Las Áfricas de Samuel Fosso

Mucho antes de que el selfi fuera la técnica fotográfica más a mano, en el Studio Photo Nationale de Bangui, en la República Centroafricana, un jovencísimo Samuel Fosso ya recurría en 1975 al autorretrato para no desperdiciar las películas fotográficas que se quedaban sin acabar. Tenía trece años y tras cinco meses trabajando como ayudante en un estudio de fotografía, decidió abrir el suyo propio. Era sólo un adolescente, pero su corta edad no le había impedido superar una parálisis que le imposibilitaba andar ni sobrevivir a la guerra de Biafra, que le obligó a dejar atrás su Kumba natal, en la frontera entre Camerún y la independizada región situada al sur de Nigeria, y deambular durante tres años hasta llegar a la capital centroafricana.

Autorretrato de Samuel Fosso como Kwame Nkrumah, perteneciente a la colección Espíritus Africanos (2008). Purchased with funds provided by the Africa Acquisitions Committee 2013 http://www.tate.org.uk/art/work/P80182

Este mes de junio y a sus 56 años, Fosso ha recibido el Premio PHotoESPAÑA en su vigésima edición. Es el segundo fotógrafo africano reconocido por este festival (en 2009 el galardón fue para el maliense Malick Sidibé), que destaca “su aproximación experimental a la fotografía y su personal uso del autorretrato como herramienta para denunciar los grandes problemas del continente africano”, según explica la organización del certamen, que incluye la muestra de algunas de sus obras en la retrospectiva ‘Samuel Fosso. Una odisea africana’ que acoge el Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, en Madrid, hasta el 29 de julio y con acceso gratuito.

La interpretación de una escena dice tanto o más del que mira como de lo que se proyecta. En Wiriko seleccionamos algunas de las fotografías del que también es el primer premio de la Bienal Africana de Fotografía Rencontres de Bamako, quien reencarna ambos lados de la experiencia fotográfica para interiorizar y exponer distintas realidades que se viven o perciben desde el continente, construyendo múltiples Áfricas desde su propia identidad.

 

Años setenta.

Aún no se había acuñado el término globalización, pero la cultura pop también había llegado a la República Centroafricana. Dos máximas: no tirar nada que puedas usar y huir del aburrimiento, según cuenta Samuel Fosso en una entrevista a The Guardian, le llevaron a aprovechar el rollo fotográfico que no se utilizaba para retratarse a sí mismo. Quería enviar fotos a la familia que se había quedado en Camerún para mostrarles que estaba bien y acabó descubriendo un universo a su medida mediante el autorretrato.

 

‘El sueño de mi abuelo’.

El despertar de Samuel Fosso empieza por lo que conoce. Su abuelo era el jefe de un pueblo de Nigeria y ejercía como curandero. Cuando la medicina occidental falló contra la parálisis que tenía siendo niño, el anciano se ocupó de ponerle remedio. A los tres años ya caminaba.

Fotografía perteneciente a la serie ‘El sueño de mi abuelo’, Samuel Fosso

 

‘El jefe’.

Probablemente la obra más conocida de este fotógrafo. Forma parte de la serie realizada para la revista Tati en 1997, donde ya aflora la perspectiva social y política del trabajo de Fosso. Él mismo explica así esta pieza en la citada entrevista a The Guardian: “Soy todos los jefes africanos que han vendido su continente a los hombres blancos. Estoy diciendo: teníamos nuestros propios sistemas, nuestros propios gobernantes, antes de que llegaran”.

 

‘La americana emancipada en los años setenta’ y ‘La burguesa’.

Perteneciente a la serie denominada Tati, en referencia a la publicación, aparentemente muestra que ‘los otros’ también podemos ser los de este lado.

 

‘Espíritus africanos’.

En esta serie de 2008, Samuel Fosso se sumerge en la historia a través de la representación de figuras icónicas del panafricanismo:  el defensor de los derechos civiles de los afroamericanos, Martin Luther King; el boxeador e icono de liberación, Mohamed Ali; la activista afroamericana y militante de las Panteras Negras, Angela Davis; o el ideólogo de la idea de una África independiente y unida, Kwame Nkrumah; entre otros que puedes ver en esta recopilación de The New York Times.

 

‘El emperador de África’.

A través del que fue el máximo dirigente del Partido Comunista de China, Mao Zedong, el fotógrafo camerunés saca a escena el papel del gigante asiático en el continente.

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‘El papa negro’.

Su última obra hasta la fecha abre la veda a la idea de un papa negro. Teniendo en cuanta que todo su trabajo está basado en sus interpretaciones de la realidad, la pregunta está servida: ¿será ésta imagen una realidad posible?

Fotografía perteneciente a la serie ‘El papa negro’, Samuel Fosso (2017)

10 miradas a África que deberían sobrevivir al Premio CAP

Que la mirada hacia las realidades africanas no sea monocroma depende en gran medida de la cantidad y variedad de instatáneas del continente a la que estemos expuestos. El Premio Internacional de Fotografía Africana Contemporánea, más conocido como CAP Prize, ansía ese reconocimiento a la diversidad de África con un galardón otorgado cada año desde 2012 a cinco proyectos fotográficos, cuyo premio consiste en exponer los trabajos seleccionados por todo el mundo a través de su exhibición en reconocidas ferias internacionales. En la tarde de este miércoles, los trabajos de  Yassine Alaoui Ismaili, Paul Botes, Anna Boyiazis, Tommaso Fiscaletti y Nic Grobler, y Phumzike Khanyile han sido los ganadores del Premio CAP 2018, anunciados en la feria de arte internacional PhotoBasel, en Suiza. Fuera del foco se han quedado veinte de los veinticinco artistas finalistas de esta edición, pero siguiendo el espíritu de dar visibilidad a las múltiples imágenes que componen África, en Wiriko te mostramos diez de los trabajos que se han quedado a las puertas del Premio CAP, una selección de virtuosas narraciones visuales del continente que bien merecen ser (re)conocidas.

