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‘Corrientes de Consciencia’, 25 años de encuentros fotográficos en Bamako

Todo empezó hace 25 años. Era 1994 y brotaba lo que hoy es la principal manifestación artística en el ámbito de la fotografía en el continente africano: Rencontres de Bamako, la bienal que hace emerger hasta la superficie internacional a los fotógrafos y vídeoartistas de África y sus diásporas. Ahora, en 2019 arranca una nueva edición de la exposición, que se desarrollará en la capital maliense del 30 de Noviembre de 2019 al 31 de Enero de 2020 en un dispositivo urbano que comienza en el Museo Nacional de Malí y fluirá hacia el Museo de Distrito, el Instituto Francés, la Galería Medina y las propias calles de la ciudad.

Su título, Courants de Conscience, hace referencia al álbum epónimo Streams of Consciousness (1977) de Abdullah Ibrahim y Max Roach. Una metáfora literaria que pide una reflexión profunda, lírica y vibrante sobre el acto fotográfico, su especificidad, sus requisitos y su transmisión, en un mundo hipervisibilizado.

Lassana Igo Diarra, delegado general de la muestra, explica en su editorial: “La exposición utilizará la noción de flujo de consciencia como metáfora de flujo de ideas, de pueblos y de culturas que atraviesan y siguen el curso de los ríos como el Níger, el Congo, el Nilo o el Mississippi. Se prestará especial atención a la lejanía y los asuntos invisibles, a las voces e imágenes que se borraron previamente, así como a la celebración de la política y la poética de los ecosistemas (in)animados.”      

Tiende así una pasarela entre África y sus diásporas entendiendo el concepto planetario que incluye a los pueblos de origen africano repartidos por todo el mundo y desbordando los límites del espacio geográfico que llamamos África.

Streams of Consciousness son 21 minutos de música electrizante que inspiraron al director artístico Bonaventure Soh Bejeng Ndikung (Camerún), fundador y director artístico de SAVVY Contemporary Berlin, y al equipo de curadores formado por Aziza Harmel (Túnez), Astrid Sokona Lepoultier (Malí-Francia) y Kwasi Ohene-Ayeh (Ghana) para plantear esta edición como una invitación a reflexionar sobre la práctica artística de la fotografía como una corriente de consciencia y a considerar la fotografía más allá del corsé del fotógrafo.

Interpretan que el momento capturado por la fotografía emana de una riada de pensamientos y asociaciones que reflejan la voz interior del fotógrafo como un torrente inevitable y en constante movimiento “revelando mundos de pensamiento y circunstancias, las dimensiones históricas y geográficas que dieron lugar a la fotografía” explica Ndikung en su presentación y añade “el instante en que se toma la fotografía es un largo momento que genera esta corriente de consciencia. Tan pronto como se retiene la atención del fotógrafo, se establecen asociaciones conceptuales y estéticas, se invocan numerosas referencias y se convocan situaciones. Todos estos requisitos previos participan en la creación fotográfica. Lo que importa es la forma en que lo que se percibe con sensibilidad desencadena la visión del ojo interno, la voz interna, poniendo esa corriente de consciencia en acción”.

Retrato de Bonaventure Soh Bejeng Ndikung por Alexander Steffens / retrato de Kwasi Ohene-Ayeh por Kofi Kankam / retrato de Astrid Sokona Lepoultier por Moussa John Kalapo.

En este contexto fluvial, cerca de 85 creadores de toda África y la diáspora presentarán sus proyectos. La selección artística dio lugar a cuatro capítulos que llevan al espectador a su propia historia de ‘corrientes de consciencia’. Cada capítulo lleva el nombre de un verso tomado de un poema del preludio del Dilemme du fantôme, obra teatral de Ama Ata Aidoo.

  • Le bruissement soudain dans le sous-bois (El susurro repentino en la maleza): Sobre la presencia de lo invisible, la distancia y otras preguntas fantasmales.
  • Car la bouche ne doit pas tout dire (Porque la boca no debe contar todo): Sobre la política y la poética de los ecosistemas.
  • Nous sommes venus de gauche, nous sommes venus de droite (Venimos de la izquierda, venimos de la derecha): Sobre desplazamiento, vagabundeo y diásporas.
  • La brindille ne nous percera pas les yeux (La ramita no perforará nuestros ojos): Sobre la posibilidad de la esperanza y el futuro como promesa.

Siguiendo el espíritu reivindicativo que, sobre todo en sus últimas ediciones, ha empapado esta muestra, esta edición se centrará en mujeres fotógrafas de todos los ámbitos de la vida en el universo africano. La organización ha entendido que, de hecho, la fotografía ha sido monopolio de los hombres durante demasiado tiempo, como lo demuestra el dominio masculino en las exposiciones y publicaciones fotográficas a pesar de la existencia de una gran cantidad de mujeres, por lo que se unen a su lucha contra las estructuras patriarcales.

Para completar el aniversario de la bienal se han programado charlas con los artistas, performances, conferencias, lecturas, exposiciones complementarias y también un ciclo de cine, Fables of Time, que recoge historias políticas e ideológicas y reconoce la ambivalencia de la imagen en movimiento.

No podemos cerrar esta tradicional cita de Wiriko con la Bienal de fotografía africana Rencontres de Bamako sin una muestra de esta edición número 25. Por ello, hemos seleccionado tres artistas que nos han parecido de especial interés por su trayectoria, originalidad, motivaciones y compromiso social. Son:

Amsatou Diallo.

Nació en 1982 en Segou y en la actualidad vive y trabaja para la Fundación Aga Khan en Bamako (Mali). Es una incansable observadora de la la determinación de las mujeres en su país, tanto en el campo del arte como en la lucha contra la discriminación. Fundó en 2007 la Asociación de Mujeres Fotógrafas de Malí (AFPM) con el objetivo de apoyar a las jóvenes que empiezan en esta profesión tradicionalmente reservada a los hombres, además de proporcionarles un lugar de consulta e intercambio.

Invisible Borders Trans-African Photographers Organisation.

Es una iniciativa fundada por Emeka Okereke en Nigeria. La Organización trabaja para contribuir a la reparación de las numerosas lagunas y conceptos erróneos planteados por las fronteras dentro de los 54 países de África a través del arte y la fotografía. Su proyecto principal es The Invisible Borders Trans-African Road Trip Project, en el que aproximadamente una docena de artistas (fotógrafos, escritores, cineastas y artistas de performance) realizan viajes colectivos por África para explorar y participar en eventos fotográficos, festivales y exposiciones. Durante sus paradas en las diferentes ciudades crean trabajos fotográficos, de vídeo y literarios que reflejan su enfoque individual, a la vez que interactúan con la población y artistas locales.

Felicia Abban.

