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Felwine Sarr: “Vivimos en una crisis de la idea de comunidad”

“Vivimos en una crisis de la idea de comunidad. Las personas migrantes, la movilidad…¿Quién forma parte de la comunidad? Las personas a las que llamamos extranjeras no lo son porque no existe tal cosa; todos somos seres humanos, con diferentes experiencias e historias… Pero la identidad principal es la identidad humana”. Es el demoledor diagnóstico que el intelectual senegalés Felwine Sarr hace de la sociedad actual. En los últimos años se ha convertido en una de las voces más escuchadas de una corriente de pensamiento africana que apuesta por replantear el papel del continente y de sus habitantes en un mundo globalizado. 

El intelectual senegalés Felwine Sarr impulsa todo un proceso de repensamiento del papel de África. Foto: Indhira García Belda.

Sarr pasó por Madrid en el contexto de la primera parte de Grigri Pixel, un proyecto desarrollado por Grigri Cultural Projects en colaboración con Medialab-Prado, que se ha desarrollado entre mayo y junio. El programa ya va por su cuarta edición y pretende continuar generando espacios de creación colectiva en los que otros relatos tienen cabida, explorando de esta manera “las prácticas de cooperación cultural y ciudadanía entre África y Europa”.  

Sarr se sentó junto a la filósofa Marina Garcés en una actividad titulada “Dar lugar” para aportar su propia visión sobre el tema de la hospitalidad, que era el hilo conductor del programa de este año, invitando así a meditar y poner en común perspectivas sobre cómo construir puentes en un mundo cada vez más dividido por fronteras políticas, económicas y sociales.  En este marco, Sarr desgranó algunas de las claves de su último trabajo, Habiter le monde, essai de politique relationelle (2018). En este el autor llama la atención sobre la crisis de relacionalidad que estamos viviendo, explicando que los espacios relacionales se han convertido en un conflicto. Si bien es cierto que movimientos como el 8M son capaces de unir a mujeres de contextos muy diferentes en una lucha en común, Sarr piensa que “la relacionanalidad es un espacio muy débil”, y que una civilización que progresa es aquella que genera relaciones entre los individuos. 

El escritor y economista Felwine Sarr, uno de los impulsores de Les Ateliers de la Penséé. Foto: Indhira García Belda

Wiriko pudo compartir una conversación con el intelectual senegalés en la que puso de manifiesto los pilares de su pensamiento. El escritor y economista defiende que todos venimos de un espacio de vulnerabilidad y que hemos sigo acogidos en algún momento. La comunidad tiene que organizarse políticamente, no sólo en términos de ética o mediante cuestiones ideales. Para Sarr las luchas por los derechos de los distintos colectivos de la sociedad son necesarias, pero más allá de los esfuerzos de estos grupos, es importante que todas las personas nos unamos en una sola lucha. 

Teniendo en cuenta que los vínculos entre las personas no atienden únicamente a una historia o una lengua en común, ¿cómo podemos crear un sentimiento de pertenencia a una sola comunidad? La respuesta está en lo que el autor llama “los imaginarios de la pertenencia” y “la narrativa de la comunidad global”. El primer concepto se refiere a la comunidad local de la que todos partimos: nacemos en un contexto y compartimos una historia y una memoria local con el resto. Esta idea de ancestralidad está conectada a la legitimidad ya que muchas veces deriva en la exclusión de aquellos que vienen de fuera. Esto se debe a que a nivel global existe una historia que es la misma para todos, pero no hay una memoria que nos una. 

“Construir la comunidad humana consiste en producir una narrativa que anticipe cómo será esa comunidad” dice el autor, y para ello “tenemos que romper con los imaginarios de la pertenencia”. Profesor también de la Universidad Gaston Berger de Sant-Louis (Senegal), Felwine Sarr considera que los centros educativos pueden ser “un espacio de deconstrucción y reconstrucción que produzcan conocimiento para la comunidad que queremos crear” enseñando que “todos venimos de una cultura, pero que no pertenecemos a ella, no estamos atrapados en ella”. 

“La cultura es una respuesta que los humanos damos a preguntas universales en contextos específicos” explica Sarr. Junto con los imaginarios de la pertenencia, es fundamental también acabar con el imaginario de nación, actuando desde una perspectiva global. “La identidad humana es más importante que las especificidades de mi identidad local (…) Se trata de reconfigurar los imaginarios de quiénes somos, el lugar que tenemos en el mundo y de dónde venimos”. 

Estamos ante una tarea compleja. La crisis de la comunidad no afecta a todos los individuos de una sociedad por igual, así es que es necesario saber qué papel tiene que desempeñar cada uno para poder generar la comunidad global. El escritor nos recuerda que las personas privilegiadas que están en el centro generalmente no tienen razones o intereses suficientes para unirse a este esfuerzo. Son las víctimas de la exclusión las que tienen en sus manos la responsabilidad de impulsar el cambio, ayudándonos así a llegar más lejos. 

