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¡A la calle! ¡Es Carnaval! (V): Negras y paulistas, joyas brasileñas

Educación, cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo.

Cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo (2013).

 

Autora invitada: Laura Daudén, periodista por la Universidade Federal de Santa Catarina y máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente trabaja como redactora para la revista Istoé.

Cuando uno piensa en la majestuosa fiesta del carnaval en Brasil, nos remite, casi automáticamente, a las imágenes de las escuelas de samba y de las “reinas” semidesnudas que comandan las baterías bailando divinamente. Son atendidos, a través de esa puesta en escena, los discursos que se construyeron desde los tiempos coloniales alrededor de la mujer brasileña: es decir, una diosa tropical que mezcla los misterios indígenas y africanos para satisfacer al hombre blanco europeo. Es el propio pecado en forma humana.

Pero la diversidad y la multiplicidad del carnaval ha asegurado espacios –aunque no reconocidos por los grandes medios– a grupos que tratan de reposicionar lo femenino según otros parámetros. Ese es el caso de Ilú Obá de Min (“las manos que tocan el tambor para el Rei Xangô”), una organización fundada y administrada por mujeres que desde el 2005 realiza un cortejo por las atribuladas calles de la ciudad de São Paulo con tal de preservar la cultura afro-brasileña y de reforzar los lazos comunitarios que unen y fortalecen las mujeres, blancas y negras, en el seno de la sociedad patriarcal y de clases.

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Según la maestra y regente Beth Beli, una de las fundadoras de la organización, la idea primordial era discutir y cuestionar la participación femenina en los rituales ligados a la cultura y a los cultos afro-brasileños. Nadja Baldaconi da Silva Bispo, autora del estudio “Ilú Obá de Min: identidad, oralidad y religiosidad de las mujeres con tambores”, explica que tocar la batería en el Candomblé todavía es tarea exclusiva de los hombres y que la iniciativa del Ilú cuestiona frontalmente el protagonismo masculino al proponer un grupo de percusión afro-brasileña compuesto apenas por mujeres. “Ser mujer, ser negra y tocar el tambor como lucha de la mujer son características desafiadoras dentro de una sociedad regida, en su gran mayoría, por hombres”, afirma.

Así, en la noche del viernes que precede el inicio de las fiestas en todo el país, las más de 200 personas que forman parte del grupo, se juntan en el centro de la ciudad y comienzan un desfile de cerca de tres horas hasta la iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, construida gratuitamente por trabajadores negros en el inicio del siglo XX. Una multitud emocionada acompaña el trayecto. Bajo las luces amarillas de las calles angostas y deterioradas, música, baile y teatro se mezclan para contar en colores y movimientos los mitos de la tradición afro-brasileña y homenajear sus protagonistas, los orixás.

En 2013, todas las canciones y representaciones fueron inspiradas en las yabás, los orixas femeninos en la tradición ioruba. Las cantantes explican su historia al numeroso publico reprimiendo a los hombres por no autorizar la participación de las mujeres en la creación y en la organización del mundo. Así, Oxum, la orixa de la fertilidad, esteriliza a todas las mujeres. En ese momento, los orixas son obligados a reconocer su importancia para la continuidad de la vida y les aseguran un espacio. Ese entendimiento del rol femenino en la religión ioruba es una constante en sus mitos, entre ellos el que explica la existencia de las Iá Mi, las madres ancestrales o hechiceras. “La mujer (…) posee todas las calidades y poderes de una Iá Mi. En varias épocas de su existencia viven diferentes aspectos de ese poder femenino, legado de la naturaleza que reciben las mujeres como parte de su función social, cultural y espiritual”, explica Irinéia Franco dos Santos, autora del estudio “Iá Mi Oroxongá: las madres ancestrales y el poder femenino en la religión africana”. “El poder femenino, en su doble aspecto –creador y destructor– es la síntesis de la vida, suministra el axé [la energía primordial] necesario para la continuación de la existencia en la tierra”, apostilla.

Por la importancia de esas entidades femeninas y también por la simbología de su historia, el desfile de Ilú Obá de Min ha querido destacar, por ejemplo, el ritual Gèlèdé, celebrado en la tradición ioruba para homenajear el principio femenino de la naturaleza (“Ìyá Nlá”) y las entidades femeninas. Su figura ha sido representada con una máscara doble: medio mujer, medio pájaro.

