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Una reflexión sobre la autenticidad en el arte africano

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Alba Cartanyà 

Algo auténtico es algo verdadero, real o cierto. Pero ¿acaso no hay tantas verdades, realidades o certezas cómo personas que habitan este mundo? Cuando se habla de arte, y concretamente, de arte africano, suele salir demasiado esa palabra. La abstracta “autenticidad”. Una anécdota -muy significativa- que le pasó al artista Yinka Shonibare, puede resumirlo todo: un profesor le preguntó por qué, siendo africano, no hacía “arte africano”.

Normalmente nadie suele esperar de un norteamericano que haga “arte norteamericano” o de un europeo que haga “arte europeo”. Estos ejemplos muestran claramente la incoherencia de esperar un tipo de arte -con unas características, en teoría, determinadas, pero a la práctica, inciertas- en función del lugar de nacimiento del artista. Según Fred Smith y Jordan Fenton, “el estilo de cualquier grupo étnico consiste en los variados estilos individuales y locales de períodos y medios de comunicación particulares”.

Yinka Shonibare

Ante la pregunta de su profesor, Shonibare pensaba que “los artistas simplemente crean arte y no un subgrupo cultural del mismo”. Por lo tanto, el hecho de que algunas obras -las que vienen del continente africano o del mal llamado Tercer Mundo en general- tengan que llevar el sello extra de la autenticidad para adquirir valor en el mercado, evidencia una clara relación desigual entre los diferentes puntos de producción artística a lo largo y ancho del planeta. La autora Sidney Kasfir, sostiene que la concepción de autenticidad proviene de algunas creencias erróneas sobre las formas artísticas en África, como que antes del colonialismo el arte era estático y puro, ya que no había recibido las influencias ni estéticas ni comerciales de occidente.
Siguiendo la idea de Fred Smith i Jordan Fenton, el arte no es nunca hermético, ni en África ni en cualquier otro sitio: “Se caracteriza por patrones cambiantes que reflejan las migraciones, los préstamos, las adaptaciones y los diversos tipos de cambios internos”.

Esto parece estar muy claro en las expresiones artísticas de (casi) todas partes del mundo, pero no en el caso de África. Y este es básicamente el problema. Que las obras artísticas africanas son reinterpretadas en el contexto cultural de occidente, no en el seno de su creación. “El conocedor occidental es el factor esencial que falta y que transforma el artefacto en arte”, señala Kasfir. Es paradójico que después de invadir esos países -y destrozar culturas, cambiar formas de organización y arrebatar identidades-, años más tarde, los países colonizadores busquen el arte previo a todo ese desastre. Que la lógica mercantil occidental quiera integrar las obras que se han elaborado precisamente al margen de esa lógica mercantil occidental.

Una muestra es el “arte de aeropuerto”, es decir, todas aquellas piezas que se producen para venderlas a los turistas. Se caracterizan por ser “baratas y masificadas”. Ante la calificación de no-auténtico, Kasfir argumenta que el arte africano en general suele ser barato antes de llegar a occidente y que, aunque se hagan muchas unidades, se sigue usando la forma tradicional de creación.

Aún no está claro qué hace auténtica una obra. Si es la elaboración o la intención o la función, pero, en todo caso, la definición de esa obra le pertenece al creador. La apropiación cultural ha llevado a que “se deje la idea de autenticidad como una designación hecha por el espectador en lugar del artista” (Malafronte, 2016). Las expresiones artísticas africanas se han reorientado hacia un consumo occidental y, por eso, muchos artistas africanos necesitan recuperar su autenticidad, sus formas más suyas de arte. Como defienden Smith, Fenton y otros estudiosos, “pueden coexistir diferentes tipos de autenticidad”.

Hay -por lo menos- dos tipos de autenticidad. Una, buscada desde occidente y llena de simplificaciones, omisiones y prejuicios; entendida como el arte puro de carácter étnico, primitivo, hecho por pueblos alejados de las sociedades modernas. Y la otra, reivindicada des de los territorios africanos y sus diásporas; entendida como la vuelta a los orígenes, a las raíces, al arte más tradicional y propio.

En cualquier caso, teniendo en cuenta que los grupos étnicos, y sobre todo en África, “no están y nunca han estado herméticamente sellados, sino que son patrones cambiantes que reflejan migraciones, préstamos y adaptaciones” (Smith, Fenton; 2007), es imprescindible añadir el parámetro del cambio cuando se habla de autenticidad. Hoy en día, en el contexto de un mundo globalizado, es igualmente importante tener en cuenta a los artistas de la diáspora. Así, la idea de que sólo los objetos hechos en África, por africanos para africanos, son africanos se rompe.

Bibliografía:

Salym Fayad: “En Colombia se están creando espacios para la reconciliación a través del arte”

Cine Tonala, Bogota.

Wiriko este año ha contribuido a promocionar la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA) como medio oficial. Un encuentro bianual que se hace cada vez más importante en el país y que cuenta con un elenco de profesionales concienciados en que a través del arte y la cultura se pueden abrir brechas a partir de las cuales mostrar otras realidades y formas de compartir experiencias de éxito en esta tarea de crear un mundo más justo. Uno de los cofundadores de la MUICA es Salym Fayad, fotógrafo, realizador y periodista independiente colombiano que desde 2008 vive en Johannesburgo trabajando temas tan diversos como la promoción musical, el intercambio cultural o reportajes que cubren desde la cultura pop hasta lo más tradicional, e incluso los derechos humanos. La idea del MUICA surgió de hecho en Sudáfrica en 2014 gracias al trabajo con Marcela Asensio y Ángela Ramírez realizadoras cinematográficas, también colombianas con las que crearon la fundación Otro Sur. En 2015 se celebraría en Colombia la I MUICA. Y hace algunas semanas finalizaba esta segunda entrega de un evento fundamental.

Salym, este puente entre Sudáfrica y Colombia ¿a qué se debe? ¿Hay similitudes entre estos dos países?

Hay muchas. Primero desde el lado humano: calidez, sociedades abiertas, orientan a los extraños, ayudan al recién llegado. Es algo que he percibido en mis viajes tanto en América Latina como en África. Por otro lado, hay similitudes de tipo histórico y social. Algunas naciones en África vienen de pasados o presentes traumáticos como el que vivimos en Colombia en el que hemos pasado 52 años en guerra y, hasta ahora, estamos intentando salir o, mejor dicho, iniciar un nuevo ciclo histórico, social y político. Hay naciones africanas que están pasando por el mismo proceso como por ejemplo Sudáfrica que también salió de un proceso traumático después de pasar 50 años de apartheid. Y aunque han pasado más de 20 años hay enormes similitudes y enormes cicatrices en este país que también se relacionan con Colombia y que se reflejan en temas como la desigualdad, la criminalidad e incluso la corrupción. Desde luego el tema racial también es otra similitud.

Salym Fayad presentando una proyeccioón de la MUICA en el Cine Tonala, en Bogota.Foto: Carlos Santos.

Cuando explicas en el contexto de Johannesburgo que eres colombiano ¿qué imagen tienen de tu país?

Por lo general ninguna. Al igual que si en Colombia hablo de Guinea Bissau o Togo. Mucha gente cree que Colombia queda en América del Norte, muchos la confunden con Cuba, incluso. Y cuando se tienen referencias los clichés apuntan hacia Shakira o Pablo Escobar. De hecho, la serie de Netflix ha contribuido a popularizar un imaginario sobre mi país un poco glamurizado o romantizado de uno de los períodos más nefastos de nuestra historia reciente. Una etapa de la que todavía no nos hemos recuperado o digerido como sociedad. Brasil, por ejemplo, tiene una conexión más fuerte con los países africanos a nivel comercial y diplomático.

