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Inongo Vi-Makomé: “La oralidad no es sólo tradición, sino la cultura de un pueblo. Su conservación debe ser obligada”

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Elvira Parafita Losada 

Inongo Vi-Makomé nació en Lobé-Kribi (Camerún) en 1948 y compartió su juventud y formación académica entre su ciudad natal, la vecina Guinea Ecuatorial y España. Reside actualmente en Barcelona, donde compagina su activa producción literaria (ensayos, artículos periodísticos, novelas, cuentos y obras teatrales) con la participación en proyectos de promoción de la cultura africana y seminarios sobre África y la diáspora.

El escritor de origen camerunés Inongo Vi_Makome. Fuente: www.inongovimakome.com

Inspirado en la tradición oral de sus antepasados africanos, se define a sí mismo como cuentista y transmite la herencia de la oralidad a cada una de sus obras. Obras fruto de una simbiosis entre figuras y funciones literarias; mitos, leyendas y cuentos tradicionales africanos comparten espacio con una narrativa descriptiva de las sociedades de origen y destino, y la función analítica de la escritura converge hacía la interpelativa de la oralidad.

La mayoría de tus creaciones han nacido en España, pero en ellas se mantienen vivas tus raíces. ¿En qué modo dirías que ha influenciado la cultura africana en tu producción literaria escrita?

Sí, es verdad, todas mis creaciones han nacido en España. Hay una cierta lógica en eso: vine a España a estudiar medicina. Por lo que fue en España donde descubrí la vocación de escribir. Pero lo hago sobre todo con la mente puesta en mi tierra de origen. Y esto se debe también a que en alguno de mis trabajos divido la inmigración en: voluntaria e involuntaria u obligada. En la primera, la persona se lleva todo lo que es. En la segunda, que es a la que yo pertenezco, el individuo se lleva muchas veces sólo su cuerpo, mientras que su mente, sentimientos y todo lo demás se quedan esperando en su tierra de origen.

¿Destacarías la influencia de algún autor u obra de la literatura clásica oral africana en tus obras?

En general, destaco la influencia de los cuentos tradicionales negroafricanos.

“En África, cuando un anciano muere, es una biblioteca que arde” afirmaba Amadou Hampâté Bâ. Hay autores que hablan sobre el reto de preservar la tradición oral ante el peso social y académico de la literatura escrita. ¿Cuál es tu opinión? ¿Qué se podría hacer para conservar esa tradición oral?

La oralidad no es sólo tradición, sino la cultura pura de un pueblo. Su conservación no debe ser sólo importante y necesaria, sino obligada. No todo lo nuevo debe anular necesariamente lo antiguo, sobre todo si lo antiguo es algo de grandes raíces profundas como la cultura oral y ha servido siempre como una especie de “muro de contención” para los que nacieron con ella. Creo que lo que debe ser o hacerse, es mestizar ambas culturas. Ninguna de ellas molesta o estorba a la otra.

Presentación del libro La niña que curó el Racismo, de Inongo Vi-Makomé. Fuente: Inongo Vi-Makomé y Oumar Diallo (Editorial Wanafrica)

Uno de tus últimos libros editados por la editorial Wanafrica es La niña que curó el racismo, un pequeño cuento que incluye una importante pedagogía sobre el racismo. ¿Qué características del cuento son las que te han llevado a elegir este género como principal protagonista en tu amplia producción literaria?

Siempre me he definido como cuentista, es decir, un modesto creador y narrador de cuentos. Los cuentos han sido la fuente de inspiración de todo lo que escribo. Tan sólo presto la lengua, las letras, es decir, la escritura de otros para intentar comunicarme. Es en los cuentos tradicionales donde encontré todo lo que modestamente intento transmitir, con imágenes del mundo y la realidad actuales. Y como he venido reconociendo, el cuentista no intenta criticar ni obligar a nada ni a nadie. Ante un problema social que le atañe o le amarga, quiere entender por qué, y buscar una posible salida o solución para él mismo. Pero al hacerlo, siempre deja la puerta abierta por si su solución o salida puede servir a otra persona que quiera utilizarla. De allí que se reconozca que el cuento africano, a diferencia del europeo, queda abierto.

Por favor, cuéntanos algo sobre este libro.

La niña que curó el racismo, no es sino el problema que he venido planteándome desde siempre. ¿El problema del racista es suyo o mío? ¿Por qué tengo que consentir o aguantar que el problema que crea otro, porque le amarga a él, me quiera transmitir a mí esa amargura? Siempre lo he dicho: no permito que un racista me transmita su problema, es suyo no mío.

Has publicado tanto con editoriales catalanas como editoriales centradas en la difusión de obras y escritores africanos. ¿Cómo ha sido tu experiencia como escritor para publicar y difundir tus obras en España?

Bueno, no ha sido fácil publicar mis obras aquí, en España. España no espera que un negro como yo venga a su tierra a escribir. Lo descubrí y lo he sabido. Por eso no me ha importado pagar de mi bolsillo la mayoría de las obras que me han publicado aquí, en Cataluña. Y no me da vergüenza reconocerlo. Los únicos que me han publicado sin cobrarme, han sido editoriales vascas, tras traducir algunas de mis obras en euskera, dos editoriales norteamericanas, la editorial Wanafrica y una editorial de Madrid que acaba de publicar mi última novela también sin cobrarme nada.

Combinas la escritura con la participación en proyectos de promoción de la cultura africana, aquí y en Camerún. La última ha sido tu participación en la Semana de la Literatura Africana en Barcelona y en Camerún estás trabajado en la construcción de una biblioteca para los más jóvenes. ¿Cuáles son los retos o problemáticas que hay que abordar en la promoción de la cultura africana?

Sí, intento participar en los proyectos sobre la cultura que se llevan a cabo aquí. Es bueno saber que los jóvenes se preocupan, hacen y dan todo lo que pueden para la cultura. En cuanto a la biblioteca que estoy construyendo en mi país, no es sino el intento de llevar a cabo lo que le he mencionado más arriba. Luchar para que se lleve bien ese mestizaje de la cultura oral y escrita. Esta cultura oral se está despreciando mucho en la África negra, mientras alguno/as tengamos aún posibilidades, debemos luchar para que ese desprecio no acabe por derrocarla por completo. Y aprovecho aquí para agradecer a la ONG Agermanament Sense Fronteres, por la gran ayuda que han aportado a ese proyecto.

¿Nos podrías adelantar algo de tus futuros proyectos o planes?

Bueno lo que intentamos hacer es montar la obra de teatro Emama que es una de las obras de la antología de teatro que me publicaron en Estados Unidos. Es complicada porque es una obra musical. La defino como la historia del África negra, cantando y bailando para narrarla. Está costando mucho en todos los sentidos, pero lo conseguiremos. Los negros, aunque sumidos en el dolor más absoluto, cantamos y bailamos. Es nuestro espíritu de rebeldía y de afirmación de ser ciudadanos de este mundo y de amarlo.

Bí môlê y los hermanos Zamora. Memoria de Annobón y crítica al poder

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por José Manuel Maroto Blanco 

Nacida en la segunda mitad de los años 70, Bí môlê es una de las canciones del disco también llamado Bí môlê y que fue realizado por el grupo Máscara. Compuesto por Armando Zamora Segorbe y sus hermanos Nene y el también escritor y periodista, Paco Zamora, fue editado en 1989 por Ediciones Musicales Twins. El grupo, que comenzó llamándose aún en época colonial española The Black Beatles, pasó a denominarse los Pec Boys (los chicos de Paco); más tarde los Zetas (en relación al primer apellido de la familia, Zamora); en los ochenta, Guinea, con el que firmaron su primer éxito musical –Paquidermo y Somos los conguitos– y que llegó a entrar en la lista de los 40 Principales, para que posteriormente, a finales de esta década, pasara a llamarse Máscara. Bí môlê, cantada íntegramente en la lengua anobonesa, el fá d’ambô, salvo las canciones Ngonda Zole y Tata Nkento en lingala y Small Boy en piching English, fue el resultado del trabajo de creación de muchos años que vio la luz en 1989.

Teniendo como referentes, entre otros, al grupo anobonés Los Dinámicos que ya cantaba en la provincia española ultramarina de Fernando Poo (actual isla de Bioko), el grupo familiar comenzó a actuar en público a una edad muy temprana. De hecho, durante los años sesenta, en la última etapa del colonialismo español en Guinea Ecuatorial, este grupo de hermanos originarios de Annobón realizaron actuaciones en los diversos certámenes musicales que impulsaba la Organización Juvenil Española (OJE), fundamentalmente en fechas señaladas como las fiestas a San Fernando (actual patrón del barrio malabeño de Ela Nguema) o la fiesta de Santa Isabel de Hungría, que se celebra cada 17 de noviembre en la capital guineoecuatoriana.

