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Realismo mágico en la ópera prima de Samuel Bazawule

Fotograma de ‘The Burial of Kojo’ del ghanés Samuel Bazawule

La culpa se entierra, pero no se olvida. A Kojo le persigue desde hace siete años cuando su hermano mayor, Kwabena, se casó con la mujer que él amaba. La noche nupcial tornó en tragedia por la muerte de la novia en un accidente de tráfico. Kojo conducía. Kwabena quiere venganza.

Desde entonces siempre sueña lo mismo y no puede desprenderse del recuerdo. Se miente a sí mismo e intenta reducirlo todo a una pesadilla. Kojo calla, huye y emprende una nueva vida.

Pero la culpa siempre trepa por algún resquicio.

The Burial of Kojo, es el debut cinematográfico de Samuel Bazawule. Este rapero ghanés, más conocido como Blitz The Ambassador, fue el encargado de inaugurar la octava edición del festival de cine africano y su diáspora Film Africa.

La cinta es la historia de dos hermanos enfrentados por la misma mujer. La hostilidad viene de hace tiempo y torna en guión de telenovela. Entre medias está Esi, la hija de Kojo, y protagonista de un cuento cargado de realismo mágico.

Tras la desaparición de Kojo, Esi tiene la tarea de encontrarlo. Para ello tendrá que escudriñar sus sueños y poder averiguar los secretos de su padre mientras conoce la venganza que prepara su tío. La pequeña es en la Los hermanos toman distintos roles en una historia que cabalga entre la vida y la muerte.

El guión recuerda a los cuentos de los abuelos, esas historias imposibles donde se desafía al destino. La línea argumental se desarrolla en medio de un juego entre el tiempo y el espacio donde aparecen guiños simbólicos reconocibles para la audiencia: Kojo quiere ser libre (paloma) de un pasado que lo acosa mientras Kwabena augura (cuervo) un trágico final.

Esi es la protagonista del debut cinematográfico de Samuel Bazawule

La ópera prima de Bazawule destila simbología y prosigue un camino que el director ya había explorado en su trilogía de cortos DiasporadicalSin embargo, Bazawule no se olvida del contexto actual de Ghana y la película pone también el foco en la minería ilegal del país y sus implicaciones políticas y sociales.

“El cine no ha sido muy justo con África. Si ves la cantidad de información en el cine y las distintas narrativas se mueven alrededor de muy pocos temas, casi siempre poco favorecedores.  The Burial of Kojo fue una oportunidad de contar una historia mágica lejos de la norma de la guerra y otras cosas traídas por Hollywood. Y también [es una oportunidad] para dar retratos íntimos que no hemos visto en el cine africano”, apuntó Bazawule en una reciente entrevista a BRIC TV.

The Burial of Kojo es la batalla contra la huida permanente. La carga se alivia en la confrontación con el pasado. Sólo así, Kojo será libre.

Kafka en Lagos

Resulta que aquel ya lejano Africa39, la antología de los 40 mejores escritores africanos de menos de 40 años publicada en 2014, no deja de ser una fuente inagotable de propuestas literarias. Con la perspectiva de los años, ha quedado claro que Binyavanga Wainaina, que coordinó aquella recopilación, hizo un buen trabajo. En realidad, eso y que la oferta de grandes narradores es tan ingente que no es difícil encontrar propuestas fascinantes. De pronto nos topamos con Blackass, la primera novela de uno de aquellos jóvenes destacados, el nigeriano A. Igoni Barrett.

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

Barrett se había especializado en los relatos cortos y había publicado dos colecciones de historias de este género, en 2005 y en 2013, e incluso, había ganado el concurso de relatos cortos del BBC World Service hace una década y en 2014 fue seleccionado para Africa39. Como muchos de sus compañeros de antología, después de esa aparición, llegó la primera novela, a sus 36 años, después de una década de publicaciones.

Es inevitable pensar en Kafka al ver la historia de Blackass y de hecho los críticos occidentales que han hablado sobre ella, a menudo han recurrido a esta imagen. Y el regusto salta a la vista. Furo Wariboko se acuesta como un nigeriano normal y corriente, pero se despierta al día siguiente como un hombre blanco, que sin embargo, mantiene un extraño atributo, su culo continúa siendo negro. Es evidente que la voluntad de Barret es tensar al máximo la cuerda, Furo no sólo se ha convertido en un hombre blanco, es un pelirrojo obligado a deambular por las calles de Lagos para asistir a una entrevista de trabajo.

Con esta línea argumental, Barrett transmite toda una serie de ideas sobreentendidas relacionadas con la convivencia, con la identidad o con la vida en una ciudad de unas dimensiones como las de Lagos. Pero también proyecta, una historia en la que explícitamente pone de manifiesto todas las contradicciones de esa misma ciudad y de la sociedad nigeriana. El Furo devenido blanco es observado con desdén en su propio barrio, el de la periferia de la ciudad, el de las clases populares. Sin embargo, esa misma tez pálida le aúpa automáticamente a un puesto de trabajo que está muy por encima de sus capacidades.

portadaLa ironía y la sátira de Barrett marca sin ninguna duda la historia. Seguramente no es casualidad que otro de los personajes claves de la novela sea un escritor llamado Igoni (¿se entiende el sentido del humor?) que es quién está a punto de echar por tierra la nueva vida que se abre ante el nuevo aspecto reblanquecido de Furo. Este personaje, el de Igoni, acaba sufriendo también un cambio de identidad, en su caso, un cambio de sexo.

