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Rentrée: florecer en otoño

“Temo porque estoy viendo que la única forma de no pelear es morir. Y no quiero morir”.

(Uzodinma Iweala, Beasts of No Nation)

 

Ha sido un verano gris. El pasado 12 de agosto nos dejaba el maestro egipcio afincado en Dakar Samir Amin, considerado uno de los intelectuales más brillantes de la izquierda contemporánea. Él, con el que tuvimos la suerte de compartir velada el año pasado en el marco del Rototom, ya nos advirtió de que cualquier alternativa debía pasar por la necesaria desconexión del capitalismo. Y es que a los pequeños, a los “desheradados”, que diría Fanon, el sistema nos excluye por… sistema.

Su partida nos cogía en baja forma. Nos dejaba a los pocos días de anunciarse la creación de un hipotético centro de estudios africanos en el Instituto de Empresa de Madrid, después dado a conocer como Africa Centre, y el nombramiento de Begoña Gómez —esposa del presidente Sánchez—, como directora. Desolador. Otro organismo más para fomentar los negocios españoles en África, prostituyendo a la vez el prestigio de la academia. ¡Cómo si no existieran ya un Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona o el Grupo de Estudios Africanos de Madrid, de dónde hemos salido la mayoría de africanistas de España!

¿Se ha planteado el presidente español crear, por fin, una facultad de estudios africanos, aún a día de hoy inexistente en todo el país? ¿Financiar los proyectos de investigación existentes en materia africanista? Y algo más intrigante (quizás), ¿leerán siquiera Begoña Gómez y Pedro Sánchez proyectos como el nuestro, Africaye, Mundo Negro, el blog África no es un país o Afribuku? ¿Conocerán la labor de divulgación de colectivos afrodescendientes como Afroféminas, Radio Africa o Espacio Afro? ¿Sabrán que los proyectos periodísticos como Wiriko estamos prácticamente abocados al respiracionismo, o lo que es lo mismo, a vivir del aire?

Huérfanos y apaleados, recibíamos otra triste noticia: la emisora M21, con la que llevábamos trabajando profesionalmente desde 2016, cancelaba nuestro programa semanal por cambios en la dirección y en la parrilla. Y a partir de septiembre, las ondas se quedarían sin su aderezo africano. Así, uniéndose a la cancelación de AfroClub —otro programa experto en la materia emitido hasta la fecha por Radio Gladys Palmera—, la única estación pública de España con un programa completamente dedicado a la música africana y las culturas afrodescendientes, dejaba de apostar por África, como se había hecho bajo el paraguas de Jacobo Rivero.

Y ahora, ¿qué?

“¿Dónde empieza y termina Wiriko?”, preguntaba el antropólogo Albert Roca —al que consideramos un poco responsable, al menos indirectamente, de este proyecto— en el último Congreso Ibérico de Estudios Africanos de Granada. En una mesa moderada por la antropóloga lisboeta Clara Carvalho, Roca, modificando emotivamente su discurso tras escuchar atentamente nuestro taller sobre músicas africanas, elogiaba Wiriko y reivindicaba la labor divulgativa y los esfuerzos realizados desde nuestro proyecto para fomentar el conocimiento de las sociedades y culturas africanas. Palabras balsámicas para los que le debemos todo a investigadores como él. Y un chute de energía para seguir luchando.

Es cierto que esto es un auténtico pulso, que como advierte la cita de Uzodinma Iweala en Beasts of No Nation, es una batalla contra la muerte. Precariedad y creatividad son dos términos que nos han acompañado desde que nacimos, ahora hace 6 años. Wiriko emergió como el primer proyecto periodístico en divulgar las culturas del África subsahariana contemporánea. Gracias a la motivación y el convencimiento de cuatro, por aquél entonces, neófitos de África, discípulos del historiador africanista catalán Ferrán Iniesta o del politólogo congoleño Mbuyi Kabunda, hoy seguimos estando convencidos de que cualquier divulgación del continente tiene que tener un pie en la academia. Y ya no somos cuatro, sino decenas de milicianos y milicianas adheridos al equipo editorial de Wiriko.

Nuestras armas han sido siempre las labores docente y periodística. Para ello creamos un aula virtual pionera en artes y culturas africanas que ya va por su 6ª edición. Hemos participado en masters y posgrados, cursos y congresos, conferencias y festivales, siempre con la intención de hacer que el conocimiento del África contemporánea cale en nuestra sociedad con rigor y compromiso. Para ello, nos hemos aliado para crear el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona (FICAB) o el proyecto de música electrónica africana Moto Kiatu. Hemos hallado socios inestimables en Planeta Futuro, en el diario ElSalto, en el CEA y el GEA, en Casa África… con los que construimos, día a día, una red cada vez más nutrida de profesionales dispuestos a romper estereotipos sobre el continente e informar sobre él de forma veraz.

Muchas veces, muchas más de las que se considerarían “normales” en cualquier otra profesión, nos hemos sustentado de puro voluntarismo. Otras, hemos recibido recompensas inmateriales o simbólicas como libros, discos o entradas de conciertos. La mayoría de las veces, nos hemos sentido afortunados y afortunadas por poder escribir y hablar de aquello que nos mueve y nos hace felices. Pero la perversidad de ese sistema del que hablaba Amin, nos mantiene presos de dinámicas que no solamente minan nuestros derechos laborales y económicos, sino también el derecho de acceso a la información de la sociedad. Y con todo, siguen fomentando una mirada retrograda hacia África y unas relaciones injustas con el continente y con los africanos y africanas que viven entre nosotros.