En 2016, el compromiso político y social de Felwine Sarr le llevaron a fundar junto con el historiador camerunés Achille Mbembe Les Ateliers de la Penséé, que Sarr entiende como una plataforma en la que los artistas e intelectuales de África reflexionan tanto sobre cuestiones globales como continentales del mundo en el que vivimos. Su próxima edición, que tendrá lugar en noviembre, incluye a participantes de distintas procedencias y tiene como tema principal las vulnerabilidades y cómo estas intersectan. Afrotopía ha sido la obra que ha cimentado toda esta estrategia de repensar el lugar que debe asumir el continente en un mundo globalizado.

Felwine Sarr y la urgencia de que África se repiense

La instrucción es clara: África debe repensarse para poder poner en el lugar que merecen todos los valores y los aprendizajes extraídos de las experiencias, en gran medida, traumáticas. África debe prepararse para reconstruir su futuro desde una nueva mirada hacia sí misma sino las dioptrías que la historia ha ido incorporando a su propia percepción de sí mismo. Son muchos los que tratan de poner su grano de arena a este, relativamente, nuevo pensamiento crítico africano, pero sin duda ha sido Felwine Sarr quien ha sido capaz de formularlo de la manera más exitosa.

El escritor e intelectual senegalés, Felwine Sarr. Fuente: Rama/Wikimedia

Afrotopía, el ensayo clave del intelectual senegalés, que ahora ha sido publicado en castellano por Casa África y Los Libros de la Catarata, es una especie de manual de uso para la edificación de una nueva conciencia. Una nueva conciencia que, en realidad, el propio Sarr construye sobre la base de pensadores clásicos que durante décadas no han dejado de reivindicar esta necesidad de autonomía. Así que al mismo tiempo, Afrotopía es una fantástica guía para recorrer esos caminos del pensamientos crítico africano que tan poco predicamento ha tenido, en general, en el Norte global.

Y a partir de aquí, reducir el contenido de Afrotopía a una reseña es un auténtico disparate, por lo que el ejercicio se debe contentar con mencionar algunas de las piezas que el pensador senegalés pretende colocar en el puzle y reconocer que no pondrá completar el ejercicio porque hay otras que sólo la lectora y el lector pueden extraer del texto.

Sarr anima, con este trabajo, a poner en marcha un ejercicio de construcción y destrucción. Destrucción de estereotipos, de las ataduras que llegan incluso a lastrar el pensamiento, de los complejos y las fronteras impuestas desde fuera, pero también desde dentro. Y a pesar de que toda la reflexión desprende energía positiva, el autor huye del triunfalismo y, sobre todo, de la trampa de un optimismo basado en las grandes cifras de un crecimiento macroeconómico.

“Los discursos actuales sobre África están dominados por ese doble movimiento: la fe en un futuro radiante y la consternación frente a un presente que parece caótico”.

“No obstante, más que un déficit de imagen, es de un déficit de pensamiento y de producción de sus propias metáforas futuras de lo que sufre el continente africano”.

“Se trata, por lo tanto de sustraerse de una dialéctica de la euforia o de la desesperación y emprender un esfuerzo de reflexión crítica sobre sí mismo, sobre sus propias realidades y sobre su situación en el mundo: pensarse, representarse, proyectarse”.

Desde esa posición de realismo analítico, Felwine Sarr transmite constantemente un mensaje de esperanza que no se debe confundir con un optimismo ciego, sino con la confianza en un potencial basado en la experiencia.

“En los albores de la historia humana, los africanos colonizaron territorios hostiles, obtuvieron una primera victoria sobre la naturaleza estableciendo sociedades sostenibles. Permitieron así que la humanidad sobreviviera y fuera perenne”.

Sarr va desgranando ideas y llamando la atención sobre fenómenos que han marcado no sólo las acciones, sino también las reflexiones a partir de un momento concreto influyendo, incluso en la autorepresentación de los africanos. El intelectual va aportando argumentos gracias a los que el lector o la lectora ve desenmarañarse algunas realidades complejas. Explica, por ejemplo, cómo el Norte global ha llegado a imponer su visión del progreso hasta tal punto que ha conseguido que parezca que el único desarrollo posible es un desarrollo lineal. Y por ello reclama la recuperación de otras visiones diversas en torno al devenir de la historia y de los pueblos.

“Todas las sociedades necesitan mitos para justificar su evolución y su apropiación del futuro. Puesto que el colonialismo ha desacreditado definitivamente la idea de misión civilizadora, el desarrollo se ha erigido como la norma indiscutible del progreso de las sociedades humanas al inscribir su marcha en una perspectiva evolucionista, negando la diversidad de trayectorias, al mismo tiempo que la de las modalidades de respuesta a los desafíos que se imponen”.

Y por ello Sarr reclama un reconocimiento de las particularidades culturas africanas como único salvavidas para la construcción de un modelo de futuro mejor.

“Asimismo, la propuesta que se les hizo a los africanos fue la de reproducir un modelo prefabricado de sociedad en donde su cultura local no tenía previsto un lugar y donde esta era frecuentemente evaluada de modo negativo. Esto olvida el hecho de que le desarrollo occidental es un proyecto económico, pero sobre todo cultural, fruto de un universo particular. Esta transposición del mito occidental del progreso tuvo como consecuencia una desestructuración de la personalidad básica de los grupos sociales africanos, de las redes de solidaridad existentes, de sus sistemas de significado, pero, sobre todo, un aprisionamiento de las poblaciones en un sistema de valores que no era el suyo”.

