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Francis Kéré, un arquitecto al servicio de la Humanidad

En Gando, una pequeña aldea de Burkina Faso, la escuela era oscura y calurosa y las clases estaban abarrotadas. La gente debía hacer y rehacer sus casas debido a la destrucción que provocaba la intensa época de lluvias. Estas realidades despertaron en un joven Francis Kéré la voluntad de cambiar las cosas en su aldea natal. Así empieza una trayectoria profesional que ahora y hasta el 20 de enero recoge el Museo ICO con la exposición ‘Francis Kéré. Elementos primarios’. Una muestra que presenta por primera vez en España, y al completo, la obra del arquitecto burkinés.

Escuela primaria de Gando.

Tras estudiar en Uagadugú, Francis Keré recibió una beca para ser carpintero en Alemania, donde acabó graduándose en arquitectura e ingeniería. Pero su mente seguía puesta en sus raíces, al fin y al cabo, en Burkina Faso la idea del retorno es muy importante y constituye la espina dorsal de muchas comunidades. Por eso, en paralelo a sus estudios, creó la Kéré Foundation para financiar la construcción de la Escuela Primaria de Gando, que recibió el premio Aga Khan 2004 por combinar excelencia estética y compromiso ético.

En este proyecto Kére utilizó materiales locales, técnicas tradicionales e implicó a la gente de la aldea en la construcción de la escuela, en todas las fases del proyecto. Esta brillante manera de hacer las cosas que conjuga sostenibilidad, adaptación al medio, identidad cultural y sabiduría popular a la perfección, es la base de la arquitectura vernácula y también el principio que rige Kéré Architecture, su estudio en Berlín fundado en 2005.

Numerosos proyectos han visto la luz en este estudio y la mayoría de ellos se han llevado a cabo en África, convirtiéndolo en uno de lo arquitectos más premiados del continente. Pero su arquitectura trata temas universales como la gente, la eficacia o la ecología y por eso triunfa también en el resto del mundo. Kéré fue elegido para construir el pabellón de la Serpentine Gallery de Londres en 2017, obra que ha marcado su consagración cosmopolita. El árbol es el concepto que inspira el pabellón que se concibe como un microcosmos y fusiona las referencias culturales a Burkina Faso con técnicas de construcción experimental.

Una reproducción a escala de este pabellón forma parte de la muestra del trabajo arquitectónico de Francis Kéré que ahora puede verse en Madrid y que recoge  27 proyectos y 6 instalaciones artísticas. Luis Fernández-Galiano, comisario de la exposición, define así su obra: “Francis Keré es burkinés y berlinés. Su obra está profundamente enraizada en su país natal, pero hace uso de elementos y principios universales que permiten injertarla en contextos tan diferentes como su ciudad de adopción. Estos elementos primarios fueron descritos durante el siglo XIX en los textos de Gottfried Semper, y se manifiestan vigorosamente en las construcciones esenciales de Kéré. Autor de una obra ejemplar en el empleo de recursos limitados y técnicas sostenibles, este arquitecto africano y alemán se ha convertido en el líder de una nueva generación empeñada en hacer el mundo mejor trabajando para los que menos tienen”.

Tres principios de la tratadística germánica articulan los ‘Elementos Primarios’ de Francis Kéré: El techo tectónico, el suelo estereotómico y el muro textil. Esta es la arriesgada propuesta de una exposición que interpreta la arquitectura de este burkinés y sus raíces vernáculas recurriendo a la tradición teórica alemana de la mano de Semper. Además de este vínculo inevitable entre sus países de nacimiento y adopción, esta muestra pretende subrayar la naturaleza universal de estos principios y ofrecer una reflexión más general sobre la sustancia misma de la arquitectura, explorando sus fundamentos últimos.

“La arquitectura consiste en crear espacios para conectar a la gente, de manera que el resultado sea atractivo por cómo se han manejado esos espacios, se han usado los materiales, se han gastado eficientemente los recursos y se ha trabajado con el clima. En lo más profundo, la arquitectura consiste en servir a la humanidad. Esta es la definición de la arquitectura que dio Kéré durante los preparativos de esta exposición en Madrid. Una inspiradora declaración de principios en la que las personas son lo más importante, que pretende conseguir más con menos y que se adapta a lo local sin renunciar a la belleza.

Los próximos proyectos a gran escala que se han desarrollado en su estudio berlinés son el parlamento de Burkina Faso y el monumento a Thomas Sankara, ambos en Uagadugú. El objetivo es que la gente se identifique con el edificio y se sienta parte de él, que puedan llegar a exclamar: ¡Este es nuestro edificio!. Este sentimiento es para Kéré la base de cualquier democracia. Y es que es un idealista o quizás un visionario, pero ha llegado a lo más alto sin despegar ni un milímetro las suelas de sus zapatos de la tierra roja de Gando.

 

“El diseño presenta una oportunidad fabulosa de proponer soluciones para mi continente”

Burkina Faso está en los primeros puestos de la lista de los países más pobres del mundo y, por ende, también en la de los más dependientes en importaciones, que no atienden a criterios de sostenibilidad en su envasado precisamente y dejan un excedente de plástico y envases de metal en el país. Un escenario en el que el artista Hamed Ouattara ve la ocasión de generar desarrollo a través de la creación de muebles diseñados con materiales reciclados. Su trabajo le ha llevado a ser reconocido, entre otros galardones, con el Premio de Diseño Africano en su primera edición y a ser nombrado Personalidad Cultural del Año 2017 de Burkina Faso en la categoría de arte.

Ruth Fernández Sanabria: Empezaste estudiando contabilidad y costura, ¿qué te llevó a dedicarte a la pintura y posteriormente al diseño?

Hamed Ouattara: Me hice artista porque sentí la llamada creativa. Ser artista me permite expresarme totalmente a través de cualquier medio y este trabajo me da la gran libertad de actuar recíprocamente con mi entorno. Tengo una necesidad perpetua de entender y proporcionar las respuestas correctas a los problemas existenciales y compartir los frutos de mis reflexiones.

R.F.S: ¿Por qué decides finalmente centrarte en el diseño de muebles?

H.O: Ser un diseñador es un privilegio en un país como el mío. El diseño presenta una oportunidad fabulosa de proponer soluciones para mi continente porque tiene la magia de hacer romper esquemas, aunque también supone que previamente tengas que hacerte preguntas de crucial importancia en el proceso de desarrollo.

R.F.S: Tu obra se basa en el arte reciclado, ¿qué te atrae de esta disciplina?

H.O: Observé que en mi país hay una proliferación inmensa de envases de plástico que no tienen ningún valor añadido sino simplemente contaminar nuestro entorno, lo que me llevó a una fuerte convicción de la necesidad del reciclaje. Mi trabajo procura mostrar cómo podemos responder a cuestiones ambientales muy serias de un modo creativo, y esto es también una extensión de mi compromiso con el principio de reciclar.

