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Londres, capital europea de los cines africanos

Hoy arranca la quinta edición del Film Africa, uno de los festivales sobre cines africanos más importante de Europa en el que Wiriko estará como medio oficial para ayudar a difundir las artes y culturas africanas ofreciendo una cobertura especial.

Con más de 60 títulos procedentes de 27 países africanos, el Film Africa presenta este año una abundante cosecha de largometrajes, documentales y cortometrajes de África, su diáspora y estrenos mundiales. Así que desde hoy y hasta el domingo 8 de noviembre, Londres se convertirá en la capital europea de los cines africanos inundando de séptimo arte la ciudad durante 10 días con 10 sedes incluyendo el Hackney Picturehouse, el Ritzy Brixton, el BFI Southbank, el ICA, Cine Lumière, la Biblioteca Británica y la galería sur de Londres.

Se podrán ver desde clásicos africanos a narrativas experimentales audaces, o desde atrevidos guiones con comentarios sociopolíticos a reivindicaciones de los derechos del LGBTI, la guerra civil e historias humanas detrás de la “crisis” de la migración que está viviendo Europa. Pero como el catálogo es muy extenso os hemos preparado un recorrido para que no os perdáis en esta cita imprescindibles con los cines africanos.

El foco en los protagonistas: los directores

Esta tarde, la película encargada de abrir el festival será Run, el primer largometraje del director marfileño Philippe Lacôte. Aclamado por la crítica en Cannes después de participar en la sección Certain Regard y después de ganar el premio del Jurado en el último FESPACO celebrado en Burkina Faso en febrero, Run no dejará indiferente a los espectadores: una obra poética sobre los conflictos históricos de Costa de Marfil (muy pronto os traeremos la crítica de la película). Para la película de clausura, el festival ha programado un estreno en el Reino Unido The Man From Oran, del director Lyes Salem, que documenta la historia política de Argelia tras su independencia de Francia en 1962. Ambos directores hablarán con los espectadores tras la proyección de sus películas.

Una de las riquezas de este festival es la oportunidad de disfrutar de algunos de los directores protagonistas en mesas redondas organizadas no sólo para comprender mejor sus trabajos sino para ayudar también a la audiencia a comprender mejor los contextos políticos y sociales de los países que muestran en sus trabajos. En total, el Film Africa acogerá a 15 cineastas de Ruanda, Angola, Sudáfrica, Burkina Faso, Argelia, Nigeria y la Diáspora que participarán con su presencia en clases magistrales y paneles especializados.

Amor, independencias lusófonas y Etiopía

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

El año pasado se cumplían 60 años de la Revolución argelina, 100 desde la unificación de Nigeria, 20 desde el genocidio de Ruanda y 50 desde la independencia de Zambia. Entonces el festival programó una ciclo especial sobre la fuerte intersección de la política y el arte en el cine argelino. Este año, y con motivo de los 40 años de la independencia de las naciones de habla portuguesa de África, se presenta Lusophone Liberty: 40 Years On, una sección que incluye The Blue Eyes of Yonta y My Voice del veterano director de Guinea Bissau Flora Gomes, así como The Hero, de Zeze Gamboa, entre otros títulos.

Otra de las secciones interesantes es From Africa, With Love que se presenta en toda la red de festivales de cines africanos en el Reino Unido: el Film Africa, Africa in Motion (Escocia), Afrika Eye (Bristol), Watch Africa (Gales) y el Cambridge Africa Film Festival. En Wiriko hemos reivindicado varias veces la falta de películas sobre África realizadas por Hollywood que hablen de romances, desengaños o simplemente amor. Así que, en este sentido, las películas programadas prometen una inmersión en algunas historias repletas de pasión, dulzura y lujuria por todo el continente.

Para ilustrar el cambio fresco y poético de la escena cinematográfica en Etiopía, Film Africa 2015 trae tres nuevos largometrajes en New Narratives: Ethiopia in Transition. El debut de Yared Zeleke, Lamb, el primer largometraje etíope que ha competido en Cannes; el debut del etíope-israelí Bazi Gete con Red Leaves, y el estreno londinense de Price of Love, dirigido por Hermon Hailay.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Otros títulos a destacar en la programación de este año son Things of the Aimless Wanderer (Kivu Ruharahoza), Eye of the Storm (Sékou Traoré), Necktie Youth (Sibs Shongwe-La Mer) y los documentales Mandela, My Dad, And Me (Daniel Vernon) con el actor Idris Elba, Mercy Mercy (Katrine Riis Kjaer) y La Belle At The Movies (Cecilia Zoppelletto). Una de las películas que darán que hablar es Ayanda de la directora sudafricana Sara Blecher. La película narra cómo Ayanda un joven de 21 años de edad e inconformista, interpretada por Fulu Mugovhani, lucha por mantener el taller mecánico de su difunto padre, en un mundo dominado por hombres. Pero ella está eclipsada sólo por el dinámico barrio deYeoville en Johannesburgo, donde se desarrolla la historia. Esta no es la primera vez que una de las películas de Blecher ha asegurado un taquillazo y premios; ya lo hizo con Otelo Burning en el 2011.

Al ritmo africano

La música tomará un papel central de nuevo en Film Africa 2015 con la bellas y sutiles Beats of Antonov de Hajooj Kuka, al que entrevistamos en el marco del festival de Cine Africano de Córdoba, Tango Negro del angolano Dom Pedro y al que también pudimos entrevistar, y I Shot Bi Kidude (Andy Jones), un reflejo de los últimos días de la vida de la zanzibareña Bi Kidude.

África en corto

La programación de cortometrajes de este año destaca por sus 12 cortos de 10 países africanos, que compiten por el V Premio Baobab al Mejor Cortometraje —que cuenta con el apoyo de MOFILM y será fallado por un jurado de expertos de la industria—, además de una muestra de cortos de la Diáspora. Este año, los espectadores del festival expresarán su opinión a través del I Premio del Público otorgado por la Fundación de la Unión Africana al Mejor Largometraje.

Actividades paralelas al Film Africa

Otros eventos programados son The Industry Forum en el BFI, un evento gratuito pensado para formar e informar sobre la industria del cine africano; e lDía Familiar de Film Africa en el Rich Mix y las Proyección en escuelas, en asociación con Picturehouse Education; la VII Conferencia de la Universidad de Westminster, titulada Cine Africano y Cambio Social; y un taller de cuatro días titulado Recreative Film School para cineastas principiantes en la South London Gallery.

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri .

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri.

 

Difret: el coraje de las mujeres en la sociedad etíope

 

Basada en la historia real de Hirut, una niña de 14 años secuestrada antes de casarse según la práctica de la “Telefa”, la película Difret, primer largometraje del director etíope Zeresany Berhane Mehari, ilumina esta tradición predominante de las zonas rurales de Etiopía y muestra la indefensión de los derechos de mujeres y niñas. Un trabajo con un mensaje edificante aunque en términos narrativos algo agridulce.

Difret

La abogada Meaza Ashenafi (interpretada por Meron Getnet) es cofundadora de la organización no lucrativa Ethiopian Women Lawyers Association en la capital de Addis Abeba, Etiopía, y ofrece asesoría gratuita a las mujeres y a los defensores de sus derechos. La necesidad de este tipo de activismo es aún mayor en comunidades remotas como la de Hirut, interpretada por Tizita Hagere, que vive en una granja familiar.

Difret, que en lengua amárica significa coraje, comienza aquí. Un día de escuela soleado donde le comunican a la joven que pasará de curso por sus excelentes calificaciones. Pero la música y los planos ralentizados presagian la tragedia camino de su casa: es secuestrada por siete hombres armados a caballo, encerrada en una cabaña y violada esa misma noche por su “pretendiente”. Al día siguiente logrará escapar algunos metros con el fusil de su violador pero será alcanzada y acorralada en el bosque. La escena se resuelve en un guión premeditado: la pequeña Hirut termina matando a su violador de un disparo certero a bocajarro.

Desde aquí la película muestra dos realidades que comulgan en un mismo espacio. Por un lado, se encuentra la tradición local que es representada bajo una acacia en el pueblo de Hirut. El líder del consejo de sabios reúne a las dos partes afectadas –el padre del fallecido y el padre de Hirut– así como a todos los hombres, incluido el maestro de la escuela que ofrece un punto de vista transgresor. Fuerzas progresistas contra los defensores de la tradición. Un grupo ve el disparo como autodefensa, el otro como un asesinato que merece la ejecución de la ley del Talión.

En el polo opuesto el director Zeresany Berhane muestra el Estado moderno donde la burocracia se encarga de deshumanizar el proceso al que se está viendo sometida una adolescente de 14 años malherida y a la que se le niega la asistencia sanitaria por ser acusada de “asesina”. El sesgo crítico de Berhane es evidente al retratar a una sociedad profundamente machista en la que la figura de la mujer es reducida a una mera esencia formal. Una silueta desdibujada bajo los formalismos de la ley.

El matiz interesante es observar cómo a pesar de que la tradición se ha pervertido y permitido a los hombres no sólo raptar a las mujeres como práctica habitual antes del casamiento sino también justificar la violación, la justicia es dirimida en dos esferas irreconocibles: en un plano local y micro, y en un plano estatal donde los vínculos políticos y económicos tienen un poder decisivo.