El intelectual senegalés no ahorra críticas al impacto de las imposiciones del Norte global en el continente, sin embargo, en contra de lo que algunos intentarían reprocharle, el análisis de Felwin Sarr no tiene nada de victimista, sino que pretende ser un punto de partida honesto para una toma de todas las responsabilidades.

“Frecuentemente, un discurso que se pretende responsable y que puede ser considerado ligeramente autoflagelatorio intenta por todos los medios negar las consecuencias de la trata transatlántica y del colonialismo en las trayectorias actuales de los países africanos. Se les pide hacerse cargo de sus responsabilidades, y sobre todo, asumir los fracasos ligados a la mala gobernanza posindependencia, dejar de citar el pasado y de acusar a los otros para justificar sus propios fracasos. Lo que por otra parte está justificado, pero solo parcialmente”.

El intelectual reconoce el fracaso de la mayor parte de los gobernantes de las posindependencias y las malas elecciones económicas y políticas, así como el saqueo, en muchos casos, de las riquezas de sus países. Sin embargo, advierte que no se puede obviar el peso de las condiciones en las que les fueron legadas las riendas de esos países.

“Seria una prueba de ignorancia o de mala fe intelectual el simplificar las cosas hasta el extremo de negar el impacto de las dinámicas históricas sobre el destino de los pueblos. Conmociones tan importantes como cuatro siglos de trata transatlántica y un siglo de colonización han tenido consecuencias demográficas, económicas, políticas, culturales y sociales de gran envergadura (…). Recordar estas evidencias no es ni inscribirse en una forma de fatalidad ni rechazar el hacer frente a las propias responsabilidades (…). Señalar con exactitud las causas de la enfermedad es una condición previa al remedio y a la cura”.

A partir de esas premisas, la reflexión de Felwine Sarr sobre la construcción de una economía independiente que permita edificar ese futuro deseado y de una cultura democrática que recree las condiciones para una sociedad más justa van adquiriendo todo sus sentido. El esfuerzo del intelectual es un esfuerzo de equilibrio entre un excesivo optimismo y la necesidad de ir cultivando una especie de autoestima colectiva en la que los valores propios sean la base. Sarr habla de impulsar un nuevo concepto de la modernidad y recupera las reflexiones de otros pensadores africanos para reclamar que África debe aportar más que una copia de las fórmulas europeas (y que de hecho el mundo necesita esa aportación renovadora) o que existe un potencial en la construcción social que se abre paso desde hace tiempo por debajo de las estructuras institucionales. Una y otra vez, Sarr recuerda los valores y las experiencias de esa cuna de la humanidad en la que se pusieron las bases de sociedades sostenibles, por sus relaciones entre sí y con el entorno.

“África debe su fuerte resiliencia social a sus tradiciones. Los africanos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos impactos de su historia reciente. También han cultivado valores del vivre-ensemble a través de procedimientos originales: el cousinage à plaisanterie, la noción extensa de filiación y de familia, la movilidad interétnica, la capacidad de integración de la diferencia, el tejido y retejido incesante del vínculo social…”

Pensar y repensar el África de mañana

Hace ya años que Abdoulaye Wade, el primer presidente senegalés del S.XXI rescató y se apropió de la idea de la Renaissance Africaine. La reformuló como una corriente que liberaría el continente de las ataduras heredadas de la colonización. Al final, su idea de la Renaissance resultó ser, únicamente, un mastodonte de más de cincuenta metros de alto que se erige sobre una colina de Ouakam, en Dakar. Su construcción costó 23 millones de euros. Era la muestra de lo que suponía para Wade la idea del renacimiento africano. Pura megalomanía. Emergía de las élites políticas, un sector demasiado hipotecado para poder comandar la liberación.

Les Ateliers de la Pensée

Les Ateliers de la Pensée

Curiosamente ahora, resurge una idea muy similar, en el mismo lugar en el que se abortó ese renacimiento, pero lanzada desde un escenario bien diferente, el de los pensadores, los filósofos, los historiadores… y los escritores. Los hombres y mujeres que construyen, pero no monumentos a su propia gloria, sino historias, ideas y argumentos. Los hombres y mujeres que construyen los cimientos de la sociedad, de una nueva sociedad. Esta vez, la materialización ha sido una serie de debates y sesiones de reflexión. Y es sólo el comienzo. Les Ateliers de la Pensée, que se han celebrado desde el 28 al 31 de octubre, entre Dakar y Saint Louis, la capital senegalesa y la antigua capital del África Occidental Francesa, son sólo el comienzo.

afrotopia-felwine-sarr-anne-et-arnaudDetrás de esta idea están Achille Mbembe y Felwine Sarr. El primero, Mbembe, es un clásico, camerunés, considerado uno los baluartes del pensamiento crítico africano, sistemáticamente empeñado en cargar de razones las voluntades emancipadoras, las mentes y los espíritus convencidos de que el continente todavía está por descolonizar. El segundo, Sarr, es una de las últimas sensaciones de ese mismo pensamiento crítico. El economista senegalés se ha convertido en un referente popular este mismo año, desde la publicación de su ensayo Afrotopia. Sarr cuestiona los parámetros del desarrollo y el subdesarrollo y propone nuevos marcos de referencia. Sarr preconiza que el bienestar africano ha de ser lo que quiera ser, en definitiva, la necesidad de romper unos lazos que ponen freno, no al desarrollo del continente, sino a la extensión de su bienestar. Un cambio de paradigma.

