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“El agua pura no se espesa”, una oda a Nakany Kanté

“El agua pura no se espesa” reza un proverbio malinké. Lo genuino no se altera. Tampoco lo hace la tradición Malinké en las canciones de la nueva revelación de la música Mandinga. La sabiduría oral malinké, también llamada mandinga, es abanderada por familias como los Camara o los Keita. La artista que nos ocupa hoy no proviene de una familia griot, pero la casta le importa poco, porque ella sigue un torrente interior que la mueve y que no la deja descansar. “Sé que tengo una misión, y no hay nada que me haga más feliz que cantar“, nos confiesa.

A orillas del Río Níger, cerca de la frontera guineana con Mali, la pequeña ciudad de Siguiri vió nacer y crecer a una chica de familia humilde que se levantaba cada día cuando el Sol aún estaba en profunda somnolencia para ayudar a su madre. “Preparábamos todos los bocadillos y la comida que mi madre vendía en el tenderete. Íbamos a buscar el agua. Después me iba a la escuela y a la salida, me unía a mi abuela y mi madre a vender comida“, explica Nakany Kanté. Un día, un joven de Sabadell que estaba en Guinea aprendiendo los secretos de la percusión mandinga, se acercó a comprar comida. “Yo estaba de cuclillas, así que él no me podía ver la cara. Pero me escuchó hablar y se enamoró de mi voz“, dice la joven de 25 años. Al cabo de un año él volvió, se convirtió al Islam y se casaron. Así es como Nakany emprendió un largo viaje lejos de su familia. Un viaje guiado por el amor y la música. Un periplo iniciático que lo es tanto para ella como para el público que asiste hoy a sus conciertos.

6a0154368f628b970c01b7c82140ee970bNakany acaba de presentar “Naka” (2016), su segundo álbum, después de haberse dado a conocer con “Saramaya” (2014), por España, Francia, Inglaterra, Austria y Guinea Conakry y de ganarse el 5º puesto como mejor directo nacional de 2015 según la revista Rock de Lux. Con su álbum debut, consiguió compartir escenario con estrellas como Toumani Diabaté o Oumou Sangaré, y consiguió llamar la atención a la mismísima Lucy Durán, una de las etnomusicólogas de más peso del mundo británico, que la invitó a charlar en el SOAS, sorprendiendo a todo el mundo con su espontaneidad. “En la sala había un señor, creo que de Senegal, que me dijo que las chicas como yo no teníamos nada que hacer en África. Que teníamos que resignarnos a ser amas de casa. Me discutí con él y le hice callar. Está claro que los que no tienen nada que hacer a la larga en África, son los hombres machistas como él“, cuenta la guineana.

Con este último trabajo, Nakany ha inundado la prensa nacional con un mensaje optimista pero crítico, un sonido profundamente enraizado en el África Occidental pero prendado de pop y de melodías frescas. Y esta dualidad está en todo lo que ella hace. Su posado reservado se transforma en una fiera escénica en los directos y saca a relucir la fuente inagotable de energía y de mensajes empeñados en llegarnos, que lleva dentro. Sus letras, incluso las que hablan de amor, siempre llevan incluídas un tirón de orejas. Nos habla de amantes que coquetean con otras chicas y les da lecciones acercándose a chicos más fuertes y más guapos que ellos. “¡¿A ver si se van a creer que son los únicos que nos pueden poner celosas?!“, dice riéndose.

Encima de la palestra, su sonrisa es perenne, y mientras lo dá todo, no deja de expresar su gratitud. Pero sus ojos no pueden esconder una tristeza que lleva casi tatuada en el alma. “No hay día en que, mientras estoy comiendo, no piense en si los míos tienen algo que comer hoy. Cuando recuerdo lo pobres que hemos llegado a ser en mi família y me veo hoy lo afortunada que soy, aún tengo más fuerzas para seguir adelante“, confiesa la joven compartiendo tardes con Wiriko durante la semana de presentación de su disco en Madrid.