En todo caso, el también escritor nigeriano Jelon Habila ha escrito de la primera novela de Barret que en un momento dado se convierte en una “comedia costumbres” y del autor que tiene una gran capacidad para “satirizar a los personajes hasta hacer caracteres ridículos”.

Algunos de los críticos han considerado que Barrett se había puesto unos objetivos excesivamente ambiciosos que no pueden agotarse en la extensión de la novela, lo que hace que algunas propuestas atractivas queden simplemente apuntadas. Consideran que el escritor mezcla demasiados escenarios, demasiados personajes, demasiados enredos en esa voluntad de generar situaciones que pongan al descubierto todas esas contradicciones y esa realidad poliédrica. Sin embargo, incluso cuando los críticos establecen estas pequeñas fallas en la narración, lo siguiente es decir que el autor presenta una prometedora proyección de futuro. Así es que probablemente el nombre de A. Igoni Barrett vuelva a aparecer en esa constelación de escritores y escritoras nigerianas que están construyendo propuestas capaces de superar los obstáculos de la industria editorial, mezclando géneros, objetivos y enfoques como nunca antes se había hecho.

Mia Couto, de cazadores y contadores de historias

La confesión de la leona es antropología en estado puro. Antropología empaquetada de la mejor manera para ser entendida. No es una excusa, el escritor mozambiqueño Mia Couto explica la sociedad de su país desde las raíces más profundas, las creencias, los miedos, los anhelos, la indeleble cicatriz de una guerra civil. Y no es extraño. No es extraño que Couto busque las raíces, como tampoco lo es que sea capaz de explicarlas de la forma más accesible. En el primer caso, porque le puede su atracción por la biología, una biología entendida desde una dimensión muy particular. La segunda, porque Couto se ha hecho conocido por contar, pero seguramente mucho menos pública, pero no menos importante, es su capacidad para escuchar.

El escritor mozambiqueño, Mia Couto. Foto: Carlos Bajo

El escritor mozambiqueño, Mia Couto. Foto: Carlos Bajo

Después de su charla en el marco de la exposición Making Africa, en el CCCB de Barcelona, Wiriko tuvo la oportunidad de compartir una breve conversación informal con el escritor mozambiqueño. Fue en el contexto de una comida con un reducido grupo de periodistas, editores y libreros, en el que Couto evidenciaba que lo que más le interesaba era escuchar lo que los demás tenían que contarle. El novelista, que habla de manera pausada y transmite serenidad en el cara a cara, estaba deseoso de saber lo que los otros, los desconocidos, tenían que contarle.

la_confesion_de_la_leonaMia Couto es biólogo “por vocación, porque la biología es un lenguaje que conecta con otras criaturas, con otras formas de lenguaje”, confesaba. Más allá de su inagotable producción literaria, el autor dedica su tiempo a su consultoría, en la que hacen estudios de impacto medioambiental. Pero su enfoque es particular. Sus informes medioambientales incluyen el impacto de los proyectos en la naturaleza, evidentemente, pero también en las sociedades, en las creencias, en la dimensión antropológica de las comunidades que viven en unos terrenos concretos. Basta leer La confesión de la leona, para ver cómo Couto se aproxima a esas comunidades, como las disecciona y las escucha para comprenderlas. En sus estudios de impacto medioambientales da las instrucciones para preservar esa riqueza. En sus novelas (y especialmente en La confesión de la leona) las explica usando como excusa la ficción narrativa.

“Huyo de las certezas científicas”, asegura Mia Couto. Y no deja de sorprender semejante afirmación de un científico, de un biólogo en activo y convencido de su labor. “A veces tenemos la arrogancia de pensar que podemos entender el clima”, señala Couto que advierte que en ocasiones se abusa del discurso del cambio climático y se usa como pretexto. “Creo que para muchos es una manera de eludir responsabilidades. Cuando atribuimos algo al cambio climático estamos hablando de algo que no tiene rostro, no tiene un responsable concreto. Y, sin embargo, con ese pretexto tapamos los efectos de lo que son decisiones políticas”, advierte el escritor que alerta: “No se puede comparar esto con el discurso de Bush, está claro”. “El mayor riesgo medioambiental es la miseria”, sentencia el biólogo que Couto lleva dentro.

A pesar de los esfuerzos por el mantenimiento del medioambiente, el escritor reconoce la encrucijada en la que se encuentra Mozambique. Por un lado, considera que el turismo puede ser un aliado de la defensa del medioambiente, puede ser un acicate para la protección de la naturaleza. Sin embargo, preguntado sobre el impacto del turismo en las comunidades locales y en su forma de vida, Couto no puede más que reconocer que esa relación es mucho más compleja. “Habitualmente el turismo se relaciona de una manera perversa con las comunidades locales. Únicamente tiene una visión folclórica”, se lamenta. Y se divierte explicando que en algunas de las lenguas de Mozambique no existe una palabra para “turista” y que el equivalente sería algo así como “el que viene a visitarnos”.