Durante los setenta, con la llegada al poder de Francisco Macías Nguema, el primer presidente y dictador de la recién nacida Guinea Ecuatorial, la familia Zamora debió abandonar la ciudad de Santa Isabel (actual Malabo), ya que tal y como recuerda el propio Armando Zamora, “mi padre era una persona que no se callaba ni para atrás. Le decían algo y él contestaba duro. Gente de su mismo nivel terminaba siendo engullida por los soldados de Macías. Entonces nos fuimos, agarramos todo los que teníamos, instrumentos musicales, todo. Solo quedó el armazón de la casa”. El mismo año que llegaron a Annobón se declaró una epidemia de cólera que acabó con la mitad de la población isleña y, pese a las llamadas de auxilio al gobierno, Macías denegó la ayuda. Al año siguiente, ante la desesperación de la situación, doce personas se embarcaron en un cayuco enorme (kinyaya) hacia el continente, llegando a Gabón y sin encontrar ningún tipo de ayuda por parte del país vecino.

Este fue el contexto en el que se compuso la canción Mi Bole, un contexto agravado nuevamente por la figura de Macías, que volvió a aparecer en la vida de los annoboneses en 1978, cuando arribó un barco con un destacamento de soldados del régimen “armados hasta los dientes ante un pueblo que tenía los sedales para pescar como el arma más peligrosa”. Este destacamento cometió brutales violaciones en masa y obligó a todos los varones de entre 16 y 40-50 años a un exilio forzado a Malabo para trabajar en las fincas de cacao de la isla de Bioko (antigua Fernando Poo). Entre ellos se encontraba el propio Armando Zamora, que fue testigo de cómo un gobierno exilió a toda una población y la abandonó a su suerte en la capital.

Es por estas razones que Bí môlê surge con un carácter reivindicativo total. La canción establece un paralelismo entre la sociedad anobonesa y la tiranía de Macías y una relación de pareja que se rompe a causa del egoísmo de una de sus partes. El trasfondo de la letra, que nace de esa primera huida de la vivienda familiar en el barrio de Lampert en Malabo, se intensifica con la situación de abandono y aislamiento y con el trato colonial que el propio gobierno de la República de Guinea ejerció contra los anoboneses. La letra, “lo que viene a decir en castellano es: abandóname para que más tarde te diga lo que ha sucedido, abandóname para que más adelante te diga lo que realmente me ha sucedido, abandóname y te diré más adelante lo que nos ha sucedido a los dos. Y tú, que has perdido todo a causa de la revolución, vete a morir, búscate la vida”, en clara alusión al clima de persecución ideológica que se llevó a cabo en la década de los setenta, en la que no ser “revolucionario” a la manera y gustos de Francisco Macías, te convertía en un disidente dentro de un régimen tirano y totalitario.

De nuevo en Malabo, esta canción sólo pudo ser cantada de extranjis, y sólo cuando era posible, ya que el gobierno les quitó absolutamente todo —incluida la guitarra— y no había con qué acompañar el canto. A su llegada a España en 1980, Armando se reunió de nuevo con su hermano Paco y Nene y, pese a que el clima de libertad era mucho mayor, sufrió una cierta censura en algunas de las letras de sus canciones. Un ejemplo de ello es la canción Kumbeleporque en aquel entonces en España mandaba Jordi Pujol. ¿Cómo vais a cantar que no le dejaba (Jordi Pujol) ir a Copito de Nieve al Camp Nou ni montar en bici con la Caballé? Nos dijo el productor. Además, en la parte final aparecían la Ferrusola, Charlie Rexach, etc. todos los símbolos de Cataluña. La canción en fá d’ambô es otra historia. Jordi Pujol era muy decisivo para los partidos de gobierno de aquel entonces y no nos dejaron grabarla en su versión original”.

La censura también tenía que ver con motivos religiosos. La canción Paquidermo (1982) acabó manteniendo el estribillo “Piensas que eres Dios pero haces el amor como un paquidermo” y, si bien se quedó como frase pegadiza, todo el argumento de la obra fue suprimida a petición del productor, que trabajaba para la casa discográfica CBS. Tampoco le dejaron incluir la parte que aludía a los religiosos en la canción Somos los conguitos (1982) que en su versión original rezaba así “Semos los conguitos del África Tropical, comemos banana y algún tití y somos los mejores marcándonos un chachachá y en cualquier ballet montamos el gran cacao. Comemos monitos, bananas y algún tití y si no nos pillan, misioneros al pil-pil”. “Eso no se puede decir, eso hay que cambiarlo”, le decían desde la productora.

Durante los años 80, Nene y Armando aprovecharon su talento musical para financiar sus estudios universitarios en España, cantando por parte de la geografía española, sobre todo en el sur de la Península, siendo la costa malagueña y granadina sus destinos favoritos. Tocaban en los chiringuitos de las playas por encargo llegando a ganar hasta 100.000 pesetas en una fiesta de cumpleaños de un turista holandés. Su cometido era el de hacer la mayor cantidad de dinero posible durante 40-50 días (hasta que la voz de Armando aguantara) para costear las matrículas del siguiente curso académico. En estas actuaciones, o bien ponían su nota particular a canciones famosas, o bien cantaban las que serían parte del siguiente disco Bí môlê (1989).

Si tuviéramos que resumir la carrera musical de los hermanos Zamora, deberíamos empezar destacando su gran sentido de pertenencia a su tierra, Annobón, que ha sufrido de una situación subalterna tras padecer el dominio colonial portugués y español y la marginación de un poder que, desgraciadamente, está corrompido por las élites guineoecuatorianas. Tanto por el uso del fá d’ambô como por la temática de muchas de sus canciones (Viyil hace referencia al lugar en el que se debate y se toman decisiones colectivamente, Oh mama habla de la necesidad de volver a la isla y reconstruirla, etc.), Annobón está de una manera u otra muy presente en sus obras y es una manera de reivindicar la cultura del lugar.

Otra de las ideas fundamentales que rebosa en sus letras es la manera en la que, de manera irónica y provocadora, se caricaturiza el propio discurso colonial occidental lleno de estereotipos y prejuicios, así como el racismo implícito o explícito en ellos. Las alusiones a comerse “misioneros al pil-pil”, “Mujer blanca, babalúuu babalúuu, hacer ñaka ñaka, con parienta de patrón”, “La chica de Malabo tiene brujería y su caldo me ha vuelto loco”, en piching English e inédita, sobre el escándalo de las orgías de Pedro J. Ramírez, así como la canción sobre Copito de Nieve, originario de Guinea Ecuatorial y que, pese a su color de piel vive asfixiado en plena capital catalana son claros ejemplos de ello. Este último tema, además, ha sido recurrente en otras creaciones artísticas de la familia como así atestigua el poema de Paco Zamora “Salvad a Copito” en Desde el Viyil y otras crónicas (2008) o la portada de Cómo ser negro y no morir en Aravaca (1994) del mismo autor.

Portada del libro Cómo ser negro y no morir en Aravaca (1994) de Francisco Zamora Loboch.

Por otro lado, tal y cómo asegura Armando, con su música “querían dejar claro la posibilidad de que las mezclas de estilo africano con pop occidental se podían llevar a cabo y quedaban bien”. También muestran en sus letras otras formas de ver la vida, que si bien no compartían, dejaron constancia como en Small Boy, incluida en el disco Bí môlê (1989. En ella se alude a las relaciones entre mujeres maduras, generalmente fernandinas, con amantes jovencísimos a los que les facilitaban herramientas para poder estudiar a cambio de placeres sexuales. Por último, la trayectoria de este grupo ayuda a romper con ideas preconcebidas dentro del imaginario colectivo español, como es la ausencia de población negra en España hasta la llegada de senegaleses y gambianos a finales de los ochenta o la propia inexistencia de un pasado colonial español en el África Subsahariana, tema que continúa siendo, de una manera u otra, materia reservada. Sin duda, sus canciones son auténticos alegatos de reconocimiento, dignidad y libertad.

 

Bí môlê

Legue’m pê p’em ba wa jô’-xi fê-mu.

