Helen Oyeyemi: “La literatura me hace que valga la pena estar en este mundo”

Helen Oyeyemi habla prácticamente en un susurro y se mueve con delicadeza y con suavidad transmitiendo fragilidad. Da la impresión de sentirse más cómoda escribiendo sus propias historias que hablando sobre ellas con extraños. Sorprendió a la industria editorial y al público con una exitosa primera novela cuando todavía no había terminado el instituto. Ahora, con 34 años, ha publicado ocho libros y ha recogido el reconocimiento de la crítica y de los lectores. En 2013, la prestigiosa revista literaria Granta incluyó a Oyeyemi en una lista los 25 mejores novelistas británicos de menos de 25 años. La escritora se ha atrincherado en una particular narrativa en la que acostumbran a convivir mundos imaginarios y reales y en la que son habituales los giros de argumento insospechados. Nació en Nigeria y, cuando tenía 4 años, su familia se trasladó al Reino Unido, ahora tuerce el gesto cuando escucha la más mínima referencia a la etiqueta “africana” para su narrativa. Ha visitado Barcelona en la promoción de Lo que no es tuyo no es tuyo, una colección de cuentos que supone la tercera de sus obras que la editorial Acantilado publica en español, después de El señor Fox y Boy, Snow, Bird.

La escritora Helen Oyeyemi. Fuente: web de la autora.

Tiene la etiqueta de escritora precoz, ¿ha sido un lastre o una ventaja?

En realidad, cada vez que he escrito un libro me he centrado en la historia que quiero contar. Ese es el motivo por el que escribo. Cada libro es una oportunidad para probar una voz distinta, jugar un juego algo distinto. Mi forma de escribir se centra en cada proyecto y muchas veces sé que a mucha gente no le va a gustar lo que haga, pero eso no es impedimento para que lo haga.

Cada libro es un juego, una de sus características es que su forma de narrar es habitualmente rompedora. ¿Hay una voluntad de provocación en la ruptura de algunos límites?

No, expresamente. Pero creo que la forma de escribir de cualquier escritor refleja su percepción de la realidad. Yo no soy muy sospechosa de una narrativa lineal con mensajes inequívocos que solo se puedan interpretar de una forma. Creo que esas narrativas no son verdaderas y por eso acabo escribiendo algo que se opone completamente a esa linealidad.

¿Quiere decir que su forma de ver la vida tiene que ver con esos mundos imaginarios y flexibles?

Sí. Entiendo lo imaginario y lo real como dimensiones que verdaderamente son iguales y que se dan forma y se alimentan entre ellas.

Los cuentos de hadas están muy presentes en sus historias, ¿disfruta deformándolos?

Creo que es mejor ver mis libros uno por uno, hay dos de los ocho libros en los que he reescrito un cuento de hadas, pero no se trataba de que el elemento cuento de hadas fuese el más importante, sino que aprovechaba una forma narrativa. Cogía algunos elementos establecidos que todo el mundo conoce y luego los utilizaba para contar una historia en la voz de una heroína de los años cincuenta o de un escritor norteamericano de la década de los años treinta. Todo está en la forma de narrar.

Hay otra constante en sus historias, sus personajes principales son mujeres.

(Helen Oyeyemi ríe divertida) Justo el libro que estoy escribiendo ahora mismo tiene como protagonistas a dos hombres. No lo he hecho expresamente (vuelve a reír). Me interesan las mujeres, desde la perspectiva que apunta Virginia Wolf en Una habitación propia. Me interesa la visión de las cosas que se ve tangencialmente, la que se ve por el rabillo del ojo. Me interesa más lo que se percibe ligeramente que lo que llena todo el campo de visión.

Pero, ¿le resulta más fácil imaginar un personaje complejo femenino que masculino?

No creo que haya diferencia, cuando pienso en un personaje, me interesa lo que quiere esconder y parto de esa premisa y después veo por donde va evolucionando.

Ha mencionado el libro en el que está trabajando ahora. ¿Qué nos puede avanzar?

(Aparenta hacer una confidencia) La acción pasa en un tren, una pareja va de luna de miel y acaban con mucha más luna de miel de lo que se esperaba. Hay un poco de misterio (sonríe).

En Lo que no es tuyo no es tuyo hay una historia ambientada en Catalunya, ¿de dónde viene?

Es sencillo, fui a La Pedrera y me encantó el edificio, así que poner la casa en un cuento era una forma de apropiármela. La hice mía colocándola en un cuento.

¿Acostumbra a hacer eso, apropiarse de cosas que le gustan a través de las narraciones?

Sí, es una forma de integrar y conectar elementos que de no ser así no tendrían relación entre ellos. Es como una forma de crear mi propio territorio.

¿Escribe para crear otro mundo más amable?

No creo que sea posible escaparse de este mundo, por desgracia. De hecho, una de las cosas más maravillosas de la literatura es que me reconcilia con el estar aquí, me hace que valga la pena estar en este mundo.

A menudo se ha visto el tema de la identidad en sus primeras novelas.

Me lo han dicho varias veces. Me han dicho que mis libros hablan sobre la identidad. Pero yo pensaba que había escrito un cuento de terror sobre un hombre con un amigo imaginario. Creo que lo mejor es que los libros sean lo que son y no intentar hacer que parezcan algo más importante utilizando términos muy concretos.

¿Reclama la literatura como entretenimiento?

Es parte de lo que quiero que sea. Quiero que la literatura sea todo lo que es sin que se le asigne una función concreta. Creo que la literatura es seria por naturaleza, como la vida, pero no es necesario decirlo una y otra vez.

Su última novela Gingerbread aún no se ha publicado en español, ¿qué tiene de especial?

Siento que tiene un corazón más cálido, destila más esperanza. Se preocupa más por el valor de las cosas, lo que vale cada cosas para el individuo y el grupo. Hay una mujer que mide su vida en base al pan de gengibre, pensando lo que puede conseguir de la vida y lo que ella quiere del mundo.

Y sobre Lo que no es tuyo no es tuyo, su último libro editado en castellano ¿Qué es lo que los lectores van a encontrarse?

No puedo prometer nada a nadie (ríe). Son nueve llaves que permiten abrir puertas. Entra y a ver qué te parece.

Pero, ¿qué ha puesto en esas historias?

He puesto de todo. Hay libros que no me gustan tanto porque los escribí sólo con el cerebro, y otros que he escrito con mi mente y mi corazón. Las cosas que me hacen reír, las que me hacen llorar, las que me ponen triste y todo eso está en Lo que no es tuyo no es tuyo.

Hay un grupo de escritoras que han conseguido que la industria editorial les preste atención. Son mujeres de origen africano que escriben desde la diáspora. ¿Qué opina de esa etiqueta?

Para mi, es como si alguien me llamase Joe y mi nombre es Helen. Me suena tan raro… porque está tan lejos de la manera como yo me pienso. Creo que no va conmigo. Creo que antes, pueden haberme colocado en esa etiqueta, pero la gente ha empezado a leer mis libros y se fija en lo que hay en ellos. En todo caso, cuando las personas buscan algo concreto, lo van a encontrar. Lo único que tu puedes hacer es seguir haciendo las cosas con las que te sientes cómoda.

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Carlos Bajo Erro
Ciberactivista, periodista y amante de las letras africanas. Co-fundador de Wiriko. Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín.
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