Kulumani, el pueblo en el que se desarrolla la historia está lleno de secretos. Las costumbres, las creencias, las tradiciones, todo se ha visto condicionado por hechos traumáticos. Las historias de los personajes van poniendo de manifiesto el impacto de la colonización portuguesa, primero, pero después también por una guerra civil difícil de superar. La incomprensión, a veces, una mala interpretación de la modernidad, en otras, siguen retorciendo aún más esas formas de vida. Nadie es feliz en Kulumani. Esa es una de las claves y, en especial, las mujeres. Es imposible desgranar todos los aspectos antropológicos que la historia va poniendo al descubierto. Pero Couto consigue que la narración fluya, de manera natural y el lector acaba teniendo tanto interés por saber de dónde salen las leonas que han puesto la vida del pueblo patas arriba, como de conocer cuál es su final, en la cacería que llevan a cabo los protagonistas.

Mia Couto se ha esforzado por conocer y transmitir las culturas de Mozambique. Foto: Carlos Bajo

Mia Couto se ha esforzado por conocer y transmitir las culturas de Mozambique. Foto: Carlos Bajo

En La confesión de la leona, Couto transmite la existencia de una sociedad en la que los principios son bien distintos de los del visitante. Hace tiempo que se intenta encajar a este escritor, eterno acreedor del Premio Nobel, en una categoría particular, el “realismo mágico africano”, que no es sino la resistencia de la industria editorial, de los críticos y de los analistas a aceptar realidades diferentes. Hace años también que Couto elude en cuanto puede esa categoría asegurando que “en Mozambique el realismo mágico es realismo”. Ese es el matiz que deberían entender los lectores occidentales de Couto: no están leyendo una novela fantástica, sino el relato real de una sociedad en la que las creencias tienen un valor diferente al que tienen en el mundo occidental y en el que la realidad no se limita a lo que se ve.

En la conversación Mia Couto se muestra dispuesto a contestar incluso, a la que seguramente debe ser la pregunta más odiosa (por tediosa) y más odiada por un escritor: ¿qué hay del autor en dos de los personajes principales, Gustavo, el escritor, y Arcángel, el cazador? No la responde por convención, para cumplir, ni para contentar. Lo hace con calma, con la misma serenidad con la que habla todo el tiempo, esa con la que de verdad intenta comunicarse (en mayúsculas) con su interlocutor. “Hay un poco en cada uno de ellos”, dice, “porque creo que no basta con crear personajes, hay que vivirlos”. Resulta curioso porque los dos son aparentemente antagónicos, pero está claro que, a través de ellos, Couto conjura algunas de sus cuentas pendientes y puede desarrollar su autocrítica. La última confesión del escritor: “Los cazadores son grandes contadores de historias. Creo que, en otro tiempo, tan importante como la pieza que se cobraban, era la historia de la cacería que eran capaces de contar”.  Eso es lo que hace Couto, cazar historias, relatar capturas, explicar el mundo, en realidad.

José Eduardo Agualusa: “Espero que mis libros puedan servir como plataforma para debates”

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Sofía Fonseca

José Eduardo Agualusa. Fuente: Web del autor

José Eduardo Agualusa. Fuente: Web del autor

José Eduardo Agualusa es un hombre del mundo, un africano del mundo (muy) enamorado de la vida. Nacido en Angola (Huambo, 1960) vive a caballo entre Lisboa, Rio de Janeiro y Luanda. Como periodista, colabora con medios portugueses y angoleños escribiendo crónicas y artículos de opinión, y realiza el programa de radio A Hora das Cigarras, en RDP África, sobre música y poesía africana. Como editor, es co-fundador de la editorial brasileña Língua Geral, dedicada a autores de lengua portuguesa. Como escritor, tiene más de 30 obras entre novelas, cuentos, poesía, teatro y libros infantiles. Su obra ha sido traducida a 25 idiomas y en 2007, se convirtió en el primer autor africano en recibir el Prémio Independiente de  Ficción Extrangera, del diario británico The Independent. Su libro O Vendedor de Passados será llevado al cine, dirigido por el director brasileño Lula Buarque de Holanda. En junio publicó su última novela: A Rainha Ginga. E de como os africanos inventaram o mundo.

Pregunta: Agualusa, tu obra es como tú, una obra del mundo, muy viajada. Tienes libros que se desarrollan en Angola, como Estação das Chuvas (1996) o la Teoria Geral do Esquecimento (2012), en Brasil, O Ano em que Zumbi tomou o Rio (2002), en Goa, Um estranho em Goa (2000), y un libro en viaje que podría considerarse un road book, As mulheres do meu pai (2007) que cruza varios países africanos. ¿Cómo te influye ese nomadismo en el momento de crear un libro?

José Eduardo Agualusa: Para mi viajar es conocer personas. Es descubrir lugares e historias. Por consiguiente, ese movimiento me ayuda en el proceso de escritura. Diría que es fundamental. Yo escribo porque me muevo.

En una entrevista de 2009, decías que O Barroco Tropical (2009) es un libro sobre el miedo, sobre dictaduras. ¿Consideras importante tratar temáticas político-sociales en tu obra? ¿El escritor tiene la “responsabilidad” de dar voz a quien no la tiene?