Y de forma inversa, ¿cuál es la imagen que llega a Colombia de África y de Sudáfrica en particular?

Pues llegan los mismo estereotipos de siempre que se acentúan por la falta de información. Salvo la ocasional nota sobre Boko Haram, el espacio que los medios colombianos dedican a África es mínimo y la información que llega desde el terreno es prácticamente nula y la voz de los autores, reporteros o artistas africanos es inexistente. En Colombia ha surgido en los últimos años una tendencia a reivindicar nuestras raíces africanas. Es una reivindicación necesaria, pero que llega tarde, aunque afortunadamente ya está sobre la mesa. Y lo hace en el marco del decenio de la afrodescendencia declarado por Naciones Unidas y en el contexto de los acuerdos de paz y de post conflicto por los que atraviesa el país. En estos, se hace énfasis en el reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, miles de las cuales son afrodescendientes. Y esta reivindicación se refleja en la producción musical o cinematográfica del país. Sin embargo, desde mi modo de ver, muchas veces estos acercamientos tienden a romantizar ciertos imaginarios sobre África como origen que, aunque sean positivos, también son estereotipos con frecuencia simplistas con los que se hace poco esfuerzo por reconocer realmente sus complejidades y sus múltiples dimensiones.

Sobre Sudáfrica llega información, pero también está estereotipada: Mandela, el post conflicto, la comisión de la verdad y la reconciliación, en resumen: sobre la sanación social en general. Estas visiones tienden a obviar las complejidades de las realidades sudafricanas, donde la idea de “la nación del arcoíris” es un mito, donde la desigualdad es enorme, y donde las tensiones raciales son evidentes. Ahora, el caso sudafricano es un referente muy valioso que aporta mucho a la discusión en Colombia sobre cómo asumir el postconflicto como nación. Pero creo que no se problematiza lo suficiente.

Por otra parte, personalidades sudafricanas implicadas en el proceso de reconciliación han visitado Colombia para hablar de la experiencia de su país, pero han sido en su mayoría blancos y no negros que fueron las víctimas reales durante el apartheid y quienes están en una posición más clara para hablar/nos de perdón. Entre estas personalidades se encuentran el último presidente de la era del apartheid, Frederik de Klerk que compartió el Nobel de la paz junto a Nelson Mandela. Una figura que en su país está muy lejos de ser percibido como un pacificador.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion de la 1a version de la MUICA en Cali.

Colombia atraviesa un momento político y social crucial tras el referéndum para la paz. ¿Cuál es el contexto en el que se celebró la MUICA?

Como he mencionado, Colombia estuvo inmersa en un conflicto armado durante 52 años y después de 4 años de negociaciones en la Habana (Cuba) –y después de varios intentos fallidos de varios gobiernos para llegar a algún acuerdo con las FARC, la principal guerrilla del país– a finales del año pasado se firmó un acuerdo. Este es un contexto que a nivel social tiene muchas implicaciones que se ponen sobre la mesa: el problema del narcotráfico que durante décadas ha financiado el conflicto armado y la violencia; el tema de los desplazados ya que desde hace muchos años mi país está entre los 3 primeros del mundo en términos de desplazados internos, actualmente unos 6 millones de desplazados por la violencia; el papel de las tierras; el papel de las víctimas; los asesinatos a líderes indígenas que en este año van más de 40… Habiendo dicho esto, hay una oposición, un sector que se opone a los acuerdos y que ha dividido mucho a la sociedad.

La MUICA se celebró en un contexto de mucha esperanza y donde hay también mucho movimiento desde la sociedad civil. La población está haciendo muchos esfuerzos por crear espacios de diálogos para que las víctimas se expresen y para esto se está utilizando mucho el arte:3 las canciones, la tradicional oral, pero por supuesto también el cine. El momento ha generado una corriente cultural que busca formar parte en todo este proceso de reconciliación y sanación en Colombia.

¿Entonces la MUICA intenta contribuir a este nuevo espacio de diálogo en el país con la muestra de cines africanos?

Creemos que hay un vacío cultural muy grande en cuanto a las relaciones culturales y a los conocimientos con África y sus expresiones culturales. Creemos que a través del cine podemos tener acceso a esa multiplicidad de realidades africanas que en muchos casos desconocemos en Colombia, pero que a la vez son narradas por los artistas africanos y no desde una mirada occidental. No se trata solo de conocer las dimensiones sociales y culturales sobre África, sino de conocer cuáles son los métodos o las formas narrativas que utilizan esas voces para contar su propia realidad. Pero la razón de ser de la MUICA no es solamente concentrarnos a nivel racial como decía antes, sino porque los países del llamado Sur Global compartimos muchísimas cosas a nivel social. Además, nuestro interés también es artístico porque consideramos que a través de estas narrativas podemos ampliar nuestros horizontes sobre África.

La comunidad afro en Colombia ronda los 4 millones de personas según el último censo de 2005. 12 años después ¿esa población se mantiene? ¿Ha aumentado?

A pesar de que esas son las cifras oficiales más recientes, de hace más de 10 años, hoy en día se calcula que aproximadamente la cuarta parte de la población colombiana es afrodescendiente. Su presencia se ha visibilizado en muchos casos por las razones equivocadas, como por ejemplo las altísimas cifras de desplazados por el conflicto que provienen de estas zonas. Este 25 por ciento, sin embargo, que equivaldría a unos 10 millones de personas, no se traduce en términos de representación política ni de distribución económica. Gran parte de la población afro se concentra en el departamento del Chocó, en la costa Pacífica, que es además una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del país, y además una de las más perjudicadas por la violencia.

Proyección en el distrito de Siloe, Cali. Foto Salym Fayad.

Y eso de itinerante… ¿tiene algo que ver con la dispersión de la comunidad afro en el país?

En parte sí, pero no solo eso; sino también con desplazar el centro de poder y de la oferta cultural en el país. Es decir, de Bogotá, la capital. La MUICA se realiza también en Cali y Cartagena, dos de las ciudades que cuentan con una alta concentración de población afrodescendiente. También hemos llegado a la isla de Providencia en el Caribe. Las ciudades tienen también una rica oferta cultural, pero que en muchos casos en el país está regionalizada. Es normal que ciertos productos culturales se consuman más que otros en diferentes regiones, pero creemos que la programación de la MUICA le habla, o le puede hablar, a toda Colombia. Tanto por la propuesta estética de algunas de las cintas como por su contenido. Hemos programado películas que abordan temas que son de gran relevancia en el contexto del postconflicto en Colombia. Algo Necesario, de Judy Kibinge y Materia Gris, de Kivu Ruhorahoza, que reflexionan sobre cómo gestionar el trauma tanto a nivel individual como a nivel social en un ambiente que ha sido marcado por la violencia. También Mandela, el mito y yo, de Khalo Matabane, hace un retrato tan personal como crítico sobre el legado del icono de la reconciliación en Sudáfrica.

Pero las itinerancias de la MUICA no solo llegan a las principales salas en centros urbanos. También hemos hecho proyecciones en colegios, en barrios periféricos –algunos de ellos con mayoría de población afrodescendiente–, en parques, plazas, bibliotecas y espacios públicos. La intención ha sido un año más, la de diseminar este contenido cultural hasta donde sea posible, y que todo tipo de público se pueda relacionar con éste porque lo encuentra entretenido, porque se puede relacionar con su contexto inmediato, por su origen histórico, o por el contexto general de la realidad nacional.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion-apertura de la 1a version de la MUICA en Cali. Foto: Salym Fayad.

