recorrido alterno de las dos ramas familiares y en cada capítulo, que podría constituir una novela en sí mismo, se nos presenta la historia de un nuevo miembro de cada uno de los linajes.

Se trata de una novela deliberadamente fragmentaria, cuya forma en sí misma constituye una metáfora de tantas vidas rotas y truncadas de las que solamente podemos ver pequeños fogonazos que quedan iluminados por unos instantes en la oscuridad de la historia y del olvido. El lector tiene que esforzarse en reconstruir y rellenar toda la trama que une esos fragmentos de vida que comparten los descendientes de Effia y de Esi, silenciados entre los recovecos de la historia.

Precisamente es Jo, nieto de Esi, quien siendo un bebé es entregado por sus padres a una esclava cimarrón para que pueda crecer como un hombre libre, el que expresa su angustia al pensar que toda su historia podría ser borrada:

A menudo a Jo le preocupaba que la línea que trazaba su familia se hubiese interrumpido, perdido para siempre. Que no pudiera llegar a saber quiénes eran los suyos, y los antepasados de los suyos, y que, si había historias que contar sobre su procedencia, se quedase sin oírlas.

Gyasi se ocupa de que esto no suceda y, además de ofrecernos la potente historia de una saga familiar, nos brinda un panorama general en el que pueden enmarcarse las historias de otras tantas familias que compartieron una terrible comunidad de violencia, injusticia y sufrimiento a lo largo de los siglos.

Y es justamente la continuidad de esta violencia física, mental e institucional, su huella imborrable en los cuerpos, en el pensamiento y en la historia lo que sobrecoge al lector, que sin duda, no está acostumbrado a leer la realidad desde este punto de vista. Una vez abolida la esclavitud el rumbo de la historia de los africanos y de sus descendientes no parece cambiar sustancialmente, tras haber sufrido la degradación física y moral de la esclavitud, se enfrentan a una sociedad profundamente racista que no parece dispuesta a convivir con sus antiguos esclavos en pie de igualdad.

La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

Sin embargo, Yaa Gyasi no se recrea en el drama, sino que nos muestra una increíble historia de dignidad humana, de resiliencia y de fuerza. Los diversos protagonistas de la novelista de origen ghanés, tanto hombres como mujeres, son personajes a menudo vencidos pero nunca humillados. Son hombres y mujeres que se rebelan y que a lo largo de siete generaciones van, progresivamente, liberándose de un destino impuesto por otros.

Así, en la época colonial de Costa de Oro, en la actual Ghana, un descendiente de Effia, el profesor Yaw, les explica a sus alumnos cuáles son las relaciones entre saber y poder:

Creemos al que tiene el poder. Él es quien consigue escribir su historia. Por eso cuando estudiáis historia, siempre debéis preguntaros: “¿De quién es la versión que no me han contado? ¿Qué voz fue silenciada para que ésta se oyese?” Cuando hayáis respondido a eso, debéis encontrar también esa otra historia.

Mientras tanto, al otro lado del océano, Sonny vive confinado en el Harlem de los 50 y relee Las almas del pueblo negro, el clásico de W.E.B. Du Bois, mientras está encerrado en un calabozo por haber participado en una marcha contra la segregación. La novela se cierra en la época contemporánea y nos propone el inicio de un nuevo camino, una nueva ruta que se abre hacia el cambio, la esperanza y el futuro.

Sin embargo, a pesar del claro compromiso histórico que hila toda la novela, Volver a casa es ante todo una historia de personas que aman, sufren, luchan y viven. El lenguaje de Yaa Gyasi es directo y poético al mismo tiempo. Excita los sentidos del lector recurriendo al tacto, al sabor y al olfato y transmite una fuerte sensualidad en la que el color y la textura de la piel oscura son protagonistas. Los paisajes que los rodean, naturales o urbanos se llenan también de matices sensoriales que nos permiten transportarnos a los inmundos calabozos del Castillo del Cabo, la tierra roja y cálida de los asante, la oscuridad de las minas de Pratt City o la hermosa bahía de Chasepeaky.

No nos atrevemos a poner una etiqueta a la escritura de Yaa Gyasi, pero sentimos que de alguna manera la escritora ghanesa forma parte de este grupo de poderosas voces femeninas, que como Chimamanda Ngozi Adichie o Arundhati Roy, provienen de países que fueron colonizados por las potencias europeas. Esta escritura de mujeres nacidas en los territorios de las antiguas colonias ha llegado para quedarse y para que podamos leer la historia desde un punto de vista doblemente diferente.

Nathacha Appanah, una mauriciana en la diáspora

No estamos demasiado acostumbrados a la literatura mauriciana, pero no vamos a caer en el aplauso del exotismo. Simplemente, es una curiosidad. Nathacha Appanah es una autora originaria de la República de Mauricio y, por cierto, una autora consagrada, que incluso ha sido traducida al español. Precisamente, su cuarta novela, la última antes de este largo silencio que acaba de romper, El último hermano, fue publicada por Alfaguara en 2010 después de haber sido aclamada por la crítica y arropada por los premios.

La escritora mauriciana, Nathacha Appanah. Fuente: Editorial Gallimard

La escritora mauriciana, Nathacha Appanah. Fuente: Editorial Gallimard

En el panorama francófono, esta autora mauriciana supone, como dice una reseña de RFI, una “voz sin parecido con ninguna otra”. Una prosa poética, unas narraciones delicadas, unos paisajes con un cierto tono onírico y evocador y un lenguaje fresco y refrescante perlado de palabras prestadas, son los rasgos que aparentemente han seducido al público, a los editores y a los críticos de ese entorno francófono. El silencio de los últimos años no ha hecho sino aumentar las ganas de volver a leerla y el anuncio del lanzamiento ha revivido la acogida que generó su última obra.