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Me indigna tanto volver a Guinea y ver todos los niños que están tirados en la calle. ¡Hay tanta pobreza en África!. Y luego, el trato que reciben las mujeres, ¡es tan machista!“, dice Naka, contando los aspectos que menos le gustan de su sociedad. “Pero también me doy cuenta que las nuevas generaciones están cambiando nuestra realidad“, comenta sin darse mucha cuenta de que ella misma es el claro ejemplo de esta generación y de la transformación social que se viene dando en las capitales africanas.

Nakany es una cantante comprometida, con madera de estrella, tanto por su talento musical como por su empeño en no parar de trabajar y crear. “No puedo parar de componer y de cantar. También escribo. Ahora estoy trabajando en una obra que sucede antes de la llegada de los colonos en mi pueblo, Siguiri. Quiero que sea una película, aunque va a ser una producción muy cara“,  explica mientras hojea las páginas que hablan sobre el Imperio de Mali en ‘Historia del África Negra’, de Joseph Ki Zerbo, de la biblioteca de Wiriko. Su compromiso y su pasión por el cine la han llevado a ser una de las voces para la banda sonora de un nuevo documental de  Xavi Artigas (Ciutat Morta), que se grabará en pocas semanas en Guinea Conakry para rendir homenaje al guineano Idrissa Diallo, que perdió la vida en el CIE de Zona Franca (Barcelona) la noche de Reyes de 2012, en circunstancias aún no aclaradas.

Ella es así. Una alma incansable y decidida a cambiar las cosas a través de la creatividad y la alegría, pero con los pies en la tierra, la experiencia como inspiración y el saber que el talento no produce nada si no viene acompañado de trabajo. Auténtica y pura como el agua cristalina, ha venido para refrescarnos y despejarnos la mente. Para ser ejemplo. Para diluïr nuestro desconocimiento de África.

“Ser feliz” con lo nuevo de Anita Zengeza

“Ser feliz es decidir simplificar la melodía”. Lo dice Anita Zengeza (Zimbabue) en la canción que abre su segundo disco, Natural Journey (Slow Walk Music, 2016). Sencillo. Honesto. Fresco. Apetecible y necesario, llega tres años después de su primer LP, bautizado con su nombre (Whatabout Music, 2013) y lo hace regalándonos el mejor disco para esta primavera, pero también la dicha de tenerla bien cerquita.

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Y es que la joven zimbabuense de 25 años ha encontrado en Barcelona el entorno perfecto para desarrollar su carrera profesional. Estudiante de Jazz y música moderna en el Conservatori del Liceu, halla en el cosmopolitismo de la capital catalana una fuente de inspiración. Aunque para cosmopolitismos el suyo. Nacida en Botswana de padre zimbabuense y madre chino-malasia y emigrada a Harare a la edad de 5 años, con solo 17 se trasladó a Italia con una beca para estudiar música, para instalarse a la ciudad condal en 2010. Pura energía creativa y puro talento le bullen en las venas desde que empezara a cantar y tocar el piano, con solo ocho años. Desde entonces, el violín, la viola o la guitarra han sido sus mejores compañeros de viaje para una travesía sonora que nos llega hoy como un oasis.

ac3ae52f-c62d-45d0-b2dd-ed0f5cb09e40Esta Travesía Natural, tal como se podría traducir de su título en inglés, emana sutilmente cuica brasileña, folk norteamericano, melódica, ritmos antillanos, arreglos de jazz o sabar senegalés que bailan y se mezclan en un estilo al que Anita le gusta llamar afrofusión o afropop. Un discurso sereno que nos habla de aspectos cotidianos de una forma poética y que nos zarandea con cambios radicales que nos deslizan por túneles sonoros como hacia universos paralelos. Dándonos la vuelta bruscamente, la zimbabuense nos devuelve en todo momento al curso natural de melodías suaves que nos mecen delicadamente. Como en la vida, en Natural Journey predomina el equilibrio.

La voz de Anita recuerda a la sudafricana Zolani Mahola (Freshlyground) y se acerca a menudo a los destellos luminosos de Sara Tavares. Mezclando letras en inglés, castellano o francés, su voz escala y desciende, nos eleva y nos hunde, aportando múltiples colores y texturas que dibujan nuevos perfiles de una personalidad que la hacen única. Que nos enamora. Nos devuelve a nuestra parte más latina. Más barcelonesa. Más honesta. Más mestiza.