Mientras en pocos días, el hemisferio norte atravesará el equinoccio de otoño y la mitad sur del planeta cederá espacio a la primavera, en España, las hojas caducas de los árboles irán acumulándose en la tierra, pero Wiriko seguirá mimando y nutriendo sus raíces en suelo fértil. Vendrán nuevas primaveras, y florecerán más proyectos, y haremos más milicia… Y hoy, que arrancamos la 7ª temporada, reiteraremos aquello que decíamos el año pasado de que “la cultura es nuestro campo de batalla”, o el anterior, cuando asegurábamos que la trinchera era nuestro hogar natural.

Mane Cisneros: “El cine africano ha servido para aceptar la diversidad como un bien”

El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) cumple 15 años acercando las cinematografías africanas. Este año la cita tiene lugar entre el 27 de abril y el 5 de mayo en Tarifa, y entre el 26 de abril y el 3 de mayo en Tánger (Marruecos).

*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

En tu caso Mane, ¿se puede decir que “en el principio de los tiempos fue el cine”?

En cierta manera sí. Hace muchísimos años tuve la suerte de vivir en primera persona el inicio del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva donde conocí a algunos cineastas míticos que me dieron el empujón que necesitaba para decidir irme a vivir a México y proseguir allí mis estudios de antropología. Los “Luises” –Buñuel y Alcoriza– fueron mis tutores en aquellos años y a quienes debo la pasión por el cine y en gran parte la rebeldía que me caracteriza. Desde entonces, la pasión por el cine ha guiado mi vida.

Primera muestra de cine africano celebrado en Tarifa en junio de 2003.

¿Crees que el cine continúa siendo una herramienta de transformación social?

 

Desde su origen, el cine ha demostrado una clara vocación transformadora de realidades sociales y políticas. En el caso de los cines de África, el cine ha evolucionado enormemente desde sus orígenes y ha pasado de ser utilizado como herramienta de propaganda política y de transformación social en los años posteriores a las independencias a cine de autor comprometido con la construcción de las nuevas identidades del continente en los ochenta y noventa. Hoy hablamos de un cine que busca su lugar en el mercado interno africano, pero también que mira hacia el mercado global, abandonando a menudo su compromiso como herramienta transformadora.

Tarifa y los cines africanos han creado un binomio indisociable en estos 15 años. ¿Cuál crees que es la visión sobre África de este pueblo gaditano tan vinculado a la llegada de pateras y después de todo este tiempo de festival?

Solo una ciudad como Tarifa con una posición geográfica tan particular podía acoger un festival de cine como el FCAT. Y es que ningún otro lugar en Europa goza de una posición geográfica similar, frente a África. Los 14 kilómetros que separan las costas africanas de las europeas en la zona de Tarifa han hecho que los tarifeños se hayan visto obligados históricamente a afrontar la llegada de africanos. Pero Tarifa no era una meta para los recién llegados sino tan solo un lugar de paso camino del soñado “dorado europeo”. Por ello, los tarifeños se han mantenido bastante ajenos a las realidades del continente africano. Así que el cine africano ha servido en cierta manera en estos años para despertar su curiosidad y luego, poco a poco, para que aceptasen la diversidad como un bien y no algo de lo que defenderse.

¿Quiénes han sido para ti algunas de las visitas que más han dejado huella?

Probablemente el primero de ellos sea Abderrahmane Sissako, un cineasta estrechamente vinculado al FCAT desde su nacimiento. Y Fatoumata Coulibaly, la actriz protagonista de la última película de Ousmane Sembène, Mooladé, madrina del FCAT, sin olvidar a Jihan El Tahri y Berni Goldblat que tanto nos apoyan y ayudan. O amigos como Newton Aduaka o Moussa Sene Absa. En fin, ¡15 años de festival dan como para tejer muchas amistades y pasiones!

¿Crees que se ha conseguido esa pata fundamental del FCAT que es crear conciencia y enfocar la imagen distorsionada que se tiene de África?

En la medida de nuestras posibilidades, hemos conseguido que sean muchas las personas que se replanteen la imagen que tenían de África gracias al cine. En estos 15 años han sido miles las personas que han visto películas africanas y nos han escuchado. Y algo muy importante, han tenido la oportunidad de conocer y debatir con los cineastas africanos. Esto es un enorme paso adelante porque es gente que empieza a ver a los africanos, a los cineastas, al cine africano, de igual a igual.

Y quizás, por tanta conciencia, os ha traído algún que otro quebradero de cabeza con los políticos de la zona…

Con políticos en general no, con alguno de ellos con nombre y apellido en el pasado, sí. ¡Pero no es el caso de concederles demasiada publicidad!

¿Cómo fue la experiencia del FCAT en Córdoba?

Fueron años muy difíciles, los peores de la historia del FCAT porque coincidieron también con lo peor de la crisis, el desplome de las ayudas públicas y la total desprotección. Pero Córdoba salvó al FCAT de su desaparición y por ello le debemos mucho, a pesar de que se nos maltratase tanto y tuviéramos que pensar de nuevo en hacer maletas para volver a casa e impedir así que la Córdoba que salvó al FCAT fuera también la que lo hiciera desaparecer.

Desde el año pasado habéis conseguido aunar fuerzas con Marruecos simultaneando el festival en los dos continentes. ¿Cómo ha sido este romance?

La asociación que organiza el FCAT se diseñó con un artista marroquí, Jamal Ouassini, y la llamamos Al Tarab. Así que antes o después teníamos que dar el salto. Siempre quisimos ser un puente que uniese, gracias al cine, las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. Nuestro regreso a Tarifa después de las cuatro ediciones cordobesas fue decisivo para dar el paso y realizar ese viejo sueño de convertirnos en un evento transfronterizo y transcontinental.