 

Zancudos. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Un zancudo representa Gèlèdé, el principio femenino de la naturaleza en la tradición ioruba. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

 

Además del grupo de baile y de las representaciones encarnadas por los zancudos y por las percusionistas vestidas de Oxum, las letras de las músicas también han sido fundamentales en la tentativa de construir ese nuevo discurso sobre la mujer: “Un tiempo de lucha y conquista / recuenta nuestra trayectoria / mujeres, madres, señoras / ancestralidad, raíces de nuestra identidad”, dice una de las canciones, mostrando que a través de el culto a Ìyá Nlá se pude reconstruir y propagar los lazos con los reinos originales, de donde partieron gran parte de los millones de esclavos y esclavas responsables de la construcción de Brasil.

“La importancia dada a los lazos familiares y a los clanes expresa en el culto a los ancestros una ligación profunda con su lugar de origen, su aldea e identidad. Así, ¿cómo concebir el horror de la diáspora, de la esclavitud, en el que uno es arrancado de sus raíces y alejado de sus ancestros?”, resume Irinéia Franco dos Santos. “La supervivencia y el mantenimiento de las tradiciones diversas en el ambiente de la diáspora son sintomáticas del proceso.”

 

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (IV): El ‘Minstrel Carnival’ de Ciudad del Cabo (Sudáfrica)

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Minstrel Carnival. Foto: Vanessa Anaya

Dando una merecida bienvenida al nuevo año, el día 2 de enero desde muy pronto por la mañana las aceras de Ciudad del Cabo se llenan de sillas, sombrillas, tiendas de campaña, picnic, etc. Los habitantes de Ciudad del Cabo cogen sitio para esperar ansiosos la llegada de la gran parade que durará todo el día y que pondrá a toda la ciudad en vilo. Niños, abuelas, tías, amigos…toda la familia está expectante al baño de colores que está por llegar.

Minstrel Carnival of Cape Town. Foto: Vanessa Anaya

Minstrel Carnival of Cape Town. Foto: Vanessa Anaya

Este día ha sido muy especial para esta comunidad coulored, gran parte descendiente de los esclavos que trajeron de Asia cuando que la Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció su base en Ciudad del Cabo en 1652. Lo que inicialmente fue una base de reabastecimiento para los holandeses por su situación estratégica, terminó siendo una colonia en toda regla que cambió drásticamente la configuración social del territorio.

El Tweede Nuwe Jaar (que significa “Segundo Año Nuevo” en afrikaans) es tan marcado porque era el día en que a los esclavos se les permitía descansar y disfrutar con la familia la entrada del nuevo año. Por ello ha ido adquiriendo un carácter festivo que ha dado lugar al actual Carnaval de Año Nuevo. Con la llegada de los Minstrels americanos a mediados del siglo XIX, que fueron incorporados a celebraciones locales, surge lo que se conoce hoy en día como Coon Carnival o Minstrel Carnival. Una auténtica mezcla de culturas diversas —como es habitual en Sudáfrica—que tiene como resultado una de las manifestaciones culturales más importantes del año en la ciudad.

Hoy en día el Tweede Nuwe Jaar es la culminación de unos largos meses de mucho trabajo de preparación de lo que formará la gran puesta en escena. Por una parte están los Malay Choirs (Nagtroepeor: comparsas de noche) que salen por la ciudad la noche de Año Nuevo cantando klopse y nagtroepe [1]. Por otra, las comparsas del Minstrel Carnival del 2 de enero que son las más llamativas, y por último las competiciones entre comparsas, coros y bandas que llenan el estadio de Green Point a lo largo de los meses de enero, febrero y marzo.

Público pasando el día en el Minstrel Carnival. Foto: Vanessa Anaya

Público pasando el día en el Minstrel Carnival. Foto: Vanessa Anaya

Después de la noche de Año Nuevo en el que los Malay Choirs salen y cierran la noche con sus chirigotas, les toca el turno a los Coons que se encargan de dar la color con sus trajes hechos a medida para la ocasión en el plato fuerte, el Minstrel Carnival. Es un día en el que gran parte de la comunidad se involucra, participa y se olvida de los problemas de la vida real, como el desempleo y la pobreza. Es tanta la motivación por participar en la comparsa, que incluso los gangs participan y respetan la disciplina del grupo de forma muy seria. Gente de todas las edades, jóvenes y mujeres participan tanto en el desfile, como durante los meses previos al desfile. Hay dos palabras que, según Denis Martin (1999), expresan el sentimiento de los participantes y definen lo que es el carnaval: Deumerkaar que alude al sentimiento de liberación —y transgresión— de los participantes y Tariek que procede del árabe “hermandad”.