R.F.S: Sin embargo trabajas principalmente con el metal, ¿por qué?

H.O: En Burkina Faso existe un gran conocimiento sobre el oficio con este material. Somos un país al que se importan muchos productos de petróleo y tenemos una enorme reserva de envases de metal.

R.F.S: ¿Existe una cultura del reciclaje en Burkina Faso?

H.O: No hay ninguna cultura de reciclaje en Burkina, en mi opinión, porque en África no existía esta preocupación en la época de nuestros antepasados, pero con la industrialización aparece el problema de la importación y exportación de productos. Desde hace unos años el Gobierno ha tomado medidas para controlar y sensibilizar a la gente en este sentido. Mi trabajo muestra que con las abundantes materias primas que hay en nuestro entorno y a través del reciclaje podemos tener un diseño local e innovador que dé respuesta a los múltiples retos que tenemos en relación a la contaminación y al desperdicio de recursos.

R.F.S: ¿Consideras que tu trabajo tiene una carga más social que estética?

H.O: El tema principal de mi trabajo es el diseño social, que se extiende en paralelo al diseño de lujo, lo que me permite dar el salto a las paredes supuestamente infranqueables del mundo del diseño. La vida en mi país me permite entender la diversidad. Tengo que crear teniendo en cuenta la variedad y riqueza cultural que existe y que influye en las elecciones de la gente. La combinación de modernidad y tradición en mis diseños en realidad reflejan la sociedad de cambio en la cual vivimos y es también un ejercicio interesante desde una perspectiva histórico social.

R.F.S: ¿En qué te inspiras para desarrollar tus piezas?

H.O: Estoy realmente fascinado por las técnicas tradicionales del trabajo metálico, sobre todo aquellas que han sido implementadas en el continente, en las que encuentro una creatividad desbordante y llena de ingenio.

R.F.S: ¿Cómo es ser artista en Burkina Faso?

H.O: En un país en vías de desarrollo como Burkina Faso, los sectores esenciales siempre tienen prioridad y es realmente difícil ser un artista y vivir de ello. Yo he tenido la suerte de ser capaz de vivir de mi pasión. Desde niño siempre he estado convencido de que el arte desempeña un papel en el desarrollo de África. Mi pintura y mi trabajo de diseño reflejan esta convicción.

R.F.S: Tienes tu propia galería taller donde enseñas a jóvenes este oficio, ¿cómo ves el futuro del arte en tu país?

H.O: Compartir mis acciones con una nueva generación de artistas me hace pensar que he llegado a la cúspide y que estoy trabajando en el continente y en Burkina Faso para cambiar muchas cosas. Estoy seguro de que los resultados serán visibles en pocos años.

R.F.S: Entre todos los reconocimientos que has conseguido, ¿cuál ha sido el más significativo?

H.O: Todos los premios son importantes, especialmente cuando vivimos y trabajamos en zonas difíciles y menos reconocidas. El Premio de Diseño Africano es en mi opinión más que importante porque demuestra que las mentalidades están progresando y eso nos permite continuar.

R.F.S: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

H.O: Mi próxima colección de objetos y muebles únicos está basada en las técnicas hereditarias del trabajo con el hierro, sin usar electricidad lo que contribuye a ser más ecológico, pero sobre todo para destacar el proceso de trabajar artesanalmente el material. Al margen de esto, yo trato de crear objetos insólitos, muebles que no son necesariamente para su uso porque siento la necesidad de construir con la humanidad de los artesanos, de quienes me interesa conocer los detalles de su vida, de su relación diaria con los objetos que los rodean. Por eso voy a trabajar con artesanos de la segunda ciudad de Burkina Faso, Bobo Dioulasso. Quiero zambullirme en este entorno y luego hacer una exposición con el fruto de este trabajo de acercamiento.

Animación africana: la búsqueda de experiencia, perfección y reconocimiento

*Marie Laurentine Bayala

Personajes realizados por la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA).

Las aventuras de Tom Sawyer, Las tortugas Ninja, Clémentine Alicia en el país de las maravillas son algunas de las caricaturas que han acompañado a generaciones de niños y niñas africanos desde la irrupción de la televisión a finales de la década de 1950. Hoy, por ejemplo, Las aventuras de Tintín se pueden ver en la televisión nacional de Burkina Faso. Es decir, los caminos para desarrollar películas de animación en el continente son prácticamente inexistentes y los proyectos de películas están, en su mayoría, respaldados por Europa, Estados Unidos y Asia.

Dada la escasez que caracteriza a este género, un grupo de jóvenes decidió unirse en 2009 para dar forma a sus historias creando la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA). La ABCA forma a sus miembros en materia de animación y transmite su pasión por el dibujo a los jóvenes de la capital y otras regiones del país. Recientemente, treinta personas de Koudougou, Bobo-Dioulasso y Dédougou realizaron un proyecto de animación bajo los auspicios de la asociación y en un mes consiguieron realizar una película. Esto quiere decir que una generación de cineastas se encuentra en el proceso de redefinir el futuro de este género gracias a su determinación por realizar películas a pesar del contexto desfavorable en el que se desarrollan. “Los talentos emergentes se encuentran principalmente en Sudáfrica, Nigeria, Marruecos, Costa de Marfil, Burkina Faso y Senegal.

No hay capacitación para desarrolladores. Solo hay talleres breves que introducen a los participantes en técnicas de animación y programas específicos como TV Paint, Adobe Photoshop, Adobe Flash, Toon Boom 3D S-Max y Maya”, explica Claver Yaméogo, director burkinabé de cine de animación con sede en Tokio, Japón. Después de sus estudios de animación en Francia, pasó nueve meses haciendo el primer episodio de Soamba. Actualmente se encuentra inmerso en una película de animación sobre la Princesa Yennenga.

¿Cómo, entonces, alimentar la imaginación de los niños pequeños mientras se les presenta la diversidad cultural de África, garantizando así la preservación de la identidad cultural del continente? Para Serge Dimitri Pitroipa, la animación puede jugar un papel clave. Él sugiere modernizar las historias para hacerlas más cautivadoras. “Tenemos muchas historias que, si se cuentan tal cual, no interesan a los niños. Por ejemplo, el Manga: se han modernizado. La animación podría ofrecer nuevas perspectivas a muchas historias. Desafortunadamente, los niños gastan su tiempo viendo canales extranjeros cuando tenemos nuestras propias historias para vender y mostrar. Y con este enfoque en mente diseñamos Afro Game. Los decorados son futuristas. De hecho, puedes observar que la esencia de la historia es la misma, sin embargo, el envoltorio ha cambiado”, subraya Pitroipa. Afro Game es una película de animación que Pitroipa y sus colegas realizaron después de una formación en Dinamarca.