¿Por qué crees que las salas de cine en España no apuestan por los trabajos que llegan desde África o su diáspora?

Ante todo hay mucho desconocimiento, tanto por parte de público como por parte de los distribuidores y exhibidores. A todos ellos les vence el miedo de que el cine africano no tenga recursos ni calidad. También es cierto que este es un mal que los cines de África comparten con las cinematografías de otros muchos rincones del planeta. Por otro lado, la mayoría de los países africanos carecen de políticas de apoyo al cine, de manera que las películas, cuando consiguen estrenarse en sala, lo hacen sin ningún tipo de apoyo. Esta es una carencia grave ya que una película necesita tutela desde su preproducción hasta su salida en salas.

¿Cuáles son los caminos que como directora del FCAT te gustaría recorrer para los próximos años?

Me gustaría reforzar la parte africana, ampliar la programación cinematográfica y ofrecer actividades paralelas que ocupen las calles. Me gustaría muchísimo recuperar algunas propuestas formativas en suelo africano. Y, por último, desearía encontrar a mi sucesor/a.., ¡no soy eterna! Y el FCAT debe poder seguir adelante un día sin mí.

Consulta las películas de este año que entran en competición aquí.

Cartel de 2018 en el que aparece el actor español de origen ecuatoguineano Emilio Buale.


Recomendaciones de Mane Cisneros
Tres películas para los no iniciados.

La Noire de, del director senegalés Ousmane Sembéne.

Les yeux noires, de la marroquí Narjiss Nejjar.

Heremakono, del mauritano Abderrahmane Sissako.

Tres películas para los avanzados.

Touki Bouki, del senegalés Djibril Diop Mambéty.

The Last of Us, del tunecino Ala Eddine Slim.

Félicité, del francosenegalés Alain Gomis.

Un director y una directora a los que seguir la pista.

Una directora sería la documentalista egipcia Reem Saleh.

Un director sería el ruandés Kivu Ruhorahoza.


*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

Regalos culturales para Navidad 2017 y Reyes 2018

España, después de Grecia, es el país con mayor tasa de desempleo de todo Europa y los salarios de lxs españolxs están “muy por debajo” de los del resto de la UE. Sin embargo, incongruencias de la vida, también somos líderes europeos en consumismo navideño; lo que infiere que somos una perfecta estampa de la “sociedad de consumo”. Y esto se hace aún más patente durante las Navidades, donde nos dejamos llevar más por los deseos, emociones y vacíos interiores que por la necesidad. El Ayuntamiento de Barcelona advertía la semana pasada que en la ciudad, se generan cerca de un 17% más de residuos por Navidad que durante el resto de épocas del año, comprometiendo así también el medio ambiente.

Hace tiempo, sin embargo, que vaga por nuestra conciencia el término «consumo responsable», definido por Naciones Unidas como la elección de los productos y servicios no sólo en base a su calidad y precio, sino también por su impacto ambiental y social, y por la conducta de las empresas que los elaboran. Agarrándonos a la necesidad de girar la tortilla al consumismo, hacerlo más responsable, y sin ánimo de fomentar ningún tipo de oda al consumismo desenfrenado, hemos querido hacer un listado de regalos navideños, no para un consumismo cultural, sino para un compromiso cultural.

Por ello, tal como hicimos el año pasado, nos tiramos de cabeza a las fiestas navideñas con una batería de ideas y propuestas para que, si tienes pensado regalar durante estas fechas, regales culturas africanas. Y si no te apetece poner cara de póker cuando desenvuelvas tus presentes, te recomendamos que compartas esto con tus amigxs invisiblxs.

¡Ahí va nuestra selección navideña 2017!

Un libro:

El Llanto del Hombre Negro de Alain Mabanckou (editorial Catarata, 2017). Con una amplia obra que abarca la novela, la poesía y el ensayo, el escritor congoleño Alain Mabanckou, una de las voces más actualizadas y autorizadas de las letras africanas junto a autores como Achille Mbembe, Felwine Sarr o Léonora Miano, nos brinda en El llanto del hombre negro una lúcida y provocadora reflexión sobre la identidad y los falsos mitos sobre África y Europa; una identidad que, en palabras del autor, “resulta ser una simple y llana demolición del hombre de color que, en vez de ocuparse de su presente, se pierde en los meandros de un pasado cercado por la leyenda y el mito y, sobre todo, por la nostalgia”. Mabanckou denuncia así la tendencia de un discurso victimizador, alentado por los “nostálgicos de la autenticidad”, a construir una identidad basada en el sufrimiento de los negros a manos de los blancos europeos por la trata negrera, la colonización y las condiciones de vida de los inmigrantes. Los doce capítulos que componen este ensayo remiten a las obras de escritores africanos y franceses y le sirven como punto de partida para revisar y actualizar, desde la autocrítica y con una fina ironía, temas tan controvertidos como los peligros del comunitarismo, la herencia de la colonización, la regulación de la inmigración, los nuevos modelos de ciudadanía o el fracaso de las independencias en el continente africano.

Precio: 15€.

Una entrada para una exposición de arte

Desde el pasado 12 de octubre y hasta el próximo 25 de febrero, el Centro Botín, de Santader, acoge Julie Mehretu. Una historia universal de todo y nada, la retrospectiva más importante dedicada hasta la fecha en Europa a esta artista etíope afincada en Nueva York, considerada internacionalmente una de las más destacadas pintoras de su generación. En sus pinturas de grandes dimensiones Julie Mehretu superpone capas de acontecimientos históricos, recuerdos, sensaciones y experiencias vitales. Un torbellino de impactos visuales que busca la armonía y que transmite de forma vigorosa, y con un magistral uso del color, la preocupación de la artista por su tiempo y su crítica con la realidad.