Los participantes, mayoritariamente musulmanes y cuya lengua es una dialecto del afrikaans de El Cabo, se pasean por sus respectivos townships primero y luego por el District Six, homenajeando lo que un día fue su hogar y el de sus antepasados, justo antes de que el “Group Areas Act” del apartheid los desalojara, como ya vimos en un artículo anterior. Más tarde pasan por Bo-Kaap, un colorido barrio con una gran comunidad musulmana y acaban por la noche en el gran estadio de Green Point —construido para los Mundiales de 2010— después de un largo día de desfiles. Lo cierto es que el Carnaval ha hecho frente a muchos problemas durante la época del apartheid, cuando el régimen racista tenía como máxima segregar, desalojar y discriminar, lo que dificultaba la organización de las comparsas. Afortunadamente la capacidad de organización, la lucha y el fuerte calado cultural ha hecho frente a los problemas en el camino.

La estética Minstrel del Carnaval 

Minstrel Carnival. Foto: Vanessa Anaya

Minstrel Carnival. Foto: Vanessa Anaya

Para la comparsa, organizada jerárquicamente y encabezada por un capitán, su traje es importantísimo y tiene que ser diferente cada año. Tanto que se empieza a trabajar en él casi un año antes, lo que asegura un mejor precio en el material. Los colores dependerán de los medios económicos que tenga la comparsa, que normalmente son directamente proporcionales al tamaño de ésta. Pero en caso de que no se disponga de medios, los colores los determinará el precio del mercado de telas. Hoy en día, coser para los coons se ha convertido en un gran negocio: los mejores cosen los de dos o tres comparsas y con eso ya tienen una gran parte del salario anual asegurado. Un buen equipo de sastres, puede llegar a coser cientos de uniformes por día posiblemente porque se involucran mucho en su trabajo, y sienten un gran orgullo por coser los trajes de la comparsa con la que trabajan.

La estética que este carnaval ha adoptado, deriva de los Minstrel Shows de Estados Unidos, de los que también habíamos hecho mención en nuestro artículo sobre el claqué. Recordemos que eran una de las formas de distracción —racista– de la sociedad blanca norteamericana, y consistía en la actuación de blancos que se pintaban la cara negra “Blackfaces” y caricaturizaban a los negros mediante estereotipos de la época y en tono de burla que emergió coincidiendo con el movimiento abolicionista a mediados del siglo XIX. A partir de entonces una vez abolida, los negros empezaron a participar en estos shows, que llegaban a la vez a Sudáfrica. Teniendo en cuenta que los negros americanos eran percibidos como héroes, esta adquisición no se tomó en el sentido negativo sino como un ejemplo a seguir por la población ex-esclava de Ciudad del Cabo, lo que propició que se copiase el estilo, la ropa y la cara pintada de colores y de blanco. Así mientras en Estados Unidos era un símbolo de opresión contra la población negra y fue perdiendo fuelle, la apropiación y readaptación local de su estética a su versión sudafricana, se izó como símbolo de emancipación. Lo mismo sucedió con la palabra “coon” (un sinónimo de “nigger”) que se dejó de utilizar en Estados Unidos pero en Sudáfrica ha adquirido un sentido positivo.

Todos participan en el Minstrel. Foto: Vanessa Anaya

Todos participan en el Minstrel. Foto: Vanessa Anaya

Después de hacer esta breve introducción al Minstrel Carnival de Cape Town, podemos apreciar el poder de cementación que tienen para la comunidad coloured de la región. Esta manifestación que tiene un gran componente identitario, es a la vez una mezcla de diferentes etnias, lenguas, historia, muy acorde con la población sudafricana. Pero lo que más sorprende es como algo que surge a partir de la esclavitud en Estados Unidos como son los Minstrels Shows, acaba volviendo y se reinterpreta por la sociedad de acogida con un sentido totalmente opuesto al que ha adquirido en su lugar de origen.

Aquí os dejamos unas imágenes de lo que fue en su edición de 2013.

