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Febrero africano en los cines internacionales

berlin2014Llega febrero y Berlín. Como siempre, dos traviesos amantes de la gran pantalla que van de la mano. La presencia inevitable de la 64ª Berlinale en las agendas (del 6 al 14 de este mes) trae de nuevo una película africana con un pronóstico ganador en los diferentes festivales de este 2014. Se trata del film etíope Difret, del director Zeresenay Berhane Mehari, que recientemente se alzaba con el galardón al premio del público en Sundance. Pero febrero también es sinónimo del Festival de Cine Panafricano (PAFF) que arranca el mismo día que el festival berlinés: del 6 al 17. Además os dejamos la selección de películas del Festival de Roterdam en el que había varios títulos con presencia de países al Sur del Sahara. Que lo disfrutéis.

Una 64º Berlinale con escasa presencia africana

Hasta hace unas semanas Zeresenay Berhane Mehari, natural de Etiopía, era un completo desconocido. Nació y se crió en la capital, Adis Abeba, antes de trasladarse a los Estados Unidos para estudiar cine en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad de California del Sur, en Los Angeles. Tras esta experiencia fundó la productora Haile Addis Pictures bajo el lema “hacer películas para cambiar la forma de pensar de la gente sobre África”. Un reto. Ahora, con su ópera prima Difret, una de las candidatas a ganar en la sección Panorama de la 64ª Berlinale, cuestiona algunos de los ritos tradicionales de su país.

Basado en acontecimientos reales, la película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporcione una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

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Otras dos películas interesantes de la sección Panorama tienen como trasfondo el continente africano aunque con matices: no son made in Africa. La primera de ellas se trata del trabajo del director sueco Göran Hugo Olsson. Una propuesta con un hilo argumental basado en la violencia causada por la descolonización. Olsson, quien ya estuviera en la sección Panorama en 2011 presentando su The Black Power Mixtape 1967-1975 sobre el movimiento de los derechos civiles de los afro-americano, no deja pasar la oportunidad para citar textos críticos como algunos de los pasajes del libro de Frantz Fanon Los condenados de la Tierra en la voz de la cantante Lauryn Hill.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

La sección Panorama presenta un debate interesante de los trabajos seleccionados: o filmes con una clara visión artística que postulan por caminar fuera de los circuitos mainstream, o las películas que apuestan descaradamente por los intereses comerciales. Quizás la misión de esta categoría sea la de construir puentes entre ambas. La otra recomendación que comentábamos camina en este limbo. Se trata de la historia de la fotografía que propone Thomas Allen Harris mostrada desde una perspectiva afroamericana en su trabajo documental Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People.

No queremos dejar pasar la oportunidad para mencionar que en el mercado de coproducción 2014 (Berlinale Co-Production Market) se encuentra una directora keniana y de la que ya hablamos en nuestra serie Afrofuturismo. Ella es Wanuri Kahiu que presenta Jambula Tree, de la productora Big World Cinema, una coproducción entre Sudáfrica y Kenia. Kahiu, quien dirigiera Pumzi (2009), tiene como productor al sudafricano Steven Markovitz quien también produjera la premiada ¡Viva Riva! (2010) del director congolés Djo Tunda Wa Munga.

La trama en Jambula Tree (basada en un relato corto de la ugandesa Monica Arac de Nyeko ganador del Premio Caine de cuentos en 2007) se mantienen en secreto hasta ahora, aunque en términos generales se centra en dos niñas kenianas que tienen que afrontar dos caminos diferentes en la vida.

África se cuela en Roterdam

El Festival Internacional de Cine de Rotterdam este año ha seleccionado un elenco muy variado de películas realizadas al Sur del Sahara: Uganda, Tanzania, Nigeria, Etiopía, Somalia, Sudáfrica y Kenia. Todo un regalo para los cinéfilos africanistas. La primera de ellas ha sido Walk With Me de Johan Oettinger y Peter Tukei Muhumuza. Una coproducción entre Uganda y Dinamarca que basa la historia en un complejo cortometraje, a veces oscuro, que combina con habilidad las técnicas de cine de animación y del largometraje.

El Limpiabotas, de Amil Shivji, viene desde Tanzania. Una colorida comedia con toques críticos sobre la sociedad de Dar-es-Salaam, la ciudad del director. La historia se desarrolla en una calle donde un limpiabotas y el dueño de un bar simbolizan el resto del mundo.