Precio: 8€.

Un disco

Sweet as broken dates: Lost Somali Tapes from the Horn of Africa (Ostinato Records, 2017), nominado a un Grammy a Mejor Álbum Histórico. Este recopilatorio, seleccionado a través de casetes que han permanecido ocultos durante décadas, es un recordatorio de la Somalia de los años 70 y 80, antes de que el país se se sumergiera en las atrocidades de una guerra civil. Aunque el régimen militar de Mohamed Siad Barre controló la industria de la música durante esta época dorada, los clubes florecieron en Mogadishu y Hargeisa y las bandas locales desarrollaron un estilo único que mezcló influencias árabes e indias con funk y soul, junto con el dhaanto, un estilo similar al reggae. Órganos y sintetizadores, voces conmovedoras y algunas estrellas femeninas que recuerdan que el valor de los sonidos somalíes debe ser preservado y reivindicado.

Precio: 15€.

Una entrada para un concierto

La música de Níger pegará fuerte en Bilbao este 2018, con dos bandas que nos llegan de la mano de Sahel Sounds, un sello dedicado a difundir los sonidos más punteros y experimentales del Sahel desde 2009, y gracias a Giradiscos.

Por un lado tendremos el teclado hipnótico y casi esotérico de Mammane Sani Abdoulaye y su trío, que llenarán con su electrónica minimalista el Kutxa Betza el próximo 23 de enero a las 21:00h. Aunque también pisarán Kutxa Kultur Kluba de San Sebastián el 24 de enero; Radar Estudios de Vigo el 25; Café Berlín de Madrid el 26; Teatro Arniches de Alicante el 27; Artte de Barcelona el 28; el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca el 29 y Lata de Zinc de Oviedo el 30. 

También lo harán Les Filles de Illighadad con su avant-rock el próximo 28 de febrero. El trío de mujeres originarias de Illighadad, en Níger, harán resonar el folk nigerino en el corazón de la ciudad vasca. Ambos conciertos, se celebrarán en la Sala Superior del Kafe Antzokia de Bilbao. ¡Imperdibles!

Precio: 10€ (anticipadas).

Una peli (o varias)

¿Qué tal un “Vale por varias sesiones de cine en familia”? Filmin, la interesante plataforma española de cine online tiene diferentes opciones para que África entre por tu pantalla estas Navidades a un precio muy asequible. Y desde el pasado mes de mayo, Wiriko y Filmin os ofrecemos un canal de cines africanos en el que podéis ver la peli keniana Nairobi Half Life, la etíope Difret (de la que ya os hemos hablado), la franco-mauritana Timbuktú, la hispano-etíope Crumbs, el clásico senegalés Moolaadé o la hispano-zambiana Eighteam. Así como el documental español Tchindas, sobre el universo trans de Cabo VerdeFinding Fela, sobre la biografía del Rey del Afrobeat, o Kuchu, sobre el colectivo LGTBIQ en Uganda. Para los peques de la familia también hay una interesante receta con pelis de animación como Kirikú y las béstias salvajes o Wasahali. ¡Que gustazo!

Precio: 8€ (mensual) o 80€ (anual) – consulta los vales aquí.

Una prenda de ropa

En pleno Mercado de San Fernando, en el barrio madrileño de Lavapiés, hay un tesoro de la moda africana: La Tienda de Laye. Abdoulay Ndiaye, más conocido como Laye, era un costurero en Mbour, ciudad costera de Senegal, y cuando llegó a Madrid se dio cuenta de que realizar prendas de ropa y elementos de decoración con telas africanas podía representar un gran negocio en España. Por ello, desde 2009, las máquinas de coser no cesan en su puestecito y los encargos no paran de lloverle. Sus prendas son conocidas tanto entre los africanos residentes en Madrid como entre los amantes de la moda venida del continente. ¡Nosotrxs somos muy fans! Puedes contactar con él por email (latiendadelaye@gmail.com), por teléfono (664 21 90 92) o pasarte por su tienda.

Precio: a consultar.

Una entrada para un festival de cine

¿Y un “Vale para el FCAT2018″? Si no tienes suficiente con ver cine en casa y lo quieres a gran pantalla y a un lado y otro del Estrecho, entonces lo que necesitas es una entrada para el Festival de Cine Africano de Tarifa y Tánger (FCAT). El FCAT celebrará su 15ª edición del 26 de abril al 3 de mayo de 2018 en la ciudad marroquí y del 27 de abril al 5 de mayo en la localidad gaditana. Un festival en simultáneo entre las dos orillas del Mediterráneo, con el objetivo de trazar un puente simbólico entre las poblaciones de ambas localidades a través del cine. Como en cada edición, la programación de películas africanas o de temática africana, estará acompañada de otras actividades paralelas como música, exposiciones, danza, talleres y actividades para niños.

Precio: a consultar.

Un curso

¿Y por qué no regalar un curso de artes y culturas africanas? El Aula Wiriko y su curso de “Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara” realiza una aproximación a la realidad artística y cultural del continente a través de cuatro secciones principales: música, artes visuales, cine y literaturas africanas. La 6ª edición de esta formación dará el pistoletazo de salida en marzo/abril de 2018. ¿Por qué no regalar un “Vale por una Aula Wiriko”?

Precio: 100€.