Legue’m pê p’em mazna jô-xi xiga a mu

Leguê’m poquê a fà a bo, pé’-mu môlê

 

Bo-xi pêndê já’tud d’jantù revoluçión

bi môlê, bi môlè (bis)

 

Bo-xi pêndê já’tud d’jantù revoluçión

bi môlê, bi môlè (bis)

 

Legue’m pê p’em ba mazna jô’-xi xigà-mu.

Legue’m pê p’em ba suà jô-xi xiga a mu

Leguê’m poquê a fà a bo, pé’-mu môlê

Bo-xi pêndê já’tud d’jantù revoluçión

bi môlê, bi môlè (bis)

Bo-xi pêndê já’tud d’jantù revoluçión

bi môlê, bi môlè (bis)

 

Zôgôbì na sa ngue pà ma fê namẽ’-fa

Limà bôjô’ nanmẽ’ se matà pá’ Quinè

 

Zôgôbì na s’alba pà lomà p’ôgue-fa

Limà bôjô’ nanmẽ’ se matà pá’ Quinè

Xalallap, xalalap, xalap

Wooh, pà bi m’ẽ; ôoh pà bi m’ẽ

Limà bôjô’ nanmèn se matà pá’ Quinè

Nã mos’a, jôlê bi, pa bi têndê[1]

[1] Letra facilitada por Armando Zamora Segorbe, compositor y cantante de la obra Small Boy (1989) y autor de obras como Gramática descriptiva del fá d’ambô (2010) o Breve aproximación a la sociolingüística del Fá d’Ambô en Guinea Ecuatorial (2009). Le agradezco enormemente que haya accedido a mostrarme una parte muy importante y personal de su vida y me ha haya enseñado tanto de Annobón sin haber estado aún, demostrando que Annobón llega haya donde llegue un annobonés.

Una descarnada y violenta novela romántica

Da la impresión de que en la literatura ecuatoguineana contemporánea están emergiendo las novelas sobre la diversidad sexual y afectiva, prácticamente como un género en sí mismo. O al menos, varias de las últimas obras editadas en España de autores o autoras procedentes del país africano tienen este nexo en común. El último de estos ejemplos es Juntos antes que anochezca, de Chris Ada, publicada por la editorial Baphala que, con el objetivo de “descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”, ya he puesto en manos de los lectores algunas obras de autores africanos con esta perspectiva.

El joven escritor ecuatoguineano, Chris Ada. Fuente: Editorial Baphala

Lo que destaca de Juntos antes que anochezca es que se trata de un relato descarnado, con una narración explícita y sin artificios, tanto cuando se refiere a los encuentros sexuales como cuando describe la violencia. El jovencísimo Chris Ada, que no ha cumplido los 23 años, relata con el mismo brutal realismo un escarceo amoroso que una tortura y así, las setenta páginas de esta novela corta transmiten básicamente un ambiente tórrido, angustioso y asfixiante.

Los editores han querido que este relato, que da a conocer a un autor emergente también en su país y más conocido allí por su faceta cinematográfica, vaya bien acompañado. Aparece precedido de una introducción de Trifonia Melibea Obono, una de las escritoras ecuatoguianas contemporáneas más conocidas en España y un referente de la literatura LGTBIQ; y también está acompañado de un breve prólogo de Luis Melgar, un diplomático conocedor de la situación en el país porque mientras dirigía el Centro Cultural de España en Malabo, propició talleres de escritura y también la constitución de la primera organización de defensa del colectivo LGTBIQ de Guinea Ecuatoria.

Juntos antes que anochezca tiene mucho de la idea más extendida de la novela romántica, incluída la elevada carga de erotismo y algunas situaciones fuertemente estereotipadas, sobre todo en esa relación amorosa entre los dos protagonistas. Sin embargo, también tiene algunas diferencias, como la dimensión más oscura y tenebrosa, el paseo por la periferia de la sociedad y el recorrido por la marginalidad, la violencia, los abusos de las autoridades o el choque frontal con las estructuras más tradicionales de la sociedad, incluida la familia.

El relato transmite la historia de un joven de familia acomodada, de hecho, una familia próxima al poder, una circunstancia que en Guinea Ecuatorial tiene unas connotaciones muy concretas, que no es capaz de aceptar la homosexualidad del hijo. El rechazo conduce a joven a un abismo y a un recorrido por la cara oscura de la sociedad. Sin embargo, ese recurrido pone al descubierto cómo esa cara oscura forma parte inseparablemente de la sociedad, no es tanto la parte rechazada, como la parte escondida fruto de los prejuicios y la hipocresía. A pesar del dramatismo, o más bien dentro de ese esquema de novela romántica al uso, la historia da una nueva oportunidad al joven Dashis. A través de una relación idílica el muchacho llega a tocar el paraíso con la punta de los dedos (por contagiarnos del tono del relato) y, mejor, no desvelamos cómo termina esa historia, aunque no es difícil de imaginar.

En la misma introducción, la escritora también ecuatoguineana, Trifonia Melibea, asegura que el recorrido del protagonista de la narración es, en realidad, un periplo habitual entre los miembros de la comunidad LGTBIQ del país. Y una buena parte del discurso, y también de las actitudes sociales que se reflejan, descansa sobre ese tópico tan repetido que dice que la homosexualidad o cualquier otra muestra de diversidad sexual y afectiva no es propia de África, que todo son vicios de los blancos de que intentan contaminar a la juventud africana. A partir de esa incomprensión se construye la doble moral que permite que el joven Dashis no sólo sea víctima de violaciones, agresiones, insultos y abusos, o que se vea empujado a la prostitución como única forma de vida, sino que se vea sometido al escarnio.

Los diferentes episodios dan una idea de ese periplo de Dashis. Desde que su padre le llevase a una iglesia para hacerle un exorcismo, hasta que le obligase a acompañarle a un prostíbulo para ver si se había “curado”; desde ser violado por hombres a modo de venganza y escarmiento, hasta ser pagado por sexo por otros hombres de la élite. Todo un sistema de hipocresía que tiene la guinda, no tanto en el maltrato de la policía, sino en que esté comúnmente aceptado el escarnio público de la homosexualidad, tener que pasearse desnudo por la ciudad ante el desprecio y los insultos de muchos de sus vecino y haciendo que la ayuda sea un riesgo para quien no puede aceptar semejante injusticia.

En una entrevista con Lucia Mbomío publicada en Píkara, el propio autor, Chris Ada, reconocía haber vivido algunos de los episodios que se narran en su novela y lo hacía de una manera muy personal: “Todavía me acuerdo de las lágrimas que derramaba al escribir algunas de esas escenas, era como revivir esa experiencia, pero dentro de mi mente”.

Guillem d’Efak, el negro antiimperialista que cantaba en catalán

¿Negro y además canta en catalán? ¡Mira que hay que ser desgraciado!”. Estas desafortunadas palabras fueron pronunciadas hace más de cuarenta años por un capitán general franquista en Catalunya después de prohibir un recital musical en el que participaba un catalán negro, según Bartomeu Mestre, autor del libro Balada d’en Guillem d’Efak (Documental Balear, 1997).

Guillem d’Efak / ARA BALEARS.

Entre 1962 y 1977, el régimen franquista censuró más de 400 canciones en catalán. “L’estaca”, de Lluís Llach; “Diguem no”, de Raimon, o “Conillet de vellut”, de Joan Manuel Serrat fueron algunas de las más perseguidas por el antiguo Ministerio de Información y Turismo. Sin embargo, esta muestra de xenofobia y racismo iba dirigida a otro personaje del, por aquél entonces incipiente, movimiento catalán de la Nova Cançó: el de Guillem Fullana i Hada d’Efak, más

Guillem d’Efak, en Guinea Ecuatorial con su padre, Antoni Fullana. Foto: Archivo Familiar.

conocido como Guillem d’Efak o “el negro que cantaba en catalán”.

Nacido en Asobla, Guinea Ecuatorial, en 1929, hijo de madre fang proveniente del clan Efak y de Toni Cremat, un cabo de la Guardia Colonial mallorquín destinado más de 15 años a la única (ex)colonia española en África Subsahariana, Guillem se crió en Manacor, Mallorca, y fue un poeta, cantante bohemio y creador nunca suficientemente reivindicado. A los 14 años ya leía a Rimbaud en francés. A los 18, rompió relaciones con su padre y se instaló en un burdel de Palma. Allí, se unió a una orquesta para turistas donde cantaba espirituales negros en inglés y también algunas piezas traducidas al catalán como el Fever, popularizada por la cantante norteamericana Peggy Lee.