¿Nos puedes contar cuál ha sido el recibimiento en las ciudades que han acogido la muestra?

El recibimiento ha sido muy positivo. La primera MUICA en 2015 nos permitió ver el interés –o curiosidad– del público por este tipo de contenido, que en Colombia nunca había sido exhibido en esta escala. Eso nos animó a ampliar el catálogo (este año hemos proyectado 20 títulos) y nuestro alcance. Hemos recibido una gran cantidad de invitaciones para replicar la muestra en otras ciudades, como Medellín, la segunda ciudad más grande del país, pero también a otras como Valledupar, Manizales o Ibagué. También en ciudades como Buenaventura o Quibdó en la región del Pacífico, urbes de mayoría afrodescendiente, en las que además hay muy poca exposición al cine que no sea de consumo masivo, y que tienen sus propios desafíos en términos logísticos, de infraestructura, de difusión y de creación de públicos.

Habéis contado con el camerunés Jean Pierre Bekolo en Bogotá. Cuéntanos cómo fue, ¿cuáles han sido las impresiones del director?

Jean Pierre Bekolo es quizás el realizador camerunés más destacado actualmente, no solo por los premios que ha recibido en el pasado en festivales como FESPACO y Cannes y por los cargos que ha ocupado en organizaciones como la World Cinema Alliance y Guild of African Filmmakers, sino porque su lenguaje cinematográfico es atrevido, experimenta con elementos narrativos poco convencionales y sus películas con frecuencia reflexionan sobre el quehacer cinematográfico a la vez que hacen un comentario social o político. En la MUICA programamos dos de sus títulos: Las Sangrientas (Les Saignantes) El Presidente (Le président); la primera es considerada la primera película de ciencia ficción del continente y la segunda es un falso documental que hace referencia al presidente de Camerún y que fue censurada en el país.

Tenerlo como invitado abrió una ventana para el intercambio cultural que estamos buscando. Para muchos de los asistentes a sus películas, como lo expresaron durante sus charlas y sesiones de preguntas después de las proyecciones, el único referente que tenían de Camerún es que su equipo de fútbol eliminó a Colombia del mundial de Italia en 1990. Y ahora tenían en frente a un artista de vanguardia hablando de afro-futurismo, poscolonialismo cultural, de las dinámicas de la representación en el cine de y fuera de África. Bekolo sostiene que se pueden plantear soluciones o transformaciones a nivel social desde el cine, que puede ser una herramienta para sanar nuestros traumas pasados, la violencia del colonialismo o de la desigualdad, que es un espacio de reflexión que incluso desde la ficción puede contribuir a la reconstrucción social. Esto es muy relevante en el contexto colombiano y así lo percibió el público y los cineastas colombianos que asistieron a sus charlas. Para él, este intercambio también fue muy enriquecedor; estar expuesto al público y a los realizadores afrocolombianos, escuchar sus inquietudes sobre cómo narrar historias sobre sí mismos y cómo se perciben en el panorama general del país. De hecho, expresó su interés en trabajar en un proyecto cinematográfico propio en la región del Pacífico colombiano.

JP Bekolo durante el MUICA, Bogotá, Colombia. Foto: Salym Fayad.

Tu experiencia de trabajo en África te ha permitido entrar en contacto con cineastas y trabajadores de la industria cinematográfica. ¿Cómo ves el sector después de que seamos conscientes de la cada vez más acuciante dinámica de nuevos festivales de cine en el continente?

Muchos de los cineastas y programadores con los que he conversado coinciden en que el sector se está fortaleciendo en el continente, tanto a nivel de producción como de exposición. Cada vez más se están desafiando las categorías de los géneros cinematográficos, y la tecnología misma está abriendo la oportunidad para que realizadores emergentes o independientes puedan producir piezas de gran calidad técnica sin depender de enormes presupuestos o equipos de producción. También hay festivales establecidos que son una plataforma fundamental para que los realizadores exhiban su trabajo en el continente: FESPACO (Burkina Faso), el festival de Durban (Sudáfrica), el de Zanzíbar (Tanzania), el de Cartago (Túnez), el del Luxor (Egipto), por nombrar algunos. Sin embargo, hay problemas de base que son conversación habitual entre los miembros del sector: existe una enorme escasez de salas de proyección en muchos países, y aún existe una gran dependencia de la financiación europea para la gestión de festivales de cine y para la realización cinematográfica en África. También para la difusión y distribución de las películas. Esta dependencia en muchos casos compromete la creatividad de los realizadores que, en ocasiones, deben moldear sus propuestas iniciales para satisfacer las exigencias de las organizaciones que financian sus proyectos. Esta dependencia a veces se traduce también en la cesión de los derechos de difusión y proyección a las organizaciones europeas, de manera que algunos realizadores pierden también el control sobre la difusión de sus propias obras.

¿Es verdad eso de que Sudáfrica es punto y aparte a nivel de cine?

Aunque la industria cinematográfica en Sudáfrica también se enfrenta a enormes desafíos, es cierto que el país tiene instituciones más fuertes para el apoyo a los proyectos culturales. Por esto mismo los realizadores tienen un poco más de independencia en la ejecución de sus proyectos. Sudáfrica tiene además su propia red de festivales internacionales que van desde los de Durban y Johannesburgo hasta el festival de documental Encounters, Tri-Continental y el Out in Africa Gay and Lesbian Film Festival, entre otros. Hay que tener en cuenta también que Sudáfrica está mejor equipada que otros países en términos técnicos, y que además la libertad de expresión en el país es más amplia que en otras naciones, lo que permite también a los realizadores abordar temas sociales y políticos con mayor libertad creativa.

¿Qué otras industrias/países recomiendas seguir de cerca?

La industria en Kenia se está fortaleciendo y hay realizadoras como las que hemos programado este año Judy Kibinge o Wanuri Kahiu (directora del corto de ciencia ficción Pumzi, 2009), así como el colectivo The Nest (Stories of Our Lives, 2014) que están haciendo desde la ficción un trabajo muy interesante sobre temas sociales, ambientales y de género, éste último desafiando las represivas leyes contra la comunidad LGBTI en el país. La producción cinematográfica en Burkina Faso tiene quizá menos alcance a nivel internacional, pero brilla por su calidad en cada edición del festival FESPACO, en la capital Uagadugú, la plataforma idónea para que los realizadores locales exhiban sus producciones ante el público y los programadores internacionales. También vale la pena prestar atención a las iniciativas que promueven las producciones en realidad virtual, que se están fortaleciendo con particular énfasis en Kenia.

El cineasta JP Bekolo en conversación con Salym Fayad durante el transcurso del Muica 2017.

¿Y algún director/a que esté posicionado para deslumbrarnos en las salas y festivales europeos?

El maliense Daouda Coulibaly. Wúlusu primer largometraje, es un thriller que aborda el tema del tráfico de cocaína en el Sahara como no lo habíamos visto antes, exponiendo las diferentes dimensiones y actores que participan en este comercio ilegal y que afecta a la seguridad, la política y las relaciones internacionales en toda la región; y que además tiene implicaciones a nivel global, incluyendo entre sus actores, desde luego, tanto a Colombia como a España.