Recogiendo un testigo que llega desde más allá de las conferencias de Ngugi wa Thiong’o recogidas en Descolonizar la mente y demostrando la falacia del famoso discurso pronunciado por el expresidente francés Nicolás Sarkozy en Dakar, en el que negaba la entrada en la historia del continente africano, Les Ateliers de la Pensée proponen una nueva reflexión. El encuentro ha reunido a una veintena de expertos, filósofos y universitarios africanos para discutir sobre temas como la pervivencia de la herencia colonial, el papel del continente en el sistema mundo, la identidad, las lenguas e incluso el futuro de un planeta que enfrenta una deriva destructiva.

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Abarcar todo el volumen de contenido de un encuentro de estas características resulta una tarea ilusoria y sólo se puede confiar en que las aportaciones de todas esas mentes que piensan un África y un mundo diferente sean publicadas más antes que después. Sin embargo, desde esta sección se impone visibilizar la presencia, entre esta corriente renovadora, de algunas de las plumas más destacadas de las literaturas africanas, al menos, de la que podría enmarcarse en la esfera de influencia francófono. Entre la abrumadora lista de nombres y sin perder de vista que muchos de ellos pueden considerarse literatos, aparecen algunos nombres de escritores de ficción imbuidos por la necesidad de cambiar las reglas del juego que marcan la relación entre el continente africano y el norte global. Sólo por dar una idea de nómina de narradores se puede citar a Leonora Miano, Alain Mabanckou, Abdourahman Waberi y Sami Tchak.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

La escritora camerunesa Leonora Miano ha defendido sistemáticamente que el concepto de África más extendido es, en realidad, una construcción occidental y que los propios africanos han llegado a caer en esa trampa. Por ese motivo, la novelista se ha empeñado en derribar los estereotipos que sirven de armazón para esa construcción, al mismo tiempo, que trata de reconstruirla en base a experiencias más genuinamente africanas. Un ejemplo, de esta ingente labor es Volcaniques, une anthologie de plaisir, con el que da carpetazo a las visiones simplistas de la sensualidad que se vive en el continente. Miano acaba de publicar Crepuscule du tourment, un golpe a todo tipo de tabúes relacionado con la feminidad africana, desde la maternidad hasta la homosexualidad.

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou ha pronunciado este mismo año la conferencia “Lettres noires: des ténèbres à la Lumière” en el mismísimo Collège de France, en París. En pleno corazón del Hexágono, el congoleño Mabanckou recordó algunas de las vergüenzas de la explotación de África, desde los tiempos de la trata esclavista y los argumentos que sostienen el discurso racista de la inferioridad del africano. Recorrió las sombras de la literatura del continente, pero sobre todo sus luces, al menos, para poner de manifiesto que las hay y muchas. Mabanckou también promovió poco después un debate en el mismo escenario “Penser et écrire l’Afrique aujourd’hui”, una especie de prólogo de estos Ateliers de la Pensée en el que también estuvieron presente varios de participantes, incluido Achille Mbembe. El escritor congoleño, además se ha convertido en uno de los azotes de las dictaduras africanas, fundamentalmente, focalizando sus esfuerzos en las críticas del presidente de su país de origen, Denis Sassou-Nguesso.

waberiAbdourahman Waberi es una de las pocas voces yibutíes escuchadas internacionalmente y esa circunstancia le ha llevado a convertirse en un activista a favor de la democratización y en contra de personajes como el presidente de su país Ismaïl Omar Guelleh. En los últimos tiempos, Waberi ha formado tándem con el propio Mabanckou en la denuncia pública de los sátrapas africanos y en la reivindicación de una sociedad civil, una ciudadanía comprometida como único motor de las transformaciones necesarias para acabar con las desigualdades y como fundamento de unos nuevos sistemas más justos. En la bibliografía de Abdourahman Waberi aparece un título que, en el escenario del debate de Senegal, aparece como especialmente simbólico, Aux États-Unis d’Afrique. Los países africanos tienen la hegemonía mundial y son los europeos los que entran de manera clandestina en el continente negro. Resulta, cuando menos, un curioso ejercicio de empatía.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

El togolés Sami Tchak aparece como un escritor controvertido porque no ha tenido reparo en ubicar algunas de sus historias en las zonas más sombrías de la sociedad, ha hablado sin reparo de sexo, de la prostitución o de los bajos fondos y esa dimensión más efectista ha sido la que ha quedado para muchos. Sin embargo, a través de sus novelas, Tchak ha criticado el tratamiento que reserva Francia a los migrantes africanos, la corrupción o la historia de continente en su vaivén desde la época gloriosa de los grandes imperios hasta la predación de los regímenes actuales más carcomidos por los intereses particulares. El togolés ha reflexionado igualmente, tanto en ficción como en ensayos, sobre el papel de la literatura y de los escritores en los procesos de transformación social y en las grandes crisis.