Su figura vuelve ahora a salir a la luz gracias al documental Guillem d’Efak. L’Ànima negra de l’illa, de Manu Benavente y Alfonso Garrido, que junto a la productora catalana Manual Produccions, rescatan su legado revolucionario del olvido y rompen el silencio que envuelve la leyenda de este creador único e irrepetible. Con el investigador y dramaturgo Pep Tosar – quien dedicó la obra Tots Aquests Dois a d’Efak- como hilo conductor, el documental narra la vida de Guillem, un agitador cultural sin parangón, amante de las mujeres, los libros y el alcohol, que flirteó por partes iguales con la música, el teatro y la escritura, y que representa un activismo que debería ser referencia para la historia contemporánea de España. El documental se estrenó el pasado 18 de enero en el programa El Documental de TV3.

Catalán, negro y antiimperialista

No se puede negar que Guillem d’Efak fue una rara avis del panorama cultural de la época. Era el único negro que cantaba en catalán, una lengua perseguida y marginada que desde diferentes círculos culturales del País Valencià, las Illes Balears y Catalunya (lo que se conoce como Països Catalans), se intentaba defender a capa y espada. Comparando Guinea Ecuatorial y Catalunya, d’Efak explicó en una entrevista: “En Guinea estaban mejor que nosotros aquí. Mi padre me contaba que tenían ordenes estrictas de respetar las lenguas indígenas, los usos y costumbres, tribunales, matrimonios, la poligamia… Nosotros (los catalanes) somos peor que una colonia porque a nosotros no nos reconocen la situación de colonia” (L’Estel de Mallorca, 15 de mayo de 1993).

Sin embargo, tal y como cuenta Gustau Nerín, antropólogo e historiador especializado en el colonialismo español en África, en El Nacional: “Guillem había llegado de la Guinea Española a los 2 años (…) y prácticamente había perdido contacto con la cultura africana”. De hecho, en una entrevista poco antes de fallecer, el artista confiesa no tener recuerdos de su infancia en Guinea y dice: “con el primer negro que vi me llevé un puto susto de muerte”.

Manacorí de a pie, Guillem fue un catalanista convencido que grabó ocho discos en catalán, publicó un largo etcétera de libros de poesía, cuentos y prosa en esta lengua e incluso hizo de actor. Aunque menos afortunada fue su etapa como minero en Alemania… Su obra, prolífica, ha permanecido oculta para el gran público hasta la fecha.

La canción popular mallorquina, el blues y el jazz fueron carne de su asador, pero sobre todo fue una figura excepcional como precursor de la Nova Cançó, un movimiento cultural que se desarrolló durante la década de los años 60, en plena dictadura franquista, para impulsar la canción en catalán. Guillem trabajó junto a figuras como Guillermina Mota, Núria Feliu, Pau Riba o Tete Montoliu para hacer que la lengua catalana trascendiera la miseria cultural franquista.

El cantautor valenciano y comunista Ovidi Montllor (a la izquierda) junto a su mentor Guillem d’Efak, ambos parte del movimiento La Nova Cançó, en la Cova del Drac. Fuente: Archivo Personal de Ovidi Montllor i Mengual.

En 1965, fue la primera referencia de Concèntric, un sello discográfico mítico que operó de 1964 al 1978 y que adaptó el catalán a grandes éxitos de la música anglosajona, al yéyé y al pop rock. Y se convirtió en una de las figuras más originales y modernas de la música catalana, especialmente como alma mater de la Cova del Drac, un café-teatro mítico de la calle Tusset de Barcelona, que regía junto a Josep Maria Espinàs (miembro de Els Setze Jutges, uno de los grupos más representativos de la Nova Cançó) y donde cantaba canciones propias y versiones catalanas de clásicos del jazz y del soul.

D’Efak dejó Barcelona en 1980, cuando creyó que Catalunya, con la reinstauración de la Generalitat, había conseguido recuperar la normalidad institucional. La suya era claramente una tarea política, no solo musical, y al finalizarla, volvió a Palma, donde sobrevivió como guía turístico, sin dejar de escribir nunca, hasta su muerte, en 1995.

Por una literatura infantil un poco más diversa

La editorial PotoPoto ha hecho una aportación necesaria a la literatura infantil en español. Evidentemente no es la única, pero esta recién nacida editorial ha aumentado la diversidad de los libros para los más pequeños. El viaje de Ilombe, la gran apuesta de PotoPoto, se ha sumado a un selecto grupo de álbumes ilustrados para niños basados en historias de origen africano. El mérito añadido de este recién llegado al panorama literario es que se ha financiado gracias a una campaña de micromecenazgo, es decir, que ha sido posible gracias al interés que despertó en los lectores, incluso antes de publicarse. La interpretación más sencilla de este recorrido es que El viaje de Ilombe era necesario y que ha abierto una puerta, porque esa necesidad de bibliodiversidad no se agota con la llega de esta historia.

Detrás de este proyecto están Alejandra S. Ntutumu, responsable del relato, y Lydia Mba, autora de las ilustraciones. Ambas, afrodescendientes orgullosas y comprometidas, se han embarcado en la aventura como parte de su deseo irrefrenable por cambiar el panorama literario español. El principal lema de la campaña de micromecenazgo era #YoMeEnsucio y PotoPoto es el nombre que en Guinea Ecuatorial recibe el fango más habitual. Estos indicios dan un idea de la voluntad de las impulsoras del proyecto. Ntutumu asegura en el propio libro: “Desde pequeña, mi sueño siempre ha sido poder crear un mundo de fantasía inspirado en los cuentos africanos que mi madre me contaba cuando era niña, para que los peques tengan referentes más diversos”. Lydia Mba, por su parte, es aún más gráfica cuando asegura: “Quiero que llegue el día en el que pueda encontrar en las librerías y las bibliotecas la misma diversidad que veo en la salida de un colegio”.

El viaje de Ilombre, en realidad, no es un cuento, sino una recopilación de diversas historias originarias de la Guinea Ecuatorial que había marcado el bagaje cultural de la madre de Alejandra S Ntutumu. El hilo conductor es la sencilla historia de Ilombe que se desplaza por el bosque intentando seguir la pista de su madre. En su recorrido la niña se encontrará con diversas situaciones en las que se le desvelarán, al menos, tres cuentos de la tradición del país de África central. El último, el del país de los ogros, es el que más ha mantenido la apariencia de los relatos tradicionales, si bien todos ellos, guardan el carácter ejemplarizante de los relatos que se cuentan a la caída del sol.

Más allá de la historia el relato de El viaje de Ilombe se completa con las ilustraciones de Lydia Mba. Un trabajo delicioso y realmente evocador. Los dibujos de Mba reconstruyen el ambiente mágico del recorrido de Ilombe en busca de su madre, en ese entorno al que le da entrada una misteriosa anciana que es su primera guía.

Pasaporte español, raíces africanas: Silvia Albert Sopale

Me llamo  Silvia, Silvia Albert Sopale, la Negra para mis amigxs, Chivita para mi mamá, aunque ella en verdad quería ponerme Wineyla, pero en el 76, en España, no podían ponerse esos nombres, así que tuvo que ponerme uno como Dios manda. Mi nombre africano es Ifeyinka, me lo puso mi tía abuela y quiere decir todo amor, y yo, me puse Adelaida para las noches de fiesta. ¿Y de niña? ¿Cómo me llamaban de niña?  Este es uno de los textos de la obra No es país para negras, de la que soy co-autora y que estaré representando durante el mes de Julio en Madrid en la sala Off de la Latina… Pero de esto hablará más tarde.

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

Nací en San Sebastián en 1976, soy hija de una ecuatoguineana Bubi y de un Nigeriano Igbo. Mis padres se conocieron en Guinea, donde fue a parar mi padre tras perder a los suyos a muy temprana edad. Él se hizo a sí mismo, se crió en las calles, vendió chatarra, estudió, superó la pobreza, jugó al futbol en el  atlético de Malabo, Juventud Biafra y la Selección Nacional de Guinea Ecuatorial y conoció a mi madre. Una de las hijas de Sisi Yoko, criadas por Atoloni, bien formadas, educadas, bellas…

A la izquierda, de brazos cruzados, el padre de Silvia.

Todas esas historias para la mayoría de los lectores y lectoras, sonarán a nombres lejanos, pero para todas aquellas personas que vivieron en Guinea en los años 60 y para su descendencia forman parte de nuestra historia.

Historias que sueño con recuperar y compartir en los teatros de España, del mundo. Historias que unen a España con Guinea para siempre. Que se deben recordar, que deberían ser estudiadas en las escuelas, contadas en cuentos, en películas. Historias que ayudarían a que este fuese un país más amable.

