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Thabo: “No supe lo que era ser africano hasta que dejé el continente”

Thabo reivindica en el escenario con una música que hace bailar mientras sacude la conciencia de los asistentes. El energético zimbabuense hace un soul que educa, empodera y entretiene. “Nuestro objetivo es pensar lo más que podamos en quien nos escucha. Tenemos que hacer aquella música que tú mismo quieres escuchar”, dice en una entrevista a Wiriko. Y él hace canciones pensando en Bob Marley, Michael Jackson o Dolly Parton.

Your Mama, que supone su tercer trabajo, es una defensa del medio ambiente. El alarido de la naturaleza está recogido en cuatro temas que intentan rescatarnos de la distracción. “Lo más ofensivo es que insulten a nuestra madre”, dice Thabo. Y en este trabajo ha querido mostrar el ultraje que el ser humano hace al planeta, la madre de todos. [Your mama, my mama, same mama] Sin embargo, cómo y cuándo se reacciona. [We don’t care to stop we just hit and run/ Much too busy having fun] El músico se compromete con la actualidad y deja el pesimismo de lado para cantar a una sociedad que resiste [If it goes on like this I know that we will pay/ Yet every day we’re alive is another chance to change]

Thabo confiesa que no hizo el EP de manera consciente. “Me pregunté porqué la música que escuchaba no reflejaba las conversaciones que tenía con mis amigos. Eso me llevó a descubrir músicos que hablan de estos temas y al final las canciones vienen a ti porque has mostrado interés”.

El discurso responsable del artista residente en Huddersfield, Reino Unido, no es una impostura. Antes de este nuevo trabajo presentó “Ruffled Feathers”, otro puñado de canciones que guerrearon para clamar contra la manipulación en nombre de la democracia, el hurto tapado como recesión o la morfina diaria empaquetada por los medios de comunicación. Un preámbulo que fijó su discurso a ritmo de soul y r&b.

Thabo invita a no formar parte de la ilusoria fiesta que los poderes políticos y económicos han organizado gracias a temas como World War Free, Sex Sells o Run & Tell. Anima a generar cambio sin discursos superficiales [As long as the beat is right / you can say whatever your like] y demanda responsabilidad gubernamental. Advierte del consentimiento a líderes y personalidades que tienen el gusto de no hacer nada [Run and tell the world/ that we have been invaded by the shameless/ who just want to be famous/ for nothing at all] y indaga para buscarle las vueltas al status quo.

Sonidos contra las ataduras
Thabo escribe contra la normalización de la prisa. “Vivimos por lo inmediato y olvidamos lo que lleva tiempo. Hay un proceso, un ritmo”, reconoce. Su firma por el sello Virgin le abrió los ojos de una industria constreñida. Pronto descubrió que su mensaje no podía estar supeditado a las presiones económicas y dejó la compañía musical. Pero, tras ocho años con el grupo Thabo and The Real Deal, también ha llegado el momento de crear en solitario “una banda sonora para el individuo que quiere ser mejor persona y quiere librarse de su baja autoestima”.

El músico zimbabuense se ha olvidado de las etiquetas y busca un sonido que se acople a su visión del mundo. Eso es lo que Thabo traduce como “sonidos para una liberación futura”.

“Venir de África tiene un gran significado en cómo escribo mis canciones. No supe lo que era ser africano hasta que dejé el continente en el 2000. No entendía lo que significaba porque nunca había visto a un africano guay. En mi mente toda la gente negra así eran estadounidenses. Cuando era un niño pensé que tenía que ser estadounidense para molar. Cuando llegué al Reino Unido me di cuenta que me había colonizado a mi mismo. “Future Liberation Sounds” me permite liberarme de esas imposiciones y potenciar mi africanismo”, explica.

Pero no hay que olvidar que es un proceso de acción de futuro. Un cambio continuo que invita a la superación. “Hay un África del futuro que comienza a abrir puertas. Estoy buscando la música que sonará en el continente dentro de 200 años. África tiene que liberarse de lo que sabe de ella misma en la actualidad para convertirse en un mejor lugar”.

“Necesitamos nombres nuevos”… y necesitamos más libros como este

En 2013, la escritora zimbabuense NoViolet Bulawayo publicó We need new names. Y este año, esta novela que es un universo en sí misma, se publica en castellano, de la mano de la editorial Salamandra y a través de una traducción de Sonia Tapia Sánchez. Necesitamos nombres nuevos, su título fiel en la edición española, podría perfectamente incorporarse a las lecturas recomendadas para los adolescentes: habla su idioma, la historia es conmovedora y atractiva y proyecta una imagen compleja de África, de los africanos y del hecho migratorio, una visión de las múltiples caras de un prisma, muchas de las cuales no se corresponden con los discursos más habituales. Bueno y, sobre todo, porque es una delicia y cumple con todos los criterios para ser uno de esos libros que te enganchan a la literatura.

La escritora zimbabuense, NoViolet Bulawayo. Fuente: Editorial Salamandra.

Darling es la narradora de la primera novela de NoViolet Bulawayo: Bastardo, Chipo, Sabediós, Sbho y Stina forman el grupo de amigos en Darling, todos ellos habitantes de un poblado de chabolas con un evocador nombre: Paraiso. El relato de las correrías de este grupo de niños está lleno de simbolismo y fácilmente encaja en los esquemas de novelas juveniles, de historias pensadas como lectura de verano e ideadas para hacer volar la imaginación. Sin embargo, en el caso de Necesitamos nombres nuevos, la joven autora zimbabuense va dejando caer algunas perlas en forma de referencias externas, más allá del relato de gamberradas, de las idas y venidas que a falta de vigilancia de adultos van descubriendo poco a poco la vida. Esas perlas que pueden pasar desapercibidas son, en realidad, una especie de migas de pan que marcan el camino de una historia mucho más interesante camuflada bajo la superficie.

El desarrollo vital de este grupo de muchachas y muchachos resulta en realidad descarnado, pero sólo cuando el lector levanta la cabeza y empieza a recomponer las piezas del puzzle. Desalojados de sus casas y empujados a ese suburbio que es Paraíso. Apartados de la escuela porque incluso los profesores han huido de un país que se deshilacha. Enfrentados a un futuro incierto al que acechan, desde los embarazos precoces hasta la epidemia del SIDA, pasando por la promesa de la esperanza rota que es la migración y flanqueado por una tradición debilitada y unas iglesias cargadas de supersticiones, vicios y afán de lucro. El grupo de amigos de Darling crece en medio de un cierta inconsciencia que ve perfectamente los dientes de la violencia económica y política, pero que, sin embargo, apenas perturba sus juegos. A través de estos niños, NoViolet Bulawayo dibuja un país marcado por las desigualdades. “Cuando llegamos al centro de Budapest, nos paramos. Esto no es como Paraíso, esto es como estar en un país totalmente distinto. Un país bonito donde vive la gente que no es como nosotros. Claro que tampoco se ve nada que sugiera que aquí vive gente de verdad. Incluso el aire está vacío: no huele a comida rica, no hay olores, no hay ruidos. No hay nada”, dice cuando visita un barrio rico de la ciudad. Dibuja un país que igual desaloja a los blancos que reprime a los disidentes, liderado por élites corruptas e incapaces que se preocupan más por amañar elecciones que por solventar la pobreza. Sin embargo, Zimbabue, no aparece explícitamente en ningún momento durante toda la narración, ni tampoco sus políticos.

Cubierta de “Necesitamos nombres nuevos”

Sin embargo, la experiencia de Darling es todavía más rica y nos transmite algunas sensaciones que estaría bien que el lector del norte global nunca perdiese de vista. “A estos de la ONG les gusta mucho hacer fotos, como si fuéramos sus amigos y sus parientes de verdad o algo así, como si luego, al volver a sus casas, fueran a ponerse a ver esas fotos y a decirles nuestros nombres a otros amigos y parientes. No les importa que a nosotros nos dé vergüenza estar sucios y llevar la ropa rota, ni que prefiramos que no nos hagan fotos”, suelta Darling como una bofetada. Pero tampoco se queda atrás su experiencia migratoria, cuando por ejemplo, una mujer le acorrala en un baño, ya en su etapa en Estados Unidos y le suelta todos los tópicos relacionados con los males de África, con la conmiseración y la caridad. Sí, porque finalmente, después de la frustración del cambio, Darling viaja a Estados Unidos, o mejor a una América de la que presumía delante de sus amigos, pero que no resulta ser como en sus sueños.