En attendant demain es el título de la quinta novela de Appanah, que la prestigiosa editorial francesa Gallimard publicó en enero de este año. Anita es una de las protagonistas de esta novela, mauriciana, estudiante de periodismo y proyecto de escritora intenta desenvolverse en París. La vida le tiende un cebo. Anita encuentra en Adam, estudiante de arquitectura y proyecto de pintor, el amor de su vida. Pero su relación les llevará a realizar renuncias a cambio de compartir sus vidas. La pareja acaba mudándose a un pueblo en la zona de las Landas, en el suoeste de Francia y ambos dejan de lado sus anhelos artísticos.

Las relaciones de pareja, la añoranza, la integración y una cierta sensación de rendición tiñen esta parte de la historia de Appanah. Sin embargo, la aparición en ese entorno anodino de Adèle demuestra aquello de que donde hubo llama siempre quedan brasas. Adèle es otra mauriciana, inmigrante sin papeles en Francia que vuelve a traer a un primer plano los anhelos y los sueños de Anita. El misterio y la energía vital de la recién llegada remueve esa existencia que ha traicionado (o abandonado) los sueños.

cubierta en attendant demainEvidentemente, la cuestión de la identidad, sistemáticamente presente en los escritores de la diáspora, está muy presente en este En attendant demain, a través de las dos protagonistas femeninas. Tanto en su lucha por la “integración” como en los recuerdos que en realidad les dan el aliento de la vida.

La estrategia de Nathacha Appanah para enganchar al lector es bien sencilla, lo que no quiere decir que la trama que va tejiendo el relato sea simple. La autora presenta desde el principio (que se puede ojear en este enlace) una Adèle que ha muerto ahogada, una Anita que intenta sobreponerse a la soledad, un Adam que sobrevive en la cárcel y una Laura (la hija de Anita y Adam) que intenta hacerse a la idea de que no puede mover sus piernas. Y también avanza que el episodio fundamental ocurrió “cuatro años, cinco meses y trece días” antes de este inicio. La novelista presenta esta historia en una especie de exposición de diecisiete cuadros con los que se configuran las relaciones entre los personajes.

Conociendo el final, el lector se enfrenta a la narración que va presentando la autora, aportando nuevas piezas del puzle con cuantagotas y desentañando poco a poco el misterio del drama.

La propia autora ha confesado en una entrevista que vive la realidad de su identidad migrante “sin culpabilidad y aceptando que (la identidad) es cambiante, como la arena” y que para esta última novela se ha inspirado “en el propio mecanismo de la inspiración y la creación”. “Me he hecho a mi misma mil preguntas cuando no he sido capaz de escribir, de desarrollar una historia”, ha explicado. Ahora ha comenzado el momento de las traducciones para esta esperada novela, quizá pronto esté disponible también en español.

Recursos (humanos) africanos, fútbol y literatura

El escritor ecuatoguineano, Francisco Zamora Loboch. Fuente: web de la editorial 2709 books.

El escritor ecuatoguineano, Francisco Zamora Loboch. Fuente: web de la editorial 2709 books.

“-Quien está metido en la cocaína también está tras el tráfico de personas, y el fútbol africano es la última versión de la trata de negros”, le dice Primo Opare al protagonista de El caimán del Kaduna. A partir de mañana comienzan los cuartos de final de la Copa de África de Naciones (CAN) 2015, el campeonato continental de selecciones estatales de fútbol. Quizá no haya un mejor momento, para que se mezclen deportes, cultura y una denuncia. La combinación aparece de una manera magistral, pero sobre todo de la forma más atractiva en El caimán de Kaduna, una novela del escritor ecuatoguineano Francisco Zamora Loboch, que recientemente ha republicado en formato digital la editorial 2709 books.

Cuando el autor ecuatoguineano Francisco Zamora Loboch publicó por primera vez este trabajo, consiguió cierta repercusión en los medios españoles fundamental por uno de los elementos de la historia. Si no era una pura anécdota, si que se trata sólo de uno de los aspectos de la narración. Los medios, sobre todo los deportivos, leyeron El caimán de Kaduna como “una novela sobre Iker Casillas”. Es cierto, en la historia de Zamora Loboch aparece el portero madridista y, en realidad, es uno de los hilos conductores, pero no es mucho más que un gancho, una excusa.

Cubierta -El caimán de Kaduna - F. Zamora Loboch - 2709 booksEl escritor ecuatoguineano hace un complicado ejercicio en esta novela de combinación de elementos dispares y aparentemente sin ninguna relación entre sí. Tan complicado que en algunas ocasiones no termina de redondearlo. El mundo carcelario, la escritura y la industria editorial, el deporte, la mitificación de los ídolos, África y España, el proceso migratorio, estos son sólo algunos de los ingredientes del cóctel de El caimán de Kaduna. Zamora Loboch cuenta la historia de un joven procedente de Guinea Ecuatorial, ferviente admirador de Iker Casillas, que llega a España en busca del sueño de la élite del fútbol. Los devenires de la vida le llevan al patio de la cárcel, donde se encuentra con otros compañeros africanos que han pasado por complicadas historias hasta dar con sus huesos tras esos mismos muros.

Sin embargo, los malabarismos narrativos empiezan cuando, después de ganarse el respeto de sus compañeros de presidio, el protagonista se encuentra con una insospechada red al otro lado de las rejas. La Fábrica Blanca es una factoría de literatura que opera desde la cárcel y está compuesta por presidiarios que hacen la labor de “negros” en todos los géneros y para todas las capas de la sociedad. La Fábrica Blanca está llamada a convertirse en el gran refugio de la literatura como lo fueron los monasterios durante la Edad Media. Para vencer el tedio, el protagonista acepta un encargo que de ninguna manera habría podido rechazar: escribir una biografía de su ídolo, Iker Casillas.