Mis padres llegaron en el 74 en busca de una vida mejor, como habían hecho antes que ellos otros compañeros, vinieron como insiste mi madre desde “una provincia” de España y no una colonia. Con derecho de pertenencia llegaron a Mallorca y de allí a San Sebastián, en donde mi madre estudió auxiliar de enfermería y mi padre comenzó con la fotografía y a trabajar en bares. Muchas fueron las penurias que pasaron, mucho el trabajo que realizaron, muchísimas las situaciones racistas que sufrieron y con todo eso formaron una familia, tuvieron cuatro hijos. Yo ocupo el tercer lugar.

Y con todo eso pasaron por Almansa y llegaron a Alicante en los años 80, donde echaron raíces.  Mi madre siguió estudiando y acabó sacándose el título de enfermera, cargo que ocupa ahora en el Hospital Universitario. Mi padre montó un Bar, “El Kuka’s”,  uno de los establecimientos que forman parte de la historia de la ciudad. Se hacían hamburguesas, se servían copas y se escuchaban músicas africanas. El que comenzó siendo un pequeño negocio, acabó convirtiéndose en un negocio multimillonario, del que vivieron muchas familias durante casi treinta años.

 

No fue para contar historias por lo que comencé a estudiar teatro, eso vino después, con el tiempo, con la conciencia. Comencé porque me encantaba jugar, vivir otras vidas, ser quien no era, ser quien no era capaz de ser. Vivir todo aquello que estaba tan lejos de mi.

Me matriculé en la Escuela Superior de Arte dramático de Murcia. Como la mayoría de estudiantes, tenía que escoger carrera pasada la selectividad (prueba que por suerte no hice) ¿Cómo puedes escoger una carrera sino tienes ni idea de quién eres, ni de lo que te gusta? Cada una escoge la carrera por diferentes motivos: por puntuación, por exigencia/petición /influencia familiar, por los amigos y amigas… Mi motivo fue salir de casa, tenía que huir. Escogí una  escuela que estaba cerquita, pero no en mi misma ciudad. No en la ciudad en la había pasado los últimos 18 años. Una ciudad en la que no podía ser yo, en la que era siempre la hija de… la hermana de… la sobrina de… Una ciudad que no me ofrecía mucho a nivel cultural, en la que mi alma se dormía. Una ciudad en la que viví abusos, agresiones, racismo. Una ciudad contra la que me revelé, bueno, en verdad le declaré la guerra al mundo y a sus ocupantes a los 15 años y no firmaría la paz definitiva hasta los 30. Algún día contaré esa historia.

Fui de las pocas de mi grupo de amigos y amigas que terminó los estudios de Arte dramático, eso sí, sin tener ni idea del tipo de teatro que quería hacer, pero sabiendo todo lo que no me interesaba. Y eso que en la escuela hice todo tipo de papeles, cosa que no se repetirá en 20 años, ya que la gran mayoría de las veces que me buscan es para hacer de prostituta, inmigrante, delincuente, mujer de la limpieza. En España, a pesar de haber profesionales racializados en todos los sectores, no se ve reflejado en los medios. Es indignante cuando mandas el material para un casting en el que dice: SE BUSCA ACTRIZ MORENA y te responden que no han pedido actrices de raza.

Ser una rebelde te pone en otro lugar frente a la vida. Creía que todas las personas estaban contra mí, no pensaba bajar la cabeza ante nadie, primero pisar a dejarme pisar. Perdí muchísimas batallas, luchaba en una guerra de guerrillas. Esta fue una de las expresiones que utilizó Enrique Villatoro, mi terapeuta, durante más de 3 años, refiriéndose a mi caso. A los 30, ya viviendo en Barcelona, comencé a hacer terapia Gestalt con él. Recuerdo las primeras sesiones, me miró y me dijo: “No es nada fácil tú historia Silvia, pero te puedo ayudar si  te comprometes conmigo”. Rompí a llorar. A partir de ese momento estuvo de mi parte, hiciera lo que hiciera. Trabajamos y recuperé el amor por el teatro, por la vida, firmé la paz con el mundo, encontré el amor de pareja, trabajé de regidora en el Teatre Lliure y me quedé embarazada. Y el mundo se giró de nuevo.

Ifeyinka…como me puso mi tía abuela.

Comencé a cuestionar mi negritud. Me había criado entre personas negras. En el cole tenía 2 hermanas mayores que abrieron camino, que sufrieron los insultos y los golpes por mi. Veía a mis primos y tíos con frecuencia. En el bar de mi padre, mayoritariamente trabajaban y lo frecuentaban negros. ¿Y qué sería de mi hija, viviendo en Barcelona totalmente alejada de su familia negra? ¿Cómo impregnarla a ella de negritud? ¿Cómo prepararla para lo que se le vendrá encima? ¿Cuál sería su tribu?

En terapia, entendí que no podría proteger a mi hija de lo que viviría, siendo una niña mestiza en un país de blancos. Allí comprendí que lo único que podía hacer, es dotarla de herramientas y confiar en que sepa utilizarlas y estar muy cerca de ella para cuando me necesite.

Buscando referentes para ella encontré a mi comunidad a través de las redes sociales y más tarde comenzamos los encuentros fuera de éstas. España necesita más referencias positivas afro/negras. Un montón de hermanos y hermanas se han sumado a la lucha que hace años comenzaron otro montón de personas, y comenzamos tareas nuevas. Nuestro deseo es llevar a España de una vez al siglo XXI. Una parte de mi colaboración es con la obra No es país para negras, donde el público que consigue superar el shock inicial que les produce el título, se encuentra con una tragicomedia, que les saca más de una carcajada y les puede hacer sentir vergüenza al segundo siguiente.

Hago esta pieza con la intención de sacudir conciencias. Y está funcionando. Os contaré tres casos para terminar:

Al finalizar una actuación en Gijón, un grupo de señoras salió afirmando que este no era país para negras, que no era posible que tuviéramos los mismos derechos. Agradecí que ellas pudieran verbalizar su pensamiento. Me apenó no haber estado en ese momento para entablar una conversación. Confío en que en alguna de las conversaciones que tuvieron tras ver la obra, alguien las confrontara. Por esto me parece importantísimo hacer la obra en centros cívicos, en teatros de barrio, ya que el público de estos espacios va sin muchos miramientos, está dentro de su rutina y de vez en cuando se encuentran con piezas que les hacen cuestionarse y pensar.

Otro de los casos es el del mi tío blanco. Casado con mi tía y con quien tiene una hija de 40 años. La primera vez que actuamos en Madrid, él se negó a venir a ver la obra. “¿Por qué Silvia ha hecho esta obra?”, les preguntaba. Le invitamos a venir a verla, pero él se negó. El título le produce pavor. Es algo que ocurre muy a menudo. La gente piensa que se va a encontrar con un montón de acusaciones y quejas, nada más lejos de la realidad. Por otro lado me da pena mi tío. Me imagino cuantas situaciones racistas habrá tenido que vivir teniendo una mujer negra y una hija mestiza. Situaciones que no le habrá contado a nadie, chistes, comentarios… ¿Qué habrá vivido para que no pueda compartir con su familia una experiencia así, sólo por el título?

El tercer caso ocurrió en una actuación que hicimos en Mallorca a finales de junio del mes pasado. Una espectadora le contó a una de las organizadoras que ella era la chica del otro lado, la que nos llamaba chocolate, conguitos, la que nos decía que olíamos mal, nos tocaba el pelo y todas esas cosas. Para ella ver la obra ahora, que ya había recorrido un camino y que sin duda está en otro momento de su vida, la había impresionado tanto que no se pudo quedar al coloquio. Para mí, que ella viniese y que compartiera aquello, creo que es sanador para ambas.

Si queréis ver la obra, estaremos en Madrid, los viernes y sábados de julio (menos el 15 y 16), en La Sala Off de La Latina, a las 20h. C/Mancebos 4.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Vicenta N’dongo: “En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso”

Foto: Paco Navarro.

*Por María Colom

Nacida en Cataluña y con raíces ecuatoguineanas, la actriz Vicenta N’dongo no pisó las tierras africanas de su familia hasta los 33 años. Aun así, conectó enseguida con todo ese mundo. Años más tarde, en 2014 hizo un viaje de un año con su pareja, desde la India hasta Nueva Zelanda. Antes de partir, en una entrevista, afirmó que “a nosotros nos dejan en soledad para que nos sintamos agarrotados por el pánico y el miedo”. Después de tan largo viaje, a la actriz, que ha sido madre hace menos de un año, no le gusta pensar en un mundo ideal, pero sí tiene algunas ideas surgidas de sus experiencias.

