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Netflix apuesta por producciones originales africanas

El cine es una de las formas de representación cultural más importantes de la era moderna. A lo largo de su trayectoria histórica ha cumplido con numerosas funciones, pero a pesar de la versatilidad que lo caracteriza, ha sido acaparado por la industria de Hollywood. La mayoría de producciones cinematográficas que encontramos en las carteleras pertenecen en exclusiva a la industria estadounidense, reduciendo significativamente las posibilidades de elección del público, que ha consumido hasta la fecha lo que se ha impuesto como un modelo irrefutable de éxito, tanto como la principal plataforma de globalización de la American Way of Life, el fast food o tendencias de moda.

La serie sudafricana Catching Feelings, actualmente disponible en la plataforma Netflix.

Aunque las pantallas de cine siguen reproduciendo los cánones occidentales, hoy en día hay industrias que sobrepasan las producciones norteamericanas. Como siempre hemos defendido en Wiriko, el Sur Global da muestras de estar poniendo en jaque la supremacía de Hollywood. De entre las nuevas industrias, Bollywood encabeza el primer puesto, con Nollywood pisándole los talones. El problema viene cuando no interesa compartir el monopolio.

Sin embargo, en los últimos años el panorama ha cambiado debido al surgimiento de compañías privadas que ponen al alcance propuestas cinematográficas más diversas, presentándose así como competidoras potenciales de Hollywood. Nos referimos a empresas como Netflix, fundada en 1997 en Estados Unidos y que en poco más de una década ha conseguido 150 millones de suscriptores.

Si bien es cierto que al principio no destacaba entre otras plataformas de cine a la carta, pues se dedicaba al alquiler de DVDs, actualmente se ha consolidado como la plataforma de streaming más importante, ofreciendo un catálogo sin fronteras en el que los y las usuarias pueden consumir grabaciones de cualquier país. Una de las cualidades que ha mostrado tener Netflix es su flexibilidad para adaptarse a los nuevos tiempos y a las demandas de la audiencia en cualquier parte del mundo. Así que no es de extrañar que la compañía lleve ya años fijándose en el mercado africano y ahora, apueste por invertir en producciones propias hechas desde África.

África en Netflix, Netflix en África:

Con motivo del festival de Cannes vimos el desequilibrio de acceso al cine realizado en los países de África del Norte con respecto al del resto del continente. Sin embargo, el interés e inversión de plataformas como Netflix puede darle un giro a esta situación. En la Content London 2018 que tuvo lugar a finales del año pasado, Erik Barmack, vicepresidente del área de contenidos originales de la compañía norteamericana, anunció que para 2019 la compañía encargará la producción de series originales africanas, favoreciendo de esta manera un consumo de cine sin fronteras, así como asegurándose la clase media africana como potencial cliente.

Estas son algunas de las novedades de las que podremos disfrutar próximamente, y a las que no podemos esperar para ver:

Atlantiques (2019)

El trabajo de la francosenegalesa Mati Diop (1982) no hace más que atraer el interés del mundo cinematográfico. Después de haber recibido el premio Grand Prix en la 58ª edición del Festival de Cannes, se ha hecho viral la noticia de que Netflix compró los derechos universales del primer largometraje de Diop, incorporándola así a la lista de producciones africanas. La fecha en la que el filme estará disponible queda aún por determinar.

Blood and Water (2020)

En el drama juvenil Blood and Water conoceremos una adolescente que descubre un secreto familiar a la vez que tiene que lidiar con su vida en el instituto. La directora sudafricana  Nosipho Dumisa (1988) estará al mando de la producción, y además contará con el apoyo de los profesionales Daryne Joshua y Travis Taute del equipo de Gambit Films. Fuentes oficiales revelan que el reparto está formado por actores y actrices de Sudáfrica, así como que el rodaje empezará a finales de este año con vistas a que se estrene en 2020.

Nosipho Dumisa.