El segundo malabarismo, llega cuando el presidiario y escritor en ciernes se encuentra con todo el material necesario para su cometido dentro de los muros, entre sus compañeros hay frustrados futbolistas que han compartido vestuario con el portero blanco en las categorías inferiores y otros que, a través de diferentes fuentes, conocen todos los secretos del guardameta.

El tercer quiebro lleva a Iker Casillas a África, concretamente a Nigeria, con la camiseta de la selección española sub-20. Y cruza esta experiencia del madridista con los manejos de un rey tradicional tocado por una especie de maldición. En Nigeria conoceremos el secreto de Iker para llegar a balones imposibles.

El relato futbolístico, la fabulada vida del “mejor portero del mundo” se mezclan en la historia de Zamora Loboch con una descripción de las penurias de los migrantes, con la vida en la cárcel, con los entresijos de la industria editorial y con los tentáculos de las redes de “tráfico” de jugadores africanos. Los jóvenes del continente, deslumbrados por la fama de los jugadores más mediáticos arriesgan su vida en busca de un sueño. Unos mueren en el camino, en el mar o en manos de los desaprensivos que les prometen tocar el cielo con el balón en sus pies. Otros acaban mendigando, utilizados en el tráfico de drogas o tirados en las calles de Occidente, lejos de los campos de fútbol. Los más afortunados terminan jugando en terceras divisiones de ligas que ya de por sí son menos que menores. Los menos, de hecho casi ninguno, consiguen su objetivo.

La narración de Zamora Loboch es chocante, inesperada y fresca y, sin duda, una atractiva forma de denunciar (y en un momento ideal). Lo hace con un lenguaje sencillo y con un estilo cargado de ironía y de un humor, en algunos momentos, incluso un humor “negro”. Sin embargo, el principal pero que se puede poner a la novela del ecuatoguineano es una cierta inverisimilitud del lenguaje. A menudo, las conversaciones entre los adolescentes, los jóvenes jugadores o los presos resultan poco creíbles. Eso no quiere decir que esas conversaciones no te lleven, incluso involuntariamente, de una página a otra, hasta engullir esta novela que con el telón de fondo de la CAN resulta especialmente adecuada, pero que sin el escenario del evento deportivo es, igualmente, atractiva.

Waberi homenajea a Scott-Heron

Abdourahman A. Waberi. Fuente: Wikimedia Commons - Paolo Montanaro

Abdourahman A. Waberi. Fuente: Wikimedia Commons – Paolo Montanaro

Las referencias son todavía muy limitadas, de hecho hasta hoy mismo no ha llegado a las librerías; pero después de seis años de silencio, la reaparición del novelista yibutí Abdourahman A. Waberi con La divine chanson, ha llamado tanto nuestra atención que nos hemos visto obligados a dejarnos llevar por la ansiedad. En esta ocasión, Waberi ha sacado un pie de África, pero sólo uno, porque el otro es el que le sirve de apoyo, para homenajear a Gil Scott-Heron, el músico afroamericano conocido (aunque no demasiado) por el tema “The Revolution Will Not Be Televised” (La revolución no será televisada). Muchos de los raperos con más proyección le consideran uno de los padres del hip hop y sus canciones han dejado una huella profunda, sobre todo, en las comunidades afroamericanas y, sin embargo, no se trata de una gran estrella de la música y, para el público general, se podría decir que se trata de un absoluto desconocido. Esta aparente contradicción es la que ha deslumbrado al novelista yibutí.

En su gira promocional, Waberi ha confesado que sentía casi “una deuda” con su admirado Scott-Heron. Una deuda que se evidenció con la muerte del músico. El escritor explicaba recientemente en una entrevista a la cadena francesa Radio France International que comenzó la creación de esta historia de manera “involuntaria” en mayo de 2011, cuando conoció la noticia del fallecimiento de Scott-Heron y que durante estos más de tres años le ha movido una especie de complejo por no haber podido ver al músico sobre un escenario. Probablemente la última etapa del yibutí en Estados Unidos como profesor de la universidad George Washington le ha acercado más al artista y a las comunidades afroamericanas. Y le ha hecho, sobre todo, admirar la coherencia en la disidencia de Gil Scott-Heron. Waberi destaca el hecho de que el artista estadounidense ha huido del dinero, de la fama y de los manejos del marketing, ha eludido el star system para mantener un discurso constantemente revolucionario.

portadaLa divine chanson es realmente una novela, aunque según la confesión del autor muy aferrada a la figura real del músico y poeta afroamericano. Como un guiño a la recreación del personaje y para rehuir el tono biográfico, Waberi ha rebautizado a Gil Scott-Heron, como Sammy Kamau-Williams. Sin embargo, el resto del personaje está muy próximo a la realidad desde su entorno familiar, con una madre soltera y una abuela operando de criadora; hasta su trayectoria artística, con referencias a las canciones y los álbumes del músico; pasando por el itinerario escolar de Scott-Heron que le ha forjado como uno de los cantantes de la revolución por los derechos civiles después de haberse formado en un entorno carente del componente afroamericano.