Sí, es cierto. Escribir implica una reflexión y compartir esas reflexiones. En países como Angola, no democratizados, y en los que la mayoría de la población no tiene forma de hacer oír su voz, compartir las inquietudes es aun más urgente. Espero que mis libros puedan servir como plataforma para debates. Para mí la democracia pasa por el debate, por el libre intercambio de ideas, por la noción de que de la confrontación entre varias ideas diferentes suelen surgir ideas mejores.

Has creado personajes fascinantes, tanto que hay quien asegura que los ha visto y estado con ellos, como el caso de la poeta Lídia do Carmo Ferreira da Estacão das Chuvas. También tienes seres extraordinarios como el geco de O Vendedor de Passados (2004), otras aterrorizadas como Lundo, en la Teoria Geral do Esquecimento (2012) y míticas como la Reina Ginga. ¿Nos puedes contar cómo creas tus personajes? ¿Es cierto que a veces te surgen en sueños?

Sí, algunos me surgen en sueños. Soñé por ejemplo, con el protagonista de O Vendedor de Passados, un hombre que vende pasados, historias de vida, a la nueva burguesía angoleña. Otros pueden surgir de páginas de la Historia, como es el caso de la Reina Ginga, una figura extraordinaria, sobre la cual existe muchísima información. Otras veces surgen de alguna noticia que leí, o de un comentario que escuché, o de los rincones de la memoria. Muchas no sé como surgen. Apenas lo hacen, como pasó con Ludo, esa mujer que se empareda por puro terror a convivir con personas de otra raza.

En tu obra es habitual el constante juego entre la realidad y la ficción, la yuxtaposición de los dos planos. Un momento de lo más fascinante es cuando en tu libro As mulheres do meu pai (2007), la realidad y la ficción se cruzan mirándose por la ventana del tren. ¿Cómo se te ocurrió esa idea?

Sí, esa es mi escena preferida. Decidí incluir la realidad, fluyendo paralelamente a la ficción, después de que Karen [Boswall] me contara su historia. Una historia mayor que la ficción. Por otro lado, me interesaba mostrar cómo la ficción se construye partiendo de la realidad, y al mismo tiempo, cómo alimenta la propia realidad. Creo que ese juego está presente en todos mis libros.

El libro O Vendedor de Passados, será llevado al cine el 2014 . ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué se siente al ver “materializado” uno de tus libros y que tus personajes cobren vida?

La película está lista, la vi hace unos días en Río de Janeiro. La vi con cierta distancia, como vería cualquier otra película, porque no es mi película, es sencillamente una película que parte de una idea mía. Me gustó mucho. Lázaro Ramos, que hace de vendedor de pasados, está extraordinario. Algunos amigos me dicen que podría ser la base de una buena serie, y creo que es cierto, pues cada cliente podría ser un capitulo. Aquello es inagotable. Hay mil razones diferentes para que alguien quiera reconstruir su pasado.

Rainha Ginga, tu último libro, trata sobre una mujer fascinante, personaje mítico del imaginario africano. ¿Cómo surge este libro? ¿Al ser un romance histórico, te llevó más tiempo el proceso creativo?

Siempre he querido escribir este libro. Por eso, en cierto modo, puedo decir que he dedicado la vida entera a escribirlo. No hubiera podido hacerlo sin la confianza y la técnica que fui ganando con los libros anteriores. Era un desafío difícil: adaptar a nuestros días la vida increíble de una mujer guerrera, que subvirtió todas las convenciones de su época y de su cultura y que todavía hoy inquieta y perturba. A tal punto que una película angoleña reciente, que la tiene como personaje central, ignora deliberadamente algunos de los aspectos más interesantes de su biografía como el hecho de haber mantenido durante años un harén de más de cincuenta hombres, a los que vestía y trataba como si fueran mujeres. Eso en la Angola de nuestros días es algo imposible de aceptar por el machismo dominante.

La literatura africana en lengua portuguesa es, en términos generales, menos conocida que la   literatura africana francófona y anglófona. ¿A qué crees que se debe? ¿A la falta de políticas culturales y apoyo a los escritores? ¿Crees que se deberían realizar más festivales o encuentros de escritores africanos?

No lo sé, pero pienso que hay algunos escritores africanos de lengua portuguesa con una carrera internacional muy solida. El caso más evidente es Mia Couto. Es cierto que alguien que escriba en inglés tiene alguna ventaja inicial, pero a partir de cierta altura es irrelevante. Para eso existen los traductores.

En el panorama actual de las letras africanas lusófonas ¿a quién consideras que no podemos dejar de leer?

Mia Couto, Rui Duarte de Carvalho y Ana Paula Tavares. En Cabo Verde hay un poeta interesante, José Luís Tavares. Tengo esperanza que en los próximos años surjan nuevas voces. Son territorios llenos de historias, esperando que alguien las cuente.

Finalmente, ¿hay un nuevo proyecto a camino? ¿Una novela?

Sí he empezado a escribir una nueva novela, pero aún es muy pronto para hablar de ello. Todavía no sé qué forma tomará.

 

Ecos de un Nobel comprometido

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o aparece como un escritor tan militante como íntegro, tan brillante como comprometido, tan perseguido (en su Kenia natal) como reconocido (internacionalmente). Ahora su nombre aparece en las quinielas como uno de los principales acreedores del Premio Nobel de Literatura, cuyo ganador está previsto que se haga público mañana. No son muchos los autores africanos que han recibido este galardón, aunque sí que ha habido ocasiones en las que algunos literatos del continente han muerto sin recibir este reconocimiento a pesar de las previsiones. El caso más conocido sin duda es el del recientemente fallecido Chinua Achebe, del que una de las cosas que más ha trascendido es que se convirtió en el eterno aspirante al galardón.