A modo de torpe e insuficiente resumen, dos frases atribuidas en las redes sociales a los dos impulsores del encuentro, una de cada uno de ellos. Achille Mbembe: “Organizar el fin para que renazca el futuro determinará la reflexión filosófica y artística del siglo XXI”. Y Felwine Sarr: “Debemos reengendrarnos, recrearnos. El continente africano se está preparando, está en proceso de alumbramiento”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Al salir del armario me he convertido en un ciudadano real”

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Esta entrevista ha sido publicada originalmente en El País – Planeta Futuro, por un acuerdo de colaboración entre Planeta Futuro y Wiriko.

El pasado diecinueve de enero, el día después de su aniversario, Binyavanga Wainaina publicaba en el blog Africa Is A Country el capítulo no publicado (lost chapter) del libro Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso, 2013) “Mamá, soy gay” (I am a homosexual, mum). El titular dio la vuelta al mundo: una de las mentes más brillantes de la nueva generación de africanos talentosos y el escritor keniano más famoso, había salido públicamente del armario y se situaba en el eje de los debates sobre la homosexualidad, dentro y fuera de África.

Binyavanga Wainaina, fundador de Kwani Trust –la red literaria anglófona más relevante del África del Este–, ganador del Caine Prize para la escritura africana en 2002 por su relato corto Discovering Home (G21Net, 2001) y autor del viral e hiriente relato corto Cómo escribir sobre África (Granta, 2005), nos recibe en el porche de su modesta casa, en el nairobense barrio de Karen, con una de sus túnicas fashions, cabeza afeitada con una franja de pelo azul y cigarrillo en mano. Su asistente Isaac y su viejo perro Toni nos acompañan junto a unas tazas de té con leche y unos mandazis (una especie de pan frito que suele ser el desayuno para la mayoría de kenianos y tanzanos).

Durante un rato Wainaina juega al rol de periodista interesado sobre la política, la historia y los movimientos independentistas actuales en España. Se habla sobre la crisis. Sobre la situación de Europa. Sobre la migración de europeos en busca de una vida mejor en África. Y después de un par de horas distendidas, con el desayuno acabado, empieza la grabación…

A sus 43 años, este keniano inquieto, bohemio y creativo dice estar apasionado por la creatividad que emerge del continente. “Lo que he hecho en los últimos diez años, cuando no he escrito, han sido cosas en el mundo literario. Trabajo con talentos. Talentos jóvenes africanos, particularmente en inglés”, reconoce con orgullo. “Lo que ha pasado en la última década es que se han vuelto a abrir muchos espacios creativos, llenos de productores creativos contando sus propias historias en el cine, en la literatura… ¡Y todo esto me fascina!”.

La generación del FMI

“Yo llamo a mi generación, la generación del FMI. Somos la generación que vio la clase media derrumbarse a finales de los ochenta y los noventa con los condicionamientos que impuso el FMI como no conceder subvenciones para la educación. La gente se fue o fracasó. Fracasó, fracasó y fracasó de nuevo hasta que se pudieron alimentar de sus propios frutos. Nos volvimos, no sé… diferentes, más fuertes, más cínicos pero más anti autoritarios durante un tiempo. Los movimientos anti democráticos crecieron mucho y seguimos por esos derroteros. Y en cierto sentido, esto es lo que significa ser africano a día de hoy”, afirma el escritor.

El que fuera director del Centro Chinua Achebe para artistas y escritores africanos de Nueva York reconoce que lo suyo no era la vida en Occidente. “Estaba aburrido. Cuando venía aquí [Kenia] era más osado, yendo y haciendo mis cosas. Tener un gran puesto institucional en Estados Unidos suponía un rol más burocrático, político, de Universidad… Llegué al punto donde pensé para mí mismo: me he estado mintiendo sobre ese afropolitanismo de que puedes construir una institución literaria africana ahí fuera, en Nueva York, y eso es mentira. ¡No puedes!”, explica mientras reconoce que el lugar donde se pueden crear esas instituciones es precisamente en África. “Así que dejé mi trabajo y volví. Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí. Quiero estar aquí mientras pasa este huracán de cambio, para lo bueno, lo malo y lo feo. Para pelear con lo malo, para golpear desde dentro de los buques de las buenas intenciones e irme con ellos. Y producir. Y escribir. Y pensar”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y su lucha e implicación desde lo creativo es indiscutible. No es casualidad que su homosexualidad salga a la luz en un momento en que países como Uganda o Nigeria institucionalizan la discriminación sexual con graves leyes homófobas. Donde en su propio país, Kenia, las retóricas homófobas hierven públicamente. La recientemente aprobada ley anti-homosexual de Uganda hace punibles con cadena perpetua las relaciones o el matrimonio entre personas del mismo sexo, y puede penar con siete años de prisión a todo el que “ampare” o “incite” a la homosexualidad.