Fue la primera mujer fotógrafa profesional de Ghana. Con una larga trayectoria profesional de más de cincuenta años, trabajó como fotógrafa oficial para el primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, durante la década de 1960. Fue su padre quién le enseñó a dar sus primeros pasos como fotógrafa y en 1955 estableció su propio estudio en Accra, en el que contrató a otras mujeres como aprendices. Ha sido reconocida como una de las primeras fotógrafas instrumentales de Ghana, proyectando la narrativa africana contemporánea a través de su lente.

Alternative identities, de Nengi Nelson. Passports

Fronteras e identidades irreducibles en el 10 aniversario del LagosPhoto

Un año más llega la cita más importante que Nigeria tiene con el mundo de la fotografía. En esta ocasión, el festival artístico internacional LagosPhoto celebra su décimo aniversario, desde su nacimiento en 2010, con el propósito de encapsular las experiencias individuales e identidades que se dan a lo largo de África. Hasta el 15 de noviembre de este año la Isla de Lagos acoge artistas de todo el mundo en esta señalada edición titulada Passaports, una reivindicación al inabarcable espacio de las identidades que critica la reducción de estas en delimitaciones artificiosas.

El festival, a lo largo de sus distintas ediciones, ha supuesto un espacio neutro donde compartir ideas, por lo que en su aniversario se invita a los artistas a experimentar formas alternativas que flexibilicen las restricciones globales existentes. Los trabajos seleccionados forman un compendio de cuarenta y cinco artistas. El jurado, compuesto por el fundador del LagosPhoto Azu Nwagbogu (cuyas palabras pueden leerse en Wiriko), la comisaria Maria Pia Bernardoni y la directora del Festival Internacional de Fotografía FORMAT Louise Fedotov-Clements, escogerá un ganador que tendrá la posibilidad de exponer su obra en una exhibición individual en la African Artists Foundation de Lagos.

Los participantes del LagosPhoto de este año pertenecen prioritariamente a Nigeria, pero también han sido seleccionadas las obras de artistas de Haití, Polonia, Costa de Marfil, Angola, Francia, Italia, Ghana, Zimbabue, Líbano, Marruecos, España, Sudáfrica, Curazao, Argelia o Bélgica. Con sus trabajos fotográficos siguen la línea marcada por la edición de este año que cuestiona los pasaportes, entendidos como certificados de quiénes somos. Del mismo modo reducen nuestras identidades a categorías y estereotipos aun cuando la individualidad de cada uno se encuentra en una simbiosis constante. Para el festival, además, el pasaporte se convierte en una fuente de segregación particularmente ilógica en el continente africano, dada la artificial construcción colonial de las fronteras.

Es una idea que comparte el único fotógrafo seleccionado procedente de España, Rubén Martín de Lucas, profundamente interesado en el concepto de la nacionalidad y su construcción en el imaginario colectivo. Su obra reflexiona sobre la artificiosa naturaleza de las fronteras con una nota de ironía, delimitando y habitando él mismo a lo largo de un día los “microestados” que crea en un área arbitraria. Estas acciones performáticas son documentadas por medio de fotografías y vídeos cenitales, testimonio de su crítica y compromiso.

Por su parte, Maïmouna Guerresi, artista multimedia italo-senegalesa, se nutre de la hibridación que encarnan sus valores y espiritualidad para crear unas imágenes que rehúyen fronteras. Desde su fe sufí pivota hacia distintas formas de espiritualidad con un afán de universalidad y, en su aproximación a la metafísica, encuentra una profunda inspiración para sus trabajos. Su proyecto titulado ‘Beyond the Border’ está cargado de irrealidad, infinitud y armonía.

Otra atractiva propuesta es la de Nengi Nelson, quien utiliza el medio fotográfico para conectar con individuos y comunidades lejos de circunscripciones territoriales. Sus proyectos se dirigen allá donde se precise asistencia, buscando ser motor de cambio. En esta edición presenta un trabajo centrado en la identidad, donde la protagonista es Angel, una mujer ghaniense de treinta y cinco años, que se identifica como género fluido. ‘Alternate Identity Angel’ ahonda en la necesidad innata humana por comprender quién es cada uno y cómo se representa y transforma la identidad.

Estas tres propuestas seleccionadas por Wiriko son solo un aperitivo a la deliciosa muestra que trae este año el festival, que reflexiona sobre la paradójica imposibilidad de viajar libremente en un mundo globalizado para el grueso de la población.

Apuntes sobre la fotografía como arma de resistencia en África

7ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

 

Por Manuel Molina Muñoz

 

‘La cámara ha sido a menudo un instrumento directo. En África, como en muchos lugares desfavorecidos, la cámara llega como parte de la parafernalia colonialista junto con las armas y la Biblia’ (Yvonne Vera, autor zimbabuense, T. del A.)

Con el explícito título de “Cuando la cámara fue un arma del Imperialismo (y aún lo es)“, el escritor afroamericano de origen yoruba-nigeriano Teju Cole, reputado novelista y crítico de fotografía para The New York Times durante los dos últimos años, expone de forma muy clara y contundente cómo la práctica fotográfica colonialista en África, que nació en el siglo XIX y se expandió durante el XX, sirvió para catalogar y dominar la población africana por parte de los poderes colonialistas. Posteriormente, Cole se ayuda del trabajo de la influyente Susan Sontag para afirmar que la relación política entre dominante y sociedades sumisas ha cambiado poco en lo que respecta a la práctica fotográfica. El crítico es sin duda pesimista al concluir que esto continuará de forma sistemática.

Efectivamente, durante la época colonial en África, la fotografía, entendida como representación objetiva y fiel de la realidad, sirvió para retratar ideas específicas y valores sociales y culturales que justificasen de alguna forma el ímpetu colonialista y proyectasen la superioridad europea. Fue una de las armas más poderosas del imperialismo colonialista. En muchas ocasiones estas fotografías retrataban el continente como un mundo salvaje, obscuro, y lleno de enfermedades. La estética simplista de estas fotografías a menudo retrataban a africanos junto a europeos en planos frontales, donde era evidente el tono paternalista y protector del europeo y donde se querían poner de manifiesto los valores civilizados del colono en contraste con la parte animal o salvaje del nativo, ‘el otro’. En algunas imágenes incluso se les requerían posar semidesnudos con la intención de retratar características raciales. No había nada de sutil en estas imágenes tan evidentes y conscientes. De hecho, las postales coloniales se convirtieron en el soporte ideal para retratar la inferioridad africana y potenciar la superioridad blanca.

Como se comenta en el artículo de Teju Cole, el presente y futuro no es nada halagüeño. Algunos de estos prejuicios y estereotipos son evidentes hoy en día incluso en una herramienta tan actual y popular como Google Images. Abundan las imágenes de africanos vestidos con atuendos tradicionales y tribales; son imágenes entendidas como representación de la realidad y autenticidad; ideas construidas hace un siglo y que todavía prevalecen hoy en día. En una de las salas de la exposición “In and Out of Focus: Images From Central Africa, 1885-1960” en el Museo Nacional de Arte Africano de Washington en 2003, muchas de las fotos expuestas, concebidas como fuentes etnológicas, fueron transformadas en su momento en postales exóticas. Eran imágenes de africanos vestidos con trajes ceremoniales realizando rituales (muchos de ellos planificados y posados por los propios fotógrafos).

