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“El arte es terapéutico, una herramienta para unir a la gente”

En un pequeño estudio del barcelonés barrio de Gracia, Collin Sekajugo retoca algunas de sus últimas pinturas sobre cartones o sobre telas reutilizadas. Rostros desdibujados y redibujados una y mil veces. Figuras humanas irreconocibles que en realidad contienen toda la humanidad. Abajo, en la peatonal calle de Asturias, la vida continúa con normalidad. Arriba, en el primer piso, en una de las habitaciones que la organización Jiwar destina a sus artistas residentes, Sekajugo explica, delante de un panel de caras casi repetidas, cómo entiende él el arte. Mientras habla juega con media docena de botes de pinturas y va salpicando con pinceladas aquí y allí sus obras a medio acabar.

Collin Sekajugo, durante su residencia en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

Collin Sekajugo, durante su residencia en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

Collin Sekajugo, de madre burundesa y padre ugandés, crecido en Kenia, ha fraguado su idea del arte a través de una larga experiencia por diferentes países africanos, europeos y americanos. Y, sobre todo, la ha puesto en práctica a pie de calle, en los lugares en los que creía que el arte más podía aportar. Sekajugo ha vulgarizado la idea del arte para llenarla de contenido transformador en la capital de Ruanda y en un pueblo de Uganda con sendos centros de creación.

¿Qué le llevó a crear centros de arte en Ruanda y Uganda?

Mi idea de crear centros de Ruanda y Uganda comenzó cuando viajaba por el este y el sur de África entre 2005 y 2006. En ese momento, Ruanda estaba luchando por reconstruirse después del traumático genocidio de 1994 que afectó a toda la sociedad. Vi la necesidad de incorporar el arte en el proceso de reconciliación y reconstrucción de Ruanda. Me imaginé, en última instancia, un espacio donde los jóvenes podrían unirse para trabajar y compartir ideas sobre cómo utilizar el arte como forma de expresión, mientras aprendían a vivir juntos a pesar de sus diferentes orígenes. Esencialmente, quería utilizar el arte como una herramienta para la curación, la educación y la participación en la comunidad.

Ahorré un poco de dinero y en 2007 volví a Ruanda para abrir el primer centro de arte allí, Ivuka Arts Kigali. Más tarde, en 2011, amplié mi perspectiva y me volqué en una nueva idea, transformar el pueblo natal de mi padre, Masaka, en Uganda, en un pueblo de las artes, el primero de este tipo. Así es como formé Weaver Bird Arts Foundation en Kampala que ha sido la punta de lanza del desarrollo de los pueblos artísticos.

¿Qué balance hace de estos años de trabajo en los dos centros?

El intercambio entre las experiencias de Ruanda y Uganda no ha sido sencillo. Pero siempre he hecho las cosas con mucha pasión, he intentado por todos los medios conseguir un equilibrio entre ambas iniciativas y las actividades que se desarrollan en cualquiera de los países.

¿Por qué piensa que el arte podría ayudar a cambiar la sociedad? ¿A qué se refiere con esa capacidad de transformación?

El arte es terapéutico y estoy convencido de que se puede utilizar como herramienta para unir a la gente. Eso es lo que he podido presenciar durante mi viaje artístico que comenzó hace más de 10 años.

Sekajugo retoca una de sus pinturas. Foto: Carlos Bajo

Sekajugo retoca una de sus pinturas. Foto: Carlos Bajo

Así que su percepción tiene algo que ver con su experiencia personal con el arte ¿Qué ha significado para usted?

Por su puesto. La idea de que el arte puede cambiar la vida es algo que descubrí cuando yo mismo estaba tratando de averiguar quién era y qué papel quería jugar como persona en la sociedad. Estoy hablando del tiempo en el que terminé la secundaria y estaba buscando en el arte una manera de curar mi dolor por la pérdida de mis padres a una edad temprana y todas las dificultades que he experimentado desde entonces. Cuando, en mi juventud, empecé a dibujar y pintar, enseguida me di cuenta de lo rápido que mi vida estaba cambiando y cómo inmediatamente me sentía mejor conmigo mismo. Por eso decidí convertirme en artista profesional e intento usar mis habilidades creativas para ayudar a otros que pueden haber pasado por situaciones similares o peores.