[1] Los “Malay Choirs” se componen de una banda que toca guitarras, mandolinas, banjos, chelos y bajos. Los tipos de música son los klopse que incluyen los moppies, similares a la chirigota, canciones cómicas en inglés y afrikaans y también los Minstrel Songs que provienen del swing y canciones populares. Por otra parte existen los Nagtroepe que se parecen al Klopse pero que aparte de las canciones cómicas también tienen las Nederlandslied que son canciones de origen holandés-afrikaans que han permanecido intactas en el tiempo. Por último estás las Bandas de Navidad que tocan canciones populares de Navidad.

[hr]

Fuentes:

Henry Trotter

John Edwin Mason

 

Bo-Kaap Museum

Martin, D. (1999). Coon Carnival. New Year in Cape Town: past to Present. Cape Town: David Phillip Publishers.

 

 

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (III): Un ejercicio de nostalgia y recuerdos

“Mil novecientos sesenta e…

Chego a Luanda na terça-feira de Entrudo. Que saudades tenho do Carnaval da minha terra! Os fados destinaram que eu chegasse hoje”.

Portada de una edición portuguesa de Sanzala sem batuque

Portada de una edición portuguesa de Sanzala sem batuque

Así comienza “Carnaval” una de las historias recogidas en la obra Sanzala sem batuque, del escritor angoleño Geraldo Bessa Victor. La desinhibición, la ruptura de los límites o la cuarentena liberadora de las convenciones son, seguramente, algunas de las características tradicionales del periodo de Carnaval. Sin embargo, hay otras dimensiones de esta época, como la que explota Bessa Victor, que emplea el escenario de los carnavales de Luanda como un territorio para la memoria, para la nostalgia y para un ejercicio de introspección y de búsqueda del uno mismo.

El relato cuenta la historia de Mário, un angoleño que regresa a su tierra después de una larga estancia de veinte años en Portugal. El destino quiere que este retorno se produzca, precisamente el martes de Carnaval. El clima que se encuentra en la capital de Angola no hace sino reforzar esa sensación de nostalgia y añoranza. La música, las canciones y el ambiente, en general, favorecen un viaje de Mario hacia el escenario abandonado en ese largo proyecto migratorio. De alguna manera, en este sentido, el Carnaval es apenas una excusa para Bessa Victor una manera de forzar a su personaje a hacer un viaje que le permite tratar algunos de los temas fundamentales en el marco del relato de un migrante.

El autor angoleño, un prolijo escritor que durante todo el siglo XX se convirtió en un referente tanto en poesía como en prosa, ofrece al lector de “Carnaval” una cuidada imagen de la sociedad angoleña, o cuando menos, de la luandesa, desde dos perspectivas diferentes. Por un lado, Bessa Victor muestra la dimensión más costumbrista con la descripción nada parca del Carnaval del país africano. Se trata de un relato con un considerable componente íntimo que supera la pura enumeración de lo que ocurre en las calles para adentrarse sin miedo en la explicación de las sensaciones que produce, del ambiente que se respira y de los sentimientos que despierta.

Por otro lado, el relato de Mario lleva al autor a abordar un esbozo casi sociológico de la Angola de los años sesenta. Al fenómeno migratorio se suman las relaciones entre los habitantes autóctonos y los portugueses, en ese momento, colonizadores. Pero también se ve obligado a abordar dimensiones que puede resultar espinosas como era la realidad entre negros, blancos y mulatos, sus posiciones sociales, sus roles… Todo ello sin adoptar una postura puramente descriptiva.

Quizá el contexto del carnaval permite Bessa Victor enfrentarse sin complejos a una sociedad tan compleja como la de la Luanda de los sesenta en la que se mezcla la tradición africana con las influencias portuguesas, las pretensiones de gran núcleo urbano; los corsés sociales con las relaciones interraciales; los prejuicios sociales con las nuevas ideas de los inmigrantes repatriados; los complicados entramados familiares con los sentimientos más individuales.

Geraldo Bessa Victor. Fuente: Wikimedia

Geraldo Bessa Victor. Fuente: Wikimedia

La preocupación Geraldo Bessa Victor por mostrar la realidad angoleña se pone de manifiesto en su producción de no ficción. A pesar de su larga experiencia portuguesa y de que algunos críticos considera que en muchas de sus obras adoptó la temática de la tradición poética occidental, Bessa Victor publicó en su tiempo (un tiempo nada fácil) diversos ensayos sobre literatura angoleña, pero también sobre el papel de los proverbios, por ejemplo, como muestra de su preocupación por la cultura popular. Esta preocupación entronca perfectamente con el hecho de que en “Carnaval” escoja una fiesta eminentemente popular para exprimir su potencial evocador.