Las películas de acción a menudo recurren a la animación, ya sea para efectos especiales, o para agregar nuevas escenas a narrativas ficticias. Las ilustraciones pueden reforzar la trama, o incluso conservar la historia cuando no es posible acceder a una configuración determinada. En este sentido, Pitroipa y debido a la imposibilidad de grabar o fotografiar el desarrollo de la ceremonia de despedida del jefe Mossi, ha recurrido al recurso de la animación para su recreación. “La animación es un soporte en las películas de ciencia ficción porque a través de ella es posible contarlo todo. Algo que no ocurre en el caso de la ficción o el documental”, señala Claver Yaméogo, quien considera que la animación africana aún no está lista para beneficiarse de oportunidades de colaboración o financiación internacional.

La animación es una forma de arte en equipo en la que necesitas, además de mucho tiempo y dinero, diversas especialidades como guiones gráficos, composición, coloración, animación, etc. “El acceso a la financiación es difícil. En Burkina Faso, las personas aún no están listas para financiar una película que solo verán dentro de unos dos años. De vez en cuando, el Ministerio nos respalda”, agrega Pitroipa. A pesar de su determinación de impulsar el cine de animación, algunos miembros de la ABCA han abandonado la aventura ya que es difícil ganarse la vida en esta industria. La animación africana todavía necesita experiencia, perfección y reconocimiento. Y para que eso suceda, Claver Yaméogo está convencido de que los Estados deben involucrarse y crear escuelas de cine de animación que ofrezcan oportunidades de producción y trabajo.

*Marie Laurentine Bayala es periodista de Burkina Faso

Traducido por Sebastián Ruiz-Cabrera

Ouaga Girls: el motor de Burkina Faso

*Artículo original publicado en el blog de El PaísÁfrica no es un país.

Hay muchas formas de mostrar las calles aterciopeladas de humo de motocicleta en Uagadugú, la capital de Burkina Faso. Pero la que eligió la realizadora nacida en Suecia y criada en el país africano Theresa Traore Dahlberg podría ser perfectamente la de alguna reconocida marca de coches. Cámara lenta, cuerpos esbeltos, vestuario que golpea desacompasadamente la paleta de colores, un cielo gris pastel, y la guinda: una cuidada banda sonora de afrofunk por Richard Seydou Traoré. Sí. Los primeros dos minutos del documental Ouaga Girls simbolizan lo que en Wiriko ponemos tantas veces de manifiesto: que las sociedades africanas están en movimiento y son creativas. Y su directora lo grita a los cuatro vientos mostrando una visión transversal de la vida de varias jóvenes que se enfrentan a la inevitable y difícil transición universal de la adolescencia a la vida adulta en este país de África occidental.

La película se desarrolla en Burkina Faso (La tierra de los hombres íntegros) justo después de la caída del régimen de Blasie Campoaré, tras 27 años en el poder. Un contexto social y político que se desvela sutilmente a través de conversaciones de radio, vallas publicitarias, conversaciones telefónicas y otros momentos transitorios. Ellas sienten la brisa de la renovación en el país, pero para las mujeres no hay entusiasmo en las elecciones gubernamentales de finales de 2014. La vida continúa para las chicas con una silenciosa resignación que en esencia no cambiará nada. Es más, a pesar de que la escuela de Formación Profesional fue establecida como parte del proyecto de desarrollo social implementado por Thomas Sankara, ellas no tienen ningún tipo de confianza en el nuevo Gobierno que salga de los comicios. Una agridulce sensación (el 52% de los jóvenes están desempleados) que se adereza con las imágenes de un concierto del activista y cantante Smokey; la música como válvula de escape. Y el puño en alto.

Llama la atención que esta historia se desarrolla entre martillos, llaves inglesas y motores oxidados. Pero este documental de 83 minutos –y presentado recientemente en el DOCS Barcelona– va más allá de un trabajo sobre los roles tradicionales, más bien muestra a un grupo de chicas que se encuentra en su último año en una escuela de Formación Profesional esperando salir al mercado laboral en un sector ampliamente reservado a los hombres.

– Papá, aunque soy chica, me quiero dedicar a la mecánica de coches, aquí, en Burkina Faso.

Una barrera de género que no las disuadirá en su empeño por acabar los estudios, aunque para ello tengan que hacer malabares para sobrevivir en sus sombrías situaciones económicas. He aquí un trabajo fílmico que enfatiza la libertad de las protagonistas, incluso en medio de la incertidumbre.

Para leer el artículo completo, puedes hacerlo en la página de África no es un país.

Samuráis africanos: una extravagancia comprometida

El escenario de un futuro apocalíptico no es ninguna novedad. De hecho no tiene nada de original en el mundo del cine. Que un desastre haya obligado a nuestros sucesores a tomar el camino de vuelta y regresar a formas de vida propias de épocas pasadas, va acotando un poco más el argumento, pero tampoco tiene nada de singular. Ahora, que esos habitantes del futuro hayan tomado la vía de los samuráis en ese ejercicio de reconstrucción de la sociedad, eso ya empieza a ser bastante innovador. Y que los samuráis sean africanos, es el golpe de efecto definitivo. Ese es el escenario de Hasaki Ya Suda un corto del director burkinés Cédric Ido que mañana jueves se proyecta a partir de las ocho de la tarde en la Filmoteca de Catalunya (c/Salvador Seguí, 1 de Barcelona), dentro de la programación del ciclo del cine organizado por el Festival Internacional de Cine Africano de Barcelona (Ficab).

Un fotograma de la película “Hasaki Ya Suda”, del burkinés Cédric Ido.

La propuesta de Cédric Ido es al menos provocadora, en lo que se refiere a ese argumento principal, el de la lucha por el honor de un grupo de samuráis entre los que destacan por número los de origen africano. En la lectura que se puede hacer de esta historia destaca la elección de esa época pasada, “ancestral” dice en la narración. El realizador burkinés, que también es el autor del guión, huye del recurso habitual que supone el regreso a un estado primitivo. En su caso, es evidente que la elección, aunque represente un paso atrás, se remonta a una época con un halo de prestigio.

Tampoco parecen casuales algunos de los detalles del relato y de la narración. Empezando por la evidente voluntad de generar al espectador una cierta fractura, quizá una bofetada de realidad intercultural, al escoger como protagonistas de este regreso a los orígenes a personajes africanos que se enfundan en la piel de los samuráis. Ido mezcla en su historia la destreza con la espada con las habilidades sobrenaturales que seguramente el relato más convencional sí que coloca más próximo a los protagonistas. Otro detalle, quizá más difícil de detectar, es que el corto esté grabado en lingala, una lengua extendida en el centro de África, sobre todo en las regiones ribereñas del río Congo. El lingala no es el idioma propio del director ni de los actores, pero es utilizado dándole una sonoridad que fácilmente al espectador le recordará al japonés, en lo que es otro juego del director.