La escritora zimbabuense hace pasar al grupo por delante de la devastación del sida, por la arbitrariedad política y por la violencia con delicadeza y una extremada ternura. El desengaño que marca este abrupto fin de la infancia es por encima de todo pura inocencia: “Se me ocurre que podría rezar por ella para que se le pase el cansancio, pero entonces de acuerdo de que he decidido que rezarle a Dios es una pérdida de tiempo. Ya puedes rezar y rezar y rezar, que nada cambia. Por ejemplo, estuve rezando para tener una casa de verdad y ropa buena y una bicicleta y varias cosas más durante mucho, mucho tiempo, y no tengo nada, ni una sola de esas cosas, por eso ahora sé que todos esos rezos por mi padre no son más que un engaño”.

A medida que pasa el tiempo, el tono de la narración va contagiándose de la madurez de Darling y, por ejemplo, su evolución se acelera una vez que es acogida por su tía en Detroit y abandona Paraíso. El dolor de la marcha y de lo que se deja atrás no deja nunca de estar presente. Incluso pasado el tiempo, Darling es incapaz de no rememorar su origen ante el olor de una guayaba que le traslada a su infancia y a las calles de su país.

Si Bulawayo no ahorra críticas al país de origen, ni escatima bofetadas a los occidentales en África, tampoco deja títere con cabeza cuando se refiere a la experiencia migratoria, desde la violencia de la sociedad estadounidense con los tiroteos en colegios y la violencia policial hacia los negros, hasta el desamparo en el que quedan los hijos de padres absorbidos por completo por el trabajo, o el abandono de los mayores, pasando por el conflictivo despertar a la sexualidad o los desórdenes alimenticios.

Sólo tres fragmentos, en todo el libro, no reproducen la voz de Darling. “Cómo aparecieron”, “Cómo se marcharon” y “Cómo vivían”. El primero sobre la creación de un barrio de chabolas como Paraíso, a partir de desplazados internos; el segundo, sobre una de las olas migratorias, aquella en la que Darling sale del país; y la tercera, especialmente conmovedora, sobre el asentamiento de los refugiados en los Estados Unidos. Aparentemente es la voz de un viejo migrante que ha perdido la razón, la que relata como fue la llegada de los primeros desplazados en otros tiempos y como ve que las raíces se van diluyendo generación tras generación. “Venían en manadas, dejando atrás los restos, los jirones de nuestro país. Y nosotros no pensábamos en remendar esos jirones, en remendar lo que era nuestro”, dice en un tono apocalíptico.

Necesitamos nombres nuevos contiene la experiencia completa de una africana, llena de matices y de caras diferentes, una experiencia multidimensional que además se digiere con facilidad gracias a una narración fresca, a un lenguaje sencillo y a un tono cercano. Necesitamos nombres nuevos enseña y divierte. Enseña que las cosas son mucho más de lo que parece y que, por ejemplo, esta experiencia es sólo una de las experiencias posibles. Es decir, enseña diversidad. Y divierte porque pasa sin esfuerzo y porque deja un regusto que llama a repetir, quizá el regusto de las guayabas que los amigos de Darling robaban en Budapest.

El peluquero de Harare: el fin de la inocencia

Tendai Huchu escribió una novela y, sin embargo, El peluquero de Harare tiene toda la apariencia de uno de esos cuentos populares tradicionales con moraleja al final y una marcada voluntad pedagógica. Así es esta historia, al mismo tiempo angustiosa y profundamente desgarradora y, sin embargo, sobrada de ternura y de inocencia.

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Uno de los principales problemas de El peluquero de Harare es que, prácticamente, cualquier lector sabe que se trata de una novela sobre la temática LGTBI, por la difusión que ha tenido la publicación original y porque Baphala, la casa que la edita en castellano, se presenta como “una editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. La verdad es que seguramente es un detalle difícil de mantener en secreto, pero el hilo narrativo de Tendai Huchu seguramente agradecería que fuese una sorpresa para el lector. El relato del joven escritor zimbabuense mantiene un cierto suspense sobre ese descubrimiento que acaba siendo una especie de fin de la inocencia, en un país que ha condenado duramente la diversidad sexual, pero que al mismo tiempo convive con ella a diario en su sociedad.

Lo mejor de El peluquero de Harare es, precisamente, el efecto que puede tener una historia como la que Huchu relata con mimo en los lectores de sociedades que no terminan de aceptar la realidad de la homosexualidad; de sociedades que viven de espaldas a esa diversidad; de sociedades que condenan a algunos de sus miembros según a quién amen; de sociedades que convierten la sexualidad en delito; en resumen, prácticamente, de todas las sociedades.

El peluquero de Harare, de Tendai Huchu

Vimbai es una peluquera de éxito, la estrella de uno de los salones más populares de Harare, la capital de Zimbabwe. A pesar de la podría ser una buena posición, todo a su alrededor está en proceso de descomposición. El país está sumido en una profunda recesión y sobre todo aquejado por el mal de la desesperanza. La vida familiar de Vimbai es un auténtico desastre, muy a su pesar, lo mismo que su vida sentimental. Justo, cuando lo único que funciona comienza a tambalearse también, la vida de Vimbai dará un giro de 180º, o más bien comenzará a avanzar en zigzag. Dumisani, Dumi aparece en escena para poner en cuestión el reinado de Vimbai en el mundo del estilismo de Harare. El joven tiene magia en los dedos y un carácter que seduce a las clientas que antes habían sido incondicionales de Vimbai. Incluso, la jefa que la veneraba acaba prefiriendo al recién llegado.

Su adversario, su principal amenaza acabará mostrando a Vimbai el camino de una vida con la que sólo habría podido soñar, o quizá ni eso. Dumi llena de esperanza la vida de Vimbai. Pero evidentemente, la historia que relata Tendai Hucho no puede ser simplemente un camino de rosas. Se impone un camino de desengaños, de errores vitales, de aprendizajes, de decepciones y de arrepentimientos. De pronto la historia, que había avanzado a un ritmo excesivamente lento en algunos momentos, se desencadena, se precipita y comienza a desplegarse como una alfombra que se va desenrollando delante de nuestros ojos. No se puede decir que los giros y los nuevos episodios sean completamente imprevisibles, pero no por eso dejan de resultar emotivos.

Una receta cocinada con inocencia, crítica, impotencia, realidad y, sobre todo, ternura, mucha ternura, materializa el tópico de mantener al lector pegado a la lectura en las últimas páginas de la historia. La contradicción que asalta a Vimbai cuando despierta a la homosexualidad resulta sobrecogedora. El paso de un desprecio inicial basado en la ignorancia y los estereotipos cuando dice: “Hablaba como un hombre normal, vestía como un hombre normal e incluso caminaba como un hombre normal. Todo él era masculino. ¿No se paseaban los homosexuales por ahí con bolsos y hablaban con voces chillonas?”. Deja paso a la candidez de una mirada sencilla e inocente: “Si lo era, entonces tenía un tipo de amor por mi y otro por este hombre, los dos éramos amados, pero cada uno a su manera. Mentiría si dijese que no lo quería para mí, pero esto no significaba que si no podía tenerlo lo quisiese muerto”.

La apuesta de Baphala es valiente, pero la historia de Tendai Huchu, en realidad, puede tener tanta aceptación como potencial de cambio. Lo tiene evidentemente en Zimbabue, pero también en España.