El escritor responde a bocajarro sobre el tema. “Cuando te conviertes en ese tipo de personas de clase internacional, que se llaman a sí mismas intelectuales, y estás cambiando la imagen del continente eres completamente inmune, como si permanecieras ajeno. La forma en la que interactúas está plenamente infectada por esta inmunidad. Y puedes tener compasión por quien no tiene este salvoconducto. Así que diría que en cierto sentido político me he convertido con este acto en un ciudadano real”, confiesa refiriéndose tanto a su vuelta al continente como a la acción pública de salir del armario. “Fue una cosa profundamente personal, por supuesto. Hay toda esa mentira mala que no dices. Que todo el mundo de tu alrededor sabe. Hablas de todo tipo de cosas en público sin temer, de alguna forma, las consecuencias que puedan caerte encima… Y decides dar el paso”.

Estigmatizar a los homosexuales

Para él, la vulneración de los derechos del colectivo LGBTI y su estigmatización social en África es un instrumento populista que esconde intereses políticos más profundos y pretende generar sentimientos de unidad nacional que la religión, por ejemplo, no consigue crear.

“El Gobierno lo está utilizando como una vara política. Es un tema muy conveniente para las elecciones. Dará una victoria bien sólida para ganarse al electorado. Sin embargo, la policía no lo va a aplicar, ya tienen suficiente trabajo luchando contra los ladrones. Pero lo que es más peligroso es que habrá más vigilancia social. El Gobierno ha generado leyes permisivas para que la gente gestione las cosas fuera de las manos del Estado”.

Aunque cree que eso se va a extrapolar y que los más pobres van a ser los que sufran las consecuencias más crudas de este tipo de leyes. “La gente económicamente vulnerable estará en riesgo; en un riesgo aleatorio. Las consecuencias reales son un creciente sentido del miedo y la amenaza en el dominio público. Incluso otros asuntos aparte de los homosexuales. Esta ley fue validada para reforzar tus miedos y permitir a los Estados mantener el control”, afirma con preocupación mientras enciende un cigarro.

Es precisamente su responsabilidad en torno a la situación social que lo rodea lo que le empujó a dedicarse al mundo de la literatura. “Trabajaba con una editorial llamada Character, muy conocida en el Reino Unido y me facilitaron una edición de su revista Africa Issue publicada en 1994. Estaba leyéndola en el tren, porque por aquél entonces estaba haciendo un máster en Inglaterra, y pensé: ¡esto es terrible, es Inglaterra y por falta de algo mejor que esto así es como escriben los escritores africanos en todo Londres! Eran escritores bien reconocidos pero no pudieron encontrar ni a uno, que pudiera escribir correctamente sobre África. Bueno… Encontraron solo a uno…”. Sonríe.

“Los reportajes de la revista tenían un barniz misionario, del tipo ‘salvar a África’ y este tipo de tonterías. Y fue realmente chocante ver algo así. En plan: ¿Me estáis diciendo de verdad que una revista rigurosa puede editar algo así? Así que envié un mail larguísimo al editor analizando toda la revista. Un año más tarde decidieron hacer otro número de African Issue y me pidieron escribir algo. Justo en ese momento creo que yo estaba editando Kwani? así que seguía posponiendo ese algo para ellos, hasta el último día, que el editor Matt Weiland, me dijo: ‘¿Por qué no escribes sobre ese mail que me enviaste?’. Lo hice, pero con una condición: que fuera accesible en Internet. Se subió a la red gratuitamente y fue algo incendiario que ahora está en todas partes”

Portada de 'How to write about Africa' o 'Como escribir sobre África'.

Portada de ‘How to write about Africa’ o ‘Como escribir sobre África’.

Así nació su premiado ensayo How to write about Africa (¿Cómo escribir sobre África?).

“Mis amigos occidentales me dijeron –¡Oh!, no sabíamos que esta fuera la realidad. Pero el poder siempre te hace inocente, ya lo decía hace quince años Chinua Achebe en su escrito crítico Heard of Darkness y todos repetían también lo mismo: “¡Oh!, no estábamos al corriente”. En Occidente, mi ensayo me otorgó mucha fama. Tuve encuentros con la presidenta de Alemania, el presidente de Noruega y todos me decían: –Gracias, este escrito es la verdad”, reproduce Wainaina con voz sarcástica.

“Pero todo era una pantomima, nada ha cambiado. Es verdad que cuando las dinámicas de poder están cambiando puedes tener este tipo de conversaciones, por eso escribí ¿Cómo escribir sobre África?, por si acaso lo habían olvidado. Esto es de lo que trata mi ensayo. Recordar dónde estábamos hace cien años en nuestra relación, particularmente con Europa y Occidente. Y hay que decir que estamos en el mismo lugar que en 1881. Por si acaso lo habían olvidado, nada ha cambiado realmente en nuestra relación”.