La trayectoria de Wa Thiong’o, sin embargo, está claramente marcada por su militancia. Se trata de uno de los rasgos fundamentales de su obra, pero también de su vida. Ambas han estado marcadas por el compromiso, pero también por las consecuencias de esa implicación. Algunas anécdotas alimentan el mito del escritor. Unos aseguran que el novelista, dramaturgo, periodista, cuentista y ensayista keniano escribió su quinta novela Caitaani mutharaba-Ini  (EL diablo en la cruz) en papel higiénico, mientras estaba encerrado en la prisión de máxima seguridad de Kamiti; otros, que lo hizo en los márgenes y entre las líneas de la Biblia que había en su celda. En todo caso, Ngũgĩ wa Thiong’o estaba encarcelado por denunciar las injusticias del sistema postcolonial, por acercarse a los desfavorecidos para convertirse en su voz ante las desigualdades y por hacer de sus obras un auténtico altavoz de la justicia social.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

A pesar de que en sus primeras obras, la descolonización y los abusos de los británicos en su Kenia natal es la principal preocupación del autor, Ngũgĩ wa Thiong’o mostró una envidiable coherencia cuando redirigió sus críticas a las nuevas castas postcoloniales, como las responsables de las desigualdades después de la independencia. El resultado fue que el autor fue perseguido y castigado sucesivamente por los dos primeros presidentes kenianos, primero Jomo Kenyatta y después Daniel Arap Moi. Fue bajo el régimen de este segundo cuando se vio obligado a exiliarse de manera casi definitiva. Intentaron ir cerrándole puertas, primeros las de las universidades, después de las de su país, e intentaron hacer lo mismo con las de su vida, pero como no lo consiguieron tampoco llegaron a silenciarle. El autor keniano ha seguido escribiendo y ha seguido siendo incómodo, además de los planes para asesinarlo y de los manejos diplomáticos para que no encontrase refugio, sus libros estuvieron proscritos durante décadas en Kenia. Él mismo no pudo regresar al país hasta 2004, veintidós años después de su partida, en una visita, con tintes traumáticos, a pesar de que su principal perseguidor ya no gobernaba.

Más allá de los argumentos de sus obras, el autor ha plasmado su compromiso en alguno de los rasgos de sus trabajos y, precisamente, las acciones en su contra, no han hecho sino afianzar sus convicciones. Su ingreso en prisión fue definitivo para que decidiese abandonar el inglés como lengua de sus obras literarias y pasó a escribir en kikuyu. Ya lo había hecho con sus obras teatrales que han sido su principal punto de encuentro con los desfavorecidos. Durante su época en Kenia, Wa Thiong’o ensayó fórmulas de creación de textos junto a los propios autores amateurs y alguno de los lugares en los que se representaron sus obras fueron arrasados (textualmente) por la dictadura.

Por lo que se refiere a sus ensayos, el aspirante al Nobel firmó, entre otros, Descolonizar la mente un título bien representativo de la postura del escritor que pretendía desde la propia independencia de su país valorizar la trayectoria literaria africana. Como medida simbólica durante su época universitaria keniana se había opuesto al nombre del departamento en el que se inscribía. Wa Thiong’o consideraba que Departamento de Inglés podía sustituirse por Departamento de Literatura y que este movimiento representaba un respeto por el continuo cultural que coloca a África en el centro, como punto de referencia respecto al resto.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Sin embargo, las quinielas que colocan al escritor keniano como uno de los mejor situados ante la presente edición del Premio Nobel de Literatura no juzgan su trayectoria militante. Desde su tercera novela en 1967 A Grain of Wheat, el escritor ha explorado modificaciones estilísticas, construyendo elaboradas líneas argumentales con puntos de vista diferentes. Además, en una de sus últimas obras, publicada en español como El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o se convirtió en uno de los abanderados del realismo mágico africano, un estilo que muestra la importancia del contacto entre el mundo visible y el invisible en el continente.  Además de esta última novela (después sólo ha publicado un ensayo y otro volumen de sus memorias) se han traducido al español Matigari, El diablo en la cruz y Un grano de trigo.

No deja de resultar curioso que la advertencia del posible reconocimiento del escritor keniano venga de las casas de apuestas británicas. El secretismo que envuelve el premio literario más reputado del mundo, cuyas nominaciones no se hacen públicas, se rompe en los mismo lugares en los que se apuesta por los eventos deportivos. Teniendo en cuenta que la carga comercial del premio no es ninguna sorpresa, quizá, si mañana el nombre de Ngũgĩ wa Thiong’o suena en Estocolmo, además del reconocimiento de la literatura africana, nos resulte más sencillo acceder a sus obras. En el peor de los casos, al menos, se hablará de este tremendo escritor, al que ya se ha colocado a la altura de figuras como la de Wole Soyinka o Chinua Achebe.