Poesía liberada y liberadora desde Zimbabue

Como el viento intocable es la definición misma del artivismo, de la reivindicación creativa, como dicen algunas de sus impulsoras. Es un ejercicio de libertad y de autoafirmación en su propia concepción; su publicación original es el mismo ejemplo de la valentía, la voluntad de cambiar el mundo y de hacerlo más justo; y su traducción y edición en castellano es simplemente un ejercicio de rebeldía y una necesaria muestra de la diversidad que podemos encontrar en le continente, es un absoluto riesgo por parte de la editorial Baphala que ya ha demostrado que no le tiene miedo a nada y que está dispuesta a aportarnos la dosis de reivindicación que necesitamos. Atención: Como el viento intocable es una antología de poesía de autoras lesbianas que pretenden usar la creatividad para visibilizar a un colectivo desplazado y acosado. Este libro es poesía liberada como expresión de sus autoras que conquistan una voz propia y liberadora en cuanto al colectivo LGTBIQ.

La poetisa Makhosazana Xaba, responsable de la antología. Fuente: Baphala Ediciones

Esta antología que nos trae la editorial Baphala es el resultado del taller de escritura creativa para mujeres lesbianas celebrado en la ciudad zimbabuense de Bulawayo durante la última semana de octubre de 2015. Impulsado por el colectivo sudafricano GALA, se apoyo sobre la organización zimbabuense Sexual Rights Centre (SRC) que trabaja a menudo con el artivismo en el colectivo LGTBIQ. En este caso, el taller fue animado por Nombulelo Madonko del SRC y el peso recayó sobre la poetisa sudafricana Makhosazana Xaba, conocida como Khosi, que condujo ese taller de escritura creativa. Khosi Xaba ya fue una de las encargadas de recopilar los trabajos contenidos en la antología Queer Africa, editado en castellano como Los deseos afines. El resultado de aquellos trabajos en Bulawayo es el que ahora nos trae la editorial Baphala: un volumen con veintidós poesías de siete autoras, que previamente no eran necesariamente poetisas, aunque el resultado resulta de una diversidad tremendamente atractiva.

Es interesante descubrir en el volumen todas las explicaciones sobre el espíritu del taller que lo alumbró y de esa antología resultante. El nivel de contexto con el que cuenta el lector y la reflexión de las impulsoras es, sin duda, un valor añadido. El taller se desarrolló en un país en el que el colectivo LGTBI ha sido absolutamente proscrito en las últimas dos décadas y no fue pura casualidad. “El silencio y la invisibilidad perpetúan la idea de que las personas LGTBI no son parte del tejido social, idea que incluye ese omnipresente mito de que ‘la homosexualidad no es parte de la cultura africana’”, señala Greame Reid, fundador de GALA, en su texto introductorio. Reid añade más concretamente en relación con la recopilación de poesías: “La poesía en esta antología versa sobre el descubrimiento de una voz, la expresión de la experiencia y un impulso al activismo”.

Nombulelo Madonko una de las responsables del SRC habla sobre una vía de contestación que su organización fomenta “la reivindicación creativa” y reconoce el potencial de la poesía en este sentido. “El libro habla directamente a las experiencias de las mujeres queer y les ha dado voz en espacios donde no pueden estar presentes”, señala Madonko. Khosi Xaba es, en realidad, el verdadero motor de esta iniciativa en la que siete mujeres con inquietudes y dotes artísticas diversas se convirtieron en poetisas para revindicar su homosexualidad y cambiar el mundo. “El taller de escritura fue un espacio para que mujeres que nos identificamos como lesbianas pudiéramos pasar tiempo juntas, en un entorno seguro en el que utilizar la escritura como instrumento de expresión personal”, dice Xaba en su introducción a la antología.

La poetisa explica la dinámica de los talleres que se desarrollaron durante cinco días y cuenta: “Tratamos la amplia cuestión del uso de la propia voz, a través de la poesía, para expresarse por una misma”. Expresión y compromiso se van fundiendo constantemente en el relato que la dinamizadora hace del taller en el que se gestó la antología. La poesía llega a aparecer, según los casos, como una herramienta de catarsis mediante la que las autoras se enfrentaban a recuerdos y vivencias, a menudo, traumáticas relacionadas con su orientación sexual y la persecución social y política. Pero, para Xaba, no se trataba sólo de repensarse, sino también de reconstruirse, es decir, de comenzar a forjar un futuro sobre una base de aceptación y de reclamación de sus identidades. Pero no sólo se trata de que este ejercicio pueda cambiar la vida de las autoras que participaron, sino que pretende modificar también el clima social. “Espero que después de leer su poema, los lectores se pregunten: ‘¿Qué voy a hacer yo al respecto?’. Sabemos que nunca cambia nada hasta que una masa crítica de personas se alza, se pronuncia y actúa”, señala Xaba. “Es nuestro deseo que este volumen de 22 poemas insufle esperanza a todas las activistas que aspiran a ser escritoras y a aquellos que, tal vez, se estén preguntando por el valor de la poesía”, concluye su texto la poetisa.

El resultado de este proceso de reflexión y de creación comprometida se traduce en el resultado de los poemas. No se trata de haber hecho un taller de escritura creativa, se trata de que durante ese taller cada una de las autoras se ha mirado hacia adentro y se ha mostrado a las demás, de ahí, en gran medida la diversidad de los enfoques de las escritoras que han plasmado sus inquietudes personales. Así, la antología contiene desde textos eróticos reflexiones psicólógicas.

Blu dice:

Porque eres mi Fijación,

Mi anhelo, mi vicio,

Mi compulsión, mi adicción

El picor que no quiero, no pretendo

No puedo rascar

¡Mi Fijación!

Mientras que Duduzile Salitaire Maseko afirma:

Estoy atravesando el desconcierto

Perdiendo el contacto con todo

Mi mundo se ha hecho añicos

Como el viento tan intocable

Como el río, ha corrido

Mientras Norma Stanley usa la poesía para hablar, entre otras cosas, de la añoranza

Recupero la fuerza

Me siento herida

Me siento abandonada

Cegada por las lágrimas

Soñe contigo

Sikhulile Precious Sibanda emplea los versos para proyectar su identidad

Cuando la conocí

Cada momento con ella lo disfruté

Puede decir lo que quieras

Esta es quien soy

Pero sin duda si hay un poema desconcertante en la antología es el de Amanda Thandeka Pugeni “Angry Black Woman (Negra Cabreada)”. Es una auténtica oda a la reacción airada ante la injusticia. Es la advertencia de lo que ocurre cuando se acaba la paciencia y los oprimidos estallan. Y dice:

Soy esa negra cabreada

Que intentas ignorar

Bella por fuera

Oscura por dentro

Las emociones que braman como un toro negro

Soy proscrita

La espina de la rosa

El agua limpia fluyendo a la cloaca

No me conoces

Esto no es poesía, sino rabia.

Esta es sólo una muestra de unas obras que merece la pena descubrir para profundizar en la diversidad de las artes africanas en su máxima expresión.

Tienes una cita con Como el viento intocable hoy, 22 de junio en Santander, en la Librería del Puerto; y mañana 23 de junio en Bilbao en Louise Michel Liburuak.

Como el viento intocable: Voces feministas contra la homofobia

Por Mariana Jorge Lozano (editora de Baphala Ediciones)

Frente a la creencia generalizada de que la poesía es algo hermoso, que exalta sentimientos de amor y de belleza física y moral, hay otra que piensa que la poesía es instrumento del activismo. El arma que lucha contra todo aquello feo, corrosivo e hiriente que hay en la vida. La palabra tiene ese poder, poner al descubierto situaciones y hechos horribles con la finalidad de que la obra literaria sea en sí misma agente del cambio, que expone al mundo sus vergüenzas.