“Todo es falso porque yo lo he inventado y todo es real porque Scott-Heron lo ha vivido”, confesaba recientemente Waberi en una entrevista en la cadena Africa Nº1 subrayando ese juego entre biografía y novela, entre ficción y realidad. El autor asegura que la parte ficticia es, precisamente, la narración, el punto de vista, mientras que los hechos son reales. Y una buena parte de la culpa de esta dimensión imaginaria la tiene el propio narrador de la historia, nada más y nada menos que un gato. Un gato que, por otro lado, también existió en la vida real del músico.

Gil Scott-Heron durante una actuación en Bristol en 1986. Fuente: Wikimedia - Robman94

Gil Scott-Heron durante una actuación en Bristol en 1986. Fuente: Wikimedia – Robman94

Abdourahman A. Waberi ya había demostrado en obras anteriores como Pasaje de Lágrimas, su afición por las narraciones a múltiples voces y por los hilos narrativos no lineales. En La divine chanson repite este esquema en el que el gato narrador, llamado Paris, mezcla la historia de Sammy Kamau-Williams (la representación de Scott-Heron) con su propio periplo de múltiples reencarnaciones que le ha llevado a conocer a otros grandes narradores y cantantes en diferentes partes del mundo. De alguna manera, Paris es una buena coartada para hablar sobre la espiritualidad y el misticismo que, en gran medida, vincula algunas partes de África, con el Caribe y la América negra.

La música es uno de los elementos que permite al novelista vincular las diferentes esferas americana, caribeña, francesa y, evidentemente, africana, para tocar diferentes problemáticas, desde esa evidente América negra, hasta la gentrificación de Nueva York o la idealización de una ciudad como París. Destaca, sobre todo, la parábola vital y la reflexión sobre la realidad de las comunidades afroamericanas, la certeza de ser negros como los africanos pero, de alguna, manera africanos diferentes. Pero Waberi, a través de la trayectoria contestataria de Scott-Heron, encuentra el espacio para criticar la industria musical más comercial y el capitalismo salvaje.

Escuchando a Waberi hablar sobre La Divine Chanson simplemente se nos encienden las ganas de poder leer la novela y su visión sobre la revuelta, sobre los nexos América-África y, cómo no, la habilidad del escritor yibutí de poner delante de nuestros ojos una fábula del siglo XXI. Sólo podemos desear que el año 2015 (que nos ha traído este esperado lanzamiento) nos aporte también una deseada traducción.

Dinaw Mengestu, el escritor del desarraigo del inmigrante africano en EEUU

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Mario Lozano Alonso

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 - Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 – Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu es considerado uno de los escritores más prometedores del actual panorama literario norteamericano, lo cual no es poco habida cuenta de la importancia de un mercado tan grande como el estadounidense. Su primer libro, Children of Revolution (2007) no ha sido traducido al español, como sí ha ocurrido con su segundo trabajo, El lugar del aire (2012). All our names (2014) es su trabajo más reciente.

Podríamos encuadrar la obra de Dinaw Mengestu entre la de aquellos escritores que narran la emigración africana porque la conocen de primera mano. A finales de la década de los setenta, sus padres emigraron a Estados Unidos desde Etiopía huyendo de la miseria generada por las erráticas políticas del Derg, el gobierno comunista liderado por Mengistu Haile Mariam. Aunque nace en 1978 en Addis Abeba, su infancia se desarrolla en una pequeña ciudad del Medio Oeste norteamericano, Peoria, donde tendrá una vida bastante plácida previa a su entrada en la prestigiosa universidad de Georgetown. En ella consigue su Bachelor of Arts para, poco tiempo después, obtener su Master of Fine Arts en la Universidad de Columbia de Nueva York.

La emigración, más concretamente la africana hacia Estados Unidos, es el tema estrella en toda su obra, en gran medida por pertenecer a los conocidos como inmigrantes de segunda generación. El desarraigo y las dificultades para integrarse, la nostalgia por la tierra perdida, todas las dificultades que provoca la necesidad de adaptarse a una sociedad deshumanizada como es la occidental, son temas recurrentes en las páginas de sus libros.

Su primera novela, Children of revolution, narra la historia de Sepha Stefanos, un inmigrante etíope que, tras escapar del brutal régimen del Derg, regenta un ultramarinos en un barrio de Washington D.C. donde no viven blancos. El desarraigo que se percibe en la psicología del personaje es brutal, dada su nostalgia por su tierra natal, que abandonó con diecinueve años, a lo que hay que sumar el dolor que siente por el cruel asesinato de su padre, funcionario imperial, a manos de los comunistas. Además de Sepha, aparecen otros personajes de origen africano como Ken, keniata, y Joseph, congoleño, que son amigos suyos y que sufren de un desarraigo y nostalgia similares, pero que también tienen sus sueños y ambiciones.

La propia experiencia personal de sus padres como inmigrantes aparece en su producción literaria, inspirando en buena medida la trama principal de su segunda novela, El lugar del Aire. En esta novela encontramos al personaje principal, Jonas, a la sazón inmigrante etíope de segunda generación, inmerso en una profunda crisis provocada por una infancia llena de abusos en un hogar donde sus progenitores no se amaban. El personaje, mentiroso por definición y con graves problemas para expresar sus sentimientos, decide realizar el mismo viaje de novios que realizaron sus padres cuando aún él no había nacido. Esto le lleva a visitar los lugares que previamente habían conocido sus progenitores, casados en Etiopía en un matrimonio de conveniencia, intentando reconstruir los primeros años de un matrimonio desdichado.

En su último libro, All our namesTodos nuestros nombres, aún no traducido al español- vuelve a la palestra el asunto de la inmigración, entremezclándose con el amor. En este caso, Isaac, el protagonista, ya no es etíope sino de Uganda, desde donde llega a una pequeña ciudad del interior de Estados Unidos, ambiente que Mengestu conoce muy bien por haber crecido en una de ellas. Allí será atendido por una muchacha, Helen, trabajadora social acostumbrada a trabajar con inmigrantes, quien no tardará en enamorarse del enigmático Isaac, de quien apenas se sabe nada.