B for Boy del nigeriano Chika Anadu. Un drama que se opone a las tendencias más comerciales de Nollywood. En este trabajo de Anadu, busca en una narrativa contemporánea esbozar el perfil de una mujer que toma medidas extremas para “darle” a su marido un hijo.

Berea del sudafricano Vincent Moloi. La historia cuenta que mucho después de que los amigos y familiares se hubieran marchado de un conocido suburbio de Johanesburgo, el jubilado judío Aaron Zukerman continúa viviendo en su rutina cada vez más pequeña. Sin embargo, una inesperada visita el viernes rompe la monotonía de Aarón y pone en marcha la una nueva y cautelosa realidad.

Chigger Ale (Fanta Piña) una coproducción entre Etiopía y España. Una película que ya se ha proyectado en diversos festivales como el Festival Internacional de Cine de Monterrey (México), el Milano Film Festival (Italia), el Islantilla Cineforum (España), el Belo Horizonte Film Festival (Brasil),el Uppsala Short Film Festival (Suecia), el Cinema Rio de Janeiro (Brasil), el Almería en Corto (España) o el ZINEBI de Bilbao (España). La sinopsis es la siguiente: la gente está bailando en el bar del barrio Fendika en Adis Abeba, pero se quedan en silencio cuando Hitler camina. Es una broma de un vecino pero el bigote falso le causará varios probelmas.

A Hole in the Sky de Antonio Tibaldi y Alex Lora, es una película coproducida entre Somalia y Francia, que ofrece un documento reflexivo sobre las tradiciones en Somalia. Una niña de una zona rural acepta que su cultura le exija que tiene que hacer un gran sacrificio. El límite entre la realidad y la ficción se disuelve gracias a la voz en off poético.

Ni sisi del londinense Nick Reding significa en kisuajili “somos nosotros”. Este film del que ya os hablamos en Wiriko, en kisuajili y sheng -con subtítulos en inglés-, ha contado en las filas del reparto con el famoso actor Joseph ‘Babu Wairimu’ (protagonista de Nairobi Half Life). Producida por la ONG keniano-británica S.A.F.E, que trabaja en las áreas mas deprimidas del país. El trabajo es una adaptación de la homónima obra de teatro que se ha podido ver desde 2011 por las calles de todo el país. En clave de humor ácido, se revive el terror que azotó el país tras las elecciones de 2007, para tratar cuestiones como la identidad keniana, el empoderamiento juvenil, el perdón o la responsabilidad.

Black to the Future (II): Robots negros y otras galaxias

Fotograma de la película Jhonas de Kibwe Tavares.

Fotograma de la película Jhonas, de Kibwe Tavares, favorita del público en el festival Sundance 2013.

Según los últimos cálculos, en apenas ciento cincuenta años, los empresarios de parques naturales cibernéticos se habrán multiplicado por dos. El binomio hegemónico tecnología-economía, principales causantes del crimen, las guerras, enfermedades y la pobreza serán reductos de un pasado gris. Los elefantes de las cuencas lunares y los astronautas del sahel africano habrán modificado sus respectivas dietas por sorbos de agua salada y frutos tropicales tales como el mango o el kiwi. Y las rutas caravaneras exigirán un visado aéreo que reducirá los tiempos de paso evitando las altas temperaturas para las sociedades nómadas. ¿Cuál será el aspecto del continente africano en 2050? ¿Cómo de preparados estaríamos ante una colonización africana como proponía entre líneas el cortometraje Afrogaláctica? ¿Cómo es la ciencia ficción llevada a la gran pantalla y vista por los africanos? Hoy os acercamos (en una primera aproximación) a cuatro propuestas más o menos recientes que perfilan esa utopía de Tomás Moro, la que soñaba de forma metafórica; a ese otro mundo; a esa otra sociedad. Y el cine, nos transporta, una vez más, a esta realidad con robots negros y galaxias no tan alejadas.