 

Arte y música para la infancia en Madagascar

Los derechos de las personas no acaban con ir al colegio, tener acceso a la sanidad y comer cada día. Van mucho más allá. Todo el mundo tiene que tener acceso a la cultura y al ocio. Mucha gente aún no lo ve importante, pero nosotros hemos hecho esa apuesta con el Centro de Arte y Música”. El presidente de la ONG Agua de Coco explicaba esto mientras esquivaba los pousse-pousse en una de las avenidas principales de Tulear, la ciudad al sur de Madagascar donde la organización tiene su sede. Íbamos a conocer el recinto (conocido como el CAM), uno de los proyectos que Agua de Coco desarrolla en el ámbito de la educación.

El antiguo y emblemático Cinema Tropic, un cine de la época colonial francesa que cesó su actividad muchos años atrás, acoge hoy al CAM, en el que pasan muchas cosas. Su intensa actividad lo convierten en uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Quizá también lo es por la intensa vida cultural en la que participan, además del alumnado inscrito, niños y jóvenes de colegios públicos, o aquellos que no pueden ir al colegio y pasan el día en las calles de Tulear.

FOTOGALERÍA

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Dak’ART 2016: La 12ª edición de la bienal de arte se despliega por Senegal

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Este mayo Senegal y Dakar en particular se presenta con una cargadísima agenda cultural. A la oferta habitual de un país cuya política y cultura han ido siempre de la mano, se suma la apresurada entrada del mes de Ramadán, este año a principios de junio. La esfera artística espera la duodécima edición de la Bienal de arte de Dakar. La ciudad se prepara y los periodistas y “festivaleros” (siguiendo el tan usado término francés “festivalier”) van buscando la programación en ruedas de prensa, espacios artísticos o entre los propios artistas. El programa publicado en la web tan solo revela las jornadas profesionales, y anuncia más de 300 actividades integrantes de la programación OFF, es decir, el conjunto de eventos y exposiciones repartidos por distintas zonas del país, para que el ambiente festivalero llegue a cuantos más rincones posibles.

SeguridadEntradaSorano

Entrada al Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

El martes tres de mayo, a las 10 de la mañana, el tráfico de la zona financiera de Dakar, el Plateau, contaba con un ingrediente extra: la presencia del presidente de la república, Macky Sall, acompañado del ministro de cultura, Mbagnick Ndiaye, durante la apertura oficial de la bienal de Dak’Art. Esta duodécima edición coincide también con el 50 aniversario del Primer Festival Mundial de Artes Negras, primer festival panafricano celebrado en el continente, en abril de 1966. La apertura es precisamente en el Teatro Sorano, aquel que acogió ese primer festival panafricano. Las referencias a este hito histórico abundan durante la ceremonia, de asombrosa puntualidad y corta duración. También lo hacen las referencias a Senghor. “Este festival responde a nuestro deber de continuidad histórica, con nuestro primer festival panafricano en el 66 y un ministerio de la cultura mantenido desde entonces”. Algunos artistas locales se reúnen con indumentaria tradicional animando la entrada al edificio. Junto al escenario en el interior, hay varios músicos con instrumentos tradicionales, la kora, el ngoni y la flauta. El presidente Macky Sall preside la mesa, y las palabras de la presentación alaban la infraestructura cultural que éste ha impulsado durante su mandato, con especial alabanza al Museo Boribana, de arte contemporáneo y al Museo de la Civilización Negra.

Macky Sall (Foto: Javier Santamaría)El público está formado principalmente por los artistas participantes, los periodistas, y los patrocinadores (entre ellos, Royal Air Maroc, Tigo y la Organización Mundial de la Francofonía). El discurso, que trata de mostrarse incluyente y hablar de la reapropiación de este evento por la población, encierra también una institucionalización, con una “bienal no solamente de Senegal sino también de las instituciones, patrocinadores y empresas”. La bienal se ve también como una oportunidad para los artistas de “responder a una necesidad social de crear imágenes que perenizan los valores de la civilización”. Macky Sall, presidente de Senegal, da la bienvenida a los “artistas y turistas de las artes” y declara: “el arte y la cultura constituyen el intelecto del ser humano. ¿Qué sería la vida sin esta dimensión tan fundamental? La cultura y el arte son vínculos sociales, factores de cohesión”. De esta forma, no se habla más que de panafricanimso, mundialización, representados metafóricamente en el tema del festival, azul, como color del atlántico, del océano que une a todos: La cité dans le jour bleu (La ciudad en el día azul).

PanoramicaTeatro

Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Más al sur de esta zona de Dakar, en el antiguo palacio de la justicia, se encuentra la exposición internacional de la bienal, que reúne el trabajo de 65 artistas provenientes de 24 países distintos. En ese azul unificador existe otro tema común, el “re-encantamiento”, consecuente con esa visión de “optimismo colectivo” de la que hablaba el presidente Macky Sall durante la inauguración.

Entrada Palais Justice (Foto: Estrella Sendra)

Destaca el estilo “collage” que caracteriza a tantos artistas de Senegal, donde hay un problema de basura muy palpable. Ya el Festival Xeex hablaba de un combate pacífico-artístico con esta realidad, destacando el trabajo de artistas como la joven Haby Diallo, con su arte hecha a través de bidones de plástico. Tanto ella como otros artistas de este festival de arte urbano, incluyendo a Aïcha Touré y Mous Leye, participan en la programación “off” de esta bienal. En la “in”, tras una visita en absoluto casual al antiguo palacio de la justicia, hay una consistencia estética de esta idea de reciclaje a través del arte, que se trata más bien de una reutilización. Esta comienza desde el propio edificio, cuya fachada ya difumina la antigua presencia de una palacio de la justicia, con apenas dos letras que aún no se han caído, y que se dejan “ocupar” temporalmente por este arte.

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Nabil Boutros: Un rêve (Foto: Estrella Sendra)

El interior está formado por un patio interior central muy luminoso con un gran árbol, alrededor del cual se encuentran las obras de los distintos artistas. Es un espacio inacabado, que destaca por su versatilidad, permitiendo que el público actúe con él, complete la obra de arte. Las obras, de arte contemporáneo, se unen a esta reutilización, como por ejemplo la “encycloédie” de Douta Ndoye, formada a base de periódicos, recortes y pinturas de mensajes que nos hablan de este mundo global actual. O “el sueño” (Un rêve) de las bolsas de plástico colgantes del techo, del artista egipcio-francés, Nabil Boutros, uno de los trabajos más destacados de la exposición. Existen también salas con instalaciones, una de ellas formada por escombros, pintadas y graffitis que nos hablan de revolución. Y en la sala contigua, la obra franco-argelina de Kader Attia, también sobre este mismo tema, representado a través de un bosque compuesto por árboles hechos a base de tirachinas de barras de acero.

Doute Ndoye: Encyclpedie (Foto: Estrella Sendra)

KaderAttia: Les rhizomes infinis de la révolution (Foto: Estrella Sendra)

Alex Peskine (Foto: Estrella Sendra)

Folakunle Oshun (Foto: Estrella Sendra)

En los trabajos existen también numerosas referencias transculturales, con placas de gigantes chinchetas mostrando rostros que se apoyan sobre la típica patera senegalesa colorida de pescadores, del franco-brasileño Alexis Peskine. Hablamos con el nigeriano Folakunle Oshun, cuya obra se extiende sobre el suelo, con unos jarrones celestes sobre la arena del harmattan. Si bien podría hablarnos de la innegable presencia de los conflictos en la situación transfronteriza de los distintos países africanos, el artista habla más bien de una experiencia de viaje gastronómico a lo road-trip que hizo desde Lagos a Saint-Louis. Allá por donde pasaba iba probando las distintas cocinas locales, porque se dio cuenta de que en el estilo nómada de vida del África occidental, cuando la gente viaje, siempre se lleva su comida. Si en Senegal, los Wolof hacen el típico arroz con pescado conocido como cëbbu jenn (arroz de pescado, en Wolof), en Nigeria el arroz se llama Jolof, así, llamó a su obra, United Nations of Jolof.