Yassine Alaou Ismaili. Marruecos.

‘Casablanca no es la película’. Así de tajante lo señala el autor de esta composición realizada  íntegramente en la ciudad marroquí con la que Ismaili ha pretendido reflejar la belleza y la verdadera vida de sus calles, yendo más allá de lo que contienen las guías o las  películas, y donde se mezclan culturas muy diferentes que saben convivir entre sí. Este trabajo es uno de los cinco ganadores del Premio CAP de este año.

Fotografía perteneciente a la serie ‘Casablanca no es la película’, de Yassine Alaou Ismaili.

Anna Boyiazis. Estados Unidos.

Aunque la vida en el Archipiélago de Zanzíbar gire en torno al agua, la mayoría de las niñas que habita en la zona no sabe nadar. La ausencia de trajes de baño unida a la presencia de una cultura islámica muy conservadora son la causa. En ‘Encontrar la libertad en el agua’, otra de las cinco obras reconocidas con el Premio CAP 2018, retrata el empoderamiento de estas niñas que están aprendiendo a nadar con unos trajes de baño que cubren la totalidad de su cuerpo, un proyecto ideado por la iniciativa Panje Project.

Fotografía perteneciente a ‘Encontrar la libertad en el agua’, de Anna Boyiazis

Ulla Deventer. Alemania

Pese a la beleza del título, esta fotógrafa revela un episodio desgarrador de la actualidad de Ghana. ‘Las mariposas son señal de algo bueno’ muestra testimonios gráficos del estigma que sufren las prostitutas de Accra y su lucha por la supervivencia. En su día a día hacen frente no solo a las dificultades económicas, sino a episodios del pasado que las aterra y a actitudes misóginas de quienes se acercan a ellas.

Fotografía perteneciente a ‘Las mariposas son señal de algo bueno’, de Ulla Deventer

Ralph Eluehike. Nigeria.

En ‘Sombras de trabajo doméstico’ este artista rescata escenas asociadas a los empleados del hogar que creíamos superadas. Dice Eluehike que con este proyecto pudo comprobar que existen dos mundos diferenciados y muy distanciados entre sí, el de la élite y el de la clase trabajadora y, que esta última llega a experimentar, en ocasiones, una vida de tortura.

Fotografía perteneciente a ‘Sombras de trabajo doméstico’, de Ralph Eluehike.

Jason Florio. Reino Unido.

‘Destino Europa’ narra las labores de rescate a los migrantes que intentaban cruzar el Mediterráneo desde Libia a Europa llevadas a cabo por la ONG MOAS y que este fotógrafo documentó entre 2015 y 2016. Su vínculo con la historia de las migraciones fuera del continente nace en 1998, tras conocer en Gambia a muchos hombres y mujeres que se habían marchado a Europa y que habían perecido en la travesía.

Personas migrantes rescatadas en el Mediterráneo. Fotografía de Jason Florio.

Akpo Ishola. Costa de Marfil.

La fotógrafa se inspira en las palabras de ‘El Principito’ para crear ‘Lo esencial es invisible para los ojos’, un conjunto de imágenes que son retales con los que explora la historia de su abuela mediante los objetos que quedan de su dote. Entre ellos se puede encontrar una cantimplora de madera fabricada por su marido, paños, cuentas, botellas de ginebra, cuencos o espejos. Son bienes entregados por la familia del novio como símbolo para sellar una alianza entre dos familias y poner de manifiesto que un matrimonio no se sustenta solo con el hombre, sino con la ayuda de los familiares. Con este trabajo, Ishola trata de mostrar cada uno de los elementos como un testigo silencioso de la vida matrimonial de la pareja. Al fin y al cabo, cada cuadro o cada paño guarda recuerdos de ambos y, al mismo tiempo, escenas fantaseadas por el espectador que los observa.

Fotografía perteneciente a ‘Lo esencial es invisible a los ojos’, de Akpo Ishola.

Nneka Iwunna Ezemezue. Nigeria

Las fotografías pueden ser al tiempo una denuncia y un homenaje. En ‘Dejar atrás’ las protagonistas son aquellas viudas de algunas comunidades de Nigeria que, ante la muerte de sus maridos, son discriminadas, estigmatizadas y, en algunos casos, objetos de violencia.

Fotografía perteneciente a ‘Dejar atrás’, de Nneka Iwunna Ezemezue.

Delio Jasse. Angola.

El título ‘Ciudad en movimiento’ no podía ser más descriptivo. En esta colección de fotografías, Jasse pone en valor el dinamismo histórico del que goza Luanda y con el que pretende hacer un “ejercicio de memoria” sobre la capital angoleña. Nos encontramos ante una urbe que ha experimentado una modificación estética radical, de infraestructuras, arquitectura e, incluso, de habitantes debido a los profundos cambios sociales y económicos.

Fotografía perteneciente a ‘Ciudad en movimiento’, de Delio Jasse.

Esther Mbabazi. Uganda

Con ‘Las cosas que llevamos’, la autora documenta los objetos más importantes que las personas llevan consigo cuando huyen de la guerra. Fruto de una reflexión sobre el significado emocional de lo material, este trabajo de Mbazazi retrata a refugiados instalados en el campo de refugiados de Bidi Bidi, en el norte de Uganda, y señala que gracias a este proyecto se puede ver a las personas tal y como son, pues portan objetos que podrían estar en cualquier parte o ser de cualquier persona.

