Reflexiones y autocrítica contra el fanatismo

Alcanzó el éxito, se codeaba con la élite y podía escoger entre una cierta opulencia, pero ahora lo recuerda desde una pequeña habitación a oscuras, con las ventanas prácticamente selladas, excepto por unas rendijas apenas imperceptibles, y en el más absoluto silencio. Y lo recuerda, sobre todo, en el estado de expectación de la presa acorralada, con el pánico a flor de piel en cada sonido que escucha y mientras espera que llegue el momento en el que sus perseguidores le descubran. Eso es lo que le ocurre al protagonista de Estoy solo, la novela del escritor mauritano Beyrouk, traducida por Alejandro de los Santos, para iniciar la colección Libros del Baobab, publicada por la editorial Libros de las Malas Compañías.

El relato es un monólogo marcado por la honestidad a la que empuja la sospecha de un final próximo. A través de ese ambicioso escritor sitiado por el fanatismo que intenta sobrevivir entre la oscuridad y el silencio refugiándose en sus pensamientos, Beyrouk destila una reflexión sobre la situación de toda una región atenazada por el extremismo. El autor, aprovecha la introspección para permitirse una visión autocrítica, una pequeña lección sobre todas las condiciones que llevan a esa “locura” a deslumbrar a tantos, los abusos del poder, las propias debilidades íntimas, la instrumentalización de las diferencias y la violencia, la violencia como lenguaje de los que no tienen demasiado que decir.

El escritor mauritano Mbarek Ould Beyrouk. Fuente: Casa África

Beyrouk maneja con soltura y con maestría una prosa poética que hunde sus raíces en la tradición literaria de la región del Sahara y que permite hacer fluir un relato demoledor. El protagonista regresa a una ciudad sin nombre situada a las puertas del desierto y alejada de la vida de la capital y se encuentra que en su ausencia, mientras se deleitaba en la tranquilidad de las arenas, la localidad ha caído en manos de grupos extremistas religiosos. Él es un objetivo de los terroristas porque ha defendido a las fuerzas del gobierno y, a través de sus artículos, ha intentado colocar a la población en su contra; así que se ve obligado a esconderse. Nezha, un antiguo amor, es la única que le ofrece amparo, ese escondrijo desde el que ve pasar furtivamente la vida por el único espacio de calle que le permite una rendija en la ventana y en el que reflexiona sobre la situación y sobre su vida, porque uno de los elementos fundamentales de este monólogo es la autocrítica.

“Ahora lamento mucho haber estado del lado de esos patanes que acabaron dándose a la fuga, no era a ellos a quienes respaldaba con mi lengua y con mi pluma, sino a mí mismo, tener una posición envidiable, beber agua fresca que emanaría de una fuente nueva, vestirme con el falso resplandor que contemplaba ávidamente, ver corazones abrirse y cuerpos entregarse, codearme con los pudientes de la ciudad para seguir ascendiendo, ese era el sueño donde me bañaba, y luego llegaron esos bárbaros que no conocer la luminosidad, que tienen el cuerpo áspero y el espíritu retorcido”

El protagonista piensa en su recorrido vital, sus traiciones, incluida la que reservó a Nezha, la mujer a la que de verdad amaba, en pos de la vida mucho más apasionante que parecía ofrecerle la hija del alcalde. Repasa sus faltas, su paso por la delincuencia hasta que se le presentó la ocasión de codearse con quienes mandan y se entregó al dinero y al poder. Ese trayecto está cargado de paralelismos en relación a los agravios que han allanado el camino a los terroristas, los desmanes de los poderosos, los privilegios y los abusos de poder que imperceptiblemente han ido alimentando ese ejército de humillados y despechados. A la cabeza de los que se encuentra, precisamente, Ethman, uno de sus mejores amigos, que se fue hundiendo en las arenas movedizas del extremismo, en gran medida, aunque no solo, ayudado por la bota de los poderosos, de los que violaron y asesinaron a su prometida, de los que le despreciaron cuando exigió justicia, como si se tratase de una metáfora.

“Ethman fue el primero que infundió la ceguera y la locura aquí, fue él el primero en abrirse a los nuevos nihilismos. Y él no tiene excusas, pues la violación de Hanna no fue cometida por el mundo entero, debería haberse vengado de los esbirros, pero Ethman vio a todo el universo detrás del acto, ahora odia, eso es todo, es su nueva forma de vivir”

Precisamente, el protagonista confinado recurre al recuerdo de uno de sus antepasados, Nacereddine, que había liderado una lucha en nombre de dios con una características bien diferentes a las de los combatientes de los que él se oculta. Una historia paralela, que además, ayuda a sumar matices, pero también paradojas.

“Ancestro, reconozco que incumplí tus enseñanzas, pero no hay que olvidar que no soy un santo, no soy un héroe, nunca he querido serlo, el santo, el héroe, lo eres tú, antepasado, que sucumbiste muy joven ante los golpes de tu verdad”

“Madre, tu antepasado Nacereddine, era un sabio y un santo, pero ¿qué le ha aportado a nuestra tribu? ¡Únicamente derrota, sumisión o exilio!
Madre, hoy los adinerados de nuestra ciudad son unos ignorantes advenedizos, no tienen historia, madre, ni padres que haya estudiado, o conquistado, y se la s…, madre, no aceptaría verte pasando penurias, la falta de agua pura o de medicamentos”

Estoy solo es una auténtica lección de la actualidad del Sahel, pero también es un placer literario, una historia conducida con pericia, que va regulando la información que se devela para construir con delicadeza el mosaico de la realidad y un estilo que envuelve la lectura con la evocación de un tono poético, incluso cuando relata la fealdad y la desgracia.

Libros del baobab es una atrevida iniciativa que intenta a través de la complicidad de un grupo de apasionados de las literaturas africanas y la editorial Libros de las Malas Compañías aumentar y diversificar las voces que nos llegan. Este trabajo de Beyrouk es una perfecta muestra de su espíritu porque el autor mauritano es un auténtico desconocido en España, a pesar de su reconocimiento internacional. Los y las impulsoras de esta particular colección cuentan con alimentar la interacción con los lectores y se distribuye en gran medida a través de suscripciones, aunque también se pueden adquirir sus propuestas a través de la web de la editorial y en numerosas librerías.

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Ciberactivista, periodista y amante de las letras africanas. Co-fundador de Wiriko. Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín.
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