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Mbuyu, entre la solidaridad, la educación y el entretenimiento

Es evidente que faltan referentes diversos en la literatura, lo han dicho muchos expertos, sobre todo, del mundo de la educación, y lo han corroborado repetidamente, por ejemplo, las y los miembros de las comunidades afrodescendientes. Este vacío se hace más evidente (y más impactante, también) en la literatura infantil. Con este punto de partida ha aparecido Mbuyu y el Baobab Africano, un cuento infantil ilustrado, escrito y dibujado por Silvia Álvarez Merino, que además de sumarse a esa corta lista de la bibliodiversidad para los más pequeños, pretende establecer un nexo con la solidaridad. Tal y como lo plantean sus impulsores, Mbuyu y el Baobab Africano, es un libro, pero es también un proyecto de educación para el desarrollo y una aportación a la cooperación internacional.

La historia de Mbuyu es simple, pero se convierte en una excusa para superar múltiples barreras. Las primeras, las de género y las de raza; después algunos de los estereotipos relacionados con África, porque en su periplo por diferentes lugares de Tanzania, la pequeña protagonista transmite una idea de diversidad, que no es la más habitual y abre una puerta al interés de los más pequeños por descubrir más, por conocer más, por acercarse a otras realidades que no son las que tienen en el entorno más inmediato.

La protagonista del relato es una pequeña de raza negra que se queda prendida por la apariencia característica del baobab. Teniendo en cuenta que se trata de un árbol con una enorme carga simbólica y al que se asocian leyendas diversas, no es extraño que a la pequeña Mbuyu le permita descubrir lugares fascinantes. A través de las raíces del baobab, la niña descubre diferentes paisajes tanzanos como el espectacular Kilimanjaro, la idílicas islas de Unguja y de Mafia, el lago Natron o el Parque Nacional del Serengeti. Cocodrilos, monos, jirafas, tiburones ballena o mariposas, acompañan a la pequeña en una apuesta segura para los más pequeños, el mundo de los animales.

El escenario, en realidad todos esos escenarios tanzanos es poco importante, podría haberse situado en cualquier otro país o en muchos de ellos al mismo tiempo, o podría haber utilizado otro hilo conductor. El merito de Mbuyu y el Baobab Africano es, en realidad, su carácter relativamente excepcional, o al menos, poco habitual, y sumar un título más a esa corta lista de cuentos infantiles de la diversidad cultural.

La responsable de la narración, Silvia Álvarez Merino, es la autora también de las ilustraciones que dan vida a la historia. El estilo de acuarela de estas ilustraciones, seguramente, es lo que más refuerza un aspecto delicado de toda la dimensión visual de Mbuyu y el Baobab Africano. Animales y paisajes espectaculares, una niña curiosa y con un punto travieso y un mundo por descubrir a través de imágenes coloridas pero, al mismo tiempo, suaves, sin duda, son ingredientes clave para las niñas y niños a los que va dirigido el proyecto. La sensación de serenidad que transmite el libro y la diversidad que refleja son, a la vez, atractivos para los padres, madres o educadores.

Mbuyu y el Baobab Africano es un álbum ilustrado trilingüe, español, inglés y kiswahili, cuya publicación ha impulsado la asociación Mbuyu, con objetivos múltiples. Desde la edición del libro, la organización ha impulsado diversas actividades relacionadas con los cuentos y esa diversidad, con la voluntad de mostrar imágenes relacionadas con África, diferentes a las más habituales. Al mismo tiempo, un grupo de ONG y asociaciones han apoyado la publicación de este cuento ilustrado y colaboran con la asociación Mbuyu. La compra de los cuentos permite hacer aportaciones a estas ONG y la propia asociación Mbuyu prentende continuar con su actividad a través de proyectos de difusión cultural.

Por una literatura infantil un poco más diversa

La editorial PotoPoto ha hecho una aportación necesaria a la literatura infantil en español. Evidentemente no es la única, pero esta recién nacida editorial ha aumentado la diversidad de los libros para los más pequeños. El viaje de Ilombe, la gran apuesta de PotoPoto, se ha sumado a un selecto grupo de álbumes ilustrados para niños basados en historias de origen africano. El mérito añadido de este recién llegado al panorama literario es que se ha financiado gracias a una campaña de micromecenazgo, es decir, que ha sido posible gracias al interés que despertó en los lectores, incluso antes de publicarse. La interpretación más sencilla de este recorrido es que El viaje de Ilombe era necesario y que ha abierto una puerta, porque esa necesidad de bibliodiversidad no se agota con la llega de esta historia.

Detrás de este proyecto están Alejandra S. Ntutumu, responsable del relato, y Lydia Mba, autora de las ilustraciones. Ambas, afrodescendientes orgullosas y comprometidas, se han embarcado en la aventura como parte de su deseo irrefrenable por cambiar el panorama literario español. El principal lema de la campaña de micromecenazgo era #YoMeEnsucio y PotoPoto es el nombre que en Guinea Ecuatorial recibe el fango más habitual. Estos indicios dan un idea de la voluntad de las impulsoras del proyecto. Ntutumu asegura en el propio libro: “Desde pequeña, mi sueño siempre ha sido poder crear un mundo de fantasía inspirado en los cuentos africanos que mi madre me contaba cuando era niña, para que los peques tengan referentes más diversos”. Lydia Mba, por su parte, es aún más gráfica cuando asegura: “Quiero que llegue el día en el que pueda encontrar en las librerías y las bibliotecas la misma diversidad que veo en la salida de un colegio”.

