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Binti vuelve con una alegoría de la identidad y la convivencia

Binti, la heroína himba, de Nnedi Okorafor, enfrentada a un viaje interplanetario, ha vuelto y la editorial Crononauta nos la acerca publicándo en castellano la traducción de Carla Bataller Estruch. Después de que la primera aparición de esta particular pionera espacial recibiese premios tan apreciados en la literatura fantástica como el Nebula o el Hugo, la escritora estadounidense de origen nigeriano quiso dar continuidad a este personaje que desde el desierto del Namib rompe con las convenciones para viajar a Oomza Uni, una especie de planeta consagrado al estudio, la innovación científica y la sabiduría, una especie de Academia de Atenas futurista.

Nnedi Okorafor, escritora de literatura fantástica de origen nigeriano. Foto: byronv2

Esta vez Binti llega con un acusado olor de diversidad cultural y la historia de la joven himba termina por parecerse mucho a una alegoría de las identidades con orígenes múltiples y de la convivencia. En la primera entrega de esta trilogía, Binti había desbordado los límites de los corsés de las convenciones sociales y de la tradición y había superado un enfrentamiento secular entre especies de una manera muy particular. Era un canto a la libertad de elección y a la convivencia. En esta segunda aventura, quizá la cuestión de la identidad se acentúa especialemente.

Binti vuelve a la Tierra después de un año en Oomza Uni donde ha ido perfeccionando sus dotes de ramificación matemática, algo así como una meditación mística. Y lo hace acompañada de su insospechada amiga medusa, Okwu. De esta manera, Binti y Okwu pretenden abrir una nueva época de las relaciones entre los humanos y las medusas, que hasta ese momento han sido irreconciliables. Sin embargo, Binti que regresa a su pueblo con un halo de heroína, no está segura de que las estrictas convenciones y tradiciones himba acepten su nueva identidad, híbrida desde que tuvo que aceptar que las medusas colonizasen su ADN para salvar la vida. Esa reflexión sobre la identidad es constante.

“Era mundos enteros. ¿Qué era el hogar? ¿Dónde estaba mi hogar? ¿Estaba ardiendo?”, se pregunta la protagonista.

“Estoy aquí. ¡No sé lo que hago ni dónde estoy! – La miré con los ojos abiertos de par en par, respirando con dificultad. No podía respirar. Ni pensar. Ni ramificar”.

“Eres demasiado complicada, Binti – dijo-. Por eso me he mantenido alejado. Eres mi mejor amiga. En serio. Y te echo de menos. Pero eres demasiado complicada. Y mírate, ahora te has vuelto más rara”, le espeta a la protagonista el que había sido su mejor amigo en la Tierra cuando se desata el conflicto.

Nnedi Okorafor continúa jugando, en el relato, con las costumbre y las tradiciones de los pueblos africanos, en este caso, concretadas en las prácticas de los himba. Binti regresa a su casa en busca del calor de la familia, pero con la voluntad oculta de participar en la tradicional iniciación femenina. Durante su estancia en la Tierra, la protagonista de la historia, se enfrentará a un previsible conflicto relacionado con la decisión de abandonar a su familia, con su regreso, con los recelos de la familia y de la sociedad local, pero también con sus deseos y con sus experiencias.

“No quería admitirlo, pero creía que estaba rota por las decisiones que había tomado, por mis actos, por marcharme de casa para asistir a Oomza Uni. Por la culpa. El alivio que sentí fue tan abrumador que quise tumbarme en la alfombra y dormir”, dice la propia Binti.

Sin embargo, Binti acabará descubriendo que la identidad construida a partir de múltiples orígenes no es una novedad para ella y que la sabiduría y la comprensión del mundo que le rodea que está buscando le llegará de los círculos menos esperados. A Binti se le hará evidente como algunos grupos étnicos son menospreciados en base a estereotipos y que, sin embargo, esconden verdades ocultas que le permitirán avanzar en esa búsqueda.

“La curiosidad es la única forma de aprender”, le advierte a Binti uno de esos nuevos descubrimientos.

La autora, Nnedi Okorafor, añade en esta segunda entrega un nuevo elemento a su narrativa fantástica. En el primer volumen de Binti, nos ofrecía una nueva visión de los viajes espaciales y de la diversidad de especies de seres vivos. En esta nueva aventura, se añaden algunas pinceladas de la propia cosmovisión de los pueblos africanos, con la extraña visita de la Mascarada Noctura, un personaje premonitorio que teóricamente sólo se aparece a los hombres, a los héroes himba, pero que en un momento se manifiesta a Binti en extrañas condiciones.

“Según las historias de las Siete, la vida se originó a partir de la rica arcilla roja mojada por las lluvias. Los microorganismos se activaron cuando una de las Siete Deidades lo deseó y luego las demás se interesaron por lo que podría pasar. Esa arcilla era Madre, ‘otjize’. En ese momento yo era arcilla.”

Okorafor incorpora a la receta tecnología extraterrestre.

“Son nanoides biológicos tan minúsculos que pueden incrustarse cómodamente en nuestros cerebros. Es como tener un astrolabio en el sistema nervioso”, confiesa uno de los nuevos conocimientos que hace Binti, precisamente en su entorno más próximo.

La escritora, que se ha convertido en la representante más popular del afrofuturismo literario, presentó le año pasado la tercera entrega de su trilogía Binti. The night masquerade. Y, afortunadamente, desde Crononauta ya han anunciado su voluntad de completar esta serie.