Cuando, hace casi un año, empecé esta iniciativa llamada Baphala Ediciones precisamente lo que buscaba era dar voz a los que no la tienen. Quería que todo aquello que publicase mostrase situaciones reales y, de un modo u otro, fuese crítica de situaciones de injusticia y violencia. En un continente como África, donde la homosexualidad se considera delito en varios países y en algunos de ellos incluso supone pena de muerte, me parecía vital apoyar a estas autoras y autores y darles la oportunidad de divulgar su mensaje más allá de sus propias fronteras. La literatura LGTBI sigue siendo, por desgracia y a pesar de las múltiples iniciativas editoriales existentes, un género minoritario en nuestro país, donde la situación del colectivo LGTBI es mucho más alentadora que en Nigeria, Marruecos o Zimbabue. En África, la labor de escritoras, escritores, editoras y editores es todavía mucho más difícil y llena de obstáculos. Es por esto que decidí rebuscar entre las literaturas africanas con el propósito de ponérselo un poquito más difícil a aquellos que odian. Nuestra voz no será silenciada, ni dejaremos de existir. No importan las persecuciones, las injusticias o la violencia. Así que es mejor que se vayan acostumbrando.

La literatura como activismo LGTBI: ese era el reto. Por eso, cuando a finales del año pasado, recibí un email de Arrate Hidalgo (editora de ficción especulativa feminista, traductora literaria y escritora) y Lawrence Schimel (escritor bilingüe y traductor literario) proponiéndome traducir a cuatro manos Como el viento intocable (Like the untouchable wind) para Baphala, bastaron unas horas para saber que ese poemario debería de ver la luz del día en mi editorial. Como el viento intocable es una antología poética que recopila la obra de siete mujeres queer de Zimbabue y que es resultado de unas jornadas de escritura creativa llevadas a cabo en octubre de 2015 bajo la supervisión de Makhosazana Xaba. Xaba, poeta y escritora de relatos, es conocida por el público español debido a ser la recopiladora de Queer Africa, antología de relatos publicada por Dos Bigotes bajo el título Los deseos afines. En estas jornadas de trabajo, Xaba, tal y como nos explica en el prólogo de Como el viento intocable, insta a estas mujeres a crear poesía, no desde el punto de vista del perfeccionamiento de la técnica, sino otorgándole mayor relevancia a los sentimientos evocados en ella. He aquí el resultado, una recopilación variopinta de voces queer que nos hablan de sus intimidades y nos ofrecen una ventana a sus mundos interiores. Una lucha feminista contra la homofobia.

A pesar de la calidad literaria que los trabajos de estas siete mujeres muestran, la verdad es que tan solo dos de ellas son poetas en su vida diaria. Las demás se dedican a diferentes actividades, más o menos artísticas. Es por esto que su labor poética todavía tiene mayor relevancia. Es la voz de la calle, de mujeres reales que ofrecen sus vivencias sin filtrar a través de ningún tamiz. Poesía donde la técnica y las convenciones literarias no actúan de freno a la creatividad. Blu nos habla a través de su poesía optimista y llena de humor de su experiencia como mujer queer, mirando al futuro y desafiando lo establecido a través del amor lésbico. Sikhulile nombra instrumento de su activismo a su amor por otra mujer, convirtiendo su deseo en la mejor arma contra la intolerancia. Norma nos habla de la vida y la muerte y de problemas universales, mientras Portia trata temas existenciales, también desde el humor. Pugeni aporta quizás la pieza que mejor resume el objetivo de este poemario, el activismo. Con “Angry Black Woman” (“Negra cabreada”), nos enseña que la poesía no es solo belleza: es también rabia. Finalmente, Duduzile y Caroline describen el lado más oscuro y violento de la homofobia en la que viven envueltas.

Si la poesía y la literatura en general, es voz de los sin voz y activismo social, sin duda esta antología consigue empoderar a mujeres que no lo tienen fácil pero, a pesar de ello, no se resignan al silencio. Estas son voces femeninas y feministas que luchan sin temor contra todo aquello que las oprime. Y en Como el viento intocable hablan bien alto a quien las quiera escuchar.

El libro que atraviese las fronteras africanas será digital

• Bahati Books es un sello editorial que demuestra cómo los nativos digitales están revolucionando la industria editorial

Apenas un puñado de autores africanos están invitados a la mesa de las grandes estrellas de la literatura universal. El sector editorial mundial sigue teniendo su centro de gravedad en el Norte global y eso condiciona considerablemente los autores que tienen acceso a la publicación y los que acaban siendo referentes de los lectores. Sin embargo, el entorno digital ha llegado para desequilibrar la situación y para introducir nuevas variables. Los pequeños proyectos editoriales, de pronto, tienen mucho más que decir. Bahati Books es un ejemplo de cómo están cambiando las cosas, de cómo los nuevos modelos pueden traer vientos de cambio.

Mosaico de publicaciones de Bahati Books

Habitualmente la industria editorial se ha enfrentado a una serie de problemas aparentemente insalvables en África. Siempre se ha hablado de los elevados costes de producción y de los inasumibles precios de transporte, que se suman a un arraigado desinterés por el libro como objeto en culturas marcadas por la tradición oral. A pesar de esos inconvenientes Barbara Njau, una joven de origen keniano, y Kudakwashe Kamupira, nacida en Zimbabue, se embarcaron en 2015 en la creación de una nueva editorial, un nuevo sello que además renovaba el concepto de la edición de libros. Bahati Books fue la apuesta de estas dos jóvenes emprendedoras que se habían conocido en Londres. Era una editorial de libros exclusivamente digitales escritos por autores africanos y destinados a los lectores igualmente africanos, pero también a cualquiera que esté dispuesto a descubrir una literatura diversa y alejada de los estereotipos.

A pesar de que una nueva editorial no responda aparentemente a la idea de una empresa con proyección en el modelo industrial y comercial actual, Bahati Books recibió pronto la atención de foros de innovación empresarial. Fue considerada “mejor start-up” del programa de aceleración empresarial IDEA London y recibieron también el reconocimiento del programa de apoyo a las nuevas empresas del King’s College de Londres. “Nuestra intención cuando creamos Bahati Books era cambiar la narrativa sobre África”, explica una de las fundadoras, Barbara Njau, “porque las narraciones tienen mucho poder a la hora de determinar cómo nos vemos y las narrativas dominantes sobre África, sobre todo las de la mayor parte de los best sellers, se centran en las historias negativas”. “Pocas personas piensan en thrillers o en historias de ciencia ficción, cuando se habla de literatura africana. La asocian fácilmente con novelas de guerra o pobreza basadas en África. Por eso creemos que hacía falta una plataforma para diversificar las historias sobre África y para ofrecer a los lectores la experiencia de lo no contado sobre el continente. Además, damos a los autores la posibilidad de que su novela se publique en formato digital y lleguen a mucha más gente”, concluye Njau.

Las fundadoras de Bahati Books, Barbara Njau, a la izquierda, y Kudakwashe Kamupira, a la derecha. Fuente: BAHATI BOOKS

Las impulsoras de Bahati Books se han metido de lleno en el mundo editorial, un mundo al que tienen muchas críticas que hacer. La primera es que la mayor parte de los editores tradicionales “pasan por alto”, según sus propias palabras, a esos escritores a los que la editorial digital ha abierto una puerta. Otra de esas críticas es que “para muchos editores, una novela romántica ambientada en África no es tan sexy como un cuento sobre la pobreza de un niño africano”. Lo que Bahati hace, publicar historias que no necesariamente encajan con el esquema que se le supone a la literatura africana, todavía es nadar contra corriente y Njau y Kamupira son conscientes. Sin embargo, ellas consideran que Bahati Book es la muestra de un cambio creciente en el mundo de la literatura, de un movimiento “interesado en ver África bajo una luz diferente”. Este “movimiento”, como los consideran estas emprendedoras, moviliza a editores que abren nuevos caminos; a escritores que hacer que los lectores puedan identificarse en sus historias, algo que no siempre había ocurrido; y a lectores no africanos que cada vez están más interesados en leer cuentos africanos de diferentes géneros, según la propia experiencia de la editorial.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Oliver Mtukudzi: “África tiene el futuro en la palma de sus manos”

Oliver Mtukudzi, más conocido como “Tuku”, es uno de los músicos más importantes no solo del panorama zimbabuense, sino de todo el continente africano. La fuerza de sus letras, el valor de sus ritmos tradicionales mezclados con sonidos más actuales, como el pop township sudafricano, le han convertido en la principal figura de la música en el Sur de África. Su carrera comenzó en 1975, desde entonces no ha parado y, lo mejor: tiene cuerda para rato.