¿Es ese fantasma colonial el que sobrevuela conceptos como la moda del afropolitanismo y los afropolitanos?, le preguntamos. Wainaina coje aire. “Es un tipo de identidad que no asume ningún tipo de responsabilidad. Consume. A veces crea. Pero no tiene ninguna residencia en ningún valor sólido. Es una moda. Es una moda guay que no tiene piernas. No va a durar mucho pero si es bueno para darnos piezas de ropa bonita no me importa”, bromea este confeso amante de la moda.

“Achille Mbembe [filósofo camerunés] escribió algo sobre afropolitanismo y creo que su idea era bien diferente a la que viene recogida como mercancía. Una de las cosas maravillosas de ser africano es que tienes sociedades con espacios que de forma extraña nunca han sido colonizados hasta el punto de que la media en el África urbana habla cinco lenguas. Se vive en una sociedad donde el sonido de varias lenguas y culturas es parte de quién eres, y te sientes muy cómodo siendo parte de este cosmopolitismo. Así que cuando piensas en qué significa, en términos de Estados coloniales, claro que estos Estados definieron lo que fue la realidad cosmopolita. Y casi todos nuestros problemas políticos derivan del hecho de que tienes esta herencia cosmopolita que ha topado con las realidades locales. Si tenemos que pensar en el afropolitanismo como un cosmopolitismo de tipo occidental sobre la diáspora… La verdad es que no tengo tiempo para ello”.

Discurso africanista

El escritor es un pieza clave de las nuevas voces africanas. Un engranaje indispensable con un discurso africanista capaz de pintar con sus palabras escenas que dibujan imágenes de una África muy diferente a la de las primeras generaciones de escritores continentales. Se trata de un escritor que rehuye del encasillamiento y las etiquetas absurdas y vacías. “¡No puedo soportar el dogma!” exclama con las manos en la cabeza para sentenciar: “Mi cuerpo no lo acepta”.

¿Qué es lo que más le aburre?

“Creo que formar parte de la clase media africana ha sido un gran asunto con el que lidiar. La clase media africana somos las mejores jodidas máquinas de aprobar exámenes. Cualquier cosa que interfiera en este proceso como imaginar, leer… Es un problema. Si estás en un continente donde todo se trata de “re-”, como en países como Nigeria, que se re-industrializan, o conceptualizan las cosas suponiendo que debes empezar cosas nuevas, lo que te encuentras es con una clase media con terror a innovar. A probar cosas nuevas. Somos muy buenos si nos dicen –haz las cosas así y asá… Y lo haremos excelentemente. En Estados Unidos o el Reino Unido existe de forma muy visible –y estoy muy interesado en esta clase de excepcionalismos–, africanos trabajando de forma increíble en altas instituciones bancarias. Toda esta gente terminaron el instituto y se fueron. Los que hicieron físicas, están en la banca. Los que estudiaron literatura o filosofía, están en la banca. Algunos vuelven ahora que hay un crecimiento turbulento de la economía con capital de sus maestros, los bancos. Algunos están ya retirados con dinero de sus bancos y ahora son inversores aquí”.

Pero el crecimiento económico del continente también ha ido acompañado de un boom en el campo de las industrias creativas africanas, y en concreto del universo literario. “Creo que los escritores africanos estamos de moda ahora mismo, y esto es maravilloso”, nos dice mientras compara la literatura anglosajona africana o india con la literatura de América Latina producida en español. “Hay un mundo anglófono, para lo bueno y para lo malo. La gente en Inglaterra no tiene ni que pensar en ello. Pero nosotros sí que lo hacemos. Tienes que pensar en qué hay en el mundo anglófono porque si no lo haces chocarás con las puertas del infierno. Tienes uno ojo allí y otro aquí”. El autor está convencido de que escribir en inglés es una forma excelente de poder contar las historias cotidianas de África a los lectores de otros puntos del planeta.

Y a la hora de analizar la envidiable salud del panorama literario del continente, el escritor sostiene que el medio ambiente de la escritura africana tiene ecosistemas nuevos, crecientes y cambiantes.

“Con los cambios democráticos han crecido las editoriales independientes como Kwani? y muchas otras. En los últimos tres años han habido muchas publicaciones digitales, así que lo bonito es que tienes a gente como Kwani? que actúan como un gran paraguas. Aunque ahora también hay otras iniciativas nuevas fuera de él. Se trata de algo muy interesante, tenemos un fenómeno con diferentes tipos de expresiones. Hemos tenido una explosión literaria en los últimos tres años, pero veremos un crecimiento extremadamente espectacular en los próximos cinco años”.

Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí

La revolución digital

Este es uno de los fenómenos que más le interesan a Binyavanga. Cuando le decimos que en la revista Wiriko se le considera como un twittero compulsivo, el keniano se ríe y reafirma con la cabeza. “Verás, en el último año, estaba muy aburrido, muy deprimido después de que un muy buen amigo y otros conocidos murieran de VIH. Estaba empezando a escribir mi libro. Y entre que escribía y no escribía, me acostumbré a twittear”, confiesa. “Pero es que es un nuevo espacio para probar cosas. Y soy de esas personas que no se puede resistir cuando les brindas algo nuevo para probar”, afirma con cara de pillo.