Sobre la mesa, la pesada sombra de si hay o no contaminación intercultural, de la apropiación consciente o no del lenguaje cinematográfico occidental o de la inminente hibridación de las diversas manifestaciones artísticas. Así, las últimas obras que caminan sobre el género de la ciencia ficción se presentan desnudas y desconcertantes para los críticos y revolucionando los canales habituales de comunicación ensalzando esa África contemporánea que se encuentra en las antípodas del afropesimismo occidental. Un ejemplo es la película Pumzi (2009), de la keniata Wanuri Kahiu; una adaptación libre del Viaje de Logan convertida en un grito de socorro para el continente y en la piedra angular, según su directora, de la esperanza para las jóvenes generaciones africanas. La película está ambientada en el África Oriental 35 años después de la Tercera Guerra Mundial, la “Guerra del Agua”. El conflicto ha causado tal grado de devastación ecológico, que se ha extinguido hasta la propia naturaleza. La protagonista Asha, interpretado por la sudafricana Kudzani Moswela, recibe un día por correo una caja con tierra en la que planta una antigua semilla que germina inmediatamente… ¿Queréis saber qué ocurre? No os perdáis estos apasionantes 21 minutos.

La realidad o la hiperrealidad a la que nos acercan los directores que minuciosamente trabajan el género de la ciencia ficción abre la caja de pandora al abofetear nuestra propia conciencia: egoísmo, indivisualismo y transversalidad atada al ego. Anclada en los sofistas o perpetuada por los racionalistas la ficción abraza sin querer lo documental y éste nos sitúa en un contexto desestereotipado. Así somos, pero hay remedio.

La magia de las coproducciones en las cinematografías africanas tienen un largo recorrido. Apasionante. En Pumzi participaron capital keniano y sudafricano entre los que se encontraba el también sudafricano Simon Hansen, productor del cortometraje Alive in Joburg (2006), semilla que más tarde germinaría bajo el título de Distrito 9 (2009), dirigido por Neill Blomkamp. Alive in Joburg, es un trabajo de 6 minutos en el que se manifiesta de forma parcial la segregación por el color de la piel que sufrió la población negra en el apartheid sudafricano. ¿Qué os parece este retrato de una realidad imaginada en el que la crueldad culmina exponencialmente y hace mutar al ser humano? ¿Quiénes son los extraterrestres?

La tercera de las propuestas es la que nos trae el director Kibwe Tavares desde la diáspora. Londres, sinónimo de multiculturalidad, no ha sabido integrar los cielos de sueños con los que cargaban las diferentes poblaciones inmigrantes que buscaron un mejor futuro (afro o no). Uno de los barrios que acogieron mayor población negra, principalmente jamaicana, fue Brixton, que en pleno auge de los programas estructurales de su primera ministra Margaret Thatcher, había degenerado en una zona habitada por trabajadores sin alma. Obreros alienados que Tavares muestra en su cortometraje con otra cara: la de los robots. La película sigue las tribulaciones de los robots pequeños que sobreviven en el filo de la vida interior de la ciudad, viviendo la vida previsible de un poblado rodeado por desempleo, pobreza y la desilusión de la masa. Cuando la policía invade este espacio sin futuro al que los propios robots podrían llamar suyo, la relación fuerte y tensa entre los dos lados explota en un estallido de violencia, haciéndose eco de las fuertes manifestaciones violentas que tuvieron lugar en 1981. Robots of Brixton (2011).

Y como reflexión final traemos el último trabajo de Tavares, laureado en el último festival de Sundance 2013 con el premio del público: Jonás (2013). Kibwe Tavares vuelca toda su ironía en este cortometraje que renueva el mito de Jonás, que fuera comido por una ballena, para ubicarnos en un pequeño pueblo de pescadores de Zanzíbar. La transfiguración de un hombre que cambia en una ciudad cambiante. La historia ahonda en un tema clave: el turismo agresivo, en este caso, un tipo de turismo provocado por el descubrimiento de Jonás del pescado más grande del mundo. La ciudad se convierte en un brillante por pulir, economía pujante que no repercute en los habitantes del pueblo, que poco a poco va abandonando sus raíces pesqueras originales. Jonás decide más adelante matar al pez; metáfora de un sistema que promete y concede con unos costes muy altos y que a menudo pasan desapercibidos: humanos, ecológicos y éticos… Decía Marx que la historia se repite: primero en forma de tragedia y segundo en forma de farsa. La ciencia ficción acerca y aleja, aproxima y muestra esa opacidad mental que no permite -por tabú- vislumbrar nuevas respuestas a los problemas actuales. ¿Jugamos a ficcionar el presente a ver qué tal?