El viaje de Ilombre, en realidad, no es un cuento, sino una recopilación de diversas historias originarias de la Guinea Ecuatorial que había marcado el bagaje cultural de la madre de Alejandra S Ntutumu. El hilo conductor es la sencilla historia de Ilombe que se desplaza por el bosque intentando seguir la pista de su madre. En su recorrido la niña se encontrará con diversas situaciones en las que se le desvelarán, al menos, tres cuentos de la tradición del país de África central. El último, el del país de los ogros, es el que más ha mantenido la apariencia de los relatos tradicionales, si bien todos ellos, guardan el carácter ejemplarizante de los relatos que se cuentan a la caída del sol.

Más allá de la historia el relato de El viaje de Ilombe se completa con las ilustraciones de Lydia Mba. Un trabajo delicioso y realmente evocador. Los dibujos de Mba reconstruyen el ambiente mágico del recorrido de Ilombe en busca de su madre, en ese entorno al que le da entrada una misteriosa anciana que es su primera guía.

Literatura infantil africana musicada con Nanas del Baobab

“En el universo de la comunicación oral por excelencia, el canto tradicional siempre es algo vivo que permanece íntimamente a lo cotidiano, al medio, a las relaciones humanas y sociales”.

Con esta advertencia, la editorial Kókinos abre una perla entre su colección de libros con música: Canciones infantiles y nanas del Baobab.

Se trata de una pieza única, traducida de la primera edición en francés (Comptínes et berceuses du baobab, de Éditions Didier), con 30 canciones infantiles procedentes del África occidental y central grabadas con mucho respeto y presentadas con mimo y buen gusto.

Según sus editores, con el libro y el CD se pretende: “resonar infinitamente en el oído del bebé para, si llora, calmarle, o para ayudarle a pasar al mundo de los sueños“.

Recopilado por Chantal Grozléziat, ilustrada de forma brillante por Élodie Nouhen y dirigido musicalmente por Paul Mindy, este libro musicado recorre canciones infantiles cantadas en lingala, bambara, bamena, peul, mina, wolof, susu, soninke, sängö, kikongo y kinyarwanda, para sumergirnos en la sabiduría popular que se transmite de generación a generación y de forma oral, y mecernos en historias que exploran “los cantos nostálgicos asociados al abandono y a la soledad, los ritmos extraídos de las danzas y de los juegos cantados, la dulzura y riqueza melódica de las canciones de cuna…

Representando 11 lenguas originarias de África Central y Occidental y vivificadas con preciosas ilustraciones, diferentes rimas y canciones de cuna nos mecen en un viaje por 10 países africanos como Ruanda, Camerún, Costa de Marfil o Senegal. En el CD, las canciones son cantadas en el idioma original y se traducen al castellano, explicando su origen y el contexto cultural del que surge cada pieza. 29 canciones grabada con instrumentos indígenas y cantadas por mujeres, hombres y niños, capturan el ritmo de las rimas infantiles y la poesía de cada lengua. Una joya del patrimonio inmaterial y la tradición de algunas de las muchísimas e inabarcables culturas africanas que están representadas en este libro musicado que todo hogar con niñas y niños debería tener en sus cabeceras de noche.

Érase una vez… Buhle Ngaba y otras princesas negras

Ante la falta de mujeres africanas en los personajes literarios, la escritora sudafricana publica ‘The Girl Without a Sound’, un cuento para ofrecer a las niñas referentes propios y cercanos

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Parece que el reinado de la princesa blanca, rubia y de ojos azules tiene fecha de caducidad. Al menos, en el mundo de los cuentos infantiles. Al menos, a medida que cada vez más mujeres negras conquistan una voz con la que contar sus historias. Ese es motor de la creatividad de la sudafricana Buhle Ngaba y el sentido de su primer libro The Girl Without a Sound. Es cierto que no es la primera, ni la única, que rompe con los estereotipos de la industria editorial, que intenta diversificar los caracteres de los personajes, pero la historia de Ngaba merece ser contada.

La joven sudafricana de 25 años de edad, se define como actriz, activista y escritora y de esas tres almas surge la necesidad de crear a una heroína negra. Un cuento ilustrado que tiene como protagonista una niña africana puede parecer una anécdota, pero en realidad, es la necesidad de crear personajes diversos lo que llama especialmente la atención y, sobre todo, las motivaciones de su autora. Nace de la experiencia propia. The Girl Without a Sound cuenta la historia de una niña negra sin voz. Un capullo dorado está creciendo en su garganta y le impide pronunciar una sola palabra. Una noche una mujer “con rayos de sol en su piel y alas rojas aparece al pie de su cama”. A partir de ese momento, la misteriosa recién llegada ayudará a la niña a buscar su voz a través de historias, de libros y de palabras.

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

“Estaba completamente desilusionada”, explica Buhle Ngaba, “por la falta de representación de las mujeres de color en los personajes literarios, en los que aparecen en las pantallas y en los escenarios. Llegué a la conclusión de que tenía que aprender a escribir cuentos porque nadie más podría escribirlos por mí. Así que, al escribir esta historia, está claro que estaba escribiendo para remediar el dolor de ser una mujer de color en la sociedad actual, una sociedad que nos borraría de la realidad al no escribir sobre nosotros”.