Fotografía perteneciente a ‘Las cosas que llevamos’, de Esther Mbabazi.

Amilton Nevez Cuna. Mozambique.

Su trabajo ‘Madrinas de la Guerra’ enfoca a las mujeres que fueron usadas en la Guerra de la Independencia de Mozambique por el Gobierno para preservar el ánimo de los soldados que luchaban contra las fuerzas portuguesas. Al finalizar el conflicto, dio comienzo para ellas su condena al ostracismo y al olvido. Nevez Cuna se introduce en las casas de Maputo donde aún quedan algunas supervivientes.

Fotografía perteneciente a ‘Madrinas de Guerra’, de Amilton Neves.

“Mekatilili es solamente una entre una larga lista de mujeres que transformaron el mundo”

Se llamaba Mnyazi wa Menza, pero se la conocía como Mekatilili. Su nombre, adquirido de su hijo Katilili, ha pasado a la historia sin embargo no por su rol de madre sino por ser la mujer que encabezó el enfrentamiento de su pueblo contra la opresión británica. Un siglo después, los fotógrafos Rich Allela y Dapel Kureng recuperan el recuerdo de Mekatilili para ponerla al frente de su serie African Queens’, una colección que pretende, según cuenta Kureng a Wiriko, “inspirar a las mujeres africanas de todas partes a levantarse contra la desigualdad y la discriminación”.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

“’African Queens’ surge para dar a conocer las leyendas femeninas africanas de tiempos pasados. Mekatilili es solamente una entre una larga lista de mujeres que transformaron el mundo que las rodeaba”, añade. Que la historia real de esta mujer keniana se haya teñido de leyenda tiene que ver con que no existe mucha documentación registrada de la época, que se remonta a principios del siglo XX. Mucho menos cuando quien la protagoniza es del lado oprimido. Mucho menos tratándose de un liderazgo ejercido por una mujer. En cualquier caso, tal y como apunta Kureng, “Mekatilili ha sido reconocida recientemente por su gente al darse cuenta de que no le habían dado el lugar que merecía por su contribución a la libertad en tiempos de esclavitud”.

Ella era la cabecilla de la rebelión de Giriama, una región situada al sur de Kenia, que se enfrentó al régimen colonial entre 1913 y 1914. Mekatilili era viuda, lo que le permitía acceder a más libertades que las que tenían otras mujeres de su cultura. Una de ellas era tener voz en la asamblea de su comunidad, desde la cual se proclamó líder de la lucha contra los trabajos forzados, el aumento de impuestos y el envío forzoso de hombres a la I Guerra Mundial que imponía Gran Bretaña.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

Su liderazgo, no obstante, no le venía por el mero hecho de poder figurar en el órgano de decisión de su pueblo. Mekatilili ganó adeptos a través de la palabra y el baile. En el primer caso porque era una gran defensora de la cultura local, y en el segundo porque fue una conocida bailarina de kidufu, una danza reservada para ceremonias especiales. Esta mujer era madre, era bailarina y fue una destacada activista que nació a mediados del siglo XIX en el seno de una comunidad patriarcal y llegó a convertirse en un referente histórico en la lucha contra la colonización de este país africano.

Entonces, con la dominación colonial, pero también ahora, el foco apunta a lo mismo: el reconocimiento como iguales.  “Queremos representar a mujeres que desde su entorno han encabezado actos de liberación”, explica Kureng. Para este nigeriano, coautor de ‘African Queens’ junto al keniano Allela, ellas son ejemplos necesarios hoy en día (no sólo) en África: “La visión general que hay en los países africanos hacia las mujeres es la de una sociedad patriarcal que abanica las llamas de la suposición cultural de que las mujeres deberían ser vistas y no oídas. Las mujeres, tanto en los pueblos como en las ciudades, están contenidas por ellas mismas y por la sociedad”.

Su representación de Mekatilili, realizada con algunas modelos y mucha edición digital, ha sido tan querida como criticada entre quienes les reprochan falta de precisión histórica en su representación de este icono, a quien sitúan en un paraje árido que no corresponde al de Giriama y con un vestuario que tampoco es el de su cultura. “Nos pusimos completamente en manos de gente de la zona que me contaron qué trajes usar. Y ellos eran kenianos. Pero, por otro lado, en ‘African Queens’ también tratábamos de proyectar africanismo, por lo que buscamos la manera de combinar y fusionar los atavíos kenianos con esta idea”, argumenta Kureng quien señala que, en cuanto a la notoria edición de su trabajo, “el empleo de Photoshop y otras formas de manipulación fotográfica ayudan a acercar la historia a las nuevas generaciones, que se sienten más atraídos y conectan más fácilmente con esta representación de los héroes del pasado”.

Heroínas, en el caso de la colección ‘African Queens’, en la que Mekatilili ha sido la primera pero no será la última. “Queremos inmortalizar la larga lista de mujeres africanas que han contribuido a sacudir el mundo de su tiempo. Su fuerza y vitalidad pueden servir a las mujeres de hoy para despertar del estupor de las normas sociales y las tradiciones que les han colocado un grillete alrededor del cuello”.

African Queens, de R.Allela y D.Kureng.-

Estereotipos y colonización, nuevo punto de mira de Fabrice Monteiro

Hay pistas. Secretos que se desvelan a golpe de comunicado de prensa. Destellos de lo que vendrá. Y la moda del teaser. 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo celebrada a principios de mes en Londres, dejó varios de esos adelantos. La quinta edición de la muestra expuso a más de 130 artistas del continente y la diáspora, acogió a 42 galerías de todo el mundo y citó a Wiriko con el fotógrafo belga-beninés Fabrice Monteiro.