Binti: bajo la ciencia ficción, la conciencia

Ahora mismo, Nnedi Okorafor es probablemente la autora más popular de la ciencia ficción, e incluso, de la literatura fantástica africana, en un sentido más amplio. Más allá de la simplificación que suponen las etiquetas, Okorafor aparece ahora mismo como la principal representante del afrofuturismo literario. No se debe confundir esta clasificación con una moda. La autora de origen nigeriano ha firmado más de una quincena de títulos entre novelas y novelas breves, sin contar ensayos artículos o relatos, durante los últimos trece años. El reconocimiento a esta amplia carrera se ha disparado en los últimos años, aunque durante este tiempo ha ganado una decena de premios estadounidenses e internacionales. Sin embargo, la popularidad responde, en ocasiones, a elementos más mediáticos. En los últimos tiempos, por ejemplo, se ha sabido que HBO convertirá en una serie televisiva la novela Who Fears Death, y que será la encargada de escribir futuras entregas del último gran lanzamiento de Marvel, Black Panther, e incluso una de las secuelas de esta serie de superhéroes que ha sacudido representación que tradicionalmente Holywood hacía del continente africano.

La escritora Nnedi Okorafor, figura del afrofuturismo. Foto: Jim Hines

Su novela corta Binti, precisamente, es uno de sus trabajos más premiados y ha sido reconocido con algunos de los premios más importantes de la literatura de fantástica y de ciencia ficción como el Premio Nebula o el Premio Hugo. La editorial Crononauta se ha embarcado en la publicación de Binti en castellano, traducida por Carla Bataller Estruch. Y así llega hasta nuestras manos una de las obras contemporáneas más representativas del afrofuturismo.

Okorafor, es una novelista y ensayista nacida en Estados Unidos, de origen nigeriano. La vinculación de la escritora con el entorno afro, primero, y explícitamente africano, después, es evidente en sus influencias o en su inspiración. Así que al margen de sus datos biográficos está claro que ella se siente cómoda como autora africana. De hecho, en su faceta ensayística es una de las responsables de algunas de las reflexiones más interesante en torno a la ciencia ficción africana. Okorafor puede decir sin empacho que ya en 2009 le auguraba a este género una buena salud. Los últimos acontecimiento y las tendencias tanto del público como de la industria han demostrado que la escritora tenía razón en aquel ensayo en el que se preguntaba si África estaba preparada para la ciencia ficción.

Binti pone de manifiesto una característica de la literatura de ciencia ficción que se reclama constantemente: su trasfondo. El género es un envoltorio, a menudo, una primera capa que alberga mensajes con mucho contenido. En el caso de la historia de Binti, el nombre de la protagonista, la experiencia básica de la exploración de nuevos mundos, apenas oculta la preocupación medioambiental y una lección en torno a la convivencia intercultural.

Una joven himba decide ser la primera en abandonar la tierra a la que su cultura está estrechamente ligada. No sólo nunca antes nadie se había embarcado en una aventura como la que afronta Binti, sino que además lo hace en contra de la voluntad de los suyos. En un escenario futurista, Binti es una matemática genial y que además combina su capacidad con los números con un don oculto: es una maestra armonizadora, la habilidad más adecuada para controlar las corrientes que se utilizan en la construcción de los astrolabios, en la que se ha especializado su familia. Los astrolabios son artefactos que acaban conteniendo toda la vida de sus poseedores, el pasado con su hitoria, el presente con todos sus contactos y las herramientas para la vida y el futuro, con algo parecido al destino. Quizá alguien reconozca en el astrolabio una especie de teléfono móvil aumentado.

Nnedi Okorafor, escritora de literatura fantástica de origen nigeriano. Foto: byronv2

En parte, la joven pasea con orgullo su exclusividad, su piel “marrón oscuro” y el otjize, la arcilla rojiza con la que cubre su piel y su pelo como muestra de arraigo a la tierra. En parte, sin embargo, no puede evitar la inseguridad que genera la presión social a la que se ve sometida. Binti no ha querido desaprovechar la oportunidad de ingresar en Oomza Uni, la universidad más prestigiosa del universo. La joven ha contravenido todas las normas de su comunidad para asistir a esa Meca de conocimiento. Se ha montado en una nave espacial, que en realidad es un gran organismo vivo modificado, con personas de diferentes procedencias, no solo humanas.

Sin embargo, el viaje será un reto mucho mayor del que Binti se había imaginado. En realidad, todo ese futuro vivido en un entrono aséptico no impide una sociedad que no ha llegado a ser igualitaria y en la que prevalecen algunas discriminaciones. Precisamente, la traición del pacto entre los hombres y las medusas genera una situación extrema en el viaje de la joven exploradora himba y, posiblemente, en el futuro del universo. Sin embargo, el desenlace de ese conflicto es la parte más interesante de la trama que no vale la pena desvelar. Quizá sirva como un indicio el hecho de que Binti es la primera entrega de una trilogía cuyo tercer episodio se ha publicado originalmente este año. Por cierto, la editorial Crononauta ya ha avanzado que próximamente publicará la segunda entrega: Binti: Hogar; y prevee también editar la primera novela para adultos de Nnedi Okorafor, Who Fears Death. Así que continúan los motivos para la esperanza.