Todos estos ejercicios con los que Ido rompe constantemente lo que el espectador cree que se encontrará y que parece recordar una y otra vez que nada es lo que parece no son puro artificio, aunque sea una apariencia que se ve reforzada por unos efectos especiales muy particulares. Sin embargo, nadie puede negar que los alardes del director burkinés tienen una razón de ser que aparece explícitada desde el primer momento. El apocalípticos que ha conducido a esa situación no ha sido una casualidad o un accidente sino la mano del hombre materializada en el cambio climático. Ese ha sido el origen de las hambrunas y las guerras que han desestabilizado el orden mundial y que han tenido como primeros y principales perjudicados, evidentemente, a los habitantes más vulnerables del planeta, los hombres y mujeres del sur global. Curiosamente, en un cuidadoso y delicado relato inicial se dibujan imágenes que inevitablemente remitirán al espectador a la crisis que ha causado la muerte de miles de migrantes en el Mediterráneo debido a los obstáculos de la política migratoria europea. Sin embargo, Hasaki Ya Suda fue rodado en 2011, unos tres años antes del inicio de la que se ha dado en llamar la crisis de los refugiados que ha hecho que desde 2014 hayan muerto más de 15.000 a las puertas de Europa.

Cartel de “Hasaki Ya Suda”, película de Cédric Ido.

Por tanto, basta rascar ligeramente la superficie para encontrar en Hasaki Ya Suda, defensa del Medio Ambiente, alerta sobre el fenómeno migratorio o cantos a la interculturalidad, sin entrar en análisis más profundos. Eso y evidentemente un relato que, como mínimo resulta chocante y visualmente muy atractivo.

Por lo que se refiere al programa del Ficab, el corto Hasaki Ya Suda del burkinés Cédric Ido, precederá la proyección de High Fantasy, de la sudafricana Jenna Cato Bass, que se desarrollará en el mismo escenario de la Filmoteca de Catalunya. High Fantasy es un ejercicio entre que se mueve entre la tragedia y la comedia y que relata la historia de un grupo de adolescentes que durante un campamento en una tierra remota del interior de Sudáfrica se enfrentan a un misterioso cambio de cuerpos, con consecuencias que van desde la vida personal hasta la asunción de la intimidad y la identidad, sin pasar por alto el delicado telón de fondo político y social del país.

De la misma manera, dos horas antes de esta sesión doble, a las seis de la tarde, el Ficab propone una mesa redonda sobre activismo político y cultural en Burkina Faso, que se celebrará en el Pati Llimona de la capital catalana. Recogiendo el gancho de la procedencia del director invitado al ciclo, Cédric Ido, esta mesa redonda trata de abordar desde diferentes perspectivas y experiencias la importancia que ha jugado el activismo y la cultura comprometida en la trayectoria del país que se ha convertido en uno de los referentes para la juventud africana, sobre todo, en la esfera francófona.

La urgencia de celebrar las cineastas africanas

*Charles Ayetan, desde Lomé (Togo)

El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.

Safi Faye fue la primera mujer en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje «La passante», realizado en 1972.

La senegalesa Safi Faye fue la primera mujer africana en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje La passante, filmado en 1972.

Después de estos primeros años, podemos mencionar otros nombres como los de la argelina Djamila Sahraoui, quien ganó el Etalon de plata en el Fespaco de 2013 con su largometraje Yema; la cineasta togolesa Anne-Laure Folly, quien ha dirigido una veintena de documentales sociopolíticos, incluido Les Oubliés, en el que aborda la guerra de los 30 años en Angola a través de los ojos de las mujeres (2); la congolesa Monique Mbeka Phoba quien ha realizado una docena de documentales y una ficción, destacando Entre la coupe et l’élection (3), de 2007, y el cortometraje Sœur Oyo (2014) un trabajo que relata la vida de los estudiantes en un internado católico. Actualmente, la joven generación de mujeres cineastas del continente manifiestan su determinación para hacer su carrera en el séptimo arte, especialmente en las las escuelas de cine.

 

Actrices con talento

Aunque en general muchas de ellas aún no tienen una gran reputación como las estrellas de los circuitos occidentales (4), las actrices africanas no carecen de talento. De hecho, en los últimos años han destacado los premios en FESPACO de Samia Meziane, por su papel en Voyage à Alger (2011), de Abdelkrim Bahloul, o de Mariam Ouedraogo por su interpretación en Moi Zaphira (2013), de Apolline Traoré. Dos años más tarde, Maïmuna N ‘Diaye en la película L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ganó el premio a la mejor actriz, un galardón que en 2017 fue para Noufissa Benchahida en el filme A la recherche du pouvoir perdu, de Mohamed Ahmed Bensouda.

El dúo de la beninesa Tella Kpomahou y la maliense Fatoumata Diawara contribuyeron sin duda al éxito del largometraje Il va pleuvoir sur Conakry, del guineano (fallecido hace un año) Cheick Fantamady Camara, una película que ganó en 2007 el premio que concede la cadena de radio pública francesa RFI. Recientemente la congolesa Véronique Tshanda Beya ha ganado el premio a la mejor actriz por su papel en Felicité (2017), del director franco senegalés Alain Gomis, en el Festival de Cine de Cartago (Túnez) o el Festival de Khouribga (Marruecos), entre otros.

 

Los festivales de cines africanos para mujeres

Son muchas las iniciativas que promueven el éxito de las mujeres en África y, de hecho, son varios los eventos que apuntan a ofrecer esta perspectiva en el plano cinematográfico. Este es el caso de los festivales de cine para mujeres como el Festival International du Film de Femmes de Salé (Marruecos), el Mis Me Binga (Camerún), el Festival Films Femmes Afrique (Senegal) o el Festival Africain des Films de Femmes Cinéastes (Togo) cuya primera edición comenzará dentro de unos días, entre el 10 y 20 de marzo de 2018.

 

Sin embargo, a pesar de disponer de estas plataformas de promoción, podemos afirmar que no se celebra lo suficiente el papel de las cineastas africanas en el continente. El desafío es desalentador y los actores culturales tienen los medios para tomar medidas que impulsen a las mujeres africanas al rango de estrellas como la actriz y productora sudafricana Charlize Theron.

 

* El togolés Charles Ayetan es periodista, crítico de cine y miembro de la Association des journalistes et critiques de cinéma (AJCC) de Togo. Colabora con la revista Présence Africaine, y el portal Africiné.org de la Federación Africana de Críticos de Cine, donde es responsable de la comunicación. Tuitea desde @CharlesAyetan

 

Traducción por Sebastián Ruiz-Cabrera

Referencias

(1) LEQUERET Elisabeth (1998). “L’Afrique filmée par des femmes”, Le Monde diplomatique, agosto, p.11.