Con el paso del tiempo he podido perfeccionar mis habilidades con la formación y eso me ha permitido vender mi trabajo a diferentes coleccionistas y amantes del arte de todo el mundo. Los ingresos de estas ventas los he invertido en el desarrollo de mis proyectos en Ruanda y Uganda.

¿Cómo definiría su trabajo?

Me gusta referirme a mí mismo como una comunidad creativa y el sentido de mi trabajo, de ese arte y de la comunidad es la transformación social. Mi obra es mitad realista y mitad abstracta.

Y, ¿sobre qué base ha construido su estilo?

Mi obra se inspira principalmente en mis experiencias en las actitudes, las percepciones, las reacciones y comportamientos de las personas en distintas situaciones. Mi inspiración no se limita a una cultura específica o a una comunidad, sino que es más bien un acercamiento a las cosas que construyen o rompen la sociedad actual.

El artista ruandés-ugandés Collin Sekajugo. Foto: Carlos Bajo

El artista ruandés-ugandés Collin Sekajugo. Foto: Carlos Bajo

Se implicó en las sociedades de Ruanda y Uganda en momentos complicados. En la actualidad, los dos países también viven problemas políticos, ¿aún queda mucho por hacer?

Ruanda y Uganda son países pacíficos y que avanzan a pesar de sus pasados ​​terribles. Las complicaciones políticas de los dos países no me impide expresarme a través del arte, ya que mi trabajo tiene como objetivo principal el desarrollo de la sociedad y no su destrucción. Como mi objetivo es usar el arte para capacitar a las personas y crear una comunidad, me siento cómodo trabajando en ambos países.

¿Cómo se imagina el futuro del arte y los artistas en los países africanos que conoces?

Estamos en medio de la globalización, los artistas están expuestos a diferentes culturas y entornos en los que comparten su creatividad y el mundo parece más receptivo al arte africano ahora, de lo que solía ser hace 10 o 20 años. Creo que el arte africano tiene mucho futuro en el mundo actual.

Hemos visto que le han preguntado qué ha aprendido en Barcelona. A nosotros nos gustaría saber qué puede aportar a la escena del arte de Barcelona.

Hace varios años que soñaba con venir a Barcelona y ahora he tenido esta oportunidad. Lo primero que me ha llamado la atención ha sido la diferencia entre Barcelona y otras ciudades europeas que he visitado antes. Me ha inspirado mucho. Me gusta el ambiente de convivencia de la ciudad, que hace que el visitante, como yo, enseguida se sientan incluidos en el entorno social. La mayor parte de la gente que he conocido apenas sabía nada sobre el arte de África Oriental y las presentaciones que he podido hacer creo que ha servido para abrir los ojos a muchos catalanes y españoles.

Coincidiendo con el Making Africa, ¿qué le parece cómo se percibe el arte contemporáneo africano en Occidente? ¿Cree que está cambiando la visión?

Creo que el arte africano siempre ha sido recibido como si sólo fueran las tradiciones y la artesanía del continente y el arte contemporáneo no era realmente reconocido hasta hace poco. Los viajeros y coleccionistas lo han “empaquetado mejor” para que el mundo lo vea y los  museos internacionales ahora parecen más interesados ​​en exhibir este nuevo arte. Creo que el arte africano está empezando a ocupar el lugar que le corresponde. Muestra como Making Africa que recientemente se ha inaugurado en el CCCB de Barcelona o de Africa Now que se inauguró en Londres hace un par de años, están dando al arte africano una difusión que le va a asegurar su futuro mejor.

Y, por último, ¿qué le parece que Occidente puede aprender del arte africano contemporáneo?