Sin embargo, algunas de estas fotos tuvieron un rol importante en mostrar las crueldades del régimen colonial. En el Congo, algunas imágenes ayudaron a mostrar la crueldad del sistema colonial del rey Leopoldo después de ser distribuidas en Europa. A principios de siglo, la misionera inglesa Alice Seeley Harris (fueron los misioneros y misioneras en África los que llevaron la fotografía al continente en muchos casos) tomó cientos de fotografías documentando la violencia, la explotación y el esclavismo de los congoleses bajo el sistema colonial impuesto por el rey belga. Algunas de estas imágenes se pudieron ver en la exposición ‘“Brutal Exposure” en Liverpool en el año 2015.

En este punto, se hace necesaria la reinterpretación de las imágenes que nos llegan desde el continente africano. Desde la interesante plataforma digital The Trans-African, el crítico de arte nigeriano, Emmanuel Iduma, reflexiona sobre las fotografías de historia africana colgadas en Flickr provenientes de los Archivos Nacionales del Reino Unido. Tal y como Iduma explica en una entrevista para C& and Aperture Magazine, la visión identitaria eurocéntrica que aún hoy en día se hace de muchas de las imágenes del pasado colonial nos muestran que el proceso de descolonización no se ha llevado a cabo. La forma como los africanos estaban vistos ha moldeado la propia percepción de quienes son. Iduma concluye que hay que darle la vuelta a estas imágenes, reinterpretarlas y darles una nueva identidad, ‘descolonizarlas’.

 

La fotografía de resistencia en la Sudáfrica del Apartheid

Las fotos que expusieron las atrocidades cometidas en el Congo nos pueden servir para dar un salto en el tiempo y ver como la cámara se convierte en un arma de resistencia contra la crueldad e injusticia del Apartheid en Sudáfrica. El término “fotografía de resistencia” se utilizó para hablar de la práctica fotográfica que supuso un desafío a las creencias, políticas o acciones del gobierno sudafricano durante el apartheid. En este caso, las fotografías sirvieron para exponer lo que el gobierno de Sudáfrica intentaba esconder: la injusticia e inhumanidad del apartheid. Se considera la revista Drum, gracias a su énfasis en el aspecto visual, como el medio desde donde los primeros fotógrafos de la resistencia empezaron a trabajar: Leon Levenson, Ernest Cole o Eli Weinberg entre otros. Con el tiempo y el paso de los acontecimientos nuevos fotógrafos se añadirían al movimiento. Entre ellos cabe destacar la figura de Peter Magubane, el primer fotógrafo negro en exhibir fotoperiodismo en Sudáfrica. Este fotógrafo se dio a conocer gracias al reportaje que hizo para Drum del panorama desolador que dejó la masacre de Sharpeville de 1960. Tal y como dijo el propio Magubane a propósito de la exposición “Rise and Fall of Apartheid: Photography and the Bureaucracy of Everyday Life” en el ICP de Nueva York, “yo quería usar mi cámara para poder demostrar al mundo lo que está pasando en mi país”.

SOWETO, 16 junio 1976 (Bongani Mnguni/City Press/Gallo Images/Getty Images)

Efectivamente, tanto la masacre de Sharpeville de 1960 como la brutalidad policial en los disturbios de Soweto de 1976 fueron dos momentos clave para el trabajo de estos fotógrafos de la lucha o resistencia. En los años 80, el colectivo de fotógrafos de Afrapix, fundado por Omar Badsha y Paul Weinberg en 1981, contribuyó a la resistencia y se convirtió en una herramienta de lucha política apoyada por el Congreso Nacional Africano en la conferencia de 1982 en Botsuana. A pesar de la censura y el peligro para poder realizar su trabajo, estos fotógrafos ayudaron de forma directa y efectiva a difundir la represión de la mayoría de la población negra por parte del régimen del apartheid. Según Afrapix, la fotografía no puede estar aparte de las cuestiones políticas y sociales que envolvían a la población negra sudafricana cada día. Tal y como apunta David L. Krantz en “Politics and Photography in Apartheid South Africa” (2008), el legado que este colectivo ha dejado es importante. Por una parte, creo una base sólida de material fotográfico que documenta un periodo significante en la historia de Sudáfrica. Además estableció una tradición de fotografía documental en el país y el continente, y sirvió como campo de trabajo para muchos fotógrafos que desarrollaron sus carreras posteriormente.

Sin embargo, hubo posiciones diferentes a lo que este colectivo ofrecía. El conocido fotógrafo sudafricano David Goldblatt observó que la cámara no era una pistola y que los fotógrafos no deberían confundir su respuesta a la política del país con el rol que tienen como fotógrafos. Aunque no es este espacio para valorar el influyente trabajo del enorme David Goldblatt, es evidente que algo de razón tenía. Sus reportajes sociales a priori apolíticos contienen la sutilidad y fuerza para retratar ferozmente las desigualdades del apartheid de una forma aún más convincente. Para acabar, hay incluso historiadores o críticos de arte, como Jon Soske o el recientemente fallecido Okwui Enwenzor, que han mantenido una postura crítica respecto a la fotografía de resistencia. Soske habla de esta fotografía como un cliché propagandístico que deshumaniza y codifica de forma unidimensional la vida de los negros. Para Enwenzor, a pesar de las buenas intenciones, la fotografía anti-apartheid se centró demasiado en ofrecer imágenes de lucha y no mostró la marginalización económica y social de la población sudafricana negra. A pesar de las divergencias, es indudable que la fotografía de resistencia sudafricana consiguió documentar de forma convincente y poderosa la vida de la población negra bajo el régimen del apartheid.

Jurgen Schadeberg


Bibliografía:

Fotografía para la visibilización LGTBI en Cabo Verde

Aunque en Europa y América la realidad de las comunidades LGTBI+ ha mejorado en las últimas décadas, lo cierto es que en el continente africano la situación es dramática. Por poner algunos ejemplos: países como Sudán o Mauritania penan la homosexualidad con la muerte, y otros como Tanzania o Uganda la castigan con cadena perpetua. Sudáfrica sigue siendo, no sin obstáculos, el faro de esperanza para el continente al ser el primer país en reconocer las uniones civiles del mismo sexo desde 2006. En otros países como Cabo Verde, donde la situación ha mejorado, las personas LGTBI+ siguen haciendo frente a numerosos desafíos.