Eugène Ebodé: la voz camerunesa de Rosa Parks

Eugène Ebodé, durante su reconocimiento por la Academia Francesa. Fuente: Wikimedia - Alexandrine

Eugène Ebodé, durante su reconocimiento por la Academia Francesa. Fuente: Wikimedia – Alexandrine

Con una carta de la propia Rosa Parks, la icónica “primera dama de los derechos civiles” en Estados Unidos, se abre la novela La Rose dans le bus jaune, la última del escritor camerunés Eugène Ebodé, publicada hace poco más de un año en Francia. En esa primera misiva, Parks hace balance de su actividad en el movimiento para poner fin a las leyes segregacionistas en Estados Unidos, un movimiento del que se convirtió en icono cuando en 1955 se negó a ceder su asiento en el autobús a un pasajero blanco y fue detenida por ello. Ebodé hace en esta historia que la misma Parks, en primera persona, haga el repaso de lo que supone estar inmersa en un movimiento tan revolucionario y tan influyente como el de la defensa de los derechos cívicos, incluidas las contradicciones y los torbellinos emocionales.

Ebodé no pretende engañar a nadie, La Rose dans le bus jaune no es una biografía, es una novela o, como él mismo señala, una bioficción. Sin embargo, el escritor camerunés ha realizado un titánico trabajo de documentación durante el que llegó incluso a cartearse con la que después sería protagonista de su novela. Con esta labor previa, el autor consigue que el relato que hace en boca de Parks sea fiel, aunque aderezado con algunos personajes y acontecimientos ficticios orientados a novelar los hechos. Ebodé confiesa que llegó a Parks de manera indirecta cuando en realidad se interesaba por el movimiento de lucha por los derechos civiles, deslumbrado por su líder, Martin Luther King. Sin embargo, el episodio de Parks en aquel autobús amarillo de Montgomery (Alabama) se considera la chispa que encendió la marea antisegregacionista y por ello era imposible que Ebodé no tropezase con él. Lo que no esperaba era que el interés por Parks, incluso desplazase el del doctor King. Al parecer, el autor escribió primero La Rose dans le bus jaune en tercera persona, pero le pudo la necesidad de sentirse más cerca del personaje y por eso hizo que la propia Parks contase su historia.

cubierta la roseEn esa primera carta de La Rose dans le bus jaune se muestra el primero de los golpes de efecto de la obra. Entre el repaso de la “primera dama de los derechos civiles” se cuela, precisamente, la historia del hombre blanco que pretendía ocupar su espacio en el autobús. Lo llama simbólicamente Douglas White. Evidentemente se trata de uno de los personajes ficticios de la historia, pero el motivo de su presencia en la narración no es del todo fruto de la imaginación. En el relato, Parks pretende rehabilitar a este personaje que se ha perdido en transmisión de los hechos (esa es la parte de verdad). La propia Parks se lamenta de este olvido y presenta al personaje como un individuo que impactado por el gesto de la activista pro derechos civiles, dedicó, a partir de ese momento, su vida a acompañar ese combate (esa es la parte ficticia).

Ebodé, proyecta en esta novela algunos de los elementos que ya habían aparecido en las obras anteriores del autor (numerosas, por cierto), como la sed de reconciliación y de construcción de una paz basada en la convivencia, así como las conexiones entre mundos aparentemente desconectados. Con estos, y otros rasgos, el autor camerunés derriba fronteras. No se sabe muy bien si lo hace siguiendo el ejemplo de esos luchadores por los derechos civiles o si “obliga” a esos activistas a comportarse como él quiere.

El novelista camerunés que quizá no aparece en la primera línea de los autores africanos con proyección internacional tiene, sin embargo, una carrera prolongada y exitosa (sin ningún título en castellano). Ha firmado seis novelas, cinco de ellas con la editorial francesa Gallimard y una con la argelina Apic, además de ensayos, relatos para obras colectivas y un libro de poesía. En La Rose dans le bus jaune, abandona aparentemente alguna tónicas habituales en sus novelas anteriores que tenían eminentemente una temática africana, en este caso sin embargo, el continente negro aparece sólo de manera colateral como el lugar en el que los protagonistas del relato se reencuentran con sus antepasados. Por otro lado, aparca relativamente un estilo propio que le había hecho enmarcarse en los que se considera realismo mágico africano.

cubierta madameAdemás de su productividad literaria (que se suma a sus trabajos para prensa), el autor ha recibido numerosos premios y se convirtió en 2010 en “caballero de las Artes y las Letras” uno de los máximos reconocimientos del ministerio de cultura francés. Previamente, en 2007 su novela Silikani había recibido el premio Prix Ève Delacroix de l’Académie française. Y, posteriormente, en 2012, recibió en Mali el premio Yambo Ouologuem, por su novela Madame l’Afrique.

La propia historia personal de Eugène Ebodé tiene también una novela en sí misma. Nacido en Camerún comenzó sus estudios en Yaoundé y Douala y pasó después por la capital de Chad, para volver después a Camerún antes de emigrar a Francia. En su vida hay episodios de carrera futbolística seleccionado, incluso, para el combinado nacional (en categorías inferiores) y también de asesor político. En este sentido se ha visto implicado en la vida política desde una segunda línea. Esta experiencia le ha dado para escribir sobre la política local, desde una perspectiva francamente crítica, tanto en lo que se refiere a las políticas de integración como a los manejos de los políticos y a las bajezas de algunos aspirantes.