“Las Industrias Creativas y Culturales no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África”

En un momento en que las Industrias Creativas y Culturales (ICC) generan 250.000 millones de dólares al año y unos 29.5 millones de empleos en todo el mundo, hemos querido conversar con un experto en la materia para que nos cuente de qué forma este tipo de actividades podrían contribuir a mejorar las estadísticas de desarrollo del continente.

Christiaan De Beukelaer es profesor de política cultural en la Universidad de Melbourne. Se licenció en musicología (Universidad de Amsterdam), es máster en Estudios Culturales (Universidad de Lovaina) y Estudios del Desarrollo (Universidad de Leuven) y tiene un doctorado en Industrias Culturales (Universidad de Leeds). Su campo de investigación se ha centrado las industrias culturales y el desarrollo humano en Burkina Faso y Ghana, y a día de hoy, es uno de los pocos académicos que trabaja el tema de las industrias culturales africanas.

Christiaan De Beukelaer

Gemma Solés: ¿Podríamos decir que las ICC serán un sector clave para el desarrollo de África en los próximos años?

Christiaan De Beukelaer: En 2008, el Informe sobre la Economía Creativa de la UNCTAD afirmaba que la participación africana en el comercio internacional de bienes creativos equivalía a menos del 1% del comercio mundial total (UNCTAD y PNUD, 2008, 6). Esos datos son un poco exagerados. Los países africanos tuvieron una participación combinada de las exportaciones de bienes creativos del 1,56% en 2002, del 1,97% en 2007 y del 2,40% en 2015 (UNCTADstat 2017). Esto demuestra un aumento significativo en el papel que juegan los países africanos en el comercio mundial de productos creativos.

Sin embargo, si se tiene en cuenta que los países africanos tienen una población total de alrededor de 1.200 millones de personas, es decir, el 16% de la población mundial, la participación del continente en el mercado global de bienes creativos es marginal. Contrariamente a la afirmación general de la UNCTAD de que los países “en desarrollo” están aumentando constantemente su participación en la economía creativa mundial, una mirada cuidadosa a los datos disponibles revela que China (clasificada como “país en vías de desarrollo” por la ONU) ha incrementado considerablemente las exportaciones de bienes creativos (De Beukelaer, 2014).

Desde la aprobación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO (2005), la amplia aceptación de los Informes de la Economía Creativa de la UNCTAD (2008; 2010) y de los informes sobre Economía Creativa de la UNESCO (2013), muchos gobiernos africanos han empezado a crear leyes para apoyar las industrias creativas. Esto indudablemente significa que el sector se hará más visible y adquirirá mayor significado e importancia.

Aún queda por ver en qué medida el sector podrá cumplir con las afirmaciones optimistas, y a menudo exageradas, sobre sus reivindicaciones respecto de una serie de objetivos de desarrollo. Mucho depende del tipo de industrias que se apoyan y de las formas en que los gobiernos, las empresas, los artistas, las organizaciones internacionales, etc., deciden sobre las formas en que se acercan al sector. En este contexto, no existe un enfoque único para hacer que el sector funcione, y el tipo de desarrollo que el sector fomentará depende de las decisiones de los responsables políticos, lo que significa que los activistas culturales tienen un papel importante a desempeñar para defender opciones particulares. Su función consiste principalmente en negociar el equilibrio entre las diferentes opciones y prioridades.

G.S.: En tus investigaciones, argumentas que África, debido a su gran diversidad, debe encontrar su propio modelo de Industrias Culturales y Creativas. ¿Hacia dónde deberían ir las ICC africanas para tener éxito?

C. D. B.: Sostengo que “África” ​​necesita reflexionar sobre los tipos de modelos que funcionarán para el continente – y estos modelos serán invariablemente diferentes entre los países. El clima político actual, las prácticas existentes, los legados coloniales, las prioridades sociales y las conexiones internacionales son elementos que influyen en las industrias culturales y creativas que existen en el continente (De Beukelaer 2016). Más sencillamente, lo cierto es que las industrias culturales y creativas «africanas» existen y han existido durante mucho tiempo. Pero los enfoques conceptuales, las distinciones sectoriales y la comprensión empírica de las lógicas de estas industrias se derivan predominantemente de estudios en países occidentales. Aunque aceptamos que las diferencias entre los Estados Unidos y el Reino Unido son reales y significativas, y que las relaciones entre Alemania y Francia son tan cruciales como las que existen entre Italia y Croacia, sólo estamos empezando a comprender las particularidades de las regiones africanas. Los países y las ciudades son importantes. (De hecho, las fronteras africanas poscoloniales siguen dependiendo casi totalmente de la Conferencia de Berlín de 1884-85 que dividió el continente entre los colonizadores europeos, lo que significa que las prácticas culturales no se encajan claramente en las fronteras territoriales de los estados-nación).

Mi sugerencia aquí es tan simple como difícil. En primer lugar, se necesita más investigación para comprender mejor cómo funcionan las ICC en las diferentes sociedades y en el contexto sociocultural de todo el continente. En segundo lugar, esta investigación debería traducirse en afirmaciones seguras acerca de los conceptos y modelos que existen, que pueden coincidir con los modelos occidentales existentes, pero que probablemente incluyan prácticas y actividades que no existen (en la misma forma) en otros lugares. En tercer lugar, es necesario tomar decisiones claras.