Fotografía perteneciente a la colección ‘Musas de Cabo Verde’, de Juliette Brinkmann

Por ello la colección fotográfica ‘Musas de Cabo Verde’, que acoge el Museo de Arte Africano de la Fundación Jiménez-Arellano Alonso hasta el ocho de julio, es tan necesaria. Su autora, Juliette Brinkmann, lleva una década viviendo en el archipiélago y cuenta con una larga experiencia en captar, a través de la cámara, la realidad social en la que se encuentra. Sus trabajos se remontan a la década de 1990, cuando retrató en Berlín la movida alternativa , y suele centrarse en temáticas sociales. “Soy activista y fotógrafa, cree ‘Musas’ para luchar contra los prejuicios. El objetivo de esta exposición es repensar el alma, el cuerpo y el amor. ¿Qué es la belleza? ¿Qué es un hombre y qué es una mujer? ¿Qué es lo que resulta tan molesto de las personas trans?”, se pregunta Brinkmann en una entrevista a Wiriko.

A través de esta colección podemos entrar en el mundo de Elton, Steffi, Bellisima, Luna, Edinha, Susi o Anita que fueron fotografiadas en un momento de inflexión para la comunidad LGTBI+ en las islas. En 2013 se celebró la primera marcha del Orgullo en África. “Lo cierto es que el gaypride de ese año comenzó con un puñado de personas, pero la semana cerró con la lectura del manifiesto en el que se reunieron más de 1000 asistentes”, comenta la fotógrafa.

Fotografía perteneciente a la colección ‘Musas de Cabo Verde’, de Juliette Brinkmann

En general, Cabo Verde suele ser considerado como un modelo a seguir en África, sobre todo por su consolidación como Estado democrático, sus niveles de crecimiento y por haber dejado atrás los años de hambrunas que tanto afectaron al país. No obstante la población caboverdiana sigue luchando contra males como las altas tasas de desempleo, el VIH, la drogadicción y, por supuesto, la igualdad de derechos. La homosexualidad y, especialmente la transexualidad, siguen siendo un tema tabú y es rechazado por la sociedad. Así lo remarca Anita, una de las protagonistas en los textos que acompañan la colección: “Íbamos vestidas de mujer y caminábamos juntas por las calles de la ciudad. Nos insultaban y nos tiraban piedras”.

Aunque la situación ha mejorado en la última década, el problema sigue latente. “Si hacemos una retrospectiva de los últimos diez años se ven más parejas homosexuales mostrándose tal y como son en público y se ha abierto un debate en la televisión y en la radio”, comenta la autora. “Sin embargo sigue existiendo una fuerte discriminación hacia esta comunidad debido a la enorme dificultad de encontrar un puesto de trabajo, así como el acceso a la asistencia sanitaria y la educación, o el rechazo en el día a día”, añade.

A través de esta exposición no vemos sólo la intolerancia y el rechazo, también vemos la aceptación propia, la fuerza para seguir adelante y, sobre todo, la esperanza en un futuro mejor. Las fotografías vienen acompañadas de los testimonios de las protagonistas y aunque cada una de ellas tiene deseos personales, una cosa está clara: todas buscan la normalización de su situación, que se refleja en el deseo de tener una casa, una relación estable, casarse o tener hijos.  En definitiva, ‘Musas de Cabo Verde’ representa la resistencia frente a la reclusión, la lucha por el reconocimiento social y la pugna por normalizar algo tan simple como la vida. Pero también nos recuerda que nos queda mucho por hacer y que aunque en algunas regiones la situación parece ser aceptable, debemos seguir combatiendo todas las fobias contra las personas LGTBI+ y poner fin al odio en nuestras sociedades.

El fotógrafo Mário Macilau explora nuevos lenguajes

Su experiencia vital le ha dado una mirada especial para la fotografía. El mozambiqueño, Mário Macilau, ha demostrado una capacidad y una sensibilidad particular para reflejar en su trabajo a los invisibles, a los “grupos socialmente aislados” como dice en la descripción de su cuenta de Instagram. Aprovechamos una estancia en Barcelona de este reputado e innovador artista visual y nos encontramos con una sorpresa, una noticia inesperada. Macilau está haciendo una residencia en Jiwar Barcelona, pero no en el marco de un proyecto fotográfico, sino para terminar su primer libro de poemas. Un arriesgado cambio de lenguaje sobre el que conversamos.

El fotógrafo mozambiqueño Mário Macilau ultima su primer libro de poesía. Foto: Carlos Bajo

Este joven mozambiqueño interpreta su gusto por la fotografía en una línea que se funde y se confunde con su propia trayectoria vital y la historia de su país. “Nací, prácticamente una década después de la independencia de Mozambique y en medio de la guerra civil. Llegué a la infancia en un época de optimismo y de una especie de clima de exploración de la libertad, queríamos vestir nuevas ropas, queríamos pasear por la calle…”. Y fue esa apertura la que se mezcló con otro fenómeno, “la aparición de lo que llamaban ‘los fotógrafos de calle’ que iban haciendo fotografía comercial por las comunidades”, recuerda Macialu. Habla de aquellos pioneros con admiración a pesar de que confiesa que no quería hacer exactamente lo mismo que ellos, pero como mínimo le abrieron las puertas de ese mundo: “Era fascinante para mí. Era increíble imaginar a una persona grande dentro de una fotografía tan pequeña. Me atraía la idea de poder congelar el momento”.

Con esa fascinación el jovencísimo Mário Macilau comenzó a hacer sus pinitos en la fotografía en las calles de Maputo, siempre con un enfoque muy particular y muy diferente del de aquellos que le rodeaban. Para él, al principio fue un juego; después, y aunque no lo reconozca expresamente, se convirtió en un compromiso. “Me interesaba cómo funcionaba la máquina, cómo se imprimía la película”, comenta divertido, mientras va explicando cómo hizo sus primeras fotos. A aquellos “fotógrafos de calle” les alquilaba sus máquinas en cuanto había podido reunir un poco de dinero. “Invertía lo que ganaba para experimentar”, cuenta y añade que, a veces, la inversión era tan inmediata que ni siquiera le quedaba dinero para revelar las fotos que había hecho. “Hacía las fotos para mi mismo, muchas veces, sólo por el placer del clic. En realidad yo lo que quería hacer era arte fotográfico, pero nunca había visto una exposición, no tenía ninguna referencia. Lo que ocurría era que no me importaban demasiado las definiciones”, explica.

#blackandwhitephoto #photography #mozambique #fisherman #love #máriomacilau

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La historia de cómo Mário Macilau se metió de lleno en la fotografía, la ha contado repetidamente. El amigo al que unos expatriados le regalan una cámara de fotos; el amigo que se la ofrece; Mário que no tiene dinero; que se lo piensa; Mário que acaba cambiando el teléfono móvil que trabajosamente había conseguido su madre; Mário que le dice a su madre que le han atracado para justificar que ha perdido ese objeto de lujo que era un móvil. Y después, la oportunidad de hacer más fotos, del laboratorio artesano, de retratar el mundo de los jóvenes invisibles que tan bien conocía, de darse a conocer, de exposiciones internacionales, de convertirse en un referente.