 

Artes digitales: Cruce de culturas

Videomapping Hotel de Ville (Foto: Estrella Sendra)

La instalación más lucida de la bienal hasta ahora ha sido el video-mapping, financiado por EUNIC, en patrocinio con Kër Thiossane, y con la participación de tres artistas que trabajan de forma colaborativa con artistas locales: el español Fausto Morales Gil (junto con Jean-Michel Aymerique Zié, Djibi Ba y Mélanie Baillon), en la rotonda de la medina, el 7 de mayo; el francés Aurélien Lafargue (junto con Seydou Keita, Tiziana Manfredi y Esi Atiase), en el ayuntamiento de Dakar el día de la inauguración; y la que se realiza este martes 10 de mayo en la estación de Dakar, del alemán Phillipp Geist (junto con Lamine Diack, Abdou Ndiaye y Alioune Thiam). “Queremos que la gente se sienta muy identificada, que sea muy local”, decía el artista Fausto Morales Gil durante la rueda de prensa en el Aula Cervantes el 29 de abril. Para ello, Morales Gil ha estado trabajando codo a codo con artistas locales, que adquieren una formación que no es más que “una semilla que luego ha de seguir creciendo”, consiguiendo así un aprendizaje mútuo, un intercambio. Muchísimas horas, días de preparación, se traducen luego en una vivencia de unos quince minutos, un espectáculo audiovisual sobre la fachada de un edificio, donde el ritmo sonoro de las luces re-imagina estos espacios, los distorsiona, los decora, los dinamiza. Se trata de un arte efímero que ha de experimentarse durante el momento de la proyección únicamente, y como tal, es interactivo, pues solo tiene sentido si existe un público que lo aprecie. Esta es, además, una de las ocho actividades apoyadas por el agregado cultural de la embajada española en Dakar, de las cuales siete se desarrollan en la capital y una en Saint-Louis.

El opuesto IN-OFF

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Off Gorée (Foto: Estrella Sendra)

El despliegue artístico se extiende más allá del Plateau, donde también hay conciertos en la zona de la Gare Ferroviere. Respondiendo a una nomenclatura habitual entre los festivales, existe una programación “in” y otra “off”. En realidad, los espacios “off” podrían describirse como aquellos espacios artísticos que están “in” todo el año; y de repente, se vuelven periféricos durante la bienal, que tiene una programación oficial, con artistas seleccionados, y evaluados por un jurado. Si bien se trata en la teoría de un desplazamiento de foco, hacia una exposición de sesgo más “internacional”, lo cierto es que son estos los espacios más palpables de la bienal, más transitados por la población tanto local como global que hay en Senegal, y especialmente en Dakar y Saint-Louis. Estos espacios están marcados con carteles en los que se muestra “OFF”, creando así un ambiente de festival. Entre ellos no podría faltar la artística isla de Gorée, con galerías como la de Marie-Jose Crespin, que trabaja con antiguas perlas haciendo todo tipo de joyas, o el centro cultural regional de Gorée, abiertos al público.

Hasta el 2 de junio podrán disfrutarse exposiciones, encuentros, mesas redondas, talleres y conciertos por distintas zonas de Senegal – un verano azul de arte que tan solo se tomará una pausa mensual durante el mes de Ramadán.

 

Ndidi Emefiele, el poder de la mujer en el lienzo

Si la semana pasada viajamos hasta Londres para volvernos a sumergir en lo que se considera una de las ferias de arte africano más interesantes del mercado internacional – el 1:54 -, hoy nos fijamos en una de las artistas que expusieron en este certamen y que más interés han despertado: la nigeriana Ndidi Emefiele.

No se trata solamente de una artista jóven, representante de una nueva ola de africanas que se convierten en inspiración y modelo para las mujeres de su generación, sino que Ndidi, además, goza de un espíritu emprendedor que la llevó a fundar una de las galerías de arte más punteras del país, con sedes en Lagos o Abuja: el centro de arte y cultura Nike. Toda una sensación en África del Oeste que queremos observar de cerca.

Con tan solo 28 años, esta nigeriana se ha hecho un hueco en el universo artístico internacional de una forma casi permanente. Si como veíamos, Ndidi expuso en Londres hace pocos días, este 2015 también estuvo presente en la Cape Town Art Fair de Sudáfrica y ha vendido piezas suyas en casas como la nigeriana ArtHouse Contemporary Limited.

Bebiendo del mundo de la moda plasma, en una estética muy particular que mezcla técnicas de pintura mixta, su imagen de la belleza y del mundo a través de lienzos que se centran en la mirada femenina. Seduce a simple vista con estilo suave y cautivador que tiene como objetivo reformular la imagen de la mujer. Mujer que se ve envuelta en motivos estéticos africanos. En particular, de telas wax de Vlisco que no faltan en sus obras en lo que para ella es puro reciclaje de piezas de moda usadas que no va a utilizar más. Aunque lo que más llama la atención es que CDs viejos formen gafas omnipresentes en la mayoría de sus obras.

Ndidi utiliza las gafas tanto para esconder los miedos y vulnerabilidad de sus mujeres, que la ayudan a cubrir sus propias debilidades, tanto como para empoderarlas como iconos de la moda y agentes de poder en la esfera de lo bello. Muy influenciada por Frida Kahlo, lo retro es clave para la nigeriana, que cursó un máster en bellas artes en Londres y ha vuelto a Nigeria con el claro objetivo de hacer crecer el mercado del arte en su país.

De dioses, arte y pensamientos íntimos

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Quizá en algún momento deberíamos preguntarnos qué está pasando para que de repente los medios internacionales más influyentes se fijen en la publicación de un libro de un autor africano. Lo dejaremos para más adelante, de momento, nos vamos a hacer eco del último fenómeno que se ha sumado a esta corriente de lanzamientos mediáticos. Se trata del nigeriano Okey Ndibe que con su segunda novela Foreign Gods Inc. ha asaltado las páginas de los medios más influyentes desde The New York Times hasta The Guardian (aunque la lista de las reseñas de esta novela es interminable y de lo más variopinta).

Cubierta de Foreign Gods Inc.

Cubierta de Foreign Gods Inc.

En Foreign Gods Inc. Ndibe ha colocado como protagonista a Ike, un taxista nigeriano en Nueva York, que se involucra en el mercado del arte. Con ello, el escritor nigeriano afronta diversos temas, algunos de ellos espinosos. Por un lado, el del expolio artístico del continente africano. Por otro, la visión que un nigeriano de tiene de una cultura estadounidense que muestra unos preocupantes rasgos de excentricidad. Igualmente, aborda la cuestión de la identidad, de las migraciones, de los sueños y la frustración. Y, además, lo que podría ser interpretado como una falta de respeto hacia las creencias de otras culturas y la relatividad de cuestiones que podrían entenderse tan absolutas como la religión.

De pronto, Ike se ha encontrado con que las imágenes de dioses africanos son vendidas a precio de oro en el mercado de arte neoyorkino. Las galerías más lujosas de la gran ciudad se rifan las figuras llegadas del continente negro y Ike cree que puede aprovechar esa idolatría para conseguir el sueño americano que le ha dado la espalda durante diez años de duro trabajo. La vieja figura de Ngene, el dios de la guerra, de Utonki, el pueblo natal del protagonista es el pasaporte hacia este Cielo que se materializa en el piso superior de la Foreign Gods Inc., la galería de arte de la Vance Street en la que se comercia con las esculturas. Ese piso superior es el lugar en el que se cierran los tratos millonarios para las piezas realmente valiosas.