Afrofuturo(s): la ciencia ficción africana a nuestro alcance

El colectivo de escritores panafricano Jalada se ha asomado a las líneas de esta sección en varias ocasiones. Siempre lo ha hecho para reiterar su condición de uno de los proyectos más innovadores de la literatura africana actual. Una y otra vez Jalada pone de manifiesto cómo se superan los estereotipos relacionados con la literatura de los autores africanos. Los temas, las lenguas, las alianzas, las herramientas todas las ideas previas saltan por los aires en cada iniciativa de este colectivo. Wiriko ha intentado reiteradamente acercar este universo a los lectores hispanohablantes y, de pronto, lo tenemos más cerca que nunca.

Jalada es una dulce locura y su segunda antología fue un ejercicio de lunáticos entrañables. Se trataba de Afrofuture(s), una antología de ciencia ficción contemporánea de autores africanos y afrodescendientes. Un total de treinta relatos publicados en enero de 2015 que seguían la estela de algunas obras colectivas previas relacionadas con la literatura fantástica, la ciencia ficción y la ficción especulativa, como  Afrofuturism: Black Sci Fi and Fantasy Culture o AfroSF: Science Fiction by African Writers. Siguiendo esa misma descabellada trayectoria, cinco de esos relatos llegan ahora hasta nosotros. En un ejercicio de deliciosa enajenación, 2709books publicó el martes 18 de abril Afrofuturo(s). Con este libro, 2709books ha pasado a ocupar el primer puesto de los proyectos editoriales más audaces de cuantos se han asomado a las literaturas de autores africanos.

Los cinco relatos escogidos los editores de 2709books constituyen un atractivo abanico de las posibilidades de los temas básicos de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación en sentidos insospechados, la extinción de la raza humana por su insaciable depredación del planeta, el control de la mente o la vida extraterrestre. Sin duda, no agotan todas las posibilidades, pero dan una idea aproximada. Los cinco elegidos, Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Sheree Renée Thomas, Ivor W. Hartmann, Zak Waweru y Ytasha L. Womack, también ofrecen una interesante diversidad, hay representantes de la diáspora africana en los Estados Unidos y convencidos residentes del continente, autores casi noveles y otros con una larga trayectoria y editores o estudiosos.

Ytasha L. Womack, és una de las autoras de Afrofuturo(s).

Pero Afrofuturo(s) es, sobre todo, una reivindicación en muchos sentidos. Ya lo fue la edición inicial impulsada por Jalada y su reflejo en castellano no ha dejado de lado esta dimensión. Es una reivindicación de un género, menospreciado habitualmente pero que ha dado algunos de los clásicos de la literatura más aplaudidos. También es una reivindicación de una tradición, la de la literatura fantástica, palpitante y exuberante en las literaturas africanas, pero al mismo tiempo aplastada bajo el peso de los férreos estereotipos de la industria editorial global, pero también bajo los estándares de la literatura entendida sólo como una herramienta de construcción nacional. Igualmente, es una reivindicación de la libertad para escribir, sobre lo que el autor quiera, sin límites, ni condiciones previas. Y es, igualmente, una reivindicación de la centralidad africana, de la cultura como una forma de dar protagonismo a las sociedades, desplazando los centros de poder.

Resulta que en las páginas de este nuevo proyecto de 2709books podemos escuchar las últimas palabras del último hombre que habitó la Tierra, el que no pudo escapar de la invasión de una nueva especie nacida de los cambios del clima provocados por la codicia de los seres humanos. Vemos cómo el arte languidece asfixiado por una tecnología que trata de ponerlo al servicio de la industria. O podemos descubrir cómo en el futuro las autoridades se afanan por crear “autómatas carentes de pensamiento”, zombies sin voluntad. Como se puede ver, la ciencia ficción que recoge Afrofuturo(s) no es ni mucho menos simple estética, como a menudo se apunta. Los relatos están llenos de contenido, un contenido que transmite mensajes, que trata de provocar cambios, que hace denuncias, que se preocupa por el futuro.

Hace ya mucho tiempo que Nnedi Okorafor, la escritora estadounidense de origen nigeriano, trataba de responder a la pregunta capciosa de si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okorafor teorizaba sobre una ciencia ficción adaptada a los gustos y las necesidades de los lectores africanos, adaptada a sus experiencias cotidianas y sus anhelos, adaptadas a sus trayectorias históricas y culturales. Al mismo tiempo, la escritora de origen nigeriano predicaba con el ejemplo y en medio del debate y las dudas, ella colocaba en el delta del Níger animales mutantes por el contacto con el petróleo. Ahora, ocho años después de aquella reflexión, las dudas son mucho más pequeñas y, quizá, las mentalidades se hayan abierto un poco.

Para ayudar a estos cambios, 2709books ha tratado con extrema delicadeza la antología original. Ha mimado la traducción de la mano de Alejandra Guarinos Viñals. Y ha respetado el espíritu original de la compilación, sobre todo, en lo que tiene que ver con su difusión. El nuevo libro de la pequeña editorial se distribuye en formato digital, tiene como objetivo acercar a los amantes de la literatura de ciencia ficción a la literatura africana y a los amantes de la literatura africana a nuevos géneros. Para eso nada mejor que la facilidad de la distribución propuesta por 2709books

Kafka en Lagos

Resulta que aquel ya lejano Africa39, la antología de los 40 mejores escritores africanos de menos de 40 años publicada en 2014, no deja de ser una fuente inagotable de propuestas literarias. Con la perspectiva de los años, ha quedado claro que Binyavanga Wainaina, que coordinó aquella recopilación, hizo un buen trabajo. En realidad, eso y que la oferta de grandes narradores es tan ingente que no es difícil encontrar propuestas fascinantes. De pronto nos topamos con Blackass, la primera novela de uno de aquellos jóvenes destacados, el nigeriano A. Igoni Barrett.