La conocimos con la película Airbag (1997), de Juamma Bajo Ulloa, y se coló en todas nuestras casas con las series Dinamita, de TV3 y Aquí no hay quien viva. Más recientemente la hemos podido ver en el filme Menú degustació (2013) de Roger Gual, pero ahora, aunque ha participado en un pequeño rodaje, ha dejado un poco apartada su carrera para dedicarse de pleno a la maternidad.

 


Maria Colom: ¿Cómo ves el mundo actual?

Vicenta N’dongo: Después de un año de viaje y de haber recorrido muchos países, más allá de la política y la economía mundiales, de las que no quiero hablar porque se lo han comido todo, veo que los seres humanos estamos mucho más conectados de lo que parece, pero fingimos que no. Todos somos iguales. Las personas que viven en países subdesarrollados, palabra que no entiendo qué significa, en mi opinión, en muchos aspectos son los que mejor están.

M.C: ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando conociste Guinea Ecuatorial?

V.N: Me sorprendió mucho a nivel sensorial. Cuando vas a un lugar en el que todos son como tú, te sorprende. Y no eres consciente de ello hasta que no llegas y lo sientes. Allí todos éramos del mismo color. Todo mi ADN me vino de golpe y me di cuenta de que todos los seres humanos tenemos más cosas en común de lo que nos quieren hacer creer todos los carteles y las etiquetas que nos ponen. Allí conecté muchísimo con el talante, la paz, la no prisa que aquí nos han vendido, el ritmo y la rutina. En otros países del mundo, sin vivir como nos dicen que hay que vivir aquí, se vive mejor. Y, evidentemente, no obviaremos la parte oscura de un país devastado por la huella que dejó la población española y el sentimiento de inferioridad.

M.C: ¿Cómo te marco este viaje?

V.N: En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso. Necesito tiempo para digerir las cosas. Años más tarde, el significado del día a día me lo tomo de otra manera. Cuando eres pequeña te educan con cierta rigidez y la huella que me dejó el viaje es que no necesitas esa ferocidad para ser el primero, sino la ayuda de los otros y el todo. Aquí nos educan para ser el primero en todo o el mejor, y eso no es cierto.  Por ejemplo, el otro día, en Madrid, vi un cartel de un colegio que decía “Si quieres que tu hijo sea el más inteligente, tráelo a este colegio”. Tuve claro que yo no quería esto para mi hijo.

Foto: Paco Navarro.

M.C: Comentas que llegaste al mundo de la interpretación casi de casualidad. ¿Cómo valoras tu carrera profesional?

V.N: Casualidad quizá no es la palabra exacta. En mi familia no había un historial artístico, pero yo sí que tenía necesidades y pedía hacer danza, tocar el piano, quería ir al liceo y conseguí ir sola cuando tenía 12 años. Lo que valoro es que una niña de esa edad quisiera y consiguiera llegar hasta el final. Tengo la suerte de haber hecho lo que realmente quería hacer y que nadie me parara. Nos tenemos que sacar de la cabeza el hecho de tener que hacer una carrera por obligación porque hay que valorar las inquietudes de cada uno, y si alguien quiere dedicarse a cuidar de una finca, pues adelante. En mi carrera he tenido mucha suerte. Parece mentira cómo fui capaz de decidir ser esto con todas mis inseguridades y complejos, y cómo lo he conseguido. Tuve mucha suerte y valoro mucho haber podido trabajar con toda la gente con la que he trabajado; sin ellos hoy no sería quien soy. Me enseñaron cosas y aprendí mucho de ellos porque no querían darme ninguna lección. Aprendí de la causalidad de ver cómo funcionaban.

M.C: ¿Qué opinas de la situación de los actores y actrices negros en España, que algunos colectivos ya han denunciado?

V.N: Para empezar, no me gusta que se pongan etiquetas. No creo que exista ninguna situación ni ninguna problemática hasta que nosotros ponemos las etiquetas. En España, gente de razas distintas, de los que más hay es de negros; pero en Estados Unidos pasa con los latinoamericanos. Si no estás dentro de los cánones y los estándares de belleza, es complicado para todo el mundo. No creo que los negros de aquí seamos distintos que los latinos en Estados Unidos. Pero lo mismo pasa con las mujeres. El mundo está dirigido por hombres, y aunque no sea feminista, ¿por qué no dirigimos más las mujeres? Lo que me pregunto es ¿por qué en el siglo XXI esto aún no se ha solucionado? Me hago mías las palabras que pronunció Meryl Streep en los Globos de Oro acerca de una sociedad tan machista y tan poco liberal. Y esto incluye también a gente de distintos colores.

Foto: Paco Navarro.

M.C: ¿Cómo crees que influye en la sociedad y en la educación de los jóvenes que los actores negros solo hagan papeles estereotipados?

V.N: Creo que en la educación está todo relacionado, no solo con los papeles estereotipados, sino con las cuestiones de género. Si históricamente somos las mujeres las que hemos educado a los niños, ¿por qué lo hemos hecho con estas ideas tan sexistas? El otro día estábamos con un grupo de amigos de entre 40 y 50 años. El hijo de uno de ellos dijo que las niñas de su clase eran pijas y tontas. Mientras todos se reían, una amiga le preguntó que qué quería decir. El niño respondió que siempre quieren dar la nota y que dicen cosas que no tienen sentido. Entonces mi amiga lo hizo reflexionar y le dijo que quizá eran los niños los que no las entienden y los que no saben escuchar. Son estas cosas las que hay que empezar a cambiar en la educación y en los colegios; los niños pequeños son los que van a reinar en la sociedad. Con mi hijo voy a intentar estar en alerta constante con las palabras para no caer en prejuicios y dogmas como el de que las negras son exuberantes o las latinas calientes.

M.C: ¿Cómo sería el mundo ideal en el que te gustaría que creciera tu hijo?

V.N: Cuando pienso en un mundo ideal me pongo a llorar. Por suerte no tengo ningún mundo ideal, gracias a dios. Porque el hecho de no llegar a este mundo ideal nos frustra. Espero que mi hijo sea como es y poder acompañarlo y ayudarlo. No quiero manipularlo. Quiero que se quiera como es en su interior.

Concha Buika: “no seas víctima cuando puedes ser genio y figura”

No es sencillo hablar con ella. Su apretada agenda lo hace prácticamente una quimera. Además, entrevistarla con un esquema preestablecido tampoco sirve demasiado. Concha Buika, la diva negra que revolucionó el mundo del flamenco y la copla, y considerada una de las mejores 50 voces del mundo, nos obliga a improvisar. Nos saca los colores. Nos zarandea. Nos alienta a salir de nuestro ensimismamiento y nuestros corsés. Nos interpela. Nos abrasa. Y arrasa con una personalidad arrolladora que se filtra por los poros digitales de una conversación vía email. Ella desde su residencia de Miami. Nosotros, desde Madrid, donde sudan hasta los ecos del teclado.

Establecida en la ciudad estadounidense desde hace seis años, y después de más de uno desde que viera la luz su último álbum – Vivir Sin Miedo (Warner Music, 2015)-, nominado a los Grammy Latinos 2016 en la categoría de mejor grabación del año por ’Si volveré’; hoy, la mallorquina de raíces ecuatoguineanas está inmersa en un nuevo álbum que podremos escuchar a partir de abril de 2017.

A pesar de vivir prácticamente de gira, viajando por todo el globo, Buika nos regala un pedazo invaluable de su tiempo y nos brinda una entrevista que nos obliga a tomar aliento. A repensarnos. A resituarnos. A reposicionarnos. A quitar los “res” y armonizarlos al son de la improvisación… Y es que, ¡dónde hable el alma, que se quite la razón!

Gemma Solés: Buika es un alma camaleónica… Pero, ¿cuánto de Bubi hay en ella?

Concha Buika: ¿Camaleónica? ¿Qué quiere decir alma camaleónica? ¿Por qué tú piensas que mi alma es así? Siento que tengo de Bubi todo lo que mis padres, mis tíos y familiares me regalaron. ¿Cuánto? Pues no sé cómo se mide eso pero creo que mogollón de litros y unos cuantos mogollones más de kilos supongo.

G.S: Tu familia tuvo que huir de Guinea por motivos políticos. ¿Qué opinas de cómo ha avanzado el país en materia política y de derechos sociales?