Ike está decidido a robar la imagen de Ngene y venderla en el Foreign Gods Inc. convencido de que sus anhelos materiales son lo más importante. Claro que Ike no es simplemente un inmigrante avaricioso. Ndibe describe su frustrante situación laboral, económica y, también, personal, con tal delicadeza que, incluso, consigue que el protagonista despierte simpatías. Además, mientras prepara el viaje de regreso a su pueblo natal, para hacerse con la figura, a Ike se le va poniendo de manifiesto que su plan no va a resultar tan sencillo. ¿Quizá la imagen sea más que una figura? ¿Quizá las creencias sean más que supersticiones? ¿Quizá el mundo de lo invisible que Ike había dejado de lado deslumbrado por las luces de Occidente, sigue influyéndole?

Todas esas fuerzas intangibles, las sensaciones, incluso, los sentimientos, se hacen más fuertes cuando Ike regresa a Nigeria decidido a salir del agujero neoyorkino en el que se encuentra. El país le resulta relativamente ajeno, lleva prácticamente una década fuera y el país ha cambiado su aspecto. Pero además, Ike descubre cómo sus vecinos de la infancia (y familiares) también están deslumbrados por la luz cegadora de Occidente, por una fiebre de consumo que secuestra principalmente los sueños y las ilusiones y que condiciona las relaciones entre todos ellos.

Foreing Gods Inc. resulta una narración ágil, animada, agradecida en cuanto al ritmo y la historia, pero no es necesario escarbar demasiado para percibir la crítica. Precisamente, esta crítica es mucho más feroz por su serenidad, porque la posición de Okey Ndibe se legitima en la ausencia de ira. En realidad esa es una tónica en toda la obra del escritor nigeriano. Es cierto que Foreing Gods Inc. es “sólo” su segunda novela (después de Arrows of rain publicada en el año 2000), pero Ndibe era originalmente periodista, esa voluntad crítica fue, precisamente, uno de los motivos que le llevó a trasladarse a EEUU en 1998, gracias a una invitación personal de Chinua Achebe. Se estaba granjeando demasiadas enemistades.

En su exilio personal Okey Ndibe ha continuado en el mundo de la prensa pero desde una posición de columnista, además de la publicación de ensayos. Lo ha hecho colaborando con medios de comunicación estadounidenses, pero nunca ha terminado de alejarse de la realidad nigeriana y, sobre todo, en los últimos años ha publicado constantemente en medios críticos del país africano (como Sahara Reporters, Premium Times, Ynaija.com o Citizens Platform). Sus textos nunca han sido condescendientes. Ahora, teniendo en cuenta la repercusión mediática de la publicación de Foreing Gods Inc. es evidente que Ndibe empieza a consagrarse como uno de esos autores africanos que tienen mucho más que decir, además de sus historias, más allá de las páginas de sus libros.

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Página personal de Okey Ndibe

Perfil de Twitter del autor.

Perfil de Facebook del autor.

Un fragmento de Foreing Gods Inc.

La segunda edición de ‘Partcours’ llena Dakar de arte

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El pasado martes 26 de noviembre se inauguró la segunda edición del Partcours, en el Centro Cultural Douta Seck de Dakar, con la anhelada reapertura de la magnífica exposición interactiva Las músicas negras en el mundo (realizada por Mondomix  Média y presentada  por primera vez en Senegal con ocasión de la tercera edición del Festival Mundial de la Artes Negras de 2010).

Desde entonces y hasta el 6 de diciembre, 18 espacios artísticos de todo Dakar, federados para la ocasión, han abierto sus puertas y sacado el arte a la calle, en un recorrido organizado por diferentes barrios de la ciudad, con la intención de mostrar al público dakarense la actualidad del arte contemporáneo a través de la obra de diferentes artistas senegaleses, de otros países africanos y de artistas europeos residentes en el país.

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Durante dos frenéticas semanas, con una media de 2-3 inauguraciones por día, la Galería Bookoo, le Village des Arts, Petites Pierres, Atelier Céramiques Almadies, el Musée Boribana, Kër Thiossane, la Galerie le Manège del Instituto Francés, el Espace Tintimol, la Galerie Agora o la Loman Art House entre otros, exhiben la obra de diferentes artistas visuales, más o menos consagrados, entre los que figuran: Cheikhou Ba, Barkinado Bokoum, Mame Diarra Niang, NKX, Dolo, Omar Victor Diop, Antoine Tempé, Djibril Sy, Omar Ba, Cheikh Keita, Ismaïla Manga, Cristina de Middel, Alpha Baldé, Nathaniel Mokgosi, Sébastien Bouchard, Ngoor e Ibrahima Thiam entre otros.

En esta edición, como novedad respecto a la anterior, el arte ha salido a la calle dirigiéndose a otro tipo de público, con las proyecciones al aire libre de las fotografías amateur (pero no por ello con menor calidad artística) resultantes del proyecto Visages de Femmes que Trias Culture puso en marcha en 2012 con diferentes grupos de mujeres de Dakar y Toubab Dialaw.

Destacamos además la presentación en la Raw Material Company del libro État de Lieux  sur la création d´institutions d´art en Afrique, compendio de artículos resultantes del simposio del mismo nombre, celebrado en Dakar en enero de 2012, en el que artistas, galeristas, historiadores, críticos, gestores culturales e instituciones públicas provenientes de diferentes partes del mundo, pudieron discutir sobre la actualidad y el futuro del arte contemporáneo en el continente africano, sometiendo a debate diferentes cuestiones como el papel que juegan o deberían jugar las instituciones públicas y los espacios independientes o el tipo de estrategias o intercambios culturales que debe haber entre las antiguas metrópolis y sus excolonias sin crear situaciones de dependencia financiera que además puedan condicionar la creatividad o dinámicas locales.

Si están por Dakar y aún les quedan fuerzas, no se pierdan hoy día 6 de diciembre, en el Hotel Onomo, la inauguración de la exposición Onomollywood de los fotógrafos Antoine Tempé y Omar Viktor Diop que recreará a través del video y de la fotografía, secuencias de culto de la historia del cine, poniendo fin a esta segunda edición del Partcours.

Acabamos así el año, calentando motores con la vista puesta en la próxima Bienal de Arte Contemporáneo de Dakar (11ª edición) que tendrá lugar del 9 de mayo al 8 de junio de 2014.

En el PDF adjunto: (Partcours_catalogue) , se puede consultar la programación completa. Algunas de las exposiciones podrán visitarse hasta el próximo domingo y otras durante los próximos meses.