 

Mama K’s Team 4 (2019)

Gracias a la historia creada por la zambiana Malenga Mulendema y diseñada por el camerunés Malcolm Wope, nos trasladamos a la ciudad neo-futurista de Lusaka (Zambia) para acompañar a cuatro chicas en la misión que una agente secreta jubilada les ha encomendado: salvar el mundo. Según explica la guionista a Variety, una de las razones que la llevó a escribir Mama K’s Team 4 es que a pesar de gustarle los personajes de superhéroes, nunca se identificaba con ellos. Así es que el proyecto que inició para poner fin a la falta de representación que perjudica a la población negra se ha convertido en la primera serie africana animada de Netflix.

Fuente: Animation World Network.

Lionheart (2019)

Otro de los fichajes de Netflix es el drama nigeriano Lionheart. Cuando la salud del padre de Adaeze (Genevieve Nnaji) le impide seguir haciéndose cargo del negocio familiar, ella se ofrece para dirigir el negocio familiar, puesto que compartirá  con su tío Godswill (Nkem Owoh) a la vez que tiene que demostrar su capacidad para desenvolverse en el masculinizado mundo de los negocios.

Shadow Khumalo (2019)

Estrenada en marzo, Shadow Khumalo es una serie original africana de Netflix. En ella el ex-policía conocido por el apodo de “Shadow” (Pallance Dladla) sufre una trágica pérdida que le afecta hasta el punto de dejar de sentir dolor. Esto le lleva a trabajar de detective por su propia cuenta contra delincuentes que han escapado de la policía de Johannesburgo. De acuerdo con El Diario Vasco, el protagonista abandona el cuerpo policial defraudado por su inefectividad, aún así su antiguo compañero (Khathu Ramabulana) colaborará con él en los casos más complicados.

Queen Sono (2019)

Aunque todavía no esté disponible en la plataforma, se prevee que Queen Sono, la primera serie original africana de la compañía, se estrenará este año. IOL confirma que la actriz sudafricana Pearl Thusi (1988) dará vida a la protagonista, una espía de alto nivel encargada de mejorar la vida de la ciudadanía africana, quien tendrá que compaginar la misión más peligrosa que se le ha encargado con su vida personal.

Esperamos que cada vez sean más los medios que se sumen a estas iniciativas, comprometiéndose responsablemente con la producción de los cines africanos, promoviendo los talentos del continente y dándole voz a la pluralidad de experiencias de un mundo tan heterogéneo como el que vivimos.

Los nueve largometrajes africanos de Cannes 2019

Se acerca la segunda quincena de mayo y con ella la 72ª edición del Festival de Cannes. Desde el día 14 hasta el 25 de este mes, profesionales del mundo cinematográfico se reunirán en Francia para celebrar el trabajo, talento y dedicación empleados en las producciones más recientes. Este año contamos con la representación de uno de los directores españoles con más peso en la industria, Pedro Almodóvar. Sin embargo, desde Wiriko queremos hacer un repaso de las obras africanas que figuran en la lista oficial de selección, desvelada por la academia el pasado 18 de abril. Y en especial, queremos destacar tres propuestas presentes en  la categoría de largometrajes candidatas a la Palma de Oro: Mati Diop (1982), Ladj Ly (1980) y Abdellatif Kechiche (1960).

Cines africanos en Cannes 2019.

La francosenegalesa Mati Diop es heredera de la tradición cinematográfica de su tío, el reconocido director senegalés Djibril Mambéty. Gracias a su documental Mille Soleils (2013) fue ganadora de varios premios, siendo actualmente la primera directora de cine negra en la historia del festival que opta a ganar la Palma de Oro. La obra que la ha llevado a la alfombra roja francesa es Atlantiques (2019), una adaptación del documental homónimo que realizó en 2009. Haciendo un poco de memoria, podemos recordar que en España ese fue uno de los años en los que las noticias de la inmigración africana invadieron los medios de comunicación (léase La inmigración irregular en España). Así es que Atlantiques explora y reflexiona sobre la migración senegalesa que se dirige a Europa en busca de un futuro mejor a la vez que incorpora el romance de la mano de Souleimane (Ibrahima Mbaye) y Ada (Mame Binta Sane).