Las ICC no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África. Si el sector va a tener un papel más allá de sí mismo (la creación e intercambio de expresiones simbólicas), todos los involucrados deben sopesar qué tipo de objetivos se deben alcanzar. La inclusión social puede ser un objetivo, pero requiere mucho trabajo, ya que las ICC tienden a perpetuar (si no exacerbar) las desigualdades sociales. Esto se debe a que el sector depende en gran medida de mano de obra no remunerada (voluntariado y pasantías), trabajo mal pagado (largas horas, a menudo para organizaciones que no pueden compensar horas extras) y porque la importancia de las redes sociales beneficia desproporcionadamente a quienes empiezan desde posiciones socioeconómicas fuertes. El crecimiento económico podría ser un objetivo, pero aquí la forma en que interviene el Estado (como regulador o participante activo) es tanto una consideración política como técnica. Del mismo modo, las ICC pueden utilizarse en estrategias para el desarrollo sostenible, pero también aquí, estas industrias no son una solución mágica, y existen diferentes vías estratégicas para elegir (Duxbury, Kangas y De Beukelaer, 2017).

G.S.: ¿Está el propio concepto de Industrias Creativas y Culturales “envenenado” o demasiado “pervertido” por los discursos del “Norte Global”? ¿Qué dicen los académicos y/o expertos africanos sobre las industrias culturales y creativas como factores clave para el desarrollo en el continente?

C. D. B. : El concepto de las industrias culturales y creativas no está necesariamente “envenenado” o “contaminado”, pero ciertamente es confuso. En primer lugar, las industrias “culturales” y “creativas” no son lo mismo. Las diferencias pueden parecer triviales cuando se examinan las clasificaciones de los sectores, pero sus historias y su significado político hacen que esas diferencias sean cruciales. Comentar esto en el espacio tan limitado que tengo aquí no haría justicia a esta complejidad. Justin O’Connor (2011; 2010) ha hecho un gran trabajo explicando estas historias, y Gaëtan Tremblay (2011) y Nicholas Garnham (2005) han discutido sus implicaciones en los datos y la política respectivamente.

En segundo lugar, al igual que en cualquier otro ámbito de la política pública, hay diferentes enfoques ideológicos de las ICC. A menudo, estas interpretaciones y estrategias se reducen a un simple conjunto de binarios derecha/izquierda o mercado/estado. Pero es difícilmente útil, ya que la existencia y regulación del sector es mucho más compleja. Pero a pesar de esta complejidad, es crucial entender que los debates sobre las ICC no están libres de valores ni neutrales. Siempre vienen con algún nivel de perspectiva ideológica y alguna forma de influencia ideológica.

Lo que se necesita, diría yo, es un mayor compromiso con el rango de los perfectivos normativos y las opciones que definen el debate. Sólo cuando se consideran activamente y abiertamente estas opciones se pueden tomar decisiones informadas.

Uno de los temas en el debate actual es que la mayoría de los comentaristas sobre el sector en África lo están haciendo desde su trabajo en el activismo. Si bien esto es tremendamente útil en términos de su comprensión del sector (Arterial Network es una de las grandes plataformas de debate en este sentido), estos comentarios raramente alimentan el debate académico. Si bien la academia no es de ninguna manera el único nivel o contexto en el que se sostiene el debate legítimo, es la plataforma a través de la cual la participación internacional (también con organismos como la UNESCO y la UNCTAD) acontece en su mayoría.

G. S. : Afirmas que hay muchos modelos en el campo de las economías creativas. ¿Cuál es el modelo más extendido? ¿Por qué no es bueno para todos?

C. D. B. : Las diferentes organizaciones optan por enfoques que se centran en lo que consideran importante. La UNCTAD, la organización que dirigió los Informes de Economía Creativa, fue fundada para repensar y reequilibrar las relaciones comerciales mundiales. Por lo tanto, tiene sentido que favorezcan aquellas actividades que de hecho pueden desempeñar un papel en el comercio (internacional). Esto significa que las actividades que no se monetizan permanecen bajo el radar.

La UNESCO, organismo especializado de las Naciones Unidas en educación, ciencia y cultura, tiene su propia oficina de estadística que proporciona datos sobre actividades culturales. Está arraigado en una comprensión más amplia de la cultura y no mira el comercio solamente, pero también se centra en por ejemplo la participación. Los Indicadores de Cultura para el Desarrollo de la UNESCO (CDIS) examinan de manera holística la relación entre cultura y desarrollo.

La OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, utiliza una clasificación que se centra en los bienes y servicios que tienen un componente de propiedad intelectual para ellos. Esto da lugar a otra clasificación.

DCMS, el Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Reino Unido ha sido la agencia gubernamental pionera que promovió las industrias creativas. Su clasificación ha sido retomada por el British Council en su intento de promover el sector en todo el mundo.

La lista continua. Por lo tanto, no hay básicamente un modelo dominante. Y la elección de cualquiera de estos modelos viene con ciertas ventajas, pero también limitaciones. Esta es precisamente la razón por la cual -como ya he dicho- debemos tomar decisiones claras, consideradas y motivadas sobre el tipo de trabajo que pretendemos apoyar.

G. S. : Pero sí hay una clara brecha entre las leyes que se pretenden implementar desde arriba (por ejemplo, las leyes contra la piratería en la industria de la música) y las prácticas generalizadas de piratería o el mercado informal en terrenos culturales … ¿Cómo se puede cerrar esa brecha?

C. D. B. : Esta es una pregunta difícil. En este nivel, las ideologías, modelos y enfoques chocan. Dependiendo de la perspectiva de uno, las opciones aquí son significativas. En mi trabajo, por lo general, he sido reacio a proporcionar una postura normativa, ya que no es mi papel como investigador deliberar opciones de políticas. Considero que mi papel es meramente una clarificación de opciones y sus implicaciones, a través del estudio empírico de lo que ha estado sucediendo.