La autora confiesa que escribió la historia “como un capricho” o más bien como una necesidad propia y con una curiosa motivación. “No tenía dinero para comprarle un regalo a mi tía para su cumpleaños así que escribí un cuento”, dice divertida la actriz y escritora sudafricana. Precisamente, la historia está, en parte basada en la relación de Ngaba y su tía. Sin embargo, después de este impulso inicial, las cosas dieron un giro insospechado. La respuesta que la joven recibió cuando explicó en las redes sociales el relato que había escrito, le empujó a desarrollar un poco más el proyecto. “Las reacciones que compartieron conmigo a través del hashtag #BooksForBlackGirls me confirmó mis sospechas. Hacía tiempo que sabía que había necesidad de un libro como este. Si entras en una librería sudafricana para comprar algo para niños, te das cuenta de que no hay libros con pequeños protagonistas negros. Me pregunto, ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos se vean a sí mismos y crean en su propia magia si no están representados en los cuentos que leen?”, se lamenta Ngaba.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

El valor de la bibliodiversidad

A finales de los años 90, el colectivo de Editores Independientes de Chile acuñó la palabra bibliodiversidad para referirse a la diversidad cultural aplicada al mundo del libro. El término juega con el concepto de biodiversidad y alude a la necesaria pluralidad de las producciones editoriales puestas a disposición de los lectores. Como explica la Alianza Internacional de Editores Independientes, la actual sobreproducción y la concentración financiera en el mundo de la edición favorecen la dominación de algunos grupos editoriales, cuyos accionistas tienden a sugerir contenidos y defender sus intereses, y la búsqueda de la más alta rentabilidad, que limita las inversiones para publicar géneros e historias que no siguen la moda lectora. Hoy se celebra el Día Internacional de la Bibliodiversidad.

Imagen de la serie de la Princesa Arabella de Mylo Freeman. Fuente: Facebook del personaje www.facebook.com/PrincessArabellaVIP/

Imagen de la serie de la Princesa Arabella de Mylo Freeman. Fuente: Facebook del personaje www.facebook.com/PrincessArabellaVIP/

El resultado de esta sobreproducción uniforme puede hacernos perder de vista el valor de la literatura en la sociedad. Los textos literarios tienen varias funciones sociales, a menudo entremezcladas en un único escrito: la función cognoscitiva, ligada al conocimiento; la lúdica, en la que la lectura está asociada al juego y al placer exploratorio; la función pedagógica, que tiene una intención explícita de orientar, mejorar o cambiar la vida de los lectores individuales y las costumbres de una comunidad; o la autogratificadora, que devuelve a los lectores una imagen gratificante de sí mismos en la que la literatura sirve como espejo. Si los protagonistas literarios no proceden de ámbitos diversos (raza, sexo, condición social, orientación sexual, habilidades…) y las historias se repiten una y otra vez, es decir, si la producción editorial no es bibliodiversa, estas funciones sociales de la literatura resultan mermadas y nuestra visión del mundo se reduce.

Bibliodiversidad en edades tempranas

El fomento de la lectura diversa en edades tempranas es una apuesta social necesaria para la formación de una ciudadanía informada, responsable y solidaria que solo puede llevarse a cabo si existen apuestas editoriales bibliodiversas. Este es uno de los objetivos de la iniciativa We Need Diverse Books, una organización de amantes de la literatura infantil que fomenta la inclusión de protagonistas diversos en los libros para conseguir que todos los niños y niñas puedan verse reflejados en las historias que leen: LGBTI, personas no blancas, mujeres con roles principales, personas con discapacidades o minorías étnicas, culturales y religiosas.

La organización ha puesto en marcha un programa de mentores para apoyar el trabajo de jóvenes autores e ilustradores que promueven estos principios de diversidad en sus obras. Además, las formaciones se completan con clases magistrales, como la organizada el pasado mes de mayo en Washington, en las que se abordan la escritura para niños, el papel de los agentes literarios o la creación de una carrera en la industria editorial.

El periódico The Guardian también ha destacado la importancia de ofrecer a los jóvenes lectores experiencias diversas. En colaboración con el Centro Nacional de Libros para Niños del Reino Unido, publicó una selección de los 50 mejores libros infantiles publicados desde 1950 que son una buena muestra de la diversidad cultural y étnica.

Bibliodiversidad negra

Poco a poco, los protagonistas negros y las culturas africanas van ocupando el espacio que la industria editorial occidental les ha negado durante mucho tiempo.

Ya hemos tratado el proyecto de la Unesco Mujeres en la historia de África, que ha convertido a las mujeres en heroínas de la aventura de la lucha por el desarrollo de África, con un objetivo claramente pedagógico.

Otro ejemplo lo aporta Mylo Freeman, escritora e ilustradora negra neerlandesa, que tuvo la idea de crear a su Princesa Arabella tras escuchar la historia de una niña negra a la que le habían propuesto el papel de princesa en una obra de teatro de su colegio y que rechazó porque no creía que una princesa pudiese ser negra.