 

Kenia, anfitriona de la primera subasta de arte contemporáneo de África del Este

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Michael Soi (Kenyan, born 1972)
Subasta, 2013

El martes, 5 de noviembre de 2013 fue un día importante para los 43 artistas de los seis países que expusieron en la primera subasta de arte contemporáneo africano que tuvo como objetivo la revalorización del arte contemporáneo de la parte Este del continente. Según The Circle Art Agency (organizadora del evento), el éxito fue indiscutible si se tiene en cuenta que un 90% de las obras fueron vendidas a más del doble del precio establecido por los artistas. En el evento se presentaron trabajos de artistas de Sudán, Kenia, Etiopía, Tanzania, Sudáfrica y Uganda. Los organizadores de la subasta —que no se esperaban un éxito de ventas tan rotundo— están convencidos de que es una buena señal de la creciente presencia del arte africano en el punto de mira de inversores y élites interesadas en el arte. “Queremos que la gente se nos una a este nuevo viaje para descubrir el arte” afirma Danda Jaroljmek, (director de The Circle Art Agency), ya que según Jaroljmekla gente no está informada sobre galerías y no está acostumbrada a acudir a exposiciones…Necesitamos mostrar el arte de diferentes formas y proveer plataformas al público para entender lo que está intentando comunicar el artista, juntar al artista y al público en un entorno cómodo donde se puedan conocer”. Uno de los fenómenos que podemos destacar de este encuentro, es la fuerte presencia de coleccionistas locales (kenianos concretamente) que han adquirido casi la mitad de las obras, en un panorama en el que normalmente los coleccionistas extranjeros son mayoría. Sin duda una señal del aumento del interés hacia el arte local y regional y también una muestra del aumento de la clase media en Kenia que puede adquirir obras de arte por un precio elevado.

 

¿Significa esto que el arte sea más accesible para el conjunto de la población? Seguramente no. A pesar de la potencia artística, cultural y tecnológica de Kenia —de las más potentes del continente— y de la gran producción de arte al margen de los circuitos más comerciales, como es el arte de los slums, a Kenia aún le quedan algunos retos que superar para que su gente pueda realizar ese “viaje de descubrimiento del arte” que mencionaba Jarolhmek. Estos retos tienen que ver con la falta de actualización de los programas formativos en el campo artístico, un bajo número de galerías de arte e instalaciones públicas y el escaso punto de mira hacia las artes visuales dentro de la vida cultural keniana. Tanta es la desconexión por parte del gobierno con los artistas locales, que la mayoría de los representantes del pabellón keniano de la Bienal de Venecia de este año, fueron artistas chinos en su mayoría. Increíble pero cierto.

Seguramente, para superar estos retos, la solución no pase únicamente por eventos como esta subasta, pero es un paso más hacia una mayor visibilidad a nivel mundial de los artistas de la región oriental de África. Los medios internacionales se han hecho eco, lo que sirve también para fomentar el interés de los coleccionistas tanto internacionales como locales por el arte africano. Una burbuja de oxígeno para artistas que luchan por situarse dentro de este creciente mercado. Sin embargo, es importante seguir en la línea ya trazada por algunas organizaciones y colectivos de artistas, de contagiar el interés a la población y comprender el arte como medio de expresión y de escuchar a esos colectivos y artistas, muchos de los cuales no tienen un fácil acceso a este mercado. Un buen empujón para lograr estos objetivos sería la consecución de un mayor apoyo por parte de las instituciones a la promoción y el desarrollo de educación, espacios y actividades culturales y la organización social en torno a la creación y dinamización de redes culturales, siempre enfatizando en la democratización de la cultura.

 

Más información y obras expuestas aquí.

1:54 Feria del Arte Africano Contemporáneo de Londres

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La Feria 1:54 arrancó ayer con un éxito rotundo. La plataforma, impulsada por la marroquí Touria El Glaoui (hija del famoso artista Hassan El Glaoui) y bajo la dirección artística del tanzano David Adjaye y de la camerunesa Koyo Kouoh, levanta su primera edición como un punto de encuentro para galerías, artistas, museos y centros de arte en una de las mayores capitales del arte mundial: Londres. Como uno de los mayores ejes mundiales para el arte africano, el encuentro se presenta como muestra del éxito de este sector fuera del continente, y tiene como objetivo impulsar el trabajo de los artistas africanos más consolidados en el ámbito internacional, pero también dar a conocer el arte emergente de uno de los continentes con más potencial artístico. Para ello, 1:54 unifica en una sola feria las 54 naciones africanas, más de 70 artistas y 15 galerías de todo el continente, a partir de una de sus mayores riquezas: su cultura visual, tanto pictórica, escultórica como fotográfica, a base de diferentes instalaciones y técnicas mixtas.

La exposición, que se encuentra en el Somerset House, en el corazón de Londres, coincide con la Frieze Fair hasta el dia 20 de Octubre y se complementa con un interesante programa de conferencias, proyecciones de películas y documentales, y debates sobre las artes africanas contemporáneas que cuenta con la participación de expertos, artistas y comisarios de Dakar, Lagos, Ségou, Luanda, Ciudad del Cabo, Washington, Paris, Londres, Berlín, Manchester o Dubai. Algunas de las galerías más importantes del continente africano, como el Museo de Arte Moderno de Guinea Ecuatorial, el Centro de Arte Contemporáneo o la Galería Omenka de Lagos, la Galería Cecile Fakhoury de Abidjan, la Galería First Floor de Harare o el estudio creativo ArtLab de Kenia también forman parte de este inspirador encuentro.

Las obras, cuyos precios oscilan entre 1.200 y 360.000 euros, representan el rico abanico visual del continente, con algunos de los trabajos más representativos del arte africano moderno y contemporáneo. La selección ofrecida por la Feria 1:54 expone diferentes medios a través de los cuales los artistas africanos seleccionados expresan sus principales preocupaciones o sus focos de atención. Con muestras de “street art”, pinceladas de cultura popular, fotografías, construcciones con materiales reciclados o bien vocabularios más tradicionales como los acrílicos sobre lienzo, el encuentro muestra la consolidación de África dentro de los circuitos ya establecidos.

El próximo paso para la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54, como reconoce su principal artífice Touria El Glaoui, es la necesidad de construir un encuentro como éste en el propio continente africano.

La crítica del cine como palabra subterránea

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¿Es el crítico esa persona huérfana que no participa del acto de la creación? ¿Es el camino ser crítico para tener una relación de proximidad con el arte? La disyuntiva entre la naturalidad del arte y la artificialidad de la crítica es uno de los debates en profundidad que se están llevando a cabo en el “Curso-taller crítica de cine” enmarcado en las actividades paralelas del Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). Hasta el próximo viernes, 25 estudiantes españoles, senegaleses y marroquíes se encuentran diseccionando las líneas maestras de los teóricos del séptimo arte y reflexionando sobre la figura del crítico como mediador cultural e intelectual. Esta iniciativa tiene como objetivo fortalecer la tradición crítica en el continente, además de incluir a las nuevas generaciones de críticos de cine de África, como Marruecos y Senegal, en los circuitos internacionales sobre las cinematografías africanas.

De la mano del crítico de cine español Alfonso Crespo en la dirección académica, expertos cinéfilos como Olivier Barlet (director del portal Africultures), Beatriz Leal (African Film Festival Inc. NYC ), Francisco Algarín y Francisco Benavente (Universidad Pompeu Fabra de Barcelona) tendrán como empresa el desarticular el celuoide para pasar cada fotograma a cámara lenta, y transmitir su pasión por el cine -aunque sea su visión-. Hoy, el turno para Barlet que subarayará el papel del crítico para comprender que la gran reivindicación del cineasta africano es la incertidumbre; ayer, para Leal que insistió en crear sinergias y espacios profesionalizados donde abordar las diferentes temáticas que abordan las películas, específicamente desde Internet.

Ya sea como vocación o como espacio de encuentro, la crítica está pasando por diversas mutaciones entre ellas el espacio que se le reserva en los medios de comunicación, donde la web 2.0 apunta incluso a nuevos entornos donde se puede jugar con imágenes y vídeo para explicar una película sin usar el verbo. La crítica de cine trabaja con la palabra subterránea de los directores de cine y el camino parece estar en pensar de una manera no evolutiva sino, como decía Walter Benjamin, en cuestionar el tiempo; es decir, pasado y presente en una misma constelación a la hora de cuestionar el arte.