Difret-cartel

A pesar de que las imágenes de la cosmopolita y poblada ciudad de Addis son escasas más allá de alguna calle transitada en colores pasteles, es el contexto donde Maeza lucha. Una heroína que mantiene un combate contra la sociedad machista donde se ha criado. Sin embargo, su personaje en algunos momentos padece de falta de rigurosidad realista como se observa en una acción en la que intermedia por una mujer que es agredida verbalmente y físicamente por su marido. Maeza le espeta que perderá su trabajo si vuelve a golpear a su mujer subrayando la indignidad diaria a la que se ven sometidas las mujeres. Lo más convincente es la gama de los detalles sociales: la vestimenta occidental de Meaza, su diálogo desafiante contra la tradición y su vulnerabilidad ante las decisiones de un antiguo juez y amigo ya que “el peligro” de ser mujer es un trasfondo dramático que nunca desaparece en la película.

Además de ser una pieza sociológicamente importante por la que ha apostado su productora ejecutiva Angelina Jolie (que sin duda, ha ayudado a difundir el mensaje) Difret es también una historia sobre el fin de la inocencia y sobre cómo actos de fracciones de segundo crean cambios irreversibles. Entre 1995 y 2002 la organización de Maeza ayudó a más de 30.000 mujeres y niñas y el matrimonio por rapto fue ilegalizado y castigado con 5 años de prisión después del caso de Hirut. Maeza Ashenafi fue galardonada con el Premio África en 2003 y actualmente vive en Etiopía luchando contra la tradición de los secuestros. Precisamente hace un año saltaba la noticia que Tejnesh Leweg’neh, de 15 años de edad, de la región norte de Shoa, fue secuestrada por tres hombres en su camino al mercado. Ellos trataron de obligarla a aceptar casarse con uno de ellos, ella se negó y, un día después, la empujaron a un precipicio. Ahora Tejnesh está paralizada de cintura para abajo.

 


En el contexto de este artículo, sorteamos 10 entradas para ver desde el sofá de casa esta película. Para ello sólo tienes que responder a la siguiente pregunta cuya respuesta encontrarás en los últimos artículos de la sección de Cine y Audiovisuales. ¡Sé uno de los 10 primeros!

¿Cuántas películas africanas han sido seleccionadas este año para el Festival Internacional de Toronto y cuántas etíopes?

Envía tu respuesta a info@wiriko.org con el asunto: Sorteo + nombre

 

Difret

 

El Toronto más africano de los últimos años

tiffCuarenta años de sembrar la dicha de que por muchos críticos de cine y revistas especializadas, el que sigue mandando en las taquillas es el espectador, impasible y alerta únicamente a su bolsillo y su tiempo. Bajo esta afirmación siempre tendríamos que matizar que el marketing publicitario también sigue actuando como metadona. Y que tanto posibles compradores de una entrada de cine, como los anuncios, tráileres, redes sociales y boca a boca van de la mano en una simbiosis casi perfecta.

Y así nació el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF): el público elige a la mejor película y al mejor documental. Aunque por azarosos tiras y aflojas de la industria no siempre estos ganadores estarán en las pugnas de la Berlinale, Oscar, Venencia o Sundance.

El jueves arrancará la cuarenta edición del TIFF (del 10 al 20 de septiembre) con el último trabajo del canadiense Jean-Marc Vallée Demolition. Cuatro décadas de cine internacional en Canadá que debería cubrirse de gloria por celebrar un aniversario redondo y enmendar el petit error de ser el único festival del año pasado que no programó Birdman (2014), la película de Alejandro González Iñárritu que terminaría haciéndose con 4 Oscar: mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor fotografía con la sutileza del también mexicano Emmanuel Lubezki, el Chivo –no dejen de seguirle la pista a Lubezki–.

Fotograma de The endless river, dirigida por Oliver Hermanus.

Fotograma de The endless river, dirigida por Oliver Hermanus.

Precisamente, el año pasado, Sudán del Sur ganaba su primer premio en un festival de cine por el mejor documental de Hajooj Kuka Beats of the Antonov al que Wiriko pudo entrevistar en abril durante el Festival de Cine Africano de Córdoba. En este 2015, un total de 9 cintas llegan desde el continente para mostrar esa África que, sobre todo en el cine, queda relegada a festivales especializados. Toronto apuesta más y más por mirar hacia un continente con 55 países (¡incluyendo la República Saharaui!) con un dinamismo necesario de poner en alza. Una edición en la que Sudáfrica se sitúa a la cabeza aunque no es la primera vez: en 2013 se presentaban Mandela: Long Walk to Freedom, Of Good Report y iNumber Number, en 2014 Impunity fue la única película sudafricana seleccionada y para el 2015… Un total de cuatro trabajos desde la “Nación del arcoíris”.

 

Sección largometrajes

En la categoría de largometrajes, se espera el nuevo trabajo del sudafricano Oliver Hermanus con The endless river. En el 2011 ya fue aclamado en Cannes por su retrato sobre la homosexualidad en la Sudáfrica contemporánea con Beauty (Skoonheid) y con su tercer largometraje The endless river (título que, curiosamente también, da nombre al decimoquinto último álbum de Pink Floid) muestra un drama con ingredientes de delincuencia, sexo, venganza y redención.

Cuckold (Cornudo), es otra de las apuestas que llegan desde Sudáfrica por el actor y director Charlie Vundla en el que es su segundo largometraje (How to steel 2 million). La historia cuenta como Smanga (el propio Vundla), un académico prometedor, pone en riesgo su carrera universitaria al verse envuelto en un ménage à trois muy extraño después de ser abandonado por su esposa. Vundla dará un nuevo giro al género del drama utilizándolo como una herramienta para la disección de la agitación emocional de un hombre y también como un medio para desacreditar los falsos derechos de chovinismo.

Fotograma de Price of love, de la directora etíope Hermon Hailay.

Fotograma de Price of love, de la directora etíope Hermon Hailay.

Desde Etiopía llegan también dos dramas que darán mucho que hablar. Uno de ellos es Lamb, de Yared Zeleke, el primer film que representó al país en el festival de Venecia el mayo pasado, y Price of love, de la directora Hermon Hailay, quien acumula ya algunos festivales importantes entre ellos el del FESPACO 2015.

Lamb, retrata un drama conmovedor semi autobiográfico de Zeleke en el que un niño etíope de 9 años arriesga todo para salvar a su único amigo, un cordero al que tiene por mascota. Con un majestuoso telón de fondo de las montañas del sur de Etiopía, Lamb es una historia en el que se apela a la responsabilidad como pauta que marcará el destino individual de las personas.

En la película Price of love, se cuenta la historia de un taxista y una hermosa joven prostituta que se enamoran mientras luchan por sobrevivir en las calles de Addis Abeba, la capital de Etiopía. La directora, Hailay se crió en un barrio donde la prostitución era común, y con esta película se dispuso a contar las historias de la gente que conocía: “hermosas mujeres jóvenes, madres, hermanas y amigas”, como ella las describe. Actualmente Hermon Hailay es una de las principales directoras etíopes con varias películas críticamente y comercialmente exitosas: Baleguru (2012) o Yaltasbrew (2013).

También dos obras llegan desde el norte de África. La primera es Let them come una notable adaptación de la novela de Arezki Mellal, en el que una familia debe defenderse a sí mismo en medio de la embestida de la violencia entre las fuerzas gubernamentales y los islamistas radicales en la Argelia de 1980. Es la primera película narrativa del documentalista Salem Brahimi en una hazaña de hacer cine a cargo de la experiencia vivida.

Este drama inquietante tiene su origen más de dos décadas después de que Argelia tuviera su independencia de la metrópolis francesa, cuando los signos del desencanto amargo y el colapso social que se aproximaban eran demasiado alarmantes para ser ignorados. El disenso más organizado y desafiante provino de los movimientos islamistas conservadores cuyos elementos radicales habían sido adoctrinados por los talibanes de Afganistán. Pronto las tensiones derivaron en un conflicto que duró casi una década, conocido por los argelinos como los “años del terrorismo”.

La otra que obra del Magreb es As I open my eyes (Túnez), el primer largometraje de la directora Leyla Bouzid, y se enmarca en la víspera de la Revolución de los Jazmines. La historia sigue los pasos de una banda underground y muestra a la juventud tunecina con su desencanto, el miedo, la creatividad, la rebelión contra la dictadura, el rechazo del conservadurismo y el coraje de perseguir sus deseos. Detrás de la cámara y talento de Bouzid el elenco se complementa con la música del iraquí Khyam Állami y las contundentes letras de Ghassen Amami.

 

Sección documental

En la sección de documentales sin duda, una de las estrellas será el trabajo de la siempre activista egipcia-francesa Jihan El-Tahri. Su último documental en el 2009 fue Behind the Rainbow en el que exploraba la transición del Congreso Nacional Africano (ANC). Pero antes ya deslumbró a más de un historiador africanista por su excelente composición en Cuba, una odisea africana (2007), en el que analizaba los vínculos de la revolución cubana con las luchas emancipadoras que tuvieron lugar después de los años de las independencias en África y, sobre todo, en el apoyo a los movimientos revolucionarios contra las colonias dirigidas por la metrópoli portuguesa. En el 2000 realizó L’ Afrique en Morceaux (África despedazada) un documental sobre las intrigas, traiciones y venganzas que se sucedieron en el genocidio de Ruanda en abril de 1994.

En Toronto presentará Nasser, la historia de Gamal Abdel Nasser, el oficial del ejército revolucionario cuya década de reinado como presidente de Egipto desafió a Occidente durante la crisis de Suez en 1956 y quien fuera el co-fundador del Movimiento internacional de los Países No Alineados (MPNA). Su legado complicado, suele pasarse por alto en Occidente pero es vital para entender el moderno Medio Oriente. Un documental que ha estado varios años en la nevera de la preparación y que llega en un momento oportuno ya que la región se enfrenta a nuevos levantamientos.