La Princesa Arabella ya ha protagonizado diez libros, ha ganado premios y ha sido traducida a varias lenguas (aunque todavía no está disponible en español). También ha tenido que enfrentarse a la presión social por su pelo afro: comenta la autora en una entrevista en el periódico The Guardian que la venta de los derechos para la publicación en Estados Unidos resultó complicada porque a los editores les preocupaba que el cabello «despeinado» pudiese ofender a sus lectores.

Imagen de "Pelo malo no existe", de Sulma Arzu-Brown. Fuente: web del proyecto: www.nopelomalo.com/

Imagen de “Pelo malo no existe”, de Sulma Arzu-Brown. Fuente: web del proyecto: www.nopelomalo.com/

Esta cuestión del pelo afro ha sido abordada con éxito por Sulma Arzu-Brown que, cansada de escuchar la expresión «pelo malo» para referirse al pelo afro, escribió Bad hair does not exist – Pelo malo no existe para ayudar a las niñas a sentirse bien con su cabello. La historia ha sido ilustrada por Isidra Sabio y está disponible en español e inglés.

Desde Ghana también se consolida Golden Baobab, un proyecto que quiere inspirar la imaginación de los niños africanos a través de cuentos africanos y que apoya a través del premio Golden Baobab Prize. El African Bureau Stories es la organización hermana de Golden Baobab que se ocupa de la publicación y difusión de las historias ganadoras de los premios que convoca Golden Baobab.

Bibliodiversidad afrohispana

Las iniciativas para fomentar la presencia de historias africanas en lengua española en edades tempranas también se abren camino en España. El proyecto Potopoto cuenta en su web con una selección de libros y cuentos infantiles publicados en español que tienen como denominador común la diversidad racial y en los que los niños afros son los protagonistas.

También la ilustración tiene representantes afrodescendientes en el mundo hispano. No hay que perder de vista a Lydia Mba, cuyo trabajo «alegre, colorido y con un aire algo mágico» —como ella misma lo define— aparece como el compañero perfecto de historias infantiles. De hecho, se ha anunciado la colaboración de la ilustradora con el proyecto Potopoto.

Ilustración de Lydia Mba. Fuente: web de la ilustradora www.lydiamba.com/

Ilustración de Lydia Mba. Fuente: web de la ilustradora www.lydiamba.com/

Aunque quede muy alejada de la literatura infantil, debe mencionarse la obra de Ramón Esono Ebalé, alias Jamón y Queso, artista ecuatoguineano afincado hoy en Paraguay. Activista por la democracia de Guinea Ecuatorial y siempre crítico con el gobierno de Obiang, en octubre de 2014 presentó en la Universidad de Alicante el cómic La pesadilla de Obi. La obra de este artista de reconocimiento internacional —ha ganado varios premios y su trabajo se ha expuesto en galerías de todo el mundo— sigue pasando inexplicablemente desapercibida en España. Con su mirada ácida, sus trabajos también contribuyen a la bibliodiversidad y cubren otras funciones sociales de la creación artístico-literaria: la crítica y la ridiculización como herramientas para enfrentarse a los poderes establecidos.

Historia africana para niños (no sólo) africanos

Kidi Bébey en una imagen promocional. Fuente: web de la autora

Kidi Bébey en una imagen promocional. Fuente: web de la autora

La cantante sudafricana Miriam Makeba, el poeta antillano Aimé Césaire, el padre de la independencia de Mali Modibo Keita, o el ideólogo de la descolonización y el África unida Kwame Nkrumah, son algunos de los personajes por los que Kidi Bébey ha pasado su pluma antes de poder presentarlos a los niños. En los últimos años, Bébey, una licenciada en Letras nacida en Francia de padres cameruneses, se ha centrado en la literatura infantil y ha encontrado un aliado ideal en la editorial malí, Cauri Livres. Juntos han publicado los últimos libros de la casa de edición que tratan de mostrar la vida de personajes africanos destacados a los más pequeños.

No es una apuesta fácil, por un lado, literatura infantil y, por otro, historia, pero ambos, tanto la autora como la editorial, están decididos a que los jóvenes africanos tengan sus propios héroes, sus propios referentes y, al mismo tiempo, a que las acciones de importantes personalidades del continente no se olviden. “Creo que no hay suficientes libros, más allá de los libros escolares”, explica la escritora, “que evoquen la historia africana y sus grandes figuras. Es una pena que la historia se perciba normalmente, sólo como una materia escolar, ¡porque la historia en realidad es la vida! Ocurrió ayer, pero se está escribiendo hoy”. Según Kidi Bébey, la colección Lucy, en la que se publican estos libros “no pretende dar lecciones para memorizar”, lo que intenta es “poner a la ‘altura de los niños’ las vidas de algunas personalidades”.

Volumen sobre la cantante Miriam Makeba

Volumen sobre la cantante Miriam Makeba

Bébey reconoce que los libros con lo que intenta acercar la historia a los niños son, en realidad, una interpretación de las vidas de esos personajes sobresalientes. “Los niños son un público excepcional para todo lo que tenga que ver con lo maravilloso y nuestra voluntad es provocarles algo, inspirarles… pero a pesar de eso, todo lo que contamos es verdad”. Algunas de esas biografías pueden resultar controvertidas, es en ese sentido, en el que los personajes son interpretados por Bébey: “La trayectoria de un individuo incluye, necesariamente, pasajes de sombras, momentos menos gloriosos que otros. Nosotros nos centramos en la dimensión ejemplar de esas personas. Explicamos la biografía de las personalidades de la historia de África insistiendo en lo que hace de ellas, a su manera, héroes en su ámbito”.