Seguramente este recorrido permite entender un poco mejor, el concepto que este artista mozambiqueño tiene de la fotografía, tanto del proceso como del resultado. “La fotografía es un proceso de transmisión, una forma de compartir el punto de vista, de expresar lo que vemos y de revelar lo que se esconde”, esa es una de las obsesiones de Macilau, acabar con la invisibilidad. Pero para ello es fundamental fotografiar desde dentro, por así decirlo: “No basta ser fotógrafo. Hay que ser fotógrafo antes de la máquina, hay que conocer y tener acceso. De alguna manera, la fórmula ideal es que tu formes parte del contexto, que seas capaz de entender las sensibilidades que la gente a la que fotografías está mostrando, que puedas conseguir que la gente se sienta tranquila. Tienes que contestar a las preguntas, a la vez que les das voz”.

“La fotografía no es sólo un objeto estético”, sentencia el joven fotógrafo con serenidad, “es una herramienta de cambio. No puede ser sólo belleza, tiene que transmitir un mensaje”. “Trabajo sobre los grupos socialmente aislados porque nací y crecí en estos grupos. Tenía que hacerlo. La mayor parte de las personas que forman parte de esos grupos no saben leer, ni escribir y no conocen sus derechos. Yo no me pongo delante de ellos viéndolos como pobres, sino que veo su humanidad”, confiesa. Ese ha sido el secreto del éxito de la obra de Macilau, su línea de trabajo que ha recibido mayor atención. Sin embargo, con cierta frustración, Mário lamenta que las condiciones de vida de esos colectivos apenas han cambiado en relación a las que él mismo sufrió: “La política no ha cambiado nada en todos estos años. Todo sigue siendo un problema de poder y dinero. Para mejorar esas condiciones tienen que empezar por conocer sus derechos e intentar influir en las cosas más básicas de la vida”.

Aunque pasa la mayor parte del tiempo viajando por diferentes ciudades y pasando de una residencia a otra, su base continua estando en Maputa, allí trata de volver siempre que puede y por eso continúa estando cerca de esas comunidades que siempre han sido su vida. Mário reconoce que su influencia ha ido creciendo, pero también su responsabilidad. “Ahora los chicos de la calle, saben que tienen una posibilidad real de cambiar”, comenta.

Sin embargo, es evidente que la comodidad no es el estado natural de Mário Macilau, quizá por eso, en medio de todo esa experiencia, cuando tiene un reconocimiento claro como fotógrafo, se ha embarcado en un nuevo reto. “Estoy terminando mi primer libro de poesía”, confiesa apartando ligeramente la vista con una mueca de rubor. Y en este nuevo lenguaje, el impulso de Macilau tiene algunas continuidades respecto a la fotografía, pero también considerables diferencias. “La poesía es poesía”, titubea el artista mozambiqueño, “es una forma de revelar, pero de revelar lo que he vivido. La poesía tiene el romanticismo, lo lírico, la rima, evidentemente hay poesías que también contestan pero no es el criterio único”. Según su explicación, la fotografía desvela lo que está oculto del mundo, mientras que la poesía es una revelación de la intimidad.

Los trabajos que compondrán este libro han sido escritos aquí y allí, en diferentes países, “durante esos momentos de soledad que tienes cuando viajas o estás en una residencia nueva, cuando estás lejos de tu gente”. Mário Macilau ha querido, intencionadamente, reunir poesías que hablan sobre el amor y la guerra, sobre todos los temas que se puedan ocurrir, porque “lo que me importa es escribir” sin etiquetas, ni definiciones, como ya había destacado Macilau en sus primeros tiempos al otro lado de la cámara. Su intención es que ese libro vea la luz en Mozambique y también en eso la atención del joven artista está centrada en los suyos.

Estereotipos y colonización, nuevo punto de mira de Fabrice Monteiro

Hay pistas. Secretos que se desvelan a golpe de comunicado de prensa. Destellos de lo que vendrá. Y la moda del teaser. 1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo celebrada a principios de mes en Londres, dejó varios de esos adelantos. La quinta edición de la muestra expuso a más de 130 artistas del continente y la diáspora, acogió a 42 galerías de todo el mundo y citó a Wiriko con el fotógrafo belga-beninés Fabrice Monteiro.

En la sala acondicionada para la galería Mariane Ibrahim de Seattle, Monteiro explica para esta revista su contribución de este año. “Se llama Pitit Noir y es la representación de la colonización europea. Se sitúa en el Congo belga de Leopoldo II, que tomó el país como su propiedad. Los niños estaban forzados a recolectar caucho y a todos aquellos que se negaban se les cortaba la mano derecha. Los europeos fueron a África para obtener beneficio de la mano de obra y los recursos de los países africanos”, explica el artista. En el retrato, el joven porta un crucifijo, blanco, que enfatiza el papel de la religión como “herramienta para mantener África bajo sumisión”.

‘Pitit-Noir’ de Fabrice Monteiro. Cortesía de la galería Mariane Ibrahim Gallery

‘Pitit Noir’ es el avance que Monteiro expuso en 1:54 de su reciente proyecto. Una imagen que formará parte de una nueva serie fotográfica que espera tener finalizada en noviembre y cuyo título será ‘The Eight-Mile Wall’. La inspiración viene de la barrera racial construida en Detroit en 1941. El muro homónimo tenía como intención mantener la comunidad blanca separada de la negra en la ciudad norteamericana, sin embargo la colección nos lleva a África. “Existen estereotipos y clichés sobre racismo en los Estados Unidos, pero esas imágenes están arraigadas en otras muchas sociedades”, comenta el fotógrafo.

En esta ocasión Monteiro revisita la historia. Vuelve a los tiempos y consecuencias de la colonización, pero manteniendo el enlace con los asuntos globales contemporáneos. El trabajo del fotógrafo es una llamada de atención social desde un prisma africano, en la línea de su colección anterior, ‘The Prophecy’, un reclamo visual contra el cambio climático. Afincado en Dakar, Monteiro hizo que sus fotografías se convirtieran en un conglomerado de diseño y moda que retrataban a los dioses de la basura. “The Prophecy es un cuento: la madre tierra está siendo asesinada. Se enferma cada vez más y es hora de hacer algo”, rememora de un trabajo que contó con nueve fotografías. La serie se realizó en Senegal, pero posteriormente Monteiro añadió una en la Gran Barrera de Coral, en Australia; y otra en el solar de residuos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra.