Dicho esto, hay pruebas de que la piratería a menudo sirve como un impulsor de la innovación que interrumpe las prácticas existentes y altera las industrias establecidas. Sin duda, son a menudo ilegales, pero la supresión de tales actividades ilícitas ha sido históricamente alcanzada por la incorporación de sus prácticas en el modus operandi de los jugadores de la industria existente – o la creación de nuevos actores que operan legalmente (creo Apple y Spotify).

La tensión subyacente es que existe la necesidad de equilibrar los derechos humanos con los derechos de autor, como argumenta Farida Shaheed (2014). En un próximo artículo con su colega Martin Fredriksson, argumentamos que centrarse únicamente en la aplicación estricta de la legislación sobre derechos de autor -aunque legalmente bien- plantea algunas cuestiones éticas. ¿Cuáles son los derechos más protegidos? ¿Quién debe tener acceso a la cultura, sólo aquellos que pueden pagarla? ¿Y quién debería cosechar los rendimientos, y cómo deberían ser equilibrados entre creadores e interesados ​​de la industria?

G. S. : ¿Qué podemos aprender de las nuevas maneras de consumir música o cine en África?

C. D. B. : Mucho – las nuevas superposiciones entre la distribución digital y física y el consumo son fascinantes. No me he centrado en esto hasta ahora para comentar los detalles de estas nuevas modalidades, pero actualmente estoy desarrollando algunas investigaciones para ese fin con Andrew J Eisenberg (NYU Abu Dhabi).

G. S.: ¿Cómo podrían las ICC representar una verdadera fuente de desarrollo para África?

C. D. B. : Todo depende de qué tipo de “desarrollo” estamos hablando. Este es un tema que desarrollo ampliamente en mi libro Developing Cultural Industries: Learning from the Palimsest of Practice (De Beukelaer 2015). En resumen, el “desarrollo” tiene muchos aspectos, y antes de que podamos juzgar el papel que las ICC pueden desempeñar en el desarrollo, tenemos que definir de qué tipo de desarrollo estamos hablando. Y aunque es fácil fingir que todos estamos hablando de lo mismo, y que no hay una verdadera discusión necesaria para asegurarnos de estar en la misma página, cualquiera que trabaje en desarrollo reconocerá la necesidad de definir claramente de lo que estamos hablando.

Además, gran parte del debate se basa en el supuesto de que las ICC impulsarán el desarrollo, pero luego argumentan que el propio sector necesita desarrollo. Esta es una falacia lógica: si lo que impulsa el desarrollo necesita desarrollo, entonces ¿cuál es exactamente la base o raíz de ese desarrollo?

En mi propio trabajo, he definido el desarrollo como se utiliza en el enfoque de “desarrollo humano y capacidades”, avanzado por los filósofos Amrtya Sen y Martha Nussbaum. Argumentan que no es tanto la finalidad del desarrollo (su mera utilidad) la que debe contar más, sino que el desarrollo se refiere a la posición que una persona tiene que definir y decidir a la hora de valorar la vida y actuar respecto a eso. Por lo tanto, en lugar de tener un mero acceso a la educación como una meta de desarrollo, este enfoque valora nuestra capacidad para tomar decisiones informadas sobre una gama de opciones educativas que podemos tener (incluyendo, por ejemplo, las opciones vocacionales o académicas). Sin embargo, este enfoque no está exento de críticas, dado sus presupuestos liberales inherentes a las sociedades, y su enfoque en cómo los individuos (y no los grupos sociales o culturales) valoran diferentes opciones de desarrollo. Por lo tanto, no afirmo que esta definición sea la mejor posible; simplemente lo usé para corroborar las afirmaciones (en gran parte sin fundamento) hechas acerca del “desarrollo humano” en la literatura de las CCI.

Al final, sin embargo, prefiero enfatizar las diferentes perspectivas que surgen de diferentes definiciones, que apuntar cuál creo que es ‘mejor’ o la menos mala.

G. S. : ¿Se tiene suficientemente en cuenta el valor no monetario de la cultura, o estamos demasiado obsesionados con cifras cuantificables?

C. D. B. : Según mi experiencia, la mayoría de las personas que trabajan realmente en la cultura -incluidas las de los ministerios- estarán de acuerdo en que el valor monetario de la cultura no tiene un gran poder respecto al valor o valores que puede transmitir. Pero debido a que los datos económicos sobre la cultura están más fácilmente disponibles, es una forma muy atractiva de valorizar la cultura. Esta es precisamente la razón por la cual se necesita una investigación cualitativa más fundamentada para avanzar en nuestra comprensión de las maneras en que entendemos y valoramos la cultura.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Repensando la producción cultural africana

A pesar de que cada vez hay más infraestructuras en África destinadas a gestionar la innovación y la creatividad del continente, su limitada existencia sigue fomentando el éxodo de capital cultural. Muchos directores de cine, fotógrafos, músicos o escritores africanos viven fuera de África, fomentando la existencia de dos formas de producir, directamente influenciadas por los entornos desde los que se produce: desde África y desde fuera de África (lo que se suele conocer como diáspora africana, artistas en el exilio…).

Algunos artistas e intelectuales africanos, como es el caso del escritor keniano Binyavanga Wainaina o el nigeriano Wole Soyinka, quien después de la toma de posesión de Trump en su país de adopción (Estados Unidos) ha trasladado su residencia a Sudáfrica, son una buena muestra de un cambio de tendencias en el sector creativo. Un cambio que apunta a que África es un lugar posible. Un continente donde se puede vivir, trabajar y crear aún y siendo un escritor o artista de renombre.