Hay quien se ha aventurado a describir “Carnaval” como una “morna”(a pesar de su carácter caboverdiano) en prosa, por el importante componente de nostalgia. Evidentemente se trata de una consideración más simbólica que en sentido estricto, sin embargo, sí que nos da una idea del tono.

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (II): Sátira documental

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

 

Lo acertado de disfrazar guión e historia para satirizar el dominio de las estructuras del Estado ha motivado a diversos directores africanos para proponer como personaje central la fiesta del carnaval. Es una lógica aplastante, transgresora, a veces impuesta y marketiniana, de vocabulario a pecho descubierto, al mismo tiempo que disfrazado, en una semana donde el “todo vale” queda insertado en los márgenes de la ley. En  estos días dedicados a Don Carnal queríamos acercar cuatro propuestas documentales que adoptan esta temática y la hacen propia: Angola, Bissau, Cabo Verde y Burkina.

Comenzamos en el suroeste africano, concretamente en Angola, donde la fiesta actual del carnaval fue promovida por el primer Presidente de la Angola independiente, António Agostinho Neto, celebrándose el primero en 1978. La restauración del evento tenía como ideario celebrar la nueva nación y volver a retomar los valores sociales de la población tras el régimen de Salazar. Así, el mismo Neto espetó al país: “[…] Vamos todos a trabajar más duro. Y entonces tal vez podamos organizar algo para la diversión de los jóvenes, como el carnaval. ¿Queréis carnaval o no? Así que vamos a organizar este año el carnaval”.

Directora Sarah Maldoror.

Directora Sarah Maldoror de la isla de Guadalupe.

Bajo este marco, el director y artista visual nacido en la capital Luanda António Ole, filmó Carnaval de la victoria (1978), un documental en el que quedó registrado el primer carnaval de Angola después de su independencia en 1975. Con la creación del nuevo Estado, los angoleños “encontraron las razones más populares para el reencuentro con las tradiciones y la identidad de sus poblaciones”. Es en este período que el primer presidente del país, un médico y poeta Agostinho Neto, anunció que llevaría a cabo la primera gran fiesta de la Angola independiente: el Carnival Victory. La película de Ole trata de mostrar la unidad, la alegría y la confianza del pueblo angoleño en la nueva nación y el nuevo gobierno.

Continuamos en esta pequeña muestra de películas africanas que retratan el carnaval de la mano de Sarah Maldonor, una figura central en su rol cultural como cineasta. Decía esta directora nacida en Guadalupe y considerada como la madre del cine africano, que “lo que me interesa es que las películas investiguen sobre la historia de África, porque nuestra historia ha sido escrita por otros, no por nosotros”. De esta forma nos trasporta a Cabo Verde con su película corto documental Carnaval en el Sahel (1979) y su también corto documental Carnaval en Guinea Bissau (1980).

Queríamos cerrar este homenaje al Don Carnal africano más cinéfilo con un trabajo documental contextualizado en Burkina. Aunque su artífice no es africano hemos creído interesante traer a Wiriko Carnaval de Kwen , del francés Fred Hilgemann. Kwen es un pequeño poblado en el corazón de Burkina Faso en el que cada dos años, los agricultores organizan un festival de culturas carnavalesco. La fiesta con una duración de tres días y dos noches fue filmada por Hilgemann presentando la mezcla de ritos y creencias de esta sociedad y desafiando la cohesión social y la construcción comunitaria a través de la puesta en escena de una parodia del poder. Como se puede observar en el fragmento de abajo, los ancianos son los que eligen a los jóvenes con mayores méritos para que por unos días se transformen en el Presidente del país y sus ministros de Justicia, Defensa y Agricultura. Un trabajo etnográfico reconocido y premiado en varios festivales internacionales que merece la pena ver. ¿Quién toma nota de esta propuesta de la aldea Kwen para importarla a Europa?