Próximos conciertos de ANITA ZENGEZA: 

28/05/2016 Miombo Magic Festival (Harare, Zimbabwe)
2/07/2016 Festa MaJor de Sant Cugat (España)
15/07/2016 NunOff Festival, Barcelona (España)
5/08/2016 Sala Montjuic, Barcelona (España)
19/08/2016 CCCB ‘Making Africa’, Barcelona (España)

Barcelona: Alma de afrobeat

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

Acaban de presentar su segundo trabajo Life no get dublicate y con este disco los barceloneses Alma Afrobeat Ensemble se han consolidado como uno de los referentes del panorama afrobeat del estado. Con esta apuesta el sello Slow Walk Music confirma su apuesta por la música de raíz africana hecha en fuera del continente. Alma no se anda con chiquitas, reivindica un estilo fiel a la tradición del afrobeat pero digerida, pasada por el tamiz de sus propios gustos y del paso de los años, evidentemente, para mostrar cómo ha evolucionado. Alma demuestra que el afrobeat no sólo es un estilo que ha colonizado todo el mundo, sino que además está vivo y continúa creciendo.

Después de seis años de trabajo Alma Afrobeat Ensemble se ha hecho un hueco y ha afianzado un estilo propio. Según Aaron, guitarra y uno de los impulsores del proyecto, asegura que su voluntad es mantenerse, siempre, muy cerca del afrobeat clásico, para mostrar su versión más moderna. “No intentamos que el disco sea vintage, pero la verdad es que tampoco negamos que haya en las canciones algunos rasgos vintage, porque son elementos que nos parecen importantes y que nos gustan”, asegura Aaron. Sin embargo,  esta voluntad de fidelidad tiene algunos matices, en realidad, muchos matices. Y el principal es el propio proceso creativo. “Hacemos un afrobeat evolucionado con nuestros propios gustos, que por ejemplo, en algunos casos puede ir hacia el mblax, pero en general tiene mucho menos funk que otras bandas”, comenta Feder. “En realidad empezamos con una idea y vemos hacia donde nos llama”, continua. Baba Gaye, vocalista de la banda, matiza esta dinámica: “A veces nos tenemos que frenar e intentamos volver al origen si vemos que nos hemos ido yendo demasiado, pero siempre sin cerrarnos a lo que nos surge”.

Cubierta de "Life no get dublicate" diseñada por Lemi Ghariokwu

Cubierta de “Life no get dublicate” diseñada por Lemi Ghariokwu

El propio disco es ya un objeto con un cierto contenido fetichista, ya que la banda afincada en Barcelona afincada en Barcelona ha contado con algunas colaboraciones especiales y, en especial, con una muy particular. La cubierta del CD es un diseño del nigeriano Lemi Ghariokwu, el artista que trabajaba en los discos del mítico Fela Kuti.

Aaron no esconde una de las características más importantes de Alma, más allá de la dimensión puramente artística. “Intentamos buscar un equilibrio entre la parte más fiestera y la más reivindicativa. Teniendo en cuenta la situación por la que estamos pasando, ¿cómo vamos a negar esa parte de compromiso social? Al fin y al cabo, el afrobeat es una música de protesta, pero lo que tiene de bueno es que no es una música para quejarse sentado y llorando en tu cerveza, sino para protestar bailando”, recuerda Aaron.

Gaye no puede reprimirse cuando se habla de este tema. “Si hay racismo es por falta de contacto, por desconocimiento. Esta es una música accesible y que permite conectar  a la gente que si no, no tendría ninguna otra manera de estar en contacto”, señala Baba. Alma también cree en el poder de la música para cambiar la imagen que se proyecta de África. Por eso el vocalista explica: “Nuestra intención es aportar una idea que contrarreste la que dan los medios de comunicación que habitualmente es negativa. Estamos hablando de un continente enorme y, por ejemplo, cada inmigrante es una historia absolutamente diferente.  Yo, sin ir más lejos, vine aquí por la música, pero cada uno tiene sus propios motivos. Lo que ocurre es que a los políticos les interesa mostrar las cosas negativas para desviar la atención de lo importante”.