C.B: Sí.. Sé que incluso yo he utilizado esa palabra a veces en el pasado, entiendo que por repetición, pero hoy no siento que huir sea la palabra correcta. En este caso, pienso que mis padres simplemente se marcharon, entiendo que para crecer. Creo que los motivos políticos te hacen, como mucho, retirarte para envestir con más fuerza o quedarte y luchar hasta el final. Te marchas porque sabes que puedes explorar otros lugares, alcanzar otras dimensiones. A momentos creo que el romanticismo en exceso es perjudicial a la hora de reescribir nuestra propia historia. A la vista está que nuestros países, lo que es avanzar, últimamente avanzan poco, igualmente sé que la actitud debe ser positiva en la medida de lo posible.

G.S: Mallorquina de ascendencia africana, tu música está absolutamente arraigada al mundo latino, pero formas parte de lo que se mal-llama como la “segunda generación” de migrantes, haciendo referencia a los españoles hijos e hijas de padres no-españoles. ¿Cómo crees que la sociedad española percibe la diversidad cultural? Y aún más importante, ¿cómo has vivido tú esa “Otredad” que los demás veían en ti?

C.B: ¿Que yo formo parte de quéee? ¿De dónde sacáis esos nombres? Honestamente, espero formar parte de una conspiración mayor que esa, la de “Los nuevos creyentes” por ejemplo. Entiendo que la sociedad española, como casi todas las sociedades, perciben todo genial cuando las cosas van bien, todo el mundo tiene trabajo y se nota la sensación de protección. La música al igual que todas las artes irán donde tú las lleves, lleva tu arte todo lo lejos que puedas. Si te apetece y por un bien común puedes tomártelo como una responsabilidad y así de paso eliminar esa palabra extraña de tu diccionario interno. Sé que voy a pecar de ignorante pero “Otredad”, ¿eso qué es?. Y por un momento siento que no quiero saber qué significa. Mi mamá me decía, déjate de escuchar bobadas y concéntrate en lo que estás haciendo, en mi caso siempre funcionó.

G.S: Supongo que de pequeña, escuchaste muchas historias sobre la migración en casa, de la boca de tu madre… En esos relatos no hubo vallas, ni pateras, ni CIES… pero seguro que hubo mucho sacrificio y lucha. ¿Qué opinas cuando ves como los estados europeos tratan a las personas en busca de asilo, a los refugiados y a los migrantes en general?

C.B: Es una situación difícil para todos, muchas personas tienen mucho miedo, no es fácil verter una opinión porque son muchos frentes abiertos, ahora, entiendo que no lo están haciendo muy bien dada la situación en la que se encuentran todos esos hermanos y hermanas con sus hijos pasándolo mal. Espero de corazón que sean atendidos lo antes posible para evitar más sufrimiento y para que no nos pueda la frialdad. A veces me estremece la idea de que últimamente reaccionamos como la vaca que mira al tren y es que estamos en shock por tanto susto y tanto dolor injustificado. Igualmente mi actitud no es la de juzgar o criticar sino la de apoyar, animar y empujar a esos estados europeos, asiáticos, americanos y de todos los demás lugares, para que sean más humanos y elegantes a la hora de recibir a nuestros hermanos de otros países, vengan por los motivos que vengan.

G.S: ¿KITAILO es tu alter ego más africano? Cuéntanos de dónde sale el nombre y qué significa para tí…

C.B: Kitailo es mi nombre sobre mi pura sangre, el que me regalaron mis padres y mis antepasados nada más nacer. Me pusieron María Concepción más tarde para poder ser bautizada, para poder tener una documentación, entiendo que entonces apareció la que suscribe, pero en el escenario sólo reina ella (Kitailo). No se aceptaban nombres tribales, tampoco caracteres o identidades fuera de los límites establecidos para las personas como nosotros entonces. Sé que eso enojaba a mi padre y asustaba a mi madre.

G.S: Los programadores africanos están fascinados contigo. ¿Cuántas veces has tocado en África Sub-sahariana y por qué te le resistes tanto?

C.B: La primera vez fue Mozambique y por esos ricos caprichos de lo impredecible coincidí con Casandra Wilson y me maravilló. Ese país es de gentes fuertes, muy luchadoras, me fascinaron las miradas de los viandantes, después Luanda en Angola, la verdad es que lo pasamos increíblemente bien. Hace poco se cayó un evento que tenia en Kenia, también he estado en Sudáfrica para compartir con Simphiwe Dana y después a Senegal con Meta, también estuve por el norte varias veces. A parte de que soy una joven promesa y África es un eternamente joven continente… Las soldado misionero de rango mayor como yo no escogen los frentes. Sinceramente no creo que los músicos de Siberia se resistan a ampliar mercado en Bruselas, las cosas normalmente son como son, no como nosotros creemos o pensamos que son. Bien es sabido que para todos los músicos del mundo es un sueño tocar en África, jamás he conocido a un músico que “se resista” a abrir mercado en la cuna de la sabrosura y del ritmo, parte de la música de medio mundo viene de ese gran continente.

G.S: ¿Vivirías en África?

C.B: Esa pregunta no es muy válida para mí, por regla general me entero de nada o de muy poco, llevo toda mi vida en ruta, desde que salí de mi bella ciudad natal no creo haber vivido más de dos años seguidos en un mismo lugar, y estoy de gira desde hace muchos años. Vivo en diferentes lugares todo el tiempo, África también. ¿Dónde? Donde haya gente a la que le guste nuestra música. ¿Por qué? Pues por el mismo motivo por el que viví y estoy viviendo en España, Polonia, Méjico, Turquía, Líbano, Estados Unidos, Colombia, Alemania, Inglaterra, Perú, Noruega, Canada, Hungría, Singapur y todos los demás países por los que suelo estar normalmente, pues porque también son mi casa. Son los lugares donde como, duermo, tengo amigos, familia, grabo mi música, me río, sueño, escribo mis libros, establezco puentes para el futuro de mi hijo y muchas cosas más. A momentos percibo que los ciudadanos del mundo a título personal nos caemos mucho mejor y somos más valientes de lo que aparentamos ser cuando se nos agrupa en grandes masas, entonces parecemos tener la mente más pequeña y por momentos siento que tendemos a ser mucho más miedosos

G.S: ¿Qué hace falta para triunfar?

C.B: Pues no lo se, solo sugiero algo, no esperar a que pase, hacer que pase. No sé como. Corre, pero a momentos quédate quieto. Salta pero a ratos agáchate. Habla con identidad y calla cuando debas callar. Sal de donde debas salir y entra por la puerta que no se te resista. Nunca te escapes si puedes simplemente marcharte, o quédate y vive un mismo lugar de manera distinta. A la mayoría de los artistas nos acompaña un gran sentimiento de soledad y ese es parte del problema, que luchamos solos, faltos de capital y otras cosas. No se como, solo no lamentes, no te quejes, no difames, no participes de rebeliones que no te atañen, no seas víctima cuando puedes ser genio y figura, si sabes quien eres, si ya lo has identificado, por muy loco que parezcas ser o por muy en desacuerdo con tus rarezas que parezcan estar tus ya tu sabes quienes…Haz tu trabajo en esa dirección, consigue llegar a un escenario, y por muy pequeño que parezca ser, negocia bien y sube con respeto y trabaja, trabaja y trabaja. Después duerme, que oigan tu música, come, trabaja, trabaja y trabaja más. Ayuda a tus compañeros, mima a los tuyos y trabaja, trabaja, trabaja y trabaja más. Ponlo todo en cada show.. Todo, pues nunca sabes quien, ni desde donde te observan. Pienso que a veces estar solo es no hacer caso de tus buenas ideas y creer en fantasmas que solo hacen ruido en tu cabeza… ¡Ponte a trabajar!

G.S: (Tomamos aliento… y tomamos nota) ¡Infinitamente gracias!

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

Black Bee, el rap africano en español

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4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Macarena Cozar

Guinea Ecuatorial es un país que consume música española, pero ¿consume España música de Guinea? España pese a haber tenido una relación de metropolis-colonia con Guinea parece haberse desentendido de la actualidad, cultura y producción artística del país. Cosa que no ocurre con otras ex colonias y metrópolis, como por ejemplo Francia cuyo consumo de música africana como afrobeat, azonto o afrouse es enorme y cada vez más comercial, es decir ya no es solo consumido por afrodescendientes. En cambio en nuestro país por ahora la única música africana que puede oírse en discotecas, radios o televisión es la Kizomba, catalogada erróneamente como un baile latino.