La historia del cine es una sucesión de sueños, por lo que trabajar el texto desde diferentes maneras puede ser una de las claves de este curso: realizar análisis no explicativos sino expositivos de los ciertos problemas que surgen en una película. Es decir, buscar la potencia en una disfunción y establecer un conflicto entre lo que se ve y lo que se escucha. Aquí una reflexión más: ¿Qué mundo nos ofrecen los cineastas y cómo nos hacen llegar a ese mundo?

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

Sharpeville: el arte contra el olvido

Recordar no es simplemente recordar el pasado. Al recordar el pasado se debe tomar una decisión inteligente con respecto al futuro, que se aplicará en nuestras acciones en el presente. La memoria aplicada de esta manera permite que todos seamos las mejores personas que podemos ser.”

Hardus Lourens, artista

Hoy queremos recordar el pasado. Queremos recordar el 21 de marzo de 1960 y nos vamos hasta Sudáfrica para ello. Queremos recordar ese día que le dio nombre al Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial proclamado por la Asamblea General de Naciones Unidas a raíz de la masacre de Sharpeville el 21 de marzo de 1960.

Una pincelada a la historia: la masacre de Sharpeville

sharpeville_1El año 1960 fue uno de los más intensos en Sudáfrica a nivel político cuando los dos principales movimientos de liberación anti-apartheid, el ANC (African National Congress) y el PAC (Pan-African Congress) lanzaron algunas campañas contundentes contra las leyes impuestas por el gobierno racista. En este momento el PAC iba ganando apoyo tanto en Cape Town —en los townships de Nyanga y Langa— como en el área de Johannesburgo, en Soweto y Sharpeville (a 50 km de la ciudad). Una de las campañas más potentes que lanzó el PAC, era en respuesta a la Ley de Pases impuesta por el gobierno. Esta Ley consistía en el control de los desplazamientos de la población negra dentro del país mediante un documento que tenían que llevar consigo. En caso de que no lo llevasen, podían sufrir penas de prisión. Esos pases determinaban a qué zonas podían acceder y cuáles eran áreas sólo para blancos teniendo, por lo tanto, prohibido el acceso. Esta situación era dramática ya que aparte de la discriminación racial evidente, suponía la separación de las familias en las que uno de los miembros trabajaba en áreas sólo para blancos, ya que sus familias no podían acceder a esas zonas reservadas a visitarles.

Durante el mes de marzo de ese mismo año se llevaron a cabo varias manifestaciones contra la Ley frente a las comisarías de policía, donde pretendían quemar sus pases como forma de protesta. El 21 de marzo de 1960 fue cuando más gente participó y en algunas ciudades las manifestaciones llegaron agrupar a unas 20.000 personas, que fueron después dispersadas a porrazos y bajo la amenaza a un avión a baja altura (Ross, 2006). Pero estas tácticas no tuvieron el mismo efecto en Sharpeville. Allí la policía comenzó a disparar contra las 5.000 personas que estaban protestando frente a la comisaría. El saldo fue sesenta y ocho personas asesinadas y ciento ochenta heridas. Después de este dramático episodio, el clima social se incendió dando lugar a más manifestaciones en varias partes del país, especialmente en Ciudad del Cabo, aunque sin lograr la suspensión de la Ley de Pases de forma definitiva. Poco después, en abril, se ilegalizaron los movimientos de liberación ANC y PAC. Y años después la masacre se volvería a repetir en Soweto.

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Podéis visitar este interesante proyecto de Google Cultural Institute para ver el reportaje de fotografías de archivo del día de la masacre.[/message_box]

Arte contra el olvido: “Sharpeville Remembered. Commemorative Print Portfolio”

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El arte ha sido y sigue siendo una importante herramienta de expresión. En el caso sudafricano ya hemos hecho mención en varios de nuestros artículos de la importancia y del impacto de éste en determinados momentos sociales y políticos que ha vivido el país. Música, teatro y artes visuales, entre otros, han acompañado estos procesos y han expresado el sentir popular facilitando la transmisión de información cuando la cesura estaba a la orden del día. Pero a la vez, también se erige como un gran remedio contra el olvido. Una contribución al mantenimiento de la memoria histórica en un lugar donde una Comisión de la Verdad y la Reconciliación ha acompasado el largo periodo de transición desde que Sudáfrica recuperó su libertad en 1994 y que se ha encargado de cerrar algunas heridas de sus gentes. Sudáfrica no olvida y el resto del mundo, tampoco.

En esta línea, el Departamento de Artes Visuales y Diseño de Vaal Triangle Technikon de Vanderbijlpark y el Artist Proof Studio en Johannesburgo, llevaron a cabo en 2002 el proyecto colaborativo Sharpeville Remembered. Commemorative Print Portfolio. Once artistas de la región del Vaal Triangle —donde se encuentra Sharpeville— junto con once artistas de Johannesburgo [1] produjeron una serie de 55 ilustraciones que reflejan sus percepciones personales sobre la masacre. El resultado es una alegoría a la masacre y un homenaje a los mártires de la matanza. El proyecto fue presentado el mismo día de la inauguración del monumento homenaje que se puso frente la comisaria de policía de Sharpeville el 21 de marzo de 2002.

Como una imagen —o muchas— vale más que mil palabras, os dejamos algunas de las ilustraciones que componen el portafolio:

A pesar de la capacidad de los sudafricanos de mirar hacia delante y de haber cerrado las heridas del apartheid de una forma ejemplar, Sudáfrica sigue siendo un país con una gran desigualdad social marcada por la etnia y en el que aún queda mucho trabajo por hacer. Episodios similares han vuelto a tener lugar, como pudimos ver hace escasos seis meses en Marikana, teniendo su origen en esta desigualdad social.

Por otra parte y saliendo del continente, los estereotipos negativos acerca del “otro” y las medidas de austeridad que estamos sufriendo los ciudadanos y ciudadanas bajo el pretexto de la “crisis” no hacen más que agudizar y alimentar el racismo creando una mayor desigualdad social que afecta en gran parte a la población migrada —procedente de países empobrecidos—.

El auge del racismo en Europa y en otras partes durante esta “crisis”, no es casual. Es la punta del iceberg de un gran problema que padece nuestra sociedad, en gran parte, por la ignorancia que mantiene vivos estos estereotipos. Como resultado tenemos, sin ir más lejos, los Centros de Internamiento para Extranjeros en Europa, las medidas de austeridad que provocan un “apartheid sanitario” o las redadas racistas —entre muchos otros más—, que son claras manifestaciones de que aún queda un largo camino por recorrer.

Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la  Discriminación Racial, desde Wiriko queremos recordar que estas injusticias sociales no son cosa del pasado, sino que hoy en día siguen muy presentes. Esperamos llegar pronto al final del camino.  

[1] Los artistas que participaron en el proyecto fueron: Godfrey Tiali, Penny George, Kim Berman, Ian Marley, Ello Asha, Lidumo Gqotso, Simon Mtunkhulu, Rodney Hopley, Gabriel Mazibuko, Trevor Thebe, Oseah Masekoameng, Nhlanhla Xaba, Hardus Lourens, Reshma Maharajh, Obed Mbele, Pontsho Sikhosana, Danny Nhleko, Jacob Molefe, Diane Victor, Jacob Motsoane, Charles Nkosi, Muzi Donga and Avi Sooful.

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Fuentes y bibliografía:

Ross, R. (2006). Historia de Sudáfrica. Madrid: Akal.

World Print Makers

Más información interesante:

Ferrocarril Clandestino

Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos

Amnistía Internacional