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Oliver Mtukudzi. Fotografía de Liam Lynch/Rock Paper Scissors.

Se sienta con Wiriko según acaba el concierto. Cansado, pide unos minutos antes de empezar la entrevista. Bebe agua, mira al fondo de la sala donde se ha celebrado la gala del Livingstone Cultural and Arts Festival (LICAF) y hace una señal. Antes de empezar reflexionamos: ¿Cuántas de nuestras preguntas le habrán repetido durante los últimos años? Le preguntamos. Sonríe.

Tu carrera musical despegó allá por 1975. Después de más de 60 discos, ¿cuál crees que es la clave de tu éxito?

Ser yo mismo. No hubiera llegado a tanta gente si no fuera por que mi música es algo auténtico. Mis letras hablan de la gente, sin todas las personas que me escuchan no habría llegado a ningún sitio.

El uso de la lengua shona en tu música es muy recurrente. ¿Qué importancia tiene para ti el uso de lenguas nacionales para la música africana? ¿Y los ritmos y sonidos tradicionales?

La respuesta es muy sencilla ¿Qué importancia tiene para ti el español? El uso de shona es básico para mantener mi autenticidad. Es mi lengua materna ¿Cómo voy a expresar todo lo que veo, oigo y siento? No encuentro una forma mejor de expresarme. Es lo que soy, es lo que me representa. Lo mismo ocurre con los ritmos de mi país, lo llevo en la sangre. No puedo rechazar mi tradición.

Tuku

Tuku, durante la entrevista con Wiriko en Livingstone, Zambia. Imagen de Pablo Arconada.

La música de África cada vez tiene más reconocimiento fuera del continente. ¿Cuál piensas que es la realidad de la música en general en Zimbabue y en el Sur de África?

Es cierto que nuestra música está saliendo del continente para llegar a más personas. Aunque ha tardado más de lo que me hubiera gustado. No puedo generalizar con el estado de la música en una región tan amplia como África Austral, pero de verdad creo que estamos asistiendo a toda una serie de booms musicales. Sudáfrica, Kenia y Nigeria ya tuvieron el suyo, ahora le toca al resto de países de África. En Zimbabue nos espera una década de descubrimientos musicales, de conocernos más a nosotros mismos. Deberíamos ser lo que somos.

En tu música hay muchas referencias a la situación social y económica de Zimbabue y de sus ciudadanos ¿Qué valor consideras que tiene la música como instrumento de cambio social?

En mis canciones no solo hablo sobre la situación económica y social, también hablo del día a día de los zimbabuenses, de su humor, de la felicidad. Sin duda alguna el principal papel de la música es dar esperanza a la gente. Esa es la finalidad de mis canciones, la ilusión. Cuando no tienes esperanza no hay posibilidad de cambio. ¿Qué vas a esperar del mundo sin esperanza? La música es un instrumento muy útil, siempre que se utilice bien. Todas las manifestaciones, movimientos y cambios sociales del mundo han tenido su banda sonora. El papel de la música es esencial.

Como bien sabrás, el próximo mes de abril no habrá edición del Festival de Artes de Harare (HIFA). ¿Cuál piensas que es la situación de los festivales en África? ¿Crees que hay algún futuro?

La música no morirá nunca. Da igual que cancelen festivales, que prohíban canciones, que quemen partituras. Ya lo han intentado y nunca funcionó. La música es algo tan nuestro que nunca desaparecerá, lo tenemos escrito en la piel. ¡Claro que hay futuro!

Hace unos meses estuviste en Nairobi en una marcha para promover el cambio de políticas internacionales acerca del cambio climático. En tu opinión, ¿qué se puede hacer para paliarlo a nivel local?

Es complicado porque nos han robado los medios para frenar el cambio climático. Debemos encontrar nuestras herramientas para parar algo que está matando al planeta y que afecta particularmente a nuestro continente. Pero no nos faltan las ideas.

¿Y a nivel internacional?

Eso es bastante más difícil. Durante décadas hemos exigido a nuestros gobernantes que pusieran un remedio, pero no nos han escuchado. La clave es que cada gobernante escuche a sus ciudadanos, que son los que de verdad sufren cada día los efectos de este calentamiento global.

Muchos estados africanos siguen manteniendo los mandatos eternos, gobernantes que se establecen en el poder durante décadas. ¿Qué opinas de esta situación?

Creo que el poder seduce. Los ciudadanos deberían moverse, hacer que algo cambie. Ya lo hemos visto en países como Burkina Faso.

¿Y sobre el presidente más longevo del mundo, Robert Mugabe?

Nunca he estado en el poder, no sé lo que se siente, ni lo que te ata a él.

¿Cuál es tu opinión sobre las olas afropesimistas/afropositivistas que claman por un lado el “Africa rising” o el África como nuevo emergente económico, y la narrativa que sigue subrayando exclusivamente a un continente sumido en la corrupción política y la miseria de la mayoría?

El problema de estos dos puntos de vista es lo de siempre: la generalización. No podemos generalizar. No entiendo a aquellos que dicen que África es una nueva potencia económica, cuando la mayoría de los africanos viven en una situación de pobreza intolerable. Tampoco entiendo a los que sólo ven corrupción y miseria. Los países africanos hemos dado un salto cualitativo de gran envergadura. Ya no estamos en 1980. Tenemos el futuro en la palma de nuestras manos.

 

Wiriko respalda al Udada: el primer festival de cine de mujeres en África del Este

 

Udada A escasas horas de la clausura del festival, la actividad de Matrid Nyagah es agotadora. Móvil en mano, tablet sobre la mesa donde corrobora que todo está preparado para la gala de clausura de esta noche en el Laico Regency Hotel de Nairobi (Kenia) y, mientras, con la mirada, advierte a la camarera que quiere un té de limón y jengibre. Ella sólo es una de las 3 directoras al frente del primer festival de cine hecho por mujeres de África del Este, de Kenia. Pero lleva la batuta de la organización junto a Labo Peter, manager del festival. Las otras dos caras visibles de Udada son Wanjiru Kinyanjui, sin duda, entre las mujeres más importantes en la industria de las artes y el cine en Kenia, y Naomi Mwaura, una defensora de los programas de empoderamiento para las mujeres en el país.

El evento cumple 2 años. En 2014 se lanzó como una muestra y este año (15-20 de octubre) se ha convertido en un festival con un sello propio y único en el continente junto al festival de Zimbabue International Images Film Festival for Women con quien se han asociado y cuya directora, Tsitsi Dangarembga, escritora y cineasta está estos días en Nairobi. Wiriko desde este año será medio oficial del evento.

¿Por qué el nombre de Udada?

Fue un proceso muy largo aunque sabíamos una cosa: que sería una palabra en kisuajili. Estamos asociados con la Fundación Akili Dada y así fue como surgió la idea de Udada. Udada significa hermandad y nos parece un concepto importante cuando estamos hablando de mujeres. Necesitamos unirnos para cambiar las estructuras de opresión a las que nos vemos sometidas.

Entonces Udada desea hacer una diferencia en el mundo en el que vivimos. ¿Crees que a través de un festival de cine se puede influir en el cambio?

Las películas son un reflejo de la realidad. Como festival, queremos ponernos de relieve y exponer los problemas, preocupaciones y perspectivas de las mujeres en las sociedades en las que viven. En nuestro festival proyectamos películas internacionales y pensamos que ofrecen al público una visión de otras culturas necesaria. El festival ofrece una excelente oportunidad para desafiar a las cineastas femeninas para contribuir con más películas y fomentar el intercambio de conocimientos sobre el patrimonio cultural de las diferentes comunidades a nivel internacional, mientras que creemos que ayudará en la promoción del diálogo intelectual y el respeto mutuo a través de las películas y el intercambio de conocimientos.