La lección más importante que el mundo debe aprender es que el arte africano no es sólo dioses antiguos, rituales, leones en la selva, … sino que va mucho más allá de los aspectos tradicionales. Hoy en día África es el hogar del diseño contemporáneo y, personalmente, lo encuentro emocionante. Creo que merece un reconocimiento internacional. Making Africa, por ejemplo, sorprenderá al público que vaya a ver la exposición con unos nuevos descubrimientos que seguro fascinan a los europeos amantes del arte.

Entrevista a Inua Ellams, un revolucionario poeta con ojo visual

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Inua Ellams. Fotografía de Franklyn Rodgers.

Inua Ellams es uno de esos nombres que van a estar presentes para siempre cuando se observe la escena artística nigeriana, africana en general o incluso europea del siglo XXI. Es un artista gráfico y un virtuoso de las palabras influenciado por la cultura hip hop. Inclasificable por abarcar disciplinas tan diversas como las artes visuales, el diseño gráfico, la ilustración, el audiovisual, la poesía o las artes escénicas, es ante todo una mente inquieta capaz de inquietar y un romántico empedernido.

En España, lo conocimos por haber traído su proyecto de aroma situacionista The Midnight Run (o La Huida a Medianoche) en Barcelona, una obra que mezcla improvisación y participación del público en un recorrido que rescata e interconecta las sombras de la ciudad: el hormigón y el acero, los personajes nocturnos, los extraños entre sí… Conectando elementos que van a contracorriente, siendo él uno de ellos. Inua busca rescatar de la oscuridad de la noche los puntos de luz y de belleza de espacios que se reconstruyen y re-definen. Y como amantes de la belleza, no hemos querido perder la oportunidad de hacerle una entrevista sobre sus trabajos y su visión sobre el panorama artístico africano como artista nigeriano en la Diáspora.

The Barcelona, Spain, Midnight Run // 08/06/2013 from Inua Ellams on Vimeo.

G: Escritor nigeriano-irlandés-británico de poemas, cuentos y obras de teatro, diseñador gráfico; artista visual… También tengo entendido que estás haciendo talleres de escritura creativa y he leído frases tuyas como la que dice: “Yo sólo pinto cuadros con palabras.” ¿Cómo te auto-definirías?

I.E.: En este momento me definiría como un buscador de casa. No tengo aún un lugar donde sienta que pertenezca enteramente, y mi escritura es un diario de este proceso de búsqueda. Cuando era pequeño, quería ser un artista visual y pasé gran parte de mi infancia hasta la adolescencia centrándome en la creación de imágenes, en la estructura de la forma y el color. Al dejar la escuela y no poder permitirme lo de la pintura, empecé a escribir con el ojo visual que había desarrollado durante años. Traté de hacer lo que siempre había hecho, pero en lugar de usar un pincel, intenté usar palabras.

G: Como artista de la diáspora (si me permites esta descripción simplista) … ¿Cuál es tu relación con Nigeria y cómo se vive Nigeria des del Reino Unido? 

I.E.: Nigeria siempre es como una madre con muchos hijos, una madre cuya sombra cubre el mundo y a todos sus hijos, les guste o no. Mi relación con Nigeria fluctúa tanto como una sombra lo hace bajo diferentes luces. Es decir, a cada momento hay muchos focos en Nigeria, algunos de positividad extrema, aunque lo único que cuente sean otros de negatividad extrema. Las luces que brillan, y de las que me siento orgulloso, son las de nuestros escritores, nuestros arquitectos, nuestros poetas, nuestros dramaturgos, nuestro espíritus inexorables, la inquebrantable-dad de nuestras espaldas. Las luces que brillan y de las que me asusto son las de la corrupción, la codicia, la pobreza extrema, el extremismo religioso, la explotación y la erosión cultural. Estoy tan orgulloso de Nigeria como estoy avergonzado de ella. En Occidente, aquí en Europa donde vivo, donde las etiquetas necesitan estar conectadas para que algo exista, Nigeria es para mí como un indicio con el que mi conciencia está en relación con el mundo, pero habiendo vivido aquí, soy tan británico (o estadounidense, dada sus influencias culturales) como nigeriano .