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

Barrett se había especializado en los relatos cortos y había publicado dos colecciones de historias de este género, en 2005 y en 2013, e incluso, había ganado el concurso de relatos cortos del BBC World Service hace una década y en 2014 fue seleccionado para Africa39. Como muchos de sus compañeros de antología, después de esa aparición, llegó la primera novela, a sus 36 años, después de una década de publicaciones.

Es inevitable pensar en Kafka al ver la historia de Blackass y de hecho los críticos occidentales que han hablado sobre ella, a menudo han recurrido a esta imagen. Y el regusto salta a la vista. Furo Wariboko se acuesta como un nigeriano normal y corriente, pero se despierta al día siguiente como un hombre blanco, que sin embargo, mantiene un extraño atributo, su culo continúa siendo negro. Es evidente que la voluntad de Barret es tensar al máximo la cuerda, Furo no sólo se ha convertido en un hombre blanco, es un pelirrojo obligado a deambular por las calles de Lagos para asistir a una entrevista de trabajo.

Con esta línea argumental, Barrett transmite toda una serie de ideas sobreentendidas relacionadas con la convivencia, con la identidad o con la vida en una ciudad de unas dimensiones como las de Lagos. Pero también proyecta, una historia en la que explícitamente pone de manifiesto todas las contradicciones de esa misma ciudad y de la sociedad nigeriana. El Furo devenido blanco es observado con desdén en su propio barrio, el de la periferia de la ciudad, el de las clases populares. Sin embargo, esa misma tez pálida le aúpa automáticamente a un puesto de trabajo que está muy por encima de sus capacidades.

portadaLa ironía y la sátira de Barrett marca sin ninguna duda la historia. Seguramente no es casualidad que otro de los personajes claves de la novela sea un escritor llamado Igoni (¿se entiende el sentido del humor?) que es quién está a punto de echar por tierra la nueva vida que se abre ante el nuevo aspecto reblanquecido de Furo. Este personaje, el de Igoni, acaba sufriendo también un cambio de identidad, en su caso, un cambio de sexo.

En todo caso, el también escritor nigeriano Jelon Habila ha escrito de la primera novela de Barret que en un momento dado se convierte en una “comedia costumbres” y del autor que tiene una gran capacidad para “satirizar a los personajes hasta hacer caracteres ridículos”.

Algunos de los críticos han considerado que Barrett se había puesto unos objetivos excesivamente ambiciosos que no pueden agotarse en la extensión de la novela, lo que hace que algunas propuestas atractivas queden simplemente apuntadas. Consideran que el escritor mezcla demasiados escenarios, demasiados personajes, demasiados enredos en esa voluntad de generar situaciones que pongan al descubierto todas esas contradicciones y esa realidad poliédrica. Sin embargo, incluso cuando los críticos establecen estas pequeñas fallas en la narración, lo siguiente es decir que el autor presenta una prometedora proyección de futuro. Así es que probablemente el nombre de A. Igoni Barrett vuelva a aparecer en esa constelación de escritores y escritoras nigerianas que están construyendo propuestas capaces de superar los obstáculos de la industria editorial, mezclando géneros, objetivos y enfoques como nunca antes se había hecho.

Crumbs: una Etiopía de ciencia ficción

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Hace unas semanas en la Puerta del Sol (Madrid) un  grupo de personas con aires de cultura pop transformada con sobredosis de teatralidad se abrazaban y gritaban. Los curiosos no podíamos más que detenernos. La llamada era clara: “buscar financiación para los extraterrestres que están por llegar”. El delirio se confrontó con el grito -y con razón- de una persona que les recriminaba la búsqueda de fondos para los que “todavía no han llegado cuando en las fronteras de Europa tenemos a miles de personas reclamando un asilo”. La situación esperpéntica me hizo recordar a la película Crumbs (migajas) del director español Miguel Llansó, que en 2015 la estrenaba en el circuito de festivales y que este viernes llegará a las salas de cine. El trabajo protagonizado por el actor Daniel Tadesse (Candy) quien se embarca en una aventura surrealista en un tiempo de posguerra enmarcado en Etiopía, tiene un paralelismo evidente con la historia madrileña: Candy piensa que no pertenece a este planeta.

Cansado de recoger, civilización tras civilización, las migajas del pasado, Candy sueña con una vida en la que no esté en un estado de miedo perpetuo. Cuando la nave espacial del cielo comienza a encender sus motores y tras una serie de incidentes poco convencionales, nuestro héroe en miniatura se verá obligado a embarcarse en un viaje épico mientras se enfrenta a sí mismo, a su temores, y a personajes poco convencionales en un mismo guión como brujas, Santa Claus y nazis de segunda generación. Sin embargo, sólo descubre que aquello en lo que había creído durante mucho tiempo no es lo que esperaba.