¿Cuál es tu opinión sobre la situación de las cineastas africanas hoy en día?

En primer lugar, creemos que las mujeres tienen muchas historias que contar. Pero a menudo las mujeres africanas no son vistas como si pudieran convertirse en cineastas, directoras, productoras o guionistas. Hablando desde mi propia experiencia, cuando le digo a la gente que soy un directora ¡no me creen! A menudo las personas piensan que las mujeres simplemente tenemos que ser las maquilladoras o las asistentes. Así que creo que tenemos camino por recorrer en general y que festivales como Udada pueden ayudar a trabajar en romper clichés machistas y patriarcales.

¿Cuántas solicitudes habéis reibido para esta segunda edición?

Pues mira, el año pasado recibimos 160 películas que querían participar de África pero también muchas de Europa. Este año… Más de 450 propuestas entre cortometrajes, documentales y largometrajes. Estamos muy contentas por la acogida.

Además de una gran variedad de películas, ¿qué más ha ofrecido Udada este año? 

Además de los pases de películas en la Allianza Francesa y en Pawa 254 hemos tenido foros de discusión y talleres de capacitación con expertos específicos. Quizás uno de los días claves ha sido el “Spanish Day” ya que la embajada de España en Nairobi nos ayuda económicamente. De esta manera, tuvimos 12 horas seguidas donde además de cine se pudieron exponer las obras de las artistas españolas Begoña Lund, Elísabet Cárdenas, Jimena Marcos, Patricia Esteve y Verónica Paradinas. Al final de la tarde  la actriz Virginia Urdiales representó “ImaginART”, una pequeña función de videomapping, una técnica artística nunca antes utilizada ni mostrada en África Oriental, que combina imágenes 3D con teatro.


¿Cuáles son tus esperanzas y deseos para los próximos años? 

Nuestro deseo es apoyar a las mujeres en el arte. Para los próximos meses estamos tratando de utilizar la marca Udada para crear diferentes encuentros culturales con el foco puesto en las mujeres: conciertos, literatura, pases de modelo… Así que esperamos que muy pronto este Festival y todas nuestras ideas se hagan más fuertes para convertir a este evento en una cita obligada no sólo en Kenia sino en la región.

 

Tendai Huchu, una visión diferente de la diáspora

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Tendai Huchu ha dado un paso más. Es un joven novelista zimbabuense que se ha decido a despuntar sin hacer concesiones. Hace algún tiempo que su nombre resuena en todas esas listas de las que últimamente nos hacemos eco para proyectar la vitalidad de las literaturas africanas. Es decir, figuraba entre las promesas para convertirse en escritores con una carrera consolidada y su último paso ha sido valiente, sin dejarse encorsetar por lo que se esperaba de él, más allá de una obra atractiva. En su novela The Maestro, The Magistrate and The Mathematician hace un arriesgado ejercicio narrativo, pero también filosófico. En el primer sentido, buscando un complejo hilo que no da facilidades al lector. En el segundo, proyectando una imagen de la diáspora que huye de las cuestiones identitarias más manidas. En una reciente entrevista publicada en el portal del Short Story Day Africa, Huchu lanzaba una provocativa explicación de sus motivaciones al confesar algo así como “escribo sobre lo que me da la gana, sobre lo que importa” (en una traducción dulcificada de sus palabras textuales).

huchuhairdresserNo es precisamente el ser comedido lo que ha caracterizado la corta pero intensa carrera de Huchu. Su nombre ya sonó con fuerza con una novela debut audaz, The Hairdresser of Harare, que despertó un considerable interés en todo el mundo. El autor exploraba, por un lado, la desastrosa situación social y económica de Zimbabue, pero también la belicosa actitud homófoba de las autoridades. Sin embargo, planteaba la narración como una comedia. Su éxito le llevó que The Hairdresser of Harare fuese traducida y publicada inmediatamente en los principales mercados editoriales europeos.

Ese reconocimiento se consolidó con su nominación el pasado año como finalista del Caine Prize, que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales altavoces de los autores africanos emergentes, básicamente, por su proyección. “The Intervention” es el relato con el que aspiró al galardón que finalmente se llevó Okwiri Oduor. En ese caso, Huchu dibujaba a un grupo de jóvenes zimbabuenses que desde el Reino Unido miraban con distancia el resultado de las elecciones en su país de origen. La apatía y el cinismo eran lo principales invitados de esa reunión.

huchumaestroSin embargo, más allá de esa trayectoria de provocación y de incorrección política, la última de las apuestas de Tensai Huchu, continúa resultando sorprendente. En The Maestro, The Magistrate and The Mathematician, el autor trenza tres historias completamente diferentes, para llegar a un final en el que todas ellas confluyen y acaban adquiriendo sentido. Pero el ejercicio va un paso más allá todavía y cada una de las narraciones tiene su propio tempo y su propia lógica. Resulta curioso cómo Huchu explica la relación entre los tres pilares de su novela. Asegura que a la hora de crear la ficción se planteo cada uno de los tres personajes como las agujas de un reloj. “El maestro” es la aguja que marca las horas, “es lento y superficial”. “El magistrado” es el minutero, el más estable, el que marca el ritmo constantemente y la referencia en todos los casos. “El matemático” es el ritmo frenético. El rizo se riza aún más en la medida en la que el autor hace un paralelismo constante con la obra Los demonios de Dostoievski.

Evidentemente en la historia de los tres zimbabuenses instalados en Escocia, la realidad de la diáspora está presente. La relativa preocupación por la actualidad política y social de su país de origen y también la compleja comunión entre las costumbres y convicciones zimbabuenses y las escocesas, pone sobre la mesa esa doble vida del expatriado. Pero, al mismo tiempo, quizá por esa indolencia que el autor proyecta en sus personajes, esa apatía en ocasiones, el cinismo en otras, la impotencia o bien la prioridad de la supervivencia, el hecho diaspórico no se convierte en el centro de la reflexión. No en vano, si de algo se ha quejado Huchu ha sido de la limitación de los temas sobre los que, supuestamente, los autores africanos pueden escribir. Y por eso, la ruptura de estos esquemas es, absolutamente, intencionada.

En este caso, Tendai Huchu da la impresión de no poder renunciar a un particular humor ácido como tampoco a su crítica política. Como ya ocurría en  The Hairdresser of Harare y, en cierta medida, en “The intervention”, en The Maestro, The Magistrate and The Mathematician algunas situaciones críticas aparecen en un extraño tono humorístico.

10 años de fusión de Tavaziva Dance

Bawren Tavaziva es un bailarín que ha sabido combinar los bailes tradicionales africanos con la danza contemporánea. Ahora, cuando su compañía, Tavaziva Dance, celebra su décimo aniversario, el zimbabuense presenta Tavaziva Ten, una propuesta que recoge sus mejores producciones en estos 10 años.

Tavaziva Ten es un espectáculo de fusión que seduce y vibra y deja con ganas de aventurarse más detalladamente en esta retrospectiva puesta en el escenario. “Son 5 minutos por pieza pero en la que cada una habla por sí sola y contienen su propia fuerza”, describe el director artístico de la compañía de danza que recibió a Wiriko horas antes de su actuación en el teatro Gulbenkian de Canterbury (Reino Unido).

Bawren Tavaziva posa para Wiriko. Foto: javidmgz

Bawren Tavaziva posa para Wiriko. Foto: javidmgz

“Entiendo bien la danza tradicional africana y la contemporánea, las fusiono y creo un nuevo lenguaje”, describe Tavaziva de su propio trabajo y pone un ejemplo: “una idea como los leones, con movimientos contemporáneos y acompañados de música africana”.

Criado a las afueras de Harare, este bailarín y coreógrafo se pasó su niñez viendo videoclips de Michael Jackson y de New Edition. Entusiasmado por los movimientos que admiraba en la pequeña pantalla no tardó mucho en crear su propio grupo junto a 4 amigos. “Tomábamos ideas de lo que veíamos en la televisión. Teníamos una imagen en la cabeza durante toda la semana y a partir de ella improvisábamos para crear la nuestra”, recuerda Tavaziva.