(2) BARLET Olivier (1997). “Quel est le regard d’une femme cinéaste?”, Africultures, 1997.

(3) DIKU Roger (2011). “Entre la coupe et l’élection, un film en hommage de nos Léopards 1974”, Congoone, 20 abril.

(4) PALMIER Jean Joseph (2006). La femme noire dans le cinéma contemporain : star ou faire-valoir?, Ed. L’Harmattan, 2006

Películas

A la recherche du pouvoir perdu (2017), de Mohamed Ahmed Bensouda, ficción, Marruecos.

Entre la coupe et l’élection (2007), de Monique Mbeka Phoba y Guy Kabeya Muya, documental, RDC.

Félicité (2017), de Alain Gomis, ficción, Senegal.

Il va pleuvoir sur Conakry (2006), Cheick Fantamady Camara, ficción, Guinea.

Laila (1927), de Aziza Amir, ficción, Egipto.

Les Oubliées (1997), de Anne-Laure Folly, documental, Francia.

Lettre paysanne (1975), de Safi Faye, ficción, Senegal

L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ficción, Burkina Faso.

Moi Zaphira (2012), de Apolline Traoré, ficción, Burkina Faso.

Mossane (1996), de Safi Faye, ficción, Senegal.

Sœur Oyo (2013), Monique Mbeka Phoba, ficción histórica, RDC.

Voyage à Alger (2009), Abdelkrim Bahloul, ficción, Argelia.

Yema (2012), Djamila Sahraoui, ficción, Argelia.

 

Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

El palmarés del FESPACO 2017

Palmarés Fespaco 2017

Mejor largometraje: Félicité, de Alain Gomis (Senegal)

La película senegalesa Félicité del franco-senegalés Alain Gomis ha ganado la 25ª edición del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso). Sin duda, Gomis se ha convertido en uno de los directores africanos de referencia. En 2013 se volvió a llevar el máximo galardón, el Étalon de oro de Yennenga por su película Tey (Hoy). Y además Félicité se presenta como una de las películas del 2017: el 18 de febrero, le adjudicaban en el marco de la 67ª Berlinale, el Premio del jurado.

Félicité es el cuarto largometraje del realizador de 44 años afincado en Francia, quien también dirigió L’Afrance (2002) y Andaloucia (2007).

Premio de plata: L’orage africain, de Sylvestre Amoussou (Benín)

 

Premio de bronce: A mile in my shoes, de Saïd Khallaf (Marruecos)

 

¡Mejor guión

 


Mejor documental: Kemtiyu -Cheikh Anta, de Ousmane William Mbaye (Senegal).

Si queréis conocer más sobre el último trabajo de Mbaye, no olvidéis este artículo.


Mejor serie: Tundu Wundu, de Moussa Diallo (Senegal)

 

 


Mejor cortometraje

Oro: Hymenee, de la directora Violaine Maryam (Marruecos)

Plata: The bicycle man, de Twiggy Matiwana (Sudáfrica)

Bronce: Khallina Hakka Khir, de Mehdi M. Barsaoui (Túnez)

Mención especial: A place for myself, de Marie Clémentine Dusabejambo (Ruanda)

 


Mejor actriz: Nafissa Ben Chada por su papel en À la recherche du pouvoir perdu (Marruecos)

Mejor actor: Ibrahima koma por su interpretación en Wulu (Malí)

Mejor sonido: Félicité (Senegal)

Mejor escenario: La forêt du Niolo, de Adama Roamba (Burkina Faso)

Mejor musica: Le Puits, de Lofty Bouchouchi (Argelia)

Mejor imagen: Zin’naariya, de Rahmatou Keita (Níger)

Y… el mejor póster ha sido para The Lucky Specials

 

 

FESPACO: La fiesta de los cines africanos

Foto: u p p e r l a b

“Dios no es un terrorista”. A ritmo de reggae unas declaraciones como esta provocan menos irritación. El marfileño Alpha Blondy electrificó a los 5.000 asistentes que presenciaban el acto de inauguración del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso) mientras coreaban al unísono “rocking time in Uagadugú”. Blondy en varias ocasiones se había mostrado muy crítico contra el gobierno del antiguo presidente Blaise Campaoré por lo que su concierto desprendió tintes políticos y activistas. “He venido a cantarle a Sankara”, afirmó.

Costa de Marfil, es el invitado de honor de este evento que cada dos años se da cita en Uagadugú, la bautizada como capital de los cines africanos. La ciudad asfaltada de tierra rojiza y palmeras se fundirá hasta el próximo 4 de marzo entre los carteles de las películas que se proyectarán, los vendedores ambulantes, los pequeños mercados, los cines improvisados, y una gran presencia policial y militar para contrarrestar un posible ataque yihadista que hace un año dejó 33 muertos en Burkina Faso. De ahí el grito de Blondy: “Dios no es un terrorista”. En estos días, la fiesta africana del séptimo arte refresca la memoria de que en el continente se están produciendo auténticas joyas del cine y los profesionales del sector, aficionados y curiosos saben que el FESPACO es cita obligada para tomar el pulso a la ya de por sí complicada industria. Esta 25ª edición es toda una declaración de intenciones, así lo demuestra el lema: “Formación y oficio del cine y el audiovisual”.

En total, 164 películas compiten en varias secciones, incluyendo los 20 largometrajes de 15 países que optarán por el Étalon de Yennenga (Semental de oro), en su mayoría películas en francés, 4 de habla inglesa y ninguna en portugués. Cabe destacar el retorno de Níger, Camerún y Tanzania al prestigioso concurso al mismo tiempo que mencionar la gran ausente de esta edición: Nigeria. En la rueda de prensa que tuvo lugar en enero en París se comentó que los cineastas nigerianos se habían centrado en la rentabilidad de la producción a expensas de lo artístico. No obstante, la muestra que desde hace algunos años ofrece el festival Nollywoodweek en París –del que Wiriko es medio oficial– continúa defendiendo que no todo lo que se hace en Nollywood es de poca calidad.

De la selección al mejor largometraje, el país anfitrión será el mejor representado con la apuesta de tres películas de jóvenes realizadores: La Forêt du Niolo, de Adama Roamba; Thom, de Tahirou Tasséré Ouedraogo y Frontières, de Appolline Woye Traoré; trabajos que caminan entre las explotaciones mineras ilegales, el sufrimiento de vivir en las grandes ciudades o el comercio fronterizo, respectivamente. Costa de Marfil presenta la intriga política con Innocent malgré tout, de Kouamé Jean de Dieu y Kouamé Mathurin, y L’Interprète, de Olivier Melche Koné. Dos países del Magreb participan también: Marruecos, con A Mile in My Shoes, de Saïd Khallaf y A la recherche du pouvoir perdu, de Mohammed Ahe Bensougat; Túnez con Lilia une fille tunisienne, del veterano Mohamed Zran.