G: Tan joven como eres; habiendo ganado el Premio del Festival Fringe de Edimburgo en 2009, siendo el primer africano en presentar un espectáculo individual en el escenario del Teatro Nacional de Londres en 2010, habiendo sido preseleccionado para el Premio Alfred Fagan para dramaturgos de África y de ascendencia caribeña… ¿Cuáles son tus aspiraciones?

I.E.: Por encima de todo, quiero ser capaz de escribir lo que quiero escribir. Mis aspiraciones son numerosas, pero el objetivo final de todas ellas es simplemente estar en condiciones de hacer lo que quiero. Se puede argumentar que yo (o cualquier escritor) puedo hacerlo, pero para tener éxito en el juego de la poesía (para tomar prestada una analogía del mundo del hip hop) hay políticas que jugar, hay maneras de escribir y círculos dónde ser visto, ninguna de las cuales me gusta mucho, pero que siento que debo hacer. Tal vez esto sea una ilusión, pero incluso así sería una yema de huevo a la que estoy atado. Tal vez la política sea una parte de la descripción del trabajo; parte de ser un escritor, en cuyo caso, entonces, mi aspiración es tan amplia como precisa: simplemente para convertirse en un mejor escritor y articulador del(de los) mundo(s) en que vivimos, el(los) por qué(s) y la(s) forma(s) en la(s) que vivimos en él(ellos).

G: Regresaste a tu Nigeria natal después de un largo periodo sin estar allí, para el primer Festival de Teatro de Lagos en 2013. ¿Cuéntanos cómo fue esa experiencia?

I.E.: Fue estimulante. En realidad no esperaba nada, no creía que nada profundo despertara dentro de mi subconsciente, que fuera a echarme a llorar cuando aterrizara en tierra nigeriana. Estoy conectado con las comunidades nigerianas aquí en Londres y gracias a Aljazeera, Twitter, Facebook y los medios de comunicación en línea, siempre tengo la sensación general de lo que está pasando – lo suficiente como para saber que la vida sigue adelante, y que la misma vertiginosa transitoriedad que envuelve Londres también envuelve Lagos y Nigeria. Sin embargo, antes de partir hacia Nigeria, hablé con un ugandés y cuando le pregunté cuántas veces visitaba su “hogar” – a pesar de que vivía y trabajaba en Londres-, me respondió que dos veces al año . Le dije que iba a estar en Nigeria durante sólo seis días, sacudió la cabeza con incredulidad diciéndome que me quedara más tiempo, que tenía que pasar tiempo en ‘casa’. Él hablaba de un lugar más allá del lenguaje – no podía expresar lo que quería decir cuando le pregunté -, pero me di cuenta de cómo sus ojos se suavizaron y por el leve hundimiento de sus hombros y la profundización de su sonrisa, que sólo la idea del lugar HIZO algo a su espíritu. Pensé que si me iba con algo parecido a esa afectación, sería genial … y eso es exactamente lo que pasó! Después de tres días allí de repente me sentí como si estuviera en medio de mi gente, que pertenecía a la tierra, al calor. Fui allí para llevar a cabo una obra de teatro y fue bien recibida por el público, fueron sin duda la mejor audiencia que he tenido para la obra. Se rieron tanto que tuve que parar y esperar a que terminaran de reírse para poder continuar.

G: Nigeria está en el ojo de mira recientemente por su escena artística: la música , el cine o incluso la industria literaria, son de lo más avanzado en el continente y están causando mella. ¿Cómo puede esto fomentar un efecto llamada para aquellos nigerianos que viven fuera de África? ¿Crees  que las oportunidades de trabajo en la escena de las artes promueven o pueden promover, un retorno al continente? ¿Puede beneficiar esto el desarrollo de África?