Quien quiera buscar la rica tradición literaria etíope entre sus páginas ha de tener en cuenta que no la va encontrar. Aunque Dinaw Mengestu  no haya crecido en Etiopía, ni ambiente sus novelas en las alturas del macizo abisinio o en las bulliciosas calles de Addis Abeba, no olvida sus raíces ya que sus obras se inspiran en Etiopía y África, sin que le importe que lo etiqueten como escritor africano. Es el genial relator de una tragedia que afecta cada año a millones de africanos que, deseosos por encontrar una vida mejor, dejan atrás sus países para intentar integrarse en las sociedades occidentales, tan absolutamente diferentes para ellos.

Para finalizar, quisiera hacer una última reflexión sobre la literatura referida a la inmigración en Europa, que es, a mi juicio, aún hoy en día muy marginal. La sociedad europea necesita abrir su mercado literario a todos los escritores que, siendo inmigrantes de primera, segunda o incluso tercera generación, nos hablen del sufrimiento, del desarraigo, de los sueños y esperanzas de aquellos que, durante décadas, han venido aquí a intentar labrarse un futuro más brillante. Los afroeuropeos, cuyo número crece año tras año, forman parte de nuestra sociedad y la enriquecen aportando multitud de matices importados de sus países de origen. Sin embargo, sus hijos y nietos nacerán aquí, siendo europeos de pleno derecho y, aunque probablemente no pisen África más que una o dos veces en su vida, la historia de cómo sus padres llegaron a Europa siempre formará parte de ellos. Por eso debemos preguntarnos si esa historia no merece ser contada.

La conciencia ciudadana conquista la literatura

Oduor Jagero. Fuente: Fabebook del autor.

Oduor Jagero. Fuente: Fabebook del autor.

Hace ya un tiempo que se ha hecho evidente la conciencia ciudadana en la mayor parte de los países africanos, sobre todo, en las principales ciudades. El fortalecimiento de los movimientos sociales, las movilizaciones en la calles y, en definitiva, una sensación de que los ciudadanos no están dispuestos a dar un cheque en blanco a la clase política para que monopolicen en control de sus países se ha hecho más visible que nunca. Tal es la tendencia que incluso se ha convertido en un tema novelístico, el ejemplo más evidente y más reciente es el trabajo del keniano Oduor Jagero con su recién publicada obra True Citizen. La publicación ha tenido una repercusión inmediata en los medios kenianos y ha hecho, por ejemplo, que el autor sea invitado al festival literario Storymoja que se celebra en Nairobi en septiembre.

True Citizen es una historia sobre el impacto de la corrupción y la lucha a favor de la buena gobernanza. Es, de alguna manera, un thriller que se desarrolla en el contexto de la búsqueda de la justicia, pero que colateralmente a la trama desarrolla otros elementos fundamentales de la sociedad keniana. Desde las evidentes historias de amor, hasta la implantación de la tecnología, también las sociedades africanas, pasando por la influencia de la presión familiar y, como no, de los efectos de la corrupción más cotidiana en el día a día de los kenianos.

Oduor Jagero ha querido dar protagonismo a un atípico héroe, Maina, un hombre que ha querido dejar de lado un oscuro pasado. Maina ha abandonado su vida como gánster para reconvertirse en un empresario honrado. Se dedica al transporte de pasajeros, el entorno en el que se desarrolla una de las formas de corrupción más cercana a los ciudadanos, la de la policía de tráfico. La voluntad de cambio de vida del protagonista se cruza con una de estas situaciones, cuando la policía de tráfico se inventa infracciones para confiscar su matatu. Maina está tan convencido que ni siquiera quiere plantar cara. Pero su conductor, Kama, no está dispuesto a rendirse.

true citizenJagero pone en juego entonces otra de sus pasiones para vincularla con la historia. Maina recurre a un grupo de hackers, para poner al descubierto una trama de corrupción más importante de lo esperado. Adema, el responsable de la policía de tráfico tiene un acuerdo con políticos al más alto nivel para lucrarse con esas operaciones irregulares. Seguramente ni Maina pretendía meterse en la vida de Adema, ni Adema había previsto cruzarse con Maina, pero llegados a un punto de la investigación, el antiguo hampón no tiene más remedio que llegar hasta el final.

Maina se ve arrastrado por las circunstancias, sin duda, pero durante todo el relato Oduor Jagero pone de manifiesto esa sed de acabar una corrupción que afecta directamente a los ciudadanos.

El estilo de arraigo con la sociedad, de tratar temas candentes y de interés para los ciudadanos forma parte de la trayectoria de Oduor Jagero, ya que, a pesar de que True Citizen es su  primera novela, no es su primera obra como escritor. Jaguero es un periodista keniano con premios como escritor, eso sí de géneros diferentes. Hasta el momento, el autor africano ha firmado poemas, obras de teatro y musicales y lo ha hecho con un éxito considerable. Color of God o Confessions of a Harlot, son algunas de sus obras (musicales) más conocidas. Sin embargo, en 2011 recibió el premio del African Playwright’s Project por su musical Makmende Vies for President.

Estos trabajos previos demuestran las preocupaciones recurrentes de Oduor Jagero. Por ejemplo, el mencionado musical galardonado nos sitúa en una Kenia en la que la situación es insostenible. Pobreza, sequía, inflación y corrupción han llevado al país a una situación catastrófica. En esa situación solo Makmende puede solucionarlo. Makmende es un personaje de la mitología urbana de Nairobi, surgido en los años ochenta y relanzado a partir de 2010 gracias a las redes sociales. Se trata de un chico malo pero honesto, una especie de héroe de las clases populares, el único capaz de solucionar las cosas, cuando éstas ya no tienen solución.