Y dos apuestas que pueden ganar alguno de los premios principales: uno, el trabajo del franco-senegalés Alain Gomis, quien presenta Félicité, película que hace unos días conseguía el premio del jurado en la Berlinale, un drama en ubicado en Kinshasa, la capital de la RDC; y dos, la intencionalidad del franco-maliense Daouda Coulibaly al arriesgarse con Wulu, un trabajo sobre drogas y gángsters en Malí, una historia delicada y arriesgada que sitúa en el debate la financiación de los terroristas que operan en la franja saheliana a partir de la cocaína.


Más información en la página del FESPACO

O en los canales de Wiriko donde os estaremos informando de los premios durante este fin de semana.

“El culo del sistema es demasiado grande o el pene de la revolución demasiado pequeño”

“A un músico le sería muy fácil ser un político relevante. Salimos en la TV, en la radio, nuestras caras son conocidas y el contacto con el público más directo. Youssou N´Dour es un buen ejemplo, aunque no haya sido un buen político. Otro ejemplo es Coluche en Francia. Incluso el propio Sankara era músico…”, confiesa Smockey, rapero, activista y fundador de le Balai Citoyen, a Wiriko durante su visita a Madrid, el pasado mes de diciembre.

Smockey. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

Serge Bambara, el hombre que se esconde detrás de Smockey, se define a si mismo como ciudadano antes que músico y explica su sentido de la responsabilidad ciudadana con el ceño fruncido y citando a uno de sus personajes de referencia, el periodista de investigación Norbert Zongo, asesinado en 1998 durante el gobierno de Campaoré, que decía: “No hay futuro para nadie, en un país sin futuro”. Parece lógico, pero….“Burkina es un gran país, pero no es lógico. Todo se ve. La miseria es visible, la corrupción es visible… Nadie se esconde. La impunidad es visible, la opresión es visible. Puedes cerrar los ojos y no ver nada. O lo dices. Nosotros decimos lo que vemos. En Europa tratan de acallar a la ciudadanía compartimentándola y dándoles un mínimo de confort. Esta segmentación se ve en la misma arquitectura, en la estructura de las ciudades europeas. Aunque no es el mismo nivel de pobreza que en África, el sufrimiento de los pueblos europeos es equivalente al sufrimiento de los africanos. Pero tienden a callarse porque no están acostumbrados a decirlo, a revolverse”.

¿POR QUÉ HA SIDO POSIBLE UNA REVOLUCIÓN EN BURKINA?

Aunque su mirada demuestra que lo tiene clarísimo, comienza con un quizás. “Podría  ser porque el pueblo burkinabés ha sido tradicionalmente un pueblo muy politizado a nivel de conciencia, en continuo debate político. Nuestra historia es rica en levantamientos populares. No es nada nuevo. Somos conscientes de que el problema es político y por tanto la solución debe ser política. Con las personas adecuadas en los lugares adecuados. Hay otros países como Congo, que son muy ricos, donde la solución puede no ser obligatoriamente política, puede ser económica. Si la cosa va mal pueden ir al bosque y servirse directamente. Pero nosotros vivimos en la sabana, no hay bosques para refugiarnos si la cosa va mal…”, dice riendo mientras se encoge de hombros.

Y de forma tan rápida como natural se colma de solemnidad para volver a nombrar a sus personajes modelo: “Tenemos buenas referencias como Thomas Sankara que dejó escritos, discursos, actos heroicos, que dió la vida por su país. Como Norbert Zongo. Él decía que hay dos tipos de hombres: Los hombres “en femenino” cuya masculinidad sólo se revela cuando están cerca del calor de una mujer, que no tienen cojones. Nosotros no somos cobardes, somos hombres “en masculino”.  Hay que entenderlo bien…esto es aplicable también a los ovarios”.

¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES REVOLUCIONARIAS?

Es un hecho que en Burkina Faso hay pocas mujeres políticamente comprometidas. Todas las dinámicas que se pusieron en marcha por la emancipación femenina durante el gobierno de Sankara quedaron reducidas a cero durante los 27 años de dictadura posteriores, quebrando el movimiento de resistencia y la unión de las mujeres de Burkina. Serge lo explica con un mueca triste:

“De un poder revolucionario se pasó a un poder capitalista liberal, al clientelismo político. Todo el mundo comprendía, no sólo las mujeres, que se hacía política por dinero forzosamente al lado del sistema y del poder. Las pocas mujeres que entraron en política fue dentro del partido mayoritario. El único puesto durante el gobierno de BC ocupado por una mujer fue en el Ministerio de la acción social y femenina, de la promoción de la mujer. Y eso es todo. Campaoré capacitó a las mujeres en política como simples servidoras del sistema y recompensó a las más avariciosas. Así que las mujeres en general se concentraron en proyectos de comercio, micro-proyectos para desarrollar sus pueblos, pequeñas industrias”.

La estructura base de La Balai Citoyen es el Club Cibal (Contracción de Citoyen- Balai) donde se llama a los hombres cibal y a las mujeres cibelle (juego de palabras en francés “tan bonita”). “Quisimos respetar cuotas del 50% dentro del Club Cibal, pero no llegamos, no hay tantas mujeres, aunque el porcentaje empieza a crecer. La paridad llegará a través del ejemplo y de momento faltan los ejemplos…”.

Smockey. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

CAMBIAR NO ES FÁCIL

Tras la insurrección popular de 2014, un año de gobierno de transición y un intento de golpe de Estado, en las elecciones presidenciales resultó elegido Roch Marc Christian Kaboré, ministro y asesor del anterior dictador. A Smockey le parece evidente que no es fácil cambiar, pero… “o elegíamos hacer una revolución violenta, armada ¡Bum! y conseguir lo que queremos, o elegíamos hacer una revolución pacífica. El proceso es mucho más largo, pero mucho más jugoso, es como los preliminares…”, y ríe con picardía.

“Hay que decir que es el pueblo burkinabés el que ha elegido este gobierno. Desgraciadamente. Pero hemos jugado las cartas de la democracia. Hemos participado en las elecciones y estamos seguros de que han sido transparentes. Y ahora todo el mundo se queja, pero algo fundamental ha cambiado para el pueblo burkinabés: sabe que posee la rabia y la fuerza para cambiar las cosas. Y hoy sería imposible para un político hacer lo mismo que hizo Campaoré porque como decimos en mooré: “Los ojos están abiertos”.

Sin dar puntada sin hilo, para titular su último álbum ha concentrado en una sola palabra, PREVOLUTION, las tres etapas que toda revolución debería tener. “Premonición: color amarillo, se trata de imaginar el futuro, de ver los problemas antes de que lleguen para poder resolverlos. Es la organización. Revolución: color rojo, es la acción. Y la evolución, que es el color verde, es lo que permite el verdadero cambio”.