El francés Ladj Ly (de ascendencia maliense), involucrado en el colectivo kourtrajmé, es un ejemplo de director con compromiso tanto social como político, el cual se manifiesta en sus trabajos. Su obra, además, es una adaptación del cortometraje homónimo de 2017. Situada en 1993, Les Misérables (2019) retrata la historia de Stéphane (Damien Bonnard), quien se une a la brigada anticriminal de Montfermeil. La pieza cinematográfica, que hace referencia a la novela de Victor Hugo, denuncia la violencia ejercida por las fuerzas del orden en un barrio parisino a través de un estilo que entremezcla la ficción y el documental.

Conocido por haber ganado la Palma de Oro hace seis años con su obra Blue is the Warmest Colour (2013), el director francés de origen tunecino Abdellatif Kechiche consigue hacerse con un hueco en la lista oficial de la 72ª edición de Cannes. Basada en la novela La Blessure, la vraie (2011) de François au Bégaudeau, Kechiche presenta Mektoub My Love: Intermezzo (2019), la secuela de Mektoub My Love: Canto Uno (2017). Este drama sigue la historia de Amin (Shaïn Boumedine), un joven fotógrafo que empieza a disfrutar de la compañía y las conversaciones con Charlotte (Alexia Chardard), la exnovia de su primo. Ophélie (Ophélie Bau), su amiga de la infancia quien no sabe nada al respecto, comparte con él sus preocupaciones: no sabe si cumplir con los planes de vida impuestos por su padre o si seguir su propio camino haciendo caso a su instinto.

Adam (2019) es el primer largometraje de la marroquí Maryam Touzani (1980). En una entrevista con el Huffington Post, la actriz y directora nos habla sobre su último trabajo. La trama, situada en la medina de Casablanca, gira en torno al encuentro de dos mujeres cuyas vidas cambiarán tras haberse conocido. Samia (Nissrine Erradi), una madre soltera que quiere dar en adopción al bebé que espera, es acogida por Abla (Lubna Azabal), viuda y madre de una niña de ocho años. Touzani declara que lo importante de la película es el viaje interior en el que se embarcan ambas mujeres. Escogiendo un nombre tan representativo como el de Adán, Maryam Touzani quiere enfatizar que quien es capaz de dar vida es una mujer, por lo que la autora nos invita a reflexionar sobre el papel del hombre y la mujer en la sociedad.

Mounia Meddour (1978) también estrenará su primer largometraje en Cannes. Papicha (2019) narra la historia de una joven argelina que quiere estudiar diseño. Nedjma (Lyna Khoudri) vive la guerra civil de 1997, pero se niega a dejar de llevar una vida normal y adoptar las medidas conservadoras impuestas por los radicales. Las mujeres son las principales afectadas y oprimidas por el sistema que se está intentando establecer, así es que Nedjma, luchando por su libertad, decide reunir a las chicas de su campus universitario para organizar un desfile de moda que desafía todo lo prohibido.

Argelia, 1994. En plena guerra civil, los oficiales de policía y amigos desde la infancia Samir (Slimane Benouari) y Lofti (Lyes Salem) cruzan el desierto hacia el sur para capturar a Abou Leila, un terrorista. Aunque la violencia de los atentados no haya llegado hasta esa zona, la salud mental de Samir es crítica, por lo que está convencido de que allí encontrarán a Abou. Pero la preocupación principal de Lofti es otra: alejar a su amigo de la capital. En Abou Leila (2019), primer largometraje del argelino Amin Sidi Boumediene (1982), el desierto es otro actor fundamental, el cual desencadenará la propia violencia de los dos hombres.