Sección cortometrajes

Dos cortometrajes sudafricanos cerrarán un menú que cada año tiene más carácter africano. The Call de Zamo Mkhwanazi y Yolo que a pesar de no ser dirigida por un sudafricano, Ben Rusell, está realizada en colaboración con el colectivo de Soweto Eat my Dust Youth Collective.

Fotograma del documental Nasser, de la directora egipcia-francesa Jihan El-Tahri.

Fotograma del documental Nasser, de la directora egipcia-francesa Jihan El-Tahri.

 

5 películas africanas para el verano

summer films

* Artículo publicado en la edición digital de la Revista Pueblos.

Lo que comenzó en 2005 con una gala que pretendía reunir a la industria cinematográfica africana cada año, se ha convertido una década más tarde en una cita para los amantes del cine realizado en el continente y su diáspora. Se trata de los premios de la Academia de Cine de África (AMAA), institución orientada a la investigación, formación y difusión del séptimo arte. Tomando como referencia la selección del AMAA para 2015, éstas son las cinco películas que hemos seleccionado y que creemos que no puedes dejar de ver este verano.

Run – Costa de Marfil

En su primer largometraje de ficción, el director Philippe Lacôte retrata la historia sangrienta de Costa de Marfil a través del viaje de un joven de 20 años que va a la ciudad y se convierte en militante político. La secuencia clave que da rienda suelta a más de una hora de acción y drama se encuentra al inicio. Un chico de piel cansada y vestido con harapos camina con determinación por el pasillo de una iglesia. En la mano, una pistola y los ojos puestos en el orador del púlpito. Se detiene, dispara y corre. El objetivo que cae fulminado es el primer ministro del país.

Run se basa en las notables Crónicas documentales de la guerra en Costa de Marfil (2008) de Lacôte y refleja las dos últimas décadas de la historia sangrienta de su país a través de las experiencias de un joven desequilibrado emocionalmente por la espiral de la violencia política. Nacido en un Estado sumido en guerras y corrupción, el protagonista del filme, Abdoul Karim Konaté, ha estado corriendo prácticamente toda su vida, de ahí el nombre de la película.

A través de flashbacks intercalados tras el asesinato inicial, este trabajo explora cómo la lógica retorcida de la violencia se puede apoderar de una sociedad y cómo un individuo puede deslizarse hasta el otro lado de la sinrazón. La película de Lacôte es un drama político lúcido y extrañamente de moda que cumple eficazmente una doble función: por un lado, explicar al espectador, en gran medida desinformado sobre este tema, los recientes disturbios de Costa de Marfil y, por otro, perfilar una nueva generación de cine africano irreverente y sin temor a la crítica.

Timbuctú – Mauritania

Timbuctú es la flamante película del año tras ser nominada a los Oscar 2105 como mejor largometraje de habla no inglesa. Una película mauritana, que guarda pinceladas de neorrealismo italiano y nouvelle vague, se colaba entre las cinco candidatas a llevarse la preciada estatuilla. Su director, Abderrahmane Sissako, recogía el testigo de convertirse en el realizador estrella africano de los últimos tiempos.

La delicadeza de las imágenes desgarra, emociona, hace llorar y también deja espacio para la reflexión meditada de Sissako. No es un documental sobre el conflicto de Malí y, aunque no llega a destripar el caleidoscopio geopolítico, económico y social que tiene lugar en el país, la ficción sí parece querer reflejar la propia realidad.

La película, tremendamente estética, narra cómo los alrededores de Timbuctú han caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. En la ciudad, los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de GPS, su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.

Pero, ¿es esta fábula un cuento para los occidentales? Ésta es la gran pregunta planteada por el antropólogo André Bourgeot, especialista en Malí en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). El experto hace hincapié en un enfoque maniqueo. Según Bourgeot, hay tres mitos que aparecen en el trabajo de Sissako: el del desierto, el del nómada identificado con la libertad y el de los tuaregs. Son clichés que hemos interiorizado por completo y la película confirma su validez.

De ser una estrategia de diplomacia pública para “explicar” a la ciudadanía el porqué de la intervención militar en Malí, parece que ha funcionado y que se ha conseguido el objetivo. En el país galo se vendieron 180.000 entradas durante la primera semana en cartelera, llegando a convertirse en la sexta película más taquillera de la historia de Francia. Los que la quieran ver desde casa lo pueden hacer a través de la plataforma Filmin por 2,95€.

INumber Number – Sudáfrica

Sudor, polígonos industriales en descomposición, acción, mucha acción, una banda sonora intrépida y la corrupción en toda sus formas se encuentran en el eje de iNumber Number, del director Donovan Marsh. No hay duda de que, en apenas quince años, Sudáfrica se ha erigido en líder de la cinematografía regional y compite en producciones a nivel continental con Nigeria, Egipto y Marruecos. Después de casi un siglo de supremacía blanca en la gran pantalla sudafricana, el desafío que se planteaba tras la era del apartheid se podía comparar al reto al que se enfrentaron los pioneros como Vieyra, Sembène o Hondo, es decir, crear una cinematografía auténticamente nacional.

Ya en el 2006, la nación del arcoíris se situaba en el foco internacional al convertirse en el primer país africano en ganar un Oscar por Tsotsi, del director Gavin Hood. Los guiones en los que se reflejan vidas relegadas al inframundo urbano de los guetos con una salvación anticipada han sido una constante. No sólo porque la violencia es inherentemente cautivante, sino también porque las historias sobre lo de abajo y lo de fuera comportan casi siempre una pátina de importación sociológica.

En INumber Number el casting es excepcional, con dos actores relativamente nuevos y experimentados entregando actuaciones estelares. Israel Makoe aporta a la película la cantidad justa de oportunismo que un personaje mafioso debe tener, mientras que S’dumo Mtshali ofrece la bravuconería y la arrogancia de un súper policía perfecto. Hay secuencias de acción impresionantes aliviadas con algún toque cómico. Sin duda, la película es actual en el contenido que explora cubriendo temas sociales urgentes que azotan a la policía sudafricana.

Triangle Going to America – Etiopía

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.

1 de octubre – Nigeria

Se cumplen exactamente 55 años de la independencia nigeriana de Gran Bretaña. Nigeria es la primera potencia del continente, el país más poblado y con la industria de cine más activa: Nollywood. En este contexto, el director Kunle Afoyalan, quien ya dirigiera la divertida comedia Phone Swap o la película de suspense The figurine, estrenaba este año 1 de octubre, fecha efectiva de la declaración de independencia de los británicos.

La película, ambientada en la preindependencia, narra a un detective que es contratado por el gobierno colonial con urgencia con el fin de resolver una serie de asesinatos de mujeres. Un suspense hitchconiano frente a la complicada tarea de anotar tintes históricos en un país en transición.

1 de octubre promete dar otro paso revolucionario en la producción del cine de Nollywood con imágenes de alta calidad. Kunle Afolayan se está moviendo hacia una industria internacional en busca de financiación, precisamente una de las características que definían a Nollywood: la independencia económica de financiadores externos, incluido el propio gobierno. Los resultados son tremendamente esperanzadores.

Sin embargo, esta película no es exclusivamente sobre los momentos previos históricos a la independencia en los años sesenta, o quizás sí, en cierto modo. Los temas transversales que se pueden apreciar son la venganza, el dolor, el abuso sexual, la enfermedad mental, la ironía de la moral anclada en la espiritualidad, el conflicto de las religiones y el racismo. Todas estas debilidades y fracasos sistémicos se encontraban ya en la época colonial impuesta. Así que en 1 de octubre el espectador observará un contexto muy esclarecedor y con una estética muy atractiva para lo que Nollywood nos tiene acostumbrados.

Steinberg, la ficción que desvela la realidad sudafricana

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Conocer ahora la existencia de The man of Good Hope nos puede hacer pensar que su autor, el sudafricano Jonny Steinberg, ha hecho un ejercicio de premonición. La novela trata entre otros temas la xenofobia en la sociedad de Sudáfrica, la discriminación hacia otros ciudadanos africanos. Precisamente ahora. El libro se publicó en enero de este año, así que nos puede llevar a pensar en la capacidad de adivinación de escritor. Sin embargo, lo que Steinberg ha hecho es dar una muestra de clarividencia, o más bien lanzar una mirada honesta hacia una sociedad que es mucho más compleja que la ficticia nación del arco iris que se ha impuesto en los últimos años.

Ahora mismo, lo que más llama la atención de The man of Good Hope es su descripción de la vida de un inmigrante en Sudáfrica, pero la novela nos aporta muchas más pistas sobre las realidades africanas, ya que el protagonista atraviesa el continente en un viaje que se extiende de norte a sur como una cicatriz. Quizá algunos acusen a Steinberg de basar su historia en una especie de catálogo de las calamidades africanas perlado de inmigración, abusos, violencia, corrupción o miseria, como ya hicieron con NoViolet Bulawayo. Sin embargo, la historia de Asad Abdullahi es, como dice el título de la novela, sobre todo, una historia de esperanza, de superación y de capacidad de superar los obstáculos.

