Congo, una historia épica o cómo enfocar la historia

Escasean este tipo de libros. Obras simple y llanamente redondas. La editorial Taurus acaba de publicar para deleite de los lectores españoles Congo, una historia épica del belga David Van Reybrouck, historiador, arqueólogo y escritor. Se trata de una propuesta diferente para conocer en profundidad la historia de un país con un planteamiento muy alejado del clásico libro académico, género poco atractivo para el gran público. Van Reybrouck recorre la turbulenta historia del Congo presentándola en forma de novela, una narración que engancha de principio a fin. La crónica de la que hoy es la República Democrática del Congo (RDC) es en sí fascinante, pero tiene un mérito enorme que tras la lectura de seiscientas páginas te quedes con ganas de más.

Seguro que más de uno comparte un pensamiento recurrente entre quienes leemos literaturas africanas: “Ya tenemos a otro occidental escribiendo sobre África”. Y es que esta obra podría sumarse a las ya conocidas de El fantasma del Rey Leopoldo del norteamericano Adam Hochschild y El río Congo del británico Peter Forbath. Pero conviene dejar de lado los prejuicios relacionados con el origen de su autor porque estamos ante una obra excepcional por su rigor y originalidad. Quede claro que no se trata de un libro de historia al uso, porque además de divulgar Van Reybrouck busca entretener. Sin embargo, no por eso estamos ante un documento histórico menos serio: no hay más que echar un vistazo a las más de treinta páginas de referencias sobre las fuentes consultadas. El autor pasó seis años revisando miles de informes diplomáticos, políticos, económicos, documentos de organismos oficiales internacionales, ONG, artículos de prensa, leyó decenas de libros, visionó documentales y viajó una docena de veces a la RDC para entrevistar a casi quinientos congoleños. Como buen investigador que es, sacó toda la artillería pesada para analizar esa ingente cantidad de documentación y desplegó sus dotes de escritor para hilvanarla con maestría. El libro es el resultado de combinar ciencia, periodismo y literatura. Un enfoque de lo más acertado para acercar la historia a cualquier tipo de lector.

Se inicia viaje al continente africano desde el mar, a bordo de un barco que se aproxima a la desembocadura del río Congo, una visión muy parecida a la que debieron tener los primeros occidentales que alcanzaron esas tierras. Pero el lector enseguida cambia de perspectiva para meterse en la piel del nativo Disasi Makulo: «Nací en una época en la que el hombre blanco todavía no había llegado a nuestra región, en aquellos tiempos ni siquiera sabíamos que en este mundo había seres humanos con un color de piel distinto al nuestro». Con esta simple frase nos vemos catapultados a una época tan lejana como desconocida para sumergirnos en la apasionante y rocambolesca vida de este hombre que jamás hubiera imaginado que, algo más de siglo y medio más tarde, algunos de sus compatriotas terminarían instalados en China hablando mandarín con fluidez. Porque es en China donde acaba el viaje: hasta allí se desplaza el autor para visitar una comunidad de congoleños dedicados al intercambio comercial. Entre medias, a lo largo de quince capítulos, el lector asiste fascinado a las idas y venidas de una nación extrema en muchos aspectos: su superficie, su diversidad étnica, su arrolladora y descomunal naturaleza y su azarosa trayectoria política. Buen ejemplo de esto último son los cinco nombres por los que ha pasado el país: Estado Independiente del Congo, Congo Belga, República del Congo, Zaire y República Democrática del Congo. Por desgracia, su exuberante entorno natural y sus suelos ricos en materias primas han marcado a fuego su historia: los árabes arramblaron con el marfil, Leopoldo II con el caucho, los estadounidenses con el uranio, los europeos con los diamantes, el oro, el cobre, la madera o el coltán entre otros, y ahora China ha entrado cual vendaval a comprar sus tierras y rapiñar lo que queda. Sin hablar del comercio de esclavos. Con semejante telón de fondo podría pensarse que el libro es un compendio de tragedias impregnado de muerte y dolor, pero no lo es. Ironía y humor van intercalándose a lo largo del texto por medio de anécdotas, comentarios personales y situaciones de lo más variopintas y surrealistas. La alternancia entre lo dramático y lo cómico es una constante y mantiene al lector siempre a flote emocionalmente. Aunque el drama subyace, también se percibe la infinita y admirable resistencia de los congoleños ante la adversidad. Sus testimonios son uno de los grandes aciertos de esta obra porque, por fin, tienen visibilidad y voz. Los congoleños son los grandes protagonistas y aportan la verdadera dimensión humana a los distintos sucesos históricos. En su mayoría son personas anónimas que cuentan sus vidas, pero sus palabras tienen un valor incalculable, tanto desde el punto de vista documental como humano.

El escritor David Van Reybrouck, Fuente: Nationaal Historisch Museum – CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12125164

Uno de los aspectos más relevantes de esta obra es la profusión de datos económicos, históricos, geográficos o sociológicos que aporta. Pero el autor los dosifica tan bien que no avasallan ni entorpecen, la lectura fluye como si de una novela se tratara. Con tal cantidad de información, quienes poco sepan del Congo quedarán más que satisfechos y quienes crean conocerlo no se sentirán defraudados. A lo largo del texto son muchas las curiosidades que aparecen y algunos temas tienen un enfoque local inédito. Por ejemplo, sorprende escuchar de boca de los congoleños que Patrice Lumumba no goza en su país de la gran admiración que se le profesa en Occidente. ¿Cuánta gente sabe que Mobutu se hizo construir una pista de aterrizaje especial para el Concorde dentro de su complejo residencial para llevar a su familia a Disneyland París? A nadie se le escapa que la música juega un papel crucial en el Congo, pero el capítulo dedicado a explicar el estrecho vínculo que mantienen sus estrellas musicales con la política y las grandes cerveceras es interesantísimo. ¿Y qué decir de la narración del periplo desde Lagos hasta el Cairo, cruzando a pie el desierto del Sáhara, de un soldado congoleño de la tropa colonial belga para detener la progresión de Rommel en la Segunda Guerra Mundial? Anécdotas, fechas, cifras y testimonios se suceden sin cesar para apuntalar unos hechos históricos que para muchos serán desconocidos.

En definitiva, Congo, una historia épica es una obra imprescindible para quienes deseen conocer la historia de este país, pero no solo para ellos. Cualquier lector disfrutará de una novela apasionante gracias a una narración amena y ágil. Van Reybrouck ha escrito un libro magnífico, su éxito en ventas en otros países da fe de ello. Es innegable el trabajo académico que encierra, pero también conviene destacar la sensibilidad que ha demostrado al dar a los congoleños el protagonismo que se merecen. Al rescatar sus voces ofrece una perspectiva local tan valiosa y única que resulta impensable prescindir de los africanos si se quiere tener una historia de África fidedigna y completa.

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Alejandra Guarinos

Alejandra Guarinos

Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante. Colabora con la editorial 2709books en la difusión de literaturas y culturas africanas y es la fundadora y coordinadora del club de lectura de literaturas africanas Baobab. Además es miembro de Umoya, comité de solidaridad con el África Negra. La traducción le acercó a África y hoy leer a sus escritores y divulgar sus literaturas es su pasión.
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