Monteiro Indaga en la cultura y las creencias africanas, y las inserta en el contexto actual. Una simbiosis que tiene como ejemplo las figuras de ‘The Prophecy’, que proyectan la naturaleza animista del continente africano, a la par que muestran un ensayo fotográfico de actualidad. Una mezcla de tradición y modernidad que se observa en la trayectoria del artista que utiliza la fotografía como medio educativo. Sin embargo, “no se trata de estigmatizar a África. El problema medioambiental es un asunto mundial y humanitario por mucho que el señor Trump se empeñe en negarlo”. Monteiro intenta concienciar a golpe de fotografía. “Soy un ciudadano de este planeta y tengo la capacidad de crear imágenes y después dejar que los otros las juzguen”, concluye.

Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

Aida Muluneh: la fotografía como herramienta para el desarrollo

*Por Ana Henríquez

El pasado 30 de marzo la artista Aida Muluneh acudió al CAAM (Centro Atlántico de Arte Moderno) de Las Palmas de Gran Canaria a impartir una conferencia titulada “La comunicación visual para el cambio: el papel de la fotografía en Etiopía y más allá”. Muluneh es una de las artistas visuales más prestigiosas del continente africano. Aunque la mayor parte de su vida ha transcurrido en Occidente (Reino Unido, Chipre, Canadá y Estados Unidos), desde que volvió hace diez años, trabaja por y para su Etiopía natal.

Referentes

En la historia de la fotografía en su país, Muluneh destaca el legado de artistas franceses y armenios que retrataron a la corte del emperador Haile Selassie y subraya la técnica de principios del siglo XX consistente en pintar a mano las instantáneas reveladas. Como uno de sus mentores, sobre todo por su inspirador empleo del blanco y negro, Aida Muluneh rescata la figura del afroamericano Chester Higgins Jr.
Si bien lamenta que “en los años ochenta la única imagen que el mundo tenía de Etiopía era la de las hambrunas”, la que fuera fotoperiodista en el Washington Post reconoce la valía del trabajo del keniano Mohamed Amin que, con sus fotos de la ola de hambre de 1984, atrajo la atención internacional para ayudar a la población en crisis.

Cuando fue invitada a participar en 2007 en el encuentro fotográfico más importante de África, la Bienal de Bamako (momento que describe como “la epifanía de mi carrera”), recuerda con especial ilusión haber conocido al maliense Malick Sidibé, a quien admira por su elegante obra y por la pasión que reflejaba en sus imágenes, cualidad indispensable para ser fotógrafo, según Muluneh. “Fue testigo de su tiempo documentando la sociedad en la que vivió y lo hizo desde su estudio, mediante sus retratos, sin esperar reconocimiento”. La Bienal de 2007 le sirvió también para conocer a muchos fotógrafos africanos y para darse cuenta de que no estaba sola, de que había más personas que, como ella, querían ofrecer otra visión del continente.

Cultura y mujer en el desarrollo

Los tres meses que pensaba quedarse en Etiopía se han convertido, por ahora, en una década. Decidió instalarse en el país de donde se había marchado con solo 5 años de edad por una imperiosa necesidad de hacer cambios y sentir que aportaba algo a su sociedad de origen. ¡Y vaya si está aportando! Tiene tres frentes abiertos: Desta for Africa (DFA), el Addis Foto Fest (AFF) y su propia carrera como fotógrafa artística.
De esta última, procede su aportación a la exposición del CAAM “El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas”: la serie fotográfica de 2015 “Dinkenesh”, nombre que los habitantes de la región de Afar dieron a Lucy, el primer antecesor del ser humano cuyos restos fueron encontrados en Etiopía en 1974. En las tres obras de la serie, se aprecian dos de las constantes de Muluneh: la elección de modelos femeninas y etíopes y el uso de la pintura corporal hecha por las poblaciones del sur del país. Con este trabajo, la artista quiere que “las mujeres tomemos conciencia de nuestro poder y de que, pese a las dificultades, podemos contribuir al desarrollo”.

Fotografía de www.caam.net

Para Aida, este desarrollo debe incluir dos ingredientes: arte y cultura. “Los artistas nos olvidamos de que podemos contribuir a cambiar la sociedad y de que podemos ser parte de ese cambio”. Llevada por esta motivación, creó y dirige tanto la organización Desta for Africa como el festival Addis Foto Fest.
Desta es el acrónimo de Developing and Educating Society Through Art y también significa ‘felicidad’. Con este nombre bautizó Muluneh a su organización por el desarrollo cultural, mediante la cual imparte talleres, monta exhibiciones y genera intercambios creativos con el objetivo de potenciar la fotografía en la esfera artística de Etiopía. “El mercado mundial de la fotografía mueve diez mil millones de dólares y lo que aporta África apenas representa el 1%”, subrayaba Aida Muluneh en su conferencia. El Addis Foto Fest (AFF) es un festival fotográfico internacional que se celebra cada dos años, desde 2010, en la capital etíope.

Si bien a Aida le gusta que la fotografía “invada” toda la ciudad, para lo que suele disponer exposiciones en distintos puntos de la misma, muy a su pesar la última edición (diciembre de 2016) tuvo que celebrarse en un solo lugar, el hotel Sheraton Addis, por el estado de emergencia que se había decretado en todo el país. Pese a esta limitación, el festival logró reunir a 134 artistas de más de 40 países de todos los continentes. Y cada vez son más los fotógrafos etíopes que participan: en el AFF 2010 fueron 5 y, en este último, ya sumaron 30 los artistas que, como su compatriota Aida Muluneh, quieren demostrar a sus colegas y al mundo entero su talento y las múltiples Áfricas que existen.

Fotos de www.aidamuluneh.com

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

Sammy Baloji: confrontación entre el pasado y el presente en el Congo

Lubumbashi, la segunda mayor ciudad de la República Democrática del Congo, es la capital de la región de Katanga, una zona rica en algunos de los minerales más cotizados del mundo, tales como el cobre, los diamantes o el coltán. Lubumbashi es, también, la ciudad en la que se encuentra la sede de Gécamines, una de las compañías mineras más importantes de África y la más grande de la RDC. Fundada en 1906 por colonizadores belgas y nacionalizada en 1966 por el gobierno congoleño de Mobutu Sese Seko, a finales de los años 80 llegó a suponer el 85% de las exportaciones de todo el país, antes de rozar la bancarrota en los 90 debido a, entre otras razones, la falta de inversión en las infraestructuras.

Mémoire (2006)

Lubumbashi es, además, la ciudad natal del fotógrafo Sammy Baloji (1978), cuya obra está impregnada de la historia de su región. En 2007 recibió dos premios en la Biennal Africaine de la Photographie Rencontres de Bamako (Mali) y en 2009 el Prince Claus Award de los Países Bajos “por llevar la realidad actual congoleña a la plataforma internacional, por su importante contribución a la memoria del Congo proveyendo una nueva lectura del presente, y por el reto de demostrar que el desarrollo solo puede realizarse después de tener en cuenta los traumas del pasado”.