Asad es un somalí, una de tantas víctimas de la guerra civil en el país del Cuerno de África. La primera experiencia del joven es la muerte de su madre, junto a él, asesinada a tiros por unos milicianos en Mogadiscio. A partir de ahí, el muchacho, que en ese momento tiene 8 años, comienza un complicado periplo que le llevará hasta Sudáfrica. Entre tanto, el chico pasa por Nairobi, donde su historia muestra un retrato desnudo de la vida de los somalís en la ciudad. Esta situación también se ha puesto recientemente de actualidad, con los ataques de Al Shabab en Kenia. La comunidad se ha visto sometida a la presión del recelo que se aviva con la xenofobia. Algo parecido le ocurre, con sus particularidades, claro está, mientras el muchacho trata de ganarse la vida en Etiopía, donde da un primer paso para construir una familia.

A_Man_of_Good_HopeDespués de su recorrido, el joven encuentra en Sudáfrica el entorno adecuado para prosperar. Asad se ha hecho adulto en los bajos fondos de las grandes ciudades de África Oriental. Ha demostrado su capacidad para sobrevivir a pesar de todo, para buscarse la vida, pero a pesar de todo no ha perdido la humanidad. Se ha endurecido sin pudrirse. Y en la tierra prometida del país más próspero del continente se reencuentra con lo más parecido a una familia que podía esperar. Ni siquiera así puede conjurar la desgracia, su tío, su anfitrión muere también a tiros. Y Asad, de nuevo, tiene que sobreponerse, aunque esta vez cuenta con el apoyo de la mujer con la que se había casado en Etiopía y la motivación de un hijo recién nacido.

Junto a su primo, se convierte en un, más o menos, floreciente comerciante en un barrio deprimido. La familia de inmigrantes somalís consigue, incluso, ampliar el negocio, antes de que la desdicha vuelva a golpearle. Su primo es asesinado en la tienda por un vecino y Asad tiene que enfrentarse además, al rechazo de los que le rodean y la pasividad de la policía.

En una reciente entrevista en Ground Up, Steinberg hacía una interesante lectura a través de su personaje de la situación de los inmigrantes, por ejemplo, somalíes, en los barrios populares de las ciudades sudafricanas. “Lo que más asustó a Asad de la violencia en Sudáfrica fue lo repentina e inesperada que era. En realidad, no era sólo la violencia en sí misma lo que le dejó helado, sino su naturaleza… puedes creer que estás en un entorno cómodo, puedes pensar que conoces el mundo que te rodea y, de repente, todo se vuelve extraño y desagradable”, explicaba el escritor. El asesino, en el último caso, no era un desconocido, sino un antiguo empleado que también vivía en el barrio, alerta el autor, y cuando se produjo el crimen, los vecinos advierten a Asad, que están del lado del asesino porque él es uno de los suyos y el inmigrante somalí, no.

Steinberg conoce los mecanismos de estos barrios populares y basándose en ellos ha construido su novela. El escritor asegura que “las fuerzas de la xenofobia en Sudáfrica son muy poderosas” porque mientras los blancos se hicieron ricos amparándose en las instituciones, los inmigrantes negros hacen dinero en medio de las comunidades más pobres y totalmente desprotegidos. Incluso va un paso más allá y relaciona los ataques xenófobos con las políticas migratorias que propician las deportaciones de miles de personas al año: “Después de los ataques xenófobos de 2008 pude entrevistar a muchas personas que participaron en las agresiones y lo que te decían era que estaban ayudando al Estado, ‘no son nuestra gente, estamos ayudando a deshacerse de ellos’, decían”.

Pero a pesar de todo este recorrido, lo que no hay que olvidar es el motivo del periplo de Asad y lo que hay detrás del libro de Jonny Steinberg. Ese espíritu está en el título de la novela “El hombre de la Buena Esperanza”.

Mengestu, la historia del contador de historias

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 - Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 – Wikimedia Commons

¿Qué tenemos que pensar cuando un mentiroso nos dice que está mintiendo? ¿Es una mentira doble o es mentira que miente? Algo parecido pasa con el propio Dinaw Mengestu y con Jonas Woldemariam, el protagonista de su segunda novela El lugar del aire. Jonas pasa una parte de su vida inventando la vida de solicitantes de asilo. Adornando historias de vida para hacerlas más merecedoras del cobijo del gobierno. Jonas, en realidad, reescribe la vida de los demás en un intento por reescribir la suya.

Mengestu toca los temas inevitables en la novela de un escritor etíope afincado en Estados Unidos desde los dos años. Trata sobre el desarraigo, sobre las diferencias culturales, sobre la experiencia de la migración y, evidentemente, sobre la identidad. Jonas, el protagonista de El lugar del aire, es un joven que se divierte (y al mismo tiempo se enfada) explicando a sus interlocutores que es estadounidense, concretamente del Medio Oeste, y sobre todo cuando sus interlocutores insisten en preguntar de qué parte de África es. En realidad sus padres, que ocupan un lugar fundamental en la historia, llegaron a Estados Unidos procedentes de Etiopía y son los depositarios de una complicada historia tanto personal como familiar, pero él nunca ha vivido en el país del Cuerno de África.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, "El lugar del aire", editada por Lumen.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, “El lugar del aire”, editada por Lumen.

El relato de El lugar del aire, publicada en español por la editorial Lumen, mezcla tres historias. Por un lado, la de la relación de Jonas Woldemariam, el protagonista, nacido en Estados Unidos, pero de origen etíope, con su mujer Ángela; la de los padres Yosef y Mariam, inmigrantes etíopes; y la del propio Jonas en busca de la pista de sus progenitores. Las historias se entrelazan, se mezclan y se relacionan en una danza narrativa, que permite seguir los hilos sin problemas a pesar de que el novelista etíope rompe por completo la idea de la narración lineal.

Jonas soporta sobre sus espaldas, en realidad, silenciosamente, el peso de las historias pasadas y sufre las secuelas del dolor de las personas que le precedieron. Tiene una parte de su padre, un joven opositor que huyó de Etiopía amenazado por el autoritarismo y que no fue capaz de construir la vida que había soñado en Estados Unidos porque se quedó encerrado en el trauma de una huída encerrado en una caja, un hombre tan autoritario y violento con su madre como vulnerable. Al mismo tiempo, tiene una parte de su madre, la mujer que viajó a los Estados Unidos para encontrarse con el estudiante contestatario que había conocido años atrás y se encontró un hombre hermético y demolido. Una mujer que construía sus propias historias para llenar el vacío que le provocaba la frustración. Quizá la vocación cuentista de Jonas, su querencia por la recreación de historias, su tendencia al silencio, cuando no a la mentira, la haya heredado de su madre.

Y la relación de Jonas con Ángela tiene también mucho de la de sus padres, la de dos almas independientes que necesitan el calor y la valiente honestidad que la otra no les puede dar. Una relación que nace y crece en la ficción del interior de los dos protagonistas. Y en la que resuena el eco de las advertencias: “Antes de la boda su padre le había dicho que a los hombres como él se les daba mejor arar los campos como asnos que sacar adelante a una familia”. Las podía haber dicho Jonas, o las podía haber pronunciado Yosef dirigiéndose a su hijo, pero en realidad, son palabras que el abuelo del protagonista le había dicho a Mariam, en lo que parece un destino que recorre generaciones como una maldición.

El lugar del aire no pretende ser autobiográfico aunque los guiños de Mengestu hace le dan esa apariencia, el aspirante a escritor que se convierte en profesor, o el punto de partida en una ciudad del Medio Oeste, casualmente en Peoria, la misma localidad en la que creció Mengestu. Sin embargo, su experiencia personal seguramente le da una posibilidad para que en el relato aparezcan temas como la ficción del intercambio cultural o la hipocresía del país de las oportunidades; la experiencia de la migración, aunque no sea en carne propia; y la búsqueda de la identidad, un elemento que, por otro lado, ha colonizado las narraciones de los autores de origen africano que más proyección están teniendo en el mercado editorial internacional.

Esa búsqueda vertebra en buena medida, una parte importante de la historia, sobre todo, cuando Jonas trata de reconstruir el viaje que sus padres hicieron cuando se reencontraron en Estados Unidos. Jonas visita los mismo lugares que habían pisado sus progenitores buscando una huella de su identidad, intentando revivir las historias que ellos mismos vivieron o, al menos, imaginando esos episodios.  Esa búsqueda se hace más que evidente con la visita del protagonista a su madre. “Empecé a buscar atisbos de mis padres tal como debían de ser cuando recorrieron este paisaje por primera vez, cuando eran personas mucho mejores que las que yo había conocido. Sólo entonces comprendí la fuerza con que me había aferrado a ellos durante tantos años”, escribe Dinaw Mengestu.

Los otros cinco (africanos) para los Oscar 2015

Las quinielas ya tienen ganadores, segundos premios, mejores decorados, mejores actores/actrices de reparto, incluso la empresa que tapizará de rojo el Teatro Kodak en Hollywood. Algunos, ante tanto alboroto y especulación pomposa, comienzan a sacarle punta a los discursos de agradecimiento porque… Nunca se sabe. Aunque quizás nadie logre llegar a la síntesis de Alfred Hitckcock que tras recoger el Oscar honorífico en 1968 por toda su carrera cinematográfica (nunca ganó una estatuilla a pesar de ser considerado como uno de los mejores directores de todos los tiempos) pronunció ante el respetable un escueto “gracias” e hizo mutis por el foro. Quizás fue la crítica más grande que se ha hecho desde el atril que representa el clímax en Hollywood.

Los Oscar de 2015 se acercan (22 de febrero). Y diciembre es un mes de cenas de gala, de Navidades repletas de promociones, de llamadas de teléfonos que subirán la tarifa e intentarán edulcorar la opinión de los críticos de la Academia. Noches de intriga. De amigos de corto recorrido. Se trata de los premios más importantes (y más comerciales) de la industria del cine. Un mes antes vendrá la antesala, la ceremonia de Los Globos de Oro (11 de enero) y unos días después (el 15 de enero) se anunciarán las películas que competirán por el Oscar al mejor filme extranjero en un año de récord: 83 películas presentadas que se quedarán en una terna de cinco.