Añadiendo mundos al mundo: el espejo del realismo mágico africano *

Artículo escrito por Sonia Fernández Quincoces: Licenciada en Derecho (UPV-EHU). Aficionada a la lectura, en la actualidad tiene un blog de Literaturas africanas (LitERaFRicA), que comenzó al comprobar el vacío de información que existía sobre las letras africanas y con el que ha descubierto que se estaba perdiendo un océano de buena literatura.

* “Añadir mundos al mundo” es una expresión prestada del escritor Sony Labou Tansi.

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: http://www.artofethiopia.com

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: www.artofethiopia.com

Junto al “realismo mágico” suelen aparecer, al menos, tres medio-verdades: una, que es un movimiento literario; dos, que lo creó Gabriel García Márquez y tres, que se circunscribe al mundo latinoamericano. Sin embargo, abarca más campos como la pintura o el cine; se le ha asignado otros padres aunque sea García Márquez el máximo exponente en el ámbito literario, y aparece en otras geografías además de, por supuesto, en Latinoamérica.

Desde el continente africano, Alain Mabanckou en su obra “Memorias de puercoespín”, nos hace conocedores de una tradición popular según la cual cada ser humano posee su doble animal, creencia que forma parte de la realidad de los congoleños. Si la realidad es la base del “realismo mágico”, Mabanckou no fabula sino que transmite la realidad que él percibe, algo que se vive como tal por un grupo de personas. En la mencionada novela, a través de un recorrido literario, va señalando en otras obras la aparición de dobles animales: buenos, en el caso del gallo de “El coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, o nocivos, en el del pez de “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, dando a entender que lo narrado no se ciñe a su país sino que se extiende por otros continentes. Otro ejemplo lo tenemos en el geco (o lagartija), doble animal del protagonista de la novela “El vendedor de pasados” del angoleño José Eduardo Agualusa. Lo que creo que intenta demostrar Mabanckou es que el “realismo mágico” es universal y que existe incluso antes de plasmarse en ninguna obra literaria, ya que describe una realidad a la que nosotros no estamos acostumbrados.

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: http://www.artofethiopia.com/

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: www.artofethiopia.com

En este sentido, Mia Couto afirma: “África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo (…) en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real” [1]; y completando lo anterior, asevera: “En Mozambique, lo que no se ve es más importante que lo que se ve” [2]. De igual manera, José Eduardo Agualusa comenta: “En África, la realidad supera a la ficción. Hace unos años leí en un diario una noticia que hablaba de un hombre que había sido embrujado y al que le empezó a manar agua del cuerpo. La casa se llenó de agua y barro hasta que el hombre se transformó en un charco” [3]. Ben Okri, otro escritor al que se asocia con esta corriente literaria, dice: “Que la gente compare mis libros con los de García Márquez se debe a que tenemos esa percepción similar que no es occidental. El realismo mágico es un lugar transformado por la conciencia. Don Quijote es realismo mágico. En realidad, es una especie de Génesis. Es la conciencia que construye el paisaje por primera vez” [4].

En el continente africano, como hemos visto, también han surgido libros que se han relacionado con esta corriente literaria. En mi opinión poner etiquetas facilita el reconocimiento, pero empequeñece la diversidad. Me resulta difícil identificar en todas las obras africanas calificadas como “realismo mágico”, los detalles que las señalan como tal. A veces veo una mágica realidad, otras veces un realismo fantástico y otras pura fantasía. En algunas obras se da también la confluencia de los tres elementos y en otras apenas hay unas pinceladas. Crónicas abisinias de Moses Isegawa, El brujo y el cuervo de Ngũgĩ wa Thiong’o  y Tierra sonámbula de Mia Couto se suelen englobar bajo este término.

 “Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: http://www.getahun.com/

“Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: www.getahun.com

Cubierta de Crónicas Abisinias

Cubierta de Crónicas Abisinias

Considerado uno de los exponentes del “realismo mágico” africano (junto con Sony Labou Tansi o Zakes Mda, entre otros) y reconociéndose como tal, Moses Isegawa afirma: “El realismo mágico de García Márquez encuentra grandes correspondencias en África. En Uganda también escuchas historias tan fantásticas como las que cuenta García Márquez. De hecho, las vives diariamente (…) Cien años de soledad me sirvió de modelo para escribir mi novela” [5].

En su novela Crónicas abisinias Mugesi, el protagonista, hijo de madre profundamente católica, va describiendo aspectos de la vida social, religiosos, políticos, económicos y culturales. Y lo hace desde la narración de historias imaginadas, plenas de personajes que nos arrastran y nos ensueñan. El niño que ha de ocuparse de sus hermanos menores, bajo la situación de poder, tratada a veces con humor y a veces con espanto, de unos padres que  Mugesi no duda en calificar como “déspotas” y cuya imaginación es alimentada por las historias que cuenta el tío Kawayida, crecerá sin pelos en la lengua, contándonos sus travesuras, sus pequeñas venganzas, su despertar sexual, su enamoramiento más profundo y sin salida, su propia pesadilla, sus logros como hombre de negocios y su contacto con la guerrilla.