Sammy Baloji cuestiona la versión oficial de la historia colonialista confrontando el pasado con el presente a través de fotomontajes. Una de sus series más conocidas es Mémoire (2006), en la que yuxtapone retratos de archivo en blanco y negro de trabajadores de las minas durante el colonialismo belga con fotografías actuales de lo que queda de aquellos edificios industriales. En Mémoire, Baloji reduce la dimensión espacio-temporal para criticar la herencia colonial industrial, la destrucción de la identidad, la imagen de los negros en el imaginario colectivo occidental y la desilusión poscolonial.

Congo Far West (2011)

En 2011, el fotógrafo presenta otros dos trabajos sobre la historia reciente de su país y sus ecos en la actualidad. El primero, Congo Far West, es una nueva lectura de la Mission Scientifique du Ka-Tanga que realizaron los belgas entre 1898 y 1900. Baloji sobrepone retratos de archivo del fotógrafo François Michel en paisajes del pintor Léon Dardenne, ya que ambos acompañaron a la expedición e ilustraron el informe final. Con sus fotomontajes, utilizando el mismo material que la propaganda colonial pero presentándolo de forma muy distinta, Baloji muestra cómo la fotografía ha sido utilizada para crear una mirada de superioridad frente al “otro”, que nunca fue visto como un igual, sino que se presentaba completamente deshumanizado, clasificado y analizado como un objeto de estudio, hecho que ha marcado profundamente los clichés de la sociedad occidental actual.

El segundo trabajo de 2011 es Kolwezi, una serie de fotomontajes en los que el fotógrafo muestra el contraste entre las minas de Kolwezi (RDC) y los coloridos pósteres que adornan los hábitats de los trabajadores, como fantasía de una vida mejor. Mediante las duras condiciones de vida de los mineros frente a imágenes de sociedades idílicas e idealizadas, Baloji denuncia el resultado de la explotación de los recursos de Katanga, tanto en el pasado como en el presente, ya que la historia de la compañía Gécamines ya no puede separarse de la del país ni de la de su gente, y alude también a los efectos depredadores del capitalismo global.

Kolwezi (2011)

Sammy Baloji ofrece una imagen del presente de la RDC a través de su historia reciente, retratando a una sociedad cuyo país se ha convertido en terreno de juego de exploradores, misioneros, hombres de negocios y mercenarios desde que pasó a ser propiedad privada del Rey Leopoldo II de Bélgica hasta nuestros días, sufriendo una violenta colonización, una dictadura y dos sangrientas guerras, y que ahora abre un nuevo capítulo neocolonial con la llegada de los contratistas chinos. “Mi lectura del pasado congoleño es una manera de analizar la identidad africana actual, a través de todos los sistemas políticos que la sociedad ha experimentado. La esencia de mis temas está en la vida diaria de la gente del Congo, que es el resultado de su reciente pasado”.

 

“Solo tienes que ir a lugares interesantes, la fotografía te encontrará”

Y la fotografía encontró al ghanés Nana Kofi Acquah, hoy considerado uno de los 100 fotógrafos a los que hay que seguir a nivel mundial. Acquah descubrió la fotografía cuando trabajaba en publicidad como redactor en 2002 y decidió unir el periodismo con su experiencia en publicidad para “reposicionar el continente a través de un nuevo discurso e imaginario”. Desde hace más de una década busca las mejores instantáneas de la vida cotidiana de las ciudades y pueblos de varios países del continente, como muestra en “Everyday Africa”, proyecto en el que participa junto con otros 30 fotógrafos, y que tiene como objetivo retratar la “vida normal” de sus habitantes a través de Instagram.

Un rápido vistazo a su trabajo es suficiente para ver que las mujeres son el hilo conductor de sus series fotográficas: “mi misión artística es cambiar la narrativa sobre las mujeres africanas, que habitualmente son retratadas como víctimas de las circunstancias”, aseguraba el artista en la BBC a propósito de su proyecto “100 women”. En 2016 expuso “Don’t call me beautiful”, una selección de fotografías que Acquah ha realizado durante los últimos diez años, centradas en los retos, éxitos y esperanzas de las mujeres que se ha ido encontrando a lo largo del camino. Un homenaje a unas luchadoras a menudo invisibilizadas.

Hemos querido indagar más sobre la cuestión de género presente en sus fotografías y su percepción sobre la situación de la mujer en los países africanos por los que ha viajado con su cámara:

Cuéntame acerca de tu proyecto fotográfico “100 women“, en el que muestras un gran interés en la vida cotidiana de las mujeres, ¿por qué este enfoque? Y, ¿por qué las mujeres?

Realmente ha sido un privilegio que la BBC destacase este proyecto, no me lo esperaba. Como fotógrafo documental y periodista, he trabajado extensamente en muchas partes de África en muchas historias diferentes: el VIH/SIDA, el ébola, el paludismo, la salud materna, la tuberculosis, etc. y resulta bastante obvio que las mujeres y los niños son las víctimas naturales cuando las cosas van mal en una sociedad. Los hombres también se ven afectados, pero en África es más fácil para un hombre levantarse e ir a probar suerte a otros lugares. No para la mujer, especialmente si tiene hijos.

¿Cuál ha sido tu gran descubrimiento relacionado con el papel de la mujer en África durante el desarrollo del proyecto?

Creo que uno de los mayores obstáculos en África es que las mujeres no reciben el crédito que merecen. Hemos tenido presidentas de naciones, juezas, inventoras, científicas, políticas, guerreras, médicas, abogadas, artistas, músicas, etc. y aún nos negamos a tratarles con el debido respeto. En Ghana las mujeres trabajan muy duro. Si conduces por el país, las ves en granjas, en mercados, con la venta ambulante por las calles y en los barrios e incluso en oficinas en puestos altos. Pero cuando una mujer tiene éxito, enseguida se insinúa que usa su apariencia y el sexo y no su cerebro para ascender. Es ofensivo.

Te consideras feminista. A pesar de que las cosas están cambiando, no es muy habitual que un hombre se reconozca a sí mismo públicamente como feminista ¿qué tipo de reacciones te encuentras a tu alrededor?

No me importa ser considerado feminista pero también creo que lo que me describe con mayor precisión es que soy un hombre al que le interesan los derechos y el bienestar de las mujeres e intento apoyarles y concienciar a través de mi trabajo. También sé que como hombre puede que no entienda todo con lo que una mujer tiene que lidiar. Pero a mi manera y de la mejor forma que puedo, me gusta ser parte de la solución y no del problema.

¿Cómo puede tu trabajo contribuir a la lucha contra el machismo en nuestras sociedades?