Alaa Eddine Aljem (1988), de origen marroquí, ha realizado muchos documentales y cortometrajes de ficción. Sin embargo, este año estrena en Cannes su filme Le Miracle du Saint Inconnu (2019). Transportándonos a Marrakech, Aljem escribe y dirige la historia de Amine (Younès Bouab), un ladrón que es perseguido por la policía a través del desierto. En su apuro, Amine entierra el botín en una especie de tumba que cava rápidamente antes de ser detenido. Al cumplir con la condena de diez años, regresa a la colina en la que había ocultado el dinero para recuperarlo. Pero lo que no sabe es que allí donde esconde su pillaje es ahora un lugar sagrado visitado por peregrinos para adorar al Santo Desconocido. En vísperas del entierro de este santo, el ladrón decide esperar al acontecimiento para poder hacerse de nuevo con su botín.

De nacionalidad francesa y ascendencia argelina y tunecina, Hafsia Herzi (1987) empezó en el mundo del cine con su papel de Rym en La graine et le mulet (2007), dirigida por el ya mencionado Abdellatif Kechiche. Por el contrario, hoy hablamos de ella no sólo como actriz protagonista de Tu Mérites un Amour (2019), sino como la directora de esa misma obra. El largometraje relata la ruptura entre Lila (Hafsia Herzi) y Rémi (Djanis Bouzyani), después de las infidelidades de este último. Lila, quien siente un gran amor por Rémi, no es capaz de enfrentarse a la separación. En esta desestabilidad emocional, Rémi anuncia que emprenderá un viaje en solitario a Latinoamérica con el propósito de encontrarse a sí mismo y meditar sus errores; pero gracias a esa aventura le desvela a Lila que su historia de amor no ha terminado. Entre las discusiones, la pasión del amor y buscando el consuelo y apoyo de sus amigas, Lila se pierde a sí misma.

El último director africano que figura en la lista oficial de selección es el tunecino Ala Eddine Slim (1982), quien recibió un premio por su proyecto de fin de carrera en el Festival Internacional del Cine Amateur de Kélibia en 2004. Tlamess (2019) da voz a la historia del soldado S. (Abdullah Miniawy), quien estando en el desierto tunecino recibe la noticia de la muerte de su madre. La semana de permiso que le corresponde a S. por la trágica pérdida le lleva a tomar una decisión drástica: no volver al desierto. Perseguido por la policía al haber abandonado el cuerpo militar, S. busca refugio en el bosque. El camino del exsoldado y el de F. (Souhir Ben Amara), una mujer embarazada y casada con un hombre rico, se cruzarán en el escenario de una casa residencial situada en medio del bosque. A partir de entonces empezarán a suceder eventos misteriosos que involucran a ambos personajes. Y es que como expresó el director a Nawaat en el seguimiento que hizo del rodaje por un día, la naturaleza es un espacio importante para Slim, prefiriendo lugares “salvajes y abandonados”.

Como vemos, los nueve largometrajes africanos del Festival de Cannes presentan una variedad de temáticas, personajes así como de reflexiones. Sin embargo, cabe decir que todos ellos son producciones de África del Norte, por lo que sigue habiendo un vacío importante en cuanto nos referimos a la representación de los cines de África subsahariana. Igualmente, queremos hacer especial hincapié en el papel de las mujeres africanas en la industria cinematográfica, pues en este caso cuatro de las películas aquí nombradas están dirigidas por mujeres. Además, no se trata tan sólo de cuestiones de producción, ya que encontramos personajes femeninos que quieren dar voz a las experiencias de las mujeres, evitando caer en cánones que las desplazan a roles secundarios o simplistas.

Con todo, cada vez es más difícil hablar de cine africano como tal. Por ello, es imprescindible referirnos a la industria del continente en plural, reforzando de este modo la diversidad que caracteriza a África.

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Mati Diop, directora de ‘Milles soleils’, premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Fotograma del actor Magaye Niang interpretando a Mory cuarenta años después en ‘Milles soleils’.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.