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La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

Volver a casa, la dignidad de los hijos de la trata

Con un enorme incendio que en una noche de 1760 arrasa la tierras de los fante (en la actual Ghana) comienza Volver a casa, primera novela de la estadounidense de origen ghanés Yaa Gyasi. Es una joya literaria. Una obra tallada con talento y rigor en la que la autora recrea la historia de sus antepasados a través de una saga familiar que progresa a lo largo de 250 años, desde aquel fatídico incendio de 1760. Esa misma noche llega al mundo la pequeña Effia, que unos años después será vendida como esposa a un militar británico que dirige el tráfico de esclavos en el castillo del Cabo, una de las fortificaciones de la ruta esclavista más emblemáticas del golfo de Guinea. Su medio hermana, Esi, nacerá en el seno de una importante familia del país asante y allí será capturada y almacenada como una bestia junto a otras mujeres en los sótanos del mismo castillo del Cabo para ser deportada como esclava al sur de los Estados Unidos. El relato está construido a partir del recorrido alterno de las dos ramas familiares y en cada capítulo, que podría constituir una novela en sí mismo, se nos presenta la historia de un nuevo miembro de cada uno de los linajes.

Se trata de una novela deliberadamente fragmentaria, cuya forma en sí misma constituye una metáfora de tantas vidas rotas y truncadas de las que solamente podemos ver pequeños fogonazos que quedan iluminados por unos instantes en la oscuridad de la historia y del olvido. El lector tiene que esforzarse en reconstruir y rellenar toda la trama que une esos fragmentos de vida que comparten los descendientes de Effia y de Esi, silenciados entre los recovecos de la historia.

Precisamente es Jo, nieto de Esi, quien siendo un bebé es entregado por sus padres a una esclava cimarrón para que pueda crecer como un hombre libre, el que expresa su angustia al pensar que toda su historia podría ser borrada:

A menudo a Jo le preocupaba que la línea que trazaba su familia se hubiese interrumpido, perdido para siempre. Que no pudiera llegar a saber quiénes eran los suyos, y los antepasados de los suyos, y que, si había historias que contar sobre su procedencia, se quedase sin oírlas.

Gyasi se ocupa de que esto no suceda y, además de ofrecernos la potente historia de una saga familiar, nos brinda un panorama general en el que pueden enmarcarse las historias de otras tantas familias que compartieron una terrible comunidad de violencia, injusticia y sufrimiento a lo largo de los siglos.

Y es justamente la continuidad de esta violencia física, mental e institucional, su huella imborrable en los cuerpos, en el pensamiento y en la historia lo que sobrecoge al lector, que sin duda, no está acostumbrado a leer la realidad desde este punto de vista. Una vez abolida la esclavitud el rumbo de la historia de los africanos y de sus descendientes no parece cambiar sustancialmente, tras haber sufrido la degradación física y moral de la esclavitud, se enfrentan a una sociedad profundamente racista que no parece dispuesta a convivir con sus antiguos esclavos en pie de igualdad.

La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

La escritora de origen ghanés Yaa Gyasi. Foto: Michael Lionstar

Sin embargo, Yaa Gyasi no se recrea en el drama, sino que nos muestra una increíble historia de dignidad humana, de resiliencia y de fuerza. Los diversos protagonistas de la novelista de origen ghanés, tanto hombres como mujeres, son personajes a menudo vencidos pero nunca humillados. Son hombres y mujeres que se rebelan y que a lo largo de siete generaciones van, progresivamente, liberándose de un destino impuesto por otros.

Así, en la época colonial de Costa de Oro, en la actual Ghana, un descendiente de Effia, el profesor Yaw, les explica a sus alumnos cuáles son las relaciones entre saber y poder:

Creemos al que tiene el poder. Él es quien consigue escribir su historia. Por eso cuando estudiáis historia, siempre debéis preguntaros: “¿De quién es la versión que no me han contado? ¿Qué voz fue silenciada para que ésta se oyese?” Cuando hayáis respondido a eso, debéis encontrar también esa otra historia.

Mientras tanto, al otro lado del océano, Sonny vive confinado en el Harlem de los 50 y relee Las almas del pueblo negro, el clásico de W.E.B. Du Bois, mientras está encerrado en un calabozo por haber participado en una marcha contra la segregación. La novela se cierra en la época contemporánea y nos propone el inicio de un nuevo camino, una nueva ruta que se abre hacia el cambio, la esperanza y el futuro.

Sin embargo, a pesar del claro compromiso histórico que hila toda la novela, Volver a casa es ante todo una historia de personas que aman, sufren, luchan y viven. El lenguaje de Yaa Gyasi es directo y poético al mismo tiempo. Excita los sentidos del lector recurriendo al tacto, al sabor y al olfato y transmite una fuerte sensualidad en la que el color y la textura de la piel oscura son protagonistas. Los paisajes que los rodean, naturales o urbanos se llenan también de matices sensoriales que nos permiten transportarnos a los inmundos calabozos del Castillo del Cabo, la tierra roja y cálida de los asante, la oscuridad de las minas de Pratt City o la hermosa bahía de Chasepeaky.