Puede que este desconocimiento de la cultura del continente vecino se encuentre ligado a los estereotipos sobre África que desde la colonización han ido enraizándose en nuestro imaginario colectivo. Esa imagen de lo primitivo, el exotismo, la incapacidad para el autogobierno o el desarrollo de ciertas capacidades científicas o técnicas, la violencia y la pobreza. Todo esto fruto de ese etnocentrismo aún hoy día tan presente que suele desembocar en racismo, paternalismo o una mezcla de ambos.

No es de extrañar que no esperemos nada nuevo o enriquecedor, en este caso desde el punto de vista artístico, de una población de la que siempre nos hemos sentido mentores, salvadores y proveedores de cultura.

Aun a mucha gente le choca encontrar a chicos y chicas negras estudiando en la universidad, con parejas blancas y que hablan perfectamente español. Parece que es difícil desterrar el estereotipo de “negro, inmigrante, recién llegado”. La sociedad no acaba aún de normalizar encontrarse un negro como profesor de sus hijos, como médico o como artista.

Algunos de los raperos afro-descendientes en España hablan de ello en sus canciones, de cómo la gente se sorprende al oírles hablar español, pero, ¿nadie se plantea que puedes ser negro y español?, ¿llevar muchos años aquí? o, simplemente, ¿venir de África pero hablar español porque eres de Guinea Ecuatorial?

Parte de la culpa de este desconocimiento es la desinformación que desde los medios y por qué no decirlo desde el sistema educativo tiene lugar en torno a la invisibilización de la relación de España con el África negra. Y más concretamente con su excolonia.

El rapero Black Bee. Imagen de Lhanger Photographer ®.

El rapero Black Bee. Imagen de Lhanger Photographer ®.

El rapero de ascendencia ecuatoguineana Black Bee, también conocido como productor musical por su nombre real, Víctor Bondjale, es un artista polivalente y autodidacta, capaz de tocar numerosos instrumentos y de crear diferentes tipos de música: electrónica, regueetón, rap, bandas sonoras y música para anuncios.

Él representa esa generación de españoles negros que viven y transmiten esa interculturalidad, la mezcla vivida en primera persona de la cultura africana y española.

“Mi relación con mi país y mi cultura ha sido siempre muy directa. Conozco perfectamente la lengua de mis padres (combe), la comida, las tradiciones… En casa siempre he escuchado música africana de diferentes países. También he escuchado mucha música española de los años 60 y 70, me encanta, musicalmente la veo muy buena. Cuando empecé a hacer música rap todo era bombo y caja y yo quería introducir variaciones, añadir sonidos distintos que no entraban dentro de las normas de la época. Esa forma de quererlo hacer diferente intuyo que venía del concepto de música que he heredado”.

La generación de artistas de la escena hip hop española a la que pertenece Black Bee tenían un concepto más “purista” de lo que las generaciones actuales pueden tener. Es cierto que no se puede generalizar ya que en todas las épocas hay consumidores de rap con una visión del concepto diferente a la de la mayoría, pero es evidente que todo ha ido cambiando con los años, quizás por la influencia de la música de diferentes países y como no por la evolución de los medios de difusión de esta música, antes relegada al intercambio de cintas TDK y CDs entre amigos y ahora difundida sin necesidad de sellos e intermediarios, por redes sociales y canales como Youtube.

“Lo que me gusta del rap actual es que se puede hacer cualquier cosa, puedo mezclar lo que he heredado de música africana, española, más lo que suena ahora y es válido, cosa que anteriormente no”, dice.

Esta facilidad para la difusión musical ha ayudado sin duda a que haya un consumo internacional de música. Pero en el caso España-Guinea Ecuatorial, esta difusión parece haber sido unidireccional.

“En Guinea escuchan mucho rap español, incluso artistas poco conocidos. A parte en cuanto a música americana a ellos les llegan las novedades antes que a nosotros, tienen canal satélite mientras que aquí la mayoría de población tiene TDT por lo que allí se consume rap americano por defecto sin necesidad de andar buscándolo”.

hiphopmalaboUna de las muestras del consumo de rap español en Guinea es el festival Malabo Hip Hop que siempre tiene entre los invitados reconocidos a artistas españoles.

“He estado dos veces  en Guinea por motivos de trabajo. La primera para presentar mi disco Génesis. La segunda vez fue organizado por el Centro Cultural de España en Malabo y el Instituto Francés-ICEF, fui invitado como productor y para cantar algunas colaboraciones con Meko, que presentaba su disco. En esos dos conciertos me impresionó la afluencia de público. Allí viven mucho la música y el fenómeno que se puede crear en torno a algunos artistas de rap puede ser similar al que se puede crear en España en torno a artistas de pop famosos como Bisbal o Alejandro Sanz, por ejemplo”.

En España el rap sigue siendo un estilo musical poco comercializado. Pocos espacios se dedican al disfrute y difusión de este tipo de música. Si sumamos esto a la falta de visibilización de los ciudadanos negros en nuestros medios podemos imaginar que la difusión de la música rap hecha por ecuatoguineanos en España es prácticamente nula. Hay algunos programas de radio en los que podemos encontrar rap de afrodescendientes por ejemplo La Cuarta Parte de RNE, antiguamente conocida como El Rimadero, presentada por el congoleño Frank T. Pero a parte de esta y alguna otra excepción la música de afrodescendientes y el rap en general no llegan del todo a los mass media.

13466184_1025288030858275_2204880629818000854_n“Con lo difícil que es que en España tenga cabida en la televisión algo que no es pop, rock, o algo de música electrónica… Cuando veo en la tele un rapero, me alegro, cuando veo un negro me alegro, pero si es rapero negro y además con mis raíces ya… hago una fiesta”, afirma.

Black Bee es de los pocos que ha conseguido acceder a programas de radio de gran difusión y a programas de televisión como Para Todos la Dos de RTVE presentando el tema “Ecua Nation” que hizo para apoyar a la selección de Guinea en la Copa Africana de Naciones 2012.

Si nos paramos a escuchar el rap ecuatoguineano producido en España prácticamente todas las canciones son en español, es difícil encontrar canciones en combe, fang o bubi.

“Aún no he hecho canciones en combe, la lengua de mis padres. En alguna canción digo alguna que otra palabra pero aún no he visto el momento de hacerlo, pero no lo descarto. Creo que sería innovador”; pronuncia Black Bee al respecto.

Pocos pueden imaginar cuando escuchan ciertas canciones de artistas españoles o ecuatoguineanos que están escritas o compuestas por él. Dentro de España hay numerosos músicos, productores y cantantes afrodescendientes, ¿cuántos conocemos? El mencionado pasado colonial y sus prejuicios son comunes a más países europeos. Entonces ¿por qué esa diferencia entre el consumo de música proveniente de África por parte de España y por parte de otras ex-metrópolis?

Posiblemente tenga que ver con la relación que la metrópolis ha seguido manteniendo con la excolonia. Quizás también con el porcentaje de población española afrodescendiente, menos numeroso que en otros países y más reciente. Puede que de aquí a unos años cuando la población negra aumente se empiece a normalizar que haya negros españoles y entonces empecemos a abrir a nuestras mentes la posibilidad de enriquecernos de su cultura.

La música juega un papel crucial en la interculturalidad por ello sería interesante y necesario prestar atención a la producción musical de los artistas en Guinea Ecuatorial y artistas negros españoles como como Black Bee y muchos otros de su generación. No solo por enriquecernos culturalmente sino como un ejercicio necesario de reconocimiento de los excolonizados como iguales, con las mismas capacidades de producir conocimiento, innovación y arte. Y como reconocimiento de los artistas negros españoles, que aunque no sean visibles en los mass media existen.

 

 

Bibliografía:

NEILA HERNÁNDEZ, J.L. La “descolonización de las mentes” en el África Subsahariana: identidad y conocimiento social. Instituto de Estudios Internacionales. Universidad de Chile (2009)

SOLÉS I COLL. G. Introducción a los sonidos del África Moderna Contemporánea Urbana. Aula Virtual Wiriko. Artes y culturas Africanas. (2016)

SENDÍN, J.C. La construcción imaginaria del otro africano por los medios de comunicación. Nº4 de edición impresa de la revista Pueblos. (diciembre 2002)

BONSU, SAMUEL. Colonial images in global times: consumer interpretations of Africa and Africans in advertising. Vol. 12 Consumption Markets & Culture (marzo 2009). 

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

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la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.