En la sala acondicionada para la galería Mariane Ibrahim de Seattle, Monteiro explica para esta revista su contribución de este año. “Se llama Pitit Noir y es la representación de la colonización europea. Se sitúa en el Congo belga de Leopoldo II, que tomó el país como su propiedad. Los niños estaban forzados a recolectar caucho y a todos aquellos que se negaban se les cortaba la mano derecha. Los europeos fueron a África para obtener beneficio de la mano de obra y los recursos de los países africanos”, explica el artista. En el retrato, el joven porta un crucifijo, blanco, que enfatiza el papel de la religión como “herramienta para mantener África bajo sumisión”.

‘Pitit-Noir’ de Fabrice Monteiro. Cortesía de la galería Mariane Ibrahim Gallery

‘Pitit Noir’ es el avance que Monteiro expuso en 1:54 de su reciente proyecto. Una imagen que formará parte de una nueva serie fotográfica que espera tener finalizada en noviembre y cuyo título será ‘The Eight-Mile Wall’. La inspiración viene de la barrera racial construida en Detroit en 1941. El muro homónimo tenía como intención mantener la comunidad blanca separada de la negra en la ciudad norteamericana, sin embargo la colección nos lleva a África. “Existen estereotipos y clichés sobre racismo en los Estados Unidos, pero esas imágenes están arraigadas en otras muchas sociedades”, comenta el fotógrafo.

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En esta ocasión Monteiro revisita la historia. Vuelve a los tiempos y consecuencias de la colonización, pero manteniendo el enlace con los asuntos globales contemporáneos. El trabajo del fotógrafo es una llamada de atención social desde un prisma africano, en la línea de su colección anterior, ‘The Prophecy’, un reclamo visual contra el cambio climático. Afincado en Dakar, Monteiro hizo que sus fotografías se convirtieran en un conglomerado de diseño y moda que retrataban a los dioses de la basura. “The Prophecy es un cuento: la madre tierra está siendo asesinada. Se enferma cada vez más y es hora de hacer algo”, rememora de un trabajo que contó con nueve fotografías. La serie se realizó en Senegal, pero posteriormente Monteiro añadió una en la Gran Barrera de Coral, en Australia; y otra en el solar de residuos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra.

Monteiro Indaga en la cultura y las creencias africanas, y las inserta en el contexto actual. Una simbiosis que tiene como ejemplo las figuras de ‘The Prophecy’, que proyectan la naturaleza animista del continente africano, a la par que muestran un ensayo fotográfico de actualidad. Una mezcla de tradición y modernidad que se observa en la trayectoria del artista que utiliza la fotografía como medio educativo. Sin embargo, “no se trata de estigmatizar a África. El problema medioambiental es un asunto mundial y humanitario por mucho que el señor Trump se empeñe en negarlo”. Monteiro intenta concienciar a golpe de fotografía. “Soy un ciudadano de este planeta y tengo la capacidad de crear imágenes y después dejar que los otros las juzguen”, concluye.

Otro enfoque para Mali

Existen otros disparos procedentes de Mali y su ángulo de visión abarca cinco décadas de prácticas culturales, políticas y sociales que han sido recogidas en un proyecto de conservación y acceso a la riqueza fotográfica de este país africano. Se trata del Archivo de Fotografía Maliense, un espacio ubicado en La Maison Africaine de la Photographie, en la Bibliothèque Nationale de Bamako, que además, ya está disponible también online.

Adama Kouyaté (Costa de Marfil, 1967) / vía Archive of Malian Photographie.-

La fotografía en Mali no es nada nuevo. Su introducción data de 1880, cuando los oficiales franceses introducen esta práctica que posteriormente continuarían administradores coloniales, misioneros y expatriados franceses hasta llegar a manos de los propios malienses, quienes tomarían el relevo para captar mediante imágenes la evolución de su territorio a partir de la década de 1940. Desde entonces, cuando aún era conocido como Sudán francés, este país se establece como un centro neurálgico de la fotografía en África. Una concepción que llega hasta nuestros días, en los que Mali constituye un nexo internacional de la fotografía a través de la Bienal africana de Fotografía Rencontres de Bamako, presente en la capital maliense desde 1994.

Y si bien el interés por conocer también estos disparos malienses se ha incrementado en las últimas décadas, el acceso a sus inicios fotográficos se ha caracterizado por ser mínimo, hasta el punto de que bien podía equipararse a un mapa del tesoro, con colecciones de fotógrafos desperdigadas en archivos privados que no permitían que vieran la luz y facilitan el estraperlo. Con este muro se encontró la profesora de Historia del arte africano y cultura visual de la Universidad de Michigan Candance Keller, cuando en el año 2002 comenzó su investigación sobre la práctica fotográfica de este país africano. Keller mantuvo encuentros con alrededor de 150 fotógrafos y sus familias. Todos tenían en común su preocupación por el deterioro de las imágenes y su inapropiada explotación.

Abdourahmane Sakali (Bamako, Mali. 1958) / Vía Archive or Malian Photographie.-

Así surge el Archivo de Fotografía Maliense, un proyecto para preservar y dar a conocer este patrimonio visual que lleva gestándose desde el año 2011. El primer paso fue comprobar qué archivos fotográficos eran aún susceptibles de recuperarse. Su almacenamiento en casas familiares en un clima tan duro como el de Mali los exponía al calor, el polvo y la humedad, lo que ha hecho que algunas colecciones no puedan ser recuperadas. De aquellas que sí podían salvarse, se optó por seleccionar las que reflejaran una visión histórica del país y la región a través de los cambios y continuidades de las prácticas culturales, la producción artística, las tendencias sociales y las realidades políticas de las ciudades de Bamako, Segu y Mopti, principalmente.