No nos atrevemos a poner una etiqueta a la escritura de Yaa Gyasi, pero sentimos que de alguna manera la escritora ghanesa forma parte de este grupo de poderosas voces femeninas, que como Chimamanda Ngozi Adichie o Arundhati Roy, provienen de países que fueron colonizados por las potencias europeas. Esta escritura de mujeres nacidas en los territorios de las antiguas colonias ha llegado para quedarse y para que podamos leer la historia desde un punto de vista doblemente diferente.

Contratos de siete cifras

Se acerca el final de 2015 y pronto empezaremos a encontrar listas de los mejores libros del año y todo tipo de balances similares. No vamos a echar la vista atrás para ver lo que se ha publicado en los últimos doce meses, aunque en varias ocasiones nos hemos felicitado al encontrar pistas que nos hacen pensar que poco a poco la literatura de autores africanos va ganando terreno. No vamos a dejar de reclamar que se equilibre una situación desigual que se ha prolongado durante siglos, sin embargo, tampoco podemos negar que el panorama literario africano se abre un hueco en una audiencia global. El año 2015 ha sido un poco mejor, pero mirando al futuro nos sorprendemos con la posibilidad de que 2016 marque un hito, que quizá no deje de ser anecdótico.

Es evidente que las grandes compañías del sector editorial internacional marcan el paso, que a menudo son las operaciones de marketing las que establecen qué autores alcanzan la proyección mundial y cuáles se quedan en la cuneta. En todo caso, durante este año también hemos tenido la oportunidad de descubrir cómo las iniciativas surgidas del continente van forzando el monopolio de esta industria eminentemente dominada desde occidente. El hito que se prepara para el año 2016 tiene que ver con esas operaciones faraónicas de lanzamientos mundiales grandes superestrellas, pero esa no es excusa para no reconocer el papel de los editores independientes y las organizaciones de autores que desde el continente africano llaman a la puerta del mercado global.

Mbue DreammersHace apenas tres semanas el diario The Wall Street Journal sorprendía con un artículo dedicado a los grandes lanzamientos que se preparan para 2016. El periódico ofrecía una lista de autores noveles que se estrenarán el próximo año con novelas por las que las correspondientes editoriales han pagado adelantos de la friolera de más de un millón de dólares. En esa selecta lista de los suscriptores de contratos de siete cifras se colaba un nombre que unos meses antes había llamado la atención de muchos de los principales medios culturales africanos. La camerunesa Imbolo Mbue es una de esas promesas editoriales que ha recibido un adelanto de más un millón de dólares.

Behold the Dreamers es el título de la novela de Mbue que vale semejante cifra para Random House incluso antes de ser presentada. En la feria de Frankfurt de 2014 ya se anunció el insospechado contrato, por la historia del chofer camerunés de un alto ejecutivo de la compañía Lehman Brothers en el momento de su caída en 2008. Después de algunas informaciones confusas (que han incluido el cambio del título previsto) ahora se ha anunciado que la novela verá la luz durante el año 2016, posiblemente durante el mes de agosto. Pero además el artículo de The Wall Street Journal rompía con otro de los misterios de esta operación. Por primera vez, se publicaba una foto de la autora, a la que algunos analistas del sector habían perseguido, sin éxito, a través de los recovecos de la red.

Gyasi HomegoingSin embargo, la información del periódico neoyorkino ofrecía una segunda novedad. Si Imbolo Mbue será recordada como la primera autora africana en firmar un cheque de siete cifras por su primera novela, no será la única. En el selecto grupo de los noveles de oro para 2016 hay otra escritora de origen africano. Se trata de Yaa Gyasi, de 26 años de edad, nacida en Ghana y crecida en Alabama. La firma del acuerdo editorial se hizo pública en la Feria de Londres de este año y dicen los cronistas que se rubricó luego de una subasta entre diez editoriales que se disputaban los derechos de publicación.

Homegoing es el trabajo que firma Gyasi y que está previsto que vea la luz en junio de 2016. La novela trata el tema de la trata esclavista a través de la historia de dos hermanastras ghanesas que siguieron recorridos vitales diferentes en el siglo XVIII. Desde ese punto de partida, Gyasi recorre 250 años de la historia de la comunidad afroamericana, desde las razzias esclavistas en la llamada Costa del Oro, hasta la actualidad pasando, por la guerra civil estadounidense, el trabajo forzado en las minas de carbón sureñas y la gran migración de la Harlem Renaissance.

Las firmes apuestas por las autoras de origen africano (que sigue la estela de las últimas publicaciones del ya valor seguro de Chimamanda Ngozi Adichie) de las grandes editoriales nos lleva a pensar que, al menos, las literaturas del continente conseguirán algunas plazas en los primeros puestos de este sector.