Crumbs es una odisea, una historia de amor, una comedia extravangante con un protagonista de estatura mínima y dudoso glamour en busca de mejores tiempos para su amada. También, un trabajo, el primero de ciencia ficción en Etiopía, con imágenes de una belleza descomunal. Llansó ofrece en 68 minutos la posibilidad de emocionar y divertir poniendo el foco en cuestionar lo contemporáneo. Y el viernes, aterrizará en las carteleras. Si tampoco te ubicas en el espacio-tiempo actual, probablemente te sientas identificado con Crumbs. ¿Te la vas a perder?

 

 

Dilman Dila: ciencia ficción y compromiso

Hace poco menos de dos meses, Sonia Fernández pintaba en esta misma sección un completo escaparate (en dos entregas) de lo que llamaba “terror sobrenatural” o “ficción especulativa” en las literaturas africanas y mencionaba algunos de los ejemplos de subgéneros que van desde la ciencia ficción hasta los relatos terroríficos, incluyendo la literatura de zombis u otras figuras propias de algunas culturas del continente como los abiku o los ogbanje. Un buen ejemplo de estos géneros especulativos es el ugandés Dilman Dila que nos sirve de excusa ideal para retomar el tema y para hablar de su obra más conocida, A Killing in the Sun. Se trata de una antología de relatos cortos que representa, casi, un catálogo de todas las opciones que permite ese género abigarrado de la ficción especulativa.

El autor ugandés Dilman Dila. Fuente: Facebook del escritor

El autor ugandés Dilman Dila. Fuente: Facebook del escritor

Publicado hace poco más de un año, el libro, igual que el autor, se ha ido haciendo un hueco en el panorama literario africano. Se han desempolvado y puesto en valor viejas historias, se han publicado antologías y se han celebrado festivales. Todo para reivindicar que los autores africanos tienen todo el derecho del mundo a escribir ciencia ficción y para recordar que la tradición oral de la que beben, a menudo, está llena de figuras sobrenaturales y de escenarios con un genuino sabor a relato terrorífico.

No hace demasiado, el propio Dilman escribía en su web un alegato a favor de este género con el que trataba de sacudir todos los estereotipos acerca de lo que se supone que tienen que tener las literaturas africanas. El autor acuña el término AfroSFF para referirse a estas obras y se queja de que la reacción en Occidente (a la que él mismo se ha tenido que enfrentar) ante un libro de este tipo que consiste simplemente en descalificarlo como imitación. Las armas fantásticas son imitaciones, los superhéroes son imitaciones, los alienígenas son imitaciones para los que él considera “detractores miopes”.

Dilman Dila afirma que “las historias humanas siempre han sido historias especulativas” y recuerda algunas historias de la tradición oral acholi en la que aparece la creación de armas fantásticas y relatos baganda en los que aparecen superhéroes con poderes sobrenaturales. De la misma manera hace referencia a las tradiciones de algunos pueblos africanos, como los dogones, que parece que hablan de un origen alienígena de la etnia, aunque quizá no se formule así explícitamente.

A Killing in the Sun es la particular manera que Dila tiene de revisitar esa tradición. Entre los relatos hay magia y fantasmas, hay reencarnaciones y muertos vivientes. Hay mutaciones genéticas de seres vivos y experimentos que cambian la forma de vivir de las personas. Y hay también extraterrestres, por ejemplo. Todos los elementos que puedan ayudar a generar una atmósfera terrorífica y espeluznante le sirven a este joven ugandés para recrear sus relatos.

A killing in the sunLa antología, una buena muestra del trabajo de Diman Dila, responde a algunas de las inquietudes del autor. Por un lado, la de alimentarse de su propia tradición, de su propio bagaje, como hace cualquier escritor. En su confesión sobre la AfroSFF, Dilma asegura que creció entre esos relatos tradicionales que subliman lo sobrenatural y las leyendas urbanas de una modernidad ugandesa y que no tuvo contacto con las historias occidentales más populares hasta que no hubo sido mayor. Y menciona una situación interesante, se había criado entre historias de todo tipo, pero no llegó a tocar un libro hasta los 10 años.

La otra inquietud que se transmite en su trabajo, además de la reivindicación de lo propio, es la convicción de que la ciencia ficción no es, ni mucho menos, un género estético. Por ello, detrás de la mayor parte de sus historias se puede ver la huella del abuso de los poderosos en su sentido más amplio. Unas veces son multinacionales, otras científicos locos, otras simplemente jefes religiosos o personas que controlan las fuerzas ocultas. En todo caso, su reivindicación parece ser la de la gente normal frente a la de todos esos personajes preeminentes, extraigan su poder de dónde lo extraigan.

En la reflexión que Dilman Dila hacía en su web a través del título “Is Science Fiction Really Alien to Africa?” el autor lanzaba una advertencia, un desafío y un consejo. La advertencia hacía referencia a la saturación y al riesgo de publicar cualquier obra de ciencia ficción, sólo porque el género parece estar de moda. El desafío decía: “Así que cuando algunos afirman que el género es ajeno a África, que los africanos no consumen ciencia ficción, que no hay audiencia, quiero preguntar, ¿de qué comunidad africana están hablando? Cuando dicen que los africanos no están preparados para la ciencia ficción me pregunto ¿qué es lo que realmente quieren decir? Creo que estas personas no tienen absolutamente ningún contacto con las calles del continente”. Y el consejo lo dirigía al resto de escritores a los que les recordaba que los caminos de los pueblos y las calles de las ciudades de toda África están llenos de personajes monstruosos, sobre los que se pueden edificar los relatos de lo que él llama la AfroSFF, eso sí respetando respetando siempre la tradición propia.