Y son cinco. Desde el continente africano se han seleccionado cinco películas que representan un número geográfico e inspirador: The red Moon (de Hassan Benjelloun, Marruecos); The Factory girl (de Mohamed Khan, Egipto); Timbuktu (de Abderrahmane Sissako, Mauritania); Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía) y Elelwani (de Ntshavheni wa Luruli, Sudáfrica). Norte, sur, este y oeste. Una metáfora de la vitalidad entre dientes del séptimo arte en el continente africano. Sus cines resisten el envite del no credit, no cash perpetuo. Éste es el titular. Y como va de quinielas, aquí va la nuestra. A la africana, claro:

 

Timbuktu (del director Abderrahmane Sissako, Mauritania).

Es la gran favorita. Y él, Sissako, es el poeta de los silencios. Esta vez presenta su cuarto largometraje ambientado en su tierra de acogida Mali. Es 2012 y el fundamentalismo muestra su cara más radical maquillada con ametralladoras. Extremistas arrogantes y violentos administran castigos horrendos y absurdos. Destruyen la gracia y la belleza con la impunidad en una historia basada en personas y hechos reales: Kidane, un pastor con siete vacas que vive una vida sencilla y feliz con su esposa e hija Satima Toya, su “pajarito”. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el último Cannes y también en el festival de Toronto. En el Festival Internacional de Durban (Sudáfrica) se hizo con el premio a la mejor película.

 

Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía).

La ópera prima de Zeresenay Berhane, que se alzaba con el premio del púbico a la mejor película en el festival de Sundance, también está basada en acontecimientos reales. La película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporciona una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Así que apunten en las agendas el 15 de enero para ver qué cinco películas serán las elegidas para optar por el Oscar al mejor filme extranjero.

Debere Berhan: un circo integrador y social

FOTO 5Este colectivo es ejemplo, en Etiopía, de cómo se pueden desarrollar habilidades a través de las artes escénicas y circenses y convertir la discapacidad en ventaja.

El Circo Debere Berhan es ejemplo de la toma de conciencia acerca de la integración social en un país, Etiopía, donde la discapacidad está estrechamente conectada con la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. A través de las artes escénicas y circenses, los integrantes de esta compañía han demostrado que es posible luchar contra las estadísticas y contra un destino abocado a la miseria y la marginación.

Etiopía, con cerca de 95 millones de habitantes, tiene a un 30’7% de su población viviendo bajo el umbral de la pobreza (1.25 dólares por día) según estadísticas de Unicef. La diversidad funcional (anteriormente definida negativamente como dis-capacidad) sensorial, motora y/o cognitiva no se puede desligar de estas elevadas tasas de pobreza. Los datos son tan dispares respecto a este colectivo que las cifras que se barajan oscilan entre el 2% y el 20% de la población. Sin embargo, según el Informe Mundial sobre la Discapacidad, publicado por el Banco Mundial en el año 2011, se estima que son 15 millones los niños, adultos y ancianos etíopes -de ellos un 95% vive bajo el umbral de la pobreza-, los que sufren diferentes tipos de diversidad funcional.

Tras las conocidas hambrunas de 1973-1974 y de 1984-1985, la crisis política por la caída del régimen socialista de Mengistu del 1991 al 1994, y la inseguridad alimentaria que ha sufrido Etiopía en las últimas décadas, la mayoría de estudios apuntan a la malnutrición y a las complicaciones en embarazos y/o partos como las principales causas de las elevadas tasas de diversidad funcional. Sin embargo, otras causas como los conflictos bélicos o los accidentes de tráfico son variables importantes a la hora de analizar este fenómeno.

El difícil acceso a la educación primaria universal o al sistema sanitario después del periodo comunista, las consecuencias de algunas enfermedades tropicales enquistadas en el país, o el complicado acceso a empleos y a mecanismos de ayuda dirigidos a estas personas, las sitúa en una preocupante situación de vulnerabilidad y exclusión social. Si a esto le añadimos el estigma social o incluso la demonización que muchas de ellas sufren por ser diferentes, el peligro de abandono durante la infancia por parte de padres o madres incapaces de hacer frente a sus necesidades, la elevada mortalidad infantil o los abusos sexuales, sobre todo hacia niñas y adolescentes, nos encontramos con una situación de fragilidad absolutas.

Para paliar los problemas de este colectivo, muchas son las medidas que se han adoptado en los últimos años. Un ejemplo: la Asamblea General de las Naciones Unidas se comprometió en septiembre de 2013 a incluir la diversidad funcional en los Objetivos del Desarrollo del Milenio para 2015; el gobierno etíope firmó en 2007 la Convención de la ONU para los derechos de las personas con discapacidad y lleva a cabo el Plan de Acción de la Década Africana de las Personas con Deficiencias (2010-2019) impulsado por la Unión Africana; también se creó, en 2005, el Centro Etíope para la Discapacidad y el Desarrollo (ECDD), una de las organizaciones más importantes para la inclusión de las personas con diversidad funcional que trabaja para asegurar los derechos y el acceso a los servicios y oportunidades a todos los etíopes; del mismo modo, numerosas ONG e iniciativas de la sociedad civil promueven la inclusión, la aceptación y la toma de conciencia y responsabilidad para romper las barreras a las que se enfrentan estos 15 millones de etíopes.

SueciaOriginario de la ciudad de Debere Berhan, situada en el centro de Etiopía, este colectivo de acróbatas nació en 1998. “La idea embrionaria fue de Netsanet Assfa, quien fundó este circo para todos. Empezamos trabajando con la escuela de la aldea de Atsa Zeriyakob, una escuela especial para niños con diversidad funcional como la ceguera, la sordera y otros problemas físicos”, nos cuenta su actual director ejecutivo y artístico, Teklu Ashagir. “Con ellos, hacíamos circo adaptado a sus problemas. Por ejemplo, si alguno tenía dificultad en una pierna, potenciábamos lo que podía hacer con su mano”.

Pero a partir de esa idea embrionaria, el colectivo se dio cuenta de que las actuaciones locales tenían mucho éxito y que la implicación de los chicos en el circo era muy positiva. “Vimos que en realidad, si te dan la oportunidad, puedes hacer cualquier cosa”, afirma Teklu. “Cuando iniciamos esta aventura contábamos con más de 30 artistas con diversidad funcional. Para mí, Habtamnesh Behailu ha sido uno de las mejores artistas que ha tenido el Circus Debere Berhan. Ha sido la campeona nacional del proyecto gimnasta etíope de 2013 y a pesar de ser ciega y haber competido con personas sin diversidad funcional, se ha convertido en la mejor”, explica con orgullo el director del circo. “Desde entonces, Habtamnesh ha actuado en Bélgica, la República Checa, Holanda, Francia y Alemania. Pero hay otros nombres a subrayar como el de la acróbata Wossena Tefera, que también es ciega y una de las mejores malabaristas de Etiopía; o Meaza, que tiene problemas físicos pero que es una magnífica gimnasta en la modalidad de pelota”, subraya orgulloso el joven etíope. 

Las historias de vida de los artistas del Circus Debere Berhan son reveladoras. Pero el caso de Tameru Zegaye es especialmente conmovedor. Abandonado por su madre tras nacer con una malformación en las piernas, fue criado por uno de sus abuelos, quien también lo abandonó tras quedarse ciego. Con tan solo nueve años Tameru llegó a la ciudad etíope de Lalibela arrastrándose sobre sus propias manos. Después de mendigar durante largo tiempo, tuvo la suerte de ser rescatado por una ONG y tras más de una docena de operaciones consiguió andar, se graduó en turismo y se unió a este circo etíope.

Y es que el Circo Debere Berhan es un claro ejemplo de circo social. Como parte de un movimiento internacional más amplio, fusiona creatividad y arte para generar esperanza y justicia a través de herramientas pedagógicas alternativas con capacidad para la transformación social. “Empezamos a formar a los chavales a partir de los 7 años de edad, y a partir de ahí, van ascendiendo. Tenemos un club de malabaristas, uno de cuchillos y fuego, distintos ejercicios de equilibrio, el rolla bolla, ejercicios aéreos, juegos con pelotas de ping pong, espectáculos de contorsionismo o actos con animales artificiales de cartón piedra”, manifesta Teklu.

Pero además, el circo representa una forma de vida que posibilita la profesionalización de los artistas que trabajan en él y reduce la profunda brecha con la que las personas con diversidad funcional se encuentran a la hora de hallar medios de subsistencia a largo plazo. “Al principio nos financiábamos gracias a la ayuda de la organización solidaria Handicap International, sin embargo, en seguida pudimos generar ingresos vendiendo nuestras habilidades a nivel local e internacional. Y actualmente somos completamente auto-suficientes”, reconoce el director, que añade que “el circo es una forma de vida, pero hay que luchar mucho para no depender de las ayudas externas. Por eso queremos que nuestro circo se convierta en un negocio rentable que permita a los artistas vivir de ello”.

Y a pesar de las dificultades, la semilla está plantada. El mensaje para desestigmatizar, promover la equidad social y educar en torno a los problemas de salud entendida de forma holística, ha acompañado al Circo Debere Berhan desde su inicio. Y sus espectáculos han pisado escenarios, tanto cerrados como en el aire libre, en Uganda, Kenia, Tanzania, Sudáfrica, Suiza (donde han estado cinco veces), Bélgica, Francia, Holanda, Alemania y la República Checa. “En Etiopía, el circo se ha convertido en un motivo de orgullo y en parte de nuestra identidad, además de en una de las opciones de ocio más atractivas para nuestros jóvenes”.