 


Le Carnaval de Kwen – Docu Fred Hilgemann

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (I): África Oriental está de fiesta

Ensayos para el Carnaval de Kigali. Fuente: www.jamafest.org

Ensayos para el Carnaval de Kigali. Fuente: www.jamafest.org

 

Este pasado fin de semana, los espectáculos carnavalescos empezaban su invasión del espacio público en diferentes ciudades del mundo. Las celebraciones y fiestas del Carnaval, entendidas como una parte del lenguaje cultural moderno basado en la crítica y la mofa de las jerarquías y los poderes establecidos, se han ido absorbiendo dondequiera que los católicos plantaran sus banderas. Como un híbrido cultural con elementos amerindios, africanos, asiáticos y europeos, hoy, en el viejo continente, en el Caribe, en el norte y el sur de América, en Asia, Oceanía y también en África, las comparsas del carnaval monopolizan las vías urbanas para llenarlas de expresiones de la cultura popular en forma de fiesta. La transgresión de las normas se apodera de las calles y se transforman identidades personificando la resistencia a través del baile, la música, la creatividad visual en vestuario, maquillaje y juegos de luces, las máscaras, los zancudos… ¡El arte invade las calles! Por ello, Wiriko esta semana se pasea por las principales metrópolis africanas donde se celebra el carnaval para contaros cómo se viven estas fiestas en África.

Cartel oficial del JAMAFEST

Logo oficial del JAMAFEST

A pesar de que los carnavales africanos más famosos son aquellos ligados a las culturas luso-atlánticas y de que algunas de sus más grandes representaciones se encuentran a este y oeste del litoral africano, nuestra mirada hoy se dirige hacia ‘La Tierra de las Mil Colinas’, en plena región de los Grandes Lagos. En estos momentos, el primer carnaval de  Kigali está circulando por el núcleo de la ciudad -capital ruandesa desde 1962- dando el pistoletazo de salida que inaugura la mayor iniciativa cultural surgida de los cinco países que forman la región del este de África: Kenya, Uganda, Tanzania, Burundi y Ruanda. Bajo el nombre de JAMAFEST (Jumuiya ya Afrika Masharika Utamaduni Festival), el Festival de Artes y Culturas de la Comunidad Este-africana pretende ser una plataforma para promover la integración regional a través del turismo cultural y convertirse en una bienal que reúna y promocione a los mejores artistas de la zona. Por ello, delegaciones tanzanas, ugandesas, burundesas y kenianas se han desplazado hacia Kigali para celebrar durante los próximos seis días una fiesta para la unidad y la celebración de la diversidad cultural de la zona.

jamafestCoincidiendo con las fiestas del carnaval, los organizadores del JAMAFEST (que se celebra del 11 al 17 de Febrero) han querido implicar a la sociedad en la celebración colectiva más grande de la zona, arrancando la semana con un gran desfile de comparsas carnavalescas, grupos de música, bailarines, disfraces, zancudos, malabaristas, fuegos artificiales, etc., que recorren las calles más emblemáticas de Kigali hasta el Estadio Amahoro, donde se ubica la sede central del Jamafest. Durante toda la semana, tanto en el recinto como en distintas salas y centros de la ciudad, se podrán ver exposiciones de fotografía y pintura, asistir a conferencias, talleres de arte, pases de películas y documentales, espectáculos con cuentacuentos tradicionales y recitales de poesía, exhibiciones de máscaras, conciertos de música, espectáculos de danza, o incluso pasear por las distintas tiendas, instalaciones y stands donde se podrán adquirir piezas de artesanía. La organización ya ha anunciado que la mayoría de eventos serán absolutamente gratuitos, pues lo que se pretende es que los bares, restaurantes, hoteles y demás establecimientos comerciales de la ciudad incrementen sus ingresos. Además, uno de los principales objetivos es lograr que la sociedad conozca las muestras culturales de sus vecinos y participe del máximo de eventos de la celebración, para que sea una fiesta de la comunidad; una fiesta del pueblo.

El Carnaval de Kigali, como otras iniciativas como el Calabar Carnival Festival en Nigeria o el Carnaval Internacional de Victoria en las islas Seychelles, es uno de los mayores esfueros para atraer turismo y promocionar el desarrollo a través de la cultura en la zona de los Grande Lagos. Experiencias como las de la vecina Mozambique, que cuenta con un famoso y muy concurrido carnaval en Quelimane –a pesar de que en los clubes y discotecas de Maputo intentan mantener su público- demuestran que el carnaval es perfectamente exportable y absorbible en África y, además, que es una magnífica forma de aproximar la población de una región y generar dinámicas económicas favorables. Ahora, sólo faltará ver si la iniciativa de un carnaval del África Oriental se transformará en un acontecimiento anual o seguirá al Jamafest hacia Dar es Salaam, Bujumbura, Kampala y Nairobi, para celebrarse cada dos años.