Mamadou Cissé (Kita, Mali. 1960) / vía Archive of Malian Photographie.-

De este modo, los objetivos de conservación y acceso han respondido a estos parámetros temáticos y al criterio de reconocimiento local e internacional de los trabajos fotográficos. Por ello, las imágenes iniciales del Archivo reflejan las miradas de Mali y de algunos países de la región a través de los ojos de Abdourahmane Sakaly (1926-1988), Mamadou Cissé (1930-2003), Tijani Sitou (1932-1999), Malick Sidibé (1936-2016) y Adama Kouyaté (1927). Sus hijos y los aprendices nombrados por sus familias han sido los encargados de las labores de limpieza y catalogación de los negativos para su posterior almacenamiento y digitalización.

Tijani Sitou (Mopti, Mali. 1978) / Vía Archive of Malian Photographie.-

Por el momento, se puede acceder vía online a alrededor de 28.000 fotos de estos

Malick Sidibé (Mali, 1985) / Vía Archive of Malian Photographie.-

autores, pero el objetivo del Archivo es alcanzar las 100.000 imágenes restauradas y escaneadas. Su directora, Candance Keller, y el gestor del proyecto en Bamako, Youssouf Sakaly (el hijo de Absourahmane Sakaly, nombrado anteriormente),  han declarado recientemente a Afrique in visu que ya están trabajando en una sexta colección, la del fotógrafo Félix Diallo, quien residió en el pequeño pueblo de Kita, al oeste del país, y se especializó sobre todo en retratos de personas que vivían en entornos rurales.

Con el apoyo del Programa de Archivos en Peligro de la Biblioteca Británica en una primera fase, y posteriormente de la Fundación Nacional para la Preservación, ahora el proyecto busca financiación para continuar su investigación fotográfica en otras zonas, como Tombuctú. Con su lanzamiento web, el Archivo de Fotografía Maliense difunde una imagen de Mali que no es mejor ni peor que la que suele mostrarse, simplemente contribuye a que no haya un solo enfoque, lo que permite que este país africano se contemple desde una visión más real.

Aida Muluneh: la fotografía como herramienta para el desarrollo

*Por Ana Henríquez

El pasado 30 de marzo la artista Aida Muluneh acudió al CAAM (Centro Atlántico de Arte Moderno) de Las Palmas de Gran Canaria a impartir una conferencia titulada “La comunicación visual para el cambio: el papel de la fotografía en Etiopía y más allá”. Muluneh es una de las artistas visuales más prestigiosas del continente africano. Aunque la mayor parte de su vida ha transcurrido en Occidente (Reino Unido, Chipre, Canadá y Estados Unidos), desde que volvió hace diez años, trabaja por y para su Etiopía natal.

Referentes

En la historia de la fotografía en su país, Muluneh destaca el legado de artistas franceses y armenios que retrataron a la corte del emperador Haile Selassie y subraya la técnica de principios del siglo XX consistente en pintar a mano las instantáneas reveladas. Como uno de sus mentores, sobre todo por su inspirador empleo del blanco y negro, Aida Muluneh rescata la figura del afroamericano Chester Higgins Jr.
Si bien lamenta que “en los años ochenta la única imagen que el mundo tenía de Etiopía era la de las hambrunas”, la que fuera fotoperiodista en el Washington Post reconoce la valía del trabajo del keniano Mohamed Amin que, con sus fotos de la ola de hambre de 1984, atrajo la atención internacional para ayudar a la población en crisis.

Cuando fue invitada a participar en 2007 en el encuentro fotográfico más importante de África, la Bienal de Bamako (momento que describe como “la epifanía de mi carrera”), recuerda con especial ilusión haber conocido al maliense Malick Sidibé, a quien admira por su elegante obra y por la pasión que reflejaba en sus imágenes, cualidad indispensable para ser fotógrafo, según Muluneh. “Fue testigo de su tiempo documentando la sociedad en la que vivió y lo hizo desde su estudio, mediante sus retratos, sin esperar reconocimiento”. La Bienal de 2007 le sirvió también para conocer a muchos fotógrafos africanos y para darse cuenta de que no estaba sola, de que había más personas que, como ella, querían ofrecer otra visión del continente.

Cultura y mujer en el desarrollo

Los tres meses que pensaba quedarse en Etiopía se han convertido, por ahora, en una década. Decidió instalarse en el país de donde se había marchado con solo 5 años de edad por una imperiosa necesidad de hacer cambios y sentir que aportaba algo a su sociedad de origen. ¡Y vaya si está aportando! Tiene tres frentes abiertos: Desta for Africa (DFA), el Addis Foto Fest (AFF) y su propia carrera como fotógrafa artística.
De esta última, procede su aportación a la exposición del CAAM “El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas”: la serie fotográfica de 2015 “Dinkenesh”, nombre que los habitantes de la región de Afar dieron a Lucy, el primer antecesor del ser humano cuyos restos fueron encontrados en Etiopía en 1974. En las tres obras de la serie, se aprecian dos de las constantes de Muluneh: la elección de modelos femeninas y etíopes y el uso de la pintura corporal hecha por las poblaciones del sur del país. Con este trabajo, la artista quiere que “las mujeres tomemos conciencia de nuestro poder y de que, pese a las dificultades, podemos contribuir al desarrollo”.