Podemos tomar Crónicas abisinias como la descripción de la infancia, adolescencia y madurez de un ugandés de familia humilde, que nace con la independencia de su país. Sin embargo, el mayor logro de esta obra es mostrarnos lo que ocurrió en Uganda en la segunda mitad del siglo XX, a través de un recorrido vital escrito de manera minuciosa sin que decaiga el interés, de manera clara. No se trata de una novela autobiográfica, pero hay mucho en los rasgos de su protagonista, Mugesi, en común con los del escritor.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Ngũgĩ wa Thiong’o es el autor de El brujo del Cuervo. Escrita en origen en lengua kikuyu o gikuyu, esta extensa novela de más de setecientas páginas, nos ofrece un penetrante análisis de la realidad poscolonial de una imaginaria República Libre de Aburĩria.

Un dictador, aupado gracias a una nube de seguidores, que son capaces de someterse a diversas operaciones de cirugía estética para llegar a ser su boca, sus ojos, su nariz y sus oídos, y que le mantienen en su estatus de “dios”.  Un proyecto delirante, “Camino al Cielo” que no es sino una altísima torre, que va a financiar el Banco Mundial, a la que  mediante una nave espacial, se elevará al soberano hasta tocar (cómo no) el cielo. Un pueblo tiranizado, pero no sometido, que hace interminables colas para conseguir trabajo. Una pareja mágica, que acaba convertida en el centro de los deseos de todos los que necesitan que la realidad sea diferente, empujándoles a mutarse en las dos caras de este brujo del cuervo.

Esta novela posee en su interior una especie de conjuro que hace que toda la historia arrastre, conmueva, divierta, entristezca, asombre y provoque que, en nuestras bocas, tan pronto aparezca la sonrisa como se nos hiele la comisura. Brillante en su escritura, Ngũgĩ nos traslada a una Aburĩria imaginada (pero a la que pronto podemos identificar) y poscolonial en la que los sucesivos gobernantes parecen ser siempre los mismos bajo diferentes disfraces. En la que la fuerza atronadora de un pueblo, que se levanta una y otra vez contra la barbarie y el despotismo, contra la corrupción y la negación hasta de los propios orígenes, es descrita con un lenguaje original, imaginativo y mágico, digno heredero de la tradición oral del continente.

Cubierta de Tierra sonámbula

Cubierta de Tierra sonámbula

La tercera novela es Tierra sonámbula de Mia Couto. Se inicia con la llegada a un machimbombo (autobús) quemado de dos seres que parecen venir de la nada (en plena guerra de Mozambique),  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que “parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo”. Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección. Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea y de la que ya ni se asombran.

El texto sume al lector en un estado de  sonambulismo o incertidumbre; lo real aparece rodeado del mundo de los sueños o de los muertos, que se entrecruzan con naturalidad, como parte de la misma. Sus personajes pertenecen a esta categoría: el niño Junhito al que disfrazan de pollo para poder salvarle la vida y acaba desapareciendo, conservando quizás su forma animal, allí donde quiera que se encuentre; o Siqueleto cuyo máximo afán es hacer manar ríos, son dos ejemplos de los muchos que abundan en la obra.

“Tierra sonámbula” produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, a través de la fuerza y la dignidad que transmiten sus personajes. Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real o lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

Dejo en vuestras manos el que las califiquéis como “realismo mágico”, “real maravilloso” o “mágica realidad”. En mi opinión esto es lo de menos, lo de más es garantizarse una buena lectura. Que esta nos muestre lo irreal o extraño, para nosotros, como algo cotidiano o normal, para otros, nos agranda y enriquece, al tiempo que nos ayuda a entender que fuera de nuestra manera de concebir la realidad hay más mundos, tan reales como los nuestros, solo tenemos que decidirnos y mirar a través de otros espejos.

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Crónicas abisinias, Mosés Isegawa – Ediciones B, S.A., 2000. Traducción de Luis Ogg.

El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o – Editorial Alfaguara-Santillana, 2008. Traducción de Susana Rodríguez-Vida.

Tierra sonámbula, Mia Couto – Editorial Santillana, S.A-Alfaguara, 1998. Traducción de Eduardo Naval.

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Notas:

[1] “Mia Couto: África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo” 29/04/2013. Afribuku, Sandra Quiroz [Castellano] http://www.afribuku.com/miacouto/

[2] “Mia Couto: En África no es que se viva un realismo mágico, es realismo real” 30/09/2013. El País,  Lola Huete Machado [Castellano] http://elpais.com/elpais/2013/09/27/eps/1380282368_900161.html

[3]“Los escritores africanos Couto y Agualusa presentan dos novelas marcadas por la guerra” 25/04/2002. El País, Xabier Moret [Castellano]  http://elpais.com/diario/2002/04/25/cultura/1019685606_850215.html

Couto explicó el caso de un hombre que había afirmado que podía volar desde Isla Mozambique hasta La Meca. La plaza del pueblo se llenó ante el anuncio. El hombre, sin embargo, suspendió el vuelo a última hora alegando problemas técnicos, lo que provocó importantes disturbios

[4]”La voz de África” 29/12/2007. El País, Guillermo Altares [Castellano]  http://elpais.com/diario/2007/12/29/babelia/1198889418_850215.html

[5]”A la Feria del Libro de Bogotá llega el hombre que escribió el testamento de África del Sur”. Agencia de noticias literarias. com, Pablo Gamez [Castellano] http://www.noticiasliterarias.com/articulos_literarios/articulos%20literarios%2012.htm