“Siempre hubo revoluciones pero al final las mismas causas producen los mismos efectos y se corre el riesgo de acabar como Sísifo. La cuestión es salir de ese círculo vicioso, el problema es que… O el culo del sistema es demasiado grande o el pene de la revolución es demasiado pequeño. Y así no se puede joder el sistema.”

Pocos conocen la faceta musical del revolucionario burkinabés Thomas Sankara.

Sin embargo durante un año de gobierno de transición en Burkina muchas cosas han cambiado. El gobierno es enteramente civil y no puede presentarse durante más de dos mandatos, se ha disuelto la RSP (guardia presidencial) que aterrorizaba al país, la reforma del código minero, la prohibición de regalos durante las campañas electorales, un militar no podrá presentarse a las elecciones presidenciales y se han reabierto los casos Zongo y Sankara.

¿POR QUÉ NO ENTRAN EN POLÍTICA LOS REVOLUCIONARIOS BURKINESES?

Los estatutos de La Balai Citoyen prohíben expresamente la actividad política como partido o dentro de las instituciones para evitar la corrupción del movimiento. Smockey lo tiene clarísimo: “Nosotros ahora estamos en el estado de Evolución. Somos conscientes de que no podemos ser simples centinelas y esperar que las cosas cambien. Tenemos que encontrar soluciones para orientar a los políticos. Pero no podemos hacer lo mismo que PODEMOS, entrar en política. No es posible vigilar una casa y a la vez disfrutar de la calefacción”.

La Balai es un movimiento joven: “No queremos trabajar con la vieja guardia de la política, así que hemos empezado a ir a los institutos porque dentro de 4 años estos alumnos serán mayores de edad y podrán votar si son conscientes políticamente y representar una fuerza real. Ese es nuestro objetivo”.

Pero atacar al stablishment tiene un precio. Smockey ha sufrido ataques directos, como el incendio provocado de sus estudios “Abazon” y contínuas campañas de descrédito: “Incluso pagan a personas para publicar mentiras y  lo peor es que funciona. Dicen de nosotros que estamos en la música comprometida para ganar dinero. Y es verdad, se gana dinero. Nunca quise dar la imagen de militante miserable con una camiseta rota. Porque soy consciente de que es lo único que se puede hacer en África para que la gente quiera parecerse a ti”. Y bromea: “El capitalismo triunfó porque llevaban esas corbatas tan bonitas”.

HAY QUE CONSUMIR LOCAL

Smockey con el atuendo de la tela llamada “Ya llega Sankara”. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera/Wiriko.

En casi todas sus canciones Smockey introduce cantos e instrumentos tradicionales, como el Balafón, Kora, Tama. Y sobre el escenario visten Faso Danfani, el tejido de algodón tradicional de Burkina Faso. Conscientes de que sus jóvenes fans les imitan, hacen una apuesta por lo local dando  ejemplo. Como ya hizo Sankara que obligaba a diplomáticos y funcionarios a vestir Faso Danfani. El tejido acabó conociéndose como “Ya llega Sankara” porque todos se cambiaban cuando estaba a punto de llegar el presidente.

“Un país no puede desarrollarse si no consume lo que produce. Hay que consumir local, no solo por patriotismo, sino porque los productos son buenos. Hay que invertir en eso”.

REVOLUCIÓN CUBANA, UN MAL EJEMPLO PARA SMOCKEY

Reconociendo que muchos de sus camaradas no están de acuerdo con su opinión crítica dice: “Bueno, fue un símbolo de la resistencia contra el imperialismo y todos los que hemos luchado sentimos un pinchazo en el corazón. Pero el tema de la jubilación anticipada en política…  (ríe con desencanto y menea la cabeza). Creo que supo llegar y que no supo irse. El pueblo cubano ha realizado un gran sacrificio y yo no estoy dispuesto a todos los sacrificios, sobre todo si son colectivos. Una persona se puede sacrificar, pero  no se puede obligar a un pueblo a sacrificarse durante décadas. Los buenos políticos establece instituciones que siguen funcionando incluso cuando la persona ya no está. Pero deben saber  irse, deben poder irse. Como Kagame en Ruanda, que ha resistido fuertemente el imperialismo y ha acabado convirtiéndose casi en un dictador, aunque digan que es el país más desarrollado de África, ¿compensa?”.

LAS “OTRAS” OLAS REVOLUCIONARIAS EN ÁFRICA

Numerosos movimientos ciudadanos de resistencia surgen y crecen a lo largo del continente africano: Y´en a Marré en Senegal, LUCHA en Congo, Pawa254 en Kenya, etc. La mirada de Smockey brilla cuando habla de ello: “En Congo LUCHA funciona muy bien. Y en Chad están pasando cosas también. En Togo comienzan a moverse, bueno, siempre se han movido, y eso que allí tienen un gobierno muy represivo. Estamos organizando una reunión en Dakar con otros movimientos activistas, a ver cómo podemos elaborar una estrategia. Nosotros podemos hablar, llevar nuestro testimonio, hablar de nuestra experiencia, pero no podemos intervenir  directamente. Muchas veces ni nos dan el visado, así que es complicado”.

Así es Smockey, el artista que ha usado el arma que mejor conoce, la música, como estímulo subversivo, para tocar almas y levantar conciencias, para dar voz a un pueblo que se ha convertido (otra vez) en un referente para el resto de África.

Así es Serge Bambara, el hombre íntegro que recogió el testigo enterrado de la revolución y lo convirtió en escoba. Un soñador con lo ojos abiertos y los pies firmes sobre la tierra roja de Burkina Faso.
En fin, un chute de viagra para las nuevas revoluciones africanas. Que se prepare el sistema…

La ¿reinvención? de las salas de cine africanas

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Ana María Navarro Marzal

Foto: http://openaircinema.org/

Foto: http://openaircinema.org/

Con el comienzo del nuevo siglo, son muchas las voces y expresiones desde el continente africano que pretenden recuperar su propia imagen arrebatada durante siglos de esclavitud, décadas de colonialismo y  años de guerras. La cultura, a través de sus múltiples manifestaciones, y a lo largo de la historia, se ha convertido en una poderosa herramienta de revolución, de denuncia y de reconciliación. El cine en África ha representado desde la época colonial al testigo elocuente que retrató primero al África que Occidente veía y después al África que los propios africanos sentían. De esta manera, las primeras salas de proyección cinematográfica llegaban a las colonias africanas de la mano de sus colonizadores con la “velada” intención de “blanquear” a la población negra y de convencerla de las bondades del régimen colonial para legitimar su presencia.