Curiosamente yo vengo de una etnia que es matriarcal. Esto no significa que no sea consciente de que el mundo es predominantemente patriarcal. Y pienso que la mayoría de los hombres están ciegos ante el patriarcado. Me tomó un tiempo darme cuenta de que las cosas son más fáciles para mí que para las mujeres en la mayoría de los casos, por lo que espero que, celebrando constantemente las mujeres exitosas o planteando cuestiones que afectan a las más vulnerables, la conciencia vaya creciendo.

También estás interesado en capturar la vida cotidiana de los pueblos africanos ¿Qué dirías que podemos ver y aprender de esta cotidianidad?

Cuando se oye “África”, ¿qué suele venir a la mente? Pregunta eso en Europa, América y Asia, y las respuestas que oirás generalmente son pesimistas y la falsas. África es más que la perspectiva de National Geographic. Somos más que leones, jirafas, guerras y rebeldes, los pechos desnudos de las mujeres y niños hambrientos con moscas. Mi fotografía es un constante intento de impugnar esos estereotipos.

Dices que la poesía es tu primer amor, y tus imágenes están generalmente acompañadas por un pequeño texto. ¿Qué va primero, las imágenes o las palabras?

Lo primero es el pensamiento, y luego ya averiguar cuál será su mejor medio de expresión.

¿En qué estás trabajando ahora?

Ghana, mi país, cumple 60 años. Quiero sacar un libro de fotografías que celebre la nación.

 

*Artículo publicado originalmente en el Boletín de Estudios Africanos el 16 de enero

Nobukho Nqaba: migraciones de plástico en el LagosPhoto Festival

Las fotografías que nos llegan desde África a menudo plasman un escenario bipolar: el horror humano y la belleza natural. Pero lo cierto es que la fotografía es una manera de mirar y cada vez son más quienes observan que en medio del blanco o negro, al que se ha relegado tradicionalmente al continente, existe una extensa escala de grises. Entre aquellos que apuestan por esta visión está la Fundación de Artistas Africanos (AAF, por sus siglas en inglés), una organización que desde 2010 muestra en Nigeria proyectos fotográficos que plasman esas ‘otras Áfricas’ a través del LagosPhoto Festival. Un evento que hasta el próximo 27 de noviembre celebra su VI edición, en esta ocasión bajo el título Designing futures. Una temática que se sirve del diseño para promover el fin del destierro hacia lo negativo al que se ha enviado la imagen de África. Ejemplo de ello es el trabajo de la sudafricana Nobukho Nqaba, quien hace de una bolsa de plástico un símbolo de la migración.

Autorretrato perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Autorretrato perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Cuando Nobukho Nqaba (Sudáfrica, 1992) era una niña vivía en Butterworth, en la provincia sudafricana de Cabo del Este. Su madre trabajaba al otro extremo del país, en Grabouw, ciudad del Cabo Occidental. Un verano se desplazó hasta allí para pasar las vacaciones y su padre le metió sus cosas en una unomgcana, también llamada umaskhenthe, una bolsa de plástico muy grande que en el idioma xhosa significa respectivamente ‘que tiene líneas’ o ‘viajero’. Un significado acorde a su descripción y a su uso, ya que estas bolsas de líneas que forman cuadros son las más usadas en Sudáfrica para desplazarse de un punto a otro del extenso país. Son baratas, son enormes y son resistentes, por lo que se puede llevar muchos objetos en ellas sin temor a que se desgarren. Nobukho las usó tantas veces como ocasiones tuvo de mudarse de un punto a otro de Sudáfrica. Una experiencia que le supuso relacionar la migración con la supervivencia, el reto de adaptarse a un lugar distinto y hacerlo de nuevo suyo a través de los objetos que portaba en su unomgcana. De ahí que para ella, esta bolsa signifique hogar y lucha. Un concepto que ha querido desarrollar a través de una serie de fotografías que lleva precisamente el título de ‘Unomgcana’ y que forman parte del LagosPhoto Festival de este año.

La joven fotógrafa explica para la revista Ours: “Crecí rodeada de unomgcana”. Y parece que éste es el sentido que busca en sus composiciones, en las que todo lo que la envuelve a ella está envuelto a su vez del plástico a cuadros que caracteriza a estas bolsas. Como si quisiera traspasar el significado de hogar que le da a la unomgcana a partir de los objetos personales que contiene, para hacer directamente de la instalación algo personal, forrándolo de su estampado. De este modo, la serie de fotografías están compuestas de autorretratos que plasman escenas de la vida cotidiana en las que la auténtica protagonista es la unomgcana. Ella lo invade todo, haciendo de estancias distintas lugares familiares que impregnados de esta bolsa eliminan las diferencias de los espacios realzando el elemento común, identificable, de la unomgcana. Y así es como Nobukho Nqaba relaciona los significados de hogar y supervivencia a través de una bolsa.

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación 'Unomgcana' / The Tierney Fellowship.-

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación ‘Unomgcana’ / The Tierney Fellowship.-

“Estoy interesada en los objetos y en las cosas que me pesan en la memoria y  siempre estoy queriendo encontrarles los significantes y los significados a las cosas que son familiares para mí y también a las que no me son familiares. Cuando estoy haciendo un proyecto siempre me miro a mí misma primero y a cómo me identifico con los objetos que quiero explorar. Después miro hacia un ángulo más amplio y desgrano cómo las cosas que me interesan afectan a otras personas”, explica la artista al blog de fotografía Orms. Es entonces, a partir de esta amplitud de miras, que su concepto de unomgcana trasciende su propia experiencia para llegar a observar las mismas bolsas sujetas por otras personas que se dirigen a otros destinos, lo que le lleva a plantear este objeto como símbolo de la migración. Al fin y al cabo, si bien es cierto que en xhosa se llaman unomgcana o umaskhenthe, en realidad lo más común en Sudáfrica es llamarlas ‘bolsas chinas’ de donde es su procedencia; o ‘bolsas de Zimbabwe, país vecino de donde llegan muchos de los portadores de esta clase de equipaje.

Y más allá de las fronteras sudafricanas, en otros puntos del continente reciben apelativos distintos. Como en los países de África Occidental donde se denominan ‘Ghana must go bags’, en referencia a la expulsión de miles de ghaneses de Nigeria a principios de los ochenta. Incluso más allá de las fronteras del continente cada vez es más visible que entre los bultos del equipaje estén estas enormes bolsas de plástico con cuadros estampados. En Reino Unido responden al término ‘bolsas de Bangladesh’; en Alemania son conocidas como ‘bolsas turcas’; y en Estados Unidos se las reconoce como ‘bolsas mexicanas’. Así, tal y como señala la joven fotógrafa Nobukho Nqaba cuando relaciona este objeto de plástico con la migración, si siguiéramos la pista de este tipo de equipaje bien podría trazarse un mapa mundial de los desplazamientos a través del calificativo que reciben estas bolsas en el lugar a donde llegan y en función de los rostros que las portan.

Fotografía perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Fotografía perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-