“Soy un libertario en transición. Un libertario buscando un hogar. No sé dónde aterrizar. Siendo parte de esa generación FMI eres escéptico acerca de cualquier autoridad en general. Me siento muy cómodo fuera de los espacios institucionales, donde puedo crear mejor mi lugar. Siempre que estoy en sitios institucionales las cosas se vuelven demasiado… Aburridas. Y no pasa nada. En twitter puedo interaccionar y actuar y hablar de la forma que quiero sin sentirme censurado”. Y mientras expresa que de esta forma las relaciones están en plena transformación, puntualiza: “No es que así impongas tus condiciones sino que negocias en mejores condiciones”.

Es un fervoroso amante de Internet desde el principio, y desde que existe el email se ha negado a enviar copias de lo que escribe en formato papel. “Siempre he reconocido la capacidad de sentarse en este país desconocido donde adquieres mucho poder porque estás entregado, no solo a la tecnología, sino a la plataforma en una forma en que ellos (el poder institucional) no están”. Y pasa a continuación a  contar cómo durante sus años de residencia en Sudáfrica pasaba las noches en vilo intercambiando relatos en las primeras plataformas literarias que existían. “La Universidad tenía líneas abiertas y yo me metía en la sala de ocho de la tarde hasta la madrugada para estar online. En todos esos grupos primerizos de escritores locos en Internet, yo estaba dentro desde el principio”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Port Harcourt, capital mundial del libro

La participación de Wainaina en cualquier iniciativa relacionada con el mundo literario en todo el continente es incondicional. No hay evento serio que ocurra en África donde no se le tenga en cuenta. Y justamente uno de los países contra los que ha cargado el keniano últimamente por sus políticas homófobas, Nigeria, va a acoger este año la capital mundial del libro. “No estoy muy seguro de cómo viajar a Nigeria ahora mismo”, dice Wainaina medio en broma mientras explica su implicación en el proyecto Africa 39. “Port Harcourt va a ser este año la capital mundial del libro. Mi trabajo fue conseguir a 120 escritores de menos de cuarenta años que luego fueron a parar a manos de los jueces”. La lista final con los seleccionados se anunciará durante el mes de abril. “Están preparando una Feria del Libro que creo que se va a convertir en una de las más importantes del continente”, sentencia el literato elogiando los esfuerzos del gobernador del Estado nigeriano de River State en esta iniciativa.

La novela del huracán

Pero las distintas iniciativas con talento africano –la citada Africa 39 y un proyecto para erigir la ciudad keniana de Kisumu como un centro para las artes y el refugio político–, no le impiden a sumergirse en su próxima novela. “La idea original surgió de mi último año como docente en Estados Unidos. Estaba en mi habitación, tecleando… Y aterrizó el huracán. Podías ver cómo estaba arrasando las calles de Nueva York, devastando parte de la baja Manhattan… Fue delirante. Aterrador”, dice trazando un paralelismo con la situación social, política y económica del mundo en la actualidad y ante la escalada imparable de acontecimientos globales.

“A lo que estamos viviendo ahora yo lo llamo “el huracán”. Pones la tele y te aparece…. “¡Grecia, Grecia, Grecia, Grecia y… puuuh!”, alza la voz. “¡Turquía, Turquía….!¡Egipto…, Ucrania…! Y me hace sentir como cuando era un niño y veía a mis padres mirar la tele en los setenta y veías: otro presidente ha sido asesinado… Quiero recoger eso, cómo sienta este huracán o el estar dentro de él; dentro del huracán africano, en particular. Estamos viviendo uno de esos subproductos neoliberales, como tantos otros, pero que tiene sus ventajas específicas. Tenemos nuevos proyectos ferroviarios que están abriendo nuestro continente y que no habíamos visto en cien años. El proyecto ferroviario es el motivo por el que Nairobi existe hoy en día y ahora la gente sabe que hay una línea que irá hasta Camerún. Aún no han pagado por ello, pero el sello ya está puesto en el contrato. No hay marcha atrás. Y para mí y mi generación esta idea de que “no hay marcha atrás” es realmente emocionante. Así que he estado utilizando diferentes tiempos verbales, jugando con ellos. Se puede ver en el Lost Chapter, cómo empiezo a jugar con esta idea agitándo los tiempos para darles electricidad. Esto es lo que voy a hacer este año”.

Y mientras esperamos este nuevo trabajo que se trae entre manos, y como broche de la entrevista, ¿una sugerencia en exclusiva para todos los amantes de la literatura africana? El keniano apuesta decididamente por Search Sweet Country, del ghanés Kojo Laing. “Para mí, es la mejor novela de todos los tiempos escrita por un africano. Fue publicada en los ochenta y la crítica la recibió de forma insólita. Es una novela sin etiquetas posibles. Monumental. Es un estilo en sí misma. Y el autor, de los mejores autores del siglo XX. Hay que leerla”.