Black to the future (V): Frente a narrativas pesimistas, dosis de ficción

Fotograma del cortometraje  "Kichwateli" (en swahili cabeza de TV)  de la artista visual keniana Muchiri Njenga.

Fotograma del cortometraje “Kichwateli” (en swahili cabeza de TV) de la artista visual keniana Muchiri Njenga.

 

Mientras que una gran mayoría de los guiones de cine norteamericanos y europeos se encuentran atrapados en el pasado de África, muchos cineastas africanos parecen estar centrados en el futuro. Así lo vimos la semana pasada cuando mencionábamos que el género de la ciencia ficción en el continente tiene desde hace unos años algunos títulos destacados en la filmografía reciente. Las referencias a cuestiones socioeconómicas actuales y pasadas así como las cuestiones de la explotación de los recursos y la pobreza se vinculan al uso de aspectos religiosos que conectan con la tecnología de una manera transparente: robots, ritos tradicionales de iniciación, percepción extra-sensorial, narraciones quiméricas o las referencias a las visitas del espacio exterior. Sin duda, contribuciones ya existentes de escritores africanos como Ben Okri y Wole Soyinka, que con su realismo mágico se acercaban al futuro con elementos futuristas que emanaban de la propia cultura. Os presentamos hoy tres propuestas que continúan nuestra serie Black to the future.

Estos aspectos que trasgreden fronteras y violan los conceptos creativos impuestos son ricos en una mitología que migra, que se articula con la ciencia ficción contemporánea y que se basa en gran medida en los motivos de la transformación, la hibridez y la percepción de mezcla de géneros para ofrecer alternativas viables a la destrucción del tecno-capitalismo. Esta fórmula nos aleja de los mitos occidentales comunes que apuntalan la impotencia africana y reafirma a la ciencia ficción, este afrofuturismo, como una poderosa herramienta para el cambio sincrético, para una re-evaluación y una nueva exploración.

 

Kichwateli (2012), del keniano Muchiri Njenga

Pero, un momento. ¿No son las películas que salen de este continente deprimentes? Efectivamente, hasta el momento de las independencias africanas (léase emancipaciones) los directores africanos no tuvieron la oportunidad de encontrar un equilibrio para mostrar su propia realidad, una representación que hasta el momento había estado en manos de las metrópolis. Sin embargo, las grandes producciones hollywoodienses modernas que muestran África como Hotel Ruanda (2004), El jardinero fiel (2005), Diamantes de sangre (2006) o el Último rey de Escocia (2006) inciden en un discurso pesimista: un continente oscuro, pobre y corrupto. El común denominador de estos guiones es que un personaje viene desde fuera (Europa o EEUU) ya sea un periodista o médico para ayudar y observar. Estas simpatías modernas se basan en las buenas intenciones pero que someten a examen esa carga/culpabilidad del hombre blanco. Estas ‘visiones de la historia’ con su componente de realidad siguen siendo mostradas por forasteros; versiones alejadas a la de los propios africanos.

Kichwateli es un cortometraje poético ambientado en un barrio pobre de África en un ambiente post-apocalíptico que lleva al espectador a un viaje espiritual y metafórico a través del sueño de un niño. La película mezcla imágenes de ficción con la realidad de un niño que camina con una TV en vivo en su cabeza; una metáfora de las consecuencias perversas de los medios de masas en una generación de jóvenes o de la sociedad en general. Kichwateli es un sinónimo visual de la ansiedad mundial y al mismo tiempo un reflejo de nosotros mismos expuestos al escrutinio de ese Gran Hermano. Como Carl Sagan apuntara “nuestro planeta es una mota solitaria en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ningún indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos”

De la misma manera afrofuturista os presentamos la obra de John Akomfrah. El ladrón de datos es un hacker cuyo desplazamiento, la alienación cultural y la alteridad forzosa están basadas en las relaciones entre la cultura panafricana, la ciencia ficción, un viaje intergaláctico y la rápida progresión de la informática. A través de entrevistas El último ángel de la historia (1996) mantiene el hilo argumentativo intercalándolo con imágenes de la vida panafricana en diferentes épocas de la historia, saltando entre el tiempo y el espacio; una forma no muy diferente a la navegación por Internet.

El último ángel de la historia (1996), John Akomfrah

Como broche os dejamos con la certeza de una obra para la reflexión. Y que además se encuentra íntegra. Se trata de Les Saignantes, del camerunés Jean-Pierre Bekolo, enmarcada en un cine vanguardista y cuasi experimental abrazando el terror y la ciencia ficción. La película, premio FESPACO 2007, expone las profundas crisis sufridas por Camerún y África en general y marca territorio en los títulos del comienzo: “¿Cómo puede anticiparse una película al futuro de un país que no tiene futuro?”

Es interesante como Bekolo utiliza el sexo para empoderar a las mujeres en esta ciencia ficción de bajo presupuesto donde la cultura trance da un vistazo a la historia sociopolítica moderna de Camerún. La dinámica del grupo como pasado y presente, hombres contra mujeres, la cultura occidental frente a la cultura autóctona, política tradicional contra la política colonial… El camerunés, de esta manera, insinúa, informa, despierta y cuestiona a la sociedad de su país y a la de otros lugares. Les Saignantes es una pieza llena de ideas y de contradicciones que incorpora un modernismo urbano y se pliega como un diamante futurista… Que la disfrutéis…

Les Saignantes (2005), Jean-Pierre Bekolo.