*Este artículo ha sido publicado originalmente en el blog Planeta Futuro de EL PAÍS, por acuerdo entre este periódico y la revista WIRIKO

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“Yo solo hago música y propago el mensaje del amor”

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Ester Rada es la estrella del Nu-Soul de Tel Aviv. Hija de padres etíopes y criada en una familia judía conservadora, empezó cantando en la armada israelí y en la sinagoga, para tirarse de cabeza más tarde a la escena Pop de la cosmopolita capital de Israel.

Después de años encima de los escenarios, Ester acaba de presentar su álbum debut: Life Happens (2014). Con una mezcla de R&B a lo Alicia Keys, Corinne Bailey Rae o Erykah Badu, un Soul y Funk a lo Motown, arreglos que nos recuerdan a las viejas glorias del Ethio-Jazz como Mulatu Astatke pero también a la mezcla de Afrobeat y Funk de los neoyorkinos Menahan Street Band, la joven de veintinueve años ha sorprendido a todo el mundo con su mezcla de estilos. Mientras algunos la comparan con Janelle Monae por su eclecticismo con Funk, Soul, samplers electrónicos y Rock futurista en algunos temas, su mezcla de reggae, hammonds y Ethio-jazz nos regalan irremediablemente aromas a los etíopes Dub Colossus.

Pero para conocer un poco más sobre ella, Ester ha concedido una entrevista en exclusiva para Wiriko:

G: Quién es Ester Rada?

E.R: Es una larga historia, pero para hacerlo sencillo, dejadme que diga que yo soy todo, y que todo es todo.

G: Cuéntanos cuales fueron tus inicios en el universo de la música.

E.R: Cuando tenía seis años empecé a cantar en el ‘Shva Choir’ con Shlomo Gronich. Eso fue en Kiryat Arba, donde crecí.

G: Eso fue en Israel, sin embargo tu música tiene impregnada la rica huella etíope por todos los lados… ¿Qué elementos de tu receta hacen que suenes tan etíope?

E.R:  La música etíope tiene una historia muy larga, y contiene muchos subgéneros. Cada lugar de Etiopía tiene un estilo diferente. Por eso hay tan buenos artistas. Por eso la música etíope es tan rica. Pero mi estilo es libre, no me gusta etiquetar mi música ni colgarme ningún cartel.

G: Pero supongo que, al menos, podemos hablar de influencias.

E.R: Aunque son muchas… Des de la era dorada de la música etíope como Mulatu Astatke y Mahmoud Ahmed a vocalistas de Jazz como Nina Simone o Ella Fitzgerald, a las divas modernas como India Arie, Corinne Bailey Rae, Erykah Badu, Jill Scott… Me gusta mucho el Hip Hop, el RbB, el Soul… y me encanta escuchar cosas nuevas cada día. Uno de mis últimos descubrimientos es el británico Benjamin Clementine.

ester radaG: Eso queda claro en tu disco, un auténtico cóctel de estilos con influencias de todas partes del mundo. Supongo que eso te ha abierto las puertas para que se te escuche fuera. ¿En qué países has tocado?

E.R: He tocado por Inglaterra, Francia, Suecia, Países Bajos, Estados Unidos o Canadá, y además este año también voy a ir a América del Sur

G: Y también vas a visitar España, ¿verdad?

E.R: Si, en el mes de Julio voy a hacer varias fechas ahí: en el Imaginafunk en Jaen (11 de julio), en el Nits de Música en Oropesa del Mar (12 de julio), en Pirineos Sur (13 de julio), en Tempo Club de Madrid (15 y 16 de julio) y en el Festival de Jazz de Canarias (18 y 19 de julio).

G: Encima de los escenarios tu estilismo no pasa desapercibido. ¿Te gusta la moda etíope?

E.R: La verdad es que no sé mucho sobre el mundo de la moda en Etiopía pero lo que es seguro es que me encanta el diseño y la moda, y me encanta llevar prendas bonitas. Lo que intento es crear mi propio estilo a partir de las diferentes cosas que me gustan.

G: Como descendiente de etíopes, ¿como has vivido las varias deportaciones de etíopes realizadas por el gobierno israelí? ¿Te has sentido discriminada alguna vez por ser diferente?

E.R: No hay deportaciones de israelíes etíopes. Yo soy tan israelí como etíope. Nací en Israel, así que Israel es mi casa. Respecto al racismo, creo que las únicas víctimas del racismo son los propios racistas. Pero sinceramente, no me interesa la política. Yo solo hago música y propago el mensaje del amor.

Escribir desde el humor o leer la vida desde la risa, el doble impulso de la vis cómica africana

Imagen del Día de la Risa. Fuente: www.nazret.com

Imagen del Día nacional de la Risa. Fuente: www.nazret.com

En Etiopía, en el mes de octubre, celebran el “Día nacional de la risa”, lo que no quiere decir que sólo se rían ese día. Se ríen a menudo pero han decidido dedicar un día entero a la risa y al buen humor, como terapia, como relax, como forma de olvidarse de los problemas.

“Estas cosas tan poco serias solo ocurren entre los etíopes” fue la frase que más me replicaron al comentar la noticia, lo que me hizo  darme cuenta de que hay quien dice etíopes como quien dice marcianos porque desconocen todo sobre este país, sus gentes o sus coordenadas físicas, “está por ahí, por África, ¿no?” acertaban a decir los más atrevidos, como queriendo decir en un lugar muy remoto, muy profundo y muy oscuro, y que no le daban ningún valor a dedicar un día a desarrollar uno de los sentidos más importantes: el sentido del humor. De lo anterior  te das cuenta cuando se quedan perplejos si les replicas que esos seres verdes que son los etíopes celebran el “día de la risa” como nosotros celebramos el “día de San Consumo”, solo que ellos acaban relajados, felices y renovados, y nosotros estresados por no saber qué comprar y enfadados por sentirnos timados un año más, y todavía habrá quién se  pregunte que de qué se pueden reír tanto los africanos.

El humor aparece con mucha frecuencia en las autobiografías o semi-biografías. Alguien tan seco, huraño y serio como JM. Coetzee ya lo utilizó en su novela Verano donde se rememora y disecciona, mediante entrevistas, la vida de un escritor recientemente fallecido llamado… John Coetzee. Otra novela que también tiene nombre propio es Algún día escribiré sobre África donde un Binyavanga Wainaina, previo a hacer pública su homosexualidad, recuerda las palabras con las que le anunciaron su nominación al premio Caine, “Estimado individuo aceptado para el premio Caine, de nombre Binya…vanga. ¿Quiere venir a Inglaterra y cenar en la Cámara de los Lores y hacer lecturas e ir a la Biblioteca Bodleiana para asistir a una cena de muchos platos, con vino y todos los intelectuales de Londres? En dicha cena descubrirá si la baronesa Tipa Importante le premia con quince mil dólares”, os adelanto que sí que fue y luego escribió el libro, un relato sobre el recorrido vital que le llevó a ser el escritor reconocido que hoy es y en el que luce un brillante sentido del humor y de la ironía. También están los que recurren a sus recuerdos de la infancia para soltar algunas verdades como puños provocando la risa, nada como un niño para decir lo que de verdad se piensa. Eso es lo que transmite el narrador de Buenos días, camaradas de Ondjaki cuando con mucho sentido común (otro que tampoco ejercitamos demasiado) pregunta si los angoleños deberían de tener una playa en la Unión Soviética, al enterarse de que los rusos tienen una playa propia en Angola. En Mañana cumpliré veinte años, su autor, el congoleño Alain Mabanckou hace lo mismo con su infancia y la suya tampoco tiene nada de tenebrosa o torturada, al contrario, es un niño curioso, travieso, luminoso y divertido y nos ofrece un texto plagado de momentos de humor.

La risa, en el fondo, es un asunto muy serio, ya que si no se dosifica o utiliza bien, el texto puede quedar grotesco o patético. Por eso arriesgarse a escribir un libro desde el humor tiene doble riesgo: el primero el de lograr que aflore, y el segundo el hacerlo por escrito, porque cuando uno tiene a alguien delante puede examinar al de enfrente y al contemplar su reacción hacer un gesto y provocar la carcajada, como hace Chris Abani en este vídeo, o cambiar el tema del discurso o cambiarse de país directamente. Sin embargo, cuando uno escribe no tiene a nadie enfrente, no sabe cómo van a reaccionar los lectores y mucho menos si se van a reír. A pesar de tratar realidades muy dolorosas en su novela Graceland, el escritor utiliza el sentido del humor para dotar de algunos gramos de luz a las duras vidas de sus protagonistas. Así el humor, sin ser el eje central de la novela, logra suavizar la narración y dar al lector algún respiro.