Fotografía de www.caam.net

Para Aida, este desarrollo debe incluir dos ingredientes: arte y cultura. “Los artistas nos olvidamos de que podemos contribuir a cambiar la sociedad y de que podemos ser parte de ese cambio”. Llevada por esta motivación, creó y dirige tanto la organización Desta for Africa como el festival Addis Foto Fest.
Desta es el acrónimo de Developing and Educating Society Through Art y también significa ‘felicidad’. Con este nombre bautizó Muluneh a su organización por el desarrollo cultural, mediante la cual imparte talleres, monta exhibiciones y genera intercambios creativos con el objetivo de potenciar la fotografía en la esfera artística de Etiopía. “El mercado mundial de la fotografía mueve diez mil millones de dólares y lo que aporta África apenas representa el 1%”, subrayaba Aida Muluneh en su conferencia. El Addis Foto Fest (AFF) es un festival fotográfico internacional que se celebra cada dos años, desde 2010, en la capital etíope.

Si bien a Aida le gusta que la fotografía “invada” toda la ciudad, para lo que suele disponer exposiciones en distintos puntos de la misma, muy a su pesar la última edición (diciembre de 2016) tuvo que celebrarse en un solo lugar, el hotel Sheraton Addis, por el estado de emergencia que se había decretado en todo el país. Pese a esta limitación, el festival logró reunir a 134 artistas de más de 40 países de todos los continentes. Y cada vez son más los fotógrafos etíopes que participan: en el AFF 2010 fueron 5 y, en este último, ya sumaron 30 los artistas que, como su compatriota Aida Muluneh, quieren demostrar a sus colegas y al mundo entero su talento y las múltiples Áfricas que existen.

Fotos de www.aidamuluneh.com

Sammy Baloji: confrontación entre el pasado y el presente en el Congo

Lubumbashi, la segunda mayor ciudad de la República Democrática del Congo, es la capital de la región de Katanga, una zona rica en algunos de los minerales más cotizados del mundo, tales como el cobre, los diamantes o el coltán. Lubumbashi es, también, la ciudad en la que se encuentra la sede de Gécamines, una de las compañías mineras más importantes de África y la más grande de la RDC. Fundada en 1906 por colonizadores belgas y nacionalizada en 1966 por el gobierno congoleño de Mobutu Sese Seko, a finales de los años 80 llegó a suponer el 85% de las exportaciones de todo el país, antes de rozar la bancarrota en los 90 debido a, entre otras razones, la falta de inversión en las infraestructuras.

Mémoire (2006)

Lubumbashi es, además, la ciudad natal del fotógrafo Sammy Baloji (1978), cuya obra está impregnada de la historia de su región. En 2007 recibió dos premios en la Biennal Africaine de la Photographie Rencontres de Bamako (Mali) y en 2009 el Prince Claus Award de los Países Bajos “por llevar la realidad actual congoleña a la plataforma internacional, por su importante contribución a la memoria del Congo proveyendo una nueva lectura del presente, y por el reto de demostrar que el desarrollo solo puede realizarse después de tener en cuenta los traumas del pasado”.

Sammy Baloji cuestiona la versión oficial de la historia colonialista confrontando el pasado con el presente a través de fotomontajes. Una de sus series más conocidas es Mémoire (2006), en la que yuxtapone retratos de archivo en blanco y negro de trabajadores de las minas durante el colonialismo belga con fotografías actuales de lo que queda de aquellos edificios industriales. En Mémoire, Baloji reduce la dimensión espacio-temporal para criticar la herencia colonial industrial, la destrucción de la identidad, la imagen de los negros en el imaginario colectivo occidental y la desilusión poscolonial.

Congo Far West (2011)

En 2011, el fotógrafo presenta otros dos trabajos sobre la historia reciente de su país y sus ecos en la actualidad. El primero, Congo Far West, es una nueva lectura de la Mission Scientifique du Ka-Tanga que realizaron los belgas entre 1898 y 1900. Baloji sobrepone retratos de archivo del fotógrafo François Michel en paisajes del pintor Léon Dardenne, ya que ambos acompañaron a la expedición e ilustraron el informe final. Con sus fotomontajes, utilizando el mismo material que la propaganda colonial pero presentándolo de forma muy distinta, Baloji muestra cómo la fotografía ha sido utilizada para crear una mirada de superioridad frente al “otro”, que nunca fue visto como un igual, sino que se presentaba completamente deshumanizado, clasificado y analizado como un objeto de estudio, hecho que ha marcado profundamente los clichés de la sociedad occidental actual.

El segundo trabajo de 2011 es Kolwezi, una serie de fotomontajes en los que el fotógrafo muestra el contraste entre las minas de Kolwezi (RDC) y los coloridos pósteres que adornan los hábitats de los trabajadores, como fantasía de una vida mejor. Mediante las duras condiciones de vida de los mineros frente a imágenes de sociedades idílicas e idealizadas, Baloji denuncia el resultado de la explotación de los recursos de Katanga, tanto en el pasado como en el presente, ya que la historia de la compañía Gécamines ya no puede separarse de la del país ni de la de su gente, y alude también a los efectos depredadores del capitalismo global.

Kolwezi (2011)

Sammy Baloji ofrece una imagen del presente de la RDC a través de su historia reciente, retratando a una sociedad cuyo país se ha convertido en terreno de juego de exploradores, misioneros, hombres de negocios y mercenarios desde que pasó a ser propiedad privada del Rey Leopoldo II de Bélgica hasta nuestros días, sufriendo una violenta colonización, una dictadura y dos sangrientas guerras, y que ahora abre un nuevo capítulo neocolonial con la llegada de los contratistas chinos. “Mi lectura del pasado congoleño es una manera de analizar la identidad africana actual, a través de todos los sistemas políticos que la sociedad ha experimentado. La esencia de mis temas está en la vida diaria de la gente del Congo, que es el resultado de su reciente pasado”.