De esta manera, Maina, el protagonista de True Citizen, es un Makmende incipiente, el antihéroe capaz de dar el golpe definitivo a un sistema corrupto.

Aidoo: Historias de mujeres fuertes

Ama Ata Aidoo

Ama Ata Aidoo

Vamos a intentar solucionar un agravio coincidiendo con el momento en el que el foco se pone sobre las cuestiones de género y las mujeres que hacen cosas, por aquello del recién pasado 8 de marzo. No es ese el agravio. No tenemos remordimientos de género en esta sección, básicamente porque las mujeres escritoras africanas son legión y grandísimas creadoras. El agravio viene, más bien, del hecho de no haber dedicado en exclusiva una entrada a una de las grandes, la ghanesa Ama Ata Aidoo.

aidoo2Aidoo es uno de esos ejemplos de mujeres fuertes que tan atractivos resulta. Su biografía está llena de hitos que llaman la atención sobre su figura. Nació en el seno de una familia real fante, una familia, por cierto, muy preocupada por la educación. Según cuentan sus semblanzas Aidoo supo desde los 15 años que quería ser escritora. Lo consiguió al terminar su licenciatura en inglés, cuando en 1965 publicó su primer libro, una obra de teatro titulada The dilemma of a ghost que supuso una pequeña revolución. A partir de ahí se desplegó una intensa carrera tanto académica como literaria en la que se mezclan los premios internacionales por sus obras con los puestos en instituciones educativas estadounidenses y ghanesas, e incluso, durante un breve lapso de tiempo la responsabilidad como ministra de Educación. Si los libros de Aidoo dejasen la más mínima duda de su implicación, desde luego su paso por el ministerio ghanés sería suficiente para disiparlas. Después de 18 meses abandonó un cargo evidentemente atractivo, pero en el que no se cumplía con las expectativas creadas, probablemente su posicionamiento inequívoco a favor de los derechos de las mujeres no era del todo bien recibido.

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Ama Ata Aidoo aparece como la precursora (muy adelantada) de una generación de autoras africanas entre las que se encuentra ahora, por ejemplo Chimamanda Ngozi Adichie o NoViolet Bulawayo. Una de las características fundamentales de la obra de Aidoo es la evidencia de las contradicciones para conjugar la tradición africana con la vida moderna occidental. Sin embargo su perspectiva no es la de la incompatibilidad sino la del recorrido interno de los personajes para conseguir que esos dos ámbitos encajen de la manera más natural posible. Un buen ejemplo es Anowa (1970), que en las ediciones posteriores a menudo aparece publicada junto a The dilemma of a ghost, en la que revisita una leyenda tradicional ghanesa.

Aunque, sin duda, el papel de las mujeres en la sociedad es la preocupación fundamental de Aidoo. Se podría decir que la mayor parte de sus historias son historias de mujeres, aunque no nos podemos conformar con una descripción tan fría. Las historias de Aidoo son historias de mujeres fuertes que rompen con el mito de la mujer africana pasiva y victimizada. Las protagonistas de Aidoo toman las riendas de sus vidas y se hacen responsables de sus decisiones. No se dejan llevar por la corriente.

aidoo3La novela Changes: a love story es uno de los mejores ejemplos de esta voluntad de mostrar figuras femeninas con iniciativa y con empuje. En la historia, una mujer, Esi, se enfrenta a la disyuntiva de tirar adelante con su proyecto de vida o plegarse a las “instrucciones” de su marido Oko. Esi ni está dispuesta a ser la mujer correcta que se supone que se espera de ella y prefiere ser la mujer que quiere ser. Por otro lado, ni siquiera Oko está convencido de que su esposa sea como se espera, sino que su posición está condicionada por las presiones de la sociedad a través de la presión de sus propios amigos y de su entorno.

El tema fundamental de Changes: a love story es sin duda la comunión entre los intereses personales y las instituciones tradicionales, los sentimientos como el amor y la realización personal, la vida tradicional y la moderna. Pero la aparición de la abuela de la protagonista en el relato, nos lleva a la empalmar con una trayectoria de mujeres fuertes africanas que se extiende a lo largo de la historia.

aidoo4Ama Ata Aidoo está también detrás de African love stories. An anthology, una obra colectiva que supone también una transgresión, al menos en lo que se refiere a los prejuicios sobre el continente y, más concretamente, sobre las mujeres africanas. El compendio de relatos breves recoge obras que tienen en común el amor, pero una visión del amor contemporáneo. Entre la lista de los autores de estos relatos aparecen nombres como el de la marfileña Veronique Tadjo o la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, entre muchos otros. Uno de los principales valores de esta antología es un cambio en la visión de la imagen de la mujer africana. Incluso en algunas obras de autores del continente, las mujeres aparecen como víctimas pasivas. En African love stories. An anthology, sin embargo, las mujeres son activas, tienen iniciativa y, sobre todo, muestran la complejidad y la diversidad de las figuras femeninas del continente, porque la mujer no es un personaje plano.

Su última obra es también un compendio de relatos breves, Diplomatic Pounds & Other Stories.  En las diferentes historias Aidoo vuelve a sus temas habituales, mujeres, comunión entre la vida tradicional y la moderna y, en este caso, con un especial peso del hecho migratorio y de la mujer africana en la diáspora. De la misma manera, el estilo de Aidoo se mantiene intacto en la medida en la que tiene un gran peso la tradición oral. Hay quien dice que, precisamente, la prosa de la escritora ghanesa atrapa y es capaz de conseguir que el lector se sienta dentro de la historia por su estrecha vinculación con ese estilo narrativo tradicional.