Además, el humor se puede utilizar también para disfrazar la desvergüenza, como en la novela Puta vida del togolés Sami Tchak, cuyo autor afirma que sin el humor del narrador habría resultado una novela demasiado cínica. Razón no le falta ya que la única novela traducida al castellano de Tchak es una obra plagada de sexo, donde late el enfado del escritor al hablar sobre el trato que reciben los emigrantes (ya sean de primera o de segunda generación). En este caso el protagonista es nacido en Francia de padres africanos (sobre los que tampoco se calla lo que piensa). Os sorprenderá por su estilo directo y crudo que no obvia casi nada en relación al sexo y al racismo, provocando la risa casi, casi, en cada párrafo, a pesar de su crudeza “En nombre de esa verdad de pacotilla, habría querido decirle a aquella joven blanca cuatro cosas bien dichas sobre los indocumentados:¡A uno que no tiene papeles no se le hace tanta publicidad¡ ¡No se la merece, joder¡ Hay que darle un guantazo y mandarlo allí donde debería haberse quedado de un puntapié. ¿Tan difícil es?”. Y también como manera para dar forma a un personaje, como ocurre con la protagonista de la extraordinaria Condiciones nerviosas, la inquieta Tambu, escrita por Tsitsi Dangaremba. En las obras de Ahmadou Kourouma el humor es primo hermano del horror, provocando una extraña sensación al leer la vida del pequeño Birahima, el niño-soldado protagonista de Alá no está obligado y de la inconclusa Cuando uno rechaza dice no. Gracias a sus inestimables diccionarios con los que intenta comprender lo que le rodea (nada menos que cuatro, todos escritos por la mano colonizadora), Birahima va poniendo nombre a cada situación y a golpe de humor/horror se le llena la boca de verdades como puños: “’Civilización o comunidad’ cuando se habla de un grupo de blancos y ‘etnia o tribu’ cuando se trata de un grupo de negros,’Guerra de civilizaciones’ cuando combaten los europeos y ‘conflicto tribal’ cuando lo hacen los bárbaros indígenas negros de África”.

Escribir desde el humor, es difícil. Sin embargo a veces es la única manera de escribir  que tienen algunos escritores, como Henri Lopes que reconoce que utiliza el humor en sus obras pero no le atribuye una función determinada, simplemente es su estilo, la mejor manera de escribir para él. Alain Mabanckou recurre también al humor y a la ironía a menudo. La hilarante Memorias de Puercoespín nos cuenta la leyenda según la cual todo ser humano tiene un doble animal. Puercoespín, parlanchín incontinente, le contará su azarosa vida a un baobab, a veces truculenta, a veces ácida. Las peripecias de Puercoespín nos asombrarán y provocarán nuestras carcajadas, al igual que Vaso Roto que desde los confines del mugriento bar congolés “El crédito se fue de viaje” y con un lenguaje coloquial, a veces vulgar, a veces escatológico, hace desfilar a sus clientes, seres fracasados, patéticos, bordeando la marginalidad, provocándote la risa con párrafos como este: “Al dueño del Crédito se fue de viaje no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito”.

Una forma de humor diferente es la que propone el humor negro. El nuevo proyecto editorial 2709 books de la mano de Marina M. Mangado, nos acerca a un escritor que hasta ahora no tenía obras traducidas al castellano. Dos cortos relatos del marfileño Venance Konan nos dan pie para pensar que en la obra de este autor el humor es una constante, y no solo el humor, sino también el humor negro que asoma en El entierro del tío Kouadjo. El tío Kouadjo, todo un carácter, de joven camorrista y de viejo un cascarrabias, ha muerto y hay que enterrarlo. El entierro deviene en un torrente de situaciones cómicas: desde la lluvia que dificulta las labores, a las viejas rencillas, los enfrentamientos debido a las infidelidades y el propio espíritu del tío Kouadjo que parece decidido a imponerse incluso en su propio entierro. Y vaya si lo logra.

También hay mucho de humor negro en la obra Reír y llorar de Henri Lopes, forzosamente ya que gira en torno a  la vida de un dictador no tan imaginario. Esta novela se abre con un prólogo en el que se hace una “Advertencia muy seria”, ya que según la “Asociación interafricana de Censores francófonos” todo lo que narra el libro es fruto de la invención de su autor, fruto del mal gusto y una deformación intolerable de la realidad africana. Solo con un prólogo así ya tienes motivos más que suficientes para adentrarte en la historia de un dictador y de País, un estado africano inconcreto, en una certera sátira sociopolítica, donde la corrupción, la opresión, el sufrimiento, las torturas y la connivencia de los estados europeos, nos muestran un mundo a la deriva con una gran vis cómica.

-Mandad delegaciones a los países africanos productores de grandes hechiceros.

Se marcharon más de cuarenta misiones y volvieron cada una con su rara avis.

-¡Un momento¡ No se olviden de Europa. Búsquenme allí a los mejores videntes.

En la conferencia que reunió a todos aquellos expertos, hubo menos europeos que africanos.

-Al menos existe un campo en el que destacamos.

Henri Lopes nos cuenta, a través de su protagonista, por qué reír cuando lo normal sería llorar. Cuando el “Maitre” (protagonista de la novela) le pide opinión a uno de sus compatriotas sobre los primeros capítulos de su obra, éste le contesta que no sabría cómo encuadrarla; si a veces le parece que lo narra un historiador, otras veces, en cambio, le parece que lo hace un griot, es decir, un mercader de sueños y de diversiones, para algunos, y una clave para descodificar la vida en el poblado, para otros.

Es gracias a la risa por lo que las áfricas han salido hacia delante, nos dice Lopes. Ante la brutalidad, la sinrazón, la explotación, la inhumanidad…De nuevo el humor permite escribir y nos permite poder leer tanto sobre temas atroces, sobre realidades lacerantes como  sobre la vida cotidiana, el sencillo ir y venir de los preciados días.  Otra vez, en esta ocasión desde las áfricas, el humor, sin duda, nos reconcilia con la vida.

Shashamane, un trozo de paraíso para la Diaspora

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He compartido escenario con muchos artistas jamaicanos que llevan dreadlocks (rastas) y cantan canciones sobre la repatriación. Cuando les preguntaba si habían estado en Shashamane, todos me decían que no” nos dice Renato Tomei, más conocido como Ras Tewelde, mientras saboreamos un desayuno Ital -comida vital, como dicen los rastafaris-.

Este joven italiano, cantante de reggae y doctorado en lingüística, lleva una década yendo y viniendo de Etiopía, donde forma parte de una comunidad de un centenar de rastafaris repatriados en la ciudad de Shashamane (de unos 100.000 habitantes), una fértil porción de tierra a unos 1700 metros de altura al lado del centro termal de Wondo Genet, al sur del país. El Jamaican Safar (o barrio jamaicano en Amharic), uno de los barrios de Shasha -como se la llama cariñosamente-, fue una concesión que el emperador Haile Selasie I regaló en 1948 a toda la diáspora africana que quisiera volver a África, en agradecimiento al apoyo recibido por la lucha contra las tropas italianas (1935-41).

 

Desde entonces la nueva Israel o Monte Sión -según la interpretación que los rastafaris hacen de la Biblia-, se ha convertido en un lugar de asentamiento y peregrinación para centenares de afrodescendientes y/o rastas de todas partes del mundo, que ven en él un trozo de paraíso. En Shasha, uno se puede encontrar con franceses, italianos, trinitenses, estadounidenses u holandeses. Poco importa tu color de piel o si luces o no dreadlocks. Pero el amplio componente jamaicano que representan los pioneros del movimiento -tal y como se refieren a ellos los propios rastas- tiñe de Patois jamaiquino todo sonido que emana de iglesias y casas. Y por supuesto, el ritmo que reina es el del reggae.

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Imagen de los pioneros o primeros repatriados a Shashemene, 1973.1974.

Por eso, cuando Tewelde se planteó empezar el proyecto Youths of Shasha, no le fue difícil cautivar a artistas como Bob Andy, Earl “Chinna” Smith, Tony Rebel, Kiddus I, Sizzla Kalonji o Capleton, que se sumaron rápidamente a la iniciativa. Así que en un periplo geográfico entre Jamaica y Etiopía, Tewelde cedió el micrófono al talento local de Shashamane con la colaboración de artistas consolidados al otro lado del Atlántico. “Una cosa llevó a la otra y de lo que podía haber sido una simple grabación acabamos haciendo un disco grabado entre dos continentes“, observa el rasta italiano.

Un día un chico me enseñó una canción que había grabado con un móvil. Me sorprendió la calidad con la que podía sonar su voz con tan poco equipamiento. Entonces me di cuenta que hacía falta montar un estudio de grabación para que los jóvenes de Shasha pudiesen realizar su propia música. Y así empezó todo“, cuenta el líder del proyecto, quien confiesa que nunca hubiera imaginado que podían llegar a hacer hasta un documental.

Youths of Shasha, que se proyectó en 2013 en diferentes festivales internacionales como el African Diaspora International Film Festival de Nueva York, sigue hoy luchando para poder construir el siguiente eslabón del proyecto: el estudio de grabación y la escuela de música. De momento, las clases de música han empezado gracias a voluntarios como el californiano Eddie Jackson, bajista, entre otros, del madrileño Morodo. “Los pioneros fueron los encargados de asegurar estas tierras, ahora nos toca a la siguiente generación construirla“, afirma Eddie, cuyo sueño es contribuir al crecimiento tanto del proyecto de Youths of Shasha como de la pequeña Jamaican Safar.

La tierra prometida de los rastafaris, aunque vetada a Bob Marley: 

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En 1978 Bob Marley también tuvo la oportunidad de visitar Shashamane. “El gobierno de Mengistu no le permitió estar más de una semana aquí“, explica Sister Eveon Leach, esposa del ya desaparecido Donald “Flippins” Leach, autor de la canción “Zimbabwe” y uno de los pioneros más importantes para los rastas de Shashamane.