 

“Solo tienes que ir a lugares interesantes, la fotografía te encontrará”

Y la fotografía encontró al ghanés Nana Kofi Acquah, hoy considerado uno de los 100 fotógrafos a los que hay que seguir a nivel mundial. Acquah descubrió la fotografía cuando trabajaba en publicidad como redactor en 2002 y decidió unir el periodismo con su experiencia en publicidad para “reposicionar el continente a través de un nuevo discurso e imaginario”. Desde hace más de una década busca las mejores instantáneas de la vida cotidiana de las ciudades y pueblos de varios países del continente, como muestra en “Everyday Africa”, proyecto en el que participa junto con otros 30 fotógrafos, y que tiene como objetivo retratar la “vida normal” de sus habitantes a través de Instagram.

Un rápido vistazo a su trabajo es suficiente para ver que las mujeres son el hilo conductor de sus series fotográficas: “mi misión artística es cambiar la narrativa sobre las mujeres africanas, que habitualmente son retratadas como víctimas de las circunstancias”, aseguraba el artista en la BBC a propósito de su proyecto “100 women”. En 2016 expuso “Don’t call me beautiful”, una selección de fotografías que Acquah ha realizado durante los últimos diez años, centradas en los retos, éxitos y esperanzas de las mujeres que se ha ido encontrando a lo largo del camino. Un homenaje a unas luchadoras a menudo invisibilizadas.

Hemos querido indagar más sobre la cuestión de género presente en sus fotografías y su percepción sobre la situación de la mujer en los países africanos por los que ha viajado con su cámara:

Cuéntame acerca de tu proyecto fotográfico “100 women“, en el que muestras un gran interés en la vida cotidiana de las mujeres, ¿por qué este enfoque? Y, ¿por qué las mujeres?

Realmente ha sido un privilegio que la BBC destacase este proyecto, no me lo esperaba. Como fotógrafo documental y periodista, he trabajado extensamente en muchas partes de África en muchas historias diferentes: el VIH/SIDA, el ébola, el paludismo, la salud materna, la tuberculosis, etc. y resulta bastante obvio que las mujeres y los niños son las víctimas naturales cuando las cosas van mal en una sociedad. Los hombres también se ven afectados, pero en África es más fácil para un hombre levantarse e ir a probar suerte a otros lugares. No para la mujer, especialmente si tiene hijos.

¿Cuál ha sido tu gran descubrimiento relacionado con el papel de la mujer en África durante el desarrollo del proyecto?

Creo que uno de los mayores obstáculos en África es que las mujeres no reciben el crédito que merecen. Hemos tenido presidentas de naciones, juezas, inventoras, científicas, políticas, guerreras, médicas, abogadas, artistas, músicas, etc. y aún nos negamos a tratarles con el debido respeto. En Ghana las mujeres trabajan muy duro. Si conduces por el país, las ves en granjas, en mercados, con la venta ambulante por las calles y en los barrios e incluso en oficinas en puestos altos. Pero cuando una mujer tiene éxito, enseguida se insinúa que usa su apariencia y el sexo y no su cerebro para ascender. Es ofensivo.

Te consideras feminista. A pesar de que las cosas están cambiando, no es muy habitual que un hombre se reconozca a sí mismo públicamente como feminista ¿qué tipo de reacciones te encuentras a tu alrededor?

No me importa ser considerado feminista pero también creo que lo que me describe con mayor precisión es que soy un hombre al que le interesan los derechos y el bienestar de las mujeres e intento apoyarles y concienciar a través de mi trabajo. También sé que como hombre puede que no entienda todo con lo que una mujer tiene que lidiar. Pero a mi manera y de la mejor forma que puedo, me gusta ser parte de la solución y no del problema.

¿Cómo puede tu trabajo contribuir a la lucha contra el machismo en nuestras sociedades?

Curiosamente yo vengo de una etnia que es matriarcal. Esto no significa que no sea consciente de que el mundo es predominantemente patriarcal. Y pienso que la mayoría de los hombres están ciegos ante el patriarcado. Me tomó un tiempo darme cuenta de que las cosas son más fáciles para mí que para las mujeres en la mayoría de los casos, por lo que espero que, celebrando constantemente las mujeres exitosas o planteando cuestiones que afectan a las más vulnerables, la conciencia vaya creciendo.

También estás interesado en capturar la vida cotidiana de los pueblos africanos ¿Qué dirías que podemos ver y aprender de esta cotidianidad?

Cuando se oye “África”, ¿qué suele venir a la mente? Pregunta eso en Europa, América y Asia, y las respuestas que oirás generalmente son pesimistas y la falsas. África es más que la perspectiva de National Geographic. Somos más que leones, jirafas, guerras y rebeldes, los pechos desnudos de las mujeres y niños hambrientos con moscas. Mi fotografía es un constante intento de impugnar esos estereotipos.

Dices que la poesía es tu primer amor, y tus imágenes están generalmente acompañadas por un pequeño texto. ¿Qué va primero, las imágenes o las palabras?

Lo primero es el pensamiento, y luego ya averiguar cuál será su mejor medio de expresión.

¿En qué estás trabajando ahora?

Ghana, mi país, cumple 60 años. Quiero sacar un libro de fotografías que celebre la nación.