Conquistadas las independencias en las décadas de los 60 y los 70, los cines africanos realizados por africanos se convirtieron en una poderosa expresión para reconstruir la identidad, pero también para denunciar la corrupción de los gobiernos de las nuevas naciones independientes. Las guerras civiles que castigaron a muchos de estos jóvenes países tras sus independencias asolaron el panorama cinematográfico que hasta entonces se había desarrollado y desde finales de los 70 hasta los 90, en África era difícil producir cine y mucho más aún, poder ver cine.

Muchas de aquellas salas de proyección de cine que habían acompañado el tiempo de colonia y posteriormente el tiempo de la emancipación colonial, fueron destruidas y saqueadas durante los conflictos. Aquellas salas que habían vivido momentos de esplendor artístico, que habían permitido que la infancia de muchos africanos estuviera vinculada al cine, se desmoronaban bajo el impacto de la metralla y la violencia del saqueo, como si de la profanación de un templo se tratara.

 

El ejemplo de la capital del Chad

El realizador chadiano Mahamat-Saleh Haroum en su película Bye, Bye África (1999), nos muestra a la capital, Yamena, con sus salas de cine, aquellas que formaron parte de su infancia, cerradas, derruidas, decadentes. – “¿Dónde están las salas de mi infancia?”, se pregunta el director. “Estaba el Normandie, también el Shéhérazade, el Río, el Vog, que ahora se transforma en un lupanar y Le Etoile…”, recuerda en una reflexión mientras filma con su cámara lo que queda de estos lugares tras los acontecimientos del 79 y del 80 en Chad. Haroum nos desvela en su película otro mal del que adolece el cine en su país, de la mano de su amigo Garba, proyeccionista de Le Normandie: “Nunca vemos tus películas, ni otras películas africanas.”, le confiesa Garba a Haroum. “Es obvio que el cine se está largando, aquí en D´jamena todo se cae a pedazos”.

A pesar de ello, Haroum nos deja un mensaje positivo sobre el futuro del cine en el Chad. En la entrevista que mantiene con la actual propietaria de la sala de cine Le Etoile, Soraya Hamadani, que construyó su padre y que actualmente permanece cerrada, ella que se confiesa cinéfila, sueña con volver a reabrir Le Etoile. Reflexiona sobre el futuro un poco sombrío que se cierne sobre el cine en El Chad. La presencia de muchos televisores, vídeos,  antenas parabólicas facilitan el que películas recientes puedan verse a través de medios televisivos. Pero a pesar de ello, confía en que la reapertura de la sala funcione.

Y anima a Haroum a seguir haciendo películas sobre su país, a dignificar a su país a través de su cine. “Podríamos unirnos para hacer algo nuevo, aportar un soplo diferente, creo que la juventud chadiana lo espera. Dios mediante, podré volver a abrir la sala Etoile con sus películas, naturalmente”, le espeta cómplice a Haroum.

 

FESPACO como espejo del presente

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Foto: http://www.africatopsuccess.com/

Del Chad a Burkina Faso, y unos años después (2012) podemos comprobar cómo los problemas que afectan al cine en el continente africano actualmente, tienen un denominador común. En el contexto de la celebración del Festival FESPACO, en Burkina Faso, una entrevista con Zakaria Gnegne, gerente de la sala de cine Emergence en el barrio Wemtenga de Uagadugú, analizaba las dificultades por las que atraviesa la industria cinematográfica: “Falta de apoyos en la producción, distribución, y en la promoción; falta de capacitación, de formación específica; también habría que renovar las salas, equiparlas con verdaderas máquinas de proyección y mejorar también la calidad del sonido”, explicaba Gnegne. También revelaba que ahora las películas que tienen éxito son las africanas. Gnegne, en base a su experiencia, resaltaba una nueva concepción para la proyección de las películas en las salas de cine: “Hay que crear eventos alrededor de las exposiciones cinematográficas”.

Todo este recorrido testimonial y visual invita a repensar nuevos caminos para los cines africanos que desde la década de los 2000  comienza a surgir con fuerza en el continente gracias, entre otros factores, al aumento de las producciones realizadas a través de las cámaras digitales que han abaratado los costes. La descolonización de las mentes solo se puede realizar si hay previamente una desconstrucción del sistema dominante, para ser sustituido por un nuevo paradigma en la construcción de la identidad.

El cine como concepto multidimensional

En este tiempo de rápidas dinámicas, en gran parte facilitadas por las nuevas tecnologías, en este tiempo de desafíos globales, el cine y la cultura son reflejo de las sociedades que las producen. En África cada vez se demandan más cines africanos pero, al mismo tiempo, África es un exponente vivo de infinitud de manifestaciones artísticas. Podríamos repensar todas esas salas de cine africanas para devolverles un nuevo esplendor, como espacios de arte, abiertos, vivos, plurales, de vanguardia, participativos y participados. Crear eventos alrededor de la proyección cinematográfica. Esta idea nos da la clave para repensar el cine y la cultura en todas sus manifestaciones. Crear el evento en torno a la idea del cine y la cultura por y para todos.

Esas antiguas salas de cine podrían reconvertirse en centros culturales, donde además de proyectar cine, se pueda aprender a hacerlo, se pueda representar teatro,  o se puedan celebrar conciertos, debates, exposiciones o talleres. Centros que estén abiertos a la participación y a la formación de los artistas locales. Centros que acerquen la cultura a todos y a todas sin excepción.

La globalización de los mercados también posibilita la globalización de los esfuerzos, y esta nueva redefinición de las salas de cine en el siglo XXI, exigiría la implicación no sólo de los gobiernos, también de los sectores privados, sectores empresariales, organizaciones no gubernamentales…una sinergia de esfuerzos orientados a abrir nuevos caminos para el Desarrollo a través de la cultura y del arte.

El ejemplo mozambicano

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Centro Cultural Franco-Mozambicano en Maputo, Mozambique.

Un ejemplo actual: Desde que se inaugurara en  el año 1995 el Centro Cultural Franco-Mozambicano (CCFM), en Maputo (Mozambique), se ha ido convirtiendo en un referente cultural en la capital y en el continente. Si bien no se reedificó sobre una antigua sala de cine, lo hizo sobre un antiguo hotel y con una construcción de concepción abierta, rodeada de jardines y con dos auditóriums y varias salas polivalentes, biblioteca, videoteca,  además de un restaurante-cafetería y un centro de artesanía, ha albergado en sus 20 años de edad, varios festivales de cine: africanos, europeos, español, francés, brasileño…; teatro, exposiciones, ciclos de conferencias, talleres, conciertos tanto de artistas internacionales, como de artistas locales, celebraciones de eventos nacionales, etc.

El CCFM  acerca la cultura a todo tipo de públicos con unas propuestas que combinan diferentes estilos y temáticas en sus programaciones, y mediante una política de precios realmente popular. Se ha convertido en un punto de encuentro obligado para participar en el círculo cultural de Mozambique.