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Se espera que en breve aparezca un documental en el que se revisa la vida y la obra de Ama Ata Aidoo. Según explican, los impulsores de esta iniciativa, el equipo ha seguido a la autora durante un curso completo. En ese periodo, la escritora muestra sus múltiples caras, visita su pueblo natal en el interior de Ghana, pero también asiste a un homenaje en su honor en la Universidad de California y al estreno de una obra basada en su texto Anowa.

La voz femenina valiente y nada paternalista de Hemley Boum

Cuando una autora africana, no responde las preguntas con las opiniones mayoritariamente aceptadas, uno empieza a pensar que su voz es sincera e independiente y que vale la pena escucharla. Cuando esa misma autora trata los temas más espinosos con naturalidad, a uno le resulta atractiva. Y cuando además transmite esa esperanza y esa voluntad de superar obstáculos que sirve con combustible a la vida, entonces uno entiende porque a pesar de no ser nada convencional Hemley Boum se está haciendo un hueco en el mercado editorial. El de Boum no es un éxito fulgurante; no es el estallido de un fuego de artificio, que de repente brilla y deslumbra, pero que se apaga poco a poco. La trayectoria de esta novelista camerunesa afincada últimamente en Francia, es más bien la de la paciencia y el tesón, la de la construcción del edificio sobre bases sólidas.

La autora camerunesa Helmey Boum. Fuente: Wikimedia - Wikinade

La autora camerunesa Helmey Boum. Fuente: Wikimedia – Wikinade

HelmeyBoum1La aparición de Le Clan des femmes, en 2010 fue prácticamente una sorpresa. En realidad, no tanto por el tema que nos puede resultar incluso un poco recurrente en este tipo de lanzamientos, sino por el enfoque y la historia, en general. A priori, el planteamiento más superficial era que se trataba de una historia de poligamia en África; un planteamiento, por cierto, que provoca un cierto hartazgo. Uno espera encontrar una de esas historias de sufridoras mujeres africanas que refuerzan los estereotipos de explotación y de falta de iniciativa. Pero Boum ofrecía algo bien diferente; seguramente, algo mucho más complicado, más arriesgado, menos encorsetado y, en definitiva, más sincero.

En su primera novela, Boum optó por reventar uno de los estereotipos más pesados, el de las mujeres pasivas. Sin embargo, según las explicaciones de la autora, no se trataba de un resultado intencionado, simplemente, las cosas son así. En Le Clan des femmes, Hemley Boum recurre a la historia de su propia abuela, eso sí, con lo que ella misma llama su “imaginación novelesca”. En realidad, la autora define su primera obra como una historia de mujeres a principios del siglo XX. Y en ese contexto, evidentemente habla de poligamia, pero también de relaciones personales, de tradiciones, de maternidad o de las mutaciones en la sociedad en ese periodo histórico.

Durante las promoción de Le Clan des femmes, Boum fue preguntada una y otra vez por su visión de la poligamia, seguramente, buscando ese titular simplista sobre la libertad de la mujer. Sin embargo, se agradece ver cómo sistemáticamente la escritora ha eludido las respuestas simplistas. Y nos encontramos con comentarios como el siguiente: “Efectivamente es un tema trascendente y mi opinión personal no es importante. No habría podido hablar de las mujeres y de la familia en un pueblo africano de principios del siglo XX sin hablar de poligamia. Lo que me parece detestable son los matrimonios forzados, en los que las mujeres y, habitualmente, chicas muy jóvenes no han podido dar su opinión, polígamas o monógamas, se le ha impuesto un marido que no han escogido. Por lo demás, tengo una gran confianza en la capacidad de las mujeres de actuar respecto a sus propias vidas y de asumir las elecciones que realizan”.

Así su caracterización de las mujeres es muy diferente al que se podría explicar y queda absolutamente patente en sus explicaciones: “Somos el fruto de su fuerza (la de las mujeres de otros tiempos) y de su modernidad. He querido transmitir una visión íntima de la vida de las mujeres que un pueblo africano de principios del pasado siglo. Su forma particular de gestionar, con mucha inteligencia y cierta audacia, la dificultad de ser niña, esposa, madre o, simplemente, un ser humano completo en una sociedad fuertemente patriarcal. (…) El camino recorrido parece increíble y, mirándolo desde más cerca, nos damos cuenta de que nos parecemos mucho a nuestras abuelas”.

Y así, esa historia de poligamia, se convierte en realidad en una historia de relaciones personales que no pueden encasillarse en clichés y en la que prima la solidaridad, la capacidad de superación y, sobre todo, las esperanzas y el buen humor.

HelmeyBoum2Estos mismos rasgos, esperanzas en un contexto en el que se esperaría drama y buen humor para afrontar las adversidades, calor humano, en resumen, se reproducen en su última novela, Si d’aimer… aparecida en 2012. En este caso, el tema es distinto, pero también remite a una situación que podría ser pasto de la simplicidad y que, sin embargo, se desarrolla en un contexto tan complejo (y a veces tan incompresible), como lo es la vida real. En Si d’aimer…, Boum dibuja un entramado de relaciones personales entre personajes que en realidad parecen no tener nada en común.