 

*Artículo publicado originalmente en el Boletín de Estudios Africanos el 16 de enero

‘Trasatlántica PHotoEspaña’ desembarca en Senegal

* Por Alexandra Gil Taboas

Trasatlántica PHotoEspaña lleva diez años navegando entre España y América Latina para otear el trabajo de sus mejores fotógrafos. Creada en 2009 como “foro de fotografía y artes visuales para Iberoamérica”, Trasatlántica decidió este año y por vez primera ampliar su marco de actuación para desembarcar en el decimoséptimo país que visita, Senegal.

Moctar BA

Desde este verano, y con la colaboración de la sección Cultural de la Embajada de España en Senegal, el equipo de PHotoEspaña en Madrid se ha puesto manos a la obra en la búsqueda de talentos de la fotografía en el país. De entre todos los portfolios recibidos, veinte de ellos serían seleccionados para enfrentarse al criterio de expertos de la talla de Claude Bussac (Directora General de La Fábrica), Patrick Manac’h (cofundador de la Maison de la Photographie de Marrakech), Ricardo Vázquez (Director del Hôtel des Arts de Toulon), Mamadou Gomis (fotógrafo y miembro fundador de la Unión de fotoperiodistas de Senegal) y Delphine Calmettes (Directora artística de la galería Le Manège de Dakar, asociada al Instituto Francés). Además, el visionado de portfolios estaría precedido de un taller de capacitación cultural financiado por la cooperación española, en el que aquellos excluidos del mismo pudieron perfeccionar sus trabajos fotográficos para futuras ocasiones.

Un visionado de porfolios consiste en mantener reuniones personalizadas con cada uno de los comisarios y editores presentes. La hornada de jóvenes talentos de la fotografía senegalesa no quiso desaprovechar la oportunidad y llegaría a sus citas cargada de temas de actualidad; entre los más recurrentes la mendicidad infantil, la pesca, la emigración, la lucha o la realidad y ritos de las cofradías religiosas del país. Para los más curiosos, una selección de fotos de cada participante se puede ver en este enlace (hacia el final de la lista).
En palabras de Ricardo Vázquez “varios trabajos merecen un desarrollo y se podrían exhibir en centros de arte. El problema es que las fotos no siempre se entenderían fuera del contexto senegalés, pues el fotógrafo puede estar muy familiarizado con el problema pero éste no tiene por qué haberse reflejado con exactitud en la imagen tomada. Deben mostrarnos lo que no se ve”. Esta idea es compartida por el resto de visionadores, quienes han insistido en la importancia de profundizar en los temas retratados para contextualizar mejor cada trabajo, la búsqueda de coherencia y posicionamiento así como el dar rienda suelta a las singularidades de cada fotógrafo sin perder de vista el desarrollo de un lenguaje universal.

Trasatlántica en Dakar ha demostrado el fuerte pulso del país y de su juventud en cuanto al sector de la fotografía se refiere. Sin embargo, en palabras de Mamadou Gomis, “la fotografía senegalesa está marginalizada. Aunque muchos fotógrafos sí consiguen abrirse camino y tener proyección internacional, la gran mayoría se deja explotar por la prensa o se vende a fines comerciales. En el país falta formación profesional y artística entorno a la foto, lo cual merma la confianza de los fotógrafos y no les ayuda a ir muy lejos”. Otro de sus grandes retos es el de aumentar la participación y visibilidad de las mujeres en eventos como este, donde su presencia ha sido muy baja. A pesar de las dificultades, existen interesantes iniciativas colectivas locales como Sunu Nataal, que auto-gestiona sus propias formaciones, conferencias y exposiciones de fotografía, o Passion Photo Senegal, cuyo hashtag #pp221 (prefijo telefónico de Senegal) acompaña a múltiples fotos del país en Twitter.

Tras su paso por el Aula Cervantes de Dakar, donde se realizaron todas las sesiones de Trasatlántica, los trabajos de los seleccionados competirán por el Premio Descubrimientos 2017 junto a porfolios venidos de Lima, Panamá y Madrid, haciendo realidad la primera incursión de fotógrafos africanos en esta categoría. Además, un/a comisario/a independiente hará una selección de fotografías que formarán parte de una exposición colectiva que podremos contemplar en la Sección Oficial de PHotoEspaña 2017. A escala nacional, profesionales y comisarios residentes en Senegal contemplan ya la posibilidad de realizar una “exposición colectiva” y un “catálogo en red”. Sea como sea, la red profesional e internacional está ya creada y si algo ha quedado claro a visionadores y asistentes a la actividad es que Omar Victor Diop y Mamadou Gomis tienen el relevo asegurado.

Tsoku Maela: viaje por la depresión a través de la fotografía

Tras pasar una semana en observación en un hospital por un fuerte dolor que le oprimía el pecho, Tsoku tuvo mucho tiempo para pensar. No era la primera vez que acudía al médico ni que salía de allí sin un diagnóstico. “Estar con otros pacientes que llevaban más tiempo me hizo pensar mucho sobre mi vida y sobre lo que quería hacer con ella. Así que cuando volví a casa empecé a documentar cómo me sentía a través de la fotografía”. Así fue como Tsoku Maela empezó su carrera como fotógrafo.

A nest of a dream. Tsoku Maela

A nest of a dream. Tsoku Maela

Abstract Peaces es un diario fotográfico de las visiones y sensaciones del sudafricano, un autorretrato metafórico de las diferentes etapas de su depresión y ansiedad: una cabeza que se convierte en humo, la dualidad cuerpo-mente, el miedo representado por tiburones, la soledad, la espera, la huída, la rabia y el arrepentimiento. Sentimientos universales y humanos plasmados en imágenes surrealistas.

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*Artículo publicado en Planeta Futuro el  10 de octubre de 2016 en el marco de la colaboración Wiriko/Planeta Futuro

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