I.E.: Nigeria es el país más poblado del continente y será el más rico bien pronto. De la inundación de capital en el país, la mayor parte todavía proviene del sector del petróleo y sus negocios periféricos. El mercado laboral está aumentando masivamente, los jóvenes se sienten lo suficientemente liberados para buscar otras formas de empleo más allá de lo tradicional a la mentalidad nigeriana, y el más visible de estos campos son puestos de trabajo en el sector de las artes. Sin embargo, los mercados locales no están apoyando suficientemente los puestos de trabajo para que los artistas puedan hacer una carrera a tiempo completo. Los artistas nigerianos todavía tratan de atraer a los mercados occidentales, por lo tanto, no creo que ningún tipo de iniciativa de retorno a África sea muy inteligente. Blaise Pascale dijo una vez: “Todos los problemas de la humanidad se derivan de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilamente en una habitación solo”, pero algunos de los que no se sentarían, irían a reclamar tierras, crear fronteras, dibujar líneas en la arena y apuñalar a la tierra con el asta de una bandera, reclamando su propiedad. Esto se le hizo a nuestra tierra y a nosotros, a nuestros propios cuerpos. Hemos luchado y seguimos luchando para ser incluidos en las sociedades occidentales, seguimos subiendo las escaleras que ayudamos construir y no creo que debamos caminar lejos de ellas. El mundo es como es ahora, todas nuestras economías están vinculadas, y aunque sin duda defiendo el crecimiento financiero en el continente, una iniciativa de retorno a África desestabilizaría las economías de ambos lados de la moneda. La escena de las artes ayudará a contar nuevas narrativas sobre el continente, cambiará la marca del continente y ayudará al mercado en el resto del mundo, pero el desarrollo proviene de las partes más vitales de la economía africana: agricultura, sanidad, construcciones, bienestar, infraestructura… Estos son los bloques de construcción de las naciones. Las artes pueden ayudar a articular la necesidad de cambio, pero no pueden iniciar el cambio por sí solas.

G: Háblanos de tus obras : ‘The 14th Tale’; ‘Untitled’ y ‘Black T-Shirt Collection’. 

I.E.: ‘14 ª Tale’ fue en gran medida una mayoría de edad, un juego autobiográfico sobre mis experiencias de crecer en Nigeria, trasladarme a Inglaterra, a Irlanda y de regreso a Inglaterra. Se trata de una exploración divertida, meliflua, de cambios emocionales, pero ligera, de entender la masculinidad contemporánea africana. ‘Untitled’ es una obra de realismo mágico que acontece entre un pequeño pueblo en el corazón de Nigeria y en la ciudad de Londres. Es sobre los nombres y las consecuencias de ser anónimo. Cuenta la historia de dos hermanos gemelos separados al nacer, mezclando el lenguaje – la filosofía con el folclore y una carrera contra el tiempo asombrosa. ‘The Black T -shirt Collection’, mi obra más reciente, es la historia más grande que he contado nunca. Trata de la homofobia y la homosexualidad en Nigeria, la violencia sectaria en Nigeria, los mercados financieros globales, la industria de la moda, el comercio, la responsabilidad social de las empresas, la explotación y las consecuencias del éxito. Viaja desde Nigeria a Egipto, a Barcelona, ​​España – directo a través de Europa, a Londres y finalmente China. Sin embargo, también es simplemente una historia sobre dos hermanos adoptivos tratando de iniciar una empresa de camisetas. Todo mi trabajo, poemas y obras de teatro por igual creo que versan sobre la identidad, el desplazamiento y el destino.

G: ¿Y cuáles son tus citas para 2014?

Hay mucho, antes de junio, voy a viajar a Bangladesh, Pakistán, Estados Unidos, Nigeria, Nueva Zelanda, Australia y Singapur posiblemente. También estoy trabajando en una nueva obra, dos libros de poesía y varios poemas por encargo e instalaciones artísticas.