La estancia de Bob en este “pedazo de paraíso” no había sido recogida hasta día de hoy. “¿Cuantos cientos de documentales hay sobre Bob? Hasta ahora, ninguno sobre su paso por Shasha“, se queja Tewelde. Pero el periodista italiano Giorgio Battaglia, con la ayuda de Ras Tawelde, ha sido el encargado de dirigir el documental ‘Rastaman Land: Bob Marley in Ethiopia’, sobre la visita del icono entre la comunidad rastafari del país africano. Con imágenes inéditas y entrevistas a los pioneros – primeros repatriados de Shasha-, el trabajo reconstruye una visita que pudo representar mucho en la vida de la estrella. “Si Bob no hubiera muerto, hoy seguramente viviría aquí“, confiesa orgullosa Eveon o Mama Leach, como la llaman todos, mientras nos muestra una de las fotografías de su familia junto a Bob Marley.

La controversia del reggae y los hándicaps de la tierra prometida: 

La vida en Shashamane no gira en torno al reggae. Alex, repatriado francés que regenta junto a su familia el acogedor Zion Train Lodge, es más bien reacio a este estilo: “El reggae es parte de la cultura de Babilonia y solo el Nyahbinghi es música”, expresa contundente. Cuando este entrañable rasta habla de Babilonia se refiere a cualquier forma de vida relacionada con la modernidad. Al capitalismo y al comunismo; oponentes por antonomasia a la vida espiritual que promueven los rastafaris. “Etiopía es el único territorio que puede vanagloriarse de no haber sido conquistado. Es un símbolo de la liberación“, dice orgulloso.

Aunque muchos son los obstáculos a los que se debe enfrentar esta pequeña comunidad de repatriados en tierra etíope. Y no solo se trata de los estereotipos negativos que deben combatir los rastas. Las 500 hectáreas iniciales cedidas por Haile Selassie fueron confiscadas y nacionalizadas cuando el gobierno marxista de Mengistu Haile Mariam derrocó al emperador en 1974. Y a pesar de que muchos decidieron volver a Jamaica o Estados Unidos, otros repatriados han permanecido en terreno. Sin ser reconocidos como etíopes (o Habesha), conviven con el resto de etíopes en un perenne estatus de extranjero con pasaporte jamaicano, aún y habiendo nacido en Etiopía, y hablar y escribir perfectamente el Amharic, lengua nacional.

Las dificultades a las que se enfrentan actualmente estos nuevos etíopes, o Jamharics, están siendo captadas por otro foco cinematográfico en el que está trabajando la periodista de Aljazeera Nadine Drummond, británica descendiente de jamaicanos. ‘Jamharics: The Children of Zion‘ es otro ejemplo de respeto hacia la primera generación de repatriados de Shashamane, pero también de compromiso con las nuevas generaciones. La intención de la directora es dedicar las ganancias de este documental a mejorar, entre otros, los proyectos de salud de la comunidad.

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Mama Baby y Ras Moya, expatriados en Shashamane.

Febrero africano en los cines internacionales

berlin2014Llega febrero y Berlín. Como siempre, dos traviesos amantes de la gran pantalla que van de la mano. La presencia inevitable de la 64ª Berlinale en las agendas (del 6 al 14 de este mes) trae de nuevo una película africana con un pronóstico ganador en los diferentes festivales de este 2014. Se trata del film etíope Difret, del director Zeresenay Berhane Mehari, que recientemente se alzaba con el galardón al premio del público en Sundance. Pero febrero también es sinónimo del Festival de Cine Panafricano (PAFF) que arranca el mismo día que el festival berlinés: del 6 al 17. Además os dejamos la selección de películas del Festival de Roterdam en el que había varios títulos con presencia de países al Sur del Sahara. Que lo disfrutéis.

Una 64º Berlinale con escasa presencia africana

Hasta hace unas semanas Zeresenay Berhane Mehari, natural de Etiopía, era un completo desconocido. Nació y se crió en la capital, Adis Abeba, antes de trasladarse a los Estados Unidos para estudiar cine en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad de California del Sur, en Los Angeles. Tras esta experiencia fundó la productora Haile Addis Pictures bajo el lema “hacer películas para cambiar la forma de pensar de la gente sobre África”. Un reto. Ahora, con su ópera prima Difret, una de las candidatas a ganar en la sección Panorama de la 64ª Berlinale, cuestiona algunos de los ritos tradicionales de su país.

Basado en acontecimientos reales, la película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporcione una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Otras dos películas interesantes de la sección Panorama tienen como trasfondo el continente africano aunque con matices: no son made in Africa. La primera de ellas se trata del trabajo del director sueco Göran Hugo Olsson. Una propuesta con un hilo argumental basado en la violencia causada por la descolonización. Olsson, quien ya estuviera en la sección Panorama en 2011 presentando su The Black Power Mixtape 1967-1975 sobre el movimiento de los derechos civiles de los afro-americano, no deja pasar la oportunidad para citar textos críticos como algunos de los pasajes del libro de Frantz Fanon Los condenados de la Tierra en la voz de la cantante Lauryn Hill.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

La sección Panorama presenta un debate interesante de los trabajos seleccionados: o filmes con una clara visión artística que postulan por caminar fuera de los circuitos mainstream, o las películas que apuestan descaradamente por los intereses comerciales. Quizás la misión de esta categoría sea la de construir puentes entre ambas. La otra recomendación que comentábamos camina en este limbo. Se trata de la historia de la fotografía que propone Thomas Allen Harris mostrada desde una perspectiva afroamericana en su trabajo documental Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People.

No queremos dejar pasar la oportunidad para mencionar que en el mercado de coproducción 2014 (Berlinale Co-Production Market) se encuentra una directora keniana y de la que ya hablamos en nuestra serie Afrofuturismo. Ella es Wanuri Kahiu que presenta Jambula Tree, de la productora Big World Cinema, una coproducción entre Sudáfrica y Kenia. Kahiu, quien dirigiera Pumzi (2009), tiene como productor al sudafricano Steven Markovitz quien también produjera la premiada ¡Viva Riva! (2010) del director congolés Djo Tunda Wa Munga.

La trama en Jambula Tree (basada en un relato corto de la ugandesa Monica Arac de Nyeko ganador del Premio Caine de cuentos en 2007) se mantienen en secreto hasta ahora, aunque en términos generales se centra en dos niñas kenianas que tienen que afrontar dos caminos diferentes en la vida.

África se cuela en Roterdam

El Festival Internacional de Cine de Rotterdam este año ha seleccionado un elenco muy variado de películas realizadas al Sur del Sahara: Uganda, Tanzania, Nigeria, Etiopía, Somalia, Sudáfrica y Kenia. Todo un regalo para los cinéfilos africanistas. La primera de ellas ha sido Walk With Me de Johan Oettinger y Peter Tukei Muhumuza. Una coproducción entre Uganda y Dinamarca que basa la historia en un complejo cortometraje, a veces oscuro, que combina con habilidad las técnicas de cine de animación y del largometraje.

El Limpiabotas, de Amil Shivji, viene desde Tanzania. Una colorida comedia con toques críticos sobre la sociedad de Dar-es-Salaam, la ciudad del director. La historia se desarrolla en una calle donde un limpiabotas y el dueño de un bar simbolizan el resto del mundo.

B for Boy del nigeriano Chika Anadu. Un drama que se opone a las tendencias más comerciales de Nollywood. En este trabajo de Anadu, busca en una narrativa contemporánea esbozar el perfil de una mujer que toma medidas extremas para “darle” a su marido un hijo.

Berea del sudafricano Vincent Moloi. La historia cuenta que mucho después de que los amigos y familiares se hubieran marchado de un conocido suburbio de Johanesburgo, el jubilado judío Aaron Zukerman continúa viviendo en su rutina cada vez más pequeña. Sin embargo, una inesperada visita el viernes rompe la monotonía de Aarón y pone en marcha la una nueva y cautelosa realidad.

Chigger Ale (Fanta Piña) una coproducción entre Etiopía y España. Una película que ya se ha proyectado en diversos festivales como el Festival Internacional de Cine de Monterrey (México), el Milano Film Festival (Italia), el Islantilla Cineforum (España), el Belo Horizonte Film Festival (Brasil),el Uppsala Short Film Festival (Suecia), el Cinema Rio de Janeiro (Brasil), el Almería en Corto (España) o el ZINEBI de Bilbao (España). La sinopsis es la siguiente: la gente está bailando en el bar del barrio Fendika en Adis Abeba, pero se quedan en silencio cuando Hitler camina. Es una broma de un vecino pero el bigote falso le causará varios probelmas.

A Hole in the Sky de Antonio Tibaldi y Alex Lora, es una película coproducida entre Somalia y Francia, que ofrece un documento reflexivo sobre las tradiciones en Somalia. Una niña de una zona rural acepta que su cultura le exija que tiene que hacer un gran sacrificio. El límite entre la realidad y la ficción se disuelve gracias a la voz en off poético.

Ni sisi del londinense Nick Reding significa en kisuajili “somos nosotros”. Este film del que ya os hablamos en Wiriko, en kisuajili y sheng -con subtítulos en inglés-, ha contado en las filas del reparto con el famoso actor Joseph ‘Babu Wairimu’ (protagonista de Nairobi Half Life). Producida por la ONG keniano-británica S.A.F.E, que trabaja en las áreas mas deprimidas del país. El trabajo es una adaptación de la homónima obra de teatro que se ha podido ver desde 2011 por las calles de todo el país. En clave de humor ácido, se revive el terror que azotó el país tras las elecciones de 2007, para tratar cuestiones como la identidad keniana, el empoderamiento juvenil, el perdón o la responsabilidad.