“Siempre quise ser Michael Jackson”, comenta con una sonrisa el coreógrafo que nunca supo hasta dónde le llevaría la danza. Probó inicialmente con la música pero el Ballet Nacional de Zimbabue comenzó a desarrollar talleres en aquel mismo centro comunitario donde Tavaziva ensayaba los pasos de baile de sus artistas favoritos. “Tenía mucho interés en aprender distintos estilos aunque las acrobacias eran por lo que más me decantaba en aquella época. Sin embargo, no dejé de lado el ballet y la danza contemporánea”, apunta Bawren sobre sus inicios.

Continuó su formación en Zimbabue hasta que conoció al coreógrafo Neville Campbell en una visita del británico al país africano en 1991. Campbell, que era por aquel entonces y con tan sólo 26 años el director artístico de Phoenix Dance, creó la compañía zimbabuense Tumbuka y provocó una gran impresión en el joven Bawren. “Es la persona más creativa que he conocido. Me dio la inspiración para querer dedicarme a esto y ser coreógrafo”, expresa Tavaziva quien desde ese momento tuvo como objetivo unirse a la compañía de danza inglesa Phoenix.

Cumplió su sueño y pasó en Phoenix un año y medio tras dejar su país natal e inmigrar al Reino Unido. “Es difícil vivir de la danza en África. Es un problema de fondos”, explica Bawren quien además enfatiza el cambio de visión de las sociedades africanas sobre el baile. “Ahora hay más oportunidades. Antes la gente pensaba que sólo era una costumbre comunitaria, una celebración”, dice Tavaziva.

En 2004 llegó el reconocimiento británico a su trabajo. Con la producción Umdlalo Kasisi, Tavaziva se acercó al sida y los afectados por una enfermedad que se cobró la vida de su hermana. La coreografía le llevó a ser finalista de la primera edición de los premios de danza más prestigiosos de Reino Unido, los Place Prizes, que en aquella ocasión ganaría el español Rafael Bonachela.

Ese mérito le proporcionó los suficientes fondos para iniciar el camino en solitario, con Tavaziva Dance, y dedicarse a hablar de las realidades de África. “Sólo pongo en práctica lo que he vivido ya que mis trabajos son más poderosos si sé de lo que estoy hablando”, describe Tavaziva sobre las producciones que ha realizado desde la fundación de su compañía en 2004. Así se recoge en obras como Mandla (2006) en honor a Nelson Mandela y donde muestra los estragos de aquellos privados de la libertad o en Sinful Intimacies (2009) donde además la danza fomenta el debate entre tradición, cultura y los contextos actuales. Una herramienta para derribar muchos tabús como se refleja en estas “intimidades pecaminosas” de una pareja homosexual a través de una coreografía sensual y apasionada.

Política, sexualidad, libertad o corrupción son algunos de los temas temas que Tavaziva ha llevado a los escenarios en estos 10 años a la par que se ha dejado patente los paisajes, los sonidos y la fauna del continente. Con el trabajo Sensual Africa (2012) se adentró en las danzas de Malawi mientras que en Wild Dog (2009) el coreógrafo puso en evidencia la precaria situación de una de las especies características de África.

“Mi trabajo se enfoca en los seres humanos”, dice rotundo Tavaziva quien además añade que “es un lenguaje que habla más allá del color”. Sin embargo, el coreógrafo afirma que la temática de sus producciones pueden ofender a mucha gente en su natal Zimbabue.

Tavaziva echa de menos su país pero no lo visita desde que realizó My friend Robert (2009), una producción política que retrata la trayectoria presidencial de Robert Mugabe. “Sabía las consecuencias que traía pero tenía que hacerlo”, dice el coreógrafo que no ha ido a Zimbabue desde entonces. “Si voy tendré problemas o me veré envuelto en un accidente. Esa es la manera en la que matan”, explica Tavaziva.

De toda esta trayectoria con Tavaziva Dance, el director artístico se queda con Greed (2013) un trabajo que reflexiona sobre las complejidades del dinero, el poder y la religión y las sutiles diferencias de estas temáticas en África y en las culturas occidentales. “De elegir una, elegiría Greed porque representa el 666, la marca del diablo. Está basada en el miedo, en los pecados. Y de los cuales la codicia este presente gran parte de nuestras vidas”, explica Tavaziva.

Ahora con el 2014 a punto de terminar y tras la gira de Tavaviza Ten, el coreógrafo no descansa. Sigue constantemente impartiendo talleres semanalmente en un colegio de Londres para fomentar la danza entre los chicos de entre e 14 y 19 años. Con ellos se ha formado la iniciativa conocida como Tavaziva Male“Devuelvo la oportunidad que me dieron a mí. Además ayudamos a niños que les gusta el baile , ya que no hay muchos en la industria, para que puedan ir a escuelas profesionales de danza o realizar otros proyectos”, dice Tavaziva.

Bawren Tavaziva ya tiene las miras puestas en su nuevo proyecto. “Voy a hacer AfriCarmen. La Carmen de Bizet asentada en Guinea Ecuatorial”, desvela Tavaziva a Wiriko y que empieza a preparar a principios del próximo año.

 

Cordite da su primer paso junto a Blessing Musariri

Cartel promocional de Cordite Books

Cartel promocional de Cordite Books

Cordite Books es la primera editorial africana especializada en historias de misterio, policiacas y de espionaje, de la que ya hemos hablado en esta sección en un interesante repaso a este género en las literaturas del continente. Ha despertado mucho interés y gran esperanza, sobre todo, en revistas literarias internacionales y en blogs especializados, principalmente porque se ha centrado en un género que goza de una fantástica salud en el continente y que esboza un futuro prometedor. La primera acción de la editorial fue convocar un premio y ahora, más de un año después del nacimiento de la firma, hemos conocido el nombre de la ganadora del concurso y, previsiblemente, el que Cordite imprimirá en su primera portada. Se trata de la zimbabuense Blessing Musariri, que ya había sido premiada y publicada en su país, pero por sus trabajos en otros géneros bien diferentes.

Uno de los principales avales de esta primera editorial de misterio africana era su impulsor. Detrás de este proyecto, como cara visible, está el laureadísimo escritor nigeriano Helon Habila. Y ha sido precisamente él que ha ofrecido una valoración de la obra premiada de Musariri que le sirve como salvoconducto hacia el éxito. Habila ha dicho de Musariri: “Es una inteligente y buena escritora. Es una historia radical de detectives, al estilo de No.1 Ladies Detective Agency, pero totalmente original y con su propio camino. La protagonista es una chica de 25 años valiente, ambiciosa y con un interesante pasado”.

Blessing Musariri. Fuente: web de CorditeBooks

Blessing Musariri. Fuente: web de CorditeBooks

Useful Knowledge for a World Class Detective es el trabajo de Blessing Musariri que ha ganado el primer premio “Crime Fiction Contest”. Otillia Mandimutsa es esa protagonista de la que habla Habila. En Useful Knowledge for a World Class, Mandimutsa es una joven sin pasado, después de una experiencia traumática, recogida, acogida y adoptada por un anciano profesor. Esa amnesia ha convertido a la protagonista en una apasionada de la resolución de misterios que utiliza su habilidad como miembro del Departamento de Investigación Criminal de la policía de la República de Zimbabue. La mala fortuna se reproduce en esta nueva vida cuando un incidente con la custodia de un detenido pone en entredicho su prestigio.

La protagonista se decide a limpiar su nombre por su cuenta, pero acaba malherida en un enfrentamiento con unos delincuentes. La convalecencia favorece el ambiente ideal para que Mandimutsa recupere su memoria y se vea confrontada simultáneamente a dos misterios, el que le ha llevado al hospital y el de su propia identidad. La autora, Blessing Musariri hace saltar por los aires la línea del tiempo en su relato y mezcla presente, pasado y futuro para construir la novela policiaca que se ha ganado los favores de Habila que, por otro lado, se ha mostrado como un crítico riguroso en el pasado.