 

Black to the Future (II): Robots negros y otras galaxias

Fotograma de la película Jhonas de Kibwe Tavares.

Fotograma de la película Jhonas, de Kibwe Tavares, favorita del público en el festival Sundance 2013.

Según los últimos cálculos, en apenas ciento cincuenta años, los empresarios de parques naturales cibernéticos se habrán multiplicado por dos. El binomio hegemónico tecnología-economía, principales causantes del crimen, las guerras, enfermedades y la pobreza serán reductos de un pasado gris. Los elefantes de las cuencas lunares y los astronautas del sahel africano habrán modificado sus respectivas dietas por sorbos de agua salada y frutos tropicales tales como el mango o el kiwi. Y las rutas caravaneras exigirán un visado aéreo que reducirá los tiempos de paso evitando las altas temperaturas para las sociedades nómadas. ¿Cuál será el aspecto del continente africano en 2050? ¿Cómo de preparados estaríamos ante una colonización africana como proponía entre líneas el cortometraje Afrogaláctica? ¿Cómo es la ciencia ficción llevada a la gran pantalla y vista por los africanos? Hoy os acercamos (en una primera aproximación) a cuatro propuestas más o menos recientes que perfilan esa utopía de Tomás Moro, la que soñaba de forma metafórica; a ese otro mundo; a esa otra sociedad. Y el cine, nos transporta, una vez más, a esta realidad con robots negros y galaxias no tan alejadas.

Sobre la mesa, la pesada sombra de si hay o no contaminación intercultural, de la apropiación consciente o no del lenguaje cinematográfico occidental o de la inminente hibridación de las diversas manifestaciones artísticas. Así, las últimas obras que caminan sobre el género de la ciencia ficción se presentan desnudas y desconcertantes para los críticos y revolucionando los canales habituales de comunicación ensalzando esa África contemporánea que se encuentra en las antípodas del afropesimismo occidental. Un ejemplo es la película Pumzi (2009), de la keniata Wanuri Kahiu; una adaptación libre del Viaje de Logan convertida en un grito de socorro para el continente y en la piedra angular, según su directora, de la esperanza para las jóvenes generaciones africanas. La película está ambientada en el África Oriental 35 años después de la Tercera Guerra Mundial, la “Guerra del Agua”. El conflicto ha causado tal grado de devastación ecológico, que se ha extinguido hasta la propia naturaleza. La protagonista Asha, interpretado por la sudafricana Kudzani Moswela, recibe un día por correo una caja con tierra en la que planta una antigua semilla que germina inmediatamente… ¿Queréis saber qué ocurre? No os perdáis estos apasionantes 21 minutos.

La realidad o la hiperrealidad a la que nos acercan los directores que minuciosamente trabajan el género de la ciencia ficción abre la caja de pandora al abofetear nuestra propia conciencia: egoísmo, indivisualismo y transversalidad atada al ego. Anclada en los sofistas o perpetuada por los racionalistas la ficción abraza sin querer lo documental y éste nos sitúa en un contexto desestereotipado. Así somos, pero hay remedio.

La magia de las coproducciones en las cinematografías africanas tienen un largo recorrido. Apasionante. En Pumzi participaron capital keniano y sudafricano entre los que se encontraba el también sudafricano Simon Hansen, productor del cortometraje Alive in Joburg (2006), semilla que más tarde germinaría bajo el título de Distrito 9 (2009), dirigido por Neill Blomkamp. Alive in Joburg, es un trabajo de 6 minutos en el que se manifiesta de forma parcial la segregación por el color de la piel que sufrió la población negra en el apartheid sudafricano. ¿Qué os parece este retrato de una realidad imaginada en el que la crueldad culmina exponencialmente y hace mutar al ser humano? ¿Quiénes son los extraterrestres?

La tercera de las propuestas es la que nos trae el director Kibwe Tavares desde la diáspora. Londres, sinónimo de multiculturalidad, no ha sabido integrar los cielos de sueños con los que cargaban las diferentes poblaciones inmigrantes que buscaron un mejor futuro (afro o no). Uno de los barrios que acogieron mayor población negra, principalmente jamaicana, fue Brixton, que en pleno auge de los programas estructurales de su primera ministra Margaret Thatcher, había degenerado en una zona habitada por trabajadores sin alma. Obreros alienados que Tavares muestra en su cortometraje con otra cara: la de los robots. La película sigue las tribulaciones de los robots pequeños que sobreviven en el filo de la vida interior de la ciudad, viviendo la vida previsible de un poblado rodeado por desempleo, pobreza y la desilusión de la masa. Cuando la policía invade este espacio sin futuro al que los propios robots podrían llamar suyo, la relación fuerte y tensa entre los dos lados explota en un estallido de violencia, haciéndose eco de las fuertes manifestaciones violentas que tuvieron lugar en 1981. Robots of Brixton (2011).