Tratando de nuevo temas espinosos, en este caso el SIDA, la novelista camerunesa sustenta este mapa de relaciones sobre el amor y la amistad. Resulta sorprendente cómo una panorama desolador, puede llevar a la esperanza; cómo la condena más radical, puede, en realidad, abrir las puertas de una libertad desconocida. Ese es el efecto que consigue, esta autora. Y como hacía en Le Clan des femmes, Boum recurre a su experiencia personal. En su último libro esa relación entre las experiencias personales, los estudios antropológicos y la ficción novelada se han establecido como uno de los elementos fundamentales de la narrativa de Boum, al menos en lo que se refiere al estilo. En esta ocasión, ese bagaje de conocimientos de primera mano, sirven a la novelista camerunesa para dibujar lazos entre África y Francia. Esta capacidad para mostrar lo complejo, para no tener miedo a poner de manifiesto realidades incomprensibles y paradójicas le han valido la nominación al Prix Amadou Kourouma de 2013, aunque finalmente no haya resultado ganadora.

NoViolet Bulawayo, el nacimiento de una nueva estrella

Parece que NoViolet Bulawayo está llamada a ser la próxima (o quizá ya la actual) novelista africana de éxito.  Se trata de una joven autora zimbabuense que con la publicación de su primera novela ha conquistado a la crítica literaria anglosajona. Cuando menos, el lanzamiento de We need new names, hace apenas un mes, ha atraído la atención de los medios británicos y estadounidenses y ha merecido reseñas en las ediciones electrónicas de medios como The Guardian, The Independent o The Telegraph, en Gran Bretaña, y también en The New York Times o USA Today, en Estados Unidos, así como en los propios medios zimbabuenses y de otros países africanos.

NoViolet Bulawayo. Fuente: web de la escritora

NoViolet Bulawayo. Fuente: web de la escritora

No es habitual que escritores africanos entren en el circuito de los grandes lanzamientos editoriales y mucho menos con una primera novela, pero por algún motivo la industria del libro más potente ha fijado su vista en Bulawayo. La joven novelista, además de su talento, tiene un elemento que juega a su favor: está afincada en Estados Unidos, a donde se desplazó para completar sus estudios universitarios.

Por lo demás NoViolet Bulawayo nació y creció en Zimbabwe y de hecho su universo literario es también africano, ya que esta primera obra se desarrolla en un barrio suburbial de Zimbabwe. En algunas de las entrevista que ha concedido durante esa gira promocional, la propia autora ha confesado que We need new names “es un libro tenso, pero el humor nos recuerda que no todo está perdido”. Asegura que lo importante es “captar la emoción” y a pesar del dramatismo del relato y de la dureza de la historia, Bulawayo asegura que ha “intentado celebrar la humanidad”.

Cubierta de We need new names.

Cubierta de We need new names.

La autora utiliza en su novela un recurso más que pertinente con el tono de la narración y es que los nombres que aparecen no están escogidos al azar sino que significan realmente cosas. El barrio chabolista en el que se desarrolla la acción es “Paradise”; la protagonista de historia es “Darling” y el resto de los miembros de su pandilla tienen nombres como “Bastard” o “Godknows”. Así la narración aparece llena de guiños sutiles que aparecen cuando menos se les espera. Se trata de la historia de Darling (una niña de 10 años) y sus amigos que viven desplazados en un barrio suburbial después de haber perdido sus casas. Evidentemente, la experiencia de los niños le sirve a la autora para mostrar una cruda realidad que, sin embargo, a través de los juegos infantiles y de la capacidad de los pequeños para mantener el optimismo, deja constantemente puertas y ventanas abiertas a la esperanza y a la vida.

La narración, según las explicaciones que ha ofrecido la autora en diversos medios, está firmemente enganchada a la realidad a través de diferentes costuras, que coinciden siempre con experiencias de la escritora durante su infancia en Zimbabwe. Por ejemplo, el origen de la desgracia de los pequeños protagonistas está en la Operación Murambatsvina (‘sacar la basura’) en la que las excavadoras, enviadas por el gobierno, arrasaron barrios enteros. Otro de los ejemplos, del que Bulawayo también ha hablado, es uno de los juegos que practican Darling y sus compañeros y que la autora ha confesado haber inventado con sus amigos de infancia. Los pequeños juegan a ser países y, evidentemente, todos pretenden encarnarse en lugares como Estados Unidos o Suiza, y los más desafortunados se encuentran con el encargo de personalizar Congo, Irak o, incluso, Zimbabwe. A nadie se le escapará que el juego es, en realidad, una metáfora, la muestra de lo lamentable que resulta que un rechace su propio lugar de origen y se vea deslumbrado por lo que hay más allá.


La crítica y la experiencia continúan con el episodio de la partida, respecto al que la autora se ha mostrado mucho menos locuaz en sus intervenciones. El hecho es que Darling tendrá la oportunidad de abandonar Paradise, concretamente para viajar a Estados Unidos. La experiencia de la diáspora, la dificultad de la adaptación y la lucha contra el desarraigo aparecen también en We need new names y son, por cierto, temas muy recurrentes en la novela contemporánea africana. No es extraño pensar, que en esta parte de la historia, Bulawayo también haya tirado de la experiencia propia.

Así pues, la joven novelista ha despuntado con su ópera prima, sin embargo, tenía un importante aval, el del Premio Caine para escritores africanos que ganó en 2011 con una historia corta en la que ya apuntaba algunos de los temas que aparecen en su novela, se trataba de Hitting Budapest. De este modo, no se puede decir que los editores hayan apostado a ciegas por ella. De hecho lo que más ha destacado la crítica es la honestidad de su narración y la frescura de su forma de contar, la crudeza de una historia, sin embargo, contada al mismo tiempo sin tapujos, pero con cierta delicadeza. Seguramente es esa delicadeza a la que se refiere la autora cuando dice que ha intentado celebrar la humanidad.