Verdaderamente, los objetivos son más ambiciosos de lo que la autora transmite. “Espero que los libros sean útiles tanto para los niños africanos, como para los de otros lugares. Porque también es importante que, en el resto del mundo, los niños occidentales, los europeos, por ejemplo, sepan que en África también hay héroes y que son comparables a los héroes de cualquier otro espacio cultural”. La preocupación de Bébey tiene mucho, seguramente, de experiencia personal,  ya que sus padres son cameruneses, pero ella ha nacido y se ha criado en Francia. Probablemente, por eso, en sus trabajos, los que no tienen que ver con la historia, ha plasmado la interculturalidad de una manera natural, la de personajes blancos y negros que conviven y comparten sus vidas sin preguntarse por el color de la piel.

La escritora franco-camerunesa tiene una confianza plena en la literatura como motor de desarrollo. En primer lugar, de desarrollo personal: “Leer supone, evidentemente, informarse, aprender, imaginar, reír, llorar, soñar, en resumen alimentarse…, y también, a fin de cuentas, compartir. Por eso, los libros aportan elementos esenciales en el desarrollo de un individuo”. Pero también, considera que la literatura tiene mucho que aportar al desarrollo colectivo: “Al final, los libros son un factor de apertura formidable y, por eso mismo, evidentemente, un instrumento poderoso de desarrollo”.

Biografía para niños de Aimé Césaire

Biografía para niños de Aimé Césaire

Está clara la orientación de los libros que Kidi Bébey ha escrito e Isabelle Calin ha ilustrado para este ambicioso proyecto que desde África Occidental pretende proyectarse al mundo. Sin embargo, el sentido, el prisma desde el que la autora interpreta a los personajes e, incluso, la intencionalidad a la hora de escogerlos es especialmente ilustrativo en la explicación del último proyecto de la colección. “Estamos trabajando en un libro dedicado a Njoya, un gran soberano camerunés, el rey del pueblo bamoun”, explica Bébey. El motivo de la elección da algunas pistas más, porque recuerda a la figura de un hombre del Renacimiento: “Entre el S.XIX y el XX se dedicó a explorar infinidad de vías de conocimiento y de experimentación. Es conocido por haber inventado un sistema de escritura y, al mismo tiempo, por haber evitado a su pueblo una confrontación fatal con los colonos alemanes”.

Y terminando de hablar de la figura de Njoya, Kidi Bébey acaba por poner al descubierto todas las esperanzas que pone en sus trabajos: “Es uno de esos personajes que, necesariamente, generan admiración y que merece ser conocido más allá de las fronteras camerunesas. Afortunadamente nuestros libros no están ‘prohibidos’ a los adultos y estoy segura de que algunos de ellos podrían hacer interesantes descubrimientos en ellos”.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro, el 7 de diciembre de 2014

Una fiesta para la literatura infantil

Logo del premio. Fuente: web oficial.

Logo del premio. Fuente: web oficial.

Sólo tiene 12 años y ya ha ganado un importante premio de la literatura africana y, sin duda, uno de los más prestigiosos de la literatura infantil. Kanengo Rebecca Diallo es de Tanzania y le acaban de conceder el “Golden Baobab Prize for Rising Writers”, la modalidad del Golden Baobab Prize destinada a escritores de menos de 18 años, por su historia Pieces of Africa. La joven escritora (la escritora niña, más bien) representa a la perfección el espíritu del Golden Baobab Price, la voluntad de demostrar la existencia de autores emergentes de literatura infantil. Por ello, el Golden Baobab Prize también concede otras dos categorías, la de libro ilustrado y la de primeros capítulos, que han ido a parar en esta quinta edición a las sudafricanas Liza Esterhuyse, por The Little Hippo, y Karen Hurt, por What’s Going on at 179 Jabulani Street?, respectivamente.

Kanengo Rebecca Diallo. Fuente: web oficial del premio

Kanengo Rebecca Diallo. Fuente: Web oficial del premio.

La ganadora del premio destinado a menores de 18 años sorprende en sus declaraciones por su madurez, por su ingenio y por la demostración de la relatividad del tiempo. Asegura que hace mucho tiempo que se dio cuenta de que lo que quería hacer era escribir, concretamente tres años, aunque confiesa que escribe historias desde que tenía siete años. En realidad, según sus explicaciones, sus compañeros de clase (de la escuela) han tenido una gran importancia en su dedicación a la escritura, por un lado, porque fueron ellos los que le animaron cuando escucharon en el aula sus primeras historias y, por otro, porque fueron sus compañeros los que le empujaron a presentar una de esas aplaudidas narraciones al Golden Baobab Prize. Su visión de la literatura es tan pura y tan inocente que es una auténtica lección. Cuando le preguntan por qué escribe, su respuesta es sencilla: “Escribo para inspirar a otras personas y para crear mis propios personajes y darles vida”.