Y como reflexión final traemos el último trabajo de Tavares, laureado en el último festival de Sundance 2013 con el premio del público: Jonás (2013). Kibwe Tavares vuelca toda su ironía en este cortometraje que renueva el mito de Jonás, que fuera comido por una ballena, para ubicarnos en un pequeño pueblo de pescadores de Zanzíbar. La transfiguración de un hombre que cambia en una ciudad cambiante. La historia ahonda en un tema clave: el turismo agresivo, en este caso, un tipo de turismo provocado por el descubrimiento de Jonás del pescado más grande del mundo. La ciudad se convierte en un brillante por pulir, economía pujante que no repercute en los habitantes del pueblo, que poco a poco va abandonando sus raíces pesqueras originales. Jonás decide más adelante matar al pez; metáfora de un sistema que promete y concede con unos costes muy altos y que a menudo pasan desapercibidos: humanos, ecológicos y éticos… Decía Marx que la historia se repite: primero en forma de tragedia y segundo en forma de farsa. La ciencia ficción acerca y aleja, aproxima y muestra esa opacidad mental que no permite -por tabú- vislumbrar nuevas respuestas a los problemas actuales. ¿Jugamos a ficcionar el presente a ver qué tal?

Black to the Future (I): África está preparada para la ciencia ficción… africana

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

En el año 2009, la escritora nigeriano-estadounidense Nnedi Okorafor se preguntaba en un ensayo si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okarafor es una de las más prominentes representantes del movimiento del afrofuturismo radicado fundamentalmente en Estados Unidos y formado por autores afroamericanos. Sin embargo, a través de este trabajo la escritora establecía el nexo definitivo entre el movimiento americano y el origen africano.

El análisis de Okorafor hace referencia a una circunstancia absolutamente obvia que, sin embargo, demasiado a menudo es necesario recordar. La ciencia ficción como género (tanto cinematográfico, como literario) debe adaptarse a las necesidades y, sobre todo, a las particularidades africanas. Este ensayo tiene dos elementos interesantes. El primero de ellos es el propio análisis sobre el estado y el futuro de la literatura de ciencia ficción en África. El segundo, su referencia a autores africanos que ya están abriendo el camino para ese establecimiento del género.

Por lo que se refiere al análisis la idea fundamental es la que ya se ha mencionado, la necesidad de adaptar el género a la realidad africana y a sus particularidades culturales. Parece sencillo, ¿verdad? Pues por si alguien no lo entiende no hay nada mejor que uno de los ejemplos prácticos que la propia autora expone. Okorafor reproduce las palabras de Naunihal Singh, un profesor experto en conflictos y relaciones entre población civil y militares, así como en otras dimensiones políticas del África Subsahariana y, a decir de Okorafor, un amante de la ciencia ficción. Singh pone de manifiesto una evidencia absolutamente esclarecedora cuando señala:  “Sería duro conseguir que la gente pueda tener miedo de un futuro en el que los ordenadores se apoderen del mundo, cuando no están familiarizados con la presencia de una computadora en su escritorio”.

Por ello, Singh apela a los principios más básicos de la ciencia ficción, como la exploración del espacio y considera que estos argumentos podrían tener más éxito, siempre y cuando, claro está se adapten a la audiencia. “A los africanos les encantaría ver historias sobre africanos en una nave espacial”, asegura.

La propia autora estadounidense de ascendencia nigeriana se ha dado cuenta de que el problema no es el género sino, podría decirse, la contextualización. Ella misma ha podido percibir cómo en uno de sus relatos cortos, “Spider the Artist”, que trata sobre arañas robóticas que vigilan los oleoductos del delta del Níger, se adapta mejor a los gustos de la audiencia africana. Ella misma señala que esa adecuación no viene por el hecho de que esas arañas robóticas adquieran voluntad propia, sino porque el relato se para en cuestiones sociales y culturales que pueden interesar al público como la precariedad de la vida en esta región o la angustia de una mujer que no puede tener hijos.

Otra de las críticas que realiza Nnedi Okorafor entronca con una de las quejas habituales relacionadas con la literatura africana, en general, y que en esta misma sección se ha hecho evidente al hablar de la literatura oral. Dice Nnedi que otra parte del obstáculo para la ciencia ficción son “las actitudes coloniales sobre lo que es literatura y lo que no lo es”. “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura”, señala la autora.

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Entre las voces con las que Okorafor cuenta para sustentar esa pregunta de si África está o no preparada para la ciencia ficción está el cineasta y escritor nigeriano Tchidi Chikere. De hecho la autora señala que fue él mismo el que le planteó esta duda. En lo que se refiere a su producción literaria, Chikere es autor de una serie de relatos cortos titulado Strangers in Paradise y la novela Daughter of the Cave. Son todas producciones que pueden enmarcarse en el género de la ciencia ficción o la literatura fantástica.

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Del mismo modo, Okorafor recuerda la obra del ghanés Kojo Laing o la del congolés Emmanuel Boundzeki Dongala, como muestras de ciencia ficción eminentemente africana. Todo ello, sin olvidar un amplio movimiento radicado en Sudáfrica. En todo caso, aunque la autora nigeriano-estadounidense no lo cite, no se puede olvidar un caso absolutamente paradigmático. Se trata de la obra de Umaru Dembo. En 1969 este visionario se atrevió a publicar la novela Tauraruwa mai wutsiya (“El cometa”), en la que el protagonista, Kilba, realiza un viaje espacial en el que se encuentra con diferentes seres extraterrestres. Y lo hizo nada menos que en lengua hausa.

Con todos estos antecedentes, con las producciones actuales, con las condiciones que señala Okorafor y, sobre todo, con los elementos de ciencia ficción inscritos en las propias tradiciones culturales africanas (y de los que la autora del ensayo también habla) es indudable que como ella misma dice, “la audiencia africana está preparada”, eso sí, para una ciencia ficción africana.