Tanto Baba como Aaron parecen estar esperanzados en dos iniciativas que se están desarrollando en Barcelona, en las que participan y de las que ya se ha hablado en esta sección. Ambos coinciden en que la música africana tiene un largo recorrido en la ciudad catalana, pero que han faltado los recursos necesarios para que consiguiese importancia. “Faltaba un sello, que apostase por las bandas que trabajan aquí y ahora hay Slow Walk Music. Faltaba una sala y ahora nos encontramos con esta oportunidad del AfroJamboree, que además acerca esta música a un público que no es el habitual y que puede provocar un mezcla muy interesante”, comenta Aaron. Aunque no es especialmente exigente: “Seamos realistas, faltan recursos para cualquier tipo de música. En ese sentido quizá tengamos una ventaja, porque nosotros traemos algo diferente, poco común y, aunque no nos guste la palabra, algo que la gente ve como exótico”.

Después de Toubab Soul (y el disco de remezlcas Toubab Resouled) Life no get dublicate está llamado a ser un punto de inflexión en la trayectoria de Alma Afrobeat Ensemble. Después de tres años girando por España, participando en diversos festivales y formando parte del cartel del programa Diversons, este trabajo es, para Aaron, la oportunidad de internacionalizarse de “abrir puertas” y por ello ya tienen algunos contactos, por ejmplo, en Francia. Además, Baba considera que el panorama afrobeat en España está en plena expansión: “Hemos tocado en pueblos más o menos pequeños en los que no pensábamos que hubiese mucho ambiente y nos hemos encontrado con un público entregado al afrobeat y que conocía bien la música de Fela. Creo que en los próximos dos o tres años se va a dar que hablar”.

Nakany Kanté: de Siguiri a Barcelona… y al mundo

Nakany Kanté en directo en la Sala Jamboree. Foto: C.B.E.

Nakany Kanté en directo en la Sala Jamboree. Foto: C.B.E.

N’Nha es la canción predilecta de Nakany Kanté de su primer disco Saramaya. Habla de las mujeres, canta a su fuerza y su importancia y les invita a que bailen con ella para celebrarlo. Esta joven nacida en Siguiri, una pequeña localidad de Guinea Conakry, le dedica esta pieza a su madre porque, para ella, es el ejemplo de esa energía femenina. No es extraño, porque ella misma ha heredado esa potencia, la esconde bajo una voz suave y una mirada tímida y serena, pero no puede ocultarla cuanto habla y, mucho menos, cuando canta. Lo demostró el pasado sábado en la sala Jamboree de Barcelona en la que estrenó en directo su propio disco y el ciclo AfroJamboree que se celebrará una vez al mes.

saramaya-nakany-kanteNakany Kanté se ha metido por primera vez en el estudio para parir un disco completo, antes lo había hecho en condiciones mucho más precarias para grabar una maqueta de cinco temas. Porque la joven guineana lleva apenas cuatro años en Barcelona, donde aterrizó en 2009, pero tiene una trayectoria que presagia un futuro fructífero. Ha estado en el proyecto Afroesfera que pretendía visibilizar la producción musical africana de la Ciudad Condal y ha sido seleccionada para el programa Diversons que intenta dar valor a la diversidad cultural a través de la música. La edición de Saramaya ha sido, sin embargo, un salto cualitativo. “Saramaya” significa en malinké algo parecido a “éxito” y ha repetido hasta la saciedad, tanto en las entrevistas de la promoción del disco como en el concierto de presentación, que eso es lo que ella busca. Sin embargo, en una distancia más corta, Kanté explica que es un concepto amplio de éxito, algo así como respeto o reconocimiento y comenta con un tono de anhelo: “En mi tierra cuando se dice que alguien tiene ‘sara’, todo el mundo le muestra respeto a su paso”.

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Saramaya se cocinó en casa, a partir de la colaboración de Nakany Kanté, que escribe todas las canciones, con su marido (el percusionista Daniel Aguilar), Kalildaf Sangaré y Drissa Diarra. Daniel y Nakany aseguran que estaban dispuestos a grabar y publicar el disco con sus propios medios cuando llegaron, “como caídos del cielo”, Slow Walk Music a proponerse como discográfica de la artista guineana. “Ahora nos damos cuenta de que habríamos renunciado a profesionalidad y a calidad, si lo hubiésemos hechos nosotros mismos”, confiesa Daniel Aguilar. Eso sí Nakany y sus compañeros, que se encargan de los arreglos, se han visto obligados a crear algunas de las canciones en un tiempo record y el resultado “ha sido estupendo”, según la cantante.