Musariri no era una completa desconocida, ya que ha publicado libros infantiles y poesía en Zimbabue y en la prestigiosa revista británica Granta, ha recibido premios por su trabajo en su país y ha tenido una cierta repercusión en estos géneros. La autora había hecho incursiones en el género policiaco como el cuento “Eloquent Notes on a Suicide”, una sencilla e impactante historia que se apoya en la historia familiar del suicidio de una adolescente de dieciséis años y la voluntad de un veterano investigador por descubrir los detalles de un hecho, cuando menos, sorprendente.

Según los planes de Cordite y del propio Habila, Blessing Musariri, será publicada por la editorial (un poco más tarde de lo previsto), como también lo será el trabajo del segundo clasificado en el concurso, el nigeriano Demola Adeniran autor de Descent of the Hills.

Helon Habila ha mostrado su confianza en el potencial de la novela negra de autores africanos, más allá de la evidente apuesta de embarcarse en un proyecto como Cordite Books. En este sentido, el escritor nigeriano ha explicado sus motivaciones, defendiendo que este género puede constituir la punta de lanza de una novela ligera que considera escasa en el panorama de las literaturas del continente. “Me he dado cuenta de que hay una enorme brecha en nuestra cultura de la lectura: la gente puede leer a Shakespeare, a Soyinka, a JP Clark, o a Ngugi, lo que se considera literatura culta, o que literatura de no ficción, sobre todo, la de inspiración de tipo religioso. Y, sin embargo, no hay nada en el medio, por lo menos no por parte de autores africanos. Si quieren algo ligero y entretenido sólo tienen la posibilidad de dirigirse a Nollywood, o la literatura de misterio y de espionaje extranjera, o a la literatura romántica”, explicaba en una entrevista publicada en Bittle Paper.

Y en esa misma intervención Habila defendía la dignidad de la novela negra apelando a la teoría literaria clásica: “Según Aristóteles, el objetivo de la literatura es entretener y educar. Por desgracia, en África, nuestra literatura ‘seria’ se ha centrado en la educación y ha descuidado el entretenimiento. No quiero dar la impresión de que la novela negra no es seria, o no puede serlo. Literatura de misterio tiene una larga genealogía. Se remonta, en un extremo, hasta la tragedia griega. (…) Esto, en pocas palabras, es la poética, la idea que subyace tras la novela negra. No puede haber curación y restauración de la normalidad sin justicia”.

La industria editorial africana intenta velar por las culturas nacionales

zibf logoQue la feria del libro más antigua de África se preocupe de la producción literaria en lenguas nacionales no es una casualidad. Desde el 28 de julio y hasta el 2 de agosto se celebró en Harare, Zimbabue, la que se presenta como la feria del libro con más trayectoria del continente, la Zimbabwe International Book Fair (ZIBF) que precisamente en esta edición tuvo como hilo conductor las “Lenguas autóctonas, literatura, arte y sistemas de conocimiento africanos”. El responsable de la ZIBF, Musa Zimunya justifica esta orientación porque “en los últimos tiempos, hay un gran debate en torno a la explotación de las herencias africanas por parte de los turistas y empresarios extranjeros sin beneficiar a las comunidades africanas que las ‘poseen’”.

Zimunya es uno de los escritores zimbabuenses más reconocidos internacionalmente y es el responsable de la ZIBFA, la asociación que se encarga de esta feria. Una de las particularidades de esta cita es, precisamente, la composición de esta entidad gestora del encuentro. Está formada por la asociación de editores del país (ZBPA), la de libreros (BAZ), la de bibliotecarios (LAZ), varias asociaciones de escritores (ZANA, ZWW, ZWA y ZIWU) y la organización que gestiona los derechos reprográficos (ZimCopy), es decir, prácticamente todas las partes implicadas en la industria editorial. Esto hace que durante la feria haya espacio para hablar de literatura, pero también sobre las últimas tendencias del sector, que se traten igualmente temas de escritura creativa como de edición digital.

Una imagen de una de las actividades previas de ZIBFA. Fuente: web de la organización

Una imagen de una de las actividades previas de ZIBFA. Fuente: web de la organización

El escritor zimbabuense y responsable de ZIBFA justifica la preocupación de la organización de la feria explicando que “al igual que las culturas humanas en todo el mundo, las culturas africanas tienen una dimensión tangible y otra intangible” y que “las sociedades humanas se han visto obligados a ‘preservar’ los aspectos de sus culturas que reflejan valores relacionados con la cohesión social y el orden moral”. Pero la preocupación va más allá de la literatura, según Zimunya, ya que “la cultura encierra también aspectos que afectan a los medios de vida de las sociedades, como aquellos que se relacionan con la agricultura o los negocios”.

Después de treinta años (desde 1983) la valorización de las culturas propias y de los sistemas de conocimiento africanos son un pilar fundamental de la ZIBF. En palabras de Musa Zimunya: “Las culturas ofrecen una base fundamental sobre la que descansa el desarrollo de toda la humanidad. Por otro, hay gran cantidad de recursos en esas culturas (la música, la literatura, el arte, la danza, la escultura, los monumentos, el patrimonio natural, etc.) que tienen un enorme potencial para generar ingresos tanto para los individuos como para las comunidades y las naciones. Las industrias creativas se basan precisamente en este enfoque”.

Como se puede ver la visión de protección de la cultura propia y las tradiciones no es sólo una mirada hacia el pasado, sino que la ZIBF mira también al futuro. De hecho, en su programa, incluía actividades, sobre todo, orientadas a los más jóvenes y relacionadas con la producción digital, un aspecto que se discutió también en los foros de profesionales de la edición. Zimunya explica: “Las tradiciones africanas han servido a las sociedades durante siglos. Sin embargo, también es cierto que la modernidad ha traído nuevas tecnologías y culturas que han entrado en contacto con las citadas tradiciones africanas, tanto para bien como para mal. Pero esto no es un dilema exclusivamente africano. Lo que sí es cierto, es que les corresponde a los pueblos africanos conservar los valores positivos de su pasado que construyen su identidad y dignidad mientras abrazan nuevos valores que no disminuyan su autoestima”.

Anuncio de la feria durante las actividades previas de ZIBFA en Bulawayo. Fuente: web de la organización

Anuncio de la feria durante las actividades previas de ZIBFA en Bulawayo. Fuente: web de la organización

Además del ZIBF, la asociación que impulsa esta cita organiza durante el año otras ferias locales en regiones como Matebeleland, Masvingo o Manicaland. En todos esos casos, la voluntad es acercar a los habitantes de estos lugares alejados de la capital la realidad de la industria editorial. Para ello, y siguiendo con el espíritu de la ZIBFA se apoyan en los actores locales, tanto en lo que se refiere a editores, como a escritores o a expertos. El responsable de la asociación tiene muy claro que eso permite un acercamiento más sencillo, pero además parte del principio de que una persona que “no está orgullosa de su cultura es un peligro para sí mismo y para la comunidad”.

Por otro lado, Zimunya se queja de los falsos expertos extranjeros y de los renegados locales. “Hay ‘extranjeros’ se hacen pasar por ‘expertos’ en las culturas africanas, aunque en la práctica muy pocos son capaces de describirlas y explicarlas fielmente, sin la interferencia de sus propias culturas. A pesar de eso se imponen a los ‘expertos’ africanos. Sin embargo, el mayor peligro para los africanos son los propios africanos que se presentan como aficionados de la cultura occidental y que consideran que el desarraigo de África es la panacea para todos los males de África”, se lamenta el escritor zimbabuense.

Así, durante treinta años, la ZIBF ha mantenido un complejo equilibrio, entre lo local y lo global, entre los actores del mundo editorial, entre la tradición y la modernidad, entre la protección y la apertura. Se trata de un equilibrio que, a pesar de la dificultad no se interpreta como un drama, sino como una fuente de riqueza. Todo ello, porque los objetivos es encomiable: seguir alimentando el gusto por la literatura y edificar el futuro sobre la base de la cultura propia.