Sin embargo, en algunos casos, este retorno supone un desafío para las naciones de acogida, pues los “retornados” representan contestación y resistencia a las políticas y la cultura mainstream, divergiendo de lo que se suele producir por aquellas y aquellos que no han salido de su país natal y pueden (o no) ser ideológicamente más afines a las autoridades gobernantes. Al mismo tiempo, volver a vivir al país que se dejó atrás, a veces representa un reto para muchos artistas que retornan, sobre todo en aquellos países donde la libertad de expresión está más amenazada o donde existe más discriminación para colectivos específicos, como es el caso de los artistas más vinculados a la lucha para los derechos LGTBIQ.

En cualquier caso, desde dónde se crea condiciona el producto final. Y por eso, el lugar, el desplazamiento, el viaje y las transformaciones que eso provoca, son centrales entre los académicos que hoy se dedican a estudiar los productores culturales de África.

En su obra Rethinking African Cultural Production, la camerunesa Frieda Ekotto, y en norteamericano Kenneth W. Harrow analizan cómo esas dos formas de producción contemporánea -desde dentro y desde fuera del continente- plantean debates profundos sobre el significado de “lo africano” y hacen tambalear las concepciones más conservadoras sobre las culturas africanas.

A través del análisis de diferentes obras literarias y cinematográficas, Ekotto y W. Harrow contextualizan y encuadran los marcos de estudio actuales para comprender la producción, distribución y recepción de, especialmente, cine y literatura africanos. Los distintos debates son conducidos a través de un compendio de diez ensayos que recorren el estado actual de la literatura africana; los escritores africanos que desafían las convenciones de la historia de la literatura convencional; las teorías de la creatividad en la sociedad africana; las escuelas del Norte de África; lo transcultural; los retos económicos, políticos y sociales del cine marroquí; las nuevas dramaturgia africanas en la Francia de hoy o las literaturas mauritanas…

Según Ekotto y Harrow, han quedado atrás las luchas por las emancipaciones nacionales y la batalla contra el neocolonialismo. Y aunque hay residuos de esos momentos históricos en la producción cultural actual, el panafricanismo o la negritud han quedado atrás. Hoy, el poscolonialismo o la globalización se han apoderado de los discursos culturales, y preguntas como “qué son las literaturas africanas” han quedado obsoletas. Como sugiere el escritor camerunés Patrice Nganang en el capítulo 4, hoy la pregunta debería ser otra: “¿qué es la literatura en África?”. Lo cual impide pensar en una literatura africana “auténtica”.

El cine, la música, el arte y cualquier manifestación de la cultura contemporánea en África o hecha por africanos, no puede ya ser definida como “africana” sin pasar por un fino tamiz filosófico. Filtro inconformista para el que este compendio nos propone herramientas muy valiosas.

Dr. Frieda Ekotto, presidenta del Departamento de Estudios Afroamericanos y Africanos de la Universidad de Michigan, profesora de francés, de Literatura Comparada y de Estudios Afroamericanos y Africanos. Foto de Àlexander Holmes.

Acrobacias para el futuro de los niños de Maramba

Son casi las nueve de la mañana en Maramba, una de las comunidades más empobrecidas de Livingstone, en el sur de Zambia. Por una calle, al fondo, se oyen voces de niños que corean diferentes ritmos siguiendo a las de tres adultos que van enfundados en unas mallas negras. Entran en el colegio y en el patio forman un gran círculo. La emoción y la alegría se palpan en el ambiente. Los niños dan palmas, ríen y cantan. Por un segundo parece que todo lo demás ha desaparecido: la basura, la pobreza y el día a día. Los adultos marcan el ritmo. Nos dirigimos al mercado de Mbita, donde empieza su actuación. Piruetas, saltos, volteretas, equilibrismo y aros de fuego. Pero detrás de este espectáculo hay mucho más.

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Acróbatas de Maramba, por Pablo Arconada.

Amos, Edgar y Joseph, son los tres acróbatas que viven en este barrio, que dedican su tiempo y sus esfuerzos a mejorar las condiciones de su comunidad. Todo empezó en 2009 cuando comenzaron sus entrenamientos de la mano de un voluntario australiano, que vio en el compañerismo y el trabajo en equipo un arma contra los principales problemas de la zona. Desde entonces han seguido entrenando, aprendiendo e innovando. Cualquier idea es buena y se puede poner en práctica. Trabajan en diferentes barrios de Livingstone y en ocasiones colaboran con otros grupos dedicados a las artes escénicas como los bailes de máscaras o mulala.

Su objetivo es el futuro de Zambia: los niños, conseguir que vayan a la escuela, ayudarles a salir adelante. Para lograrlo usan todo el dinero que obtienen de sus actuaciones, cuando les contratan, para comprar material escolar y financiar las tasas del colegio. También organizan diferentes actividades culturales con los niños de la comunidad: les enseñan danza, teatro y música. Les enseñan el valor del esfuerzo, del trabajo en equipo.

Esto es algo más que una actuación. Esto es cultura local. Los acróbatas de Maramba hacen uso de las artes con un fin social, más allá del ocio y la diversión. Han convertido la cultura en un instrumento a través del cual se aprende, y del que se pueden obtener los medios para que la comunidad logre cierto empoderamiento.

Puede resultar irónico, pero estos tres artistas no terminaron la escuela. Quizás porque no les dieron la oportunidad, o simplemente porque tenían que cubrir otras necesidades. Amos tuvo que dejarlo hace dos años, cuando falleció su padre. Pero ganas no le faltan. Mientras tanto usa todas las herramientas disponibles para fomentar la educación entre aquellos que le rodean sin perder la esperanza de finalizar sus estudios.

Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

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Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

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