La proyección de Kanengo Rebecca Diallo es prometedora. Asegura que su Pieces of Africa es sólo una primera entrega y que la serie completa debería estar compuesta por cinco libros. Asegura que ese es su proyecto, completar la serie, para poder empezar con otras, que al parecer ya tiene en mente.

Pieces of Africa presenta las aventuras de cuatro niños de diferentes lugares de África que han sido elegidos para resolver el rompecabezas que debe salvar el mundo. Los pequeños tienen que encontrar las piezas repartidas por todo el continente. No han sido los primeros encargados de esta labor, sin embargo, sus predecesores siempre han fracasado, ellos tienen el reto de completar su labor en un tiempo récord para evitar la destrucción de todo el planeta.

Liza Esterhuyse. Fuente: Web oficial del premio.

Liza Esterhuyse. Fuente: Web oficial del premio.

La ganadora del premio al libro ilustrado (la categoría de historias orientadas a niños de entre 6 y 8 años), la sudafricana Liza Esterhuyse es una terapeuta ocupacional que destina su tiempo a la educación especial. Asegura, en sus declaraciones a los organizadores del premio, que es una apasionada de la literatura desde que era niña, “desde antes incluso de aprender a leer”. Su sueño es que “la literatura infantil africana crezca y se fortalezca lo suficiente como para superar todos los obstáculos que se le presentan”. Es así como Esterhuyse cree que esta literatura podrá “llegar a todos” y que todos los niños podrán disfrutar de ella.

The Little Hippo cuenta la historia de una extraña migración, la de un hipopótamo que se ve empujado por una sequía a desplazarse siguiendo el ejemplo de otros animales de la sabana. Evidentemente para el pequeño hipopótamo el viaje puede llegar a ser un calvario, pero durante su trayecto se irá encontrando con amigos que le harán más llevadero este arriesgado viaje.

Karen Hurt. Fuente: Web oficial del premio.

Karen Hurt. Fuente: Web oficial del premio.

Por último, Karen Hurt, la ganadora de la categoría de historias destinadas a niños de entre 9 y 11 años, también se confiesa ávida lectora por herencia familiar. Asegura, a los organizadores del premio, que construye historias desde que aprendió a escribir y que una de sus primeras experiencias fue ser la encargada del diario de viaje familiar en cada uno de los traslados que hacían. Hurt señala que la literatura infantil africana necesita ofrecer diversidad de géneros y una contextualización en entornos que puedan ser reconocibles y atractivos para los niños del continente y se lamenta considerando que esa labor lleva retraso, mientras que los niños del resto del mundo ya han podido disfrutar de esa experiencia.

What’s Going on at 179 Jabulani Street? es una historia recurrente en la literatura juvenil aunque con ingredientes muy africanos. Se trata de las aventuras de un adolescente que inicia una arriesgada investigación a partir de un elemento al que se había opuesto firmemente. En su recorrido, evidentemente, se encuentra con una compañera de viaje y sus ires y venires se mezclan la caza furtiva, los ancianos artesanos y, también evidentemente, el perro fiel que acompañará a los adolescentes.

El Golden Baobab Prize  es una iniciativa de la organización ghanesa The Golden Baobab Foundation for Education que recibe para ello el apoyo de otras entidades. La voluntad de este certamen es animar la producción de literatura infantil y juvenil y abrir la puerta a nuevos talentos, por eso, uno de los requisitos es que las obras presentadas sean inéditas y escritas por ciudadanos africanos. En esta quinta edición, los organizadores del premio han recibido 180 originales procedentes de trece estados africanos, aunque, evidentemente, con mayoría de los países anglófonos, ya que es en este idioma en el que se presentan las obras concursantes.

Además de los premios para los ganadores (una dotación económica y la posibilidad de la publicación de las obras), el premio tiene una función de escaparate. El proceso de selección de las obras galardonadas, permite que muchos otros participantes consigan visibilidad, a través de la propia organización del premio y del resto de medios internacionales y páginas web que se van haciendo eco del evento. De hecho durante esta edición, la organización publicó el 30 de agosto una primera lista de las 25 obras preseleccionadas y el 1 de noviembre una lista de los ocho finalistas correspondientes a las tres categorías. Estas listas, además de ir manteniendo la tensión en torno al fallo del jurado, son una plataforma para algunos de los participantes y, sin duda, una buena muestra de la salud de la que goza la producción de literatura infantil y juvenil en África (aunque no sea necesariamente el mismo diagnóstico que el de la industria editorial).

Éditions Bakame, la madriguera de la literatura infantil ruandesa comprometida

Logotipo de la editoral rwandesa

Logotipo de la editoral rwandesa

El trofeo entregado en Bolonia que acredita a Bakame como la mejor editorial infantil de África. Imagen cedida por la editorial.

El trofeo entregado en Bolonia que acredita a Bakame como la mejor editorial infantil de África. Imagen cedida por la editorial.

Una editorial que publica obras para niños, literatura infantil y libros escolares, que lo hace a un precio asequible, en una lengua nacional africana, poniendo por delante la calidad y el uso pedagógico de la tradición parece simplemente un proyecto suicida. Abocado al fracaso. Sin embargo, Éditions Bakame tiene ya dieciocho años de vida y no sólo eso sino que además afronta un futuro prometedor y sólo hace unos meses recibió el premio a la mejor editorial de libros infantiles en África en la Feria de Bolonia.