El álbum de Nakany Kanté se mueve en un complejo ámbito estilístico. Los más perezosos la sitúan en el world music (que es como no decir nada), pero su personal visión de la tradición musical de África occidental y de los ritmos más actuales (tanto africanos como occidentales) hacen que la clasificación sea complicada. El característico sonido de la kora o el balafón, además de percusiones que van del djembé al tama, pasando por el sabar, nos traslada a África, sin duda; pero ni de lejos se puede considerar que Nakany hace música tradicional. En Saramaya se percibe, en algunas ocasiones más claramente y en otras menos, afroreggae, soukous o mbalax. Por eso, la calificación con la que más cómoda se siente es la de afropop mandinga, una categoría en la que entronca, por ejemplo, con Fatoumata Diawara y dentro de la que, sin embargo, busca configurar su propio estilo.

En cuanto a sus letras, escritas en mandinga, susu o wolof también se mueven en distintos registros, desde historias de amor con el romanticismo exacerbado (en Kalikantigne), hasta cantos de ánimo a las mujeres (en Segué) o a los trabajadores (en Bara), pasando por las experiencias personales, evidentemente (en Saramaya). Las canciones están concebidas en lenguas africanas porque “vienen así”, según confiesa Kanté, que se siente asaltada por ideas en cualquier momento y siente la necesidad de tomar notas o de ponerse a la guitarra, “incluso en mitad de la noche”. “Cuando echo de menos a mi familia, cuando necesito estar en mi burbuja, canto o compongo. Para mí la música construye mi mundo”, asegura. A pesar de todo su siguiente reto es escribir algún tema en español y a tenor de cómo afronta esta joven los retos es indudable que esas canciones llegarán pronto.

Tanto en la grabación de Saramaya como en sus directos, Nakany Kanté se ha rodeado de algunos de los mejores músicos africanos de la escena barcelonesa y por eso puede hacer una lectura del panorama: “En Barcelona hay muy buenos músicos africanos y, sin embargo, la música africana no está demasiado presente. Faltan recursos, en general, promotores, salas, que nos den una oportunidad, porque cuando se organizan cosas el público responde”. En el momento en el que la cantante mostraba esa  confianza todavía no sabía que para su concierto de presentación de Saramaya, la sala Jamboree se iba a llenar hasta la bandera y que más de 250 personas iban a asistir a su espectáculo. Así que apenas unas horas después, los argumentos de Kanté se confirmaban.

La oportunidad que pide la guineana tiene, evidentemente, una dimensión artística y es que los músicos africanos quieren hacer lo que saben, les gusta y hacen bien, tocar. Sin embargo, tiene también una dimensión cultural más amplia que encaja con la voluntad de romper la ignorancia sobre el continente: “A mí siempre me han tratado bien, mentiría si dijese que he vivido actitudes racistas, pero creo que no tenemos oportunidad de aportar todo lo que podríamos. Hay una nueva generación de músicos que quiere mantener la tradición y la respetan, pero que quieren mostrar cosas nuevas. Donde estamos, ese es nuestro país y por eso queremos mostrar lo que podemos hacer”. Y su formulación en forma de deseo es absolutamente transparente: “Me gustaría que la gente nos escuchase, que viese que no todo es música de djembé. Que hay muchas cosas, que hay mucha riqueza. Antes de opinar si les gusta la música africana o no, que nos escuchen y no se fíen sólo de la imagen que tienen. Si nos abren las puertas les vamos a mostrar cosas muy diferentes”.

N’Nha es su canción preferida porque recuerda la fortaleza de su madre. Nakany Kanté refleja esa misma fortaleza, no está dispuesta a rendirse. “El trabajo de músico es duro”, y las oportunidades son pocas, pero está dispuesta a aprovecharlas. Está joven cantante está contenta con lo que está viviendo, pero quiere más oportunidades, quiere que le dejen demostrar, que le dejen avanzar, que le dejen construir. Quiere, en resumen, compartir y demostrar su fortaleza.