Agnes Gyr-Ukunda, la responsable de esta editorial rwandesa considera que el secreto de la supervivencia de esta iniciativa es simplemente “amar lo que se hace, rodearse de personas competentes y creer en un futuro mejor”. Esta filosofía se transmite en la propia dinámica de trabajo del proyecto cuyos objetivos se despliegan en tres direcciones, según las explicaciones Gyr-Ukunda. Por un lado, “crear y producir una literatura de calidad basada en la cultura rwandesa para niños y jóvenes en lengua nacional kinyarwanda”. Por otro lado, la editorial trata de “promover el hábito de la lectura en un país en el que la cultura oral tradicional está todavía muy viva y en el que la escritura es reciente”. Y, por último, ¿qué sentido tendría publicar libros a los que nadie puede acceder? Por ello, la responsable de la editorial señala que uno de sus objetivos es “producir libros a precios accesibles”.

Lo más interesante de este posicionamiento clarísimo es que no es un brindis al sol. El catálogo de Éditions Bakame está lleno de volúmenes apoyados completamente en cuentos tradicionales y rezuma por los cuatro costados una voluntad de valorizar la cultura eminentemente rwandesa, sin complejos, pero sin prejuicios, sin necesidad de imitar nada, con la certeza de que lo propio ya es suficientemente bueno. “La cultura encierra saberes ancestrales y es una referencia para cualquiera que quiera conocer su identidad como individuo que pertenece a un pueblo concreto. Hacer literatura juvenil en lengua nacional basada en la cultura es dar a los jóvenes la oportunidad de conocer la tradición, que es una de las bases reales y sólidas de su propia identidad”, según explica Agnes Gyr-Ukunda.

Cubierta de una de las publicaciones de la editorial Indyo yuzuye iduha ubuzima bwiza

Cubierta de una de las publicaciones de la editorial Indyo yuzuye iduha ubuzima bwiza

Agnes Gyr-Ukunda, responsable de Éditions Bakame. Foto cedida por la editorial

Agnes Gyr-Ukunda, responsable de Éditions Bakame. Foto cedida por la editorial

La visión que desde la editorial tienen del valor de la cultura en el desarrollo personal y colectivo puede parecer inocente, pero en realidad es tremendamente atractiva y motivadora. Gyr-Ukunda asegura que “promover el hábito de lectura entre los jóvenes supone despertarles el gusto por leer, el acceso a los libros y a informaciones diversas” y se muestra convencida de que “saber leer supone combatir la ignorancia y una abertura a la modernidad”. Y desde esa perspectiva esta incansable editora rwandesa da una importancia especial a “aprender a leer y escribir en la lengua materna, porque estar alfabetizado en la lengua propia da la oportunidad de aprender rápido y mejor, facilitando después el aprendizaje de otras lenguas y ofreciendo las competencias necesarias para la vida profesional”.

No cabe duda de que el mérito de Éditions Bakame es grande, tanto por su supervivencia como por sus orígenes, porque no se puede obviar que en 1995 abrieron una puerta que parecía que no existía, la de los libros infantiles en lengua kinyarwanda. Parecía que el combate no iba a ser fácil, porque la tradición de literatura escrita en el país es débil y reciente, pero los impulsores del proyecto no se amilanaron. Y Gyr-Ukunda tiene claro por qué su objetivo tenían que ser los niños: “Crear una editorial para jóvenes era para mí una prioridad, para darles la oportunidad de crecer con un libro y de utilizarlo para salir de la ignorancia que es la fuente todo subdesarrollo intelectual. La literatura da placer, permite evadirse, viajar sin desplazarse, relajarse. Yo quería ofrecer este placer a los niños”. Porque más allá de la lectura como placer, la sensibilidad que muestra la editorial en la elección de los temas, de temas comprometidos, pone de manifiesto la voluntad educativa y constructiva. “La lectura como placer permite también  los jóvenes lectores familiarizarse con los medios de comunicación y hacer valer su propia voz en las discusiones”, afirma la responsable de Éditions Bakame.

La editorial se enfrenta a un mercado complicado, en el que la publicación resulta cara por el precio de la importación del papel, en el que hay pocos especialistas en la industria editorial, en el que el público tiene poco poder adquisitivo y en el que el libro continúa percibiéndose como un objeto de lujo. A pesar de estas adversidades, los impulsores de este proyecto se aferran, seguramente, a la convicción de que “escribir en la lengua nacional supone vehicular la cultura, apoyar esta lengua y hacer revivir los cuentos y relatos tradicionales”, según la responsable de la editorial.

En todo caso y a pesar de los inconvenientes, preguntar a Gyr-Ukunda por el futuro resulta esperanzador: “El futuro será lo que construyamos hoy. Si utilizamos adecuadamente todas las posibilidades y las oportunidades que se nos presentan hoy, el futuro es viable”.

La dimensión infantil de Véronique Tadjo. Entre buen gusto y militancia.

Una de las ilustraciones de Mamy Wata et le mostre. Todas las imágenes proceden de la página oficial de la autora.

Una de las ilustraciones de Mamy Wata et le mostre. Todas las imágenes proceden de la página oficial de la autora.

¿Con que absoluta poca vergüenza podemos atrevernos a decir que la literatura infantil africana es pobre? Ya nos hemos encontrado en esta encrucijada en otras ocasiones y el problema es que obliga hacer tantos matices que al final lo más sencillo es optar por la fórmula más simple. Mejor dicho, por una de las fórmulas más simples. La literatura infantil africana goza de una salud y un dinamismo envidiables, además de que supone un pozo al que resulta francamente difícil verle el fondo. Esa también es una fórmula simple, pero mucho más realista que la habitual. Ahora, vamos a utilizar los matices al contrario: la literatura infantil africana impresa es todavía un género poco habitual o, al menos, poco conocido en Occidente, si lo comparamos con la narración para adultos. Ahora, con este simple ejercicio le hemos dado la vuelta a la fórmula más utilizada.

Véronique Tadjo

Véronique Tadjo

Toda esta disertación venía a cuento, precisamente para hablar de una autora que se ha volcado en la literatura infantil con una serie de características muy particulares. Se trata de la fracomarfileña Véronique Tadjo, una reputada, reconocida y galardonada novelista que en los últimos años se ha decantado por escribir libros para niños, en los que además, ella misma ejerce de ilustradora.

Tadjo se construyó un nombre en el ámbito de la novela africana francófona y se hizo acreedora de algunos de los premios más importantes, como el Grande Prix d’Afrique Noire en 2005. Con el tiempo se fue convirtiendo en una voz imprescindible en este entorno. Sin embargo, no es su producción novelística lo que interesa en este artículo, quizá en otra entrada, no porque no resulte interesante, sino porque otra de sus dimensiones literarias llama poderosamente la atención. En paralelo, Tadjo cultivó también la poesía y la pintura. Pero una de las dimensiones más llamativas de su producción es que es autora de una serie de libros infantiles con un sabor muy especial.

La escritora es hija de padre marfileño y madre francesa y, a pesar de haber nacido en París, se crío en Costa de Marfil. Su historia es la de un continuo viaje de ida y vuelta, ya que regresó a Francia para completar sus estudios, pero después volvió a Costa de Marfil para dedicarse a la enseñanza. A partir de ahí, ha vivido en diversos países y en la actualidad reside en Johannesburgo. Estas informaciones al estilo “wikipédico” pueden parecer superfluas, pero no lo son, ya que es habitual en el caso de los escritores africanos la acusación de haber abrazado la cultura occidental, dejando de lado la cultura propia. En el caso de Tadjo, el concepto de cultura propia sería demasiado complejo para una entrada de este estilo, pero de todos modos sus obras muestran un apego incondicional por su cultura africana.


Ocurre en algunas de sus novelas, pero se hace más evidente todavía en las obras infantiles. Tadjo se aferra a las historias de la tradición marfileña, pero también de otros lugares de África, o incluso a algunas panafricanas como la de Mamy Wata. Las leyendas, los mitos, el material narrativo de la tradición oral destaca en sus trabajos desde Masque, raconte-moi, hasta Le Seigneur de la danse o Le Grain de Maïs Magique y por supuesto en la edición inglesa de Chasing the Sun que recoge la tradición de la narración oral del continente basándose en relatos que van desde Chinua Acheve hasta Naguib Mahfouz.

Cubierta de Marque, raconte-moi...

Cubierta de Masque, raconte-moi…

Desde el punto de vista estético, las ilustraciones que Véronique Tadjo crea para estos relatos no dejan demasiado espacio no para la duda ni para la disputa. El sabor eminentemente de las obras queda fuera de toda duda. En todo caso, de alguna manera, conservando ese espíritu , las ilustraciones expresan una modernidad que se corresponde tremendamente con el sentido de una tradición cambiante y adaptable a la contemporaneidad. El caso más evidente es el de Grand-mère Nanan en el que utiliza fotos coloreadas.

Cubierta de Chasing the Sun

Cubierta de Chasing the Sun

Seguramente esta visión encaja con la concepción que Tadjo tiene de la tradición y más concretamente de los relatos tradiciones, las leyendas y los mitos, cuando hablando de su novela Reine Pokou advierte sobre el riesgo de la manipulación de estas narraciones y asegura que “la leyenda no está hecha para ser congelada”.

Respecto a su decisión de cultivar la literatura infantil, un género seguramente menos lucrativo que la novela, la escritora marfileña explicaba en una entrevista realizada en 2005 que, por un lado, concebía la literatura africana como “un todo”, sin la distinción de géneros que impone occidente. Por otro lado, señalaba: “El error que hemos cometido hasta ahora ha sido olvidarnos de los que podrían convertirse en nuestros futuros lectores”. Y con una perspectiva envidiablemente autocrítica asegura que la pregunta adecuada no es por qué “los africanos no leen”, sino “por qué, a parte de la cuestión del analfabetismo, evidentemente, aquellos que podrían leer, no lo hacen”. Y, además de abaratar el coste de los libros, Tadjo tiene clara la solución: “No hemos desarrollado en nosotros el deseo de lectura. Para conseguirlo hay que empezar desde muy pronto. Los niños tienen que acostumbrarse a manipular los libros, a descubrirlos, a amarlos. Lo demás, vendrá solo”. Y lo menos que podemos decir es que ella ha sido consecuente y se ha puesto manos a la obra, creando obras absolutamente deliciosas y eminentemente africanas.